LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.
día 07 - 21.07.2012 - amigas
Todavía temblando, volví al pasillo por la habitación de él. Joder, no me había dado cuenta: los gemidos de María se escuchaban en media casa. Giré la cabeza hacia su habitación. La puerta estaba abierta, naturalmente, y allí, a cuatro patas sobre la cama, la vi. Con la cabeza incrustada en el colchón, se masturbaba a dos manos. Tenía el culo en pompa, sujeto por las dos firmes columnas de sus macizos muslos, y del ano le brotaba el remate de su brutal dildo anal de bolas. Mira, con aquello habría hecho maravillas mi primo en aquel preciso momento, jijiji, ese juguete de María era perfecto para el culo, amoldable pero con una rigidez y con un tamaño perfecto, además de su forma, con las bolas que...
- Meri, mi amor, no sabía que te habías traído a tu querido amiguito... - le empecé a besar con ganas el redondo y respingón culo a María, y a acariciarle de paso el chocho, abiertísimo y oloroso, mientras ella seguía pajeándose con los dedos bien metidos dentro.
- Mhhhhhhhmmm ahhhhhaa Lauuuuuuuu joder, joder tía... ¡me vais a mataaaar! ¿pero estáis locas o se os está yendo la olla? ah aha ahh ahhahhh ahhhh
- A ver, a ver, para un poco mi amor, que te va a dar algo... - conseguí que empezara a sacar sus manitas de su coño.
- Ohhhh... te aseguro que no podía parar, no era capaz, es que no sabes lo que era eso, Nur haciéndome su número del masajito especial, con Pablo ahí, en bolas, con esa polla tan enorme que ya sabes cómo me pone, que yo me estaba deshaciendo pero como nunca, y entonces tú empiezas a correrte así como una zorra, y para colmo luego... joder Lauri, su corrida, habría muerto por estar ahí debajo, porque Pablito se corriera así encima de mí...
- Joder, Meri... – mierda… lo de mi amiga era más grave de lo que me esperaba... bueno, al fin y al cabo hay que reconocer, en su defensa, que Nuria estaba teniendo bastante más válvula de escape con la Gran Polla que María, las pajas cruzadas, el masaje con corrida de la tarde anterior, las masturbaciones que le había hecho por fin aquella misma tarde... - tranquila cariño, tranquila...
Lo primero era lo primero, tenía que conseguir calmarla, así que empecé a masajear con cuidado su vulva; sabía que no estaba para muchas caricias, la pobre María estaba totalmente berraca aquella tarde, así que enseguida bajé la cabeza y le comí muy suavemente el chumino desde atrás, sorbiendo, chupando y mordiendo, metiendo también la lengua, pero eso lo dejé ya para mis dedos, metí los índices de las dos manos, y la pajeé alternando ambos, cuando noté que se calentaba adecuadamente, cosa que no tardó en hacer, ya que estaba fina, como digo, y al sentir además mano ajena le fue fácil volar, empecé a lamer sus glúteos, para acabar centrándome en la raja, donde empecé a pegar lametones de tal manera que parecía que mi vida dependía de ello, que todo el alimento que podría obtener jamás estaba allí reconcentrado, donde se juntaban, o se separaban las nalgas de mi amiga. El olor, el sabor era intenso, a su sudor, sí, pero mucho más todavía al más íntimo y reconcentrado, sucio, de entrepierna, mezclado con el aroma espeso de su mierda, dulzona y pesada, y otro más ácido de sus flujos, quizás mezclados realmente con meada, que habían chorreado por su raja tras la gran corrida en el jardín.
Me deleité en aquella zona, mientras ella se revolvía al sentir mis lengüetazos, cada vez más cerca de su entrada, dilatada, perforada por aquel artefacto de la perversión. Luego lo tuve fácil, parecía de manual, y más en el estado en el que estaba María. Subí la boca, la cerré entorno a la base de su consolador, y empecé a babear y mover la lengua entre aquel cacharro y el dilatado ano de mi amiga. Y luego tirar, despacito, y a tirones, bola a bola, que salían casi sin resistencia del culo de mantequilla de mi amiga, y por cada bola que salía fuera, una embestida de mis dedos en su vagina. Y, al salir la punta, la última bola… bueno, ya lo digo, de libro, la Meri empezó a correrse a lo bruto, gritando y convulsionando, seguramente mucho más de lo necesario.
Noté una agradable humedad en mis manos. La muy cerda todavía era capaz de seguir eyaculando... hay que reconocer que Nurita es muy buena para ciertas cosas, jijiji. Creo que la exageración en aquella corrida le vino bien a María para soltar energías y calmarse un poco. Cuando, resoplando, escupiendo, llorando, rodó en la cama quedando aproximadamente boca arriba, parecía por fin algo más tranquila. Al menos, por primera vez en un largo rato, no había nada extraño metido en ningún orificio de su cuerpo.
- Vamos, Meri, tienes que calmarte.
- Lo intento, de veras... joder, Lauri, ¿cómo has sido capaz tú...?
- ¿Yo? ¿qué cómo…yo…? Pffff… si quieres que te diga la verdad... creo que él... es que él ha llegado hasta el final, pero el final, final, ya me entiendes... ¿no?
- ¡Nooooo!
- Sí, tía, de veras... hubo un momento en el que ya no sentía nada más y...
- Ya, ya, claro pero... ¿no se supone que era la primera vez que lo hacía y...? - me preguntó, siempre entre resoplidos y respiraciones ahogadas.
- Bueno, sí, pero, yo qué sé, Mer, es que tal como estaba yo, y él claro, joder y el plan que llevaba Nurita, pues eso, que yo que sé, el deseo que lleva acumulado, o llevamos, esta semana loca, no sé. Yo también estaba muy predispuesta, claro.
- Ya, claro...
- ¿Estás mejor?
- Sí. O no. No sé. Estoy mejor, más calmada, aunque creo que aún necesito algo más de relax en la ducha... ¿te vienes conmigo amor?
- Bueno... debo salir a ver a Nurita, la he dejado fuera, ella no... no se ha...
- Ya, te entiendo, es cierto, no se ha corrido... como tu primo. - la cara de María era un poema. - No sé, Lau, al margen de lo de Nuria...
- Joder, Meri, de veras que yo...
- No, no. Antes o después tenía que pasar. Siempre pensé que sería Lu, fíjate, aunque ella y Nuria siempre han insistido en que al final iba a ser Sandra...
- Ya, Nurita la llama siempre "la Usurpadora"…
- No sabía que lo supieras.
- No es secreto. Nos lo dijo ella misma, a Sandra y a mí. Eso es una de las cosas que me gustan de ella...
- ¡¡Vale, vale!!
- Ay, lo siento, sí… me cuesta… Aunque tampoco sé si es justo que tú ahora… en fin, lo he hablado tantas veces con vosotras, joder, si es que yo nunca he querido… no sé, de algún modo creo que me habéis acabado metiendo una necesidad que yo nunca he tenido, porque yo de hecho nunca he querido elegir realmente…
- No hace falta que lo jures…
- Bueno, sí, pues eso precisamente… sabes que yo nunca me comprometo con nadie…
- Ya tía, pero al final los arrebatos que te han dado con todas… en eso eres siempre la más intensa…
- Lu dice siempre que soy la más intensa en todo.
- Precisamente, es que justamente con Lu, joder, la que estuvisteis a punto de liar vosotras…
- Puede, aunque creo que todo eso da igual ya, lo cierto es que ahora de repente lo veo todo de otra manera… lo que no quiere decir que tú y yo… eso nunca, ¿vale, Meri? No hay persona en este mundo que me vaya a poder separar de ti, ni hacer que deje de desearte, jamás…
- Vale, vale, Lau… yo no sé si…
- Ya, ya… Tienes razón.
- Mira, Lau… tiempo habrá para eso, pero ahora...
- Pablo.
- Sí. Es demasiado, tía, te lo juro que me estoy volviendo loca.
- Ya te dije que no me importaba lo de esta mañana.
- No se trata de que te importe o no. Se trata de que te vaya a importar lo que venga. Sabes tan bien como nosotras que va a pasar, no dentro de un tiempo, no, ni siquiera dentro de una semana, sino ya: mañana, pasado, al otro. Si no revientas tú, lo hará él, o cualquiera de nosotras. ¿Es eso lo que quieres?
- No quiero que nadie reviente.
- ¿Me estás diciendo que quieres que tu primo vuelva con su mamá como llegó?
- No creo que quiera eso. No puedo querer eso, ya, y lo sabes. Es tarde para…
- ¿Entonces...?
- Mira, Meri, yo tengo mis ritmos. Necesito, no sé, no puedo... no te pido nada. Tú eres ya mayorcita, mi primo no, pero eso ya parece que no nos importa a ninguna, desde luego no a vosotros tres.
- Ah, ya. ¿Y a ti sí?
- Intento no tener que arrepentirme de nada. Si tiene que ser, será, pero no porque vosotras...
- Lauri, de verdad, nosotras no... en fin, yo no quiero presionarte, obligarte a nada. Es más, te entiendo, te entiendo bien. Es sólo que mi cuerpo... Mira, yo hago lo que tú me digas, yo estoy contigo hasta el final, siempre… pero esto así yo no puedo. Necesito ayuda ¿sabes? Necesito tu ayuda para aguantar...
- Ya… joder, tienes razón con eso… Nuria y yo hoy hemos… Bueno Mer, se me ocurre una cosa fácil, de momento creo que mañana podemos hacer una pasada por el videoclub, si quieres...
- ¡Sííííííí!
- Y yo ofrezco a acompañarte. Pero ya te aviso que no entraré.
- ¿Cómo?
- No sé, no me gusta ese tipo. Quiero decir, no tiene nada raro, peligroso. Es sólo que... ha sido extraño, ¿sabes? Parece un pardillo pero sentí... sentí algo especial, brutal con él... y no me gusta perder el control de una forma tan exagerada con un tipejo cualquiera como él…
- ¿Y eso?
- Pues yo creo que eso es lo que llevaba dentro, no tiene nada que ver con él, sino más bien con mi propia calentura, lo mismo que tú ahora, estamos desesperadas por una polla como si fuésemos unas veinteañeras…
- ¡Huau! Pero… ¿para tanto?
- Dímelo tú misma ¿cómo te sientes?
- Sí, vale, pero no sé si para sentir eso... sentir tanto, con cualquiera…
- ¿Sabes la diferencia? En realidad yo llevo pensando en la verga de mi primo meses. No días, no una semana, sino casi un año llevo deseando volver a metérmela por el coño, desde el puto día en que le dije que no por vez primera. Desde que me obligué a... Y como os conté, las últimas semanas han sido especialemente duras con eso. Y ahora, se me echa todo encima otra vez, lo veo todo tan cerca y...
- Ya, creo que entiendo lo que dices.
- Por eso no quiero volver a ver al tipo ese, me da miedo. Pero iré contigo, eso sí, te dejaré en la puerta, y… luego tú decides. Creo que te merecerá la pena, seguro.
- Bueno, es una polla, un desahogo, a mí me vale, al menos por ahora. Pero oye, ¿y dejarás aquí a Nur con él?
- Sí, ella no me preocupa, al menos ahora mismo no creo que vaya a ser un problema. Quiero decir, creo que tiene un límite, como tú me estás diciendo ahora, y que está justo en ese mismo punto que tú.
- ¿Te refieres a Pablo?
- A Nuria. O, en realidad, a los dos. Al menos entre ellos, han subido muy rápido hasta la cima, pero creo que necesitan ahora algo más que un empujón como para dejarse caer sin más. A lo mejor me equivoco, con Nuria todo es posible, siempre, pero si no pasa nada raro creo que va a ser así. Tranquila, no pasará nada. Y, si tiene que pasar... - Me levanté. - Voy con Nurita, ¿vale? Me llevo esto, si no te importa - le dije señalando el dildo. Estaba cubierto de restos de mi amiga, viscoso y pringoso.
- Sí, quizás será mejor que me lo alejes un rato, me pone demasiado bruta. ¿Quieres que te lo limpie?
- Por favor, Mer, hemos compartido demasiadas cosas como para que me vaya a preocupar eso ahora... - sin más, me llevé el cacharro a la boca. El sabor de su culo, de su mierda, era intenso, había restos más viscosos y otros digamos que más... sólidos... tampoco me afané en limpiarlo, sólo en sentir su sabor, y en mostrárselo a ella. Me lo saqué de la boca con un efusivo lametazo, antes de incrustármelo de un golpe en mi culo.
- ¡Ésa es mi Laura! - dijo mi amiga riendo, dándome una sonora cachetada en las nalgas. Mi culo se estremeció, repleto por el consolador, ante el contacto súbito de su mano. Aquel artefacto era básicamente una máquina rompeculos, pero mi amiga y yo llevábamos una semana acumulando calor, y a aquellas alturas lo teníamos todo ya tan dado de sí de las ganas y la calentura que habríamos sido capaces de follarnos un caballo. Aún así, con aquella bestia dentro, no pude evitar gemir al sentir la bofetada de María en mis glúteos. - Cuidadito mi amor, jejeje, ya te digo que lo carga el diablo.
- Anda, métete en la ducha, cierra con pestillo, y también la puerta y ventana de la habitación. No le abras si viene, quédate en la ducha hasta que te calmes, pero por completo, quiero que salgas con cero ganas, agotada. Y vestida.
- ¿Vestida?
- Bueno, ya sabes lo que digo. Pero nada de barbaridades tipo Nur ¿eh? Aunque ya sé que tú no sueles usar lencería tan provocativa como ella, que de hecho para la colección que tiene, bastante modosita esta. Pues eso, que ya sabes, el suje ya me da un poco más igual, a estas alturas, pero no te pases con las bragas, que ya hemos tenido bastante...
María se levantó, y me dio un beso suave en la boca.
- Pásalo bien con eso - me dijo guiñando un ojo, y apretando la base del dildo, muy suave, con el dedo índice de su mano derecha.
- ¡Auuuuhmm! - esta vez lo que se me escapó fue algo más que un gemido.
- Jejejeje...
- Ciao, amore. - le dije, saliendo por la ventana.
Me sentía como si fuese recogiendo los escombros de un desastre: primero mi primo, luego María. Ahora me tocaba buscar a Nuria… demasiado tiempo a solas, esperaba que no me hiciera lamentar nada cuando la encontrara.
Lo que vi al salir de la habitación de Meri contribuyó más bien a aumentar aquella desazón que sentía. Nurita seguía en el jardín, en el mismo sitio en el que la había dejado. Parecía un despojo humano, tirada en el suelo, sobre el charco de semen que había dejado mi primo. No en vano, nadie la había tocado, y eso había sido lo peor, sin duda. Nuria está acostumbrada al sexo, del más tierno al más sádico, todo le va, aunque siempre ha sido bastante cañera para todo, pero, pese a que siempre está dispuesta a dar, ella siempre ha necesitado recibir. Eso era lo que llevaba peor cuando estaba en la calle, no soportaba los que solamente querían una mamada y ya, si encadenaba tres seguidos se nos ponía como una moto, así que o le hacía un completo gratis al siguiente, o acabábamos ella y yo montando el numerito en algún rincón no suficientemente oscuro, y alguna vez tuvimos que arrepentirnos de eso, pero bueno... Con esto voy a que, después de lo que acababa de pasar en aquel jardín, el coñito de mi amiga debía ser una bomba en cuenta atrás, solo que ella no tenía aquella válvula de escape casi automática de Pablo y, por alguna razón, algo le estaba impidiendo autosatisfacerse. Supuse que, sencillamente, el problema era que mi amiguita había sido superada a todos los niveles por su propio juego y, sobre todo, se le había ido de las manos terriblemente el numerito de los masajes. Sin embargo, había salido bien, o eso al menos pensaba yo, desde el punto de vista de que aquello había tenido un final cerrado, brutal además para Mer, para mí y, sobre todo, para Pablo, y aún así no estábamos los cuatro ahora en plan orgía romana rodando por el césped. Eso sí, lo que había llevado a mi primo a hacer sobre mi cuerpo... bueno, aquello sin duda no lo esperaba yo, pero ni ella podía imaginar que... ni ella, ni nadie. Y menos aún podía esperar cómo iba a resultar, lo que iba a conseguir, cómo iba a reaccionar mi cuerpo. Había sido exagerado, a todas luces. Y ya no valía decir que con Nuria, o con Pablo, siempre lo era. Francamente, para mí era casi impensable poder sentir algo así, había llegado a sobrepasar límites que nunca antes... bueno, los había tenido parecidos, pero, sí, el momento, el ansia acumulada, otra vez había jugado todo en mi contra, como con el tipo del videoclub. Con la diferencia de que ahora no era cualquiera el que me había hecho aquello, sino que había sido mi obsesión viva, con la polla tiesa por y para mí, guiado por mi amada (y recién había descubierto yo ese mismo día que era ella, Nuria, mi amada, y no otra), guiado por ella en una de las prácticas sexuales más demoledoras para el cuerpo de una mujer, cuando se hace bien, y no es fácil... pese a que pareció lo más sencillo del mundo para él.
Zorra Nurita, venga a decirle a mi primo que con mi cuerpo todo el sexo es fácil... No te esperabas esto, mi amor, todos hemos explotado, sobre todo yo, y tú te has quedado atrás, por una vez has sido tú la gran masturbadora, y te has quedado con las vergas flácidas y vacías en tus manos, sin nada para llenar tu trémulo coño hambriento. Me agaché para levantarla, sintiendo una fuerte punzada en el ano. Tenía que recordar que con el monstruoso trasto de Meri hundido en mis entrañas, yo no estaba en condiciones de hacer según qué movimientos…
- Vamos Nurita, tienes que levantarte...
- Lau... - ella giró la cabeza, abriendo los ojos con cuidado, como si le lastimase el sol.
Parecía llevar allí mil años. Tenía la cara y la boca sucias de verde y barro, con restos de semen en las comisuras de sus labios. Bajo su cara, un pequeño lodazal denotaba dónde había caído la leche que mi primo no se había llevado encima, y la que no había regado la cara de Nuria, o esa quizás sí, y la de su cuerpo, habían acabado también allí. Al parecer, mi desesperada amiga, no satisfecha con beber el esperma que le habían escupido a la cara, había rebuscado como haría un cerdo por el suelo húmedo junto a la piscina, escarbando hasta beber todo lo que allí pudo encontrar. Temblaba desesperada, la única de nosotras mínimamente vestida, con sus vergüenzas a penas tapadas, el mínimo triángulo de tela arrugada y sucia entre sus piernas.
La abracé con fuerza. La besé, cálidamente. Noté enseguida cómo dejaba de temblar, y empezaba a buscarme la boca con avidez. Parecía que volvía a ser Nuria.
- Laura, Laura... mi amor, mmmh, qué deliciosa estás, tu boca, tus tetas, tía... vámonos, vámonos las dos juntas...
- Tranquila, tranquila mi niña...
- ¡Oh Lau! ¡Lau, Lau, Lau, Lau! De verdad, perdóname, lo siento, yo no quería...
- ¡Eh! ¡Eh! ¡No! ¿Pero qué quieres que te perdone? No, no, no, de veras mi amor, ha sido maravilloso, no te puedes hacer una idea hasta qué punto... dios, algún día tengo que tratar de contarte con detalle todo lo que me has hecho sentir antes, lo que Pablo… ¡joder! Pero no creo, no sé si tengo capacidad para explicar algo así… mhhhhh increíble, lo probarás, Nuria, te prometo que lo probarás... oh, sí, tengo que recompensarte todo esto, pronto, y lo voy a hacer, pero antes, antes tenemos que... tienes que correrte ya, mi amor, necesitas venirte ahora, estás a mil, llevas a mil desde el principio viéndonos corrernos, haciéndonos corrernos a los tres, y luego no hemos olvidado de ti los tres, y eso sí que es injustificable... Vamos, ven conmigo - le dije tirando de ella.
Nuria, por supuesto, era incapaz de oponer la más mínima resistencia, ni siquiera de hacer el menor comentario.
- Ven, por aquí, vamos al cuarto de la entrada, los otros están ocupados ahora, y no quiero quedarme en el salón, ven, vamos amor, por aquí, sí... muy bien.
La metí en la habitación de invitados que estaba a la entrada, junto a la escalera interior que subía del garaje, y cerré la puerta. Aunque las persianas estaban subidas, casi no había luz, ya que la habitación tenía solamente dos pequeñas ventanas verticales, una en cada esquina sobre cada cama, y además estaba orientada a norte.
- Túmbate, vamos. - Le ordené secamente.
- Laura, Laura, mi amor, no sabes cómo te deseo, ven ohhhh mmmmmhh... - Nuria de repente era la imagen misma de la lujuria. Todo el sexo que llevaba dentro retenido empezaba a aflorar.
- Vamos, trae esto, fuera, te quiero desnuda... - le quité, casi le arranqué las bragas, tirando de ellas desde la base de la cama antes de saltar entre sus piernas y empezar a comerle las tetas, literalmente, como creo que quizás no se las haya comido nunca ni a ella ni a nadie.
Nuria estaba tan caliente, que no protestó, claro, ni mucho menos. Al revés, se dejó hacer y gritaba y aullaba de placer mientras yo le mordía, literalmente, los pechos, lamiendo y succionando los enormes pezones, pero también apretándolos entre mis dientes, tirando del pecho completo mientras lo mordía, o succionado el pezón con tal fuerza que podía tirar de todo el órgano también con toda la violencia que deseara. Se las estaba machacando con todas las letras, se las estrujaba como si fuese una bola de papel, apretando, retorciendo y estirando las irrisorias mamas. Ella sólo reía y gemía, y me miraba con deseo, y me echaba la lengua y la boca buscando las mías. La temperatura, ya elevada de nuestros cuerpos, se multiplicó, sobrepasando infinitamente el máximo admisible. Nuria no podía haberse imaginado que iba a acabar así de rápida y expeditivamente su agonía, sólo el verme lo que le estaba haciendo ya le empezó a provocar tal orgasmo que me di cuenta casi sin tener que mirarla. Así que no me corté y pasé directamente al centro de su sexualidad, sabiendo que mi niña estaba al rojo.
- Vamos, ábrete bien de piernas para mi, zorrilla, quiero tu chochito bien abierto, mi amor, estoy muy caliente y quiero que te vengas yaaaaaa...
Nuria me obedeció solícita, levantó las piernas y las separó, pasando los brazos entre ellas para tirar y mantenerlas erguidas y separadas. El coño quedaba disponible y completamente abierto, pocas veces la había tenido así de excitada, así de excesiva, podría follarla un semental, todo el potorro salido, los labios enormes, mayores y menores, proyectados hacia fuera y separados entre sí, todo empapado, mojado y oloroso. No lo dudé, y empecé a hacer allí lo que acababa de hacer con sus tetas, sin cortarme, mordí, tiré, chupe, estiré, casi desgarré aquellos jirones de carne, pero es que para estimular a Nurita, que llevaba atrapada en un clímax ininterrumpido y no acabado por más de una hora seguida, suponía una necesidad de estímulos mucho mayores e intensos de lo habitual, que de hecho en ella ya solía ser mayor que en la media.
Gritaba y gritaba, y yo sabía que sus gritos mezclaban dolor con placer insufrible, porque muchas veces ambos se juntan, se tocan por los extremos, y eso alguien con la sensibilidad sexual de Nuria sabía sacarle siempre tanto partido como se lo estaba sacando en aquel momento; ¡cómo se revolvía!, ¡qué manera de deshacerse! nunca, nunca ella y yo habíamos llegado a tanto, pero de repente era todo tan fácil, tan natural... Metí dos dedos enteros, del tirón, en el agujero de su vagina abierta como un pozo. Metiendo otro de la otra mano, pude separarla, abrirla aún más, escupir y meter la lengua allí dentro mientras ella se retorcía y bramaba. Luego fueron otros dedos, mientras otros seguían jugando por fuera con sus múltiples protuberancias. Los chasquidos de su carne cuando la soltaba tras estirarla al límite restallaban en el cuarto, los líquidos de nuestros cuerpos salpicaban por todas partes, y el calor seguía subiendo. Esa habitación ha sido siempre un auténtico horno en verano.
Y, cuando ya parecía que Nuria no podía gritar más, cuando su cuerpo temblaba de tal forma que parecía que se iba a quebrar, o a estallar, o a deshacerse... apliqué la boca entera contra la boca deformada de su sexo, apretando con todas mis fuerzas, mientras trataba de sorber, absorber todo su aire y sus líquidos al tiempo que mi lengua se estiraba, taladraba y perforaba. Estábamos en el extremo más recóndito de la casa, pero era impensable que ellos no estuvieran escuchando los alaridos de mi amada. Yo gozaba solo con notar el cuerpo de Nuria así de desesperado bajo mis cuidados.
No sé el tiempo que estuvimos, sé que lo prolongué mucho más allá de lo necesario y, seguramente, mucho más allá de lo sensato. Lo prolongué hasta que noté que la furia de Nuria, su calor, sus gritos, empezaban a ir a menos en lugar de continuar creciendo. Por fin mi amiga se empezaba a serenar, por fin había tenido lo que su cuerpo merecía, como todas, como la que más. Seguimos un buen rato aferradas una a la otra, mientras yo iba poco a poco subiendo, disfrutando su cuerpazo, que tan loquita me tenía, que besaba y lamía, de nuevo sus tetitas, hasta hundirnos otra vez en una interminable sesión de besos, picos, morreos, abrazos...
Hasta que pasó lo que tenía que pasar. En una de sus sobadas a mi cuerpo, Nuria descubrió mi dildo, el desmedido dildo anal de bolas de María que había guardado en el interior de mi culo que, aunque había pasado bastante desapercibido hasta para mí durante la comida de coño a Nur, sí que había conseguido mantenerme en un agradable placer de fondo, monocorde, que tenía mi cuerpo preparado y a la espera de un desenlace algo más violento de cual empezaba a sentir yo un creciente apetito. Y parecía que Nurita me lo quería dar. Cuando descubrió aquello cerrando el agujero de mi culito, y se dio cuenta de lo que era, metiendo los dedos en mi ano hasta notar la primera bola (casi me revienta el esfínter haciéndolo, ¡qué gusto!), ambas nos echamos a reír a carcajadas.
- ¡Serás putilla! ¿Y eso ha estado siempre ahí?
- Jijiji se lo acabo de coger a Meri...
- Eres tremenda mi amor... - y con aquello, Nuria, ya recuperada, de nuevo ella, dueña y señora del Sexo, empezó a jugar con mi coño y con el aparato de mi ano.
No hicieron falta intermedios, la cosa estaba ya bastante entonada, yo llevaba todo el día con el coño en perfecto estado de revista, y mi culito... digamos que justo en aquel momento estaba más que preparado, claro. Nuria siempre ha sabido tocarme, qué duda cabe, pero es que el trasto aquel de María, incrustado en el culo, me estaba resultando mortal. Pronto me vi privada de razón, porque toda mi esencia, toda mi vida, se encontraban nuevamente centradas en mi vientre, en mi ano...
Me erguí sobre mi amiga, que me tomaba de las caderas, tumbada debajo de mí, y me manejaba con sus dedos y utilizando la palanca que llevaba incrustada en el interior; yo era un autómata e sus manos, aunque cualquiera podría pensar que tenía libertad total de movimientos, que era yo la que la estaba cabalgando a ella, montándola como montamos a los hombres, a horcajadas, moviéndome sensualmente, con toda la voluptuosidad de mis caderas, ofreciéndole a Nurita mis tetas, que tomó y masacró con la misma furia que yo había destrozado las suyas... todo estaba resultando muy explícito, rudo y basto entre nosotras aquella tarde, pero los cuerpos se entendían a la perfección. La carne estaba tan caliente que ninguna de nosotras podría tolerar sutilezas a estas alturas. Cuando me quise dar cuenta, ella se había deslizado entre mis piernas, manejándome los resortes sexuales con abdomen, con pecho... ahora con su boca... la muy cabrona estaba jugando con su boquita en mi coño, con sus dedos ya dentro, ohhhh, y entonces empezó la guerra, aferró con sus garras la primera bola, tirando de ella hacia fuera de mi ano, agarró con los dientes el dildo, y empezó a tirar, pero despacio, asombrosamente despacio en comparación con todo lo que nos habíamos hecho hasta aquel momento.
Y aquello me mató, claro ¿cómo podía ella saber que sería mejor así, más intenso? lo ignoro, pero el placer fue demoledor, se me traspasó del culo al coño y entré en una fiebre de orgasmos continuos que ella animaba y recibía con sus labios y su lengüecita que, esos sí, trabajaban sin descanso. Creo que cuando todo estuvo fuera, lo debió tomar con los dientes para volver a introducírmelo, y follarme así varias veces, mientras me pajeaba con sus largos y perversos dedos, para luego agarrar directamente aquel artilugio como si fuese un puñal y clavármelo una, dos, mil veces en mi culo taladrado, abierto, desbordado. Yo era nuevamente un animal en sus manos, sobraba, todo aquello sobraba en cualquier relación normal, pero aquella tarde, nuestra primera tarde juntas, como pareja, como amadas amantes, nos habíamos propuesto extenuarnos, arrancarnos no un orgasmo, sino todos los que viniesen o pudieran si quiera asomarse en nuestras inmediaciones.
La furia de Nuria, lo que me decía, gritaba, susurraba, su forma de tocarme y de amarme, ella estaba tan desatada o más que yo, me preguntaba hasta qué punto no estaría también ella... corriéndose... Aquello sólo iba a acabar cuando fuera que tocara acabar, o cuando el mundo entero reventara, ninguna de las dos lo decidiría, simplemente acabaría y punto. Llegado un momento, yo no podía más, mi cuerpo era un pelele que soportaba como podía las embestidas, la lanzadas de Nur con el consolador. Acabé de rodillas en la cama, sobre la almohada, aplastada contra la pared, contra la ventana estrecha, alargada verticalmente, de manera que mi pobre cuerpo había quedado casi incrustado allí, mis carnes pegadas al cristal, las tetas como dos pelotas de goma estrujadas, la tripa, los brazos, hasta mi cara... no sé cuánto rato estuve así, no pudo ser demasiado, claro, pero sí bastante...
Quiero decir, no había pensado que aquella habitación era la única de la casa que tenía ventanas a la calle, es que de hecho sus dos únicas ventanas daban a la calle, el resto de ventanas de la casa daban al jardín o al pequeño patio trasero... pero justo aquella ventanita contra la que Nuria me empotraba, totalmente desnuda, se abría sobre la calle, estábamos separados solo unos metros, elevados sobre una calle en la que, gracias al cielo, nunca pasa nadie, al menos andando. Supongo que por eso no le di importancia al estar así, allí, expuesta a cualquier mirada extraña. O, tal vez, no es que no le diera importancia, sino que no era capaz de pensar, solamente podía sentir, o quizás ni eso, porque mi cuerpo era culo, y era coño, y eso bastaba. Nadie pasa nunca por aquella calle. Nadie iba a pasar por aquella calle...
Salvo, claro está, quizás el hijo pequeño de la vecina, un niño de la edad de Pablo, que podía venir andando, o en bici... Lucas. El pequeño mirón metomentodo que había llegado a meterse entre mis piernas, y a dejar que Pablo y su hermano se metieran entre las de él… Joder, no podía ser tan mala suerte… Pero fue: entonces lo vi. Demasiado tarde, claro. Él estaba ya descojonado, con el móvil en alto, sacando la última de las fotos. Alucinando aún de su suerte, cuando se dio cuenta de que había sido descubierto, retrocedió, y salió corriendo por la calle hacia la puerta de su casa. Me quedé perpleja. Lo peor fue que era incapaz de pensar, con Nurita dale que te pego... me concentré en disfrutar, sí, lo que ella me estaba haciendo era ahora y era aquí... no tenía que preocuparme de ese niñato, al fin y al cabo no es que ya me hubiese visto así antes, es que me había abierto de piernas ya para él, me lo había follado, me lo había follado tantas veces como me había follado a mi primo Pablo, del que Lucas era amigo desde la infancia, hasta que después de follar yo con ellos se hicieron amantes, y de repente estaba ahí sacándome aquellas fotos, hacía unos meses me estaba pegando un polvo por el culo y su imagen rompiéndome el ano retumbaba en mi cabeza mientras Nuria terminaba de reventármelo... Lucas me había dado por detrás, sí, pero es que mi coño se había abierto para él también las misma veces que para Pablo, dos veces a cada uno, era impensable, porque me pasaba como con el tipo del videoclub, para mi Lucas no era nadie, tan solo un niño, un conocido de siempre, el hijo de la vecina de mis padres, por el que nunca jamás había sentido atracción, ni la iba a sentir… dios, pero si es que era un niño tan solo, bueno, igual que Pablo, pero con mi primo yo había perdido la cabeza y la polla de mi primo lo era todo, mientras que con Lucas tan solo me había dejado llevar más veces de lo debido por una lujuria irresistible, arrastrada por el deseo y el sexo con mis primos Carlos y Pablo... pero como siempre, estaba claro que en mí siempre había podido más la ocasión que ninguna otra cosa, y Lucas las había tenido y las había sabido aprovechar, y aquella tarde la había vuelto a tener con la tremenda pillada que me había hecho...
Nurita estaba frenando, por fin mi cuerpo pudo despegarse, literalmente, de la ventana, resbalando en la cama, viendo como la silueta de mi cara, de mis brazos, mi vientre y mis tetas, marcada en sudor, quedaba dibujada en el vidrio. Nuria no se había enterado de nada de lo que acababa de pasar en la acera frente a la casa, así que tenía algo de tiempo, podía pensar tranquilamente lo que iba a hacer. No veía fácil conseguir aquellas fotos, aunque en realidad no me importaba particularmente que él las tuviera, siempre que fuera para consumo propio, claro, nunca me ha importado dejarme ver y compartir mis imágenes más salvajes con tal de poder excitar a alguien, pero una cosa era aquello y otra hasta dónde podían llegar aquellas fotos en manos de un niñato salido como Lucas. Había pasado ya por situaciones semejantes, y no estaba dispuesta a repetir algo tan desagradable por culpa de un crío: no podía permitir que las fotos salieran de allí... y menos aún que llegaran a Pablo, lo que, estando en manos de Lucas, pues era su destino natural. Demasiado críos los dos para jugar con esas cosas...
Resollando, mi amada y yo recuperamos la respiración en la cama empapada en sudor y, cuando fuimos capaces de hablar, por fin, sin tocarnos, ni besarnos, acordamos entrar juntas en el baño de la habitación de invitados.
- De acuerdo, como tí digas, haremos una tregua... nada de sexo por un rato ¡pero luego no te arrepientas! jijiji.
- Jajajaja, pero morena, si estás tú peor que yo, como no descanses te va a dar algo, anda.
Y, efectivamente, poco más hubo que contar al respecto de lo ocurrido en aquella habitación. Cuando acabamos, Nuria se mostró preocupada, ya que estábamos sin ropa, ya que únicamente teníamos para las dos sus muy mojadas braguitas semi tanga, claramente insuficientes para dos mujeres con cuerpos jóvenes y visiblemente excitados como nosotras.
- Pues mira que les he dicho veinte veces a este par de salidos que se pajeasen a gusto hasta hartarse para que saliesen relajaditos, pero eso sí, vestidos, como para salir las dos ahora en bolas y descojonadas...
- Altamente contraproducente, Laurita, ¡¡jajaja!!
- Jijiji. Sí. Anda, déjame tus braguitas.
- ¿Mis bragas?
- Sí, por lo menos para tener algo para no ir en bolas, y te traigo ropa de la habitación.
- Pero tía, están empapadas… de mí, así por decirlo fino.
- No va eso a ser un problema ahora, ni tampoco una novedad ¿verdad, mi amor? Que tú y yo estamos llamadas a compartir mucho más que unos pegotes de flujo, cariño, jijiji.
Aquellos comentarios sobre compartir nuestras intimidades a ese nivel deshacían a Nurita. La verdad es que su tanga estaba, literalmente, empapado. Noté al ponérmelo que una costra pegajosa, gruesa y blanda se me pegaba a los labios del chocho. Normal, Nuria llevaba toda la tarde calentándose allí dentro. La parte de atrás, estrechita y húmeda, se me metió enseguida entre las nalgas, incrustándoseme en la raja. Notaba los glúteos rebosando abiertamente por los lados de las braguitas, se me debía de estar viendo absolutamente todo, sin contar que las transparencias de las tiras delanteras, que en Nuria se veían como algo sutil, elegante, en mi conejo peludo se revelaban escandalosas. Aquello no podía gustarme más, la escandalizaba a ella, la primera, y además volvía a llevar una prenda íntima suya... ¡nunca había que bajar el listón!
Salí sin dejarle hablar más, y me dirigí directa al jardín, atravesando el salón. Dentro, en la sala vi a Pablo zapear en la tele, mientras María recogía cacharros del lavaplatos en la cocina. Una escena doméstica muy normal, descontando que estaban en ropa interior, pero desde el jardín aquello no se apreciaba tan claramente. De hecho, empezaba a anochecer ya. Por fin.
Recogí en el jardín el taguita minúsculo y naraja de Nurita que yo había llevado hasta que me lo quité cuando el masaje de mi primo se adentró por fin en las intimidades más profundas de mi sexo. Estaba totalmente enrollado y hecho un guiñapo, con restos de todo tipo por todas partes. También recuperé el slip que había llevado mi primo, con un fuerte olor a semen reseco, y los sujetadores de Nuria y María. Las que no vi por ninguna parte fueron mis ya famosas braguitas sucias, las que había llevado Mer todo el día, ¡qué raro! Tendría que buscarlas luego con cuidado. Pero, en aquel momento, tenía cierta urgencia.
Lo primero que hice fue entrar a mi vestidor desde la habitación de Pablo; prefería que ellos dos no advirtieran mi presencia allí. Guardé el slip de Pablo y el tanga de Nuria, convenientemente desenrollado y doblado en una caja de tesoros que tenía escondida. En ella guardo, en fin, recuerdos "especialmente" íntimos para mí, como las braguitas que llevaba el día que me desvirgaron, con 21 añitos (o añazos, podría decir). Un poco tarde quizás, pero no se puede decir que no haya recuperando el tiempo perdido... También el calzoncillo de Pablo, aquél que él llevaba nuestro primer día, con el que yo me pajeé y que luego Carlos le quitó, y que de hecho había sido suyo antes, y una vez yo se lo había visto puesto de hecho, siendo mucho más pequeño, pero igualmente ya en aquel momento me impresionó... en fin, era una prenda mítica, también. Además de aquello, pues alguna braguita de Mer y Nur de nuestras primeras veces, un par de gayumbos muy sucios de Guille… Y, desde aquella tarde, recordaría también la brutal sesión de masaje que me había dado Pablo: tenía buena razón Nuria, no era algo que él fuera a olvidar jamás, pero tampoco yo iba a ser capaz de olvidar jamás algo que pocos podrían llegar a superar algún día. En cuanto al tanga de Nuria, bueno, se había ganado a pulso la categoría de prenda mítica, en un mismo día lo habíamos vestido las cuatro personas que compartíamos algo más que nuestro verano en aquella casa; los cuatro habíamos dejado algo nuestro allí, y para mí había llegado a ser una segunda piel al final de la tarde, además de que nos había permitido a los cuatro exhibirnos sin pudor a los otros, con el colofón que supuso mi aparición con aquello, con la tela absolutamente desbordada por mis carnes y mis pelos en los lugares más inapropiados... casi parecía que habían pasado años de aquello... y no hacía más que unas horas. Todo iba tan rápido...
Vale, pues ahora debía ocuparme de Lucas. Me puse unas chanclas, las primeras que cogí, y me vestí una camisa blanca muy holgada, que no me abotoné demasiado. Lo mínimo suficiente para que no se me saliera todo de golpe. Lo bueno es que la camisa era larga, y me tapaba las absurdas braguitas de Nuria, demasiado transparentes, cosa que ninguna camiseta iba a hacer tan bien como aquella camisa. No estaba segura, me sonaba que la vecina de mis padres llegaba al día siguiente para irse de vacaciones con sus hijos, que debían haber pasado aquel día solos en casa. La duda es si estaría la hermana mayor de Lucas también, así que no podía ir demasiado... "obvia". Evidentemente, lo que me viera Lucas o me dejara de ver, y lo que pudiera pensar, me la traía muy floja.
Cuando acabé, volví al cuarto de Nuria y Meri, dejé sus sujetadores y cogí un conjunto relativamente discreto para Nurita, tampoco quería que se quejara mucho llevándole algo demasiado aburrido. Era un semi tanga como el suyo que llevaba puesto yo, con varias tiras también, y de un discretísimo color negro. El sujetador marcaba también un poco de transparencia, con bastante encaje de hueco grueso, seguro que se le iban a ver los pezones, pero eso ya me daba igual. En realidad, yo había decidido ya no volver a utilizar una prenda tan absurda y molesta como es el sujetador, hacía tiempo que prescindía cada vez más de ella, sobre todo en verano, y tener que estar allí, en pleno julio y con una temperatura asfixiante, estaba siendo mucho más de lo que yo podía soportar. En todo caso, tenía claro que ya habíamos pasado demasiadas fronteras con mi primito como para que algo así pudiera suponer ningún problema. Y, además… ahí yo tenía mucho que ganar, jijiji…
Volví a la habitación de invitados, siempre por el jardín. Nurita estaba impaciente.
- ¿Qué hacías? Has tardado un huevo, tía… ¿Y por qué te pones esa camisa?
- Anda, vístete y vete a la cocina a ayudar a Meri con la cena. Yo tengo que bajar la basura a los contenedores, y ordenar unas cosas abajo, en el garaje, y como comprenderás tampoco es cosa de ir casi en bolas, aunque esté dentro de la casa, ahí se me ve perfectamente desde la calle...
- Vale, vale... anda, déjame un momento, que voy a aprovechar para cagar... ¡joder tía! luego no te quejes, este suje me marca los pezones que da miedo, jajajaja.
- Juder, Nur… ¡Ahí te dejo cagando, guapa! - le dije dándole un beso.
- ¡Buenas! – la voz de mi primo a mis espaldas me sorprendió, haciéndome dar un respingo.
- Miiiira la niña, jejejeje, ¿cómo está la señora de la casa? Ya os ha costado ¿eh? – al girarme, fue en cambio la franca sonrisa de Meri lo primero que vi.
- Lo siento, Meri, teníamos, ehhhh… muchas cosas de que hablar…
Pablo soltó una risa, y una especie de comentario ahogado: parecía que se había cortado antes de llegar a decirlo. Supuse que así sería mejor.
- Voy a bajar la basura a los contenedores, que está que se sale, y no sé si de hecho tendré que sacar los contenedores también, para que los recojan. Anda ayúdame a sacar las bolsas de los cubos de la cocina. ¿Has terminado con el lavaplatos?
- Casi.
- Genial, pues ahora viene Nur y te ayuda con la cena. Primito, ya podías echar una mano ¿no? - prefería tenerlos a todos entretenidos. - Anda Meri, cierra un poco la persiana esa de la cocina, que ahora entran muchos bichos de fuera, entre la luz y la comida...
Mi frenética y repentina actitud de mando parecía que iba a volver locos a mis amigas y a mi primo. En realidad, quería asegurarme de que no hubiera vista posible de nuestra cocina desde la casa de Lucas, que por esa parte daba justo al jardín posterior de la nuestra, frente a frente con la amplia ventana que se abría sobre el fregadero. Bueno, desde la casa era imposible, pero sí que podía vernos perfectamente si estábamos ahí, con la luz encendida en medio de la noche desde su jardín, o incluso desde el nuestro, si entraba por la puerta que compartíamos. Y tener a tres tías en ropa interior o en top less, y a mi primo en calzoncillos, bien podía incitar al salido de Lucas a seguir desarrollando su afición por la fotografía…
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@laualma tu y tus amigas son unas zorrilla con vosotras gozaría hasta fin del mundo como desearía ver a Nuria y a María y a tu, cómo son vuestros rostros describemelos mami
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@nyctidromus ellas son las mujeres más bellas y lujuriosas que puedas imaginar
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