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Las Aventuras de Olga

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nyctidromus
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LAS AVENTURAS DE OLGA

 

Las fotos.

 

  • Creo que he bebido demasiado... — dijo Olga al entrar en el ascensor del hotel —
  • Da igual — dijo Magda amarrándola con las dos manos por el culo — no te necesito sobria para hacerte todas las cosas que te voy a hacer...
  • Estoy caliente...
  • Siempre estás caliente — susurró Magda — siempre tocándote, siempre pensando en coños...
  • Bésame...

Magda le clavó la lengua en  la boca sin apartar las manos de donde las tenía.

  • Desde el primer día que empezaste a trabajar en la oficina que quiero follarte...

Olga contestó con un leve gemido mientras se apretujaba más contra el cuerpo de su jefa. La puerta del ascensor se abrió, no había nadie en el pasillo.

  • Hazlo aquí mismo — dijo Olga sentándose en el suelo y frotándose entre las piernas por encima del pantalón —
  • No me tientes...

Magda tiró de la mano de Olga y el resto la acompañó hasta la habitación. Fue difícil para Magda abrir la puerta porque, mientras lo intentaba, Olga le abrazaba por detrás y le acariciaba sus escasos pechos.

La habitación era pequeña pero acogedora. Una cama doble dominaba la estancia, con una colcha color salmón, y en el fondo había una ventana que daba a un pequeño balcón.

Tan pronto como entraron Olga  se abalanzó sobre la cama.

  • Realmente te ha afectado la bebida...
  • Siempre me pasa igual — dijo Olga desabrochándose los pantalones — no estoy acostumbrada...

Mientras Magda se quitaba la chaqueta y la falda y las iba colocando con cuidado encima de una silla Olga se quitaba los zapatos estirando de ellos y lanzándolos  sin apuntar al otro extremo de la habitación. Mucho más torpe que Magda por el efecto del alcohol  Olga consiguió deshacerse únicamente de sus pantalones, que se encontraban embarullados en el suelo. Para entonces Magda ya se había desnudado del todo.

  • ¡Dios! ¡Qué bonita eres! — dijo al subir la mirada y descubrir el cuerpo desnudo de su jefa —
  • Déjate la ropa, ya te desnudaré yo.

Magda comprobó con la mano la humedad de entre las piernas de Olga.

  • Otra vez tienes las bragas mojadas...

Con la lengua probó otra humedad: la de la boca caliente de Olga. Ésta no fue capaz de evitarlo y dejó que sus manos se escapasen bajo sus bragas.

  • No te toques, cochina... — le susurró al oído a la vez que le colmaba de lametones la boca y la cara y luego le quitó las manos sujetándoselas por las muñecas —

Le besaba y le mordisqueaba el cuello y luego se desembarazó de la blusa dejando los pechos de Olga libres. También los mordió y los lamió.

  • ¡No me muerdas! — se quejó Olga —
  • Tú te callas, aquí se hace lo que yo digo.

Los pechos de Olga no eran  especialmente grandes, le cabían a su jefa en la mano y podían amasarlos, estrujarlos y manosearlos sin problemas. Los de ésta eran más bien pequeños, con pezones duros y erectos como clítoris hinchados. Y mientras invadía la boca de Olga con su propia boca restregaba sus erizados pezones por los pezones de ella. Pronto los dos cuerpos se restregaron el uno contra el otro y las bragas de Olga se fueron deslizando hasta desaparecer en algún lugar de sus rodillas. Sus muslos, como jamones de una cerda de concurso, se abrazaban al delgado cuerpo de Magda y su chocho mojado y palpitante se frotaba contra su pierna como lo haría una perra en celo con un cojín. No sin cierta dificultad, Magda abrió sus propios muslos para que su coño se acercase al de Olga. Y así, mientras sus bocas se chupaban la una a la otra, en las antípodas de sus cuerpos sus coños hacían algo parecido, besándose, restregando clítoris contra clítoris, intercambiando caldos calientes y deliciosos: lengua con lengua, pezón con pezón, clítoris con clítoris, coño con coño...

  • ¡Espera, espera! — gritó Olga, que ya llegaba al orgasmo —
  • ¿Pero qué te pasa ahora?
  • Que no me quiero correr todavía, quiero chuparte el chochito...

Magda  se sentó sobre la almohada y se abrió bien de piernas. Olga puso la cabeza entre ambas y desató a su lengua para que correteara por el coño de su jefa.

  • No lo puedes evitar ¿verdad? — decía Magda entre gemidos — siempre pensando en coños, no tienes otra cosa en la cabeza...

Olga, mientras se trabajaba el chocho con la lengua, desplazaba furtivamente una mano entre sus piernas. No fue, aparentemente, lo suficientemente sigilosa, porque Magda la vio.

  • .. ¡Otra vez tocándote!

Furiosa, Magda  se abalanzó contra Olga sujetándole el culo y abriéndole el coño violentamente con ambas manos.

  • ¡No quiero que te toques! ¡Este coño sólo lo puedo tocar yo! ¡Es mío!

Sus dedos penetraban en el interior del jugoso coño sin ninguna delicadeza. Magda gritaba furiosa y Olga se convulsionaba de placer emitiendo grititos agudos cada vez que le tocaban algún punto sensible. Finalmente, un chorro como el del surtidor de una fuente salió disparado desde lo más profundo de su coño. Segundos después, la cara de Magda se estrellaba entre sus piernas tratando de beberse lo que hubiera quedado.

 

 

 

*  *   *

 

Olga, completamente desnuda, dormía boca abajo sobre la cama haciendo que pareciese que una montaña había surgido en mitad de la habitación. Tenía las piernas entreabiertas, por lo que su coño se podía vislumbrar en su caliente hermosura. Magda se lo acarició y le lamió las nalgas, intentando no despertarla. Se tocó el coño un rato, mirándola, y luego se chupó los dedos.

Magda encontró el bolso de Olga y con él se marchó hasta el pequeño balcón. Una vez allí buscó el teléfono móvil y lo encendió. Había unos cuantos mensajes en ellos.

 

 

 

                                                     *  *   *

 

Olga se había despertado sin la presencia de su jefa. Había bajado a recepción donde le habían dicho  que la habitación estaba pagada y que su acompañante se había marchado temprano.

No dándole mayor importancia pidió un taxi que la llevara al trabajo. Tenía muchas ganas de volver a ver a Eva y a Nuria, y no sólo de verlas. Quería darle un beso a Eva en los labios y quizá otro a Nuria. Sabía que Nuria le querría meter mano en cuanto la viera. Le gustaba cuando se le acercaba descaradamente para toquetearle el culo o entre las piernas. Estaba deseosa de bajarle las bragas a Eva y de tocarle los pechos por encima de la ropa. Echaba de menos encontrarse con Nuria en los lavabos y ofrecerle un festín de coño  caliente. Y, por supuesto, se le hacía el coño agua pensando en que Magda, su jefa, le llamaría al despacho en algún momento de la mañana para  robarle las bragas y hacerle todo tipo de cosas sucias entre las piernas.

Entró muy decidida en la oficina y se fue directamente hasta el mostrador de Eva. Se aseguró de que no había nadie  que pudiera verlas y se acercó para darle un beso, sólo que Eva le giró la cara.

  • ¿Qué pasa...?

Eva tenía un gesto severo, entre la ira y la desesperación.

  • Tú sabes lo que pasa...
  • No, no lo sé ¿por qué no me quieres dar un beso?
  • ¿Darte un beso? — dijo Eva mientras rebuscaba en su bolso — ¿Por qué no le da un beso a la que te ha hecho éstas fotos?

Eva le mostró su teléfono móvil. En él podían verse fotos suyas en las que se encontraba completamente desnuda, dormida, en la cama del hotel, con las piernas entreabiertas, con su coño ofreciendo una panorámica de lo más suculenta.

  • ..
  • ¿Cómo has podido? ¿Te vas con otra mientras dices que estás conmigo? ¿Me envías mensajitos mientras te vas a la cama con otra?

A Olga se le hizo un nudo en la garganta que le impidió contestar. Sólo fue capaz de salir corriendo y no parar hasta llegar a su mesa. Se sentó en su silla y, todavía muy nerviosa, encendió su ordenador.

  •  

Nuria estaba a su lado pero no se había dado cuenta. Olga reaccionó y recuperó la compostura. Se acercó a ella y la besó en los labios.

  • Hola, perdona, estoy un poco dormida y no te había visto...
  • No pasa nada ¿te lo pasaste bien ayer?
  • Sí, bien, lo normal...
  • Lo normal.
  • Sí, la cena estuvo bien, luego tomamos unas copas y ya está...
  • .. — dijo Nuria sonriendo — eres una hija de la gran puta...
  • ¿Qué?

Olga se quedó helada, parecía vivir una pesadilla, su paraíso de felicidad y satisfacción se tornaba infierno a cada minuto que pasaba.

Sin contestarle, Nuria sacó también su teléfono móvil y le mostró las mismas fotos que le mostrara Eva. Olga no quiso esperar más. Sin mirarle a la cara se levantó de su silla y salió disparada hacia el despacho de Magda. La puerta estaba cerrada pero la abrió de golpe y entró sin pedir permiso.

  • ¿Qué significa esta estampida? — preguntó Magda malhumorada —
  • ¿Por qué has hecho una cosa así?

Olga gritaba y Magda frunció el ceño, se levantó de su silla y se encaminó hacia ella.

 

  • Haga el favor de moderar su tono, recuerde con quien está hablando...
  • ¡Corta el rollo! Te estoy preguntando cómo has podido ser tan cruel...
  • No le permito...
  • ¡Me da igual! ¿Cómo se te ha ocurrido una cosa así? ¿Mandarles fotos a las otras dos? ¿Estás loca?
  • .. eso... — contestó Magda con una risita —
  • Yo no le veo la gracia...
  • Te merecías una lección. Tienes que aprender que ese coño es mío y de nadie más...
  • ¿Pero es que estás loca o qué?
  • ¡Ya basta!

Magda comenzó entonces a gritar. Muchas veces, por motivos de trabajo, levantaba la voz. Su tono autoritario y su volumen causaban pánico entre los empleados. La misma Olga había temblado al escucharlo.

  • ¡No pienso consentir semejante comportamiento! — dijo tajante — Aquí mando yo y se hace lo que yo digo. Y ahora, bájate las bragas, voy a disciplinarte cómo te mereces...

Magda se acercaba ya a Olga con expresión lasciva y fue a posar su mano en su tentador culo, pero se encontró que una tenaza de acero la interceptaba sujetándole con fuerza la muñeca.

  • ¿Qué...?
  • Se acabó, tú a mí no me vuelves a tocar...
  • ¿Hace falta que te recuerde que puedo despedirte en el momento que me apetezca?
  • ¿Despedirme? — contestó Olga con una sonrisa cínica — ¡Me doy de baja voluntariamente! ¿Tu quién te has creído que eres? No necesito esta mierda de trabajo...

Olga salió del despacho de Magda tan deprisa como le fue posible y sin mirar atrás. Lo hizo tan deprisa que no escuchó las últimas palabras que su jefa le dirigió: “no te vayas, por favor... te quiero”.

 


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