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El mastín del Pirineo

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José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
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Rosario, una joven de ciudad, había ido a pasar unos días a la casa de la aldea de su tía Matilda, que era una viuda cuarentona, de muy buen ver y que tenía una hija de la misma edad de Rosario llamada Ambrosia.

Rosario era morena, delgada, alta, con tetas pequeñas y muy fina. Ambrosia era pelirroja, doble, alta, con tetas grandes, caderas anchas y un culo importante.

Estaban echadas sobre la cama, Ambrosia en camisón y Rosario en pijama. Junto a la puerta de la habitación descansaba un mastín del Pirineo de color blanco. Las primas hablaban de sus cosas cuando el perro comenzó a lamerse la polla. La cabeza de su tranca empezó a salir de la funda. Rosario, al ver aquella cosa, le dijo a su prima:

-¡Mira tu perro!

-Ya lo veo, se está haciendo una paja.

Rosario no se lo podía creer.

-¡¿Los perros se hacen pajas?!

-No sé si son pajas o mamadas, el caso es que se acaba corriendo.

-¡¿Y tú duermes con un animal así en tu habitación?!

-Ya ves que sí.

-¿Y no tienes miedo de que te ataque?

-¿Si te cuento una cosa me juras de que no saldrá de esta casa?

-Sí, te lo juro.

-Me folló a Pedro.

-Dime que Pedro no es tu perro, dime que Pedro es tu novio.

-Pedro es mi perro y mi novio.

-No me lo puedo creer.

-¿Tienes novio en la ciudad?

-Tengo.

Llamó al perro, Pedro se subió a la cama, le echó la mano a la polla, se la estiró y después le preguntó:

-¿Tiene tu novio una polla tan grande y tan gorda como ésta?

-No, la tiene más pequeña y más delgada.

Rosario vio cómo su prima le chupaba la polla al perro.

-Entonces no sabes lo que es tener una polla de verdad dentro de ti. Te lo presto si quieres correrte cómo nunca te has corrido.

-¡Estás loca!

-Sí, pero eso es porque Pedro me vuelve loca. ¿Quieres ver cómo echamos un polvo?

-No, pero supongo que lo vais a echar y no tendré más remedio que mirar.

-Supones bien.

Ambrosia se quitó el camisón y las bragas. Rosario vio las grandes tetas de su prima, unas tetas con areolas rosadas y pequeños pezones y la gran mata de vello pelirrojo que rodeaba su coño. El perro también la vio y comenzó a darle al rabo. La muchacha se abrió de piernas, se tocó el coño con un dedo y le dijo al perro:

-Aquí, Pedro, aquí.

El perro le lamió el coño con su enorme lengua, luego le señaló los pezones y le lamió uno, le lamió el otro hasta que le cogió la cabeza y se la llevó al coño, donde siguió lamiendo. Cuando le soltó la cabeza, el perro, como si supiera lo que tocaba, le dio el culo. Ambrosia le tiró de la polla hacia atrás y se la volvió a lamer y a chupar.

Rosario tenía el coño encharcado, pero se hacía la escandalizada.

-Eres una pervertida, eres...

-Soy una viciosa.

-Sí, eso es lo que eres, una viciosa.

-Y me gusta serlo.

El perro se bajó de la cama y se puso patas arriba con la polla tiesa. Rosario le dijo:

-Parece que quiere que lo montes.

-No lo parece, quiere que lo monte.

Ambrosia bajó de la cama, se puso a horcajadas sobre el perro, cogió la polla por encima de la bola, bajó el culo, metió aquella tremenda tralla dentro del coño y luego comenzó a follarlo. El perro estaba bien enseñado, ya que no se movía.

Ambrosia le estaba dando la espalda a su prima. Rosario veía cómo entraba y salía la polla del coño. Luego vio cómo su prima le daba besos con lengua al perro y se puso mala, tan mala se puso que metió una mano dentro de las bragas y se dio dedo. Casi se corre cuando su prima le dijo:

-Se está corriendo dentro de mí, y yo, y yo... Ay que me corro.

Ambrosia, chupándole la lengua al perro, le bañó la polla con los jugos de su corrida.

Al acabar de correrse quitó la polla del coño, miró para su prima, que ya quitara la mano de dentro de las bragas, y le dijo:

-¿Quieres que te haga correr?

-Yo no follo con perros.

-¿Y con una perra?

-¿Quieres hacerme correr tú?

-Sí, debes estar muy rica. ¿O es que no te has mojado viendo cómo follaba a Pedro?

-Mojé, sí, pero tengo novio...

-La cosa no va a salir de esta casa.

-¿Ya lo has hecho con otra chica?

-Sí. ¿Y tú?

-Yo no.

-¿Voy?

-Ven

Le desabotonó la chaqueta del pijama, se la quitó y luego hizo lo propio con el pantalón y las bragas. Al quitar las bragas y ver lo mojadas que estaban, lamió la humedad, las olió profundamente, y después le dijo:

-Te vas a hartar de gozar.

Ambrosia le echó las manos a las muñecas, se subió encima de su prima y le pasó la lengua por los labios cómo si fuera una perra. Rosario le dijo:

-Te huele la boca a perro.

-Acabo de comerle la boca a uno, no me va a oler a rosas.

Le metió la lengua dentro de la boca y la morreó. Le lamió y le chupó el cuello, le lamió y chupó las orejas y después fue a por sus tetas. Rosario creyó que se las iba a devorar, pero no, le lamió los pezones dulcemente, hizo lo mismo con las areolas y luego le magreó y le chupó las tetas con la misma dulzura. Bajó besando su vientre y cuando llegó al coño pasó de largo, o sea, bajó lamiendo los muslos hasta llegar a los pies, allí le cogió un pie, señaló la planta con un dedo y le dijo al perro:

-Aquí, Pedro, Aquí.

El perro lamió esa planta, lamió la otra. Luego Ambrosia le fue señalando y el perro fue lamiendo por el interior de sus muslos. A llegar al coño, Ambrosia se lo lamió de abajo a arriba y muy lentamente, después le preguntó:

-Quieres que siga lamiendo Pedro.

-Como quieras.

-No, cómo quieras tú.

-Quieres oírlo de mi boca. ¿Verdad?

-Sí, dilo.

-Quiero que me coma el coño tu novio.

Ambrosia señaló el coño con un dedo, y le dijo a Pedro:

-Aquí, Pedro, aquí.

El perro le dio media docena de lamidas en su coño pelado y babosos y Rosario se corrió cómo una perra.

Al acabar de hacer el trabajo, el perro salió de la cama y se volvió a poner boca arriba. Ambrosia le dijo a su prima:

-Está esperando a que lo folles.

-Que espere, no voy a montarlo.

-¿No quieres saber que se siente al correrse follando con un perro?

-Sería una golfa si lo hiciera.

-Golfa por un día. Nadie más que yo sabrá que te follaste a un perro.

-¿Y si me rompe el coño?

-Eres tú la que la mete, no te romperás nada.

Rosario tenía ganas de experimentar.

-¿Le agarras tu la polla para que no me meta lo que no debe?

-Claro.

Rosario se puso en la misma posición que se había puesto su prima. Ambrosia le cogió la polla por encima de la bola a Pedro y la frotó en el coño baboso. Rosario, bajando el culo, metió un trozo, luego otro, después otro y acabó con toda la polla dentro del coño. El coño dio de sí, y poco después, Rosario, le estaba dando caña al perro y lamiendo su lengua. Le pasó lo mismo que a Ambrosia... Al sentir al perro correrse dentro de su coño, se corrió ella.

Apartada del perro y sentada sobre el piso, le dijo a su prima:

-¡En mi vida me había corrido con tanta intensidad!

-Es que no hay nada que deje más satisfecha a una mujer que la polla de un mastín.

Unos minutos después de correrse Rosario, entró su tía Matilde en la habitación y les preguntó.

-¿Ya habéis acabado con Pedro?

Le respondió su hija.

-Sí, mamá, ya te lo puedes llevar.

Quique.

 

   
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