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Vaciar todo

La Libertad III_07: día 06_noche

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 06 - 20.07.2012 - noche

 

Pablo se había quedado literalmente paralizado mirando el cuerpo casi desnudo de Nuria. Y ella, como siempre que pasaba cuando acababa de follar, estaba con el guapo subido y de un humor exageradamente expansivo. Por eso para mí era fundamental empezar a cenar ya. No solo porque tuviera un hambre del demonio, que el sexo y las ganas de sexo siempre me han dado ganas de comer, sino para empezar a ver también la película que María y Nuria habían pillado por la mañana en el videoclub. Necesitaba apartar la atención general de la desnudez explosiva de Nur. También mi propia atención... Joder, es que menudo ambiente, ahí estábamos Pablo y yo babeando por ella, y ellas dos ahí como si nada. Luego supe, mucho después y porque me lo contó Mer, que el absoluto estado de relajación de ellas no se debía solamente al polvazo que acababan de pegarse en su habitación, sino que también se habían relajado hablando todo lo que tenían atravesado desde que volvieron de comprar comida del centro comercial. Eso significaba no solo que se hubieran contado con pelos y señales sus experiencias íntimas con Pablo en la piscina, como habían sido toqueteadas por él y cómo a su vez le habían agarrado e incluso lamido el falo desnudo, sino que habían hablado de sus deseos más intimos y secretos con el pobre niño, así como de lo que yo les había contado. Naturalmente, no me habían creído para nada mi historia; es decir, sí creían lo que les había contado, pero tenían muy claro que era tan solo una pequeñísima parte de lo que en realidad había llegado a suceder entre mi primo y yo durante aquel día. Y no les faltaba razón, claro. Nur también le había contado a Meri el numerito del masaje de Pablo, pero eso lejos de poner celosa a Merita la había sacado sexualmente de quicio, y ese calentón lo descargó en el momento con Nuria, con consecuencias más que evidentes...
 
Yo no sabía nada de todo aquello, claro, pero intuía una buena parte y el resto no es que pudiera extrañarme, la verdad, conociendo a mis amigas. Por todo ello tenía que poner fin a ese momento extraño antes de que el ambiente viciado acabara por conducirnos a donde yo no quería llegar a parar. Por lo menos no aquella noche; por lo menos no a la manera que podía estar cocinándose en la calenturiente mente de mi amiga Nuria. Así que me dispuse a empezar a cenar, no sin antes darle a mi primo la peli para que la pusiera. Él se hizo el tonto, aparentando ignorarme, y yo le di un golpe en el hombro para que reaccionara. Me miró preocupado, haciéndome un leve gesto hacia su entrepierna. Entonces me di cuenta, al empezar a levantarse, media polla le asomó por el calzoncillo de golpe. Pablito estaba a mil por culpa de la zorra de Nuria.
 
- Bueno, espera, anda, ya la pongo yo.
 
María se había sentado en el sofá, como siempre, en la esquina opuesta del sillón que había vuelto a ocupar Pablo. Mi primito se sentó cruzando las piernas, lo que posibilitó que "aquello" volviera a su guarida. María no se había dado ni cuenta de que se le había salido la polla al niño, ya que le había pillado agachada, sentándose. Miré a Nuria. Mierda, ella sí que... Ahora se relamía literalmente, mirando sin cortarse el paquete de mi primo. Le miré a él, que por fortuna me miraba a mí, agradecido, en lugar de a ella y sus lascivas miradas. Le guiñé un ojo, y él sonrió. Nuria nos siguió el intercambio de gestos y, molesta, se fue a sentar en mi sitio, en el centro del sofá, cambiando por primera vez su privilegiada posición junto al sillón que ocupaba Pablo. Confieso que, por primera vez en la vida, sentí el profundo placer de ser yo la que provocaba los celos de mi amiga y no al revés. Y eso que la muy puta se había lanzado al ataque poniéndose prácticamente en bolas. Pero Nur siempre ha llevado muy mal los desplantes de los tíos, e imagino que en ese momento que un niño como Pablo osara a no estar babeando por ella, cuando ella estaba allí casi en bolas dándolo todo, debió ser suficiente como para cortar su interés de golpe. Así que se sentó pegada a María, alcanzándole a ésta su cena -un par de rollos de sandwich en tortillas de trigo, tipo fajitas- y se preparó ella también su plato, antes de sentarse. Mostrándose altamente cariñosa con su reciente amante, se recostó acaramelada encima de María, que tenía todavía esa sonrisa en la cara de recién follada. Me podía imaginar la escena, ella yendo a buscar a Nuria y encontrándola así vestida (o más bien desvestida...), un comentario, un beso, una caricia... era imposible no tocar ningún punto crítico... Nurita tan caliente después del masaje de Pablo, de mis historias, de un día sin sexo (sólo Pablo podía decir realmente lo contrario aquel día, y un poco yo... ella seguro que se acababa de pajear en el baño, pero claro, sentir los dedos de Meri buscándote el coño, eso ya era otra cosa...)
 
Cuando metí el dvd y me senté con mi plato en las rodillas, en el sofá entre el sillón de Pablo y los pies de Nuria, recostada sobre Meri, ellos habían terminado ya más de la mitad de la cena. Ya he dicho que habíamos llegado a la noche muertos de hambre. Y de ansiedad. Le di al play y apuré mi comida. Ninguno habló mientras empezaba la peli, solamente comíamos en silencio. De repente, la peli saltó.

- Mierda... - musité.

Volví a intentarlo un par de veces. Le pedí a mi primo que sacase el disco y lo volviera a meter. Él se levantó, su polla se bamboleaba en los calzoncillos, pero su volumen, pese a lo aparatoso, ya no corría peligro de desbordamiento. Nada, lo volví a intentar una y otra vez y nada.

- Mierda, esto no va...

Me acabé mi segunda fajita, me levanté y volví a intentarlo, apagué el aparato, lo encendí, miré los cables...

- ¿Tenéis la misma poca idea que yo de esto, verdad? - dije riendo.

- No te gastes, yo creo que es el disco - dijo Nuria mientras acababa su comida, chupándose los dedos con deleite y cierta lujuria, bajo la brillante mirada de Meri - debe de estar jodido. Ya os decía que ese vieoclub tenía una pinta demasiado cutre.

Pronto los cuatro habíamos terminado la cena, y allí no iba nada, no había manera de conseguir una mínima señal.

- ¿Te ayudo? - me dijo Pablo. - "Qué mono", pensé.

- No, si es que directamente no sé qué hacer. -  Me estaba poniendo nerviosa. Y no era la única.
 
El olor del sexo de Nuria se había multiplicado y densificado, me parecía imposible que los otros dos no lo estuviesen oliendo, si es que me había sabido la comida a su coño... Lo malo es que mi amiga empezaba a reflejar su nerviosismo y su excitación sexual con su cuerpo. Había subido las piernas al sofá, ocupando mi plaza. No las podía estirar del todo, las tenía semiflexionadas, así que no había peligro... de momento... Porque no paraba de moverse. Parecía que buscaba la postura, intentando acomodarse sobre María. Hasta que, por fin, ella le abrió los brazos y la acomodó. La abrazó. Y empezó a tocarla. Joooder, la ausencia de película iba a disparar hoy la sesión de tocamientos que reventó la peli de ayer. No sabía qué hacer, estas dos ya se habían descontrolado, sin duda ya venían así, yo no estaba ni sentada, y ellas ya a punto de... Ohhhh.
 
Meri empezaba a besar a mi amiga en el cuello, a sobarle la tripa, los brazos, las tetas... Estaban tan cachondas que parecían no darse cuenta siquiera de dónde de estaban, de con quién estaban... Los tres pudimos ver los pezones de Nuria ponerse como rocas bajo las caricias de María. También Pablo. Mi primo. Mi primo me miraba, me acarició una pierna para llamar mi atención. Le miré, y él se abrió de piernas: su verga empujó el calzoncillo hacia arriba. Aquello volvía a crecer. Pablo lo tenía muy claro, había aceptao con total naturalidad que mis amigas se iban a follar vivas como postre de aquella rápida cena, y no veía ningún tipo de problema a ponerme en bandeja a mí el postre que sabía que yo llevaba varios días deseando. Bien repleto de crema caliente... ¿Que hacía yo? ¿Aceptaba su ofrecimiento y me sentaba encima suyo? Ganas no me faltaban, aunque no era ni mucho menos lo que había pensado. No dejaba de ser consciente de que podía acabar todo bien, pero aquello significaría que Nuria me habría metido un nuevo gol, el definitivo, habría ganado, siendo capaz como siempre de mandar, de imponer su ritmo, su ley.
 
Pero, antes siquiera de que yo pudiera decidir nada, mi amiga volvió a reclamar toda la atención para sí. Con un hondo gemido, se empotró en el cuerpo de María, provocándola aún más para que se dedicara a sobarle todo el cuerpo; no sé lo que acababan de hacer en su cuarto cuando Mer fue a buscarla, pero Nuria estaba embrutecida desde el masaje de mi primo, y ahora estaba claro que Mer se encontraba igual, después de lo que sea que hubieran hecho. Y luego, tal cual, Nurita abrió las piernas por completo, y se metió una solemne rascada en la raja. Su mini tanga ya dejaba totalmente a la vista, en esa postura, el agujero del ano. Sin disimular nada aparció ante nosotros, esa estrella oscura, grisácea entre las nalgas morenas de Nuria, en el medio de aquella raja depilada y brillante de sudor... y de sus flujos. Su ano fue lo primero que Pablo vio. Después, al rascarse ella tan soezmente, el resto salió a la luz, con muy poquito esfuerzo, todo sea dicho, pues la prenda poco tapaba y, además, al sentarse se la había bajado mínimamente, con lo que le quedaba floja, sin llegar a ceñirse a su caliente cuerpo. Cuando apartó la mano, sus labios tan especiales, delicados, golosos, hinchados de deseo, escaparon de su prisión, boqueando, llamándonos a mi primo y a mí. La imagen era tan brutalmente erótica... esas tiras de húmeda carne de ostra aleteando a ambos lados de la tensa cuerda de su tanga que parecía a punto de ser devorada por su vagina oscura y peligrosa. La muy zorra, estaba utilizando sus peores artes de putón para volver loco a mi primito... porque aquello era intencionado, no solo eso sino muy precisamente calculado y ejecutado. Conocía de sobra a Nuria en estas situaciones, y estaba claro que ella sabía lo que se hacía. Su objetivo real nunca había sido la pobre María, pese a que ésta la devoraba extasiada en ese mismo momento. No, su objetivo seguía siendo el pequeño Pablo.
 
Le volví a mirar, y joder, Nuria lo había logrado, había hecho que él pasara de mí como de la mierda, de repente solo tenía ojos para ella, su polla no había crecido más aún, extrañamente, pero sus ojos parecía que iban a salir disparados de sus órbitas. Recordé las palabras que le decía Nuria por la tarde: "...le gusta tanto quedarse desnuda, boca arriba, yo le masajeo las piernas, los muslos, untados en aceite, las tetas, que son lo más, con esos enormes pezones, que se le ponen taaaan duros..." La puta de ella estaba enseñándole justo eso a mi primo, pero ella es quien estaba ahora recibiendo ante él el masaje de la hechizada María, que movía las manos por su cuerpo casi desnudo, mientras Nuria le ofrece, por primera vez a él directamente, sin tapujos, su sexo desnudo y libre: "...haces masajes mejor que muchos tíos con los que he estado. No me importaría dejar que me dieses uno completamente desnuda..." sus palabras de aquella a mi primo tarde resonaban en mi cabeza. ¿Cuánto iba a resistir Pablo, cuánto iba a tardar en lanzarse como un cerdo salido sobre su cuerpo? Había visto a Nuria calentar de esa manera a muchos tíos muchísimo más experimentados y no habían resistido ni treinta segundos... Si hasta a mí me había puesto bruta... afortunadamente, la luz en el salón era extremadamente tenue, porque yo llevaba braguitas blancas, y era consciente de que estaba mojando copiosamente. ¿Qué podía hacer yo? Con este conjunto de ropa interior con el que, comparado con ellas, parecía una monja... Y Nurita así... ¡mierda! si es que era peor que ir desnuda...

¿Peor que ir desnuda? ¡Eso era! ¿Peor que ir desnuda? Ahí tenía la clave. No. No lo era, no era peor que ir desnuda. Por lo menos para mi primo no lo sería. No si la que iba desnuda era yo. Llevaba casi una semana salido viéndonos en bolas, y lo de Nuria ahora era un expectáculo erótico de primera. Pero mi primo quería sexo, carne, contacto físico. Sin más; a estas alturas era lo que necesitaba, esta mañana lo vi claro, no quería andarse con muchas más tonterías, aunque estaba dispuesto a esperarme... Y sí, esa era la otra clave. Estaba dispuesto a esperarme. Le tenía a pan y agua desde hacía meses, y en menos de dos semanas habíamos estado a punto de todo... de todo. Con el colofón de hoy, que me dejé ver totalmente desnuda varias veces y él... él se volvió loquito.

Bien, el plan era sencillo. Y si no funcionaba, a la mierda, todo estaba perdido, entonces me iba literalmente a la mierda. Entonces asumiría sin más que Nuria había ganado, y pagaría las consecuencias. Una vez más. En fin, tampoco podía ser un mal plan una furiosa orgía entre los cuatros, comandada como siempre por Nuria, cabalgando furiosa la polla erecta de mi primo hasta devorarle por completo entre sus piernas...

- Pues sabéis lo que os digo - dije rompiendo el silencio, de forma estrepitosa, ya que la naturalidad de mi voz en ese ambiente tan sexualmente enrarecido sonó como si se hubiese roto un gran cristal en medio de la habitación - que casi mejor, hace un calor insoportable aquí dentro, y con todas esas estrellas de ahí, - dije mirando fuera con expresión soñadora, - es una noche ideal para un baño. - Apagué la tele y les miré. Los tres se habían detenido por completo y me miraban. Meri había parado de toquetear a Nuria, y ésta había parado de buscar la mejor forma de exhibir el coño ante mi primo. Era ahora o nunca. Pues nada, al lío. Me di la vuelta, y salí al jardín por el ventanal del salón que estaba abierto de par en par, justo en frente de la piscina. El cielo, efectivamente plagado de brillantísimas estrellas estivales en aquella noche sin luna, iluminaba de manera fantasmagórica el jardín. Aquella noche, no sabía por qué, me había dado precisamente por encender las luces de la piscina. Todo se alineaba para cumplir mi destino.

Fuera no hacía más fresco que dentro. Perfecto para mi plan, pensé. Me desabroché el sujetador, me saqué un tirante, luego otro, despacio. Lo deje caer. Me agaché, metí los pulgares por los laterales de mis braguitas, me agaché más. Sentí cómo se enrollaban al bajar por mis muslos, por mis pantorrillas desnudas, arrastrando tras de sí la parte reforzada de la tela destinada a proteger mi vulva, a la cual se había quedado irremediablemente pegada debido a los flujos pastosos que manaban de mi coño desde hacía un rato. Empujé la prenda hasta el suelo. Saqué un pie, luego otro. El aire de la noche recibió a mi cuerpo desnudo, bañado en luna, con una suave y refrescante brisa que me limpió el sudor y los malos pensamientos. Inspiré hondo, di unos pasos hasta el borde de la piscina. Le estaba ofreciendo a Pablo mucho más de lo que habían hecho ellas, dado mi historial y mi estado en ese momento. Y, teniendo en cuenta nuestro último baño juntos, mi propuesta era tanto o más prometedora que la de Nuria. Bueno, recordé que lla le estaba enseñando el coño abiertamente pero... Pablo tenía que cogerlo aún y... él era un niño, Nuria una mujer capaz de avasallar al hombre mejor plantado, y su coño... no era el mío. En el fondo, ahora, en igualdad de condiciones, a eso se reducía la apuesta. Ella o yo. Contaba con nuestra experiencia anterior acumulada, al menos, si no era mi cuerpo de por sí lo que prefería. Me di la vuelta para ofrecerle mi cuerpo, mi desnudo frontal, mi deseo. Pablo se había levantado, dando unos pasos hacia el jardín. Muerta de emoción, me giré dispuesta a correr al agua. Mi culo le llamaba como una flor a una abeja. Llena de felicidad aceleré, salté, y me zambullí en el agua, desnuda como vine al mundo.

Cuando emergí, casi al otro lado de la piscina, con el ánimo renovado, como si el agua fría me lo hubiese lavado a fondo, me giré y vi un cuerpo saltando de cabeza al agua. Desnudo, la enorme polla le colgaba, columpiándose, en el leve intervalo en que estuvo en el aire. Entre la cortina de agua creada por la explosión que provocó mi primo al entrar de golpe a la piscina pude ver, arrastradas como por una fuerza irresistible, demorándose como si tratasen de oponer su débil voluntad a lo inevitable, a mis dos amigas, que avanzaban desde el salón poco a poco, relucientes en medio de la noche al reflejarse la brillante luz estelar en sus cuerpos, cada vez más desnudos, a medida que se iban despojando de sus exiguas y casi inútiles prendas. No terminé de ver cómo se desnudaron, mi primo Pablo salió a la superficie en un salto justo delante de mí, rozando mi cuerpo desde el coño hasta la cara. Al momento, los cuerpos envueltos en una excitante película acuática se juntaron, nuestras pieles entraron en contacto y, de manera instintiva, los dos buscamos más, porque ambos nos deseábamos, necesitábamos tocarnos el uno a la otra como respirar, nuestras piernas se entrelazaron, los pechos se soldaron uno a otro, y nos abrazábamos como quien se aferra al último asidero posible para salvar su vida. El beso, el morreo, fue hondo, largamente esperado, devastador. Escuché una explosión en el agua, luego otra. Mi primo me besaba. Yo me besaba con él. Nuestras lenguas se tocaban, íntima y totalmente, podía sentir su cuerpo sobre el mío, y aquello me gustaba, me volvía loca, cada poro de mi piel hervía de excitación, él me empezó a comer la boca, la lengua, los dientes, los labios, la nariz, la cara, pómulos ojos, orejas, el cuello. Me abandoné a él, trepé por su cuerpo, recogí mis piernas en torno a su cintura y, colgada de su cuello, apretada contra él, me dejé llevar a la deriva con él como único sustento.
 
Mi coño abierto se frotaba con su falo hinchado, que ascendía hasta mis tetas, de manera que, a medida que él avanzaba, con cada paso, el tronco me frotaba el clítoris y los labios abiertos e hinchados, y su glande descapullado me follaba el canalillo del pecho en una cubana inesperada. "Desventajas de tenerla tan larga", pensé; con lo abierta que estaba yo, y lo dura que la tenía él, que estaba lo empalmadísimo, de haberla tenido de un tamaño más normal sin duda me la habría terminado metiendo, aún sin pretenderlo, en el vaivén de su calmoso caminar. Nos encontrábamos en el centro de la piscina, en tan deliciosa posición, cuando sentí cuatro manos devorarme frenéticamente la espalda, el culo, hasta hurgar en el interior de mi recto y de mi almeja, empujando mi clítoris contra la dura columna de ardiente acero que mi primo interponía entre su cuerpo y el mío. Era alucinante, cada vez la tenía más dura y más caliente, aquella barra de fuego amenazaba con calentar el agua y nuestros cuerpos hasta hacernos hervir y desaparecer en medio de su deseo... Pero las manos de mis amigas me reclamaban, y yo estaba tan cachonda que no pensaba, mi cuerpo se dejó llevar por la agonía de un placer desbocado, en medio del éxtasis sexual que venía reclamando tanto tiempo. Que Nuria reclamara a mi primo me llenaba de ira, pero que buscara con deseo mi cuerpo era algo que no podía evitar que me volviera completamente loca... Mis manos se aflojaron, mis piernas fallaron y dejaron escapar su asidero, separándose de su cintura, de su culo, mi cuerpo se despegó del suyo, el tronco del pene de Pablo resbaló como una columna de piedra cayendo, deslizándose entre mis pechos, empujando mi vientre, mi pubis. Las manos de mis amigas me sujetaron, sosteniéndome en mi caída, aguantándome en medio del agua, desnuda como para el sacrificio delante de mi primo. Y, entonces:

- ¡Uno, dos y... treees!

Mi cuerpo se levantó ligeramente para estrellarse violentamente contra la superficie de la piscina. En la caída levanté las piernas, completamente abiertas, delante de él. Mi coño, con mi almeja excitada, abierta, al rojo, hinchada y salida, el coño en toda su gloriosa magnitud, cubierto de pelo abundante aunque eróticamente recortado para él... pocas veces se lo había ofrecido así antes... Mientras me hundía recordé la visión de la almeja de Nuria asomando bajo la casi imperceptible tira de su tanga, estirado, retorcido y absurdo tras la solemne e intencionada rascada que se había hecho en el sofá, consciente de que acababa de sepultar esa visión en el inconsciente de mi primo con argumentos mucho más contundentes. Las manos de mis amigas empujaron mi cuerpo bajo el agua, aprovechando para sobarme bien. Mi primo se zambulló sobre mí, y vi pasarme su cuerpo entero por encima, golpeándome con su polla en su rápido avance.  Tenía los ojos abiertos, así que nos miramos por un segundo, mostrándonos todo nuestro deseo en aquel extraño mundo acuático y noctámbulo, para dedicarme luego en fugaz pasada su torso, su abdomen, su pubis peludo, toda la extensión de su mástil y las largas y fuertes piernas, aunque todavía algo infantiles. Deduje que él debió tener la misma fugaz visón de mi cuerpo, con sus carnes plenas y maduras, desbordantes de deseo sexual hacia él. Pronto estuvimos todos fuera del agua, en los cuatro vértices de un inestable cuadrilátero, que en seguida se rompió, en un juego de persecuciones fogosas y sin barreras en sus consecuencias. Sólo digo que me sentí penetrada en todos los orificios de mi cuerpo (siempre por dedos, aunque no puedo decir con seguridad a quién correspondían, pero imagino que todos probaron, como yo misma probé a todos). Yo, claro, hice lo mismo con ellos. Disfruté las tetas y culos de mis amigas, sus vulvas y vaginas, sus palpitantes conchitas. El grueso falo de mi primo. Su cuerpo duro, tenso y deseoso... En resumen, los mismos juegos de por la tarde, pero mayor contacto. Contacto directo, total. Contacto interno, carnal. No sólo por ser más explícito, debido a la desnudez completa de los cuatro, sino también porque las pocas barreras que nos impusimos nuestra primera vez ya no existían, y ahora sí que valía absolutamente todo. Valía hasta follar, penetrar, violar.
 
Hasta que, de repente, me encontré otra vez colgada de Pablo, en la misma posición del principio. Nuestros cuerpos se atraían, inevitablemente. Mis amigas volvieron a separarse. Dulcemente, Meri me tomó por detrás, me separó de él, y me hundió en una lenta ahogadilla cogiendo mis tetas, girándome, y pasándome la cara por las suyas, duras, con los pezones rasposos, tensos y firmes como piedras. Nuria, a su vez, había cogido a Pablo, tomándole por la espalda, el culo, cogiéndole firmemente por el tronco de su nabo erecto, que se levantó al aire de la noche cuando mi amiga le puso tumbado, sobre su mano, flotando en el agua iluminada de la piscina. Cómo la envidié entonces... Nuria tenía facilidad para hacer esas cosas, para dar esos pasos... Acababa de tocarle el rabo directa, explícitamente. Le había agarrado la polla como si se la fuese a sudar, a hacerle la paja más grande de su vida. La muy zorra. En un momento había ya hecho más que yo en meses, meses perdidos al obligar a Pablo a separarse de mí, y tantas oportunidades seguidas que había dejado pasar aquellas semanas en las que él, en cambio, se estaba esforzando por volver, porque él y yo retomásemos lo perdido... Solamente hoy, después de tanto tiempo, se la había vuelto a tocar, al limpiársela esta mañana, otra vez sentir ese delicioso tacto, firme, caliente, descomunalmente increíble... y luego, en el baño, cuando expresamente se la recorrí con mis dedos, aunque más como una ofrenda que como un acto provocativamente sexual. De hecho, había algo adolescente, casi infantil, en la manera en que se la había tocado, como una niña jugando a médicos con su primo, sabiendo que está mal pero sin saber lo que hace, sobre todo en comparación a la forma de tocarle de de Nuria, que agarraba su verga como lo hace una mujer de verdad, una mujer sabedora de su poder y deseosa de sexo pleno y total. Y viendo a Nurita tocarle así, sentí envidia, sentí impotencia, sentí miedo. Miedo a perderle. Pero Pablo, por su parte, al notar el contacto sobre su polla, infantilmente se asustó y amagó con hundirse. Sin duda no se esperaba algo así, o sencillamente era tan niño, en realidad, todavía, que no fue capaz de soportarlo. Nuria se vio obligada a soltarle la verga y sujetarle con las dos manos por debajo de su cuerpo flotante. Y así, suavemente, empezó a pasearle como un barco a la deriva por el medio de la piscina, mientras María me hundía junto a ella, como una sirena que trata de impedir que llegara a mi destino.
 
Cuando por fin me permitió salir, yo les miré. Nuria contemplaba lo que tenía entre sus manos, extasiada, aquel cuerpo desnudo que tanto anhelaba llevar dentro, el glorioso falo que se erguía como una promesa para ella. Pablo, fascinado, también contemplaba a mi amiga, y su desnudez, que ella le ofrecía como un regalo, como una ofrenda. Mi amiga tan solo esperaba una mínima señal de mi primo para agachar su cabeza y rodear, por fin, la verga de él con su boca. Y entonces, sin dejar de mirar su cara, sus pechos, mi primo dijo:
 
- Laura - y, girando la cabeza, me buscó en la noche iluminada por la luna y por el agua.
 
Mi cara radiante, mis pechos exultantes, llenos, desnudos, le llamaron. Y Nurita, mirándome, supo que había perdido, y cedió. Sin más. Fue un gesto dulce, inesperado, precioso, por su parte. Uno de esos gestos de ella que me conmueven, que me hacen desearla aún más allá del sexo. Sin dejar su cuerpo, le transportó suave y dulcemente hacia mí. Sus piernas iban medio hundidas en el agua, y de su nabo emergía solamente la punta, como un jugoso y erótico periscopio. Nuria lo enfiló hacia mí, mientras María me masajeaba sensualmente las tetas desde detrás, en un relajante masaje para hacerme más soportable la espera, el avance de Nuria, que varó aquel deseable barco frente a mí, empujando con cuidado mientras mi primo abría las piernas para que mi cuerpo entrase en el suyo. María, entonces, me levantó a mí, tendiéndome flotando en el agua como estaba él. Nuria, por su parte, dejó descender el cuerpo de Pablo, hasta invertir las posturas: yo estaba entonces tumbada en el agua, con las piernas abiertas y ellos metidos en la bahía formada por mis muslos. Nuria estaba pegada a la espalda desnuda de él, que debía estar notando el calor de su cuerpo, de sus pechos al aire, duros, mojados, calientes, con los pezones como dos rocas afiladas, ardientes, clavándose en su jugosa y atormentada carne de adolescente. El cuerpo de Pablo, con mi amiga pegada a él por detrás, sus manos acariciando su torso, su abdomen y, hundiéndose en el agua, para acariciar allí quién sabe qué más, y con la promesa de mi cuerpo desnudo, lleno, turgente, extendido frente él como dispuesto al sacrificio, abierta de piernas para recibir el castigo implacable de su pene en mis entrañas, su cuerpo, su joven cuerpo, siguió respondiendo.
 
Resplandecía todo él de deseo, ansiedad y felicidad, y su polla seguía tiesa en el agua, el tronco erecto, levantado en paralelo a su cuerpo, con más de medio falo y el glorioso capullo fuera del agua, tan cerca ya de mi sexo. Nuevamente, su tamaño le perdía, de ser más pequeño, de tener un tamaño medio normal, su punta estaría al nivel del agua, y un pequeño empujón de mi amiga permitiría a aquel barco penentrar en buen puerto. En el puerto de mi coño. ¡Joder, que putas ganas de que mi primo me lo hiciese! Pero ¿por qué no podía, simplemente, pedírselo? Allí estaba yo como una idiota, temblando, flotando en el agua sujetada por María, que no sé ya si me tocaba o no me tocaba, debía estar metiéndome mano en las tetas, o no, qué más daba. Y él, él frente a mí, su joven cuerpo también temblando, mirándome con tal deseo que pocas veces había sentido algo parecido, su polla emergiendo casi pegada a mi coño, y detrás Nurita, que pese a todo me miraba con la misma expresión de deseo... No sé, sólo mi cuñado Guille me había mirado así siempre, como Pablo lo hacía también, en realidad, casi siempre. Carlos, alguna vez, Meri quizás, otros ocasionalmente, casi todos nunca. Como nunca hasta ahora Nuria me había mirado así. Ella tuvo acceso a mi cuerpo desde la primera vez que lo quiso, nunca me he podido negar a ella, de hecho siempre he adoptado una actitud extraordinariamente sumisa ante sus deseos, incluyendo cuando me pidió que fuese yo quien la dominara a ella. ¿Por qué tanto deseo, cómo y por qué ahora...? Levanté como pude la cabeza, quería verle bien la polla a mi primo, asomaba detrás de mi mata de pelo. Podía ver como Nuria le tocaba el pelo de su sexo a él, claramente. Y, en ese momento, cuando me vio levantar la cabeza, ella estiró la mano, y la puso sobre mi pubis. Extendida, me frotaba el sexo por arriba, acariciando mi monte de venus y el vello que lo cubría. Estiró el dedo gordo, me separó los labios ya abiertos, me recorrió la raja en una profunda caricia y me penetró levemente el coño. Sentí entrar agua en la vagina. Todo delante de Pablo, que no perdía detalle. Nuria volvió a sumergir su mano, entre el falo de mi primo y su abdomen. Sin duda buscando su pelo, pero también tocando su polla, pasando el dorso de las manos por el tronco, la imaginé sumergiéndose, cerrándose en torno a la base del miembro, enredando sus largos, sensibles y hábiles dedos en su ensortijado vello y estirándose hasta tocarle las bolas a mi primo. Pablo se estremeció, tomando aire en un gemido ahogado.

- Vamos, Pablo. 

La mano de Nuria emergió, con la de Pablo agarrada decididamente. Él se dejó llevar, poniendo la mano muerta. La otra mano de Nuria corrió para posarse de nuevo sobre mi sexo palpitante. Afortunadamente, sólo me estaba tocando el monte de venus. De lo contrario, habría muerto de placer allí mismo. Nuria llevó con su otra mano la de Pablo sobre la primera de ella. Mi sexo, una mano de Nuria, la de mi primo, la otra de Nuria. Para hacer esta jugada, Nurita tuvo que acercarse, empujando a mi primo hacia mí. Su cintura desnuda se encajó en mis muslos apretados, sentí mezclarse nuestros sudores, originados por una increíble excitación, a pesar de estar a remojo en al agua, de noche. Sentía a la perfección el tacto y el calor de su falo duro, absolutamente trempado, contra el punto donde se juntaban mis muslos, la superficie de mi vulva recibió el empuje de su cuerpo y el de mi amiga concentrados en un tramo de su verga que mis labios menores abrazaron, como intentando chuparla, absorberla a mi interior. 

Y ahí, Nuria sencillamente se retiró, separándose de mí, sacando las manos de encima de mi cuerpo, de mi primo, despegando su piel ardiente y sudada de la sudada espalda y culo de él, desclavando sus pezones empitonados como clavos al rojo de sus omóplatos. La sentí doler mientras se separaba, doliendo por Pablo y doliendo por mí. Mi amiga cedía, en un acto de generosidad, más que de fracaso, y me entregaba a mi primo, reconociendo mi primacía hacia él. Pero, al entregarnos el uno al otro en esa ceremonia, había dado la señal de salida de una carrera con un único final posible. Después de lo que acababa de hacer, mi amiga no iba a permitir que mi primo y yo no llegásemos a hacerlo. Pero yo ya sabía que lo haríamos. Un poco más adelante aún, me insistí a mí misma, pero teníamos que hacerlo, era nuestro destino. Nuria miró sobre mí, a Meri. Ella siempre es así, las pocas veces que no es capaz de conseguir su objetivo, jamás se frustra ni pierde tiempos innecesarios. Simplemente busca otra objetivo. Al fin y al cabo, sabe que quien eventualmente la rechaza alguna vez, al final acabará volviendo a ella, tarde o temprano, así que a ella le basta con seguir su vida y esperar. Y así fue aquella noche. Pablo no iba a ser para Nuria, pero ella tampoco iba a ser para mí, por intensos que hubiesen podido ser nuestros sentimientos mutuos. 

Sentí mi cuerpo temblar cuando mi otra amiga empezó a retirar las manos que me ayudaban a flotar, mientras la palma ardiente de Pablo descendía sin más, muy lentamente sobre mi sexo, tocando, al fin, pensé, al fin debió pensar él, mi coño, mi pelo, con todo mi consentimiento, deseo y aceptación, mirándome a la cara, como siempre debió de haber sido. Más aún después de su fracasado intento de esta mañana, donde tan solo quería rozarme como yo había rozado su sexo, pero ni eso le dejé hacer, llegando simplemente a rozar levemente mi pelo. Pero ahora le dejaba hacer, y después de meses allí estaba, tocando pelo, mi pelo, mi coño. Y más. Tal como acababa de hacer Nuria bajo su mano, su dedo gordo se estiró, por mi raja, tanteando mis labios, mayores y menores, sin duda buscando torpemente mi entrada. Nuria no había dudado, conocía bien el cuerpo de mujer, evidentemente, pero también conocía particularmente bien mi coño; lo había trabajado mucho, jiji. Evidentemente, sufrí algo más que un estremecimiento al sentirle hurgando por ahí. Un leve roce, vale, pero llevaba tanto tiempo sin sentirle... bueno, cierto que aquellos días estaba volviendo, poco a poco, pero hacerlo así, mirándonos... era, de repente, todo tan íntimo. Mis amigas se habían retirado, como dejándonos solos. Respetando mi relación, mi decisión, mis dudas... 

Bruscamente, las posiciones cambiaron, y la noche se precipitó hacia su solución final, en ese preciso momento. El leve toqueteo de Pablo sobre mi coño me provocó, en segunda reacción, tal espasmo que mi cuerpo, librado ya a su propia capacidad de flotar por sí mismo por parte de María, amenazó con hundirse. Pero Pablo reaccionó rápidamente. Dejé de sentir la presión de su palma en mi pubis y de su dedo en la vulva, mientras me cogía por las manos y tiraba de mí, empujándose con ello mientras, más aún, hacia dentro de mis piernas. Yo las cerré en torno a su cintura, instintivamente, cuando sentí que me hundía. Al tirar de mis manos, él levantó mi torso sin dificultad, ayudado por el agua y por mis ganas, y me fui pegando, poco a poco, al suyo, pudiendo sentir como la tranca se le colocaba otra vez emparedada entre nuestros abdómenes, como se me pegaba a la piel, como encontraba acomodo entre mis tetas, intentando emerger desde la parte de abajo, pero quedando su capullo ahogado entre mis dos senos, aplastados contra su pecho al abrazarle yo con fuerza para evitar caer hacia atrás. Yo pesaba entonces considerablemente más que mi primo, todavía lo he hecho hasta hace poco, cuando él ha pegado por fin el estirón definitivo y desarrollado su cuerpo y su musculatura del todo. Pero entonces, aunque muy alto para su edad, mantenía todavía su cuerpo de niño, aunque el impresionante desarrollo de su hermano Carlos era ya toda una promesa, en ese sentido. Pues bien, a pesar de la diferencia de peso, a pesar de tratarse de un niño, consiguió mantenerme en vilo, abrazada a él, a su espalda con los brazos, y a su cadera con las piernas. 

Pablo se vio obligado a dar dos pasos hacia un lado, luego hacia otro, para mantener el equilibrio. Me sujetaba fuertemente por el culo, con sus manos firmes agarrando con fuerza mis cachetes, los dedos estirando y tocando mi raja con más o menos intención, pero provocándome deliciosos espasmos. Los pasos de Pablo en la piscina me hacían moverme arriba y abajo contra su cuerpo, frotando el mío contra el suyo en una deliciosa acción masturbatoria de su enorme miembro, mientras podía verle el capullo saliendo y entrando, alternativamente, entre mis berzas aplastadas, follándomelas en una muy deseada cubana. Para ayudarse, Pablo empezó a caminar, continuado el frotamiento de cuerpos y polla y la cubana en mis tetas, buscando el apoyo del borde de la piscina que teníamos más cercano. Pablo gemía a cada paso, sin duda por el esfuerzo físico de sujetarme, pero también del de soportar el placer sexual, físico y mental que nuestro íntimo contacto suponía para ambos. Porque yo también estaba terriblemente excitada, y de no ser porque estaba inmerso en agua, mi primo habría advertido ya que mi coño chorreaba aparatosamente. Sin duda el placer era tan exagerado porque se encontraba brutalmente multiplicado por nuestro deseo; en ese sentido era consciente de que mi, quizás exagerado juego de los últimos días, estaba teniendo un efecto amplificador en nuestra conducta sexual que podría llegar a tener consecuencias imprevisibles, de acuerdo, pero nos estaba deparando a los cuatro un goce multiplicado. Lo de hoy, por ejemplo, el nivel de deseo y excitación latente, nunca se habría alcanzado si hubiese montado una orgía directamente el primer día, estaba más que convencida de ello. 

Porque, mientras Pablo me empujaba con su cuerpo y con su verga contra el borde de la piscina, anclada yo aún con firmeza con mis piernas en torno a su cadera, siendo besada y comida con furia en el cuello y hombros por él, pude ver cómo Nuria y María, después de besarse tórridamente, empezaban a buscar una postura más cómoda, acostadas en las escaleras de entrada al agua, para pasar a mayores. Sorprendentemente, la que llevaba la iniciativa era María; Nuria había quedado rendida a su capricho, desactivada por el deseo, el descontrol sexual y los efectos devastadores de la renuncia tanto a mí como a mi primo. Sin duda su interés en nosotros había sido sustituido sin más por una necesidad genérica de sexo, que se disponía a satisfacer con nuestra común amiga cómo podría haber satisfecho con cualquiera. María, en cambio, llevaba desde el baño de aquella tarde como una moto, pero en lugar de arder como nosotros o quemarse como Nuria, había sufrido un lento proceso de combustión interna que la había cargado de una energía sexual indómita, que empezaba a descargar ahora sobre el atormentado cuerpo de Nurita, para dicha de nuestra común amiga. 

Las perdí de vista un largo rato que Pablo se afanó en besarme. Yo le dejé hacer, no podía resistirme a eso, no podía resistirme a nada. Mi primo continuaba follándome el cuerpo, el torso, las tetas, notaba su capullo juguetón taladrando el canal de mis tetas sin parar. Como siempre, su escandalosa dotación sexual le impidió tener la posibilidad de ensartarme con su pollaza, ya que habría tenido que levantarme en vilo casi hasta ponerme el coño a la altura de su cara para poder penetrarme, o bien arrodillarse en el agua y ascender, taladrándome el chocho en un prodigio físico y de puntería. Así que, mientras seguía simplemente con su meneo sobre mí, Pablo me besaba y me comía la boca, que no estaba mal. Lo hizo hasta hartarse y, cuando se hartó, siguió besando y lamiendo la cara, de nuevo el cuello (y ahí, definitivamente, no aguanté más, y me corrí dando un hondo aullido; estaban los tres tan salidos que dudo que ninguno se diera cuenta, ni siquiera él, porque era difícil pensar que a esas alturas no les estuviera alcanzando el momento del merecido orgasmo también a ellos). Y bajó, bajó lamiendo con fuerza el cuello, las clavículas y los hombros, mordiéndome la piel y llenándome de su baba, hasta hundir otra vez su cabeza en mis tetas, me quemaban y su lengua ávida me refrescaba el ardor de la piel tensa y los pezones enrojecidos. 

Pablo hizo entonces una de las cosa más eróticas que me habían hecho nunca. Más que comerme las tetas me las lamía con furia, repasando la lengua soezmente por mis órganos mientras yo no paraba de dar grititos entrecortados (afortunadamente los berridos que ya pegaba Nurita en esos momentos conseguían tapar, y de lejos, mis gemidos). Y, en medio de sus lametones, su polla seguía cabalgando locamente entre mis tetas; Pablo, en lugar de evitarla, se la buscaba, y mientras me comía las tetas se chupaba la polla a sí mismo, de un solo lametón me cogía pecho, pezón y su propio capullo. Le dejé así un rato, disfrutando de increíbles sensaciones por todo mi cuerpo y contemplando alucinada su completísima actuación, en aquella loquísima comida de tetas y auto felación simultaneas. Cuando conseguí levantar la vista de nuevo, entre estertores de placer, María le estaba haciendo a Nuria, a espaldas de Pablo, una de las comidas de coño más descomunales que había visto en mi vida, y había visto muchas. 

- Mira... ahhhm... Pablo, mira. - gemí intentando pararle. Me costó lo mío, pero quería que las viera a ellas también.

Cuando mi primo salió de su ensimismamiento sexual con mi cuerpo, frenó, le costó un rato serenarse y, por fin, miró hacia donde yo le señalaba. Sí, era cierto lo que veía, era cierto lo que yo le señalaba. Mi primo ya había visto bastante, si ayer mismo yo me lo montaba igual con ella, y lo de la noche... pero ahora él no estaba fuera, estaba en medio, y yo era su guía para descubrir aquello. Agotados ambos de la postura que manteníamos hacía rato, yo solté mis piernas de sus caderas, y él me dejó caer, sin apartar la vista ni un segundo del obsceno espectáculo que nos estaban regalando mis amigas. Mis pies tocaron suelo firme. Él se giró y se dedicó a contemplar el espectáculo. Nuria y María gemían enloquecidas, y se movían como auténticas cerdas. Me puse junto a Pablo. Naturalmente, su miembro seguía empinado, moviéndose espasmódicamente en el agua. Le tomé de la mano, suavemente.

- Ven, vamos a verlo más de cerca. - Le dije, tirando de él hasta llevarle junto a ellas. 

El pobre parecía asustado, sin duda no podía ni imaginar lo que estaba sucediendo ante sus ojos, aquella forma de tener sexo entre dos tías... a mí misma me costaba creer alguna de las cosa que estaban haciendo. Me pegué a Pablo, apoyé mi cara en su hombro, con las manos le acaricié el brazo, el pecho, el culo.

- Es excitante, ¿verdad?

Estábamos en el último escalón, casi fuera de la piscina. Escandalizada, noté como de mi coño manaba imparable flujo vaginal sin freno. En breve aquello iba a ser asquerosamente evidente, estaba brutalmente cachonda, y me preocupaba dar una imagen tan descontrolada. Bruscamente, me separé de Pablo. Él me miró, pero, no sabiendo cuál era mi intención, fue incapaz de seguirme, y sólo me miraba de hito en hito, mientras continuaba estudiando aquella enciclopedia de la sexualidad femenina que se desenvolvía a sus pies. Me di cuenta que si yo, en ese momento, hubiese salido huyendo de allí, él no habría venido detrás mío. Desconozco lo que podría haber pasado luego, supongo que las dos opciones habrían sido, sencillamente, que hubiese continuado allí un rato, mirando sin atreverse a más, hasta que le entrase el miedo o la culpa, y hubiese desaparecido, o que envuelto en la lujuria se hubiese envalentonado, o mis amigas le hubiesen arrastrado, quizás, y hubiese acabado enzarzado con ellas, en lo que habría sido, sin duda, un trío memorable. Siempre pienso que habría pagado por ver ese segundo desenlace, me resultaba un final horriblemente erótico, cómo las dos salidas acababan mancillando de esa manera al pobre niño. Como paso previo, claramente, a que él volviese a acabar entre las piernas de su prima, eso claro estaba, jiji.

Pero mi separación de Pablo había sido momentánea, simplemente. Estaba buscando mis braguitas. Las vi, blancas, sencillas, visiblemente infantiles al lado de la obscena lencería de Meri o el tanga de Nue. Pero era eso y no otra cosa lo que quería. Bragas, e incluso bragotas que pudieran esconder y recoger el río que se me iba entre las piernas. Necesitaba taparme un poco, en parte estaba suficientemente avergonzada y, también era así, asustada.

Regresé junto a Pablo. Temí por un momento que me rechazara pero, aún así, me decidí a hacerlo: tomándole de las manos, tiré de él con la intención de sacarle de allí. Ya había visto bastante. Lo que hiciesen esas furcias, en adelante no era de la incumbencia de mi primo. Al menos, aquella noche.

- Vamos, ven ya. - le dije, intentando resultar convincente. 

Para mi sorpresa, él obedeció. Sin mirarme, pero separando al momento la vista de ellas, me acompaña. Como zombis, avanzamos hacia el ventanal de su habitación. ¿Pensará acaso que yo... que él y yo, que lo que yo quiero...? Mierda... no sé cómo hacerlo, no me veo capaz ni con fuerzas, pero lo que quiero es parar esta locura, detenerla ya, antes de que se me vaya de las manos... Lo nuestro ha estado bien, podría decir que hasta en su justa medida. Pero ellas, lo de ellas se ha desmadrado. Normal, el momento de bañarnos todos en bolas ha sido brutal, demasiada tensión sexual sin resolver en el ambiente, y ellas no tienen ningún impedimento, claro. Fui yo ayer la primera que abrió la veda a tener relaciones entre nosotras con Pablo delante. Lo de hoy quizás ha sido exagerado, lo mires por dónde lo mires, pero en el momento en realidad era tan natural, que parecía la única salida lógica.

Justo antes de entrar a la casa, Pablo se dio la vuelta y salió corriendo, sin decir nada. Tuve un instante de pánico pero, finalmente, tan sólo quería ir a por su ropa interior. De espaldas a mí, se quedó con aquella prenda en la mano, mirando un momento las bragas de mis amigas. Luego, se puso su calzoncillo. El culo se le marcaba perfectamente, empapado en la fina tela blanca. Al darse la vuelta, su polla se le salía totalmente del slip. Empalmado como estaba, solamente los cojones y un mínimo tramo de la tranca quedaba oculto por su calzoncillo. 

Yo le sonreí, mientras él avanzaba hacia mí, andando aparatosamente debido a la humedad de la prenda interior, tan pegada a su cuerpo, y a su tremendo aparato que se mueve bamboleante al compás de su caminar. Era consciente de que mi chocho peludo debía traslucirse también en las bragas blancas, mojadas.

- Toma - me dijo, entregándome mi sujetador. 

- Gracias - le contesté, cogiéndolo sonriente - pero no hará falta, ahora. Hace demasiado calor.

Quizás debería decirle, simplemente, que yo estaba demasiado caliente. Pero era cierto, el calor era intenso, pegajoso.

Sin detenernos en su habitación, entramos al vestidor. Encendí la luz, la cegadora luz de los terribles focos halógenos de mi vestidor. Siempre me había parecido excesiva. Ahora, en comparación con la oscuridad de fuera, era hasta sádica, revelando nuestra común desnudez sin tapujos y sin clemencia, poniendo a la luz no sólo la entrega total de nuestra intimidad, sino también todo lo que habíamos hecho aquel día, el día anterior, el pasado. La situación era clara, definida. Todo estaba a la espera de que yo diese el gran paso. Pero, en ese instante, contra todo pronóstico, dudé. Me había enfriado suficientemente, aunque seguía cachondísima, hasta llegar a dudar de si realmente quería. Pero de lo que ahora me veía convencida, y suficientemente fuerte, era de no seguir adelante esta noche. Hasta empezaba a tentarme salir con ellas y dejarle aquí. Pero no, demasiado cruel. Y duro también para mí, él tenía la polla fuera, estaba, literalmente, tan salido, que me mataba de excitación y deseo. Decidí, entonces, darle un poco más... Para empezar, lanzando mi sujetador al cesto de la ropa sucia, me quité las bragas mojadas. Me exhibí otra vez delante suyo, estaba desnuda, desnuda para él, pero bajo esta luz de quirófano ahora, y bajo el peso de lo que acabábamos de hacer, de lo que nos habíamos deseado mutuamente...

- Laura... - sonrió él.

...la intimidad del momento era mucho más que la dejarme ver desnuda, tetas y coño al aire. Y era esa intimidad la que le estaba entregando a mi primo, con todo lo que eso significaba. Intimidad para compartir, pero también, y sobre todo, para desearnos. Me asomé al baño un instante para tomar una toalla, y empecé a secarme. Sobre todo, mi chorreante sexo. Luego se la pasé a él.

- Toma, sécate.

Pablo me obedeció.

- Y quítate eso.

Se quedó parado, mudo. 

- Vamos, desnúdate - insistí. Y, entonces, caí en la cuenta. Eso era. Por primera vez en meses no le estaba pidiendo que se vistiera, que me dejara, que se alejara, que me olvidara... Le estaba pidiendo que se desnudara. Delante de mí. Para mí.

Y me obedeció. Se bajó el calzoncillo, se secó rápidamente. En el suelo estaban mis bragas, sus slip y la toalla. Él y yo, frente a frente, completamente desnudos. Temblando. Aquello fue como una primera vez, sentí algo impresionante, algo tan bonito...

Y un deseo brutal, ardiente, insoportable.

- Primo, sé lo que te he dicho tantas veces sobre... perdona lo de estos días, quizás pensarás que estoy loca, que tengo mucha cara, no sé... pero es que verte así, dios Pablo... esa polla, es demasiado, me cuesta tanto no mirarte, no desearte... es tan... tan... grande... tan... ohh, joder, Pablo...

- Pero Laura... - Pablo parecía repentinamente sorprendido. Sin duda, estaba allí, con la polla tiesa, esperando a que yo diese el siguiente paso, porque estaba convencido de que lo daría. Y que iba a ser el paso definitivo.

- Olvídalo. - Me sentí fatal, tremendamente débil, tremendamente expuesta. 

Cogí otras bragas, igual de viejitas y normalonas que las que acababa de deshechar, pero negras esta vez. La decepción, casi el espanto, se dibujaron en el rostro de mi pobre primo.

- Y, por favor, de lo que has visto hoy, y... ayer... Por favor, ni una palabra ¿vale? Ni siquiera a Carlos. Él no sabe nada, digamos que nadie sabe nada. 

Mentí, no sobre  Carlos, claro, él sólo me había visto con Pablo y con Lucas, pero no era tonto y sabía que me lo hacía con otros, y alguna vez le había hablado de que había hecho cosas también con chicas. Pero claro, de ahí a lo que había visto Pablo, sobre todo justo antes en la piscina... Y, pese a todo, a éste tampoco le había llegado a ver sorprendido. Si es que, a pesar de lo fuera de lo normal que estaban siendo aquellos días, había sucedido todo con una naturalidad increíble.

- ¿Te refieres a...? - Mi primo parecía dudar. Yo flipaba. No me cabía en la cabeza que pudiese pensar que me estuviese refiriendo a él y yo, eso por descontado que era secretísimo, incluso para Carlos debía serlo ahora, claro...

- ¡Pablo! ya sabes, fuera...

- ¿Nuria y Meri?

- Sí, ¡claro! ¿de qué pensabas que ta hablaba? Lo de ellas, en fin, ya sabes...

- Lo dices porque... - mi primo arrugó la cara, como haciendo un gran esfuerzo por decirlo - ¿son lesbianas?

Me dio tanta ternura que no pude evitar reírme.

- Jiji. Claro. Sí, eso. Bueno, más bien son bisexuales, supongo... En fin, me refería más bien a lo que han hecho, o lo que están haciendo, ya sabes, entre ellas. No me interesa definir su opción sexual, solamente quiero que lo que hayas podido ver entre ellas no salga de aquí, nada más ¿está claro?

- Sí, Laura, eso sí que lo tengo claro. Pero, oye...

Naturalmente, mi primo no era idiota. Y yo me había pasado de lista obviando mi participación en los numeritos eróticos con mis amigas. Pablo me había visto hacer suficiente para atreverse a preguntarme:

- ...y... ¿tú? - otra vez el gesto de dolor en su cara. Jiji.

- ¿Yo qué? - dije para picarle.

- Quiero decir, ¿tú también eres lesb... ¡bisexual!?

- Jijiji... Pablo, ¡que tú me lo preguntes! Ahí no es ya lo que hayas visto o no, es lo que hayamos hecho... lo que acabamos de hacer...

- Laura...

Me provocaba una inoportuna ternura la curiosidad de este niño.

- Escucha, Pablo. Yo creo que contigo, bueno, desde el primer día... bueno, tú y tu hermano...

- ¿Follamos?

- ¡No! Bueno, sí. Sí, supongo que lo qué él te ha hecho... quizás no empezasteis así, el primer día me refiero, claro, empezasteis con besos, caricias... ya sabes... También tú se lo has hecho a Lucas ¿no? has llegado a... 

- ¿Darle por culo?

- Sí, joder, darle por culo…

- Sí, es cierto, pero...

- No, no, no... No se trata de... Quiero decir ¿acaso tú te has planteado si ellos, si tú mismo, sois homosexuales, bisexuales o qué sé yo? Me refiero a que ¡eso da igual! Es lo de menos. Lo habéis disfrutado, y ya está. O no, bueno. Joder. Ya sabes lo que no me gusta de ti, de Carlos... no sólo es tu edad... es que supongo que nuestra relación tampoco... pero ¡la edad! ¿De verdad te parece más importante que tú te lo hagas con otro chico, o que yo me lo monte con dos tías? 

- Yo, esto... lo siento Laura... - mi primo estaba mirando al suelo. O, lo que es lo mismo, a la polla que se le salía por el calzoncillo. Mierda. Le acababa de soltar a la cara de nuevo lo de que no me podía acostar con un primo mío, y menos de su edad. Qué manera más absurda de joderlo todo. Y, lo peor, es que me había dado mal rollo a mí misma. ¿Pero de verdad me creía yo aquello? No podía meterme otra vez en lo mismo. Al menos sin tenerlo claro. 

Le miré la polla.

Joder, lo que tenía clarísimo es lo bruta que me ponía ese pollón. 

Y mi primo, mi primo... desnudo delante mío. Aguantándolo todo, todo. Por mí.

Le desaba.

- Laura... - Pablo levantó la cabeza, a pesar de que mis últimas palabras habían caído como una guillotina sobre nosotros, sobre nuestra líbido. O quizás no, a juzgar por mi excitación y su erección, que se mantenía, impertérrita - duerme conmigo, por favor... solamente una vez anda...

Mierda, mierda, ¡mierda!

No, no podía. No me veía capaz de entregarme... No todavía, no hoy.

Iba a decirlo.

Iba a decir que no.

- ¡Hazme una paja al menos!

No podía más, estaba casi desnuda, delante de mi primo, en bolas, totalmente cachondo, pidiéndome que le hiciese una paja.

- Por lo menos eso... ¡por favoooor! - me parecía tan valiente... se había mantenido firme, sin llegar a pedir nunca nada, esperando el momento para coger solamente hasta donde yo le dejaba en cada ocasión, sabiendo que... Y hoy, cuando todo parecía a punto, a pesar de que yo le había echado un jarro de agua fría antes de tiempo, él se había lanzado, se había atrevido...

- Laura...

- Está bien, primo. Te la haré, claro que sí. Pero sólo una, ¿eh? y a dormir luego... Supongo que después de todo esto, necesitamos relajarnos un poquito, soy consciente de lo que debe ser para ti estar aquí estos días no solo conmigo, sino también con mis amigas, teniendo en cuenta el rollo que llevamos, pero debes entender también que yo no podía limitarme a encerrarme sin más quince días aquí contigo… entonces, pues están pasando cosas que igual no tenían que haber pasado, y además tú y yo… bueno eso, que ya sé que tú... bueno, sé la falta que te hace…

No pude evitar terminar mi absurda perorata con una risita nerviosa.

Él no dijo nada. Ni falta que le hacía, estaba feliz.

También yo. Ver a Nuria hace un momento ponerle la mano encima, de esa manera, alrededor de la verga, esa forma de cogérsela, esa forma de tocarla... Me moría por sudarle yo la polla. Supuse que esa noche no podía acabar de otra manera. 

La verdad era que estaba equivocada. Pero tiempo al tiempo.

Cerré la puerta del vestidor que daba a su habitación, y la del baño. Dejé la ropa en el suelo, apagué la luz y le empujé a mi cuarto.

- Vamos, pasa. 

Cerré la puerta de mi habitación hacia el vestidor y la del pasillo, eché la persiana; aunque hacía calor, no quería que nos viesen desde fuera. Porque ellas seguían fuera, llegaban escandalosos sus gritos, sus gemidos, el chapoteo de sus sexos desbocados. También prefería no escuchar aquellos ruidos. En realidad buscaba concentrarme solo en él, en su cuerpo. Le deseaba profundamente, y cada vez más fuertemente. Quizás sí, quizás, después de todo, si juntase fuerzas. Encendí la luz, en la oscuridad de la habitación, tanteando a ciegas. Choqué con su cuerpo, con su miembro. Esa era otra razón para bajar la persiana, si no lo hacía, debería limitarme a encender la luz de la mesilla de noche para evitar quedar demasiado expuestos al exterior. No quería que ellas me vieran hacérselo. Pero sin embargo, si quería tener luz, porque quería verle a él con claridad, disfrutarle a fondoooo.

Bajé su cama nido y la aparté lo que pude, metiéndola bajo la mía hasta que empezó a chocar, esa maldita cama, siempre había sido tan complicada de manejar... Pero quería tener espacio, aire, perspectiva.

Era todo una locura, yo allí casi desnuda delante de él, dedicando tanto tiempo a prepararlo todo hasta el último detalle, mientras su nabo erguido palpitaba brillante de humedad delante de mí.

Había llegado el momento. Después de tanto tiempo, por primera vez, me había encerrado de nuevo con Pablo, a solas, de manera expresa, para tener sexo con él. Me giré. Desnudo, frente a mí, se me ofrecía, generoso, en su totalidad.

- Menuda pollaza, Pablo, cuánto más la veo más flipo. Me río de la de tu hermano, como sigas así, le pillas... y le pasas...

Mis dedos por fin la tocaban, fue todo muy rápido, enseguida tenía una mano encima, alrededor, estaba junto a él, sintiendo su calor, ¡qué locura! luego la otra mano, estaba enloquecida, frenética, las dos manos, primero recorriendo aquel falo, su vástago, de arriba abajo, sus pelotas, extasiada, cachondísima, la tenía tan cerca de la cara... le sudaba, estiré la lengua para recoger una gota de su sudor, se la lamí con la punta... salada, ácida, ardiente. Pero no era eso lo prometido, aunque me apetecía horriblemente hacerle una felación, la tenía taaan duraaaa… Pero no, si se lo hacía luego no podría parar. Me separé un poco, intentando coger perspectiva. Imposible, era enorme. Con las dos manos, alternando de vez en cuando la izquierda a los huevos, empecé a pajear a mi primo.

Dios mío. Era una delicia. Descubrí que me moría de placer de sólo tocarle la polla. ¿Cómo sería comérsela, cómo sería metérmela entre las piernas? Lo sabía, lo peor es que lo sabía, pero era como sí... ohhhhhh.

- Eres mío, Pablo... sólo mío... - sí, ni Nuria ni María tenían ahora el rabo tieso de mi primo en sus manos, Pablo era mío y debía serlo para siempre…

Notaba bombear mi vulva mientras revivía la imagen de mi amiga Nuria cogiendo la polla de Pablo. No iba a ser capaz de olvidar esa imagen en los días de mi vida. Pero ahora era yo la que le estaba haciendo un paja. Joder, estaba desnudo conmigo, y yo había accedido a hacerle una paja.

- Eres muy guapo, primo... estás tan bueno...

Me di cuenta de que estaba muy excitada, mucho más de lo que me podía esperar, y que además era incapaz de disimularlo ni un poquito. Pensé que aquello sería fácil, solamente machacársela y ya, sin más. Hasta me había dado el lujo de preparar el ambiente para disfrutarlo, hasta pretendía jugar con él. Y, de repente, constaté que estaba a mil. ¿Por qué solamente meneársela, por qué no comérsela también? Él estaba tan cachondo, llevaba caliente desde la cena. Su polla ardía y al más mínimo movimiento podía escuchar el leve chapoteo en su glande del preseminal. No, no podía hacer más de lo que le había prometido, de lo que ME había prometido... Su cuerpo era hermoso, aunque joven, tenía músculos muy bien definidos como los de un bailarían, el único vello que tenía consistía en un parche de unas decenas escasas de  delgados pelos justo en el centro de su pecho, y una suave y casi blanca pelusa, promesa de un futuro más denso y poblado, que descendía por su abdomen hasta formar el triángulo oscuro que, ya por fin, tapizaba su pubis, con una densidad casi masculina que hacía unos meses tampoco era todavía tal. No voy a hablar más de su miembro, en fin, largo y ya no tan delgado como meses atrás. Totalmente rígido con palmo y pico o más, elegantemente arqueados hacia arriba, perfectamente en paralelo a su ombligo.

Y yo seguía deslizando las manos sobre él, de una manera que casi ni tocaba la suave piel que lo cubría y, ocasionalmente, le tocaba el enorme glande de la punta. Estaba muy caliente, con la piel tensa, hinchado, eyaculando desde el primer segundo un espeso líquido preseminal, que me caía ardiente sobre el cuerpo cada vez que mis manos, al bajar por su vástago, lo estimulaban en una suave sacudida. El ritmo inicial fue muy lento, ya he dicho que quería disfrutar de aquello, que no estaba dispuesta a ese ritmo frenético de tía haciendo pajas que tanto desespera a los tíos, como si tuvieran miedo de no ser capaces de hacer que se corrieran. No había trabajado años como puta, no había tocado miles de pollas, no había trabajado a fondo las distintas técnicas con mi cuñado, con Sandra la doctora experta en sexo, para hacerle una paja rápida a mi primo como una niñata. Y menos hoy, muertos de deseo como estábamos los dos.

Su respiración se podía escuchar en toda la habitación, trataba de mirarme en todo momento mientras se lo hacía, pero aquello le mataba aún más de placer, y cabezaeaba con los ojos cerrados como poseído. Era increíble la manera que tenía de  demostrar cuánto me deseaba, se le notaba en cada gesto, en cada poro de su piel. Mi propio sexo parecía cobrar vida mientras disfrutaba de la creciente excitación de mi primo. 

Sin perder el contacto con el falo, comencé a acariciar su escroto, apretando y estirando la piel, sopesando, estrujando las bolas. Ahí no pude evitar acercarme, poner mi nariz sobre la gruesa y arrugada piel. Olía como huelen las pollas sudadas, como huele el buen sexo, los huevos de mi primo olían a deseo y juventud, pero también a madurez y lujuria, se los lamí, no pude eviatarlo, hasta comerlos, metérmelos en la boca y masticarlos, atragantada con sus largos y finos pelos, aquellas pelotas bombeaban al ritmo que mis dos manos volvían a imprimir en el falo. Me los saqué de la boca. Pablo se agarraba a la escalera del altillo mientras le comía las pelotas, mis manos seguían jugando perversas con su miembro, de vez en cuando se escapaban traviesas por sus ingles, sus muslos, él se retorcía de placer. Podía notar un charco bajo mi coño.

Cuando llevaba ya casi veinte minutos supe que no podía seguir eternamente así, aquello tenía que acabar, tarde o temprano. Había notado que mi primo estaba más caliente a cada momento, y la propia temperatura de la habitación había subido varios grados. Me arrodillé ante él, como quien está en el altar ante su dios. Comprendí la veneración de los antiguos griegos y romanos por los falos. Mi primo era un dios. Masajeando con cadencia creciente sus cojones, empecé a recorrer, arriba y abajo, el vástago, ejerciendo una presión cada vez mayor. Ahora sí que estaba en fase final, sabía bien cómo le gustaba acabar aquello, conocía sus pajas, cómo aplicar la presión justa y a qué velocidad. 

- Lauuuuuuuuraaaaa... - Pablo se deshacía de placer.

Y, en ese momento, el ruido de la puerta estalló en la habitación.

- Lau, perdona quería pregunt... ¡Uaaaaauuhhhh! jooodeer ¡joooder! - la cara de María asomando en la puerta reflejaba auténtica sorpresa. - ¡Joooder Lauri! Mierda, tía perdona, perdona... de verdad, tía, no sabíamos... no sabía, si hubiese sabido sabes que no... joder, sólo... solamente quería saber, preguntarte, si tú, eh... no, no, deja, tía, si ya veo que duermes aquí...

Pablo callaba, mirándola atónito, agarrándose a la escalera del altillo como si le fuese la vida en ello. Sus cojones saltaban en el escroto bajo mi mano, se le subían y bajaban a gran velocidad, dejándome claro que su polla estaba justo a punto de irse. Hasta tal extremo que supuse que estaba haciendo un gran esfuerzo para no correrse con María delante. 

- Si, Mer, lo siento, dormiré hoy aquí ¿no os importa, verdad? - dije sin pensar para salir del paso, y sin poder parar al tiempo de machacársela a mi primo. No podía hacerlo, era exagerado, pero no era capaz de separarme de su polla ni dejar de sudársela. ¿Que María me estaba viendo? Bueno, pues que lo disfrutara, si es que aunque no me hubiera pillado pajeándole, claro estaba que hablando no estábamos ¿no?

- Oh, no, claro, Lau... no, no tranquilos, pasadlo bien, joder, perdón ¿vale?

Ni la miré, ni me importaba. Por supuesto, menos aún le contesté. Yo a lo mío; seguí y seguí masturbando. Escuché la puerta cerrarse, sonido que me supo a gloria, casi tanto como oír a mi primo gemir y bramar mi nombre. Aceleré el ritmo y apreté al máximo aquella carne dura y caliente. Ya le venía. Ya se venía. 

Sobre mí.

Sobre mí. 

Sobre mí.

Mi pelo, mi cara. Trallazos saltando sobre mí, estampándose en las camas, en la pared. En el mapamundi sobre mi cama. Toda América anegada en su lefa. Igual que mis ojos, mi cara, mi boca. Las tetas y las piernas. No la comí, me entraron ganas de chuparla pero no lo hice. Le dejé soltar los largos chorretones, que se convirtieron, como esta mañana, en un denso y continuo río.

Sin soltársela, dejé que se calmara, que nuestras agitadas respiraciones se relajasen.

Un poco, al menos... Naturalmente, su polla seguía igual, roja, físicamente sudando, chorreando y manchada de lefa. Se debía morir por lo que le acababa de hacer, pero eso no bastaba para aplacar su hambre de sexo, al menos no conmigo. Su deseo hacia mi cuerpo se reflejaba en todos y cada uno de sus gestos. Pero estaba expectante, pendiente de lo que yo decidiera hacer. ¿Acostarme en la cama y llamarle, por fin? Mi paja había sido legendaria, hay que decirlo, brutal en todos los sentidos, pocos tíos resisten un asalto así, y menos como él lo había hecho. Había empleado toda mi habilidad, experiencia, y también toda mi fuerza. Yo también sudaba, claro, el calor en la habitación era ya de por sí insoportable pero, además, ambos ardíamos y yo lo acababa de dar todo... Me miraba embelesado... lo de mi amiga, María, yo no había tenido problema para tocarle delante de ella. Eso, sin duda, significaba mucho para Pablo. Pero también para mí. Había sido capaz de dar un paso, no sabía si podría mantenerme moralmente íntegra por mucho tiempo pero, al menos aún en caliente, no tenía ni medio remordimiento. Bien. Y María habría captado el mensaje. Seguro que estaban ahora elucubrando en que fase andaríamos nosotros dos, convencidas de que hoy me lo tiraba. No, no pensaba hacerlo, eso seguro. Estaba cachonda, pero extrañamente serena, también. Hacer lo que había hecho sin pasarlo mal, disfrutándolo plenamente, básicamente por haberlo hecho cuándo y cómo yo quería... ohhhh, había sido maravilloso.

Me dejé regar por su semen, él me puso perdida, la cara, las tetas cubiertas. Aunque ni él ni yo hacíamos ya nada con su polla, yo se la seguía tocando, mantenía el contacto, pero ella, sencillamente, seguía escupiendo sobre mí, sobre él y en el suelo. Llegado un momento, tenía tanto semen en la cara que tuve que apartármelo con la cara para que no me entrase en los ojos. Me chupé la mano, me llevé parte del semen directamente a la boca. 

Entonces me puse bruta, al saborearle así, tan caliente, tan fresco... cachonda como una perra, me empecé a esparcir su leche caliente por mi cuerpo como si fuese cremita... recordándole a él hacerlo con Nuria, pero ahora era yo, por fin le acababa de hacer correrse con mis propias manos, estaba casi desnuda delante de él (lo había estado sin problemas medio día), y me la extendía yo solita, por las tetas, masajeándolas y estrujándolas, dejándolas blancas de lefa. El pobre, se puso brutísimo, parecía que esa erección no daba más de sí, pero aún se puso más dura y más larga, mmmmm, una vez que dejé de cogérsela y me sobaba a mí misma delante de él, cubierta de semen, aquello empezó a brincarle entre las piernas. Joder, parecía que el capullo le iba a reventar de un momento a otro. 

- No me baja, Laura... me duele...

- Ya, como esta mañana... - puse cara de admiración - estoy alucinada, Pablo, de veras...

- Es que me excitas muchísimo, Laura, ya no sé cómo explicártelo... lo siento... - dijo compungido.

- ¿Lo sientes? Pero... no tienes nada que sentir... Pablo, me halaga tanto que tengas eso... que esté así por mí... de veras... Si no no habría accedido nunca a volver hacer lo que te acabo de hacer. Te juro que lo he disfrutado taaanto...

"Tú también me excitas muchísimo a mí, mi niño" pienso, y me dan ganas de decírselo, y de comerle la polla. Pero no hago ninguna de las dos cosas.

- Tendrás que hacerte otra paja, primo, como siempre. Pero esta vez tú solito, ¿eh?

- ¿Otra paja?

- Sí.

- ¿Solo?

- Sí.

- Pero Laura...

- Vámos, Pablo, no te hagas de rogar...

- Pero… ¿tú no puedes...?

- No. ¡Vamos! Empieza. Que quiero verte hacerlo.

- ...

- Venga. Además, yo estaré aquí delante. Eso te ayuda ¿no?

- Estás... ¿estás de broma? - dijo sonriendo, seductor (estaba tan seductor, tan atractivo, tan niño con aquél pollón, pura sexualidad a pesar de su corta edad...) Empezó a sobarse fuertemente la punta con la mano izquierda, mientras se sujetaba la base con la derecha. Se estiró los cojones, se retorció la base. Empujó el cipotón hacia abajo y lo soltó, recuperando la vertical como un resorte, cortando el aire con su masa de carne a milímetros de mi cara, que se vio salpicada por su olor, por su potencia, por sus líquidos.

No paré de tocarme, no era capaz de hacerlo, jiji. Pero lo cierto era que mis manos se me iban cada vez más a la entrepierna. Me acomodé, me había puesto tan pero taaaan cachonda, viendo cómo él se la tocaba así para mí, por mí... Antes no se tocaba así, no se masturbaba así. Recordé nuestra primera vez. Empezó así, después de las dos experiencias frustradas anteriores, me pidió ver cómo me masturbaba yo, yo acabé accediendo a cambio de verle a él... ese fue el principio, luego se lió, claro, pero empezó volviéndome loca con aquella paja que se hizo delante de mí, salpicándome, aunque no como lo había hecho hoy. Porque tampoco la tenía entonces todavía tan descomunal como hoy, ni sabía tocarse así. Supuse que eso lo daba la experiencia, multitud de pajas y juegos con su propia polla, con la de Carlos, también con la de Lucas. Conmigo. Siempre le gustaba jugar con mi clítoris, como a... joder otra vez mi cuñado Guille, siempre él... Mi primo había aprendido mucho, en cualquier caso, eso estaba claro. Sabía darse placer, practicaba, eso lo sabía porque conmigo lo hacía cuando todavía nos liábamos, siempre quería que le hiciera cosas nuevas, y que le enseñase a él a hacérmelas. Siendo así ¿cómo no me iba a gustar a mí estar con él? 

Ahora le veía, pasando sus manos cerradas sobre su nabo, pero sin apretarlo, solamente rozando su carne y su piel. Una pasada tras otras, de la punta a la base, y vuelta a empezar. Luego cambió de sentido, hasta que empezó a cogerse el capullo, a machacárselo intensamente, centrado allí, expresamente, subiendo y bajando el prepucio. En seguida se formaron espesas gotas en su puntita, y empezó a manar preseminal en caudal continuo, un hilo no tan abundante ni espeso como cuando se corría, pero imparable. Hasta para el líquido preseminal era exagerado. Yo, que seguía sobando mi cuerpo con ganas, obscenamente, para mí y para él, había incluido ya en mi recorrido habitual mi coñito, que para entonces hervía; tenía tan mojadas las bragas que me preguntaba de qué me había servido ponerme unas secas.

Joder, no paraba de mirarme allí. Justamente allí, al coño. ¡Qué tío, qué descaro! Parece que con mis tetas había cumplido por hoy, me las había sobado, comido y follado a gusto, pero mi coño, estaba claro que mientras se pajeaba mirándome, casi desnuda, no pensaba en otra cosa que no fuese follarme salvajemente. Jooooder ¡cómo me ponía eso! Y eso a pesar de que el enfrentamiento con los coños de mis amigas me tenía preocupada. Bueno, a estas alturas ya sé bien que tengo un coño excepcional, muchos y muchas me lo han dicho. Lo bueno es, también, que he visto y probado muchísimos, y puedo comparar de primera mano. Y sé que el mío, al menos internamente, es una máquina perfecta para dar placer y, lo que es mejor, sobre todo para recibirlo, jiji. También estoy sexualmente orgullosa de mis labios, los mayores abultados, grandes pero no salidos, los pequeños desaforados, dos gruesas membranas que parecían tener vida propia cuando me ponía cachonda, de piel rugosa, hipersensible; parecían los cojones de esa mini polla que tengo por clítoris, generosa, gruesa y casi siempre salida, al menos cuando yo lo estoy, jiji, protegida en su estado de reposo por un tremendo capuchón, mmmmmh, me estaba tocando ahí ahora, me volvía loca, lo tenía todo tan hinchado y grande que era muy fácil darme placer, no hay que poner mucho empeño cuando estoy así de cachonda, eso es verdad, basta un poco de sensibilidad para no hacer daño en algunos momentos, y puedo morirme de gusto con el mínimo roce. A los tíos eso, bueno, algunos no les va tan grande, o tan salido. Hubo un tiempo que a mí me parecía demasiado, hasta que empezaron a comerme el coño, y empecé a saber lo que era bueno. Y vinieron los primeros admiradores, Meri, Nuria, Guille... Guille. Siempre se ha vuelto loco con mi coño, más aún que con mis tetas, que ya es decir. La primera vez que me lo vio estuvo flipando por días, la primera vez que me lo comió... nunca he sentido nada igual. Él me hizo darme cuenta de que aquello, dentro de lo grande, era hermoso y proporcionado, y que su tamaño lo hacía excepcional, además de ser perfecto para el sexo. Con el tiempo me fui dando cuenta de que aquello era una gran verdad. Nadie ha llegado a interesarse tanto por mi cuerpo como Guille, así que pocos me conocen como él lo hace. 

Me gusta Pablo porque él tiene esa misma curiosidad... En fin, que soy feliz con mi coño, a pesar de que tuve un mínimo período de inseguridad, cuando todo aquello empezó a crecerme así. Ahora tengo clara la suerte que tengo, y me siento una diosa. Sobre todo, porque mi aparato parece estar diseñado, antes que nada, para mi propio placer, jiji. Otra historia es lo del pelo. Con el vello púbico siempre he sido muy pasota, incluso es que me gusta verlo crecido, salvaje, desordenado alrededor de mis partes colgantes, brillantes de flujo, enrojecidas de calor, palpitantes... Pero, sobre todo Nuria y María, también muchos tíos... ¿por qué ese empeño con rasurarse, incluso completamente? En la vulva podría entenderlo, es dónde más se sale de las bragas, y para comerlo o incluso para follar, puede ser algo molesto. No sé, hacerlo con el coño pelado, contra otro coño pelado, o incluso un tío afeitado (eso nunca me había gustado, aunque me he follado a muchos así, hasta que empecé con Carlos quien, por cierto, cada vez se depila más), pues tiene su punto. Creo que solamente a Guille, Lucía y Sandra les gusta realmente el pelo natural de verdad. De hecho, en mí, les vuelve loca. Claro, ahora con Marí depilada, Nuria también, más o menos, ya que se lo hizo aquí ella sola, sin muchos medios, pero comparadas conmigo... Y eso que yo iba arreglada aquellos días, los laterales perfectamente recortaditos... bueno, y la vulva, casi pelada al completo... aunque eso, claro, Pablo no podía saberlo, quizás lo había intuido en sus escarceos a la hora de la siesta, un roce de su mano, de su lengua... pero, aunque me había visto desnuda, no me había visto suficientemente bien, abierta y entregada a él, como para poder captar ese matiz. 

- …

- …

No puedo dejar de mirarle, me tiene absorta, esa manera de tocarse, nunca me había puesto tan brutísima con Pablo por sólo mirarle, esa forma de hacerlo, y que se le notaba en todo momento que se moría por saltarme encima... yo estaba embriagada, literalmente emborrachada de sexo, la primera vez con María, con Guille, con Nuria, todas mis primeras grandes veces había sentido esa sensación de ebriedad prolongada que me pedía sexo y más sexo de manera continua, de forma que mis sentidos se nublaban y mi cuerpo sólo era capaz de focalizar mi atención en eso, en el sexo. Con mis primos no me había pasado eso, sin embargo, había sido todo de una intensidad brutal, tanto como para hacerme perder la cabeza hasta el punto que la perdí, y coincidió, además, con una época de abstinencia que me había provocado un peligrosísimo y continuo hambre de sexo. Pero mantenía aún la cabeza y la capacidad de pensar, quiero decir, que el sexo no era mi único guía, y tenía capacidad para entender y decidir lo que estaba haciendo y sus consecuencias, a pesar de la explosión sexual a varias bandas que se produjo en esas semanas, no, no tuve esta sensación de borrachera que sentía ahora, y que sabía muy bien que solamente podía acabar de una manera... 

Creo que había sido una conjunción de factores, un deseo reprimido durante mucho tiempo por ambos, una tensión sexual constante a cuatro bandas en mi casa durante una semana, el loco numerito de la piscina de antes, no solamente desnudos, sino ya entregados al sexo, unos delante de otros, sin disimulos, la paja de antes, el calor y tacto de su leche sobre mi cuerpo, la dulce sensación de esparcirla por mis tetas, por mi cuerpo, por mi cara, mmmmmhhh y él desnudo, con esa minga brutal tan tiesa, tan dura, tan caliente... le acababa de pajear... y los olores ¡los olores! Su fuerte olor a sexo que me embriagaba, y mi brutal olor a mujer en celo, a hembra caliente deseando ser tomada por el gran falo, podía oler ese fuerte y pastoso olor que manaba de mi chocho mientras me lo sobaba abiertamente bajo mis bragas. Jamás me había hecho una paja tan maravillosa con él, estaba siendo suave, pero intensa, profunda y laaarga... El momento tenía algo fuertemente especial. Sabía qué era. Era el momento de la entrega. Aunque no quería, pero me estaba entregando con este instante. Me había emborrachado con él, de él. Ya había pasado. Podía retrasarlo, intentaría retrasarlo. Pero no iba a poder pararlo.

Noté entre mis labios, en mi boca, picándome en la garganta, los finos y largos pelos de sus testículos. Al comerle las bolas antes me había llenado la boca de sus pelos, ahora los sentía con mi lengua, jugando en mis labios, mi nariz. Los saboreé, los mordí, los tragué, junto con mi saliva mezclada con su esperma. Me sabía la boca a sus cojones, a sus sudados cojones, y era el sabor de ese sudor concentrado, el sabor del sexo, el sabor de su cuerpo y su olor, el mismo que me embriagaba por sólo respirarle, por solo verle. Por solo sentirle, sentir el calor de su semen cubrirme otra vez. En breve, Pablo volvería a descargar sus brutales trallazos de lefa sobre mi cuerpo. Y, esta vez, me apuntaba con su polla intencionandamente. Ya que no iba a tocarle, ya que no le iba a dejar tocarme, ya que no se la iba a chupar ni un poco, decidí darle algo más, un poco más y, a la vez, seguir llenando de sexo su joven cabeza. Mi mano hurgó violentamente en mi interior, para lo cual se revolvió con fiereza apartando y bajando ligeramente las bragas. Se me veía suficientemente medio pubis, buena parte de mi vello. Mi olor consiguió impregnar la habitación. Y empecé a preguntar a mi primo esas dudas que me corroían, esas visiones que le corroían y, sobre todo, empezamos a hablar de lo que los dos llevábamos ya tiempo deseando. Mi primo y yo hablamos por fin de mi coño.

- Ahhhh... mhhhh... Pablohhh... ahhhhhh... ¿Te gusta el coño de Nurita, verdad? - no puedo evitar que la pregunta sea esa, mi primera y eterna duda, mi competidora de años y para siempre... 

¿Seré yo la que estoy loca por su sexo? nunca me lo había planteado, es distinto al mío, aunque no tanto, pero sí como más duro, pequeño, compacto, juguetón, con sus labios menores y mayores tan especiales... siempre me volvía loca con Lu y su amiga Sandra, sus coños peludos y plenos, tipo el mío, y pensaba que eso era lo que quería, aunque no dejaban de ser coños bastante normalitos, si te olvidabas del pelo, labios mayores bastante planos, labios menores agradables, salidos pero no demasiado, ni demasiado grandes ni rugosos, tampoco hipersuaves, el clítoris marcado pero que no pasaba de ser un pequeño botón... El coño de Nuria es diferente, es especial como lo es el mío, diferente a esos, que eran más o menos los de tantas tías con las que he podido estar. Siempre me puso el pelo, así que no me planteaba nunca esas cosas con Nurita, que pudiese tener un coño especial, al llevarlo siempre rasurado. Pero últimamente he aprendido a disfrutar de su sexo, he comprendido todo lo que tiene de especial, que es mucho, y ahora la disfruto más y le hago disfrutar más, y me gusta tanto comérselo como a ella que se lo coma. ¿Por eso pienso que mi primo está loco por ese coño? Bueno, le conozco, su edad, su deseo, conozco cómo funciona el deseo... a mí me pasa igual, si veo algo ya no me lo saco de la cabeza. Y, si no me equivoco, he contado al menos siete ocasiones que se lo ha visto. Es mucho, para un niño, que es mi primo, con una amiga mía, casada, que le da mil vueltas en todo... pero la conozco, ella también está enchochada con él, no tanto como yo, pero lo está... Cinco veces aún peludo como un felpudo, como nunca en su vida yo se lo había visto, y soy una de las personas que más se lo ha visto, después de ella. Dos espiándonos mientras tomábamos el sol en bolas, dos espiándola, dándole caña a su polla, mientras ella se duchaba o, directamente, se masturbaba. Y una asomándose a su habitación por la mañana mientras ellas se arreglaban, pero ni a ella ni a mí ni a Ro nos pareció mal... Y luego, las otras dos, ya depiladito, bien pelado, como ella siempre lo lleva, la de cuando ella le espió masturbándose a él, y él la veía hacer lo mismo en el espejo, y cuando se volvió a asomar a su habitación por la mañana, con ella aún en bolas, pero pasando de vestirse. No, no le importó, pero tampoco Mer ni yo dijimos nada, otra vez. Bueno, y la rascada de coño de esta noche, apartándose lo poco que le cubría del tanga... joder. Pablo estaba a un metro, poniéndose cachondo, porque le miraba precisamente allí, el ano, la raja, el coño. Y ella... fue tan explícita... 

Pablo seguía meneándosela rítmicamente, apuntándome con descaro, tan cerca, tan cerca de mi boca que sólo con que uno de los dos avanzara un poco... pero no contestó, aunque me había oído, su cara, expresión misma de la incredulidad, sus ojos salidos mirándome interrogantes ¿de verdad yo le había dicho eso? ¿de verdad le estaba preguntando por el sexo de mi amiga? Bueno, ¿y no me acababa de preguntar él si eran lesbianas? ¿Si yo era lesbiana? Desde luego, si nos estábamos pajeando el uno para el otro de esa manera, parecía un poco ridículo sorprenderme también porque mi primito tuviera ese tipo de conversaciones conmigo, porque desde luego frente a nuestros actos, las palabras parecían estar siendo lo de menos.

- Dime. ¿Te gusta el coño de mi amiga Nuria? - insistí, sin poder contenerme.

- Qué... ¿qué quieres decir, Laura? - el sonido del chapoteo en la punta de su polla acompañaba sus palabras.

- Pues eso. Que si te gusta. ¿Se lo has visto ya varias veces, no?

- Eh... bueno, sí... yo...

- Tranquilo, no me importa. Si hoy ha sido ella la que... ¡es tan bruta! ese tanga, y esa forma de rascarse, casi en tu cara...

- Síhhh... - no pudo reprimir que su cara se iluminase y su voz sonase tan babosa como la de cualquier tío al que Nuria se le pone a tiro.

- Te gusta mucho ¿verdad? - le aprieto.

- Síhhmmm, claro, Laurahhh - pensar en el coño de ella le está dando placer. Ya no falta mucho para que se corra. 

- Pero... - traté de parecer inocente, infantil casi - ¿su coló te gusta más que el mío? - Me metí las manos a fondo en el coño, bajando más y más la bragas mientras él seguía pajeándose. Quería enseñarle bien el coño. Que mi coño se metiera bien en su cabeza para siempre, y que se mezclara ahora con el recuerdo del de Nuria, y que mi primo se deshiciera en semen por mí. 

Pablo flipó al ver cómo me ponía de puta, de repente, ¿me estaba insinuando? desde luego que estaba yendo mucho más allá de masturbarme sencillamente con él, pero es que estaba caliente como nunca, super salida, cachondísima, y quería ponerle más cachondo a él, estaba jugando, jugando con él y con mi cuerpo... y de eso a mucho más, a todo lo demás, había tan poquito... 

- Jooooder Laura, estás buenísima...

- jiji.., gracias primo…

- Ufffff en serio es que… estás tan cachonda… nunca te había visto así…

- Es que me pones muy caliente, Pablito…

- Y tu coño… estás encharcada, joder prima…

- Pero dime ya, ¿cuál de los coños dos te gusta más? ¿Te gusta cómo se lo ha depilado ella? - trato de enseñarle bien mi coño, y se lo muestro, salvaje, al borde de la explosión, en su máximo apogeo, buscando que me vea bien la vulva, que tengo medio depilada, para facilitar las mamadas a mis amigas estos días, además de llevarlo recortado por los lados del pubis, cosa que él nunca me había visto antes. Después de escucharle su tono de admiración hacia mi coño, me puse tan zorra que no pude evitar entregárselo como una auténtica puta.

- Sabes... ahhhh qué gusto... es que me gustaba más el suyo antes de afeitarlo... y el tuyo... ahhhhhhhh - qué momento, mi primo hablandome de mi coño mientras se pajea, a punto de corrernos los dos... - y el tuyo lo mismo... entre los dos me quedo con el tuyo sin dudarlo, tiene más pelo, y es una pasada lo caliente y jugoso que se te pone, y lo rico que te sabe todo, me gusta mucho cómo es, me encanta verlo y lo conozco mejor... - no pude ni quise contener una sonrisa, me gustaba tanto oírle decir aquello... además, me gustaba que pudiera hablar con tanta naturalidad de mi coño, alardeando de que lo conocía bien, después de meses de represión - es... más grande y ahhhhh tan... tan ricohhhh - ¡más grande! ¡me había dicho que lo tenía más grande! mis propios dedos jugaban ahora frenéticos con mis exagerados labios y mi desmesurado clítoris... ¡y rico! ¡cómo le había gustado siempre comérmelo! - mmmsíhhh Laurahhhh tan rico ohhhhhh... ¿me dejas... me dejas ahhhh... chuparte? ¡quiero tu coño! déjame comerlo porfaaaa…

- ¡Pablo! joder, ohmmm no, nohhh ¡no puede ser! - yo misma estaba peligrosamente al borde del climax, demasiado como para permitirme tonterías así ahora... aunque le deseaba... - sigue... sigue hablándome de mi coño, primohhhh...

- ¿Qué siga? Laurhaaahhhhmmm...

- Sí, sigue... ¿no hay un pero? mhhhh....

- ¿Pero?

- Sí, clarohmmm...

- Bueno... así... afeitado... recortado... mhhhh me gusta, me gusta mucho, Laura, pero mhhhh... ¡aaahhh! es que... es que casi ya para eso lo prefiero todo pelado, como el de ellas...

- ¡¿Ellas?! - Mi primo paró un momento de machacarse el rabo.

- Bueno, es que María también lohhh... - el rabo le dio un estertor y él lo cogió, machacando su cabeza con furia, entre expresiones de placer desatado. 

Bueno, claro, a Meri la había visto también desnuda, en la piscina, tomando el sol... no había tenido encuentros como los de Nurita, pero luego estaba también la vez que se metió en su cuarto mientras ella dormía la siesta desnudo, se lo pudo ver perfectamente, claro, y luego ella le enseñó el culo desnudo, con su raja pelada, aquella vez en la cocina... descontando que, con sus braguitas tranparentosas, y más estando húmedas, se veía perfectamente que lo llevaba afeitado al completo. 

- …también ehhhe aunquehhh ella... ella... tiehhne coño de niña pequeña... ¡ahhhhhhaaahh! mmhmm lohhh, ¡lohhhh! llevaaaahhhh ¡aaaahhhhhh! ¡AAAAAHHHHAAHH! 

- ¡¡Joder, Pablo!! - lo pude ver venir, lo vi desde que salió, el agujero negro de su uretra se abrió, una cueva en su capullo rojo, hinchado y duro, un grumo blanco, espeso, brillante y, de repente, un chorro, un chorretazo a presión, casi continuo, directo a mis ojos, salpicando enfurecido, avanzando veloz pero como a cámara lenta, hasta impactar en mis ojos. En mi nariz. En mi boca. No sé si grité por el impacto del semen en la cara, en las tetas, chorreando por el cuerpo, metiéndoseme en las bragas, en el coño, a pesar de estar a punto de venirme yo me estaba masturbando suavito cuando me sorprendió, estaba disfrutando tanto con la conversación de los coños... el caso es que, al sentir el calor de su semen sobre mi cuerpo, me deshice en ríos de flujo, noté cómo me vaciaba entre mis manos, era todo humedad, la que me salía, y la que me resbalaba, hiviente, pegajosa, espesa, desde mis tetas, por el vientre y por el pubis, encharcándome las manos, entrando en mi interior, nuevamente su semilla me penetraba, me quemaba el coño, me trepaba por la vagina. Busqué más y más esperma de mi primo para introducirlo en mi sexo. Lo que antes hice con mis tetas, extenderme su leche como si fuese crema, ahora lo hacía en mi coño. 

Tenía los pelos blancos de tanta lefa. ¡Qué pasada! Y me había parecido increíble haberle oído hablar así de nuestros coños, su pasión por el mío, aunque... ¡el pequeño cabrón va y dice que para llevarlo como lo llevo lo prefiere todo afeitado, como el de la puta de Nuria! Y como el de María... ¿Para qué mierda me había afeitado yo, si lo que al muy cerdo lo que le gusta es comer pelo?. Traté de serenarme. Debía de recordar que me había afeitado para mis amigas, no para él. Lo suyo, al menos oficialmente, no estaba en el programa... Cerré los ojos, limpiándome la cara como podía de su viscosa leche, que bebía con deleite, mientras no paraba de esparcirla por mi cuerpo. El orgasmo había sido abrupto, algo inesperado, aunque breve, suave, amable. Cuando abrí los ojos, minutos después, mi primo descansaba, apoyado en la escalera del altillo, mirándome impávido con los brazos caídos y el miembro erecto. Completamente, tieso como un palo. Olé mi niño. No esperó a que yo dijese nada, mi cara debía estar hablando por sí sola. Habían sido dos corridas brutales, y seguía como si nada.

- Laura, joder, me pones demasiado... demasiado caliente, no se me baja... ¿de verdad que no puedes ayudarme?

- Pablo, no,no, no... No, de verdad, mira cómo me has puesto... otra vez... 

Otra vez más, sí. Cabronazo, cómo eres capaz de ponerme así, pero así de bruta, me muero por que me folles, por que me ensartes con esa lanza, pero ¿por qué no me fuerzas, ya que yo soy tan niñata?, pienso mientras me esparzo su semilla con lascivia por las tetas, haciéndolo de la manera más lujuriosa, enseñándole bien cómo me lo metía hasta el coño, hasta bien dentro de mi coño abierto, su semilla sí podía entrar en mí, pero él no... ahora aprenderás primito, vas a aprender a desearme, a borrar de tu sucia mente otro coño que no sea el de tu prima Laura,  yo no pienso tocarte... 

- …no, primo, no, yo no pienso tocarte, no otra vez... - pongo cara juguetona - además, ¿no te das cuenta que sería peor? si te vuelvo a hacer otra paja yo, te pondría todavía más cachondo... - me encantaba darme esa importancia - y yo tampoco sé si podría aguantarlo...

- Pues entonces, Laura, por qué... por qué no intentamos...

- ¡No! ¿Tú estás loco? - exagero... Pero ya me he negado antes, y no voy a ceder ahora. El día de hoy ha sido brutal, y no me arrepiento ni de media paja que se me haya hecho encima, mío o de mis bragas. Pero necesito dejar que todo repose un poco. Ha sido mucho para un día, demasiado, demasiado rápido.

- Vaaaamos... joder, no seas tan puta… - me ruega. Tierno.

- Nohhh, Pablo, que no puede ser... - me apetece tanto... Espero que no insista mucho. Lo cierto, es que no tengo demasiados argumentos. Ni para pararle a él, ni para frenarme a mí. Que me llame puta no me molesta ya, lo cierto es que lo asumo sin más como la realidad que es. Soy una puta y me encanta mostrarme así ante él. Pero eso no significa que le vaya a dejar follarme. Al menos hoy…

- Joder... - parece molesto, no conmigo, con el mundo, con su maldita mala suerte, de ser mi primo, de ser un niño. No sabe que, quizás justamente por eso, estamos aquí, así, ahora. - Vaaale. Voy al baño. Como siga viéndote así me va a reventar la polla, primita.

Jiji. No parece tampoco demasiado abatido. He disfrutado tanto calentándole, ha sido tan fácil, tan productivo... Le escuché lavarse, pajearse con violencia, con furia. Correrse a gritos diciendo mi nombre. "Por lo menos, a pesar de los coños, es mi nombre el que sigue diciendo", pensé con resquemor. Me preguntaba si ellas también le estarían escuchando, y deseé con fuerza que fuera así. Jiji. Mejor. En atención al gran detalle que tuvo Nietos en la piscina, de lo excitantes que habían estado las dos y de lo bien que había salido la noche, decidí contar estas tres ultimas pajas como una sola. Total, sospecho que podía llegar a doblarlas antes de que amaneciera, jiji. De momento, quince - ocho. 

Mientras Pablo terminaba de aliviarse, yo me limpié, me chupé sus restos, me subí y coloqué las bragas. Habían quedado hechas un trapo, estiradas, deformadas, empapadas, sucias. Pero no me apetecía cambiarme, aunque sólo fuese por no asomarme al vestidor, al baño. Tampoco me apetecía ducharme, aunque me hacía falta, estaba sudada, por todos los rincones de mi ser, y los restos de lefa resecándose empezaban a tirarme, pegados a mi piel. Igual me daba. Estaba nerviosa, así que decidí abandonarme cuanto antes, tumbándome de lado en mi cama, de espaldas a la puerta. Me hice la dormida aunque, evidentemente, era imposible que lo estuviese. Justo a tiempo, ni un minuto después, mi primo entraba en la habitación. Esperaba que más calmado. Por de pronto, sentí que volvía a cerrar la puerta y apagaba la luz. No había vuelto a colocar su cama, la verdad es que dudé si hacerlo, pensé que sería lo más conveniente, pero tenía tanta prisa por tumbarme... la urgencia no tenía otro motivo que evitar tener que hablar con él, semidesnudos, de nuevo. No sabía dónde podíamos acabar, ni cómo. De hecho, no sabía si él había vuelto semidesnudo o... directamente en bolas. Esa súbita duda me mortificaba. Así como la de si pretendía o no usar su cama. Mierda, tenía que haberla subido. Pero no, no sería capaz... en mi cama solo no cabíamos los dos, no sin abrazarnos, no sin pegarse a mí... como hoy. Como esta tarde, pensé. 

Bien, la segunda duda se me despejó en segundos. Mi primo se apoyó en mi cama, y se tumbó detrás de mí. Efectivamente, no cabemos los dos. Pablo se pegó a mí, pasándome el brazo por encima. Su pecho en mi espalda. Su mano en mi pecho. Cerrada, firme, como una garra. Mi pezón se disparó, agradecido, clavándose en su palma. Mi cuerpo era incapaz de disimular lo mucho que aprobaba su actitud, por mucho de que yo hubiera querido oponerme a ella. Pero mi cuerpo siempre ha sido capaz de hablar por sí mismo. De hecho, si mi primo se hubiera atrevido a meterme una mano por las bragas, se habría encontrado que allí mi coño volvía a abrirse y a dejar manar de nuevo mis flujos calientes… 

Lo que sí que fue imposible ocultarle, en todo caso, fue la violenta e instantánea reacción de mi pezón, que tuvo una total erección al sentir el contacto de su mano. Cuando lo sintió, su cuerpo fue, milímetro a milímetro plegándose al mío. Su calor poco a poco me fue envolviendo. Y entonces, despejé también la primera duda. Su tibio, esponjoso y enorme paquete se apretaba, directamente, contra mi culo. La delgada y gastada tela de mis braguitas, empapada además por nuestras corridas, no era capaz de hacer demasiado. Le podía sentir, le sentía perfectamente la polla en mis nalgas. No estaba caliente, pero estaba desnudo. Y su pene es brutal, aún en el más completo reposo. 

Pablo empezó a frotarlo en mi culo. Yo gemí. La raja del culo se me abrió. Su polla se hinchó. Joder, allí iba otra vez. Empezó a desenfrenarse, a perderse, sin duda animado por mi única respuesta: gemir y dejarme hacer como una perra. No quería entregarme a él activamente, pero no podía evitar desear que me usase, que me diese placer, que me lo robara para gozarme él, intima, sexualmente. Y Pablo, por si hubiera dudas, estaba totalmente confiado. Más aún que por la tarde, claro. Los numeritos de la mañana le habían envalentonado. Los de la tarde y la noche le confirmaron y le lanzaron al cielo. Y ahora estaba allí, en una nube conmigo, dispuesto a hacer conmigo lo que me viniera en gana. Nuevamente, si él me la hubiese intentado meter ¿yo hubiese hecho algo? 

Pero Pablo se decidió, de momento, por limitarse a tocarme, a fondo y en todas partes, las tetas, el culo me lo sobaba sin piedad, besándome cara y brazos, muslos, hasta me metió las manos en las bragas, por delante, cogiéndome el coño, sacando de allí restos todavía húmedos y calientes de su propia eyaculación. Yo le permití todo, absolutamente todo, le dejé hacer sin inmutarme. Gimiendo, mordiéndome los labios y las manos, pellizcándome y pateando cuando conseguía provocarme pequeños orgasmo. Su juego pudo durar más de una hora, quizás casi dos. No sé, fue algo exagerado. Y, aún así, me supo a poco. Cuando se cansó, o cuando no pudo más de puro cachondo, se giró, se separó lo que pudo, y empezó a masturbarse. 

El muy cabrón no quería metérmela si yo no le daba el permiso, si yo no estaba despierta gritando su nombre y mirándole a la cara. Igual era que sabía que todavía nos quedaban muchos días, y comprendía mejor que yo que iba a ser incapaz de resistirme mucho más tiempo a él, a las ganas que le tenía. O igual es que no le valía violarme, no le valía esta vez un engaño, un desliz como fue nuestra primera noche, nuestro primer polvo total. No, mi primo buscaba ahora mi rendición total. Obviamente, no estaba dispuesto a volver a pasar por una nueva prohibición después de todo aquello

Le escuché masturbarse, correrse. Yo llevaba un tiempo largo inmersa también en una extraña sensación como de micro orgasmo continuo que, junto con una placidez y una modorra creciente, empezaban a hacerme sentir como en un delicioso sueño, como en el más excitante de los sueños sexuales.

Desperté a mitad de la noche. Semiencogida, sudorosa, excitada, casi desnuda, con las bragas retorcidas, pegajosas, dadas de sí. En resumen, igual que estaba antes de dormirme, pero varias horas después. Inmediatamente, me giré para verle. Allí estaba, pegadito a mí, de medio lado, al borde de la cama. Desnudo, dormido y roncando plácidamente. Ha tardado casi una semana en conseguirlo, pero estamos durmiendo los dos, por fin juntos. Y no una siesta, no, por la noche. Y después de hacer lo que hemos hecho. En una sola cama, una estrecha cama de noventa centímetros. Desnudos, o casi, si lo que llevo como bragas cuenta como casi, a estas alturas. Y yo no arrepentida, sino deseándole locamente. Quizás mi primo pensaba que era una locura pensar que podía conseguir lo que pretendía, simplemente que volviéramos a hacerlo, si quiera una vez. Eso no lo había conseguido aún, pero sí muchísimas cosas más, bien tremendas. 

Más lo que había visto, y sentido. Por primera vez, otras mujeres... Un pivón como Nurita echándole los trastos y deshaciéndose cachodísima bajo su duro culo adolescente, mmmhhh. Yo tampoco imaginaba este frenesí, supuse que acabaría cayendo, pero algo más oscuro, más furtivo... y no esta gloria. Porque me sentía en la gloria. Aunque muerta de ganas de que me follasen, claro. Pero en la gloria. Me acerqué aún más a él, y empecé a sobarle. Su pecho, su débil cuerpo, blando, casi sin formar, el culo duro, joven apetitoso, tantas veces se lo había mordido cuando... "¿por qué me privo de él?" me pregunté. ¡Qué ganas de meterle un dedo! de follarle, de ponerle boca abajo y empalarle con el clítoris, que sentía empalmarse entre mis piernas, lo suficiente como para entrar en él, otras veces lo habíamos hecho eso ya, y a él le gusta, si a él le gusta hacer de todo... Mis manos le recorren con suavidad, dudo si someterle al tórrido magreo que me hizo a mí antes, pero sé que él no responderá con la pasividad con que me entregué yo, el aprovechará cualquier resquicio para... Ataqué su polla, empecé a tocársela, suavemente, no quería despertarle, no quería ni que se empalmara... todavía. Sentí que le sudaba, la tenía tan pringosa, húmeda, descapullada, caliente... blanda, sí, pero aún así larga y gruesa ¿esto es lo más pequeña que lo va a poder tener ya? tantos he conocido que no la tienen así ni el día que han estado más empalmados, que siempre es el día que han pasado conmigo, jiji. Entonces, empecé a acariciar también su cara, muerta de deseo. Le deseo... 

Pablo abrió los ojos, me miró, con hondura, intentando llegar hasta el deseo que llevaba en el fondo de mis profundos ojos en ese momento. 

- Ven aquí, mi niño. Acércate, que tengo frío - le pido.

No se hizo de rogar, se acercó, pegándose a mi cuerpo, sin dejar un rinconcito sin cubrirme. Estaba caliente. Tan caliente como yo. Y, en ese mágico momento, abrí los labios, y le besé. No un pico, ni un beso como los que le he podido insinuar estos días, no. Un beso, un beso en los labios en toda regla. Un morreo largo, abierto, franco, total. Como los que nos dábamos antes. Nuestro pasado se abrió, cayendo a borbotones sobre nosotros. Horas de sexo que yo había encerrado en mi memoria y había obligado a que él hiciese lo mismo. Pablo abrió también los labios, nuestras lenguas se juntaron por vez primera en tanto tiempo. 

Mantuvimos una lucha frenética, un tremendo morreo que acompañé sobando su delicioso culo, que me había cautivado segundos antes, y mientras su nabo flácido iba cogiendo calor apretado contra mi pubis, contra el pelo de mi coño, ya que tenía las bragas flojas y medio bajadas. Pude sentir en mi monte de venus el calor de su arma creciendo, empalmándose. Pablo se desató, claro, respondiéndome y sobándome él también, el culo, las tetas, su serpiente crecía y crecía, la notaba ya revolverse entre los muslos, hasta que su dureza, su tamaño, su solidez fueron tales que me la empezó a clavar. Sin dejar de besarnos nunca, pasó lo inesperado. 

Su cuerpo desnudo sobre el mío, apenas cubierto por una incapaz prenda estirada, amándonos, besándonos, en posición perfecta, de libro. Él saltaba, empujaba, me buscaba. Yo no pude más, y abrí las piernas. Poco, pero lo justo. Tenía aún los muslos casi pegados, y mi primo me follaba lo que podía, la cara interior de los muslos, resbalosa, lubricada, empapada de sudor como su mismísima verga. Me los taladraba como mantequilla. tampoco yo ejercía mayor oposición a su avance, y él, implacable, me los taladró, atravesándomelos con su brutal herramienta. Igual que aquella mañana, pude sentir su cipote a las puertas de mi coño, con mis bragas frenando el embate. Los dos estábamos extasiados, desatados, no sólo nos morreamos, sino que empezamos a besarnos cara y orejas, ojos, cuello, boca, nariz, mordiéndonos el uno al otro... 

Pablo bajó por mi cuello, por las clavículas y los hombros, y siguió, siguió hasta mi pecho, "no, por favor, las  tetas ahora no", pienso, mientras gimo y le deseo, y deseo que me lo haga. Él siguió bajando, noté su largo miembro separarse de mis bragas, escurriendo por dentro de mis muslos desnudos, empapados de todo lo que estaba ya chorreando, también de su capullo manaba líquido, lo notaba perfectamente. Y ya había llegado allí, me había empezado a chupar las tetas, me las besaba, me las lamía y mordía, me mordía los pezones, me los chupaba me los lamía, besándome y comiéndome los pezones... Sus manos por todo mi cuerpo, palpando, acariciando, sobando, vientre, costados, espalda, muslos, el culo, el culo dentro de las bragas, que no dan más de sí... le dejo, le dejo hacer todo porque me deshago con mis tetas en su boca, porque total ya me las comió esta mañana... Pero ahora no es esta mañana, ahora es de noche, estoy caliente como una cerda, quiero que me folle y hemos estado todo él día jugando a ello. 

Y ahora, Pablo está encima de mí. No es tontería. Está encima de mí, desnudo, cubriéndome. Con su verga dura, caliente, entre mis muslos, blandos, indefensos. No podía más, me abrí de piernas, le abrí los muslos del todo... total, no podía pasar a través de mis bragas, pensé... quería que me lo hiciese como esta mañana, pero allí, tumbados, dándole todo menos lo último...  

La cama se movía zarandeada por nuestro embates. Pablo seguía con sus manos en mi culo, con mis bragas por debajo, muy bajadas en la parte de atrás, yo me notaba casi desnuda, con las bragas colgando, pero era tan perfecto, todo lo que me estaba haciendo, mi primo se multiplicaba para darme placer en todas las partes de mi cuerpo al mismo tiempo. Y, aunque rendida y entregada, con las piernas tan abiertas para él, permanecía tapada justo lo imprescindible, mi sexo, mi vulva... mi entrada. Me estremecí imaginando que seguía bajando, besando mi vientre, mi ombligo, mis abdominales, mi monte... mis bragas caían, y me las bajaba, y me comía y me chupaba, yo explotaba y, entonces, él volvía y me mataba, me clavaba, y ellas entraban y lo veían todo, y yo no podía hacer más que gritar, y gritar muerta de placer como la zorra que soy. Pero no, mi primo no siguió, el lindo de mi Pablo sabía que ahí estaba cerrada, que acababa de negarle una mamada, que no quería que hoy me lo chupase... No, siguió, siguió y siguió con mis tetas, y yo me moría de placer, tanto que llegó un momento en que no hacía más que pedirle que siguiera, vamos, que me diera más, vamos Pablo... Casi no me di cuenta de que estaba subiendo de nuevo, solamente cuando mis tetas dejaron de notar su boca, que estaba de nuevo en mi cara. Me mató al hacerme sentir otra vez su cipote desnudo en mi entrada. 

Todo estaba más húmedo y más caliente que esta mañana. Y Pablo me follaba flojo, no tan violentamente como en el baño. Aceptando el cinturón de castidad que eran todavía mis bragas maltrechas. Podía sentir su mástil entre mis piernas, pegado a mis muslos. Y, ¡oh sorpresa!, lo peor era que pude sentir la piel de la punta, del capullo y del falo, en mis ardientes labios mayores... ¡no! No podía ser ¿cómo tenía las bragas puestas? Pero si notaba los tirones en la tela cuando el empujaba... Era extraño, había algo raro ahí abajo... "Tranquila, Laura, te cubren tus braguitas, aunque estén bajadas y arrugadas" Él empujó. Sentí un hondo estremecimiento, me aferré a su cuerpo. Su cuerpo... Yo le estaba sobando a él tanto como él me hacía a mí, siempre sin dejar de besarnos. Igual que él, recorría su pecho, sus costados, le tocaba el culo, el culo firme, desnudo, que había traído desnudo a mi cama, para mí... recorriendo su raja, estaba caliente, fantaseé con meterle el dedo, pero no, si no le daba permiso a él no podía pretender yo... ¡mmmmh! Qué rabia. Al menos..., sí, sí, bajé hacia abajo, buscando el centro, él me dejó, claro. Hoy había sido el día en que, después de meses, por fin le había vuelto a tocar la polla. Y no me cansaba de hacerlo, su sexo, su miembro, duro, caliente, a reventar. Buscándome, una y otra vez. Suavemente, volvía con sus embates, pero suaves, tiernos. 

Oooohh no... 

No lo sé, no lo entendía, no era capaz de entenderlo. Pablo empujaba. 

Y yo le noté dentro. 

Empujó más. 

Le noté entrar.

Me abrí.

Su punta, envuelta en mis bragas, me estaba penetrando.

Empujó más.

Temblando, empecé a gritar, de gozo puro, estremecida. No, no, no le paré. Le recorrí la verga con las manos, sintiendo cómo se hundía en mi chocho caliente, que se estaba tragando mis bragas, tan dadas de sí del magreo continuado de la noche, retorcidas en torno a mi vulva, incrustadas por detrás en toda mi raja. Le metí mano por el pubis, por los muslos, a ambos lados del miembro. Él se retorció de placer al sentirme. Y, lentamente, fue cogiendo todo su ritmo de semental, sus manos en mi culo, las mías subiendo a su espalda, a sus hombros, mis muslos trepando por los suyos, enredándole para apretarle fuerte contra mí al tiempo que contribuía a abrirme más y más para él. 

Pablo debía de flipar, le sentía llorar sobre mí, sin dejar de besarme. Todo era humedad, exagerada humedad. Cogiéndome fuerte del culo, separándome los cachetes para abrir lo que aún no estuviese abierto, apretando para tener base firme en la que clavarme, mi primo inició su brutal y bizarra cabalgada en mi interior. Por fin comprendí, comprendí lo que pasaba y comprendí mi brutal error al no ponerme unas bragas limpias, no por lo limpias, sino porque las que llevaba estaban tan destrozadas... no eran capaces de detener su furia, su ansia, nuestro común deseo, sentía cómo me iban entrando, cómo me las clavaba profundo, dentro del coño. 

Pablo me estaba follando. ¡AAAAHAHHAHAHHAA! Me estaba follando con las bragas dentro. Mi respuesta no podía ser otra que gemir, jadear, gritar, retorcerme de placer. Sí. No podía ser de otra manera, aunque hubiese sido a pelo. Me dejé llevar. Sabía que, ante una situación así, no tendría fuerza de voluntad. Al menos, Pablo me estaba haciendo el amor con mis bragas por condón.  Era un poco doloroso, molesto, creo que para los dos, tener aquella prenda dentro. Pero teníamos tantas ganas... A decir verdad, tampoco fue para tanto. No sé, debieron entrar tan sólo la punta, y dos o tres dedos. Bueno, más de la mitad de la polla de un tío normal, quizás, pero eso no era nada para Pablo, en proporción. Pero sí, me han echado polvos con menos polla dentro que ese día. Lo que entró, era suficiente. Suficiente para follarme, hasta hacerme correr. 

Reconozco que me fui enseguida, como una niña primeriza. Pero, tocando las bolas de Pablo, pude notar que él también estaba al límite. Los dos lo estábamos, por eso había sido todo tan rápido, pese a lo extremo de la situación, quizás por ello. Cualquiera de los dos podía haberla detenido en cualquier momento, por pensar que no era la forma o que no era el momento... pero los dos queríamos consumar, así que nos aplicamos a ello, jiji. Sin parar de jadear, en medio de mi interminable y tan largamente esperado orgasmo, le animé "¡vamos, mi niño!" Increíble, pude sentirle más y más, entrando, entrando más, todo lo que las bragas pueden resistir, hasta que frenaron su avance. Por un momento, temí que pudieran romperse... Yo seguía tocando su polla, su pubis. Él parecía morirse de placer entre mis brazos, entre mis piernas. Sin ser capaz de entender nada, con la cabeza nublada, me fui otra vez en su polla, en mis bragas.  

Le masajeé con furia las bolas hasta que, por fin, le sentí correrse en mi interior. Pablo se me había venido. Dentro. Dentro de mi coño. Como todas sus eyaculaciones, esta también fue brutal y, naturalmente, mis braguitas no pudieron hacer nada contra su leche. Sentí que su líquido me colmaba la vagina, calentándome por dentro. No. Me temo que este preservativo improvisado ha logrado quizás contenerle, pero no ha servido para parar su semilla. Pablo me acababa de llenar de su semen. Tanto tiempo después... Me volví a correr. Sí, una vez más... mi pequeño primo me había hecho correrme con su dura pilla dentro de mi coño…

No. No. No vale. No sirve. Pablo lloraba de felicidad, encima mío. No. No. No había sido mi opción. No quería contársela. No había sido completa. No había sido, ni mucho menos... como soñaba.

- Gracias, gracias, Laura...

Mientras escuchaba, aterrada, esas palabras, volvía a tener un nuevo orgasmo con el que acompañar a la inacabable corrida de mi primo.

Desperté súbitamente bañada en sudor. Me toqué las bragas, estaban perfectamente colocadas ¿qué? ¿qué demonios? Me giré, Pablo roncaba junto a mí, exactamente como le había visto minutos antes... bello, hermoso, joven... desnudo. ¿Había sido un sueño? Joder, sí, ¡sí! ¡SÍÍÍÍ! Pensé que había sucumbido, que había caído ante él... no, no, sólo había sido un sueño. Mierda, claro... el muy cabrón, me había tenido dos horas al borde del clímax, y luego me había dejado tirada para pajearse y dormirse... ¿Micro orgasmo continuo dije? Estaba como una cerda cuándo me dormí, y no llegué a correrme. Naturalmente que soñé con sexo. Y naturalmente que la válvula de presión había sido mi primo, y que lo hicimos para relajar esa presión... Bueno. ¿Y lo de las bragas? Supuse que no habían sido más que un símbolo del cinturón de castidad que tenía con él. Bien, vale. Parece que me había corrido en sueños. Pero no podía seguir más calentorra. Y tenía al lado al tío de mis sueños con el que acababa de soñar que hacía el amor...

Ooooohhh. ¡Qué fácil fue todo! Más muerta aún de deseo que en el sueño, me abalancé sobre él, sobándole desquiciada y metiéndole mano en la polla, directamente... 

- Ven aquí, mi niño. Acércate, que tengo frío - sonreí repitiéndole aquella frase. Y él, como en el sueño, como en ese maravilloso sueño, se pegó a mí, podía sentir todo lo que soñé, cada una de las sensaciones, cuando abrí la boca y le empecé a besar... El remolino de cuerpos, las manos que no saben dónde tocar primero, la libertad total... Y pude darme cuenta cómo, con la manera de una auténtica profecía, todo se iba cumpliendo paso a paso, primero su nabo flácido cogiendo calor apretado contra mi pubis, contra el pelo de mi coño, ya que, efectivamente, tras la lucha inicial tenía las bragas flojas y medio bajadas. Pude sentir mi monte de venus desnudo, quemándose bajo el calor de su pene creciendo, empalmándose. 

Tal como yo había soñado, Pablo se volvió loco entonces, a medida que su verga se le iba poniendo dura, hasta que, inevitable, se colocó entre mis muslos, y me la empezó a clavar. Yo aceptaba todo con la resignación de una doncella condenada a muerte ritual de la que sabe que no hay escapatoria posible. Ahí él cumplió lo que debía, saltándome, empujando, buscándome. Joder, no podía ser cierto, estaba muerta de miedo. Y de placer. Y, lo que es peor, moría de deseo.

Por supuesto, abrí las piernas. Poco, pero lo justo. Los muslos casi pegados, dejándole follarme lo que podía, la cara interior de los muslos, resbalosa, lubricada, empapada de sudor, etc, etc. Y entonces, como a la hora en que se cumple un destino fatal, Pablo bajó por mi cuello, por las clavículas y los hombros, y siguió, siguió hasta mi pecho, "no, por favor, las  tetas ahora no", pienso...

- No, Pablo... no, por favor... las tetas ahora no, mi niño - le digo, mientras gimo y le deseo, y deseo que me lo haga. 

Rompiendo el maleficio, Pablo echó marcha atrás, obediente, sabiendo que mis límites eran sus límites, sus barreras, y así, sobando mis tetas y besándonos, morreándonos salvajemente, volvió a presentar su tranca entre mis muslos, que yo apreté para que pudiera follarme a gusto. El sudor y nuestra común lubricación hicieron el resto. Su polla atravesando mis muslos, golpeando sin cesar la puerta de entrada, que estaba abierta de par en par pero protegida por la tensa tela de mis bragas, se corre de nuevo sobre mí, entre los muslos, sobre mis bragas, manchándome, llevando su humedad hasta mi vulva, hasta mi almeja, hasta mi vello púbico y el interior de mi vagina. Pero su falo ha quedado fuera. Lo he conseguido, un día más mantengo intacta mi "virginidad", jiji. 

Seguimos largo rato besándonos rico, hasta que nos fuimos quedando dormidos... La versión real me dejó más tranquila, he de decirlo, pero tanto la real como la soñada fueron las dos momentos de especial intimidad, en los que le sentí tan cerca... a pesar de nuestro brutal deseo, me quedaba claro que, más que una follada salvaje de sexo por sexo (que digo alto y claro que las amo), estaba en condiciones, por raro que pudiera parecer, de hacer el amor con mi primo. 

 

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nyctidromus
(@nyctidromus)
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Uf que rico relato mami Lau, tenerte en 4 patas dándote polla mientras tú te comes un coño me pone muy burro. Que te gusta más el coño o la polla?7

scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
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laualma
(@laualma)
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@nyctidromus no te miento, me vuelven loca los coños, y hay mujeres que son capaces de hacerme perder la cabeza como nadie (Nuria y María siempre han estado entre mis favoritas y siempre he perdido el culo por ellas en verdad)

pero las pollas… ufff, si es que me gustan hasta las pequeñas y feas, cuando estoy con un tío no me aguanto sin pajearle o mamarle todo el rato, por eso muchos no aguantan estar conmigo, tengo mucho vicio y las pollas me pierden de verdad

pero oye ¿por qué elegir cuando se puede tener todo? porque a mí lo que me gusta de verdad es tenerlo todo…

qué bien que te gustó el relato, creo que es uno de los momentos más calientes de esta tercera parte, o yo al menos lo recuerdo así de cuando pasó en realidad, y he tratado de transmitir todas aquellas sensaciones, espero haber sido capaz de conseguirlo… desde luego que mientras repasaba el texto para publicarlo ahora yo misma me he puesto muy bruta y me he acabado machacando el coñito de lo lindo… no sabes lo bien que me hubiera venido tu cipote ayer ;)

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nyctidromus
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@laualma que y recuerda que la mayor fantasía de un hombre es que dos mujeres coman su polla juntas. Mi verga es tuya cuando quieras solo pídeme la mi amor.

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laualma
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@nyctidromus pufff tu verga da de sobra para que te la comamos dos, precioso

dime, de mis dos amigas a quién preferirías ¿a Nuria o a María?

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nyctidromus
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@laualma a Nuria mami me colocó duro pensando en tener dos coños para lamer, ufff 🍆🍆

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sanguine et pulvis
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laualma
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@nyctidromus joder con Nuria, siempre la preferís a ella!!! jijiji la historia de mi vida, la de tíos que me habrá quitado esa zorra!

pero ojo con Mer, eh, todavía queda historia y te aseguro que ella sabe dar mucha guerra, aunque no sea tan espectacular ni perfectita como Nuria

 

mmmm alucinarías si pudieras comerle el coño a Nuria, lo tiene tan... especial

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nyctidromus
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@laualma mami siempre serás mi primer coño, pero como puede un hombre elegir? Soy egoísta y goloso pero el tuyo saladito y rico 

 

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laualma
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@nyctidromus te aseguro que cuando cualquier hombre tiene delante a Nuria, todos eligen sin el menor problema... la muy zorra

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nyctidromus
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@laualma mami me basto con vuestros coños🔥🔥🍆🍆 mami pero puedo oler el tuyo a la distancia

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laualma
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@nyctidromus lo cierto es que suelo desprender mucho olor, y muy intenso... no te creas, que eso me ha dado problemas alguna vez

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nyctidromus
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@laualma olorocita que rico, y entre Nuria y Mer quiere come mejor tu rajita?

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laualma
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@nyctidromus comiendo coñitos diría que es mejor María, ella siempre ha sido muy bollerita, aunque igual es que siempre le ha gustado especialmente comérmelo a mí, porque tengo amigas que dicen que no les parece tan buena

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nyctidromus
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@laualma ufff mami tus amigas son igual de viciosillas que tu?

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laualma
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@nyctidromus jijiji pensaba que eso ya había quedado claro en mis relatos…

a ver, Nur ha sido durante muchos años la más adelantada de las tres con diferencia, y aunque ahora sigue zorreando muchísimo, me temo que la guarra suprema del grupo soy yo desde hace ya tiempo (y yo feliz con eso)

Meri ha sido siempre súper activa sexualmente, y lo vive todo de una manera extremadamente abierta, y a su manera quizás la más abierta de las tres… luego es cierto que va por rachas, y alterna fases más tranquis con otras de extraordinaria promoscuidad

 

no sé si he conseguido contestar a tu pregunta…

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@laualma si mamacita que bien que seas la más zorrilla de las tres quisiera tenerte en este momento comiéndome el rabo

scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
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laualma
(@laualma)
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@nyctidromus mmmm con el rabo que tienes bien podrías tenernos a las tres ;)

...dicen de mí que tengo buen sabor
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nyctidromus
(@nyctidromus)
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@laualma uff que rico tres boquitas en mi polla

scripsit nyctidromus

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laualma
(@laualma)
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@nyctidromus ibas a flipar sintiendo lo rico que maman esas putitas

...dicen de mí que tengo buen sabor
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nyctidromus
(@nyctidromus)
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@laualma puedo sentir sus lengua de zorrilla en mi polla y huevos mami, mi cipote violando tu boca cosita rica

scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
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