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La Libertad III_27: día 11_póker

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 11 - 25.07.2012 - póker

 

 

Casi dos horas mas tarde, cuando ya la luz de la tarde empezaba a dar signos de dejar atrás los momentos más implacables de aquel calurosísimo día de julio, yo abría por fin la cortina y el ventanal del dormitorio de mis padres en el que acababa de acostarme con mis dos mejores amigas, y salía de nuevo al jardín. Mi primo dormitaba en la tumbona que una completamente desnuda Nuria había ocupado horas antes para ser masajeada por él.

 

El pobre crío… debía haber caído rendido nada más correrse, abandonado por nosotras tres pero al mismo tiempo incapaz físicamente de dar más, al menos en aquel momento. A cualquiera de nosotras nos estaba costando a horrores seguir aquel ritmo demencial de sexo y deseo que nos llevaba desde hacía casi dos semanas en una alocada carrera por la montaña rusa del placer. Y mi primo, igual que yo, casi no había pegado ojo aquella noche en la que no habíamos parado de jugar él y yo a cosas demasiado prohibidas para unos primos. La verdad que bastante estaba aguantando el pobre… Aproveché que le había encontrado inesperadamente fuera de combate para deleitarme observando su joven cuerpo por un momento. Había caído tal cual le dejamos: vestido solamente con su camiseta negra sucia de semen seco, aquella que le quedaba tan bien y le daba tanto morbo, desgastada y con sus manguitas, cuello y parte inferior recortadas. Más allá de la camiseta, nada, claro: allí seguía enseñando los bajos, que por lo menos en aquel momento parecían de un tamaño medio normal, al encontrarse plenamente en reposo, como pocas veces lo habían estado desde que llegamos a aquella casa. En resumen, que estaba como un puto queso. Que después de dos hora follando con mis amigas como tres auténticas desesperadas, verle así me volvía a poner caliente. Joder. Que el puto crío estaba de toma pan y moja, y yo estaba mojando otra vez, ¡y me estaban dando ganas de comerle ese rabo a ver cuánto más le duraba así de blando!

 

Me acerqué hacia él, desechando por el camino aquellas absurdas ideas y recuperando, por el contrario, mis braguitas maltrechas que él había dejado tiradas junto a su tumbona al tirarse a dormir. Pese al deplorable estado de la prenda, me las puse sin pensar. 

 

- Pablo… - le llamé con suavidad, sin poder resistirme a acariciar su vientre al aire, con restos resecos de su esperma sobre su polla desnuda y encogidísima. La tenía tan pequeña que no parecía él.

 

Antes de que mi primo consiguiera espabilarse del todo, escuché a mis amigas salir de la habitación detrás de mí. Ellas seguían desnudas también, como yo. Solo que a diferencia de mí, ellas no tenían ningunas braguitas en el jardín que pudieran recuperar ahora, por la sencilla razón de que antes de aquello habían estado allí tan desnudas como lo seguían estando en aquel momento. Ninguna nos hemos duchado, eso sí. Olíamos muy fuerte, a sudor sucio y sexo espeso fosilizados, pero nos encontrábamos ya en ese estado en el que las pulsiones corporales habían terminado por hacerse con el mando de forma definitiva, así que mucho me temía que ninguna de nosotras deseaba borrar de su piel la huella de aquellos deseos tan primarios que nos guiaban.

- Prima… joder… creo que me he quedado dormido – graznó Pablito poniendo la mano entre su cara y nuestros cuerpos desnudos (o casi, en mi caso), como si aquella visión le deslumbrara como un sol violento.

- Ya veo, primo, es evidente – le contesté, un poco seca pero sonriente.

- Sí, claro… ¿Y… vosotras? – siguió él.

- ¿Nosotras qué? ¿Qué si hemos dormido?

- ¡JA JA JA JA! – mis amigas rieron estrepitosamente ante su comentario.

- No, Pablo… Me temo mucho que nosotras no hemos dormido nada, precisamente… ¡jijiji! – me sumé a las risas de ellas, mientras mi pequeño primo nos miraba con gesto todavía confuso.

- Mira… necesito espabilarme. Voy un momento al baño, ¿vale? – cortó la conversación sin más, evidentemente molesto.

- Guay, pues mientras nosotras preparamos unas cocacolas fresquitas, que nos van a venir bien para espabilarnos a todos.

Al final tardamos menos nosotras en prepararlo todo y llevarlo al porche que él en hacerse la paja, o lo que quiera que estuviera haciendo en el baño. Cuando volvió, le esperábamos tal cual sentadas a la mesa, disfrutando de nuestras cocacolas con limoncito y mucho hielo. Ellas seguían completamente desnudas, pero yo había recuperado hasta mi camiseta, además de las bragas, así que estoy casi igual que cuando salí de la siesta, solo que increíblemente más sucia. Pablo reapareció tal cual se había ido, en cambio, muy guarro también, como nosotras, además con su camiseta cada vez más cochambrosa (una nueva mancha de humedad blanquecina esparcida con desgana dejaba bastante claro que su visita al baño, efectivamente, había vuelto a acabar en paja… ¿acaso se estaba preparando para reunirse con nosotras sin acabar empalmado a los dos segundos?) Su rabo y huevos colgones y encogidos remataban la jugada bamboleando bajo su maltrecha prenda según avanzaba hacia nosotras.

 

La radiante sonrisa de seguridad y autoconfianza que traía mientras se acercaba a nosotros, como si fuera todo un machito que se acercara a las hembras escogidas como un auténtico gigoló, se le congeló de repente en la cara cuando se sentó junto a mí y descubrió junto a su vaso una botella de ron que yo había puesto encima de la mesa. La había comprado aquella mañana en el centro comercial, mientras Nurita se follaba al del videoclub porque, como les dije a ellas al abrirla, llevábamos demasiados días necesitando un copazo. Naturalmente, aquella tarde nos los servimos bien cargados las tres, y ya nos lo habíamos bebido casi entero cuando él llegó. Total, que al ver allí la botella abierta y empezada, su cara cambió de color y me preguntó perplejo y rojo como un tomate si su cocacola tenía ron.

 

- Jajaja ¿qué pasa primito? ¿también quieres probar el alcohol ahora? ¿No te basta con ir probándole el coño a las chicas mayores? Jajaja… a tu edad, te diré que eso es mucho más raro… ¡y mucho más excitante! – se metió Nurita con él.

- Joder, Nur, no te pases con el crío -  le dijo María, pese a lo cual le acompañó en sus risas. Estaba claro que ambas le estaban picando cariñosamente, sin ninguna mala intención (más bien al contrario), y él de hecho lo entendió así también, así que parecía un poco más sereno y confiado cuando le dije que podía estar tranquilo, porque a su vaso no le habíamos echado ro.

- Bueno, prima, que tampoco pasaría nada por…

- A ver, Pablo, que una cosa es que me hagas dedos y otra muy distinta que te metas un copazo… ¡que le he prometido a tu madre que te iba a cuidar!

- ¡Jajajaja! – volvió a resonar la carcajada de Nuria – Además, primo, debes saber que ¡demasiado alcohol puede ser malo hasta para un pollón como el tuyo!

- ¡¡Jejejeje!! – acompañó María a Nuria en sus risas – aunque para bajar una polla como la de Pablo iban a hacer falta muchas copas ¿no?

- Joder, tías, no os paséis, que es demasiado pequeño para…

- ¡Eh, eh, para, prima! ¡Que tampoco soy tan pequeño! – protestó Pablo; hablar de su edad era siempre su talón de Aquiles.

- Bueno, Pablo, para beber desde luego que sí… - insistí, sin darme cuenta de que me estaba metiendo yo solita en un lío.

- Lo mismo me decías cuando te quería follar… - no me esperaba aquel hábil ataque por su parte.

- ¡Oye! – quise quejarme…

- ¡…hasta junto antes de metértela! – me remató.

- ¡JAJAJAJA! ¡Te la ha clavado bien, Laurita! – Nuria se partía de risa.

- ¡Pero hasta el fondo, preciosa! ¡JEJEJEJE! – María no parecía esta vez mucho más sensata que la siempre insensata Nuria. A diferencia del momento que habíamos vivido antes, después de la siesta, en esta situación de ahora, más distendida, el desnudo integral de mis amigas había dejado de resultar extraño o molesto al lado de nuestra a duras penas semi decente vestimenta. Fuera de la sorpresa inicial con el ron, mi primo estaba relajado y disfrutando, y lo cierto es que yo también lo estaba. Lo que pasa es que tampoco sé si sencillamente habíamos terminado por normalizar aquella locura, o es que realmente nuestros cuatro cuerpos se estaban empezando a calentar por fin a un tiempo, comenzando a resonar en un mismo acorde compartido por primera vez desde que estábamos juntos.

- Joder, Laura, que por un poco que me dejes probar no va a pasar nada… - la voz de mi primo se volvió melosa y juguetona de repente. Ya no exigía, simplemente me estaba tentando, buscándome las cosquillas con ellas. Y él sabía como pocos lo fácil que soy yo para encontrarme las cosquillas.

- Venga, Lau… ¡solo la puntita! ¡JA JA JA! – la risotada de Nuria atronó el jardín entero.

- ¡¡¡PFFFFFFFFF!!! ¡JE JE JE! – la pobre María estalló en una carcajada al escuchar a Nur que directamente le hizo escupir  a presión desde sus morros el trago de roncola que se acababa de meter en la boca. Tanto Pablo como yo acabamos riéndonos también, mientras él se trataba de limpiar la lluvia de baba y cola mezclada que mi amiga le acababa de echar involuntariamente en la cara.

- Si al final me lo va a terminar metiendo María directamente en la boca, prima… - siguió él con su voz más zalamera mientras se llevaba a los labios los restos húmedos de aquel rociado que ella le había escupido encima.

- Joder, mira, no puedo con vosotros – dije mirando a mis amigas sin poder evitar sonreírlas de una manera que iba ya mucho más allá de la mera risa ante la salida de Nur que, francamente, había tenido su gracia. Demasiado desnudas, demasiado bellas, me dije. No solo para mi primo, también para mí que, para ser sincera, estaba ya algo atontada al haberme bebido casi sin respirar una copa y media de roncola considerablemente cargadas. Estaba achispada, y estaba caliente. Y, lo que es peor, quería más. Mucho más… - Mira, Pablo, qué quieres que te diga… si casi me parece raro que no lo hayas probado ya. Pero solo probar, ¿vale? Quiero decir, solo una copa – Pablito me sonreía, podría decir que con una expresión de perfecta incredulidad – y te la ponemos nosotras, ¿eh? Que no quiero que acabes borrachito así por…

 

Antes de que pudiera reaccionar, Nuria ya había aferrado la botella y estaba vaciando un buen chorro en la cocacola de mi primo. María alucinaba al ver aquello, y reía. No conseguía entender cómo acababa de autorizar aquello…

 

- Muchas gracias, Nuria… -  le dijo él, entre divertido y expresamente muerto de ganas por ella, porque se la estaba comiendo literalmente con los ojos. No sé si es algo que tuvo que ver con lo de la copa, o si acaso hubiera pasado de todas maneras, pero llegados a aquel momento ninguna de las dos hacía nada por disimular su desnudez o tratar de mantener una mínima discreción: muy al contrario, estaban empezando a exhibirse con descaro ante mi primo, abriendo sus cuerpos y dándolo todo para que él tuviera las vistas más perfectas y excitantes de las partes más prohibidas de sus deliciosas anatomías, con una falta de pudor como de putas en celo que me dejó claro que no era yo la única que estaba entrando peligrosamente en el terreno de la euforia etílica y del deseo sexual. 

- De nada, guapo… – dijo ella, en un tono innecesariamente insinuante mientras le ponía la copa directamente en las manos de él - ¿no la pruebas?

 

Después de su insistencia, y ante la firme mirada de la muy desnuda Nurita, a mi primito no le quedó otra que llevarse la copa a los labios. Me quedé tan pasmada al ver que su otra mano se había quedado sobre la mesa enganchada a la de Nur, ahí los dos haciendo manitas, que fui incapaz de reaccionar cuando Pablo se metió un trago que supuso que su copa se bajara de golpe hasta medio vaso. La cara que puso fue, pues bueno, la de un crío que no ha probado jamás el alcohol de verdad, cuando lo prueba por primera vez. Nuria se había pasado tres pueblos echándole ron, así que si algo estaba claro es que se acababa de meter un lingotazo bien cargadito. Vamos, lo suficiente como para que yo me pensara que lo iba a escupir directamente y, sin embargo, mi primo me volvió a sorprender, como tantas veces antes, tragando finalmente aquello y tratando de impostar una voz tranquila y satisfecha cuando dijo que le encantaba aquello, antes de darle otro sorbo, esta vez más moderado por lo menos.

 

- Tooj… ¡toj! – tosió Pablo, sin poder contenerse – pues está buena la cosa esta… ¡tooj!

- ¡Ey, ey! No tan rápido, guapo… que no queremos que te nos vayas a venir abajo ahora con el alcohol – le dijo Nur, mirándole con descaro el paquete a medio gas dentro de sus slips, y sin dejar de hacer manitas con él.

- Sí, sí… tranquila, ya sé… es que… bueno, que las preparas tan ricas, Nuria… - era hasta enternecedor que mi primo no solo se estuviera haciendo el machito para disimular que el ron le estaba resultando tan intragable como a cualquier chiquillo que lo prueba por primera vez, sino que todavía tenía ganas de venirse arriba para ligar con Nur. ¿O es que él también había entrado de golpe en el terreno de la euforia etílica?

- Bueno, bueno – corté yo – ya nos vale el baboseo, ¿no?

- ¿Pero qué dices, tía? – me dijo Nurita molesta, pese a lo cual retiró con gesto nervioso su mano de encima de la mesa.

- Bueno, entonces, ahora que ya todos tenemos copa… ¿qué hacemos? – interrumpió mi primo con total inconsciencia nuestro amago de inicio de cabreo.

- Podíamos jugar a algo, ¿no? Así con las copas como que apetece – dijo María jugueteando con su coñito abierto como si nada. Se veía que tenía ganas de travesuras, igual que Nur.

- ¡Vale! ¿Seguimos con las cartas? – dijo Pablo, mientras yo le daba un discreto manotazo a María para que parase un poco antes de acabar con los dedos metidos dentro del potorro. Seguíamos oliendo a sudor oxidado y flujos viejos las tres. Bueno, tampoco el cuerpo de Pablito olía precisamente a niño… pero es que allí empezaba a oler de nuevo a coño mojado, y me daba cuenta de que, pese a ser como siempre el más fuerte y evidente, mi olor no estaba siendo el único que se estaba desplegando en aquel momento.

- No, joder, pero otra vez el juego de ayer no, que es un rollo… - protestó Nuria.

- Ya, pero eso lo dices porque siempre perdéis contra nosotros… ¡jijiji! – tenía ganas de picarla, no podía evitarlo.

- ¡Pues si queréis jugar otra vez tenemos que cambiar de parejas! – Mi amiga parecía haber visto la luz ¿estaba yendo a saco ya a por Pablo?

- ¡Eso, eso! – mierda, María se le unía… como mi primo dijera también que sí, estaba jodida.

- Yo creo q… - empecé a hablar sin saber muy bien lo que quería decir.

- Es que no decía ese juego, - me cortó Pablo – ni decía volver a jugar por parejas tampoco… - continuó – en realidad, con esto de las copas pues, ¿nos pega más el póker, no? – era increíble, porque diciendo aquello tenía, sin embargo, una cara de felicidad tal que parecía un niño el día de Reyes Magos, y no un semi adolescente salido hablando a tres mujeres desnudas.

- Joder – solté yo.

- ¡Pues sí! – dijo Nuria radiante – ¡me parece una idea genial!

- A mí también me lo parece… - corroboró María – ¿aunque igual eres un poco pequeño para jugar al póker?

- Bueno, no tenemos que apostar dinero precisamente…

- ¡Jijijiji! – me reí yo esta vez - pero tendrá que ser algo así, ¿no? Porque desde luego, lo que es jugar un strip-póker – me carcajeé, esta vez junto con ellas, mientras las miraba reír en su espléndida desnudez.

- Bueno, o podemos jugar con poco dinero, como hacemos cuando jugamos con nuestras madres y las tías… - cambió de opinión Pablo súbitamente. Aquella mención a nuestras madres me puso un poco incómoda, aunque era cierto que jugábamos mucho a las cartas en familia, y que incluso en alguna ocasión habíamos montado medio en broma una especie de timbas de póker en las que nos apostábamos como mucho cinco euros por cabeza, por el mero hecho de hacerlo un poco más divertido.

- Chicas, si estáis pensando que lo vais a tener fácil con mi primo, tenéis que saber que siempre ha sido un viciado de las cartas, y que, como dice él, es verdad que alguna vez hemos jugado al póker con mi familia, y al cabroncete de Pablo no se le da nada mal…

- ¿Pero lo hacéis sin apostar nada? Porque entonces el póker es bastante aburrido, la verdad – preguntó Meri.

- Ya, yo prefiero apostar algo… - le apoyó Nurita.

- Bueno, lo hacemos normalmente con fichas de esas como de casino, cada persona pone tres, cuatro, cinco euros y se le dan a cambio un montón de fichas. Así parece que tienes muchísimo para apostar, pero cuando al final se hacen las cuentas pues te da para un café como mucho, jijiji.

- Podemos empezar así, - propuso Pablo – y luego si se nos ocurren otras apuestas pues…

- ¿Qué vas a pedir, Pablito? ¿Qué se quite las bragas tu prima…? – la traviesa frase de María vino acompañada de su mano metiéndose entre el costado de mi muslo derecho y el cordón de mi tanga, tirándome con determinación para tratar de bajarlo.

- Anda, tía, deja… que así estoy bien de momento – le dije mientras me levantaba; su movimiento me había dejado el tanga a medio bajar, así que estaba con el coño casi al aire, aunque no me molesté en taparme – voy a por la baraja y a por las fichas para las apuestas. Todo el mundo tiene que poner cinco euros encima de la mesa para poder jugar… ¡ah! Y ponedme otra copa, porfi… ¡que se me ha evaporado con este calor, jijiji! – les dije mientras me iba de allí contoneando mi culo al aire, intentando no tropezar mientras el efecto del ron se manifestaba intensamente en mi ánimo exageradamente optimista.

- Prima… ¿me puedes poner mis cinco euros? -  escuché que me pedía Pablo con voz avergonzada, entre las risas de ellas.

 

Cuando reaparecí, además de las baraja, las fichas para las apuestas y el dinero para Pablo y para mí, llevaba entre mis manos otra botella de ron, ya que aquella mañana en el supermercado había pensado que solamente una podía ser insuficiente para el tiempo que nos quedaba por pasar en aquella casa. Ellos estaban sentándose a la mesa después de haber organizado todo. Sobre el tablero, además de los diez euros de María y Nuria, estaban los cuatro vasos rebosantes de hielo, limón, cocacola, y supuse que ron nuevamente para todos. Preferí no indagar si ellas habían vuelto a cargarle la copa a Pablo como antes porque, en realidad, de lo único que tenía ganas era de empezar cuanto antes la partida.

 

Lo cierto es que la cosa empezó a resultar muy animada para todos desde el primer instante, seguramente en gran medida por los efectos del alcohol, pero sobre todo por aquella tensión sexual que no hacía más que incrementarse y acumularse en cantidades ingentes, en aquel ambiente de confianza y libertad que habíamos sido capaces de construir aquella tarde. Yo estaba sentada entre Nuria y Pablo, cosa que había hecho de forma intencionada para evitar contactos directos entre ambos, dado que parecían llevar ya un largo rato buscándose. Pronto me di cuenta de que, en realidad, ningún lugar era bueno para tratar de evitar nada, porque de hecho estar en medio de aquella corriente de deseo no podía traerme nada bueno a mí, que precisamente estaba que perdía el coño por aquellos dos cuerpos. Además, con María enfrente de mí, así tan desnuda, pues no pude evitar caer en un tonto juego de pies con ella… diría que sí fui yo la primera que hundió los largos dedos de mi pie derecho en su coño abierto, pero ella no tardó en apartarme hábilmente la inútil barrera de mi tanguita para tratar de bucearme dentro también. Mi sexo estaba, por tanto, ya casi tan expuesto como el de ellas, y el cariñoso juego de María sobre mi vulva me estaba poniendo a mil. Pablo y Nuria, pese a su separación, se lanzaban continuas indirectas y mi amiga jugaba obscenamente con sus atributos sexuales para provocarle una y otra vez. La partida, pese a todo, se alargaba y parecía poder durar indefinidamente porque todos estábamos disfrutando de aquel estado de calentura pero sin llegar a hacer ningún movimiento extraño. De hecho, yo misma había dejado de jugar con mis pies en el coño de María al notar que de su concha empezaban a escurrir líquidos que amenazaban con empaparme. Al sentir mi retirada, ella paró también con mi sexo (por aquella vez algo más seco que el de ella, quizás porque su desnudez absoluta le facilitaba más su excitación), si bien se mantuvo con las piernas subidas a la silla para poder tener el coño bien abierto y visible una vez que yo había cesado mi ataque sobre él.

 

Todo parecía ir bien, pese a todo, por mucho que fluyera exasperantemente lento para mis ganas, y que pareciera que lo hiciera sin rumbo, como viajando a ninguna parte. Mi primito estaba empalmado como un mono, pero pese a todo parecía extrañamente capaz de controlar la situación, aunque sus continuos magreos sobre la tienda de campaña de su calzoncillo para tratar de recolocar su brutal erección a mí me estaban poniendo absolutamente a mil, pese a que ellas no aparentaban encontrar nada extraño en aquellos explícitos gestos. Valoré quitarme la camiseta, total estaba empitonadísima e iba a ser casi tan bestia ver mis pezones directamente como lo era estar viéndolos ya clavados en la tela taladrada. Valoré incluso desnudarme completa, total, tenía las braguitas retorcidas y descolocadas y llevaba los labios directamente por fuera. Pero no hice nada, pese a estar muerta de calor, solo bebía y sudaba, hasta que empecé yo también intentar ataques sobre mi primo, ataques que, por fuerza, debían de ser más bestias que los que estaba intentando Nurita. Lo malo era que yo hacía ya rato que había dejado de pensar con claridad. Porque, en realidad, ni siquiera los juegos entre Pablo y Nuria eran para tanto. En honor a la verdad, ninguno menos yo estaba intentando nada raro, por mucho que entre ellos tres fluyera el erotismo a mares… Yo, en cambio, me encontraba cada vez más aislada en mi propia ansiedad, a pesar de  que nadie parecía darse  cuenta de lo mal que estaba, afortunadamente.

 

Como se estaba haciendo tarde, les dije que iba a calentar algo de cenar, y que podíamos comer mientras terminábamos de jugar. Con aquel calor y aquellos nervios, sentía que había bebido demasiado y empezaba a estar hasta mareada. No me hicieron mucho caso cuando me levanté y avancé con cuidado hacia la cocina, tratando de no hacer demasiadas eses. Por supuesto, ninguno de los tres se molestó en venir a ayudarme, y prefirieron en cambio seguir en el porche riendo animadamente juntos. Al entrar en la casa no lo dudé, y aproveché para quitarme la camiseta del tirón. Estaba bañada en sudor, y sentía que me ahogaba. Me eché agua en la cara y en el cuerpo. Notaba mis penetrantes olores pegados a mi piel salada y harinosa. Me bajé las bragas y empecé a pajearme, pero al final me arrepentí porque me parecía súper triste tener que aliviarme allí sola, por mucho que sintiera que es que ya no podía más. Me recoloqué el tanga sin parar mucho cuidado en que realmente me consiguiera tapar algo del cuerpo, y preparé la comida sin lavarme las manos ni importarme que mis flujos sexuales se estuvieran mezclando con la comida que iba a sacar al jardín. Y así, para nada más relajada, volví fuera con la comida, vestida tan solo con mis bragas ya que, a pesar de que era lo que realmente me apetecía, no me atreví a desnudarme como ellas por no hacerlo tan evidente.

 

Continuamos jugando mientras picoteábamos los restos de comida que yo había calentado. Mis amigas estaban muy picadas con mi primo porque, contra lo que ellas habían esperado, iba ganando, aunque yo pronto conseguí alcanzarle. No sé en qué momento, alguien decidió tomar sangría con la cena, ni cuándo aparecieron aquellas cuatro nuevas copas al terminar la comida. Demasiado tarde comprobé que se me ha subido bastante el alcohol, y precisamente yo, que conocía de sobra lo bien que se le daban a Pablo los juegos de cartas, me envalentoné y le reté, diciéndole que no iba a ganar ni d

 

 

e coña. Seguramente a mi primito tampoco le hubiera hecho falta el evidente puntillo que llevaba con lo de las copas y la sangría para coger al vuelo mi reto y devolvérmelo multiplicado, pero ya os puedo asegurar que en mi caso fue el alcohol y el calor lo que me hizo perder la cabeza hasta tensar la situación hasta sacarle una apuesta. Mis amigas me miraban expectantes cuando mi proposición cayó como un mazazo sobre la mesa:

 

- Mira primito, la verdad es que me tienes hasta el coño con tu chulería – le dije yo con una dureza injustificada – sabes de sobra que soy mejor que tú y que te he terminado ganando siempre que jugamos, así que hoy, por ponerte tan gallito, te voy a pegar la mayor paliza de tu vida…

- ¿Ah, sí? ¿Estás segura, prima? – me dijo él con los ojos brillantes y una sonrisa deliciosa en sus labios, mientras miraba sus cartas y se recolocaba aparatosamente la tranca tiesa dentro del calzoncillo. Lo que terminó de matarme fue ver cómo, después de aquello, se giraba hacia Nuria y le guiñaba el ojo, siempre con la mano agarrándose con fuerza aquella palanca de marchas que se le movía entre las piernas. No me hizo falta ni pillar a mi amiga por el rabillo del ojo echándole un beso al aire a mi primo para decirle a él:

- Y tan segura… tanto que por mí podemos dejar este juego de niños de los cinco euros de apuestas, que no estamos jugando con las tías…

- ¿Y qué me propones? – su polla pegó un bote dentro de su slip cuando me escuchó aquello; sin duda se estaba imaginando que yo quería llevar las cosas mucho más allá de lo que realmente estaba pensando. Sopesé su verga: si no se la estuviera cogiendo con la mano, hacía rato que se le habría salido del calzoncillo ya.

- Seguro que no lo que te gustaría… – le guiñé el ojo yo a él esta vez, pero sin darle tiempo ni a alegrarse – verás, había pensado que llevas casi dos semanas aquí a cuerpo de rey, mientras nosotras te cocinamos y te hacemos de todo, y tú ahí de vacaciones sin hacer siquiera los deberes y las cosas que me dijo tu madre…

- Oye, no te pases…

- No me paso, primo… pero esto es lo que te propongo: si al final te gano, que te voy a ganar, tú vas a ser mi esclavo durante los días que nos quedan, y tendrás que hacer todo lo que yo te diga.

- Pero todo… ¿todo? – preguntó alarmada Nuria.

- A ver Nur, que es una apuesta con mi primo… todo me refiero a las cosas de la casa, limpiar, recoger, cocinar y todo eso, tendrás que obedecerme en todo lo que te pida de esas cosas…

- Jejeje creo que prefería otro tipo de “todo”, prima… - rió mi primito; evidentemente, el pobre crío había bebido más de la cuenta.

- No te pases, ¿vale? Que yo voy en serio, y quiero saber si aceptas y si te vas a comprometer a obedecerme si al final te gano; ellas dos están de testigos… - intenté presionarle.

- Espera, espera, morena… - saltó Nuria – joder, que eso está muy bien pero, ¿por qué no estás contando con nosotras también? ¿No, Meri?

- Eso, tía… - rió ella –que yo también quiero tener un esclavo personal ¡jejeje!

- Bueno, vale, - contesté con perfecta inocencia – pues hacemos así entonces, si cualquiera de nosotras gana mi primo será nuestro esclavo, de las tres a la vez, cualquiera de nosotras podrá darle órdenes… ¡pero solo para que se ocupe de todas las tareas de la casa! – añadí, apresurada, tratando de zanjar cualquier posible salida de tono antes de que surgiera.

- Ya, pero ¿y él? – preguntó Meri.

- Eso, qué pasaría si gana él… - añadió Nur; me pareció percibir un leve deje de esperanza en su voz.

- Bueno, es que no me va a ganar, pero vale: ¿aceptas, primo? Y, si aceptas… ¿qué quieres tú a cambio si al final ganaras?

- Claro que acepto, primita… -  me dijo él con gesto malévolo. Aquella seguridad en sí mismo me asustó, pero no tanto como la rapidez que tuvo para hacer su propuesta: - y ¿sabéis lo que va a pasar si gano yo? Pues… que podré dormir con una de vosotras tres… con la que yo elija.

 

Nuria y María se quedaron súbitamente mudas, al descubrirse como moneda de cambio en lo que parecía ser una mera transacción personal entre mi primo y yo. Porque, naturalmente, y pese a que él iba ganando la partida, creo que nunca había conseguido ganarme antes jugando a las cartas. En cualquier caso, y nuevamente pese a su edad, Pablo era desde siempre tremendamente competitivo, al igual que yo, así que no me cabía la menor duda de que, en el hipotético y poco probable caso de que yo no terminara por hacerme con la victoria definitiva, la única personas con alternativas para arrebatármela iba a ser él. Lo cual significaba que, o bien le iba a tener a mi merced los próximos días, con todo el juego que aquello podría darme, o que mi primo iba a acostarse conmigo, pero aquella vez con todo el derecho del mundo a meterme en su cama como su pareja obligada. Y, en una situación así, estaba claro ya que era imposible que yo me siguiera negando a permitirle entrar en mí. Si Pablo ganaba aquella misma noche me iba a volver a follar… porque daba por descontado, claro está, que mi primo me elegiría a mí para acostarse con él, desesperado como estaba por volver a metérmela después de un año de sequía impuesta. Y, si os tengo que ser sincera, nada me podía apetecer más en aquel momento que ser poseída casi a la fuerza por aquel niño que parecía un hombre, con sus ganas, su tremenda polla dura abultando su paquete en su calzoncillo, su camiseta vieja, sucia y recortada delineando y remarcando su cuerpo fibroso y bello… joder ¿cómo podía ser tan varonil y tan atractivo ya a su edad?

 

Por supuesto que, pese a la cara de asombro e indignación de mis amigas, yo me apresuré a aceptar por las tres sin molestarme en consultarlas, fantaseando con dejarle incluso que ganara cuanto antes, muerta de ganas de que me eligiera y me llevara a follar a su cama. Nuria y Mer empezaron a protestar, aunque he de decir que lo hicieron de una manera bastante tibia, casi como si solo quisieran dar la apariencia de que se oponían a aquella insensatez que acababa de proponer Pablo, porque evidentemente era lo único que podían hacer tres mujeres maduras como nosotras si bien, al igual que yo, se morían de ganas de darle todos los placeres que él pudiera reclamar a sus cuerpos. Como es natural, en seguida pensé también que su leve amago de oposición podía deberse también a los simples celos que debían tener ya ante una apuesta y una proposición de mi primo que, en el caso de que el niño se llevara el gato al agua, solo me iba a beneficiar a mí. Y es que, en realidad, venciera quien venciera yo era la única que iba a salir ganado de igual modo.

 

Así pues, y para evitar que mis amigas me amargaran tan prometedoras expectativas, me apresuré a explicarles a todos por qué había aceptado aquella barbaridad que acababa de decir Pablo, antes de que ellas pudieran decir ni mu. Mi justificación de que tenerle de esclavo domestico varios días era algo muy excesivo, y que en contrapartida yo debía darle también algo especial de premio si ganaba, solo pareció satisfacer a mi sonriente primo, que se puso a aplaudir como un loco, ya que parecía más bien que mis palabras estaban intentando justificar por anticipado lo que prometía ser mi segura entrega y sumisión posterior... Mer y Nur seguían demasiado dubitativas, tratando sin duda de abrir una vía de agua en el plan de Pablo para follarme que pudiera ayudarles a desviar el agua hacia sus respectivos molinos, pero ya era tarde, ante mi contundencia y la efusividad de Pablo ya no les quedaba otra que aceptar.

 

A partir de ahí entré en una loca espiral de excitación. Las ganas de follarme a mi primo empezaron a quemarme de una manera tal que me sentía sudando y ardiendo, con el coño echando humo y la boca pastosa por el alcohol y los nervios. Habíamos establecido las normas de la partida y su duración, y lo malo es que aquello iba todavía para rato, pero yo me estaba poniendo fatal de ver no solo el enorme paquete disparado de mi primo, sino también las tetas y, sobre todo, los coños abiertos y mojados de mis amigas, que no dejaban de tocarse a cada rato como si nada. Allí estábamos cachondos los cuatro, pero es verdad que seguramente yo estaba bebiendo más que nadie, porque junto con Pablo me jugaba más que nadie… o no, quizás era todo lo contrario, pero qué más me daba, la cabeza me daba vueltas y mi coño rugía en la cara de ellos, hasta que en medio de la partida, cuando ya no podía más, acabé proponiendo medio pedo hacer un alto con apuesta independiente. Mi loca propuesta era jugar tres manos eliminatorias fuera de la partida, apostándonos de una que quien no consiguiera ganar ninguna de esas manos se tendría que pajear delante de los otros. No podría explicar cómo fui capaz de convencerles de aquella estupidez, porque al proponerla las primeras reacciones fueron gritos de protesta y fastidio. A ver, era evidente que yo estaba yendo directa a por Nuria, porque María es mala a las cartas, pero al menos se defendía, mientras que Nur llevaba dándose una leche tras otra en lo que llevábamos de partida. Mi deseo era poner todavía más perro a mi primo poniéndole en bandeja una corrida de su deseada Nuria, para tenerle bien caliente y a punto cuando le dejara ganar para que me llevara a la cama. A una mala claro estaba, tampoco era mala opción que se pegara ese calentón con María, claro… y, si en el pero de los casos perdía él, cosa que me extrañaría porque estaba absolutamente en racha, estaba dispuesta a ofrecerle mis tetas y mi cara para que me regara delante de ellas mientras yo me pajeaba con él. ¡¡Diosssss, qué ganas de follar teníaaaaa!!

 

Estaba claro que era todo una locura, y a pesar de todo ellas aceptaron, arrastrando a Pablo en su contestación afirmativa. Aunque ahí vino el primer aviso:

 

         - ¿Pero estás segura, prima? Mira que vas ya un poco pedo…

 

¿Sería posible el niñato? Bueno, ya sabéis cómo es esto, cómo es ese estado inicial de la embriaguez en el que te empeñas en negar la evidencia. Y, lo peor de todo es que a quien más te lo niegas es a ti misma… Reaccioné mal a su comentario, tomándomelo como un reto directo, sin darme cuenta de que los tres me miraban con cierto pudor y condescendencia, dando por hecho que estaba totalmente fuera de mí. Y creo que, precisamente por ello, mis amigas se habían querido tomar una revancha anticipada dejándome caer en aquel momento.

 

Porque caí, claro. No daba crédito, pero después de mi mala reacción envalentonándome y viniéndome arriba cuando Pablo me retó diciendo que yo iba pedo, me llevé de golpe la primera en la frente cuando él ganó la primera mano con una facilidad arrolladora. Aquella fue la primera advertencia, claro, y la desoí como las demás. Mi primo estaba en racha, ya lo he dicho, y ni mi proverbial buena suerte, ni mi carácter competitivo ni mi habilidad con las cartas y los juegos de azar en general parecían dispuestos a acompañarme aquella noche en que me había dejado arrastras insensatamente por las brumas etílicas. En mi defensa diré que seguramente creí que necesitaba aquella pequeña ayuda adicional para dar el paso que creía que estaba destinada a dar, por fin, cuando termináramos aquel estúpido juego. Y, sin embargo, lo que no me daba cuenta es de que estaba perdiendo unas facultades imprescindibles para manejar aquella tormenta perfecta que se estaba desatando entre mi primo y mis amigas…

 

No daba crédito cuando, después de una reñida y absolutamente inesperada victoria de Nuria, María me derrotó sin más en la tercera mano gracias a un estúpido error por mi parte, fruto únicamente de mi abuso del alcohol durante la noche.

 

- Bueno, primita… ¿esto es lo que querías? – me sonrió Pablo, recuperando su mejor cara de cerdo salido.

- Y tanto – añadió Nuria mirándome con frialdad – si está más salida que una putita de carretera después de tres días sin trabajar.

- Jejeje, preciosa… ¿te vas bajando las braguitas para que podamos verte bien? – hasta mi tierna María se había sumado al coro de burlas hacia mí.

- Vamos, prima, ponte donde podamos verte bien, que creo que todos queremos disfrutar viendo cómo te haces esa PAJA… - Pablo parecía dispuesto a ensañarse conmigo.

 

Estaba claro que me acababa de comer mi estúpida jugada. Pues mira, no hay mal que por bien no venga… si quería calentar a mi primo, en realidad mejora hacerlo directamente yo en vez de Nuria. Estaba calculando cómo perder la partida larga para que él ganara, y en realidad me di cuenta de lo maravilloso que era haber perdido también la apuesta pequeña.

 

Tambaleándome, me levanté más rápido de lo que debía. Mis orgullosas peras, que llevaban toda la noche empitonadas por él, se irguieron gloriosas ante mi público, dejándolos a todos en silencio de golpe, mientras podía ver como la polla hinchada de Pablo daba botes de alegría en su abultado calzoncillo. Aunque su mudez duró apenas un momento, hasta que empecé la aparatosa operación de tratar de subirme a la mesa donde estábamos echando la partida.

        

         - ¡Pero qué haces, tía!

         - Hostia, Lau…

         - Cuidado prima, ¡que lo tiras todo!

 

Dos copas vertidas, cartas desparramadas y un vaso roto en el suelo después, mi cuerpo se había dejado caer torpemente y sin ser capaz de controlar realmente sus movimientos, de espaldas sobre la mesa del porche, donde me extendí haciendo que toda mi piel pegajosa entrara en contacto con aquel tablero temblequeante bajo mi peso y mis torpes movimientos. Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás, donde mi última visión recayó en la carita de una asombrada Nuria. Parecía que acabara de servir el plato principal de una lujuriosa comida, en el que el único ingrediente llegaba cocinado en crudo para ellos. Como comensales, mi primo se sentaba en la cabecera, que en este caso estaba entre mis pies, con su boca dirigida al hueco que quedaba entre mis piernas abiertas, donde podía ver los labios de mi coño trémulo e hinchado escapando de mis pequeñas y revueltas braguitas. A mi derecha estaba María, que no se cortó en empezar a estrujarme una teta antes de que yo misma comenzara mi prometida masturbación para ellos. Detrás de mí estaba Nuria, quien también me acariciaba, en este caso la cara, que de cuando en cuando me besaba también agachando la suya, llegando incluso a estamparme algún rico piquito.

 

Cuando hundí por fin mi mano derecha bajo mis bragas, elevando la izquierda para aferrarme al borde de la mesa, con las piernas semi recogidas y abiertas de par en par en una sensual postura, me di cuenta de lo cachondísima que estaba. Era difícil entender, en realidad, cómo había sido capaz de llegar hasta allí sin estallar antes, porque estaba que me moría, y precisamente lo que menos me importaba ya era que ellos tres no solo me estuvieran mirando, sino que me jalearan y se calentaran como unos cerdos al tenerme así entregada a su lujuria. Me masturbé rápida y eficazmente, usando dos dedos para penetrarme y otros dos para estimular mi vulva mientras me machacaba el clítoris a golpes de mi palma. Aunque bueno, lo de la rapidez y eficacia también fue por el brutal calentón que llevaba. Hasta el tocamiento más torpe me hubiera hecho correrme de una forma tan veloz y contundente como lo hice.

 

Lo que no estaba en el guión era que ellos tres también se calentaran tan rápido, pero me temo que mi borrachera había hecho caer demasiados filtros de prevención y pudor de golpe. Cuando entreabrí los ojos, en medio de los estertores orgásmicos de mi cuerpo, pude ver a mis pies a mi primo erguido y desnudo ofrendándome su pene erecto que pajeaba con saña a dos manos. Una fugaz mirada a mis amigas me hizo entender que también ellas se pajeaban abierta aunque discretamente (comparado conmigo, se entiende). Aquello, claro, multiplicó mi orgasmo y disparó el de Pablo. Y, cuando digo disparó, es porque efectivamente lo disparó: en concreto encima de mí, volviendo a cubrir mi cuerpo con montones de semen disparado en largos y calientes trallazos, esta vez de manera íntegra y total delante de mis amigas, que utilizaron sus manos libres para esparcir la semilla de Pablo sobre mi cuerpo, sin cesar de pajearse ellas mientras tanto.

 

Mientras me reponía, mareada y sentada ya en una silla de nuevo, bebiendo agua, me di cuenta de que estaba completamente desnuda. No recordaba cuando ni quién podía haberme quitado las bragas, aunque tampoco podía asegurar que no lo hubiera hecho yo misma. Mer y Nuria estaban recogiendo los cristales rotos y limpiando el estropicio general que acababa de montar, mientras mi primito se ponía los calzoncillos de nuevo sobre un falo todavía demasiado abultado, limpiándose al tiempo los últimos restos de lefa fresca de su cuerpo. No sé qué cara le debía de poner, porque al ver que le miraba él me dijo:

 

- Lo siento, prima… es que tener los gayumbos puestos me sujeta la polla y me ayuda a no empalmarme tan fácil… es que me ponen muy caliente tus peras, prima, ¡jejejeje!

 

Lo que siguió a partir de ahí igual lo estáis viendo ya todos claro, pero ya os digo que yo no. Porque, si mi confuso plan seguía siendo dejarme ganar para que Pablo pudiera elegirme como trofeo y llevarme con él a la cama, lo cierto fue que, ya fuera por mi borrachera o por la situación de descontrol e incapacidad transitoria en la que había quedado tras el episodio de la paja, mi primo empezó a ganar ya una mano tras otra, mientras yo hice un papel sencillamente lamentable. Todo aquello nos llevó a que Pablo se terminara por proclamar ganador absoluto en mucho menos tiempo del que habíamos previsto, y con una contundencia desmesurada frente a la que yo había sido completamente machacada. Flipaba, sencillamente flipaba, pensando que me había querido dejar ganar para ser follada por él, pero al final ni eso había sido necesario, sino que él volvía a alzarse sobre mí, dominándome una vez más para dejar claro que yo no le iba a regalar ni consentir nada sino que, sencillamente, iba a coger lo que era suyo. Una vez más.

 

Creo que estaba demasiado borracha, es que todo había sido absurdo, un despropósito. Creo que las tres lo estábamos, en realidad, borrachas y salidas, preguntándole baboseando por él a cuál de las tres iba a elegir para hacernos cumplir nuestra apuesta perdida, y lo peor es que estaba claro que las tres perdíamos el coño por ser elegidas por aquel niñato, y que estábamos dispuestas a dejarle llegar hasta el final, hasta las últimas consecuencias…

 

- A ver, primito, que has ganado la apuesta, todavía no me explico cómo… - balbuceé.

- Joder Laurita, que el chaval ha ganado de calle, y sobre todo a ti, que te ha metido una paliza… - me pinchó Nuria.

- Mira, da igual… - continué – pero lo que está claro es que has ganado, y ahora tienes que decir tú…

- Joe, prima, pero es que… - me interrumpió un nervioso Pablo.

- No presiones al chico – me increpó María.

- ¿Presionar? – insistió Nur – Pero si lo único que tienes que decir es con quién quieres pasar la noche, primo…

- ¡Eh! Con quien quiere dormir, ¿vale? – le dije yo con tono de alarma.

- ¿Cómo que dormir? – contestó ella enfadada – pero si él dijo que si ganaba elegiría con quién se quería acostar hoy…

- ¡Que no dijo acostarse, tía! ¡Que dijo dormir! ¿Pero tú te crees que yo habría accedido a esto si hubiera dicho acostarse? – mi tono sonaba cada vez más nervioso.

- ¿Tú? Y cosas peores… - a Nurita se le estaba calentando la boca.

- ¡Pero serás puta! – y a mí se me empezaba a calentar también con ella.

- Mira, Lau. Que diga el niño si ha dicho acostarse. A ver, primo ¿tú has dicho acostarse o qué coño has dicho? – insistía Nurita, mientras gesticulaba enfadada.

- Que sí, qué sí… - dijo Pablo, retrocediendo asustado ante la furia desatada de mi amiga.

- Pero dejadle un poco tías, que se os está yendo un poquito ¿no? – intentó terciar María – Tiene razón Lau además, Nuria: por mucho que te joda dijo dormir, que yo tampoco hubiera dicho que sí a un acostarse así como así…

- Sí, sí, es verdad… - Pablo no sabía dónde meterse.

- Además, si la va a elegir a ella – la afirmación de María cayó como un jarro de agua fría sobre Nuria, cortando en seco su pataleo.

- ¿Es eso verdad, primo? ¿Eliges a Lau? Porque si eliges a Lau, os podéis ir yendo los dos a follar, a dormir o a tomar por culo donde queráis… - el nerviosismo de Nuria crecía.

         - Tía, Nurita… - empecé a quejarme.

         - Bueno, yo quiero a Laura, sí… - intentó hablar Pablo.

         - Acabáramos… - suspiró Nur.

- ¡No, no! ¡Pero que también quiero acostarme contigo, Nuria! ¡¡Digo dormir!! Dormir, joder, dormir… que me estáis volviendo loco…

         - ¿Pero entonces Nuria? – preguntó María incrédula.

         - No, si es que… - Pablo se puso como un tomate.

         - ¿Es que qué? – le preguntó ella, confundida.

         - Que contigo también quiero, María…

         - Joder… - suspiró ella.

         - ¿Acostarte con María? – gritó Nuria.

         - ¡Joder! – grité yo.

- ¡Que no! Pero que no, de verdad… - Pablo nos miraba incrédulo. Las tres le rodeábamos desnudas, nerviosas y evidentemente calentorras, calientes hasta el punto de estar casi acosándole para que nos llevara a follar ya. Yo estaba ya tentada de decir que daba igual, que nos lo hiciéramos los cuatro juntos allí mismo…

- A ver tías, no agobiéis – dijo María con voz calmada, intentando poner orden. Evidentemente, acababa de ver una inesperada ventana de luz en las palabras de Pablo para resultar finalmente elegida, ella que nunca creyó que tuviera la menor oportunidad frente a Nuria y, menos aún, frente a mí, así que trató de reconducir el tema para aferrarse a aquella posibilidad, por pequeña que fuera – tiene que elegir él, ¿vale?

- Pero es que yo no sé… - intervino Pablo, compungido. Era la hostia, había podido violarme aquella misma tarde, me había tratado como a una puta, había sido capaz de someterme sexualmente con una capacidad de dominio que no tienen ni tendrán jamás la mayoría de hombres adultos que conozco, y ahora no era capaz de decir a las claras que me quería meter en la cama. Joder, que ya sé que no era más que un niño, pero si no se había comportado en absoluto como un niño aquella tarde, aquellas semanas, todo aquel puto año que llevaba acosándome, o el verano pasado cuando no paró hasta que me metió su polla caliente y dura hasta el fondo de la vagina… ¿por qué coño actuaba como un niño asustado y débil ahora?

- Es que no sabe, tía, no sabe – reafirmó Nuria.

- Pues mira, podemos hacer una cosa… nos lo echamos a suertes – soltó María. Aquello era como decirle a Pablo a las claras que las tres queríamos irnos con él, fuera para dormir, para follar o para lo que el niño tuviera a bien hacer con nuestros cuerpos cachondos.

- ¡Y una mierda! – protesté yo.

- Pero prima, igual es buena idea… - me trató de convencer Pablo.

- Que no, - seguí yo, ignorándole – de suertes nada, nos lo jugamos al póker otra vez.

- ¿Al póker? – dijo Nuria con fastidio. Evidentemente, ella era el eslabón más frágil en esa cadena, porque era negada a las cartas, a pesar de haberse conseguido defender aquella noche (gracias a mi borrachera, en realidad, que hay que explicarlo todo…)

- A mí me parece bien… - a Pablo todo le parecía bien, menos mojarse. Sin embargo, a mí se me había bajado ya el pedo, y estaba en condiciones perfectas para destrozar a mis amigas con las cartas.

- Pues a mí también – confirmó María, sentenciando nuestra suerte. Nuria suspiró. Meri se estaba agarrando a un clavo ardiendo, sabiendo lo difícil que tenía ganarme, mientras que Nuria bufaba protestando, sabedora de que ella no tenía nada que hacer si la cosa se iba a resolver así. Evidentemente le jodía que yo impusiera así mis condiciones, arrebatándoles a ellas su única oportunidad, cuando precisamente yo llevaba once días desperdiciando las mías.

- Entonces no se hable más, ¡al lío! – finalicé yo la discusión. Quería terminar cuanto antes con aquella tontería, habíamos llegado al absurdo total en que el Pablito más tímido e infantil que había conocido jamás nos tenía a tres hembras hechas y derechas en pelotas y calientes como putas, suspirando por él. Y yo quería follar, qué leches. Quería que me follara. Llevaba toda la noche angustiada con eso, pero en el fondo lo deseaba, y no podía caberme duda de que ese deseo era muy real, porque llevaba ya rato sintiendo cómo mi coño chorreaba sus babas ácidas entre mis piernas. Poco me importaba ya llevar manchando durante más de una hora la silla de plástico del jardín en la que había estado sentado, como tampoco me preocupaba el olor a puta barata y a sucia cerda que desprendía mi cuerpo por el sudor y el deseo acumulados durante toda la tarde. Al fin y al cabo, los cuatro olíamos así ya.

- Bueno, entonces, para dejarlo claro – recapituló María – vamos a echar tres manos eliminatorias, como antes, solo que en vez de irse descartando quien gane, aquí tendrá que salir la que pierda. Es decir, que en la primera mano quien gane pasa a la final, y entonces jugarán la segunda mano las otras dos; la que gane se enfrentará en la final con la que ganó la primera mano, y la que pierda se elimina definitivamente; y ya la que gane la final, pues se tiene que ir con Pablo…

- Eso, pero en estas ya solo jugáis vosotras tres, yo ya solo tengo que esperar a ver cuál de vosotras gana… - le ayudó mi primo, que de repente parecía haber recuperado de golpe todo su aplomo y actuaba como un chulo organizando a sus putas. Aunque, en realidad, ya era casi lo que éramos…

- Exacto, y la que gane se acostará contigo.

 

Había dicho acostar. Joder, ¿por qué María decía acostar ahora? Si ella misma había afirmado antes que Pablo solo habló de dormir… si se había peleado ella también con Nuria por aquello…

 

- Sí, eso es. La que gane este juego tendrá que acostarse conmigo.

 

Me quedé muda. Era alucinante lo que acababa de hacer mi primo. O lo que acababa de hacer María, ya no sé decir… ¿Cómo le había dado la vuelta a aquello? Entre los dos me habían conseguido tranquilizar afirmando que lo único que estaba en juego aquella noche era dormir con él, compartir cama sin más, como quien dice. Y luego… que joder, ¿lo lógico no habría sido también que se tuviera que ir con él la que perdiera? Quiero decir, que de repente habíamos dejado de ser las perdedoras de una apuesta de la que, supuestamente, deberíamos querer estar evitando sus consecuencias, a estar lisa y llanamente las tres compitiendo entre nosotras para “acostarnos” con mi primo. Y allí las tres en pelotas, además.

 

- Vale, pues como digáis, a mí me parece bien – aprovechó para decir Nuria, súbitamente recuperada una cierta felicidad – La que gane el juego podrá acostarse hoy contigo – siguió echando leña al fuego - ¿Te vale así, Lau?

 

El silencio que siguió fue tan abrumador que solo pude llegar a musitar un sí que sonó quebrado y temeroso. Pero a ellos no les importó como hubiera sonado: acababa de acceder, y eso era lo importante. Siempre habíamos hablado de dormir, eso lo tenía claro, pero todo parecía haber volado por lo aires con nosotras tres desnudas por completo, y Pablo que hacía rato que había vuelto a montar la más descomunal tienda de campaña en sus calzoncillos. Traté de serenarme y afrontar la situación con la cabeza lo más fría posible entro los restos de los vapores del alcohol que todavía me la nublaban, mientras mi primo barajaba y repartía las cartas: al fin y al cabo, si el juego era a ganar, me lo estaban poniendo en bandeja, porque yo era la clara favorita, una vez que Pablo –la única persona con mínimas posibilidades de ganarme- había sido eliminado. Meri no podía ser un adversario a temer, y Nurita menos todavía. Que Pablo se hubiera vuelto a cerrar en que su premio sería “acostarse con él” ya solo me podía beneficiar entonces, porque no iba a hacer falta ni hablar nada. Obviamente, si Meri y Nuria estaban echando gasolina en la hoguera que acababa de encender él, cuando yo era casi la única candidata posible a quemarme en aquel delicioso infierno, solo podía significar que estaban buscando la manera de que me dejara follar por él de una vez por todas. Sin duda estarían pensando también que aquella iba a ser la única manera de conseguir metérselo entre las piernas ellas también, dado que esperaban que cuando yo follara con Pablo luego les daría permiso a ellas para hacerlo también. Pero eso ya era otra historia, ahora simplemente iba a ganar aquel estúpido juego y dejarme llevar por mi primo a su cama. Una vez allí, me tumbaría y me abriría de piernas para él, y esta vez ya no tendría que buscarme excusas ni juegos para rechazarle.

 

         - Pues empezamos – dije cuando Pablo terminó de repartir.

 

Estaba dispuesta a todo; pensaba que mi seguridad en mis casi totales posibilidades de ganar me habían devuelto la templanza, pero no me daba cuenta de que, en realidad estaba tan borracha y excitada que había entrado al trapo sin dudar. Pero lo cierto es que ellas dos también estaban igual, borrachas y calientes. Excitadas y cachondas. Se podía cortar la tensión en el momento que empezamos a hacer nuestros descartes y apuestas. Las tres estábamos nerviosísimas en aquel momento, desbordadas por nuestra ambición sexual, aunque casi parecía que Pablo fuera el que estaba más nervioso, porque no debía ser capaz de creerse la suerte que tenía con lo que le estaba pasando. Tampoco yo creía mi suerte cuando junté unas maravillosas dobles parejas.

 

El final de la primera mano me dejó noqueada. María había renunciado hasta a echarse un farol al ver la determinación con la que yo había ido para adelante, y solo Nuria me aguantó, doblando la apuesta, pero yo pensé que lo hizo por pura táctica ya que, al fin y al cabo, aquello era un todo o nada. Y tanto que lo era: su trío de reyes me acababa de dejar fuera de la final.

 

Lo que pasó en ese momento me dejó sin habla y terminó de hundirme: Nuria se levantó de un salto, celebrando su pase a la final y, para mi sorpresa, mi primo saltó a celebrarlo con ella, como si no fuera capaz de contener su alegría. No era posible, pensé, ¿siempre había sido Nuria?. Mis ojos temblaron para contener a duras penas dos gruesas lágrimas que los bañaron de repente, mientras mis labios eran incapaces de articular la orden que debía poner freno al morreo brutal y sobeteo directo de sus cuerpos (tetas de ella, culo de él, por debajo del calzoncillo) en que se había convertido la celebración. Ya no fui capaz de reaccionar ni mientras María se giraba divertida para pararles entre carcajadas de los tres, como si aquello fuera lo más normal y maravilloso del mundo, ni cuando mi primo volvió a la mesa, con la polla dura salida por una pernera de sus desbaratados gayumbos, para recoger las cartas, barajarlas, y repartirnos de nuevo a María y a mí. ¿Cómo concentrarme mientras veía a mi amiga Nuria, a mi propia novia, abrazar por detrás con su cuerpo desnudo a mi pequeño primo, echándole mano al rabo duro, “se te ha salido esto, primo”, entre carcajadas de los tres, entonces y mientras ella se lo intentaba meter aparatosamente dentro del calzoncillo mediante intensas e innecesarias sobadas, sin dejar de buscarle la boca en ningún momento con la suya. Y, sin embargo, no fui capaz de articular palabra para parar aquello durante aquella mano agónica en la que estaba claro que ni yo ni María estábamos siendo capaces de juntar ninguna jugada, y en la que la suerte acabó por echarme brutalmente de la competición al decidir finalmente la carta más alta, que no fue otra que el as de corazones que enseñó una radiante Mer.

 

El resto del juego ya lo vi como si fuera una película que sucedía delante de mis ojos sin que yo fuera capaz de intervenir para nada. Mi primo jaleando a Nuria y a María, pasando de mí como si fuera la última mierda, como si precisamente hubiera estado deseando en todo momento sacarme del medio. Luego un nuevo reparto de cartas, y un eterno tanteo entre ellas durante los descartes que se me pasó en una milésima de segundo. Cuando me quise dar cuenta, un inconcebible full de Nurita aplastaba una duramente jugada escalera de María.

 

Nuria acababa de ganar el juego.

 

Nuria se iba a acostar con mi primo.

 

Mi reacción no fue solo exagerada: fue violenta, realmente. Además de exagerada, sí. Y aparatosa. Pero, por mucho que yo gesticulara y gritara, ninguno de los tres parecía hacerme caso en ese momento. Nuria, por su parte, sencillamente se levantó con esa gracia que tiene como de princesa de nacimiento, y exhibiendo radiante su

completa desnudez le dijo:

- ¿Vamos, primo? – Nunca me jodió más que entonces el que llamara primo a mi primo. Pablo se giró feliz hacia ella, quien le cogió de la mano como si acaso no fuera ella, más bien, el trofeo que él había ganado, y no al revés.

- ¡Eh, eh, eh! ¡Un momento! – grité por última vez con toda mi alma. - Sigo siendo la responsable de mi primo.

- ¿Qué dices, tía? – no daba crédito a que fuera María la que me estuviera preguntando eso. La pareja de oro se limitaba a mirarme con odio. No puedo parar esto, pensé, me lo tengo merecido por calientapollas...

- ¿Que qué digo? Pues para empezar que la apuesta siempre había sido para dormir nada más, y lo sabéis de sobra.

- ¡Coño, Lau! – se lanzó al ataque Nuria.

- ¡Que no, Nur, de verdad! Que yo no puedo meterte en la cama de mi primo así sin más y luego pretende mirar a mi tía a la cara…

- Pero tú… - apuntó tímidamente María.

- Coño, sí, que tú dijiste que sí, ¿qué pasa? ¿qué solo puedes mirar a tu tía a la cara si eres tú la que te metes en la cama con tu primo?

- Espera, Nuria, espera… - dijo mi primo de pronto, sin llegar a soltarse de la mano de ella – mi prima tiene razón, ¿no crees?

- Hostia, Pablo… - se rompió Nuria.

- ¿Ves? – le lancé yo, con voz de niña repelente.

- Ya, prima… pero yo he ganado ¿no?

- Que sí, Pablo, eso sí…

- ¿Entonces…? – preguntó Mer.

- Entonces podrán dormir juntos – contesté.

- ¿Pero nada más? – preguntó esta vez Nuria, sin molestarse en aparentar la menor vergüenza.

- Vamos… No pretenderás ahora que nos pongamos el pijama, prima – dijo Pablo, a quien Nuria estrechaba como si fuera su tesoro más preciado.

- Está bien, vosotros ganáis… - terminé por derrumbarme. Verles juntos era tan jodidamente excitante que hasta a mí me estaban entrando ganas de ver cómo se la tiraba. Pero no. No podíamos llegar tan lejos todavía… y menos con ella primero – Lo de la ropa ya es lo de menos, Pablo, si a mí ya me parece bien que tú termines de desnudarte también, al fin y al cabo nosotras llevamos enseñándote todo ya demasiado tiempo. Y, joder… tampoco vamos a negar que ya han pasado cosas entre tú y nosotras… así que tampoco me puedo escandalizar si se repite eso. Pero tenéis que entender que no podéis llegar más allá.

- Laura… - no conseguí diferenciar quién había proferido ese susurro, porque es que quizás lo habían hecho los tres a la vez, como un último intento desesperado de que yo no cerrara sin más aquella puerta.

- No de momento, al menos – les concedí - ¿tenéis bien claro esto?

- Tranqui, Lau. Ya sabes que de mí te vas a poder fiar, mi amor – la respuesta de Nuria era inapelable, y Pablo la escuchó mirando al suelo fijamente.

- A partir de ahí… no sé, vamos a ver lo que pasa. Porque yo voy a estar presente, claro.

- Me parece bien – dijo Nuria.

- ¡Guay! – la sonrisa de mi primo no podía ser más sincera.

- Y no solo yo, también María – no me molesté en consultar aquello con ella – Y solo lo podréis hacer en la cama de ellas, así Mer y yo dormiremos junto a vosotros…

- Ya… porque vosotras sí que vais a dormir y no a “acostaros”, ¿verdad? – soltó Nur con ironía.

- Y nada de pasarse ni hacer el guarro – la ignoré yo - los límites no voy a decir cuáles son, ya hemos estado los cuatro en esa cama, así que...

 

Nunca habíamos tardado tan poco en meternos en la cama. O en tumbarnos sobre la cama, más bien, porque la cama de mis padres hacía mucho que había perdido las sábanas, hechas un ovillo en algún rincón después de días sirviendo de escenario para las prácticas sexuales más continuas, intensas y excesivas. Cuando me tumbé con mi cuerpo desnudo pegado al de María pude notar que su corazón latía con tanta velocidad como el mío. Personalmente, estaba flipando con lo que tenía al lado: mi joven primo por primera vez se iba a acostar con otra mujer distinta de mí: no podía ser otra que mi amiga Nur, como siempre ella había terminado por adelantárseme. Se tendieron en la cama junto a  nosotras, desnudos los dos… Era alucinante ver su cuerpo aniñado entrando en contacto absoluto con la desnudez total de Nuria, y más si pensaba que Pablo solo había llegado a estar así conmigo apenas unos pocos ratos durante aquellos días.

 

Cuando llegamos a la cama, antes de tumbarse ella le quitó los gayumbos con parsimonia, disfrutando del momento, frotándose la cara contra su verga hinchada como la perra en celo que era. Subió desde sus pies tras sacarle la prenda enrollada y sucia de sudor y vete a saber qué más, y aprovechó para lamerle el tronco y luego el nacimiento del vientre, antes de pasar por su sudada camiseta negra y hundirse finalmente en un morreo infinito con él allí, en mi puta cara. Me hervía la sangre de celos al ver eso, y me preguntaba hasta qué punto podía frenar ese despropósito todavía, o si acaso aquello podía incluso considerarse como absolutamente fuera de los límites que les acababa de marcar. María debía de ser consciente de mis dudas, porque al momento me empezó a cubrir de besos y caricias, que casi de inmediato derivaron en un cuidadoso y preciso toqueteo de sus dedos en mi vulva, que agradeció lo máximo aquella atención. Había olvidado lo cachondísima que estaba. Cuando Nuria le dejó, Pablo se despojó de su camiseta sucia antes de acostarse con ella, para quedarse por fin completamente desnudo.

 

- Túmbate boca arriba – le pidió ella con tono suave y humilde.


...dicen de mí que tengo buen sabor
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nyctidromus
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@laualma buen relato, cómo te peleas por tu primo y su pollón 


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@laualma uff las ganas que tengo de tenerte cerca mira te la metería por tu culo a pelo y te lo llenaría de lefa

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@laualma uff te lo chuparía hasta llenarte el ano de saliva para follarte el culo hasta hacerte correr zorrita


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@laualma 🔥🔥💋💋🍆🍆


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@laualma putilla tu y tus putillas amigas follan 🍆🍆🔥🔥💋💋


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