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La Libertad III_12: día 07_siesta

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 07 - 21.07.2012 - siesta

 

 

No sabía muy bien si el problema era él, ella, o yo, o si en realidad era por lo de Nuria. No sé, María a veces es así, pero no parecía nada que no fuese capaz de superar, francamente, así que me despreocupé. Ni siquiera le contesté, yo creía que ya estaba todo hablado. Por mi parte, desde luego, lo estaba, y si ella tenía algo que resolver yo no pensaba dedicar mi tiempo a rallarme por eso. Así que, sin más, me acerqué a ella y le di un suave beso.

- Bueno, tú descansa, ya pasaremos luego un buen rato, que también me apetecía estar contigo... - le dije, cariñosa. Ella me sonrió agradecida.

Menos mal. Parece que había acertado y que había hecho algo bien con ella. La verdad, para mí nunca era del todo fácil acertar con Mer. Tanto mejor, pensé. ¿Me apetecía María? Puede, siempre me apetece María, en realidad, jiji. Pero en aquel preciso instante, lo que me parecía el planón era quedarme sola con Nuria de una puta vez. Ella parecía confundida, pero decidí no dejar que se comiera la cabeza, precisamente ella que jamás se la come. La empecé a besar con pasión en la boca, mientras me quitaba su sujetador y sus bragas. Ella empezó a tocarme. Me di cuenta que la besaba y me tocaba como se besan y tocan dos novios. Fue raro. Pero yo me estaba calentando, le quité el sujetador y le obligué a tumbarse, para echarme sobre ella y comerle literalmente a besos todo el cuerpo. Enseguida estábamos besándonos y tocándonos violentamente, hasta que al cabo de media hora estábamos ya pasando francamente a mayores (aunque Nuria estaba seria, por mucho que disfrutara y se dejara hacer, realmente estremecida por el sexo conmigo, así que yo le había arrancado ya hacía rato las bragas a mi amiga y, desnudas, estábamos enzarzadas en una complicada tijera). Entonces, María se levantó, molesta.

- Lo siento, chicas, así no hay quien duerma.

Vale, estaba claro que ni ella ni la misma Nuria estaban del todo cómodas con aquella situación. Nosotras paramos bruscamente, y Nurita empezó a pedirle disculpas de manera algo exagerada. Me di cuenta entonces de por qué ella estaba tan seria: se había dado cuenta de que María, al margen de todo, de Pablo y cualquier otra cosa, lo estaba pasando mal con nosotras, tan alegremente allí, follando a su lado. Ella seguía vestida, en ropa interior, quiero decir, y parecía cabreada y triste. Joder, la acababa de cagar con ella y Pablo... y un poco con Nurita ahora también, quería tanto darle una recompensa por todo, que no me había dado cuenta de que estaba incómoda y por qué... menudo puto triple que acababa de marcar.

Bueno, francamente lo de Mer era algo que yo sabía que iba a pasar, así que no me preocupaba; pero lo de Pablo volvía a ocupar mi cabeza de una forma inesperada y molesta. Además, estaba cabreada porque tenía la sensación de estar haciendo todo al revés con Nuria, de alguna manera no la veía fluir conmigo, y eso me hizo sentir miedo por lo nuestro.

Y entonces, vi la luz.

- Me voy al salón, o al jardín, no os preocupéis, de veras - dijo María.

- ¡Espera! No, espera, Meri... ya nos vamos nosotras...

- Pero... - empezó a decir Nuria, molesta.

- Que sí, aquí hace demasiado calor, en el salón estaremos mejor, y así además no molestamos a Mer, ni a Pablo, que estará aquí al lado, ya sabes...

- No sé, ¿vamos a ir al salón a follar con tu primo por ahí? - joder, casi prefería que ahora Nur fuera un poco menos explícita. María me miró con cara de sospechar algo.

- Mira, peor aquí que le tenemos al lado. Mejor nos vestimos y salimos y, según veamos el patio, ya vemos dónde nos metemos. Si hace falta bajamos al coche, pero a mí tú no me dejáis a medias ahora, preciosa.

- De verdad, Lau, que a mí no me importa...

- Que no, que no, Meri, tú descansa, de verdad, que no pasa nada. - No iba a poder insistir mucho más sin que se notara.

Y, entonces, de repente, como si hubiera cambiado súbitamente la dirección del viento y todo se aclarar de repente, la tarde empezó a funcionar con suavidad, cogiendo una agradable velocidad hacia una noche prometedora e inolvidable. Cuando me giré, Nuria estaba ya en sujetador y poniéndose las braguitas. Yo cogí rápidamente su conjunto naranja, y me levanté detrás de ella. De pronto, ya no había más que hablar. Una vez vestida yo (por decir algo, y era mucho decir), Meri se volvió a tumbar, sin decir nada. Me olvidé de ella, y salí detrás de Nuria, que ya había abierto la puerta. Cuando hube pasado, una súbita ráfaga de aire cerró la puerta con un violento golpe tras de mí.

- Perdona por el golpe - me dijo Nuria, rascándose las bragas. – Da igual… ¿Qué, vamos?

- Sí, claro... - yo estaba nerviosa, no podía aguantarme, me la jugaba toda a una carta.

Nuria avanzó detrás de mí colocándose el sujetador sobre su pecho plano. Sus movimientos compulsivos tratando de tapar adecuadamente su cuerpo con aquella ropa interior tan inadecuada para ello, denotaban claramente su nerviosismo, igualmente. Pasé de la habitación de Pablo, iluminada desde el ventanal abierto, con la puerta del pasillo y la del vestidor igualmente abiertas. Sabía que no había nada de interés allí, mientras que Nuria se detuvo, sorprendida de ver todo tan abierto, y de que yo ni mirase dentro. Metiendo la cabeza dentro, mi amiga me dijo:

- Lau, tu primo no está aquí - en tono más bien alto. Era perfecto, eso y el portazo de antes, me dije, mientras se me salía el corazón por la boca al comprobar que la puerta de mi cuarto también estaba abierta de para en par, y se veía salir la luz que entraba por la ventana igualmente abierta.

No pude evitar correr hasta la puerta, en dos rápidas zancadas. Nuria me miró extrañada. ¡Bingo! Y premio gordo. No sé en que estaría pensando mi primito, pero estaba en pelota picada, con los calzoncillos tirados por el suelo. Joder, me jugaba el cuello a que había estado despierto pensando qué hacer para "aprovechar" la tarde cuando oyó el portazo y, al darse cuenta de que venía alguien, se desnudó sin importarle quién fuera, y debía de acabar de volver a tumbarse, si hasta le había pillado moviéndose... No sé, a lo mejor eran imaginaciones mías, pero estaba segura de que estaba despierto, es que era imposible que no fuera así. Me negaba a creer que se hubiera quedado dormido sin más, prescindiendo de toda posibilidad de sacar la polla a pasear o a conocer carne nueva, en fin, y menos aún estando en pelotas, con la puerta abierta. Claramente quería provocar a quien pasara por allí, fuera yo o una de ellas. ¿Qué pensaba? ¿Que por verle en bolas íbamos a entrar allí y le íbamos a pedir que nos fecundara así cómo así?

Qué poco sabía de las mujeres, pero bueno, al menos él tenía tiempo y sensibilidad para aprender. Disfruté unos segundos de su cuerpo desnudo, una vez más, mientras Nuria llegaba junto a mí. Era extraña esa situación. Me disponía a enseñarle yo misma el cuerpo desnudo de mi pequeño primo a mi mejor amiga, una hembra de primer orden y una auténtica ninfómana. Casi tanto como yo... Mi primito, el muy cabrón, habría decidido jugársela el todo por el todo al escucharnos, a ver qué pasaba cuando le viéramos. Pues había acertado de pleno, pero no se podía esperar que...

- Mira, ven - dije yo, sin bajar la voz ni disimular. Nuria se juntó conmigo. Le paré, haciéndole señas para que estuviera en silencio. - Mira - repetí, en tono igualmente normal.

Pablo, quería que me oyeras, necesitaba que tuvieras bien claro que yo estaba allí, y lo que pretendía de ti. Y quería que supieras que yo estaba allí con Nuria, enseñándote desnudo, para mayor gloria tuya. Empecé a reír de la manera más contagiosa posible.

- Joder tía, qué barbaridad - dijo al fin Nurita, estallando en una estruendosa carcajada.

Pablo se removió ligeramente. Aprovechando, yo me puse a reír más fuerte si cabe. Si hubiese estado dormido, era imposible que no le hubiéramos despertado, lo cual me confirmó aún más, si cabe, que estaba despierto.

- Qué bueno está - susurró Nuria.

- Sí, tienes razón Nuria, está buenísimo, a mí también me lo parece - repetí en voz más alta. Necesitaba que lo oyera todo. Las dos mirándole.

¿Pablo, te estarías dando cuenta? Yo ya había decidido entregarte esa tarde a Nuria. Esperaba pode controlarlo, estando yo delante. No más que lo que yo te hice ayer, una paja. Sabía que podría fiarme de Nuria, por una vez confiaba en que ella no me defraudaría. La que me daba miedo, llegado el momento, era yo, pero eso ya se vería.

- Pero sobre todo, qué polla tiene ¿verdad? Joder, no me extraña lo de María esta mañana. La verdad, que si yo hubiese sido ella, creo que no habría resistido a pedirle que me follara.

- Tía Lau, qué brutita eres - volvió a reír Nurita.

- Ya sabes lo que hay, si tampoco te revelo nada nuevo…

- No, si ya sabes que te entiendo, y bien... si no fuese por ti, mi niña, este no me pilla aquí con la puerta abierta sin librarse de que entre y le monte hasta que me reviente el coño.

- Siempre tan delicadita, Nur. No sé, no te creas, es todo tan obvio, él desnudo, nosotras calientes, la puerta abierta ¿todo perfecto no? Me cuesta contenerme, pero es que tengo unas ganas de hacérmelo con él... - me estaba pasando, sabía que me estaba pasando... pero necesitaba compensarle un poco por lo de antes.

- Anda, vamos morena.

- Sí, vamos al salón, que ahora lo que me apetece de verdad es follar contigo - dije bien alto. Nuria no dejaba de mirarme algo extrañada, pero sin duda se había puesto ya bien caliente, al margen de cómo pudiese venir, así que no fue capaz de más que de salir de allí conmigo casi a la carrera, las dos cogidas de la mano.

- Espera, espera - le dije. Estaba acojonada, muerta de miedo. ¿Qué iba a pasar? ¿Y si llegaba mi primo corriendo detrás de nosotras, con la polla en alto? ¿Soportaría no dejar que me follara, o que se follara a Nuria? ¿Y si, después de todo, no venía? Mierda... - voy un momento al baño, vete yendo que ahora te sigo. - le dije ya casi en el salón, y volví hacia atrás por la salita.

La maniobra fue rara, tenía el baño de invitados al lado cuando lo dije, podía haber meado allí, pero supuse que sería explicable querer hacerlo en mi baño, por más que ello me obligara a volver a pasar delante del cuerpo desnudo de mi primo. Pasé disparada delante de mi puerta; él seguía tumbado en mi cama. Entré por su cuarto, y atravesé el vestidor dando un portazo. Quería que supiera que estaba allí. Me quedé mirándole, desnudo, ahora desde el otro lado. Pablo abrió los ojos. Sabiendo que yo había vuelto, y sola, había decidido dejar de disimular por fin.

- Pablo.

- Prima.

- Te voy a pedir una cosa, ¿vale? - mi primo me miró extrañada. Sentía que me taladraba con la mirada, desnudándome las tetas apenas cubiertas, por otra parte. - Vístete. Ponte el calzoncillo, quiero decir, y luego espera como un cuarto de hora y ven al salón. Confía en mí, y luego no hagas nada si ves que yo no quiero que lo hagas. Por favor ¿lo harás?

- Claro, Laura.

-Me tengo que ir, ahora. Haz lo que te he dicho, y no se te ocurra hacer preguntas.

Acababa de hacer una barbaridad, pero así me aseguraba exactamente el efecto que buscaba. No era bueno dejarlo todo a la suerte...

Que Pablo pensara lo que le viniera en gana. Al fin y al cabo, debía estar tan perdido como yo, sin más. Salí disparada de allí, cerrando la puerta cuidadosamente detrás de mí. Cuando llegué al salón, Nurita se había quitado ya el sujetador, y miraba unas fotos en la estantería.

- Tía estás monísima en esta foto de niña, eras absolutamente achuchable. Me pregunto cómo serían nuestros hijos, jajjajaja.

Me hizo gracia su observación. Las dos estábamos muy calientes, pero yo además estaba muy excitada por lo que iba a pasar en un pequeño rato. La besé, nos besamos, y en seguida acabamos tiradas en el sofá, revolcándonos con ansia. Me moría de ganas de darle el regalo que le había preparado. Apenas estábamos empezando a meternos mano, todavía vestidas (las dos con braguitas, que ambas mojábamos ya con generosidad, pero sólo yo con sujetador, aunque tenía ya una teta completamente fuera), cuando escuchamos unos pasos entrar en el salón. Yo supe en seguida que era él.

- Hola - susurró.

- ¡Joder con el niño! - gritó mi amiga, mi amante, claramente, en esos momentos. Él se había quedado junto al sofá, mirándonos pasmado. Me parecía increíble que hubiese sido capaz de pedirle que hiciera eso.

Afortunadamente, me había hecho caso y se había puesto los calzoncillos. A Nuria, sin duda, le pilló por sorpresa, e intentó salir de debajo de mí, encogiéndose y tratando de taparse el pecho desnudo con los brazos. Yo no me molesté en guardarme la teta que tenía fuera. Pablo tenía la polla algo hinchada, por lo que se le marcaba un tremendo paquete en aquellos calzoncillos apretados. Sin duda no había podido resistirse a imaginar toda clase de guarradas con nosotras el corto rato que había pasado esperando.

- ¡Pero Pablo! - gritó Nuria, un tanto sorprendida de mi pasividad. - ¿Qué cojones estás haciendo aquí tío? - dijo con tono horrorizado, tratando de ver si estaba enseñando todavía algo más de lo debido.

Como me temía, después de lo mío con Nurita, parecía que ella no quería jugarse nuestra relación, ahora que parecía que podía avanzar, por un polvo con un tío, por grande que tuviera la cola. Sin embargo, viendo que yo seguía inmóvil y callada, poco a poco se tranquilizó, bajando incluso las manos, de manera que quedaron al aire sus prominentes pezones y los dos mínimos abultamientos que tenía por tetas.

- ¿Qué pasa primo, no puedes dormir? Es normal, con este calor... - dije yo con voz untuosa, tras apartarme de mi amiga y sentarme normalmente en el sofá.

Nuria, que seguía encogida, y girada hacia mí, me miraba extrañadísima; Pablo estaba inexpresivo, en cambio. Sin duda no se creía lo que tenía delante, y temblaba de nervios al imaginar los posibles desenlaces de la escena.

- Nosotras tampoco podíamos, por eso nos hemos salido de la habitación, para no molestar a Mer mientras nos dábamos besitos. Aunque claro, nosotras es que es eso, que además del calor, nos hemos puesto calientes la una a la otra, ya sabes, jijiji. Anda, ven, ¿te quieres sentar con nosotras?

Pabloaro flipó, y Nuria flipó aún más que él.

- Ven, ¡vamos! - le dije golpeándome las rodillas, tratando de enseñarle dónde tenía que sentarse – ven aquí…

Él estaba junto a Nuria, en la parte del sofá más cercana a la entrada. Yo, al levantarme de encima de ella, me había sentado en el otro lado, hacia el final. Pablo dio un paso hacia mí y se detuvo, sin saber qué hacer. Dudaba. Yo no daba crédito a lo que estaba haciendo, iba a entregar a mi pequeño primo a la lascivia de mi amiga, era mi modo de recompensarle, de devolverle el enorme placer que me había puesto en bandeja esta mañana ofreciéndome al tipo del videoclub para echar un polvo. De agradecerle haberme esperado durante años y de querer juntarse conmigo, todavía. Y, de momento, mi plan estaba saliendo mil veces mejor de todo lo mejor que podría haber imaginado.

- ¿Te acuerdas, Pablo, de cuando eras pequeño y te sentabas en mis rodillas? - dije golpeándomelas de nuevo. Hasta que él, temblando, se sentó encima de mí, mirando al frente como yo… pero en seguida se giró quedándose mirando a Nuria, al otro lado del sofá. En bragas.

Yo estiré la mano derecha, y empecé a acariciar a mi primo. Primero unas pasadas por la espalda, el brazo, luego le acaricié el pecho, bajé una sola vez por su vientre, empecé a tocarle el paquete, directamente. Bueno, primero seguí con suaves caricias, luego, cuando le empezó a crecer y se le puso suficientemente duro, se lo estrujé a conciencia. Estaba ya bien grande, pensé, mientras la agitada respiración de ellos dos era lo único que se escuchaba, rasgando un silencio espeso y caliente.

- Nuria, mira qué pedazo de paquete tiene mi primito.

Ella me miraba con la boca abierta, temblando. Flipaba, pero me conocía bien, y sabía de sobra lo que yo quería. Sin duda, se estaría preguntando ¿hasta dónde le iba a permitir llegar? Pero estaba claro que le acababa de poner en bandeja el objeto de su deseo, mi primo, como ella me lo puso a mí aquella mañana, entregándome una polla random para satisfacer mi lujuria. Bien, ella no sabría hasta dónde podría llegar, pero mi amiga tenía muy claro por dónde debía empezar, y no es de las que dejen pasar las oportunidades. Así que se acercó cuidadosamente.

Pablo, consciente de lo que pasaba y de la que se le venía encima, separó las piernas cuando ella se inclinó hacia él. Acababan de admitir lo que sucedía y los dos dieron el paso, juntos, entrando por fin en contacto. Habían aceptado mi juego, y ya estaban jugando. Sin más. Nuria estiró la mano, y empezó a acariciársela, primero muy suavemente, alucinando, con cara de disfrutar y no creerse lo que hacía. Luego frotando y apretando su polla sobre el calzoncillo, con decisión, con mano experta y atrevida. Yo sabía bien de lo que eran capaces aquellas manos morenas, y a la velocidad que podían hacer retorcerse de placer a una polla. Le había entregado así, igual, a demasiados novios y ligues, a mi cuñado… ahora también a mi primo. Nuria siempre había sido la diosa ante la que yo ofrecía mis sacrificios.

- Jodeeer, qué ganas tenía de hacerte esto primito… - le dijo Nuria a Pablo – de verdad que me moría por tocarte el rabo, niño.

Entonces, yo tomé su mano, y la acompañé en el bombeo sobre la polla de mi primo, aún oculta en su slip.

- ¿A que es una gozada? - le dije.

- Mhhhhh síííí...

- ¿Te gusta primo?

- Ehhhhhh síhhh Laura... síííhhhhh...

- Es que no sabes cómo la toca Nuria, y las pajas tan buenas que hace, de veras, es una experta en dar placer... Y tú, Nur, ya verás, si te gusta ahora... ¡ya verás cuando se le ponga dura, es alucinante, hasta tú que eres una puta vas a flipar!

Y, sin decir más, le metí la mano bajo el calzoncillo, entrando por uno de los laterales, y se la toqué directamente, encontrándome un miembro a medio engordar, del tamaño que pueden tener los falos de los tíos más normalillos a todo gas... y mi primito tenía aún mucho que dar, y eso sin pensar en su edad, porque tenía también mucho que crecer... pensando en lo increíble que era tener aquello en mi mano, aproveché y me regodeé sobándosela el mínimo tiempo que tardó Nuria en abalanzarse sobre nosotros. Como era de esperar, mi amiguita no se anduvo con remilgos, le tenía muchas ganas a aquella verga, así que lo primero que hizo fue, directamente, tirar de la prenda hacia abajo, hasta sacársela totalmente por los pies. Mi primo estaba desnudo ante nosotras.

Su rabo, al salir de su prisión y encontrar libertad, se levantó y empezó a hincharse visiblemente. Yo lo dejé a su aire un momento, para permitirle completar la erección libremente, y permitir a Nuria disfrutar de aquel espectáculo sin igual. Era realmente asombroso ver cómo se hinchaba y crecía, tomando su dulce y erótica forma ante nosotras y, precisamente, POR nosotras. Cuando ya tenía consistencia suficiente y había alcanzado el porte de un enorme falo erecto, propiamente dicho, paseé una última vez las yemas de mis dedos por sus tensa, caliente y sudorosa piel, y me retiré a sus huevos. Era el momento de mi amiga. De mi amada. Nuria miraba el asombroso miembro, paciente, relamiéndose, al igual que Pablo, que temblaba sobre mí, deseando y temiendo el contacto con aquella diosa a partes iguales. Yo, su prima, le estaba pidiendo a su mejor amiga que le hiciera una paja a su primo pequeño. Aquello le pondría a mis pies de por vida, aún más de lo que ya lo estaba.

Siempre y cuando yo mantuviera mis piernas bien abiertas, claro estaba, que mi primo tampoco era tonto.

Y, por fin, pasó. Pablo se echó para atrás, apoyándose con las manos en el sofá y sacando polla, momento en el que Nurita se inclinó sobre él, y empezó a pajearle, directa y fuertemente, a dos manos. Me encantan las pajas a dos manos, a mis primos se las he hecho muchas veces, claro, casi es que lo piden a gritos, pero hasta con pollas pequeñas es toda una experiencia que los vuelve locos. Y Nurita es toda una experta en ese arte. Mi amiga le estaba agarrando la polla tiesa a mi primito... ohhhh ¡qué excitante! Sabía que el momento de juntarnos los tres en un trío iba a ser uno de los más fuertes de mi vida, pero no me esperaba sentir lo que estaba sintiendo, tenía el coño como una batidora, la sensación era como si me estuvieran follando a mí, tal era la excitación que sentía. Y, sin embargo, no estaba recibiendo absolutamente ningún tipo de estimulación física.

Yo me centré en los huevos de Pablo, la verdad que a los tíos les mola lo de las pajas a dos manos, pero lo de masajearles los huevos mientras se la machacas normalmente es demoledor, aunque la mayoría no sea consciente. Nurita intentó llegar allí, quería cogerle los testículos, pero yo no le dejé: avariciosa, había decidido que sería mi labor; estaban hinchados, sueltos, calientes, y se notaban preparados para disparar en cualquier momento.

- Sólo la polla, cariño - le susurré yo, mientras dejaba una mano libre para acariciar el torso sudado de Pablo. Estaba tan nervioso, el pobre. Dos tías para él, a tan tierna edad, si la mayoría de tíos no llegaban a algo parecido en toda su vida...

Nuria no me miró, sólo tenía ojos para la polla de mi primo. Ante mi negativa a entregarle los huevos de él, volvió a centrarse en su nabo. Quizás había sido absurdo por mi parte, pero me pareció oportuno poner una primera barrera, aunque fuese aleatoria. Quería que los dos tuviesen claro que aquello no era más que un préstamo momentáneo, que Pablo era mío, que aquel juego había sido solamente una licencia extraordinaria, única, limitada. Estaban allí juntos porque yo lo había querido, y sólo podrían hacer lo que yo les dejara. Nuria entendió claramente mis normas, o se resignó a ellas, no sé. Al fin y al cabo, con lo que le estaba dejando, tenía más que de sobra. Por el momento, al menos.

Así que se incorporó sobre él y se lanzó al ataque salvaje de aquél tremendo vástago. Mi amiga estaba fuera de sí, por completo, disfrutando como una perra en celo de aquel prodigio sexual. A Pablo le costaba no cerrar los ojos y abandonarse a disfrutar tan agradable sensación; era comprensible, sin duda se moría también por ver cómo aquel pibón le estaba masturbando frenéticamente, con aquella cara de salida que demostraba que estaba disfrutando casi más ella que él, al tiempo que su adorada primita le seguía acariciando y sobando el cuerpo desnudo y le daba ese agradable masaje en los cojones, hinchadísimos, enormes, cada vez más sudados, agitándose de tal manera que temía que nos iba a dejar regadas a las dos...

- ¿Ya te sube la leche? - le preguntó Nuria.

- Sííhhhh Nuriahhh aaahahahaa lo haces tan bien... - gemía Pablo.

- Mi amor - una sonrisa de satisfacción se dibujó en los delgados y sensuales labios de mi amada.

Aquello me hizo sentir un poco de celos, claro, la Nuria a la que le entregaba aquel hombre no era para mí la misma Nuria a la que le había entregado antes decenas de hombres, incluido mi cuñado Guille, pero me excitaba tantísimo ver a mi primo con otra tía, y no una tía cualquiera, sino precisamente Nurita... Noté que tenía las bragas empapadas, o bueno, la tira incrustada en mi coño que hacía las veces de bragas, más bien, aunque la humedad me subía por el pequeño triangulito de tela que mal cubría la mata de pelo de mi pubis. Notaba aquella humedad pegajosa que me hacía deslizar el culo empapado sobre el sofá de cuero, una mezcla de intenso sudor con el flujo que manaba libremente de mi excitada vagina, que se ponía más y más caliente a medida que yo me empezaba a volver loquita de la mera sensación de estar tocando su cuerpo desnudo.

En aquel momento, Nuria se estiró aún más y le besó el glande. Sentí que me corría, la imagen era brutal, un besito, en la punta, y otro, y otro, abriendo cada vez más la boquita y empujando, una boquita que quería hacer parecer de piñón, pero que yo sabía que era capaz de abrirse y deformarse como una serpiente y tragarse de un golpe toda la tranca de mi primo. Era brutal, Nuria estaba dejándole ver que estaba dispuesta a comerle la polla, delante de mí. No. No, lo deseaba pero no, aquello era demasiado... Molesta, interpuse mi mano entre el capullo y los labios. Nuria levantó los ojos, me miró inexpresiva, pero se apartó sin decir nada, besando incluso mi mano en su retirada. Reconocía mi autoridad, estaba dispuesta a esperar... me partía el corazón lo que me estaba haciendo sentir mi niña, empezaba a darme cuenta, aterrada, de que pocas veces había querido a alguien como la estaba queriendo a ella en aquel momento. Deseaba estar con ella, a solas, pero quería terminar primero de ofrecerle su regalo...

El que sí se mostró molesto por la interposición de mi mano entre su polla y la gloria del cielo de la boca de Nuria, fue Pablo, obviamente. Me miró enfadado, y yo me sentí en la obligación de ofrecerle algo a cambio. Y sabía que para él no iba a ser menos que lo que estaba sintiendo antes: yo misma agaché un poco la cabeza (no demasiado, no hacía falta, porque de hecho su polla me llegaba, tranquilamente, casi hasta la boca) y empecé a besarle el capullo. Estaba caliente y empapado. Yendo un poco más lejos que Nur, se lo lamí un poco con la lengua, tan sólo la puntita en realidad, y luego empecé a besárselo y a comérmelo directamente con los labios. Me costaba resistir la tentación de ir a más, pero aquél era el momento de Nuria, quería que fuese ella la que le hiciera reventar, y sentía que no iba a tardar, porque de la punta le brotaba ya preseminal ya en chorro continuo. Era el momento de Nur, y yo no quería robárselo, así que arrié las velas. Tragué lo que pude, lamiendo y chupando como un gatito.

Como era de esperar, a pesar de saberlo, me pilló inesperadamente, estallándome en plena boca. Afortunadamente, en ese momento tenía los dientes apretados, y allí mismo me reventaron los chorretones de esperma, que salpicaron por todas partes, empapándome la cara de su lefa, que empezó a caerme en el cuerpo, en las tetas. Me aparté, noté nuevos disparos que me manchaba el pelo, me incliné y me abracé a él, me sentía correrme a mí misma, no entendía por qué, estaba loca, muerta de tanta excitación, no sé, quizás fue por el frotamiento continuo de su cuerpo caliente sobre mis muslos, sobre mi vagina... Le besé con pasión, la boca abierta los dos, las lenguas buscándose, compartiendo el sabor de su semen ¿cuánto tiempo hacía que no hacíamos aquello?

Seguimos un rato, yo notaba que Nurita le seguía tocando, aprovechando todo lo que podía, pero también repasaba sus dedos manchados por mi vagina, por mi raja, por mi vulva, tan expuesta ahora a ella, directamente, en mi nueva postura. Al final, casi ahogados, nos detuvimos y nos separamos. Cuando notó que frenábamos, Nuria también paró. Me giré hacia el respaldo del sillón, Pablo salió de debajo de mí, chorreábamos sudor de ambos, mezclados sobre nuestras pieles. Pablo miró su polla, aún tiesa, y se dejó caer al suelo. Yo estaba pringosa, empapada y muy, muy nerviosa. Demasiado, no sabía qué me pasaba, ya no quería estar con Nuria, o no quería estar sólo con ella, me daba vergüenza mirarle a la cara, sentía tal deseo por mi primo, por su polla que, de repente, no sabía cómo comportarme ni dónde meterme. Necesitaba correrme, pero correrme bien, por completo. No sabía cómo seguir. De repente, aquello me superó, demasiado improvisado, no sabía lo que quería... Me levanté, salté del sofá, y me fui corriendo. Como una niña pequeña, absurda, sí, que un segundo quiere una cosa y al siguiente ya está queriendo la contraria, pero es que en parte así me sentía. No me paré a ver lo que pasaba, lo que hacían, en ese momento casi me daba igual que se reventaran follándose el uno al otro. Me dieron ganas de llorar, de pensar aquello. Entré en mi cuarto, dando un golpe tremendo con la puerta. Necesitaba mi baño...

Cuando entré, la fuerte claridad me mareó momentáneamente, y me quedé parada en la puerta, agarrada al marco por temor a caerme. No sé si fue eso, o que realmente venía muy alterada, pero sentir un cuerpo a mis espaldas me sorprendió profundamente.

- Nuria... - dije, aunque casi tuve el pálpito de que más bien sería María, despertada de la cama por mi estrepitosa huida.

- ¿Estás bien Laura? - la voz de Pablo me sorprendió. Casi era a quien menos esperaba. Tenía a Nurita a su lado, casi desnuda, después de hacerle una paja e intentar una mamada... para ser mi primo se había corrido rapidísimo, estaba convencida de que moría por ella, ¿qué demonios hacían aquí? Me podía creer que ella tuviera la fuerza de voluntad suficiente para venir conmigo, para no hacer nada más de lo que yo quería, sabiendo que yo se lo agradecería luego pero... ¿él?

- ¡Pablo! - dije girándome, con una sonrisa en la cara, que fui incapaz de controlar - ¿qué haces tú aquí? pensé que te habrías quedado con... con ellla... con Nuria...

Mi primo calló un momento, mirándome a la cara, pero enseguida desvió su vista hacia el suelo. ¡Ups! Joder, me sentí un poco mal de repente, sucia, guarra más bien... seguía con las tetas al aire, con el sujetador mínimo retorcido, igual que las braguitas, con el pelo púbico saliéndoseme por todas partes y, lo peor, cubiertita de esperma de mi primo de la cabeza a los pies. Mientras le preguntaba por Nuria, sentía como su leche, cada vez más licuada por el calor, me resbalaba por la cara y el cuello, o caía al suelo resbalando por mis tetas, después de enroscarse alrededor de mis erectos pezones. Erecta seguía también la polla de mi primo, y aún soltando sus fluidos... tiesa y grande como un palo, aún palpitante, él casi nunca perdía la erección por el mero hecho de correrse, si estaba verdaderamente cachondo, necesitaba saciarse como él considerara necesario. Y me temo que, nuevamente, yo era su necesidad. Venía con los calzoncillos en la mano, desnudo por completo, con aquella bestialidad ahí, apuntándome, pidiéndome ayuda. A mí, a su puta... ¿no se había atrevido con Nuria? ¿O es que, realmente, me prefería? Qué dolor de cabeza. ¡Y qué ganas de correrme!

- Creo que necesito dormir un poco ahora, Laura, después de... eh...

Era demasiado, aquello era demasiado...

- Vale, vale... voy a lavarme ¿vale? yo también quiero dormir, necesito descansar, pero tengo que lavarme antes... no puedo hacer nada así... - estuve a punto de señalar mis manchas de semen, de caer en el mismo error que él, de señalar lo evidente cuando no queríamos hablar de ello... pero los dos estábamos impresionados por lo que acababa de pasar, y eso nos tenía marcados, no cabía duda, y ninguno lo podía obviar... Pero sus palabras, lo de venir a dormir... a mi cuarto... sólo podía significar una cosa, estaba claro... quería algo conmigo. Para dormir, solo, y solamente dormir, se habría encerrado en su cuarto, o se habría ido al jardín... Mierda.

- Vale, prima - dijo él, retirándose de detrás de mí, y dirigiéndose efectivamente, a mi cuarto. Donde sólo estaba ya mi cama... Nur había desaparcido.

Lo peor era que yo también tenía ganas. Había venido corriendo al baño a hacerme un pajote. Quizás merecería la pena esperar un poco. Sentí un reconfortante calor en mi vientre, y cómo un nuevo chorro se me escapaba entre las piernas, como si me estuviese meando. Me di cuenta de que el olor a pescado fresco de mi sexo era exagerado. Pero no había tiempo para nada. Abrí el grifo y me lavé abundantemente la cara, eliminando la mayor parte del semen. Intenté retirar también los restos de mi pelo, pero sin jabón era imposible, acabó haciéndose pelotitas pegajosas al mezclarse con el agua, así que me quité lo que pude con la toalla, y pasé de preocuparme más, ya me ducharía luego. Con la misma toalla que, por otra parte, debió ser la que utilizó María aquella misma mañana, me limpié los restos de lefa de las tetas, así como los flujos que escurrían abundantemente entre mis muslos. Cuando terminé aquella discreta sesión de limpieza, salí, tan sucia casi como había entrado. Del sudor que me empapaba, mejor no hablar. La mezcla de olores en mi cuerpo era brutal, pero yo estaba tan caliente que todo me resultaba erótico y excitante. ¿Se lo parecería también a mi primo, o le daría asco y me rechazaría?

Yo recuerdo haber follado algunas veces sin freno, sobre todo con Lu y la Bergeret, días seguidos de calor y chorros de sexo, sin lavarnos las tres, después de meses sin depilarnos, y no hacer otra cosa que follar y comer y beber... los olores que conocí aquellos días han sido irrepetibles para mí, y los disfruté como uno de los mayores alicientes de esas sesiones, pero sé que ese es un fetichismo mío muy personal... ¿lo compartiría conmigo Pablo? Todos estábamos muy sudorosos y con mucho olor a sexo aquellos días, y sé que no soy la única que huele mucho a sexo... sin ir más lejos el olor a adolescente en celo de Pablo era brutal... los baños desnudos en la piscina hacían mucho, claro...

Y estaba ya por fin allí, delante de él. Había cerrado la puerta, y bajado a medias la persiana, y corrido la cortina. Yo cerré la puerta del vestidor. Desnudo, por completo, en mi cama, dormía o se hacía el dormido, más bien, boca arriba, con la polla a medio trempar, se le había bajado un poco, pero apuntaba todavía bien hacia arriba, y seguía durita, aunque su capullo, por ejemplo, se había recogido dentro del prepucio. Tenía el brazo izquierdo estirado, paralelo al cuerpo, y el derecho doblado, con el antebrazo sobre la cara, tapándose de la luz. Su piel blanca lucía perlada de sudor, que se acumulaba en los escasos, finos y largos pelos de su pecho. Una mata de pelo parecida, aunque más poblada, pero no frondosa, asomaba con descaro en su sobaco izquierdo, que me ofrecía a la vista y al olfato. Deseé olerlo y besarlo, chuparlo, sentir su sudor allí acumulado y la tibieza de su vello. Las piernas, casi sin pelo, salpicadas de esos dispares pelos largos, más duros, castaño claros, casi invisibles... y alrededor del sexo, la mata de pelo más poblada y oscura de su cuerpo, sorprendentemente negra para su piel y su rubio cabello, de pelos largos, casi sin rizar, que oscurecían todo el pubis y la parte baja de su falo, donde se unía a unos cojones grandes, claros, siempre trabajando, salpicados por esos mismos pelos largos, negros y duros, de una manera casi aleatoria, con una densidad mínima nuevamente...

Me di cuenta de que conocía ya a la perfección su cuerpo, pero sobre todo su imagen... no tenía tanta memoria del tacto de aquellas apetitosas zonas, pieles, pelos, glándulas y órganos, orificios... ¿Cuál sería su tacto, su aroma, su temperatura, su sabor...? Tenía las bragas empapadas. Consideré quitármelas, quedarme desnuda, como él. No, no podía, por más que quisiera no podía. Lo deseaba, pero no era el momento, no podía serlo todavía, tenía que conseguir esperar un poquito más...

Sin embargo el suje... me apretaba demasiado, me llevaba molestando desde que me lo puse, pensé mientras soltaba el cierre, y pasaba mis dedos por los hombros, apartando los tirantes, y sintiendo cómo la prenda resbalaba suavemente por mi piel hasta él suelo. Hacía rato que ansiaba quitármelo, mhhhh, qué gusto, pensé, al sentir mis peras libres, al aire, sin opresiones. Podía tumbarme así con él... ya lo hice ayer, al fin y al cabo. No, las braguitas no, Laurita, aguanta, me dije.

Trepé a mi cama desde los pies, por el lado libre, junto a la pared. Gateé hasta la almohada, y me tumbé junto a él, pegada a su cuerpo desnudo, ya que la pequeña cama individual no daba para más.


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@laualma eres toda una zorrita de cuidado soy el que quisiera que pajearas mami que me folláras la polla con tus manos, tu boca, tus tetazas, tu coño peludito, tu anoto cerradito. Siempre que te leo me imagino tratandote cómo te mereces como diosa muy puta y viciosa de cuidado sodomizandote duro y a todo pastilla mi guarrita divina 


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@nyctidromus mmmm pero según este relato tú estarías sentado en mis rodillas y sería Nuria la que te haría la paja en tu vergota...


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@laualma mami si que rico 🔥🔥 comiéndote la boca mientras Nuria me la menea que rico uff


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@nyctidromus así papito, hasta hacer que te corras sobre nosotras dos


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@laualma vuestros rostro llenos de lefazos y las dos lamiendo y recogiendo la leche en un morreo con partir entre las dos que rico mami UD siempre haciendome pensar guarradas rico... 🔥🔥🔥


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@nyctidromus las putitas Nuria y Laura para ti


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@laualma te gustaría que las follara a las dos? O que UDs. Pervertidillas me follaran y me hicieran las guarradas que las coloquen bien cachondas? Mami pregúntale a Nuria, se follado por una mujer con un arnés mientras que otra me entierras la cara en su entre pierna es un sueño un muy húmedo y guarro sueño Mami


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@nyctidromus no hace falta siquiera que se lo prgunte, conozco a Nuria y a ella le encantaría eso


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@laualma que rico 🔥💧🔥🔥 que OS turneis para que me follen y OS coma el coño está noche me voy a masturbar todo la noche por vosotras y vuestros agujeros de zorras


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@nyctidromus podemos hasta darte placer a la vez


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@laualma que rico mientra me follas con la polla falsa Nuira me come la polla?


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@nyctidromus con lo que le gusta tragar polla a Nuri


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@laualma uff que rico a mí me gusta que me coman la polla mami como me gusta comer coños babosos y viciosos🍆🍆🍆💧💧💧🔥🔥🔥


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@nyctidromus mucho vicio


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@laualma y mucha polla, coño, anos, y tetas calientes quiero que me metan la lengua en el ojete mientras me chupan la polla hasta correrme


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@nyctidromus sucias


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@laualma así es mami puta las quiera cachondas sexys putas sucias come coños mientras las follo🔥🔥🔥🔥


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@nyctidromus uff


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@laualma que tú me cabalgues mientras tus amiguitas se turnan para comerles los agujeros viciosos


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