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La Libertad III_28: día 11_noche

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 11 - 25.07.2012 - noche

 

 

- Túmbate boca arriba – le pidió ella con tono suave y humilde.

 

Pablo así lo hizo, sabedor quizás de la recompensa que le esperaba a su obediencia, una recompensa que dudo mucho que ningún chiquillo de su edad haya recibido jamás. Nuria se subió a la cama, avanzando felinamente sobre mi primo muy lentamente, mientras iba cubriendo de besitos hasta el último rincón de su piel. Haciendo aquello, mi novia dejaba claro que aquel momento, llegaran a donde llegaran (o a donde yo les permitiera llegar), era un momento diferente, un momento nuevo, un paso más allá. Recuerdo lo bruta que me puso ver como la polla de mi primo se puso a dar botes, golpeando la cara de Nuria con saña mientras ella ascendía beso a beso por el tronco hasta besar y lamer su húmedo y tenso capullo. Pablo alternaba al principio su mirada, dirigiéndola a ratos a Nuria y a ratos a mí. Sin duda tenerme allí a su lado en aquel momento, desnuda y siendo masturbada por María, le tenía que poner a mil también. Pero notar los labios y la lengua de mi novia acariciando de aquella forma su glande acabó por acaparar su atención de manera definitiva y permanente. Normal, yo también alcancé un profundo orgasmo mientras ella lo hacía, con tres dedos de María retumbando duramente en mi interior.

 

“Sabes que de mí te vas a poder fiar, mi amor”. Aquellas palabras de Nuria resonaban en mi cabeza mientras María me hacía correrme una y otra vez, envolviéndome con maestría en una espiral de placer que me estaba ayudando de manera imprescindible a asimilar el momento en que acababa de entregar a mi primo a la lujuria de otra hembra. Pero he de decir que, tanto él como yo estábamos n las mejores manos. Las que le hacían temblar a él en ese preciso instante, es obvio que eran las mejores: las de mi amada Nur. Pero es que a mí María me estaba sabiendo dar también todo lo que necesitaba en cada momento, haciéndome flotar por encima de la realidad de mis celos para llevarme a fundirme con ellos, con sus cuerpos y sus deseos. Pero es que también Nurita, mi amor, estaba velando por mí mientras arrasaba a Pablito en oleadas de placer y morbo. Sabía que me podía fiar de ella, y me lo estaba demostrando desde el primer momento, casi como si estuviera buscando que aquella experiencia no solo fuera una fuente infinita de placer para ella y mi primo, sino también para mí, e incluso para María. Porque, al fin y al cabo, era eso: ése y no otro era en verdad el motivo de que yo hubiera querido que Mer y yo nos sumáramos a ellos en aquella fiesta, en aquel momento trascendente y tan crucial para mi primo. Aquello iba a ser ya para siempre una cosa de cuatro, y allí los cuatro habíamos ido a jugar…

 

Y así, la noche de Nuria y Pablo aceleró por fin con ella repitiendo mis movimientos de la única noche que habíamos compartido antes los cuatro en aquella misma cama, en la que tan solo les permití a ellas ver pero no tocarnos mientras martirizaba a mi primito y a mi propia capacidad de resistencia a base de juegos de todo tipo con mi cuerpo por todo su cuerpo. Juegos que esta noche era el cuerpo de Nuria quien repetía sobre la excitada desnudez de mi primo, enloquecido bajo sus caricias y bajo sus mordiscos mientras ellas no paraba de besarle y le masturbaba hasta con su propia alma, con todo el morbo y con esa capacidad de multiplicar el erotismo de la que solo Nuria es capaz. Qué manera de masturbarle, de frotarse contra él, de sentirle y hacerle sentir ese cuerpo de diosa encarnada y abierta. Y qué beso, que para nada eran besos sin más, sino que se comían vivos con la misma ansia que la tarde anterior les vi hacerlo a solas en el jardín, con el mismo nerviosismo desaforado que les había llevado a hacerlo en mi cara hacía un momento, cuando ni tan siquiera habíamos acabado la partida que iba a cerrar la apuesta y su suerte. Ansia acumulada, ansia vida, ansia desatada, imparable, arrolladora. Siempre, siempre había sido Nuria. Por dios, me corría de solo verlos, de imaginar lo que ambos sentían, y María me sobaba y me comía todo de tal manera que me corría y no podía parar de correrme. Once días había tardado Nuria en levantárselo, desde que se conocieron en casa de mis tíos... aunque él la había deseado desde el primer minuto. Como todos. Como yo misma. Pero ella ahora era mía. Y él lo iba a ser pronto, ya para siempre.

 

Pablo estaba sorprendentemente pasivo, dejándose hacer, pero quién no estaría así con aquel volcán subido encima, y él no dejaba de ser un pobre niño, un niño que estaba aterrado por todo el placer que tenía que estar sintiendo, porque a veces sentir colmado de golpe todo tu deseo como se lo estaba colmando Nuria con todo su cuerpo, a veces eso también duele y aterra, y puede llegar a ser como estar perdida, desnuda, pequeñita e indefensa en medio de un huracán. A Nurita, en cambio, le estaba pudiendo la lujuria, se había dejado llevar y le follaba a saco como yo hacía con ella cuando nos poníamos tan perras, solo que ella no le follaba porque no tenía polla, ella no tenía polla ni mi permiso, y yo en cambio tenía su amor y su obediencia. Y Pablo está muerto de amor  y de deseo y de ganas y de un miedo atroz por todo que lo tenía paralizado, confundido e indeciso como yo lo había estado con él un año antes, cuando le tuve encima de mi cuerpo y dentro a la vez, empujando por primera vez toda su polla en mi interior sin que yo me hubiera dado cuenta casi, sin que fuera capaz de hacer otra cosa que no fuera ser coño para él, para su polla, y ahora era él y no yo quien tenía miedo como tuve yo de aquel furor sexual desmedido que el tenía entonces, y aunque entonces él también temía y dudaba, estaba tan excitado que el deseo le llevaba sobre mí, arrasándome como una apisonadora, y aunque mi cuerpo me decía que lo estaba haciendo con un niño, yo sabía que lo estaba haciendo con todo un hombre, y era el hombre más masculino y viril que me había follado jamás... Pero ahora, esta noche, conmigo al lado, con María, esta noche Nuria era otra vez el hombre, y mi primo se había revelado de nuevo infantilmente, y era como una hembra sutil y tierna abriéndose para él, y mi novia le dominaba con pura energía viril, de tal manera que parecía un tío salido y sádico follándose a una quinceañera, dejando fluir sin control toda su experiencia y su pasión, todo su instinto sexual y todo aquel deseo desatado que la hacían moverse de una manera animal, como una pantera hambrienta y brutal sobre mi primo, comiéndole a besos y sobándole de tal manera que hubiera matado por poder estar sintiendo yo en aquel momento...

 

Siempre había sido Nuria: porque de repente yo tenía celos de él y no de ella, y lo que deseaba era estar en lugar de Pablo. Joder. Joder, cada día me daba un poco más cuenta de por qué me moría por aquella tía, y esa noche me quedó claro que buena parte del morbo que siempre había sentido por ella se debía a que tiene un componente masculino brutal, y eso que en realidad era yo la que físicamente podía follarla a veces a ella, la que realmente la habñia llegado a penetrar en más de una ocasión… pero, sencillamente, es que Nurita a veces era tan... ¡tan hombre!

 

Creo que nunca he visto a mi amiga tratar a nadie como trató a Pablo aquel día. Realmente mi primo no era consciente del nivel del premio que había conseguido en nuestra estúpida partida de póker. Cierto que tampoco estaba para realizar análisis profundos, porque yo misma estaba perdida en más profundos aún morreos y toqueteos con María, que me había reventar a su antojo en orgasmos brutales una y otra vez con sus prodigiosas manitas y su infinito conocimiento de mi cuerpo (sí, la muy puta siempre me ha conocido mejor que yo misma, es algo que nunca he sido capaz de entender). Sin embargo, sí que era consciente de que muchos de esos orgasmos restallaban al ritmo que marcaban las fugaces visiones de los cuerpos de los dos incestuosos amantes (Nuria no dejaba de llamar primo a mi primo mientras se lo comía y se lo follaba). Y así me corría mientras les contemplaba besándose como dos gatitas emputecidas, frotándose los pechos y enroscándose los pubis mientras se lamían la cara y la boca y se mordían los labios estirándoselos hasta límites masoquistas. O explotaba al verles abrazarse con pasión y fuerza, con firmeza y echando manos al culo, seguro que penetrando más allá y más dentro de lo que les habría permitido si hubiera sido capaz de parar algo, quizás más dentro en el culo de Nur de lo que nadie había entrado nunca mientras sus bocas se enredaban y se rumoreaban sin parar, labios apretados, lenguas ávidas, babas y gemidos insondables. O me retorcía junto a mi primo, que no sé si intentaba atacarla o defenderse, acaso escapar de ella, braceando mientras ella le agarraba alrededor del torso tratando de inmovilizarle y le largaba un mordisco brutal tras otro y a la cara, y solo cesaba en sus ataques cuando él desfallecía y ella podía por fin hundirse en su lengua hasta el fondo de su garganta. O aquellos orgasmos que me hacían volar al compartirlos con los suyos, que se giraban de lado para poder meterse los muslos entre las piernas y frotárselo todo con hondura y con intensidad, y él le hacía reventar a ella sus pequeñas peras y ella le masturbaba el falo tieso que se debatía entre sus cuerpos sudados con mucho más que su propio cuerpo mientras él la abría, la abría hasta partirla a golpe de muslo y los dos reventaban y los tres nos corríamos juntos entre los chapoteos de sus cuerpos pegados por el sudor y el semen y de los dedos de María embutidos en mi sexo desparramado y feliz.

 

A partir de aquella primera corrida de Pablo, Nuria empezó a usar su cuerpo como si fuera un pelele, a manejarlo como un tío que se está follando a una muñeca hinchable, solo que en este caso la muñeca era mi primo y el tío era Nurita, que se entregaba en cuerpo y alma, sin embargo, a satisfacer todo el deseo por ella que llevaba días siendo acumulado por aquel cuerpo de niño. Nur se incorporó sobre la cama, poniéndose de rodillas con las piernas de mi primo entre las de ella. Al despegarse de él para levantar su torso, pude ver aquellos hilos espesos y blanquecinos de lefa recién derramada luchando por mantener unidos sus cuerpos. Pero Nuria no quería romper aquella unión, al contrario: allí, con las piernas abiertas sobre él, le cogió la mano a mi primo y por primera y mágica vez se la llevó a su coño brillante y goteante por la corrida, y suspiró cuando puso los dedos de él entre sus pliegues salidos y colgantes, ayudándole a conocer su interior y a descubrir hasta los últimos secretos de su intimidad. Nur contuvo un gemido, cerrando los ojos y echando violentamente la cabeza hacia atrás, lo que provocó que sus pequeñas tetitas se disparasen hacia mi primo, al que en realidad no le hizo falta ni siquiera eso para volver a cargar su herramienta para un nuevo asalto. El mero contacto de sus tiernos dedos con las monstruosas ostras salvajes de mi amiga actuó como un chispazo que levantó de golpe la tranca de Pablo, que empezó a golpear la mano de Nuria cerrada sobre la de él para mantenerla sobando su coño como si fuera el badajo de una campana. Cuando mi amiga supo que él ya no iba a retirarse de allí, le soltó la mano y utilizó ambos brazos para tirar de su cuerpo hacia ella, hasta lograr recuperar su cara y su boca. Y así, manteniendo casi en vilo a aquel cuerpo joven, liviano, casi etéreo flotando en el placer máximo del momento,  en aquella postura forzada, con ella medio incorporada asaltándole a él, retorcido y medio sentado todavía, con una mano en el coño de ella y la otra sobando sus tetas, así mi amiga empezó a darse el lote de nuevo con mi primo a morro abierto, devorando como una puta la tierna carita de aquel niño. Su forma de comerle era una demostración de saber hacer, de deseo, de lujuria extrema, con aquellos dos cuerpos buscándose, atacándose en plan salvaje, exhibiendo su fuerza bañada en sudor sobre sus tersas pieles, negra ella y blanca él, ambos brillantes y olorosos, tan deseables que a Meri no le costaba nada seguir sacándome un orgasmo tras otro del coño mientras ella también babeaba en mi boca por ellos mirándoles sin pestañear.

 

El dominio de Nuria seguía siendo absoluto, más allá de que Pablo tuviera todavía suficiente sangre en sus venas como para aprovechar la cercanía de unas tetas con tanto morbo y un coño tan único e increíble. Pero ella le seguía manejando, tierna muñequita en sus manos que se deja hacer todo, y Nuria era como una pantera que se lo quería zampar, iba a acabar con él, mi pobre niño… Cuando se lo estaba zumbando con tal fuerza que mi primo tuvo que dejar de tocarle el coño y las tetas para apalancarse con sus brazos contra la cama, ella le saltó al cuello aprovechando que él jadeaba a gritos con la boca abierta y la carita mirando al techo. Agarrándole del cuello, Nuria le mordía y besaba el cuello marcándole con un rosario de perlas y babas brillantes mientras le comía a besos entre estruendosos chupetones. Maldita zorra, pensé, eso va a dejar marca, y falta ya poco para que vuelvan mis tíos…

 

Pero ver así a mi novia con mi primo me retumbaba tan fuerte en la cabeza como las explosiones de mis propios orgasmos, que María buscaba ahora con su experta boquita entre mis piernas. Los brazos de Pablo fallaron, como me estaba fallando a mí todo el cuerpo, y Nuria le arrolló como un tsunami, extendiendo todo su cuerpo de puta sobre el inocente y angelical cuerpo de mi primo, que la abrazó mientras ella pasaba sus brazos bajo los muslos de él para subírselos y abrirle las piernas, incrustando su pubis travieso en toda la raja de él. Era absolutamente increíble, mientras mantenía uno de los morreos más guarros que sea posible imaginar, Nuria le culeaba a saco en la raja a mi primo, quien daba alaridos de placer, acentuados por los cada vez más largos y firmes recorridos que el torso desnudo y sudado de Nur estaba haciendo sobre toda la longitud de la verga empalmada y extendida de él. La tenía tan jodidamente dura que tenía pinta de doler, si bien los largos y continuados masajes que el cuerpo de Nurita le estaba haciendo, de tetas a coño, parecían capaces de calmar todo dolor, y como siguiera empotrándole contra la cama con aquella intensidad creciente, mi primito no iba a tardar en volver a reventarle encima. Yo podía sentir cayendo sobre mi cara las gotas de sudor que volaban del cuerpo de Nur cada vez que se estrellaba contra el cuerpo de mi primo, que se había convertido en una putita sumisa y obediente bajo la furia sexual de mi amada amiga, abriéndole las patas como una furcia para poder sentir al máximo lo que quiera de ella que pudiera estarle entrando en el orto hambriento en aquellos momentos… y es que, no en vano, mi primito llevaba casi dos semanas sin tener oportunidad de llevarse una buena polla a su culito, y eso para él, acostumbrado a dejarse coger casi a diario por su insaciable hermano mayor, debía estar siendo un verdadero suplicio. Pablo elevó sus brazos para agarrase con fuerza a su almohada, en un gesto de dolor arrasado y entrega absoluta. En aquella postura, brazos atrás y patas arriba con todo abierto al máximo mientras Nuria hacía como que lo taladraba con fuertes golpes de pubis, Pablo pareció más una niña que nunca, a pesar del matojo encharcado que formaban los largos pelos de sus sobacos expuestos ante nosotras. Una niña que estaba a punto de correrse, para más datos; pero a aquellas alturas eso no era algo que solo yo pudiera predecir, sino que parecía que mis amigas habían aprendido a captar también sus señales, porque justo cuando sus gemidos empezaron a cambiar de frecuencia y su cuerpo a temblar, haciéndome entender que iba a venirse de nuevo más pronto que tarde, también Mer levantó su carita de entre mis piernas para mirarle. Pero no solo ella lo había advertido, sino que la propia Nuria detuvo en seco su restregar sobre el nabo tieso que empezaba a convulsionar sobre aquel cuerpo tembloroso y, dejándose caer apenas hacia su izquierda, y sin dejar nunca de besarle (ahora con morreos más largos y cargados de lengua, pero mucho más suaves y tranquilos) deslizó su mano derecha hacia abajo, resbalando finalmente por el camino sudado que marcaban las ingles de él. Al desplazarse su cuerpo un poco hacia su izquierda, nos había abierto intencionadamente la perspectiva a María y a mí, que yacíamos a su derecha, como pude constatar al verla levantar un segundo la mirada mientras le morreaba, guiñándome un ojo. Y, entonces, su zarpa se cerró sobre los huevos hinchados y calientes de él, tan repletos de leche, y empezó a martirizarlos estrujándolos con firmeza, igual que había hecho la tarde anterior pero mucho, mucho más despacio y también más fuerte y duro. Lo hacía sin dejar de besarle nunca, y sin tratar de privar a mi primo de la más mínima oportunidad de contacto con el cuerpo de ella, siempre aquellos pequeños senos dejando el surco de sus poco discretos pezones negros sobre la película de sudores compartidos que bañaba la piel de él. Pablo seguía abierto como una zorrita, contoneándose bajo Nuria con jadeos hondos y expresivos, y de pronto me di cuenta de que ella había dejado de destrozarle las pelotas para bajar perineo abajo y hundirle un par de dedos por el esfínter. Los jadeos de Pablo se volvieron ahogados, momento que Nurita aprovechó para hundirle la lengua en la garganta, mientras empezaba a hacerle un dedo como si realmente fueran dos putas lesbianas follando. Y así, María y yo, que sí que éramos dos putas lesbianas follando, acabamos sin darnos cuenta imitándoles, y pronto yo me corría de nuevo con cuatro dedos de ella llenando mi vagina mucho más brutalmente de lo que Nur estaba haciendo con Pablo… ¿Paula?

 

Sentí que mi primo me cogía de la mano cuando me corría, y entendí que él también se estaba corriendo en ese preciso instante: sus gritos de perra enloquecida no podían tener otro significado. ¿Cómo estaba siendo capaz Nuria de llevarnos a los tres de la mano al unísono en aquel paradisíaco momento? Pero es que llevábamos deseando tan intensamente que algo así sucediera, desde el primer día que estuvimos juntos… Mi amiga y mi primo derrochaban sensualidad follándose, o follándoselo ella a mi inesperadamente 100% pasivo primito, que ahora se dejaba comer la lengua por ella, sacándola larga, jugosa, dura y babosa como cuando la utilizaba para darme placer en el coño, y Nurita se la lamía y chupaba como quien mama una polla o un buen clítoris empalmado, y luego bajaba sensualmente pos sus mejillas que sensualmente devoraba antes de marcar con nuevos surcos, y mordiscos, y moratones el cuello de él, irrecuperable ya para presentarlo de vuelta ante mis tíos sin desvelar la indecencia absoluta en la que habíamos caído y a la que le habíamos llevado. Y ella saltaba de su boca a su cuello, y de su cuello bajaba recorriendo su torso con su lengua traviesa, enroscándola alrededor de sus tetillas para besarle y morderle los pezones como si fueran los de una mujer, depilándole los largos y escasos pelillos que los rodeaban a base de morderlos y tirar hacia atrás con fuerza, pero después de cada grito de él por cada pelo arrancado ella volvía a restregar su cuerpo entero contra el de Pablo, que tenía otra vez el nabo tieso hecho un sándwich contra ella, y mi amiga amenazaba con hacerle correrse una y otra vez con todo su cuerpo.

 

Lo bueno de estar completamente desnudos, claro estaba, era que él también tenía libre acceso hasta el último rincón de ella y, claro está, una cosa es que mi primo hubiera caído en una pasividad impropia de él (quizás por su tierna edad y su falta de experiencia, que se desvelaba todavía mayor ante una mujeraza como Nuria, tan evidentemente experimentada), y otra muy distinta que el cuerpazo de mi amiga fuera tan magnético que ni siquiera una estatua hubiera sido capaz de mantenerse quieta sin aventurarse a explorarlo, una vez que ella había dado vía libre a todo. No sé desde cuándo llevaba él sobándole así su culo, pero para cuando me di cuenta de aquello era evidente que sus manos, que habían estado sopesando y disfrutando sus nalgas, habían empezado ya a recorrer hacía rato el camino de su raja, que podía imaginar perfectamente, empapada de todo y tremendamente olorosa (porque la conocía bien), y a aquellas alturas parecía estar ya haciendo resbalar sus largos y afilados dedos jugando con su coño, y quizás también con su siempre prohibido esfínter, a juzgar por los grititos que daba ella. Me turbaba tremendamente ver sus manos perderse al final de la espalda de ella, y sucumbí de nuevo a los celos al ver cómo mi novia se vino encima de él varias veces seguidas. Era evidente que, más allá de sobarle el culo, Pablo ya le estaba metiendo mano sin contemplación y haciendo tremendos pajotes sin el menor pudor.

 

Mi primo empezaba a despertar a la actividad, después de aquel momento inicial en el que se había visto manejado del todo por ella, sin duda imposibilitado por la enormidad que debía estar sintiendo. Conozco bien esa sensación, cuando el deseo por la persona que tienes encima y por lo que te está haciendo es tan grande que te quedas paralizada, con ese dolor punzante y frío que te recorre la columna vertebral y se te clava en las extremidades y te congela el cerebro y el alma, dejándote inmovilizada por completo y totalmente a su merced. Pero ya mi primo había salido de aquel estado de congelación anímica y de sometimiento total al placer, y su propia verga lo demostró también, despertando de nuevo y emergiéndole esta vez a Nuria como un faro glorioso y lleno de luz por detrás de su trasero, con su glande hinchado coronando el culo de ella, que Pablo abría con fuerza tirando de sus cachetes para poder sentir mejor los frotamientos de todo aquel chochamen abierto de cerda encharcada que tenía mi amiga en ese momento.

 

Sentir el cipote de mi primo en el coño es algo muy serio. De verdad. Joder, es que es tan largo, y estaba tan tremendamente duro… Nuria no había podido disfrutar de eso todavía, y era algo que sin duda llevaba deseando casi tanto como mi propio primo. Toda la seguridad con la que se lo había estado tirando ella él se derrumbó de golpe cuando notó por primera vez aquella enormidad quemándole la vulva desplegada, como si le hubieran puesto una tubería de acero al rojo entre los labios. En aquel momento, en el que ella estaba casi a cuatro patas sobre él, mi amiga le miró y me miró luego a mí, con una cara de estremecimiento, casi de pánico. Y, justo después, sus brazos se aflojaron como si fueran de mantequilla y ella cayó derretida de placer encima de Pablo, su bello rostro salpicando sudor sobre el pecho desnudo de él, mientras ambos llevaban ya las manos al centro del universo que se acababa de condensar en aquella verga horriblemente erecta, agarrándola para aplastarla contra el sexo de ella, abierto como la tierra en un terremoto, mientras ella culeaba hacia atrás como podía para frotarse la raja contra él, arriba y abajo, una y otra vez, arriba y abajo y ella lloraba de placer. La escuché correrse de nuevo, al tiempo que los dos se aferran las manos cada vez con más fuerza contra el miembro de él, clavándolo de plano en la raja de ella, que estaría ya roja de escocida si no la tuviese tan perfectamente negra, siempre, morena y brillante de babas deliciosas... Y en aquella cabalgada feroz que inició mi amiga, hubo momentos en que ella a veces se levantaba tanto que la punta de él le rozaba ya la boca misma de la vulva, y parecía por fin que la iba a penetrar de una vez, a follársela entera, a destrozarla, pero luego siempre resbalaba, y caía y subía, y amenazaba con rematarla de nuevo, pero resbalaba, y resbalaba, y todas nos corríamos...

 

Ya sé que Nuria había ganado aquella apuesta, y por eso se estaba tirando a mi primo… Quiero decir, joder, es cierto, ¡que era él quien había ganado, y la había elegido! Pero me refería también a que luego ella se había ganado ser su premio. Joder. No. La verdad que ya no sé lo que quiero decir. La verdad que para aquel momento estaba tan perra que lo mismo me hubiera dado que la hubiera violado de verdad. ¿Pero por qué no me sentaba yo misma en aquel prodigio que tenía mi primo por polla? Evidentemente, no podía molestarme, ni menos aún sorprenderme, que María estuviera pensando lo mismo. Porque sin duda lo pensaba; pero, al menos, tuvo el detalle de no intentar dejarse follar por aquel rabo brutal… sino tan solo darle una probadita, nada más.

 

Y nada menos.

 

No me había dado cuenta de que se había retirado de mí, de mi interior, de encima de mi cuerpo, hasta que no la vi allí, gateando como un bebé curioso junto a al culo de Nuria y la verga de Pablo. Era demasiado tarde ya cuando entendí lo que había pasado, y pude saber lo que iba a pasar. Meri, acercó su boquita al falo, la misma boca que hacía unos instantes había tenido hundida en mi coño, sacó su lengua divina y empezó si más a lamer aquel prodigioso nabo con tremendos lametones, como una niña que quisiera acabarse el helado en dos pasadas. Pablo acusó el golpe, y empezó a palmear el colchón con furia, mientras la propia Nuria, a la que sin duda le estaban llegando también las lamidas de vaca que estaba soltando Mer, aceleró su propia masturbación contra el cipote del niño. También yo quedé hechizada por un momento al ver aquello, pero no podíamos dejarnos llevar tan rápido, ya que era justo que ellos dos se disfrutasen a fondo antes, y en realidad el sexo de Nur apenas había empezado a catar el sexo de Pablo, así que con voz firme la reclame para mí, pidiéndole que me siguiera comiendo el coño y ella, obediente, se giró para encararme de nuevo. Verme así, tan abierta de patas, desnuda, sudando y chorreando, muerta de ganas por cualquier tipo de sexo… María nunca habría desaprovechado una oportunidad así conmigo, por más que tuviera cien pablos esperándola, así que volvió sin más para tumbarse sobre mí justo antes de que él estallara otra vez y nos regalara el espectáculo de aquel nardo absurdo escupiendo su esperma escandalosamente sobre el negro culazo de ella... uffff, joder, la muy puta había metido una mano por el arco de sus piernas para sujetar la tranca temblorosa de Pablo mientras él se le corría encima, y empezó a frotársela a coño abierto hasta hacerse reventar a ella misma en un orgasmo que lloró a gritos con la boca abierta sobre el pecho de Pablo. Pese a que no podíamos verle el culo desde nuestra posición, estaba tan vierta y tan puta que, a juzgar por los chapoteos, me temí que en aquella jugada le había entrado algo más que semen en el coño…

 

Pero lo peor vino cunado mi primo empezó a reponerse de la corrida. Evidentemente, en aquella situación, con Nuria agarrándole la polla dura y usándola para masturbarse el coño, a mi primo no se le iba a bajar pero ni un milímetro. Así que, aprovechando que la tenía todavía como un garrote y que Nuria se había puesto tan puta, se la cogió él también con una mano mientras que usaba la otra para abrirle y dirigirle el culo a Nur. Que era el culo y no el coño me quedó claro cuando, al empezar a notar que él iniciaba movimientos como de follada, ella de repente se quedó blanca y se detenía, subiendo sus dos manos como dos halcones hasta el cuello de él, mientras le empezaba a apretar con saña y le rogaba por el culo no, por favor, Pablo, por el culo no… Quizás mi primito había pensado que, estando claro que yo no le iba a permitir follarla (otra cosa muy distinta era que Nuria, por su parte, seguramente no le hubiera puesto el menor problema para eso, más bien al contrario), podía al menos intentar follarle el culo, porque meterla por detrás en lugar de por el coño como que siempre parece menos ¿no? Seguramente si la suerte le hubiera puesto a María encima aquella noche, en lugar de a su muy deseada Nuria, ahora mismo estaría enterrando su verga entera, hasta los huevos, en uno de los culos más tragones y golosos que pueda haber en esta tierra. El vicio que tiene el culazo de Mer no lo superan ni la mayoría de los coños que han existido y existirán. Y, sinceramente, ya estábamos tan emputecidas las tres que ninguna hubiera puesto el menor reparo si ese anal se hubiera producido justo en aquel instante porque, por mucho que hubiera supuesto hacer saltar por los aires todas las reglas que yo había impuesto antes de dejarles follar, ¿habría sido acaso capaz de contener mi propia excitación por poder contemplar y compartir una salvajada semejante? Estaba claro que mi primo había salido definitivamente de su etapa inicial de letargo y pasividad, y tenerle caliente y activo era un perfecto peligro. Pero claro, María es María y Nurita es Nurita. Y a Nur a puta no la ganaba ni yo, pero lo de su culo… joder, lo de su culo era cosa aparte. Cómo una puta profesional como ella había conseguido ejercer durante años sin que nadie consiguiera quitarle la virginidad por detrás, era algo que nadie entendía. Y, lo peor, es que ella todavía había conseguido sacar partido de su terror visceral a ese tipo de relación… sin ir más lejos, había doblegado a su marido poco antes de su boda cuando, desesperado él por probarle el culo, ella le propuso el trato de entregarle el mío a cambio de abrir su relación sin ningún condicionante ni restricción. Él creyó ver la luz ahí, claro, porque su propuesta venía conmigo de regalo (ella no se había molestado ni en preguntarme, a pesar de que yo le había rechazado a él ya en varias ocasiones, y no precisamente porque fuera el novio de ella), y no solo conmigo, sino también Meri y, en general, todas nuestras amigas. El día que ella me llevó a cumplir su parte del trato, todo sucedió de la forma más sádica y bizarra posible, con Nuria montada encima de mí besándose con él y cubriéndome mientras él me montaba y jugaba a que se la metía a ella mientras la enterraba larga y caliente en mi culo apretado. Después de aquello se lo volví a dar muchas veces, claro, aunque yo también le cobre peaje y su mujer acabaría pasando su noche de bodas en mi cama (a él le pegaron un buen revolcón nuestras amigas, pero estaba tan borracho y avergonzado que no duró demasiado y al final se fueron todas de caza entre los invitados a la boda dejándole dormir la mona). En resumen, que mi amiga Nurita iba a terminar dando el braguetazo perfecto con aquel estúpido forrado y de buena familia que se prestó, con mi culo como prenda, al matrimonio de conveniencia perfecto, firmado ante notario para mayor gloria de mi amiga (como comprenderéis, con ella me ahorré el regalo de bodas o, más bien, el regalo fue mi culo puesto en bandeja para él).

 

Así que, para desgracia de Pablo, su error de cálculo al apuntar a la puerta trasera de Nuria hizo innecesario que yo tuviera que pararle para poner orden en todo aquello, cosa que estoy segura de que no habría sido capaz de hacer. Pero, como digo, no hizo falta que yo hiciera nada: fue la propia Nuria quien acabó recuperando el control de la situación y de la polla de él, mientras yo me entregaba sin límites a María, agradecida por su fidelidad hacia mí al haber renunciado a aquel maravilloso caramelo que acababa de tener en la boca. La desmesura de Pablo y Nuria parecía remitir por un momento (hasta las más ninfómanas y los más salidos necesitan descansar), así que tomándoles el relevo mi amante provisional y yo empezamos a liarnos y a follarnos brutamente a su lado. Lo que nos habían hecho admirar a su lado era, sin duda demasiado excitante, demasiado bueno, demasiado deseable como para no habernos puesto como dos auténticas perras. Y así nosotras dos nadábamos en la lujuria más exagerada mientras ellos continuaban dándose placer, pero esta vez a un ritmo más sosegado y, en todo caso, sin intentar salirse ni un milímetro del encorsetado guión que mis anteriores experiencias nocturnas con Pablo habían venido marcando aquella semana, sin pretender en ningún momento desmadrase más, por mucho que Meri y yo estuviéramos yendo ya totalmente a lo bestia. Porque ahora era mi turno de disfrutar de su cuerpo y de hacerla disfrutar, y la tenía convulsionando tendida en la cama junto a Pablo, pero como si estuviera en medio de un ataque epiléptico, mientras mis dedos y mi mano entera la abrían y follaban con la implacable técnica del reloj que Nur le había enseñado a Pablo aquella tarde en la que todo se nos empezó a ir de las manos, solo que ampliada y llevada al límite para situaciones de sexo expreso como la que estábamos viviendo.

 

El estallido final de mi amante la volvió tan loca que, sin saber cómo, me pegó un revolcón tan bestia que cuando me quise dar cuenta tenía dos o tres de sus dedos incrustados en el fondo de la vagina, mientras su ávida boca, enloquecida tras aquella sucesión de orgasmos encadenados que acababa de gritar se lanzó también a comérmelo todo. Comérmelo todo, en aquella situación, significaba por supuesto no solo meterse en la boca mis labios menores, que de menores no tienen nada y menos en aquel momento, degustando aquella carne de ostra carnosa y babosa mientras succionaba todos los jugos marinos de marisco bravo que sus dedos estaban extrayendo de mí, ni de lamerme frenéticamente los labios mayores abultados e hirvientes, la vulva estremecida y madura como una fruta sabrosa, follándome al tiempo con su lengua todo lo que sus dedos enloquecidos le permitían, sino ponerme a patalear y manotear como si me estuvieran torturando cuando sus precisos y delicados labios me bajaron el capuchón del clítoris y me lo empezaron a chupar con fuerza como si fuera la sustanciosa cabeza de una langosta. Al ser consciente de la reacción extrema que su comida estaba provocando en mí, María se aceleró todavía más, y pude sentir cómo se embalaba multiplicando su entrega en aquella follada a saco y en aquella demencial comida, que seguía yendo siempre a más cuando ya siempre parecía que no podía existir ya nada más allá… pero yo no era ya más que un coño en la boca de mi chica, un coño gritón además, un coño que casi ni era capaz de darse cuenta de que Nuria y Pablo habían dejado de amarse por un momento para mirarme alucinados de ver cómo estaba siendo arrasado mi cuerpo. Una lástima, porque de haberme dado cuenta había podido ver, sin duda, cómo ambos habrían dado su vida por cambiarse por María en aquel momento… ¿Qué delicia, no? Saberme contemplada así, admirada y deseada por mi atónito y caliente primo mientras María me mamaba salvajemente, o quizás yo era la que salvajemente estaba siendo mamada, o la que estaba haciendo que me mamaran salvajemente. En cualquier caso, daba igual el orden de los factores, porque el resultado estaba siendo igualmente que el hecho de ver lo brutísima que me estaba poniendo con aquella tía estaba dejando a mi primo pasmado.

 

Y por fin, al final, aquella iba a ser la puerta que me iba a proporcionar la salida que había buscado desesperada cuando el azar de las cartas me expulsó de entre los brazos de mi primo y me arrancó su verga de las entrañas. En realidad, había hecho falta solo aquella pequeña distracción, pequeña distracción en forma de desproporcionada corrida por una mamada fiera y destructiva, sí, y solo después de que Nuria le acabara de pegar un repaso que no iba a olvidar en su vida… de acuerdo con todo eso, pero ahora era a mí a la que estaba buscando la boca otra vez mi primo, mientras Meri me tenía empotrada contra el cabecero de la cama para continuar comiéndome el coño. Joder, qué maravilla… porque al arrastrase Pablo hacia mí para meterme la lengua en la boca, también Nuria perdió su hilo con él y acabó siguiendo el rastro de mi olor, y de repente me sentí como una diosa adorada por ellos tres, una diosa hecha una pelota, con las piernas en la cabeza y todos los bajos expuestos a la codicia sin límite de María y Nuria, mientras mi primo se daba un banquete con mis peras y me devolvía, multiplicados, todos los morreos que le había visto pegarse con la zorra de mi amiga. Qué delicia poder juntar mi lengua con la de Pablo mientras ellas dos me mamaban tan rico, por doloroso que fuera mantener aquella postura de croqueta, con los pies tocando el mismo cabecero contra el que descansaba mi cabeza. ¿Pero cómo no iba a venir a buscarme mi primo, cómo no se nos iban a sumar los dos a Meri y a mí que lo estábamos pasando tan bien, cuando ellos debían de haber entrado en un ciclo aburrido después del fogonazo inicial, una vez que fueron conscientes de sus limitaciones? Los límites que les había impuesto, de manera más o menos expresa, no les podían dar tanto juego, eso estaba claro. O, sencillamente, igual es que ni se atrevían a hacer más ellos solos, sin contar conmigo… porque no podía ser lo mismo tenerme a mí allí al lado que si les hubiera dejado solo y, seguramente, aquella había sido mi jugada más magistral de toda la semana y la que, sin duda, me había salvado aquella noche.

 

Ufffff… me tiemblan las piernas al recordar ahora cómo Pablo fue bajando, descendiendo tan lentamente con sus besitos, quemándome con su saliva todo el cuerpo, mejillas, cuello, clavículas, senos, vientre y pubis… hasta alcanzar el paraíso en el que pastaban mis amigas y hundirse en él junto a ellas. Fue como nadar entre algodones, mecerme en un fogonazo de luz blanca, elevarme entre vapores y descender lanzada a un frío infierno para volver a estallar en mil estrellas y reventar en fuegos artificiales de flores con olor a marisco pasado. Y ellos subían y bajaban alternativamente o simultáneamente por mi cuerpo, y me besaban y me comían y ya no sabía quién era quien porque siempre había alguien besando y siempre había alguien comiendo. Al final terminamos por liarnos un poco todos a la vez, y entre los tres me terminaron, ya fuera mamándome por turno o a la vez, hasta que cuando sintieron cerca mi final ellas dos tomaron nuevamente el mando, y me destrozaron ano y coño con dedos, bocas, manos y brazos, para hacerme reventar con toda la vulva metida en la boca de Nuria mientras María, que me tenía abierta las nalgas con una mano, estirando esfínter y labios, la raja toda, me taladraba el culo con toda la alegría con que ella misma habría recibido tal follada. “Eres preciosa, prima” me decía Pablo sin dejar de sobarme mientras mi ano reventaba con el dedo que me estaba haciendo María, y con la lengua rabiosa de Nur metida en el coño que yo tenía metido en su boca. Puta película porno lésbica de las buenas que le estábamos poniendo a mi primo, me dije, y yo que hace unos días no le dejaba ver la mierda de peli erótica aquella que nos había colado el del videoclub… María había decidido probar con el cuarto dedo simultáneo, y mi entrada trasera echaba fuego mientras sentía que empezaba a mearme en la boca de Nurita. Mi cuerpo se movía solo en movimientos que no era capaz de interpretar, y solo supe que en realidad era una marioneta que estaba siendo manejada por Meri con cuatro deditos nada más…

 

“Joder, Laura, ¡joder, Laura!, ¡¡JODER, LAURAAAA!” mi primo flipó como nunca cunado me vio terminar por reventar, una vez que Nuria, roja y empapada, levantó su cara de mi coño y me incrustó su garra en el sexo abierto. Primero rabié de dolor, pero en seguida me quedé ahogada mientras sentía aquellos movimientos sincopados y armónicos que realizaban las manos de mis amigas en mi interior, casi como si estuvieran buscándose a través de la pequeña pared de carne que separaba mi conducto vaginal de mi recto. Tiempo después, hablando con Pablo, él me confesaría que hasta aquella noche nunca había imaginado siquiera que una tía fuese capaz de eyacular como yo lo hice, y es que, más allá de la sabrosa corrida que empapó la mano de Nuria mientras no dejaba de follarme, una fuente de squirt leve y caliente empezó a rociarnos a todos como si fuera uno de los aspersores que regaban el jardín durante las noches. Todavía recuerdo la cara de felicidad de Meri, riendo a carcajada limpia mientras mi coño la ponía perdida de mis esencias desde su largo pelo hasta sus tetas. Aquel orgasmazo mío había sido la traca final de la follada conjunta que me habían pegado los tres, aunque el trabajo más bestia lo habían hecho ellas dos solas al final, mientras mi alucinado primo se limitaba a pajearse, correrse y volverse a pajear para acabar regalándome una rociada de semen que juntamos con mi squirt sobre mi cuerpo. Las otras dos putas estaban tan encerdadas conmigo, que ni siquiera fueron conscientes de las masturbaciones de él.

 

Aquellas dos últimas pajas, y la excitación de poder ver nuestra salvaje manera de follar acabaron con el aguante de Pablo de manera definitiva… al menos durante un rato. Terminó por caer rendido junto a mí, mientras nosotras nos recuperamos fácilmente después de un breve respiro. Antes de que nos diera tiempo a pensarlo, ya estábamos follando de nuevo las tres juntas, si bien parecía que el ritmo había bajado considerablemente: naturalmente, nosotras también estábamos agotadas. La cosa entró en una modorra suave de caricias, besitos y lamidas durante un largo rato, hasta que notamos que él había despertado y se había unido a nuestros cuerpos enredados y mezclados. Durante un rato no pude saber si la lengua que acariciaba mi chocho era de una de mis amigas o de mi primo, ni si los gemidos que ellas soltaban se debían a la lujuria de él o se la estaban proporcionado entre ellas mismas. Lo qué si pude ver es que un par de bocas que no eran la mía llegaron a cerrarse varias veces en torno a su nabo que, de nuevo, se encontraba hinchado al  límite. Pero, por algún motivo, el hecho de ver los cuerpos de ellas entrando en contacto con la desnudez explícita de mi primo era algo que había dejado de molestarme por completo, ya que de algún modo yo misma estaba por fin recuperando también la normalidad de juntarme sexo con sexo con él, y estaba felizmente empezando a vivir con la más maravillosa pasión aquella orgía improvisada que se estaba deslizando ya sobre nuestra cama, y en la que todos estábamos consiguiendo disfrutar de todos al mismo tiempo, de una maldita vez. El sexo que desarrollamos, sin embargo y a pesar de lo larga e intensamente que veníamos esperando aquel momento, fue relativamente de baja intensidad, como si la tralla que llevaban nuestros cuerpos hubiera conseguido superar por primera vez a nuestro nivel de calentura y no estuviéramos siendo capaces de darnos más que mojadas, lamidas y besitos, tan sutil todo a veces que para las alturas en las que nos encontrábamos casi podría decirse que no estábamos cometiendo más que una inocente travesura, unos cariñitos sin mayor trascendencia, si no fuera por nuestros desnudos totales y perfectos enredados y mezclados de tal manera que a veces costaba saber dónde empezaba un cuerpo y dónde acababa otro. La cosa terminó con María hundida entre mis piernas, comiéndome el culo (estaba claro que la chiquilla tenía tantas ganas de sexo anal como mi propio primo), y yo pajeando a Pablo muy suave y despacio mientras Nuria le besaba y le sobaba con absoluta impudicia por todo el cuerpo. María acabó por subir desde mis bajos al poco rato, sin duda atraída por nuestro gemidos, y abrazándome desde mi espalda nos ayudó a terminar al niño, sobeteándole también entero mientras yo continuaba masturbándole suave pero constantemente, hasta que terminó por correrse encima otra vez, quedándose de nuevo dormido como un angelito mientras mis amigas le lamían con cierta pasión el cuerpo manchado de semen.

 

Había sido demasiado, y ni nosotras tres pudimos llegar ya más lejos. Durante unas horas la quietud de la noche nos meció entre sus brazos.

 

Cuando abrí los ojos estaba abrazada a su joven cuerpo desde su costado izquierdo. A su otro costado dormía Nuria, también abrazada a él y con la cabeza pegada a la suya, apoyada en su hombro, y la mano sobre su polla flácida, que por fin descansaba desinflada, demostrando que hasta los superhombres llegaba un momento en el que tampoco podían más. La miré con cariño y respeto, con aquella admiración sorda que siempre he sentido por ella, tantas veces acallada por mis celos y mi eterno sentimiento de inferioridad por ella. Era increíble su capacidad para convertirse en el más oscuro objeto de deseo de cuanta persona se cruzaba en su camino. Lo había vuelto a hacer con mi pequeño primo, desde el instante mismo en que se pusieron los ojos encima, y ni su edad ni su parentesco conmigo habían conseguido pararla, ni su relación previa conmigo o el deseo enloquecido que él mismo podía sentir hacia mí o incluso hacia María también habían sido suficientes para aplacar aquella atracción irresistible por Nuria. Y ahora ella había conseguido por fin lo que quería, y dormía más sobre él que junto a él, rodeándole con su pierna y untando el cuerpo de él con su sudor y el flujo caliente de su coño, cuyo penetrante olor me revelaba que no había dejado de manar durante su sueño. Evidentemente, ella no le había poseído todavía, y conocía de sobra a Nuria para saber que, una vez que había hecho presa en aquel cuerpo, ya nada la iba a parar hasta que no se metiera hasta el fondo aquel rabo que ahora descansaba flácido en su mano. La cuenta atrás había empezado, y a mí me quedaban a penas unas pocas horas de gracia, las que Nuria quisiera concederme, para dejarme follar por mi primo, si es que todavía seguía queriendo aquello (y sí lo quería, por loco que pudiera parecerme, aunque todavía no fuera capaz de juntar el coraje necesario para hacerlo), antes de que se lo levantase Nur directamente. Pero a falta de poseerle con todas las de la ley, ella tenía ya su sexo, y tenía casi su cuerpo entero, y los había conseguido por derecho propio al ganar aquella estúpida apuesta con la que yo solita había terminado por reventarlo todo. Y, sin embargo, pese a mi insensatez yo había conseguido abrirme hueco entre ellos y, por el momento al menos, había conseguido evitar también que todo aquello llegara todavía más lejos. Porque sí, porque en realidad, por una vez yo estaba por encima de ella, porque ella misma era mía y se me había entregado completa y sin condiciones cuando yo di ese giro inesperado decidiéndome por fin por ella en lugar de Lucía y, sobre todo, por encima de la mismísima María. Y ahora lo que había entre nosotras era incluso más fuerte que aquella perdición insuperable a la que nos arrastraba la mera visión del falo duro de mi primo, porque estábamos unidas con una dureza que ni el falo más grande de esta tierra parecía capaz de romper en aquel instante… Y, rodeando y superando todo aquello, el deseo inconfesable que mi primo y yo llevábamos meses tratando de sepultar, inútilmente, había desbordado por fin todos los límites de la realidad, de tal manera que estaba a punto de ahogarnos a todas, pero sobre todo a mí, y pese a todo y pese a María y a Nuria, ese vínculo entre él y yo seguía fuerte y único. Cuando le dejé follarme, un año antes, supe que llevarme su virginidad de aquella manera no iba a ser gratis para ninguno de los dos; para empezar, a mí me había costado un año asumirlo, pero ahora estaba por fin en condiciones de empezar a pagar el gustoso precio que el destino venía a cobrarme, y no me importaba ya ni siquiera si eso me iba a llevar a convertirme en la puta de aquel crío salido.

 

Y así, esa atracción brutal que todavía hervía entre nosotros, aún cuando aquella serpiente que era el cuerpo de Nuria ya se había enroscado con fuerza alrededor de su cuerpo y de su sexo, él todavía era a mí a quien miraba, y hacia mí dirigía su cara aunque sobre su cabeza descansara la de mi amada, y así girado hacia mí dormía, respirándome en la boca y besándome mientras soñaba que me besaba, mezclando nuestras humedades y soldando nuestros labios y lenguas, nuestros alientos. Yo misma le había arrancado su último orgasmo hacía unas horas, y en aquella lenta corrida, a la que le había costado llegar ya bastante más de lo habitual, había gemido claramente mi nombre a pesar de que mis amigas estaban devorando, literalmente, su cuerpo mientras se venía.

 

Pasé así minutos, horas quizás, agarrando su carita de niño mientras nos comíamos la boca delicadamente, y creo que él lo hacía todo el tiempo dormido, hasta que yo misma debí caer también, rendida, superada por tanto amor y tanto placer. La leve luz de un amanecer remolón entraba todavía, queda y fría en la habitación cuando él despertó por fin. Y, naturalmente, su despertar me pilló esperando: mi boca en su boca, mi lengua en su boca, mis manos en su cara. Dormida y todo, fue mi aliento y mis babas llenándole de vida y de vigor lo primero que sintió mi primo aquella mañana, antes incluso de ser consciente del calor que el cuerpo enredado, sudoroso y cachondo de Nurita transmitía a su propio cuerpo, antes de ser consciente incluso del dolor que aquella garra cerrada sobre su cipote antes flácido empezaba a hacerle según su hombría despertaba también, como si mi propio aliento la estuviera hinchando al tiempo que él empezaba a besarme sin el menor respeto, a recorrer mi cuerpo con su lengua y sus manos sudadas y emocionadas, chupándome entera y con una habilidad tan golosa y desmedida que me desperté de golpe y taaan excitada que me sentía casi al borde del orgasmo, y no pude evitar despertar a éstas con el ruido exagerado de mis gemidos. Apenas fui capaz de llegar a ver a Nuria asomándose incrédula para descubrir con asombro cómo él se hundía desaforadamente en mí, casi no me di cuenta tampoco del chasquido molesto de su lengua ni del evidente cabreo que la encendió en cuestión de segundos, apenas lo que tardaba su cuerpo en girarse, indignado y derrotado finalmente: mi primo me había elegido a mí, y a ella directamente la había olvidado. Nuria se dio la vuelta, muerta de celos; por una vez era ella la que no quería  ver cómo mi cuerpo se alzaba con la victoria, además justo en la noche que parecía haber sido su mejor momento.

 

Pero ya no se trataba solo de ver, porque la voracidad de Pablo con mi cuerpo estaba ya resonando en toda mi habitación. Yo yacía ya excitada como una puta, rebozándome encima de mi amiga María quien, arrebatada del sueño por nuestro arrebato, se complacía en mis formas y mis calores para tratar de sobrellevar el ser la eterna olvidada en aquella disputa a tres que parecíamos traernos. Pero a mí me daba todo igual en aquel instante, y más que nada los posibles sentimientos de María o de Nuria, porque solo me importaban los sentimientos de deseo y de desmadre sexual de mi primo conmigo, así como mi propio sentimiento de entrega, lujuria absoluta y perversión total. Quería que me follara, sí, aunque él solo quería comerme, pero me lo estaba comiendo todo, me estaba comiendo toda, entera y completa y lo que yo no conseguía darle él me lo arrebataba o la cerda de Mer se lo entregaba. Nuria nos miraba ya, con cara compungida entre estertores de placer, mientras se sobaba los pequeños pechos y se hundía frenéticamente los dedos en el coño; como siempre, era demasiado guarra como para dejar que sus sentimientos fueran a aguarle la fiesta. Pero la verdadera fiesta acababa de empezar en mi coño, aquel regalo a punto de caramelo, libre y abierto como nunca, depilado al extremo para él, chorreando, caliente y deseoso de su boca, de aquella boca divina que acababa de cerrar babosa y salvaje sobre y dentro de mí a la vez, y yo empecé a correrme en él desde el mismo momento en que me lo tocó, y me lo empezó tocando con la boca pero de pronto eran también sus dedos, quizás también los de María, porque había demasiados dedos allí aunque para mí casi no podía haber nada más que labios succionando y lenguas penetrando, y solo cuando los deditos expertos de Meri que tan bien me conocen me desfundaron el clítoris para dárselo a él entendí que la vida era mucho más que la boca de mi primo, justo antes de que ya no hubiera nada más que aquella boca que de repente me había lanzado del cielo a los infiernos más oscuros y calientes de la perdición total. Yo no lo sabía, claro, no lo podía saber, pero en aquel momento en que mi primo me devoraba mientras yo usaba a mi amiguita de erótico colchón, los dedos de él se hundían hasta el fondo del chochito caliente de ella también, y María se corría y cuanto más la hacía correrse él, ella más me abría a mí para él y más me entregaba a su frenética comida. Y yo gritaba, claro, y mis aullidos enmascaraban los grititos de guarra de la corrida de Meri, y yo golpeaba a Pablo y le obligaba a mamar más y más y más todavía, y quería matarle ahogándole en mi coño para dejar de sentir aquel placer arrasador, y Nuria se iba a desgarrar el coño en su masturbación delirante y él me lo lamía, me lo chupaba y me lo comía como nunca, porque tampoco nunca yo me había entregado así a él, porque tampoco nunca había querido ser yo tan verdaderamente suya como en aquel amanecer, y yo me abría al máximo para él y le daba todo mi coño de puta, y mis alaridos atronaban como si estuviera dando a luz en su boca, aquella boca que me estaba dando la vuelta a la vulva, que me estaba haciendo sentir hasta la última y más sutil evolución de aquella excitación desmesurada en mis partes que él recorría con dedicación y de la forma más perfecta y excesiva, haciéndome sentir los labios descapullando con el clítoris inflamado, todos hinchados en sangre viva para entrar en su boca y que su boca entre en mí, en aquella mi vagina que acababa de entrar en ebullición, y el ruido de humedad de su comida era tan brutalmente exagerado que de repente ya ni los gritos de mis amigas ni mis propios alaridos se podían escuchar en el medio de aquella tempestad acuosa.

 

Yo no sé qué cosas hizo Pablo en mí en aquella mañana. Por dios, un puto crío, no era más que un puto crío… Es que nadie con tan poca experiencia podía ser capaz de algo ni remotamente parecido a lo que me estaba haciendo, joder. ¿En qué momento reventé, y volví a reventar, y reventé una y mil veces más? ¿En qué momento acabé retorciéndome sobre él, retorciéndole el coño en su cara, para tratar de huir o de buscarle todavía más? ¿En qué momento me llegué a incorporar y a sentarme en su cara, echando las manos atrás y saltándole encima como una zorra enloquecida, como una puta furibunda que ha perdido la cabeza? Me daba igual ahogarle, partirle el cuello, tragarle la cabeza entera con mi coño de ramera abierto de par en par, me apretaba contra él y le saltaba encima una y otra vez, dejándome caer sobre su boca solícita que me perforaba como una serpiente enroscada mientras yo, bajo la mirada rota de Nurita, le agarraba con furia la polla que me golpeaba empalmada la espalda surcada de sudor, y le masturbaba mientras sudando como si fuese a morir en el infierno me iba a mares en su boca. 

 

María, que al saltar yo sobre mi primo había venido tras de mí para seguir aprovechándose de mi cuerpo entregado a la lujuria fuera de toda medida, se dedicó a comerme las peras saltonas mientras toda mi estremecida anatomía se concentraba en frotarse con fuerza contra la castigada cara de mi primo. Solo cuando él ya no pudo más, cuando pude notar su verga hinchada y grande y dura como nunca quemando entre mis manos, que él había amarrado a mis espaldas con las suyas alrededor de su tronco bestial para que no dejara de machacarle aquel prodigioso falo, solo entonces me empujó con furia sobre mi amiga, que seguía centrada en tragar tetas, y que me recibió en sus brazos desde donde admiré asustada a Pablito erguirse ante nosotras con aquella empalmada brutal, que se erguía y bamboleaba ante nosotras como un mazo de demolición, y él nos la mostraba con saña y odio, enloquecido y borracho de deseo.

 

- Joder – sonó la voz ronca de María rodando por su garganta reseca, mientras me abrazaba con fuerza.

 

Evidentemente, las dos habíamos comprendido que me había llegado el momento, aquel martillo asesino que amenazaba con descabezarme se elevaba ante nosotras implacable y audaz. Nada iba a ser suficiente ya para Pablo que el mayor y más jugoso de los premios. Abrí al máximo mis piernas y, tumbada de nuevo sobre María, dejé que fuera ella quien me abriera el coño para él, sin dejar de admirarle asustadas ninguna de las dos.

 

Pero Nuria.

 

No puedo culparla, no creo tampoco que actuara premeditadamente, ni que su objetivo real fuera impedir nada. Si lo único cierto es que si él me la hubiera metido en aquel instante ellas dos habrían acabado destrozadas por aquella verga de potro en celo inmediatamente después: mi primo estaba caliente como nunca y jamás había tenido la polla tan a punto para todo…  Habría podido de sobra con las tres. Pero aquello estaba siendo increíblemente excitante para todos; también para Nuria, abandonada a su suerte en medio de aquel pajeo sin medida y sin final. Solo cuando sus gritos empezaron a ahogar el resto de gritos volví a reparar en ella, pero ya era tarde. Mi amiga se retorcía, girándose y cayendo sin control sobre él, la muy zorra, tuvo reflejos suficientes para agarrarle la verga, eso sí, justo antes de quedarse medio muerta allí pegada a sus piernas, pero igual daba todo ya, porque aquel contacto fue suficiente, y Pablo cerró los ojos y suspiró hondo, y cerró la mano alrededor de la mano que Nuria cerraba en torno a su polla, y ya no había nada más que follar que no fuera aquella mano con la que Nur ya se la pajeaba, flojito, despacio pero con precisión, sabiendo demasiado bien lo que se hacía, robando de ella la energía necesaria para volver a venirse arriba, ante mí, armada por fin con aquella arma definitiva, conmigo entregada, sometida, y ella buscando venganza… Sin dejar de meneársela muy despacio, Nurita se la bajó y la utilizó para golpearme el coño con ella, mojándola en mis jugos salivantes, para luego acercarse todavía más a aquel portento y ser ella la que se puso a escupirle encima un enorme goterón de saliva, un goterón que cayó deslizando por el tronco tenso hasta bañarle el glande y, desde ahí, gotear directamente mezclado con su preseminal resbalando hasta mi vagina abierta. Y así fue como, justo cuando esperaba que mi primo me reventara por fin a pollazos, lo que acabé sintiendo fue el líquido viscoso de mi amada Nuria penetrarme el sexo que Merita mantenía sádicamente abierto. Y yo me corrí del gusto, claro, porque aquello fue tan jodidamente erótico que de repente no me importaba una mierda que Nur lo hubiera jodido todo, y me dejé follar con los dedos por Meri mientras las dos babeábamos al ver como sucedía ante nuestros ojos justamente aquello que estábamos deseando ver: siempre actuando muy lentamente, Nurita se la subió otra vez desde encima de mi chocho hasta la altura de su cara, y allí ya abrió muy bien la boca y se la comió.

 

Sin más. Allí, delante de mí. Pero es que Mer no podía tampoco aguantar más, así que debió de considerar que si yo no estaba diciendo nada a Nuria, tampoco ella iba a seguir quedándose atrás eternamente, y sentí que me vaciaba sacando de mí sus manos chorreantes para plantárselas a él en aquel par de pelotas martirizadas e hinchadas, y le empezó a tocar los huevos mientras abandonaba su papel de eterna actriz secundaria y salía de detrás de mí para directamente empezar también a comerle, a comerle los huevos peludos a saco, hartándose de comer pelo y piel rugosa y gruesa con sabor a polla sudada, y mi primo caía de nuevo en la cama, muerto de placer mientras Nuria se abalanzaba a boca abierta tragando su verga larga y tiesa y María le mordía más que chupaba las pelotas, que se le pusieron tensas y duras mientras ella las succionaba de una en una, metiéndolas completas en su boca, alternativamente, aprovechando incluso para juguetear con el esfínter de Pablo, y animada por sus gemidos y lloriqueos de placer, y por mis propios jadeos de ánimo mi amiguita sacó su furia y se hizo sitio, y Nuria no tuvo otra que dejarle pasar, ella que tenía aquella tranca absurdamente rígida embutida casi hasta el fondo de su garganta (y eso que nunca había sido precisamente muy fan del garganta profunda), acabó por emprender la retirada entre ruidos guturales, dejando escapar aquella serpiente musculosa y tiesa que María buscaba ya recogiendo a lametones las babas y mocos de Nuria que escurrían por el falo, agarrando el tronco con sus manos manchadas de mis corridas y de la mierda del culo de mi primo en el que acababa de estar hurgando, y tanto yo como él suspiramos mareados de placer y medio ahogados de ganas de ellas al verlas allí, besándose a saco sobre su tranca y en su tranca, morreándose a lengüetazo limpio, empapándose y atacándose a mordiscos sin dejar de tocarle el rabo y los cojones, y de repente eran los deditos de mi novia los que se hundían en el orto de mi primo, haciéndole retorcerse de placer y tensarse de dolor, joder, yo flipaba con su atrevimiento, con lo absurdamente escrupulosa que ella había sido siempre para el culo, pero estaba perdida en la boca de María, que se estaba comiendo a mi primo, la muy furcia, enajenada con aquella verga dura en la mano y en la boca, uffffff, joder... porque sí, porque se la había vuelto a meter, tragando y baboseando con su lengua antes de levantar su bella carita y dejarle tragar a Meri, que se deleitaba recorriendo con su lengüita aquella tranca dura que luego se tragaba entera entre gemidos atroces de Pablito, y  así una y otra vez las dos bellas mujeres le fueron mamando a turnos, y mi primo alucinaba viendo como su cipote se hundía primero en la boca de una y luego en la de la otra, la polla entera de mi primo llenando aquellas boquitas de puta y haciendo tan felices a aquellas dos niñitas calientes en que se habían convertido mis amigas. 

 

De verdad que era increíble, os juro que nunca antes había visto a Nuria comer así, aquel cipotón, y se la metía cada vez casi entera, y eso que por más que se lo habíamos explicado mil y una veces Nuria jamás había conseguido hacerle el garganta profunda bien a un tío. Tampoco aquella mañana, claro está, pero ella igual lo daba todo y se la metía hasta que su delicado y duro vientre se revolvía en arcadas profundas, y tenía que entregarle el testigo a María que, ella sí, hacía gemir como un perro a mi primo tragándose aquella enormidad limpiamente como un faquir tragasables. Y, sin embargo, a pesar de lo absolutamente increíble del momento, pude darme cuenta de que, mientras mi primito gemía y les acariciaba las cabezas hundidas sobre su rabo, no dejaba de mirarme a mí. Aquella mirada, dura, obscena, penetrante, me hizo levantarme y exhibirme para él. Me sentí sucia y puta, pero rodeando aquel amasijo informe en que se habían convertido mis mamonas amigas me acerqué hasta él, y supe por el brillo ansioso de sus ojos qué era lo que quería de mí, que era lo que mi pequeño amo me estaba ordenando… Aquella noche habíamos exigido demasiado a su joven cuerpo y, pese a la magistral y deseada doble mamada que estaba recibiendo, iba a necesitar algo más para correrse. Y no solo eso sino que, además, me quería a mí… a pesar de todo me seguía buscando a mí. Desnuda y sumisa, caliente y muy perra, me planté sobre él, bien abierta, y bailé así para mi primito, enseñándole sin tapujos todo mi sexo en completa apoteosis: abierto, mojado, sudando, con todo colgando e hinchado, la vagina desbocada de par en par, los labios separados... y mi clítoris empalmado mientras me lo pajeaba para él como si fuera un pequeño pene. Mi primo empezó a alucinar conmigo, y pronto pude darme cuenta de que, aunque ellas estuvieran poniendo el contacto físico directo con su nabo y con su culo, con quien se estaba poniendo a mil mi primito era conmigo, así que empecé a moverme más rápido dispuesta a ser yo la que me lo llevara cabalgando hacia el orgasmo.

 

Era increíble, pero ¡estaba funcionando!, de repente parecía haberse olvidado de ellas, ¡¡¡haberse olvidado hasta de la doble mamada por mí!!! Y gimiendo y suspirando empezó a sudar como un cerdo, empezó a inclinarse hacia atrás abandonando a su suerte a mis amigas, lanzando sus manos enfebrecidas para intentar tocarme a mí, estirando su brazo y su mano… Demasiado lejos, demasiado estímulo sobre su verga, mi primo empezó a patearlas y a manotear a mis asombradas amigas hasta lograr quitárselas de encima hasta, finalmente, saltarme encima apartando sus cuerpos y sus bocas todavía chorreante. Pero Pablo ya no pensaba en nada que no fuera mi coño. ¿Dicen que los tíos solo piensan con la polla? Joder, pues en aquel momento mi pequeño primito acababa de renunciar a correrse con su polla metida en dos preciosas boquitas expertas, calientes y entregadas para asaltar aquel coño que levaba llenando su mente durante meses y que justo ahora yo le había puesto en la cara queriendo entregarme para siempre a él. Era increíble, realmente atrás quedaban meses y meses de suplicio, prohibiciones absurdas y negativas incomprensibles. En realidad, por primera vez le estaba dejando tocarme así, tan abierta y bestialmente, sin hacerme la dormida ni ninguna otra cosa rara de las mías. Pude sentir cómo tentaba la penetración con su enorme pollón un par de veces, pero yo ya no quería parar nada, si al revés no hacía ya más que gemir y gritar incitándole, ¡vamos Pablo!, ¡vamos!, y él que de repente fue y se echó a un lado y me tomó de golpe y entera con toda su mano, y yo ahogándome y resoplando de placer como una locomotora mientras le escuchaba gemir casi llorando en mi oreja no voy a poder prima, me estaba corriendo y no aguantaba más, y venga a pasarme el índice por la raja, y pese a su urgencia abriéndome escandalosamente despacio, y yo me sentía mojándole todo y empapándole cremosa y abundante como si me estuviera corriendo con nata espesa, mientras le veía chupándose el dedo corazón para utilizarlo recorriéndome la raja, hasta que por fin me penetró después de insoportables pasadas, una detrás de otra, hijo puta, le decía, qué dedos más largos y calientes tienes, primo, porque mi primo me estaba haciendo una profundísima penetración vaginal con el dedo, con dos dedos seguro, quizás con tres dedos o aún con cuatro, me tenía abierta como una cerda, fóllame aunque sea con el dedo, primo, taladrándome y mancillando enfurecido aquella fruta prohibida, aquella fruta que yo le había prohibido, Pablo estaba penetrándome, y yo misma estaba desoyendo mi propia prohibición, aquí estaba mi verdad, despatarrada y sucia, ahhh me muero, delante de mis amigas, mmmm qué gustito, fóllame Pablo, mátame primo, dame más…, y él me daba, me daba todo, siempre largo, siempre horriblemente lento, un dedo, dos, era todo taaan maravilloso, me metía de golpe todos los dedos, tan laaargos y cálidos ¿y qué podía decirles yo ya a ellas de que le hubieran comido el rabo delante de mí? Ohhh coño, pero joder qué puto placer, qué placer, sí, sí, me estás llevando al cielo, mierda, me voy a correr ¡¡¡me voy a correeeer!!!

 

¿Quién dijo que los tíos siempre piensan con la polla? Porque ojalá Pablito lo hubiera hecho entonces y me la hubiera clavado hasta el útero, o que hubiera pensado con mi coño y me hubiera hecho reventar de una… ¿Pero cuantos añitos tenía aquel demente del sexo, aquel sádico mago de la perversión? ¿Por qué no me mató en aquel momento? ¿Cómo pudo saber el momento exacto para salir de mí justo antes de la explosión final? Cuando notó aquel momento que ni yo misma habría sido capaz de identificar, me sacó de golpe el dedo y... joder, así bien lubricadito de mí, aprovechando mis postura de puta abierta y entregada me lo ensartó de un solo golpe en mi culo quemante. Yo no era consciente todavía de lo que iba a suponer aquel gesto de mi primo, que en realidad estaba ya literalmente hasta sus muy hinchados cojones de mí y de mis constantes frenazos y retiradas cuando parece que estoy ya a punto, cuando parece que me voy a dejar por fin de mierdas y a dejarle follarme, y justamente aquella noche, justamente cuando él ya me tenía, cuando yo ya no era capaz de negar nada a nadie y menos que a nadie a él, entre yo y mis amigas le habíamos puesto tan a reventar que sabía que no iba a ser capaz de terminar de entrar en mi sin explotar como un bebé primerizo dentro de mí. Había sido una puta de lo peor, y merecía mi castigo. Con el chocho abierto y su largo dedo girando dentro de mi culo, supe que me lo iba a dar… Por fin… El desgraciado empezó así, moviéndose muy suave, en círculos y girando, ayudándose de la lubricación que arrastraba desde mi coño antes de que mi propio culo sudado empezara a facilitar que su movimiento rotatorio se perfeccionara con un tierno mete saca simultáneo que fue aumentando progresivamente su frenesí. Pero claro, si mi primo estaba a reventar, yo no andaba mejor. Desde luego que si él no hubiera tomado la decisión de renunciar a aquel polvo que yo me había mostrado dispuesta a regalarle, lo cierto es que ambos habríamos durado poquísimo. Total, que mientras empezaba a follarme el culo a saco, me di cuenta de que la cosa no podía mejorar ya, porque yo me seguía corriendo con todas las letras.

 

- Ay… uffff, Laura, Laura, Laura... – vale, estaba claro que tampoco iba a venirme sola, me dije. Pablito no estaba mejor que yo, y eso se veía.

 

Por un momento amagó con besarme en la boca, como había hecho incansablemente con Nuria en su noche de premio del póker, pero lo cierto era que yo estaba demasiado excitada a aquellas alturas como para dejar que me comiera la boca así; no habría sido capaz de resistirlo, así que me giré poniéndome boca abajo, sujetando con mi mano derecha su mano en mi culo para evitar sacarle de mi interior, y echando mano a su polla sin pensarlo con la mano libre para empezar a pajear, haciéndole ver que quería que me llevara ya al final de una puta vez, porque no me veía capaz de resistir mucho más. Joder, en aquella postura me estaba desfondando el esfínter, metiéndome dos y tres dedos cada vez, aunque estaba todo tan mojado que igual me daba porque todo entraba y salía sin límite aparente, y en realidad casi lo que más me dolía en aquel momento eran los labios del coño que seguía teniendo muy hinchados y salidos. Sin embargo, cuando creía que mi cabeza iba a reventar ya, mi pobre primo empezó a mugir y a retorcerse; yo no lo esperaba, la verdad, pero el niño debía estar tan caliente que tenía que estar haciendo un esfuerzo verdaderamente brutal por no correrse. Lo malo de aquello fue que, en represalia, o como protección preventiva quizás, se lanzó a un furibundo ataque final contra mi culo para hacerme correr cuanto antes, y de repente allí me tenía de nuevo incapaz de entender quién era el adulto y quién el niño, o de dónde sacaba aquel crío toda aquel vigor y toda aquella capacidad, mientras me mataba, me mataba, jugando con mi cuerpo, me levantaba y me machacaba mientras yo ya me iba, me estaba yendo mientras machacaba su verga intentando acabarle también, y él me hacía correrme seguido y yo le pajeaba fuerte, y él me había levantado, agarrándome por el culo con las dos manos mientras hundía uno o dos dedos dentro y me seguía corriendo, y yo me agarraba al mango de su polla y se la meneaba, pero la excitación tan fuerte y el esfuerzo físico que le había supuesto hacerme eso parecían haberle dado un nuevo aliento, retrasando su orgasmo otro poco más, una nueva prórroga que yo aproveché para besarle con desesperación, y ahí sí que nos besamos en un largo y húmedo beso hasta que sus brazos no aguantaron más y tuvo que dejarme, tumbándome de nuevo sobre la cama para subírseme luego encima, con aquella cara suya que rebosaba felicidad, Laurita, me gustas tanto, tengo tantas ganas que... mi pobre niño, me bastó solamente con bajarla y masturbarle un poco con los labios vaginales, apretados contra su abdomen, y el cipote de mi primo empezó a escupir todo el preseminal de golpe, por lo que para cuando me apoyé su capullo en la vulva le hice explotar de manera incontenible, y el semen se le salió a presión llenándome labios y vagina, empapando la cama, subiéndome espeso por el abdomen empujado por el frotamiento continuo de su polla dura sobre mi coño pelado, liso y suave, húmedo y caliente, tenso y cachondo, apretadito de gusto en medio de sus corridas continuas .

 

Mi primo cayó rendido sobre mí. Los dos estábamos agotados, jadeando como animales, empapados en sudor y temblando de frío y de amor. Lo acogí entre mis brazos, acunándolo y abrazándolo mientras sentía como nuestras agitadas respiraciones se iban calmando, hasta que lo sentí dormir sobre mis pechos. 

 

Durante todo ese tiempo, Meri y Nur se habían tenido que conformar la una con la otra... pero os podéis imaginar que eso no era precisamente algo que a mis amigas pudiera molestarles, sino más bien al contrario. La noche estab siendo increíblemente caliente para los cuatro, muy caliente, nosotros dos habíamos reventado ya y todavía estábamos recuperándonos mientras ellas se lo montaban de nuevo a lo salvaje, y aunque en ese momento estábamos tan arrasados que no podíamos casi ni ser conscientes de su presencia, al final por muchas veces que nos corriéramos yo seguía tan cachonda, y él también claro, calientes, sudando los dos como pollitos mientras ellas follaban junto a nosotros, aunque no fuimos capaces de darnos cuenta de nada hasta que en un momento dado empezaron a hacer las dos un enloquecido 69 que captó inevitablemente la atención de mi primo. Cuando me quise dar cuenta, él estaba untando la entrada trasera de María con una cremosa mezcla de restos de su lefa y de mis flujos, un delicioso lubricante que yo utilicé para follarle el culo a mi amiga.

 

Habíamos vuelto a mezclarnos los cuatro casi sin ser conscientes de ello, y mientras mis amigas se follaban y se pajeaban la una a la otra, abrazadas y besándose, yo frotaba mi cara contra la melena de María y seguía hurgando su culito, y desde allí pude ver cómo mi primo se había vuelto a poner bruto otra vez, a saber qué habría estado haciendo entre ellas para tener la polla otra vez así, y se la pajeaba rápida y hábilmente, tanto que no tardó nada en empezar a echarles su esperma caliente encima de sus caras, mientras las dos putitas se morreaban con ganas y se volvían locas al sentir aquella leche pringosa cayendo sobre sus mejillas, enloqueciendo entonces sus besos para incluir entre ellos aquel delicioso manjar con el que mi primo las estaba regando.

 

Emputecida otra vez, yo había empezado a comer a Meri desde atrás mientras ellas continuaban su lechoso morreo y Mer alargaba la mano para terminarle a Pablo la paja que él se estaba haciendo, sin duda pensando con toda la avaricia que así podría conseguir que él le terminara encima directamente a ella. Sin embargo, mi amiga se debió llevar una sorpresa todavía más grande que la mía cuando mi primo se levantó justo cuando parecía que se iba a terminar de correr del todo, y nos dejó de piedra cuando empezó a echárselo todo encima a Nuria, que se incorporó sin dudar, dejando tirada a Nuria, para beber de él, complacida, dejando su preciosa carita bañada de blanco en cuestión de segundos, como si quisiera de aquella lujuriosa manera tratar de compensar el haberla dejado tirada por mí apenas unos minutos antes.

 

No sé bien qué había esperado de aquella noche cuando accedí a aquella estúpida apuesta del póker. Supongo que, sencillamente, dejarme follar por él sin más, acunada por la estúpida convicción de que habían sido la Fortuna o el Destino quienes me habían arrastrado finalmente, casi a la fuerza, hasta su cama. Del mismo modo, supongo que cuando todo se torció y Nuria y Pablo se ganaron el derecho a follarse el uno al otro, yo debí de pensar que ése y no otro tenía que ser el único final posible para aquella noche, y tal vez el final definitivo también de esta historia, y de mi propia historia con Pablo y con Nuria. Y sin embargo, los tres se habían mantenido alucinantemente serenos en medio de su desmesura y del despropósito sexual de aquella noche. Evidentemente, no puedo decir que no hubieran llegado a hacer nada, sobre todo ellas que se habían hartado a comerle el rabo por completo y hasta el final, jugando con su leche como dos auténticas zorras y pajeándole sin piedad una y otra vez… pero, por lo demás, y teniendo en cuenta cómo estábamos, estaba siendo todo milagrosamente ligero, inesperadamente sensato, más allá del intenso sobeteo, besuqueo y alguna que otra mojadita… Era cierto que mi primo había podido conocer al fin el chocho de las dos, verlos, olerlos, quizás se le podía haber escapado alguna lamida en los momentos en los que los cuatro nos revolcábamos entrelazados, y las había pajeado a las dos, eso sí, de lo de María no me había dado cuenta y me lo confesaría ella misma tiempo después, pero a Nuria yo misma la había visto guiar los dedos de Pablo para que pudiera conocerla, explorarla, joderla y llevarla al orgasmo. Pero, más allá de eso, élnunca había llegado a nada real con ellas, ni a penetrarlas con su enorme polla, ni a mamarlas, no las había follado de verdad, a pesar de haber intentado metérsela a Nuria por el culo; ellas a él sí que le habían comido y follado y de todo menos joder, pero al revés no se había llegado a atrever a dar ningún otro paso definitivo, no al menos después de la negativa anal de Nuria.

 

Yo nunca supe el motivo real de que él no hubiera intentado nada más aquella noche con ellas, pero lo que pensé en aquel momento fue que él, sencillamente, no quería hacer nada definitivo con ellas porque volvía a quererme a mí, o siempre había sido a mí a quien había querido aquella noche también, a pesar de haber elegido a Nuria, porque ahora, después de tanta vueltas, él volvía a buscarme a mí siempre, por mucho que nos mezcláramos con ellas una y otra vez él me buscaba, porque yo le buscaba a él también, claro, y acababa siempre encima de él, sudando, los dos sudábamos y estábamos cubiertos de líquidos, de su semen y de babas de todos y flujos de nosotras tres, y así mi cuerpo deslizaba sobre el suyo, ambos mojados, lubricados, ambos frotándonos y resbalando, y él de nuevo empalmadísimo, pero aguantando durante horas nuestro juego. Y así los cuatro, calientes siempre, a ratos dormíamos, y luego volvíamos a empezar, con muchos besos, con tantas caricias... Y, sin embargo, siempre acabábamos él y yo volviendo a excitarnos más que nadie, juntos, desmedidamente cachondos, escandalosamente salidos y lujuriosos. Y así éramos capaces de estar junto a ellas y olvidarlas dejándonos llevar, conmigo a cuatro patas sobre mi primo tumbado, metiéndome toda su tranca en la boca como una putita, o él follándome la boca como un semental enfurecido, y ellas a nuestro lado no podían hacer más que envidiarme y pajearse, conformándose con la vista de mi trasero abierto meneándose ante ellas, mientras yo se la comía una y otra vez, desde arriba, o desde abajo, lamiéndole el culo y sudándole la polla, mamándole el rabo y follándole el culo con mis dedos.

 

Según nos íbamos aproximando al amanecer, nuestros cuerpos agotados necesitaban más descanso para recuperarse, pero a pesar de todo ninguno de los cuatro parecía dispuesto a desaprovechar el momento, así que manteníamos un contacto casi continuo y permanente, aunque de baja intensidad, que nos llevaba a encontrarnos y mezclarnos de diferentes maneras una y otra vez. A pesar de mi predilección por mi primo, a veces era yo la que las buscaba a ellas también, o la que dejaba a Pablo hacer algo con Nuria, mientras yo aprovechaba para volver con María, con la que me encontraba inesperadamente enchochada aquella noche. Mmmm me encantaba comerle el chumino, porque después de tanta guerra seguida lo tenía caliente y muy abierto para lo que es ella, y además le estaba empezando a crecer un poco el pelo, se lo podía notar perfectamente, firme, duro y pinchudo después de dos semanas o más de su depilación, aunque se lo había retocado en algún momento, de eso estaba segura, haciéndose un rasurado parcial y poco profundo para dejar tratar de dejarse una especie de mechón central; eso sí, ella como siempre llevaba los labios perfectamente limpios...jijiji.

 

Otras veces me encontraba o buscaba también a Nurita, claro… sentir el aroma de su chocho pasando cerca de mi cara me seguía volviendo loca, tanto como para dejar lo que tuviera entre manos para seguir aquel delicioso rastro hasta dejarla abierta y chorreando, tumbada en la cama boca abajo, levantando el culo abierto, negro y perfecto mientras mi primo me miraba separándole la raja y metiéndole la lengua por su coño con sonoros ruidos de chapoteo, hundiéndola entre sus labios menores hinchados y salidos como almejas golosas mientras Pablo nos golpeba a pollazos su culo y mi cara, y a veces María aparecía sobre el culo de Nur y me ayudaba a comerla desde arriba, y entonces Pablo nos golpeaba las bocas a las dos con su polla, intentando mojarla en el coño de mi novia, o se pajeaba mientras se divertía alegremente con mi coño.

 

Si alguna obsesión diferente de mí noté aquella noche en mi primo, más allá de la evidente atracción especial que existía ya entre él y Nuria, fue el deseo sordo y violento que estaba empezando a nacer en él por el culo de ella… Era increíble, la pobre Nurita que jamás había querido entregar su virginidad anal a nadie, y ahora se encontraba amenazaba por una de las vergas más tremendas que había probado en su vida ¡jijiji! Aunque bueno, tan increíble tampoco podía ser, teniendo en cuenta que a Pablito siempre le había gustado follar por el culo (y me lo había hecho a mí pero igualmente a mi vecinito Lucas, además de que yo sabía que estaba loco porque su hermano Carlos le dejase probárselo también alguna vez), y sobre todo porque es que Nuria, que siempre ha tenido un culo de diosa, en aquel verano lo tenía perfecto, pequeño y compacto, redondo, duro, negro y brillante, feroz y potente como para partir nueces en la raja de entre sus nalgas. A mí todo aquello en realidad me ponía a mil, así que naturalmente aproveché también para liarles en un momento dado, mientras yo me dedicaba a pajearle a él sobre el soberbio culito de ella, estrujándole fuerte su enorme cipote con mi manita, que parecía tan pequeña y cansada en comparación cuando se la agarraba, para volver a ver aquel trasero negro cubierto por su blanca leche, recordando cómo se le salía a Nuria antes el rabo de Pablo entre las nalgas apretaditas cuando estaba a cuatro patas y encima de él, sobándose contra su cuerpo. Creo que aquella debió ser realmente la primera vez en su vida que Nur nos dejó a María y a mí comerle el culo libremente y a gusto, sin quejarse ni apartarse ni pedirnos que parásemos. Poder hacerlo además jugando con la lefa de mi primo, mezclando su sabor cremoso y salado con la pastosa intensidad del culito de Nuria era además una pasada absoluta, y no sé si para ella también lo estaba siendo o es que se estaba poniendo a mil mientras se daba el lote con Pablito, pero desde luego que gimió como una puta cuando le metí la lengua hasta tocar con ella la mierda que tenía en el fondo de su esfínter. Naturalmente, perdida por primera vez en aquel majestuoso culo, y muy feliz de poder estarlo, yo no podía ni muchos menos ser consciente de que la obsesión anal que había crecido en mi primo estaba siendo también intensa en María y en mí misma, hasta el punto de que iba a terminar siendo una de las piezas fundamentales para encajar el final de mi historia. Mis jueguitos con el culo de Nuria me iban a terminar por llegar a mí también, multiplicados, en realidad iban a terminar por alcanzarnos y arrasarnos a las tres, aunque lo iban a hacer de manera casi por completo inesperada en mi caso y, sobre todo, en el de la propia Nur.

 

Pero antes de llegar al final de la historia he de llegar primero al final de la noche… (bastante antes en realidad, porque por desmesurada que estuviera siendo la noche, mi mente iba a necesitar todavía unos últimos empujones para terminar de desbloquearse y permitir a mi primo dar el paso que tanto ansiaba conmigo). Llegando el amanecer, por tanto, y después de aquel tórrido intercambio continuado que nos había mantenido en todo momento bordeando el delirio de consumarlo todo varias veces, pero sin llegar nunca a hacerlo, finalmente terminó por precipitarse nuestra noche de amor en el fulgor de la mañana. Con la luz entrando a raudales en la casa, nuestro amor compartido se hizo mucho más nítido y real; nada podía ya ocultar ni disimular lo que estábamos haciendo los cuatro juntos en aquella cama, y nuestra desnudez enredada y entremezclada denunciaba con claridad la caída de demasiadas fronteras entre nosotros, pero también en los cimientos más hondos de mi moral, que estaban a punto ya de resquebrajarse por completo y derrumbarse como un castillo de naipes, como esa baraja de cartas que nos había llevado a acostarnos juntos de la manera más absurda e insensata.

 

Allí, a plena luz del día ya, mi primo me cogió las tetas con sus manos delante de ellas, envolviéndose la polla con mis voluptuosos almohadones, pidiéndome que le repitiera una de mis cubanas que tan loco le habían vuelto siempre, a pesar de haber estado tanto tiempo sin hacerlas, ya que ésa había sido precisamente otra de las cosas prohibidas por mí durante tanto tiempo. Quizás su cipote era un poco más grande ahora que hace un año, me decía yo  mí misma, pero más allá de eso realmente nada ha cambiado en él, ¿por qué entonces me prestaba a pajearle de nuevo con mis tetas, a desnudarme para él otra vez, a dejarle tocarme y mamarme, a comerle aquella polla que asomaba entre mis peras al ritmo de su follada, una vez más? La única explicación, estaba claro, era que la que había cambiado había sido yo y no él, que seguía buscando en mí exactamente lo mismo que había buscado desde la primera vez que puso sus dedos sobre mi pecho… María y Nuria se besaban con él mientras tanto, y le sobaban su cuerpo tenso y empapado en sudor, pero su polla era mía, y yo la dejaba pasar a mi boca abierta sobre mis tetas, con mis babas cayendo tronco abajo para lubricar sus folladas en mis berzas. Yo me agarraba fuerte a sus piernas y a su culo duro, estirando los dedos para tentarle el esfínter (dios, si es que yo tampoco era capaz ya de dejar de jugar con su culo ni un momento; como decía antes la obsesión anal se había desatado entre nosotros), y podía notarle temblando de placer mientras las tres amigas le devorábamos el cuerpo por todas partes y yo seguía mi trabajo pectoral sobre su verga hinchada. ¿Por qué me había negado también a hacerle cubanas aquellos meses? Qué estúpida, todo lo que me había estado perdiendo por mi moral absurda, mis miedos y mis pudores sin sentido. Con lo ricas que son… nunca más le negaría una cubana a nadie, me decía mientras mi primo seguía y seguía follándome las tetas.

 

- Rico, rico, está tan bueno mi niño, lo comas por dónde lo comas... - Me puso brutísima escuchar aquel comentario de María entre beso y beso, viéndolas sobar a Pablo y enrollarse con él por encima de mi cara, a plena luz del día ya, mientras ellas disfrutaban también de nuestra mutua entrega, de cómo follábamos delante de ellas, para ellas, después de haberlas despertado hacía rato con nuestros gemidos y movimientos.

 

Porque mi cubana se había convertido en una follada de polla con mis tetas, ya que en un momento dado a Pablo le fallaron las piernas y cayó tumbado sobre el colchón, y yo aproveché para abalanzarme encima de él y le tenía tumbado entre mi cuerpo y la cama, y le repasaba la polla arriba y abajo con mis berzas sudadas, y el gritaba porque estaba a puntito, pero mi cuerpo también necesita al suyo, y como todavía seguía siendo tan estúpida como para no querer meterme su rabo en el coño, decidí girarme sobre su polla, así a cuatro patas sobre él, sin perder nunca el contacto entre mis tetas y su miembro duro y levantado, para ponerle directamente el coño abierto, abierto y muy corrido en la boca, hasta dejarme caer tumbada sobre él en posición de 69. Un par de veces me metí su falo en la boca, lamiéndolo, escupiéndole, pajeándolo, esparciéndole mi saliva, frotando y comiéndole los huevos, mientras él me comía el coño a boca llena con todo ese hambre que se siente al amanecer tras una larga noche de sexo. Sentir como mi primito me empezaba de aquella manera tan llena de furia y ganas mientras yo restregaba su polla por mis tetas, sentirle tan insaciable todavía después de todo lo que llevábamos ya encima, me puso a mil y me llevó a lanzarme definitivamente a por su verga, que le empecé con la misma furia veloz que él estaba poniendo en mi coño, aunque al principio sin llegar a metérmela nunca completa. Sin embargo, él ni mucho menos parecía ya dispuesto a frenar, sino que me cogía las cachas del culo con las manos para separármelas y abrirme el coño al máximo y así poder follarme a lengüetazos sin ningún estorbo ni impedimento. Y cuanto más le sentía abrirme el culo y penetrarme el coño con su lengua dura, más a tope me introducía yo su verga en la garganta. Cuando me la metí entera él se echó a temblar, por lo que bajé el ritmo para evitar que se me viniera encima antes de terminar conmigo, y estuvimos así un buen rato mamándonos de aquella deliciosa manera, muy lenta pero muy honda los dos, centrándonos más en alcanzar lo profundo, en colmatar de placer el sexo del otro, en dar el máximo para obtenerlo todo. Aquella intensidad de placer, destilándolo hasta alcanzar nuestras esencias, me hicieron acelerar el ritmo sin darme cuenta, porque mi cuerpo reaccionaba y lo sentía ya cabalgando hacia las estrellas. Sentir mi calor, mi acelere y el escurrir fluido de mis zumos en su boca le hizo acelerarse a él también, y de pronto nos vimos abrazados con fuerza a las piernas y traseros del otro, con nuestras cabezas embutidas entre ellas, hasta el fondo de nuestros culos, de nuestras rajas, de nuestras pollas, y si yo le estaba haciendo una garganta insondablemente profunda a todo su largo rabo, mi primo me estaba haciendo también un lengua profunda en todo lo hondo de mi profundo coño que tenía abierto como una puerta para él, que me devoraba la vulva a mordiscos, rechupándome y rechupándose como cabeza de gamba para extraerme todo el sabor. Empecé a mearme en su cara del gusto, me tuve que clavar en su nabo al máximo, hasta llenarme la garganta y quedarme sin respiración para tratar de controlar, o por lo menos ignorar, los espasmos que retorcían y agitaban mi cuerpo, que pateaba y manoteaba sin sentido y sin control alguno, muerto del gusto hasta no poder más, el niñato cabrón me estaba matando pero yo me aferraba con uñas y dientes (literalmente) a su polla tratando de seguirle el ritmo, porque a la hora de la verdad estaba siendo yo la que me estaba yendo sin esperarle…

 

Fue increíble, todavía hoy no doy crédito a lo que pasó… Entendería que él estuviera vacío, exhausto a aquellas alturas, joder si no era más que un niñito que llevaba demasiadas horas dándole tralla a sus huevos, por grandes y potentes que los tuviera. Pero no, vacío no estaba ¡y no iba a tardar en demostrárnoslo a las tres! Sin duda el haberse corrido varias veces aquella noche tuvo que ayudarle a retardar su orgasmo, pero es que en realidad estábamos todos así, ya que nosotras tres habíamos llevado también un ritmo demasiado intenso aquellos últimos días, y precisamente por eso yo había sentido al principio de mi mamada que iba a necesitar mucha caña para conseguir correrme con él, al quien, pese a todo, yo había notado demasiadas señales de orgasmo inminente ya desde el principio de mi cubana. Pero joder, es que yo necesitaba caña y él me la había dado, pero me la había dado de verdad… igual es que nadie me había comido el coño nunca con tantas ansias, igual es que nunca había hecho un 69 igual, con una polla tan grande y, sobre todo, tan durísima, porque el nivel de empalme que llevaba el crío no era de este mundo, y yo igual, ahí tan abierta y tan cerdamente salida, que joder… Al final había tenido que sacarme la verga de la boca porque me estaba ahogando y no podía más, me estaba estallando el coño y no podía respirar ni gritar con aquello dentro, traté de lamerlo lo más puta posible, de comerle la punta con mucha lengua mientras le apretaba fuerte los cojones y le pajeaba el rabo a toda velocidad, pero el cabrón me tenía ya, yo me estaba corriendo, notaba cómo me iba a mares en su cara, no aguantaba más, explotaba guarrenándole, frotándome las tetas contra él como una putita desesperada mientras él hundía su lengua como un hacha en mi raja, rompiéndome el coño y el culo, y yo restregándome toda en él y estrujándome las peras hasta reventar, hasta matarme de dolor para tratar de aplacar aquel placer tan enorme y tan horrible con toda su lengua en la vagina, lamiendo sabrosa, saturándome el ojo del culo. Acabando conmigo… 

 

Y el muy capullo sin correrse, ¡¡¡después de haberle hecho mi mejor comida en toda su puta vida!!!!

 

Resbalé por su cuerpo hacia delante, hacia su centro, destrozada y babeándole entero, pecho, vientre, pubis... Ellas se estaban masturbando suavemente la una a la otra, muy abiertas las dos junto a nosotros, con las piernas entrelazadas como haciendo una tijera en la que se hundían también sus dedos, sus manos y casi su brazos. Habían estado siguiendo nuestro enloquecido 69 y habían vibrado conmigo, explotando en mi explosión. Pero el cuerpo que había estado excitando yo, aquel que había conseguido nublarme el entendimiento y el deseo como nadie había hecho jamás, el cuerpo de mi pequeño primito, se mantenía aún entero, aunque temblando como un flan y completamente empapado de todo, estremecido y alucinado. La necesidad que tuve de sentir todo aquel cuerpo que había conseguido vencerme en cuerpo y alma era tan grande que por un momento pensé que me iba la vida en tomarle, en tenerle, en sentirle. Resbalé y resbalé con el coño abierto, los labios menores abiertos de par en par, chorreando y dejando mi surco sobre su joven cuerpo y ya no paré hasta llegar a su verga, enroscándome en torno a ella como una serpiente, la portadora del pecado, la mujer que mordió su manzana y todas las manzanas de la lujuria y el placer extremo. Me erguí por fin, feroz, enloquecida, furibunda, sentándome sobre él, de espaldas a su cara, aferrando su miembro con las dos manos, agarro su hombría con toda mi fuerza, haciéndome una con su virilidad con todo mi deseo; le pajeé como una madre, como una amante esposa, como una puta sin límites, me incliné sobre él para exponerme y abrirme, y me la pasé entera por el sexo, me rebocé su polla por todo el coño abierto, me froté como una furcia contra su vástago, sin dejar de masturbarle ya nunca, con mis manos, con mi coño, con mi clítoris encabritado, poseyéndole pero, a pesar de todo, todavía temiéndole, siempre temiendo y siempre negando, aún, joder ¿por qué?, negándole mi entrega total, sin ser capaz de meterme aquel monstruo que tanto deseaba, y no lo temía por su dureza, por su enormidad inflamada, por su longitud desafiante como habrían hecho quizás otras, no, yo lo deseaba como nada, ya no podía seguir negándomelo, y estaba caliente como una ramera y lo quería todo dentro, pero era un niño, y era mi primo, y era… y a pesar de todo yo era tan puta que me lo repasaba todo por el coño y me masturbaba usando su verga, tumbada sobre él mientras él me sobaba y mis amigas se venían hacia nosotras y empezaban a besarme y a sobarme también y a mamarme a mí con su polla en mí, y mamaban mi clítoris y su glande a la vez, y todo lo hacíamos tan despacio y con tanto cuidado porque nos amábamos como nunca se había amado nadie.

 

Yo me empecé a correr otra vez enseguida, casi al instante en que los labios y las lenguas de mis amiguitas se posaron sobre mi vulva, y mi cuerpo encabritado se elevaba en un volcán y notaba cómo él me aguantaba, me sujetaba, me levantaba en vilo sin darme cuenta... y enseguida los chorros calientes de su líquido viscoso chorreando copiosamente por el mástil hasta llegar a mi vulva, hasta entrar por mi vagina empujados por las lenguas de las zorras de Nuria y Meri. Pablo enloqueció, por fin, reventando en una corrida monumental, en el orgasmo esperado, en la más monumental de las recompensas que yo le brindaba, al fin, arrepentida por haberle tenido tanto tiempo esperando, sin justificación, sin sentido. Y, glorioso como siempre, su pene escupía chorros salvajes de esperma, y me bañaba con él a mí y bañaba también a mis amigas conmigo. 

 

Finalmente, me dejé caer sobre él, impotente, agotada, feliz, y mi primo me recibió, generoso y enorme, dándome la vuelta y abrazándome por detrás, besando suavemente mi cabeza, mi pelo, mis mejillas, mi cuello, mis orejas... Mis amigas, mientras tanto, seguían recogiendo su semilla de donde podían, de sus cuerpos, de mi cuerpo... hasta que, agotadas todas aquellas fuentes, finalmente fueron a buscarla del sitio dónde se había acumulado más pura y abundante, en nuestras ingles, buceando en las mías, lamiendo mis partes más íntimas, juegan de nuevo con las de mi primo, volviendo a chupar su polla que, pese a todo, empezaba ¡por fin! A desinflarse.

 

Pablo se quedó dormido bajo mi cuerpo, agotado por la tensión a la que le había sometido, quizás no solo aquellas semanas y en espacial aquellos últimos días, sino seguramente y más todavía durante casi todo aquel largo y extraño año. Agotado también, claro, por la sexual descarga encima de su prima, casi dentro, tan cerca aquella vez; por las descargas repetidas sobre su prima y sus amigas, en sus cuerpos, en sus bocas, en sus culos... Yo también descanso ya, a pesar de las caricias, de los besos de ellas, nuestros sexos reposan, los cuatro nos vamos abandonado. Descansamos lo que podemos, plácidamente, abrazados Pablo y yo...

 

Hoy puede ser el día, pienso mientras termino por perder definitivamente la consciencia, dormida entre los brazos de mi primo...


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@laualma que relato tan cachondo mami puta me la menee leyendote tenia que correrme mi zorra calenturienta


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@laualma 🔥🔥🍆🍆💋💋


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@laualma me la meneó deseándote🔥🔥🍆🍆


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@laualma 😘😘😘🔥🔥🔥💋💋💋🍆🍆🍆


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