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La Libertad III_21: día 09

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laualma
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 09 - 23.07.2012 

 

 

- ¡Joder!

 

Con esta bonita expresión, Mer nos despertó a mi primo y a mí, que dormíamos en mi cama abrazados como dos tortolitos. Solo mis braguitas, arrugadas y sucias de semen y flujos, todavía sobre mi cuerpo (aunque perdidas a media pierna y dejando ver, en realidad, mi sexo expuesto de manera absolutamente escandalosa) sirven de tímida muestra para tratar de negar, todavía, lo que ya debía resultar casi evidente a la fría mirada de mi amiga.

 

- Anda, vamos, despertaos de una vez, que ya tenemos el desayuno listo.

 

Apenas fue capaz de reaccionar, mi primo se dio la vuelta, ocultando la desnudez de su miembro. Me hizo gracia aquello, aquel absurdo intento de manifestar un falso pudor, cuando llevaba casi diez días haciendo precisamente lo contrario: provocarnos sexualmente a mí y a mis amigas. Por otro lado, al girarse puede que consiguiera ocultar en parte su ingobernable verga, pero le dejó a la vista de María su tierno y juvenilmente duro culo. Yo, por mi parte, me sentí muerta de vergüenza, y desde luego que hubiera preferido mil veces que nos hubiera despertado Nurita… Meri parecía sumida de nuevo en su molesto mal humor. En todo caso, pasaba de cabrearla más ni de darle motivos de pensar nada raro, sobre todo teniendo en cuenta que me había vuelto a quedar a dos velas aquella noche (ya, ya, ya sé que es un decir, sí… había llegado a mojar, y a base de bien, pero entendedme, había sido capaz de pararle, de detener su follada, y aquello me había costado más que nada antes en mi vida… ¿me merecía un aplauso más bien, no?, desde luego más eso que el careto con el que me había despertado María), así que de un salto me planté detrás de Meri, tratando de subirme las braguitas sucias con la mayor dignidad posible.

 

- Tía, no es lo que parece, sé que no me crees, pero…

- Ni me creo, ni me dejo de creer nada, Lau – contestó sin dignarse a mirarme.

- Ya, Mer, pero no he hecho nada que no hiciese ayer con él, joder, en realidad nada que no haya hecho Nuria, por ejemplo… y si te digo la verdad, casi nada que no hayas hecho tú… que no entiendo por qué te pones así, Meri…

- Vamos, Lau, que somos mayores, y yo no me pongo de ninguna manera. Por mí tú puedes hacer tranquilamente lo que quieras, y nosotras también, faltaría más, ¿o no? Bueno oye, no sé, preciosa... que tampoco quiero malos rollos con esto ahora. Al fin y al cabo es lo que le dijiste el otro día a Nur así que...

- ¿Pero así que qué, so zorra? ¿Así que eso os da libertad para pajear a mi primo? ¿Le da a libertad a Nurita para comerle el rabo? ¡Joder, que vosotras hacéis lo que os sale del coño y luego todavía me pones caras! 

 

Mis gritos fuera de lugar acabaron por atraer a Nuria, que salió a la sala desde la cocina cuando nos acercábamos allí. Lo peor es que tenía claro que si había gritado tanto como para alarmarla a ella, mi primo me tenía que haber escuchado perfectamente, también. Joder, qué bochorno.

 

- Ey, ey, afloja, tía ¿se puede saber qué bicho te ha picado esta mañana? no hace falta ponerse así, cualquiera diría que has pasado mala noche… - si Nurita estaba intentando calmarme, estaba consiguiendo justo lo contrario.

- Tía, Lau, si no has mojado y estás tiesa es porque quieres, ¿vale? y además, que yo no le he hecho ninguna paja al niño, recuerda...

- Joder, María, perdona, es cierto, tienes razón, no sé qué me ha pasado... – por mucho que me jodiera su actitud, tenía que admitir que yo estaba llevando aquello mucho más lejos de lo conveniente.

 

Y es que, al fin y al cabo, Meri podía ser un putón (en realidad era la menos putón de las tres, he de admitirlo), pero aunque me incomodara verla molesta, tenía razón en que realmente ella no le había llegado a pajear… vale que igual sí le toco la verga dura, y que había jugado a provocarle como la que más y que le dio los mejores motivos para irse mientras mi primo se pajeaba, con su streap tease y luego corriéndose en su cara... en fin, que no era ninguna santa, precisamente… pero había contenido sus impulsos de tocarle de verdad, de masturbarle o incluso de felarle el rabo… y eso ya era mucho más de lo que habíamos conseguido Nurita y yo. Creía que iba a ser capaz de calmarme por fin, mientras intentaba tragarme las palabras que me hervían dentro, cuando la vocecita burlona de Nuria saliendo desde su carita divertida volvió a joderlo todo:

 

- ¿Vamos, Lauri, ¿qué pasa porque le hagamos una pajilla al niño? comparado contigo somos monjas, ¿hasta dónde habéis llegado esta noche? soltó E que contemplaba la conversación desde la mesa de la sala.

 

Error, me dije… Nurita, nunca deberías haber pronunciado esas palabras. Mi sangre volvía a hervir.

 

- ¿Qué pasa? – salvada por la campana, Nur, pensé al escuchar la voz pastosa de mi primo.

 

El pobre se puso como un tomate al ver las miradas que le dedicamos las tres, casi completamente desnudas, además, y se ocultó en la cocina pasando rápidamente entre nosotras, con la cabeza gacha. Las tres seguíamos en bragas: tampoco ellas se habían cambiado ni adecentado después de una noche de sexo que, por lo que se veía, debía de haber sido considerablemente buena, a pesar de todo. Que Meri siguiera jodida por mi actitud acaparadora con mi primo, además de por seguir siendo la única que no había tocado realmente pelo con él, podía comprenderlo, aunque que lo demostrara haciéndose la víctima era algo que no podía evitar que me enervara. Lo que no me había esperado en absoluto era que Nuria también pudiera estar molesta conmigo. Me di cuenta entonces de que seguramente ella se había cabreado porque yo había pasado de ellas la noche anterior, cambiándolas por mi primo sin casi dignarme a darles explicación alguna. Que además yo casi alardeara de no haber consumado con él, conociendo a Nuria, tenía que joderla todavía más que todo lo demás. La fugaz aparición de mi primo había tenido, no obstante, la virtud de aplacar mis ánimos. Me di cuenta de que no era aconsejable montar un numerito con ellas discutiendo sobre mi primo estando él delante, así que tuve que cambiar las palabras que pensaba decir justo cuando estaban a punto de salir de mi boca. Y claro, en aquella situación de tensión e improvisación, pues tuve una de mis habituales salidas que no hacen más que precipitarlo todo.

 

- Pues, si de verdad tenéis tanto interés por saberlo, en realidad esta noche no hemos hecho repetir lo de ayer, besitos y caricias, sin más... aunque reconozco que hoy me ha costado más contenerme – pronuncié aquella última de frase con un volumen intencionadamente alto, esperando que mi primo pudiera escucharme desde la cocina.

 

Mis amigas rieron escandalosamente al constatar mi cambio de actitud, sin duda tan prometedor para ellas... Pero, para mi sorpresa, Pablo salió de la cocina, mirándome perplejo.

 

- Vamos primo, vamos a desayunar, que me muero de hambre – dije queriendo dar por zanjada la discusión. Pablo, claro, no supo qué contestar, y se limitó a su ya tradicional babeo mirándonos sin recato las tetas…

- Sí, vamos… - soltó Meri, dejando entrever, por primera vez aquella mañana, un amago de sonrisa en sus dulces labios. Parecía que las hostilidades habían terminado al fin.

 

Después de desayunar nos bañamos. Yo propuse hacerlo en bolas; total, tal como íbamos escondíamos poco ya, nosotras tres con bragas o tangas ridículos y bastante transparentes, y mi primo siempre con aquellos slips que parecían diez tallas menos de la que sería necesaria para cubrir recatadamente su enorme pollón… Sin contar, claro, que además los cuatro llevábamos la ropa interior hecha un desastre del día anterior, porque ninguno se había cambiado al despertarse y, si no habíamos tenido ya bastante marcha durante el día, nuestros encuentros sexuales de la noche habían dejado nuestras prendas íntimas maltrechas, marchitas y medio inservibles. Vamos, que se nos veía hasta el alma. Ni qué decir tiene que, además, bañarse desnuda daba mucho más gustito (y no me estoy refiriendo solo a dar gusto a la vista, propia o ajena… o ¡incluso al tacto! Jijiji).

 

En cuanto les hice mi propuesta, mi primo fue el primero que se lanzó a desnudarse, sin dudarlo ni medio segundo. Pobre… sin duda le había parecido la mejor de las ideas, ponernos los cuatro en pelotas ya por la mañana, bajo la más radiante luz del sol. Pero no dejaba de ser un niño, un niño salido, además. Y claro, cuando mis preciosas amigas le imitaron como locas, despojándose de unas braguitas tan sucias que se les quedaban pegadas a los labios del coño a ambas cuando empezaron a quitárselas, Pablo descubrió que aquello no iba a ser precisamente fácil.

 

Su pene empezó por saludar ya a medio gas a los cuerpazos desnudos que se le plantaron delante cuando ellas consiguieron sacarse por fin las braguitas.

 

- Muchas gracias, Pablo… lo consideraremos un piropo – le sonrió Meri, sin poder disimular su gesto de absoluta salida al verle la polla engordar. La muy cerda, estaba totalmente emputecida con mi primo, y aquella calentura de mi amiga me iba a dar problemas, de eso estaba segura.

 

Pese a todo, yo seguía teniendo a Pablito comiendo de mi mano… o debería decir: comiendo de mi coño. Porque si verlas a ellas dos en bolas le había puesto cachondo, todo reventó cuando me bajé yo las bragas. Mis amigas fliparon con mi cuerpo sin un solo pelo bajo el sol ardiente, ya que el día anterior solo me lo habían podido ver en el salón por la noche, y estaban en realidad más ocupadas en comer y tocar que en contemplar... Pero una cosa es ver un cuerpo entre las sombras de la noche, del deseo y el sexo, y otra muy distinta hacerlo a pleno día, bajo la luz violenta de una soleadísima mañana de mitad de julio. La imagen impoluta, perfecta que ofrecía la desnudez de mi cuerpo era implacable, y los restos de semen, flujos y otros fluidos que, resecos, manchaban mi piel excitada y brillante de sudor, no hacían sino incrementar el erotismo del momento. Y, de alguna manera, yo estaba en mi mejor momento, envuelta en una total sensación de plenitud. Y mi primo fue el primero en reconocérmelo…

 

El cipote de Pablo se levantó como un resorte hacia el cielo de la mañana, temblando de excitación al ver mi coño pelado. Al final mereció la pena rapármelo, pensé, ¡y no solo por el polvo con el masajista! Jijiji…  Pablo, como un tomate al ver la cara que se nos ponía a las tres admirando la exagerada reacción de su polla, se giró dispuesto a desaparecer de inmediato en la fresca oscuridad del baño para intentar bajar aquello, como venía haciendo ya con total normalidad cuando le pasaba de una manera tan descarada delante de nosotras... aunque era la primera vez que se empalmaba así, del todo, estando completamente desnudo con mis amigas.

 

- ¡Da igual, primo, no pasa nada! – me apresuré a girtarle. No me daba la gana dejarle desaparecer justo en ese momento – Si es natural… quiero decir – traté de disimular mi tono, exageradamente insistente para convencerle de permanecer allí con nosotras – pues eso, que como dice Meri… ¡yo también lo consideraré un piropo! Jijiji... – Lo reconozco, me encantó personificar en mí, de aquella manera, su preciosa erección. No iba a permitir que María me jodiera la mañana ni los planes que tenía para ellas y mi primo. – Además, Pablo, que todas te hemos visto ya eh... así, joder, que solo se te ha puesto dura, nada más… y en cuanto te lances al agua fría se te pasará. Que nosotras también nos excitamos, ¿eh? Solo que no se nos nota de la misma manera, pero mira cómo tienen de empalmados estas dos los pezones y los labios del coño…

 

Mi primo no aguantó a escuchar el final de mi delirante discurso, y antes de que empezara a hablar sobre los labios del coño de Nuria y María ya se había dejado caer de espaldas en la piscina, impulsándose bajo el agua hasta el extremo opuesto del vaso. Yo le seguí, lanzándome de cabeza, huyendo a mi vez de las duras miradas de reprobación de mis amigas…

 

Aunque nuestra entrada en el agua había resultado tan “accidentada”, el baño de aquella mañana fue tranquilo, aunque no tan inocente como el día anterior, ni mucho menos… Nuestra desnudez era demasiado, y más después de las dos noches de sexo excesivo que llevábamos los cuatro, y los cruces prohibidos de miradas, deseos y tocamientos que se estaban produciendo ya abiertamente con mi primo. Así pues, ninguno pudimos evitar algún roce o tocamiento visiblemente excesivo, generalmente nuestros a la polla de Pablo o de él a nuestras tetitas, o a mi coño o al culo de Mer, que parecía ser su otra gran fijación, aunque eso lo hiciera todavía de una forma muy sutil.

 

Pese a todo, salimos más calmadas después de alargar el baño muchísimo más de lo esperado. El día venía muy caluroso, pero dentro del agua se estaba de maravilla. Bueno, digo que salimos “calmadas” porque realmente solo puedo decir eso de nosotras tres… porque después de más de una hora en la piscina, Pablo todavía tenía el rabo a pleno rendimiento. Y me refiero a que la tenía todavía más arriba que cuando entró. Que, a ver, también creo que algo así era perfectamente justificable… el pobre había estado chocando con nuestros cuerpos desnudos todo el rato, y una cosa así estaba siendo tan tremendo para todos que tenía que ser para él imposible evitar contener su excitación ¡jijijiji!

 

- Pero Pablito, ¿todavía así? - le soltó Nur con una mirada sensual y peligrosamente decidida.

- Lo siento… - contestó él, cohibido, mirando al suelo. Haces bien en sentirlo, primo, me dije… si conozco de algo a Nuria, esa mirada suya no promete nada bueno.

 

Se notaba que estaba dudando si quedarse o escapar de allí directo al baño, como siempre, pero entendí que él también había captado ese gesto de Nuria y estaba como esperando que alguna de nosotras  le dijera algo... Sin embargo, mi primito fue incapaz de aguantar aquel silencio mucho tiempo.

- Vale… voy un momento al baño, ahora vengo... – joder, ¡pero no podía ser! ¿De verdad me estaba equivocando con Nuria? Era imposible que mi calentorra amiga no fuera a…

- ¡Espera primo! vamos, lo mismo da... quiero decir, que no pasa nada porque se te ponga dura, bueno, que ya te lo he dicho antes y, no sé… si consigues aguantar sin... ya me entiendes... – ni yo misma sabía bien qué decir para retenerle ¡tenía la polla como un bate de béisbol!

 

Miré a éstas, que babeaban con sus ojos clavados en “aquello”.

 

- Bueno… si consigues aguantar tú, y si lo conseguimos nosotras, es cierto… Bufff, mira primo, quizás sí sea mejor que te la hagas – le solté al darme cuenta de la barbaridad que acababa de decirle, reconociendo que estábamos las tres cachondas perdidas por él, también – pero mira, que por mí no pasa nada si quieres hacértela aquí tal cual, al fin y al cabo por lo que se ve... – había decidido hacer una nueva huida hacia delante sin consultar a nadie, y se lo demostré echando una mirada muy picarona a los tres - …ya estamos en familia.

 

Yo cuando hago ese tipo de cosas reconozco que no pienso nada en las posibles consecuencias que puedan tener, la verdad. Pero es que, por mucho que lo hubiera pensado, os aseguro que jamás habría podido imaginar que Pablo iba a tener una reacción tan inmediata y tan sin pensar. Porque cuando dije eso, sorprendentemente, él no dudó ni medio segundo, y sonriente se agarró el rabo duro y empezó a meneárselo con fuerza, de la manera más erótica y lujuriosa… aunque no creo tampoco que él tuviera intención real de resultar especialmente lujurioso, eh, pero joder, es que estaba tan jodidamente bueno, así tan joven, tan mojado… ¡tan duro y tan grande! Y el muy puñetero, con aquel instinto innato que tenía para el sexo, se pajeaba frenta a nosotras, mirándonos con una impudicia absurda e impropia de su edad, como si nos estuviera diciendo “eh, chicas, tengo demasiada polla aquí dura por vosotras, y me vendría bien algo de ayuda por vuestra parte para aliviarme… que hay demasiada carne por cubrir, por agarrar!... ufffff ¡joder!

Se lo había agarrado con fuerza, con toda la mano cerrada, que había colocado del revés de lo normal, con el dedo gordo hacia abajo... nunca había visto a ningún tío pajearse así, y estaba tan mojado y sudado, y su polla supurando preseminal a saco desde el principio, aunque era tan bestia, tan animal, que le falta algo de lubricación, pensé. Y, sacando mi lado más de zorra, me acerco a él, desnuda como una actriz de peli porno, y le eché un buen chorro de crema protectora contra el sol.

 

- No quiero que te hagas daño ahí, primito... la tienes demasiado seca para lo caliente que estás y la caña que te estás metiendo…

 

Nuestra calentura se disparó al máximo por la tontería que acababa de hacer, los cuatro estábamos descontrolados ya con la paja de mi primo. Su velocidad aumentó, por la lubricación que acababa de aportarle yo con la crema, y por su propia erección que había alcanzado un grado de dureza inigualable.

 

Estas dos se quedaron pasmando, sin decir nada pero babeando como bocas, mirándole a la verga sin poder cerrar los ojos ni la boca y con sus coñitos brillando de puro placer licuado. Total que estuvimos así un buen rato las tres mirándole sin complejos, entre divertidas y excitadísimas, hasta que todo aquello se empezó a hacer demasiado largo, dado que parecía que no iba a pasar nada realmente... que lo que todos esperábamos que pasase no terminaba de llegar. A mí me empezó a entrar el agobio ahí, porque de repente empecé a pensar que era demasiada presión para un niño tan pequeño, estar las tres ahí como esperando que estallara y nos regara a lefazos con su mangera, eso sin contar con que es que aquella misma noche pues ya me había encargado yo de dejarle bien seco a base de sacarle la leche. Bueno, eso y que empezaba a creer también que ya había pasado demasiado en realidad, porque a lo largo de la mañana, además, había ido tramando un plan para aquel día que no pasaba ni mucho menos por aquello, sino más bien por un simple ¿cómo decirlo?, calentamiento… jijiji.

 

Así que, de manera muy airada, me fui a sentarme detrás de ellas, pero siempre mirando a Pablo, y les dije:

 

- Pero chicas, dejad ya de mirar así ¿no? un poco de intimidad para el niño, que está haciendo algo personal – aunque no dejaba de preocuparme estar agobiándole mucho, tanto como para que se sintiera intimidado hasta el punto de costarle correrse de una manera absolutamente anormal en él, no me faltó cierta sorna en mi comentario. - ¡Vamos, tías, cortaros un pelo! y vamos a hablar de algo ¿no? – En el fondo quería quitarlas ya de en medio, antes de que algo se desmadrase y fuera ya demasiado tarde.

 

Ellas no tuvieron más remedio que mirarme, darse la vuelta y perderse el espectáculo; yo, en cambio, lo tenía todavía de frente, aunque me cortaba en mirar de forma directa y continuada para que ellas no me pudieran reprochar nada. Lo cierto es que a Mer y Nur les estaba costando un mundo no poder mirar, y estaban venga a intentar unas miradas furtivas que no lograban mantener, y se desesperaban de no saber lo que pasaba a sus espaldas, tanto que, calientes como estaban, empezaron a sudar y a removerse en su sitio… Pero yo me mantuve firme en mi posición, abortando cualquier intento de ellas por recolocarse en una posición con mejores perspectivas. Lo cierto es que parecía que después de nuestra pequeña discusión antes del desayuno no querían contrariarme más. Así que en algún momento debieron decidir que ya habían tenido suficiente espectáculo por el momento, y consiguieron tranquilizarse, o al menos lo aparentaron, y pudimos empezar así algo parecido a una conversación. Totalmente intrascendente, eso sí que hay que decirlo. Una cosa es que fuéramos capaces de hablar de algo, y otra que toda nuestra atención no siguiera centrada en lo que pasaba entre las piernas de mi primito.

 

He de decir que, al separarnos de Pablo y dejar de admirarlo de forma directa, yo ya había notado un bajón en la excitación de mi primo. Si ya le estaba costando rematar con nosotras delante, de repente temí que pudiera acabar en gatillazo al bajarle el calentón de una forma tan brusca. Aquello puede parecer paradójico, pero era normal, si lo piensas: su desmedida excitación desapareció cuando lo absolutamente prohibido dejó de serlo, cuando le autorizamos a hacerse la paja delante de nosotras y viéndonos desnudas; el objeto de su deseo cuando se pajeaba mirándonos los últimos días había sido, precisamente, vernos desnudas, aunque tuviera que espiarnos a escondidas para ello. Cuando nosotras normalizamos ese deseo inconfesable suyo, supongo que inmediatamente debió ser sustituido por otro deseo, todavía mayor y mucho más potente, y de debía ser ya, de forma directa, hacer algo con nosotras… o por lo menos tocarnos o que le tocáramos, algo que implicase contacto carnal y no ya solo visual. Y eso no solo seguía prohibido, sino que se lo estábamos vetando expresamente. Así que igual no era tan raro que su excitación se pinchara así tan de improviso. Que, además, viendo que casi pasábamos de él, como si la situación no fuese tórrida, como si no estuviéramos nosotras mismas igual de muertitas de deseo que él... Me pareció hasta que su polla se estaba aflojando, físicamente, pero en todo caso era un hecho que le estaba costando la paja más de lo que yo le había visto nunca. Llevaba ya un rato largo, y se debía estar dejando el cipote y el brazo. De hecho, pronto empezó a usar la otra mano, cerrándola en posición normal por debajo de la otra. A dos manos, como se la había hecho Nuria. Como ella misma había dicho que era la manera natural de masturbar aquella bestia. Como le había hecho yo misma pocas horas antes. El muy cabrón… y le sobraba tranca todavía para una tercera mano. Uffff…

 

- ¡Joooder! – no pude evitar que se me escapara esa jadeante interjección al verle machacársela a dos manos.

 

Ellas aprovecharon mi incuestionable reacción a su paja para volver a mirar directamente.

 

- Uahuuu! - me acompañó María.

 

Nurita fue más hábil en su comentario (yo creo que ya se estaba preparando el camino):

 

- ¿Está costando, eh Pablito? - le soltó mi amiga, con tono casi serio.

 

La falsa normalidad se había tensado totalmente en aquel momento, y ella la iba a llevar hasta el límite:

 

- Joder, Lau… ¿me dejas que le eche una mano a tu primo? Porque como siga así el niño, se va a arrancar la polla.

 

Yo no daba crédito pero... la putita de mi amiga no iba a dejar de sorpenderme en la vida. ¿Pues sabes qué?, me dije: tanto mejor, pensé, si hasta puede valer para mi plan… si no se pasa, claro, porque con esta zorra cualquier momento es bueno para liarla.

 

- Tranqui, Meri, que lo digo en plan terapéutico solamente, ya verás primo, si será como ordeñar una cabra, ¡jajajajaja! – la furcia de mi amiga se puso a reír estruendosamente al decir aquello.

- Mira, Nur, tú misma… Si el quiere…

 

Meri se puso roja, pero, como yo había calculado al valorar la propuesta de Nuria, su actual acaloramiento era pura señal de ira, ya que estaba visiblemente furiosa porque Nuria acabara de hacer aquel burdo intento y porque yo le estuviera dando cancha encima, como si nada. A pesar de ello, como siempre, nuestra amiga no dijo nada. Bueno, tampoco le habría dado tiempo, ya que al dar yo mi bendición a aquel despropósito, mi primito se había abalanzado literalmente sobre Nuria, golpeándole de forma accidental la cara con la polla sudorosa. Desde el suelo, Nurita reía:

 

- Tranqui, tranqui, fiera… y aparta eso, que te he dicho que te ayudo con la paja, pero nada más... ¡jajajaja! La masturbación siempre es más efectiva si te la hace una mano amiga, ¿verdad? - rió, girándose hacia nosotras mientras nos guiñaba un ojo y cerraba la mano sobre la tranca de mi primo. Nosotras teníamos el corazón en un puño y la boca se nos hacía agua ¿Nuria acababa de rechazar la oportunidad de tener la polla de Pablo en su boca? Era muy fuerte, pero estaba pasando: lo cierto era que Nuria acababa de empezar a sudarle la polla a mi primo delante de nosotras. Joooder…

 

Pablo soltó su rabo y le dejó el mando a ella. Y entonces, saltó la chispa. Porque Nur no desaprovechó la inesperada oportunidad que yo misma le había puesto en bandeja. Ante una atónita María, que no podía creer que después de majarle la polla y comérsela los dos días anteriores estuviera otra vez ahora a ello, y encima con nosotras delante, ¡y conmigo sin decir nada, es más, permitiéndoselo! No le faltaba razón a Meri… ella que se había mordido las manos la mañana anterior para no...

 

Pero ya Nur había empezado, aunque al final fue cierto que se cortó bastante, como había avisado. Mi amiga puso los dedos índice y pulgar a modo de anillo entorno al rabazo de Pablo, y los empezó a mover arriba y abajo, bastante despacio, y lo hacía muy ayudada por la extraordinaria lubricación del miembro y la sudoración excesiva de mi primito, fruto del calor y la excitación. Pero lo hizo sin mirarle, como de manera desinteresada, mientras continuaba la absurda conversación con nosotras, y siguió así el breve rato que tardó en notar la tensión y los primeros jadeos de mi primo. Joder, es que lo cuento ahora y digo, pues parece una mierda de escena, pero si hubierais estado allí con nosotras… de verdad que lo que le estaba haciendo Nuria era una de las cosas más sutil e implacablemente eróticas que jamás había visto. Sin duda no era lo que él había esperado, vale, pero sin embargo le había funcionado a las mil maravillas, dado que mi amiga consiguió quebrarle la voluntad en menos de un minuto. Tan despreocupada estaba ella, que en su momento de máxima excitación él tuvo que culear para follarle literalmente la mano, y poder acabar de una vez sin morir en el intento, ya que todo aquello a Nurita parecía importarle una mierda.

 

Eso sí, cuando empezó a venirse ella se dio perfecta cuenta, y le miro justo a tiempo de recibir los primeros trallazos en la cara. Aún así seguía sin inmutarse, recibiendo su tributo de lefa mientras, alargando la otra mano, se dedicaba a masajear con fuerza sus huevos hinchados para ordeñarle al máximo.

 

- Joder, primo, qué cojonazos tienes, grandes y buen repletitos de lefa súper caliente, como me gusta a mí - ¡Dioooooos! ¡¡Pero no me podía estar poniendo más caleinte mi amiga!! ¿Cómo era capaz de ser tan zorra? Ahí toda cubierta de esperma amarillento y espeso manchando su cara y cayéndole a goterones por las tetas y hasta el chocho abierto y ávido…

- Tendrías que ver los de su hermano, Nur… - dije yo, malvada – lo de Carlos sí que son huevazos de semental... dije yo, sin importarme la barbaridad que le estaba diciendo, de lo absolutamente erotizada que estaba.

¿Ah sí, Pablo? - le preguntó Nur - ¿tu hermano tiene los huevos como un caballo? ¿o tiene criadillas de toro, más bien? ¿por eso te gusta tanto comerle la polla…?

- Pelotas rojas, grandes como sandías… - le ayudo María, a la que por lo menos ahora se la veía tan cachonda como yo. Por una vez, y por increíble que pareciera, casi podía decir que Nurita era la que se estaba manteniendo más fría de las tres.

- …criadillas… - insistió Nur.

- ¡…capaces de alimentarnos a los cuatro durante estas dos semanas de sobra!, jijiji – solté mientras ella seguía masajeándole las bolas, apretando el anillo que había formado con sus dedos contra el pubis del niño, tironeando de la piel de su polla, que comenzó a correrse así de forma continua, como si se hubiera convertido en una fuente de lefa. 

- ¡Y de daros de beber a las tres a la vez, so putas! - dijo Pablo enfadado, destrozado, abatido por no haber aguantado lo suficiente con ella; después de llevar 15 minutos largos de paja se había ido en solamente unos segundos bajo las manos de Nur, así, en lo mejor, sin poder disfrutar justamente cuando se lo estaba haciendo ella...

 

En un ataque rabioso, Pablo acercó su pollón a nuestras deseosas boquitas, aunque con Nur en medio no alcanzaba a tocarnos. Ella solamente se tuvo que retirar un poco para esquivar el golpe, aunque lo que no pudo ni quiso evitar fue el flujo continuo de esperma que le continuaba empapando cara y torso, después de los primeros trallazos que había recibido en el rostro. Aún estando toda pringada, ella seguía impasible, dejándolos escurrir sin ni siquiera intentar comerlos, con lo que le gustaba hacer eso siempre… Realmente, debió hasta ser duro para ella (¡¡para mí lo fue verlo!!) dejar perderse aquellos espesos goterones de tan preciada bebida, escurriéndose por su cuerpo hasta el suelo.

 

- Joder Nur, es verdad, parece que le estás ordeñando…

 

Y así era, realmente parecía una “paja terapéutica”. Como ella misma había dicho: mi amiga le estaba dejando seco con una asepsia brutal, como si nada, mientras los chorros caían sobre sus tetas, empapándolas y quemando sus pezones duros e hinchados, resbalando por su duro abdomen hasta su pubis impecable y sus muslos tensos y tersos, ante nuestra mirada atónita y excitada. Nos costó horrores a las tres no dar un paso sustancial en aquel momento, y no dejo de admirar a mis amigas por ello (bueno, ¡y de admirarme a mí misma!) porque se nos notaba a la legua que se nos hacia la boca agua, con las ganas que teníamos por seguir aquel impulso que había tenido mi primo de entregar su cipote a nuestras bocas, y empezar a beber así a  morro de tan rica fuente.

Cuando por fin todo hubo terminado, cuando por fin Nuria se estaba quitando de encima a mi primo, cayendo al suelo de rodillas, doblado en una postura imposible, yo me levanté tirando de mis dos amigas, diciéndoles casi a gritos que ya era la hora de ir a comprar comida para ese día. Evidentemente mi cambio de tercio resultaba casi absurdo, pero tenía que hacer algo para romper aquel embrujo en el que nos había sumido Nuria.

 

Bueno, y que realmente se nos estaba haciendo tarde y necesitábamos comprar comida. Aunque aquel día yo no estaba dispuesta a que dicho trámite se alargase más de lo indispensable. Por supuesto, ni de coña estaba dispuesta a dejar a Pablo con Nuria después de aquello, aunque yo misma no me resultaba muy de fiar, tampoco. Ninguna de los tres lo éramos en aquel momento; pero, sin embargo, yo ya tenía decidido antes de la paja que iba a dejarle con Mer… y lo que acababa de suceder no hacía más que favorecer mis pretensiones.

 

- ¡Venga chicas, que tenemos que comprar comida! A ver, hoy Nuria vendrá conmigo, ¿sí? Así que vamos a vestirnos, y ya de paso te limpias toso eso, mi amor… Que por cierto, Pablo, a ti tampoco te vendría mal aunque fuera un baño en la piscina (la imagen de los restos de su esperma flotando en el agua de las piscina me nublaron la vista por un momento, ya que me resultaba enormemente morboso pensar en sentirlos pegándose a mi piel mientras nadaba).

 

Mi primo, que se había arrastrado como había podido hasta quedar tumbado sobre una toalla, boca arriba, después de su monumental corrida, no parecía nada dispuesto a obedecerme. Su cuerpo era sudor y semen, bolas hinchadas y rojas, y el nardo enrojecido y deshinchándose, que pese a haber perdido gran parte de su belleza absoluta, no había perdido lo más mínimo de su capacidad de atracción.

 

- Y a ti una ducha fría no te vendría mal, María- dije, en voz alta y clara. Sé que mi comentario no venía para nada a cuento, pero es que precisamente quería reavivar en María su oscuro sentimiento de frustración respecto a mi primo. Necesitaba que mi amiguita estuviera dispuesta a cualquier cosa…

- Pues mira, ¿sabes qué? me parece que la que se va ahora al baño a hacerse una paja voy a ser yo... - contestó ella, altiva y visiblemente molesta, aunque a la vez sorprendida, mientras se dirigía a mi baño a través de mi habitación. Por lo menos tuvo la decencia de preocuparse en cerrar bien las ventanitas que daban al jardín.

 

Bueno, pues su reacción era justo lo que estaba buscando… y, si algo la conocía, tenía bien claro cómo iban a desarrollarse los acontecimientos a partir de ahora. Evidentemente Meri iba a querer resarcirse, porque a ella le había caído la bronca, pero la de las tres pajas (y dos de ellas conmigo delante) y la mamada había sido Nuria, pero con ella yo no había tenido mayor problema. Bien, Mer, pues ahora me voy, dejándote a solas con él, y estáis los dos solos, desnudos... y todavía más calientes de lo que los estaban ayer él y Nurita. Más claro, agua, así que… tu verás, preciosa, me dije.

 

Mientras, Nuria y yo, calientes como estábamos, corrimos al baño de ellas, y allí del tirón, bajo la ducha, me merendé como una desesperada sus tetitas y su cara encharcadas en todos aquellos restos de semen licuado, para luego follármela, primero con la boca y luego con el precioso rabo que me había vuelto a salir… lo que me ponía toda aquella situación era algo inaudito, sí, pero es que lo muchísimo que me ponía Nurita, por si sola, era algo que nunca jamás había sentido antes.

 

- Joder tía… ¡ha estado genial! - le confieso – no sé qué me pasa, mi amor, pero no me esperaba esto... – pero Nur parecía de repente perdida en otros asuntos.

- ¿No te parece peligroso dejarles solos ahora? - me preguntó. Yo, simplemente, le guiñé un ojo.

- ¿Sabes? Ayer ella me preguntó exactamente lo mismo sobre ti y él, cuando nos fuimos a comprar… - le dije riendo, sin añadir más.

 

Así que mi amiga y yo nos vestimos, muy ligeras de ropa, y salimos casi corriendo y sin esperar más, sabiendo que sí, que les íbamos a dejar solos y completamente desnudos. Salimos por el jardín, para verles y despedirnos. Pablo me había terminado por hacer caso, o quizás solo era que estaba otra vez muerto de calor, pero en cuanto se recuperó lo suficiente se había vuelto a meter en la piscina. Meri, por su parte, había vuelto de su incursión al baño, cosa que parecía haberla dejado un poco más calmada, al menos. Se había tumbado de espaldas, en el borde de la piscina, sobre una toalla mojada como para tomar el sol con todo su precioso culo al aire. Aquello era como miel para para el moscón de mi primo, estaba claro. Pero, evidentemente, yo no dije nada; qué iba a decir, si fui yo la que había propuesto desnudarnos… no les iba a pedir ahora que se vistieran solo por no estar yo delante. No, aquello habría sido como decirles a la cara que no me fiaba de ellos.

 

Que, por descontado, no me fiaba de ellos. Pero aquello, precisamente, formaba parte de mi plan: nada más salir, le dije a Nurita que, realmente, creía que para aquel día tenímos bastante comida en casa, por lo que no nos iba a hacer falta comprar más que un par de cosas, y que todo lo íbamos a poder encontrar seguro en una pequeña tiendita que había allí cerca.

 

- Yo creo que mejor, en sólo un cuarto de hora estaremos de vuelta, ya verás.

 

Nuria parecía encantada con mi propuesta. Me di cuenta de que parecía haber entendido bastante bien lo que estaba pretendiendo. Lo cierto es que yo salí como una loca del garaje, y conduje bastante a lo bestia por aquellas calles desiertas de urbanización de las afueras en una mañana de verano. Así que al final no tardamos ni los 15 minutos prometidos. Yo iba disparada en el camino de vuelta, y dejé el coche en todo el medio del garaje, sin preocuparme ni de hacer maniobras para colocarlo correctamente. Como un huracán, salí de allí corriendo, pidiéndole a Nurita que subiera ella las compras. 

 

Lo que me encontré en el jardín fue algo que no me sorprendió lo más mínimo. De hecho, era más o menos lo que esperaba encontrarme, de modo que, en realidad, no me sorprendió lo más mínimo. Y es que no podía ser de otro modo. Yo había subido sigilosamente, de manera que ellos no se habían percatado de mi presencia. Pablo se encontraba arrodillado junto a Meri, que seguía en el mismo sitio y posición en el que la habíamos dejado, tumbadita en el borde de la piscina sobre una toalla y con su desnudo y turgente culito en pompa, mientras el pequeño sátiro de Pablo, con el bote de crema solar que había usado yo antes para embadurnarle a él la chorra, se inclinaba sobre su preciosa espalda deliciosamente morena.

 

- Te ha costado encontrarla, Pablo... – escuché que le decía con tono divertido.

 

Mi primo parecía nerviosísimo, desde luego infinitamente más que cuando intentaba hacer algo así conmigo, que siempre lo hacía todo tan confiado… ¿me tendría realmente por una presa más fácil que las guarras de mis amigas? ¡Pues qué poco las conocía! Le escuché farfullar una excusa, ininteligible por el volumen mínimo de su atribulada voz, así como por el propio tono de voz ingobernable, propio de un preadolescente. Me los imaginé todo el ratito que habíamos estado fuera, jugando los dos al gato y al ratón, tratando de encontrar la mejor forma de acercarse uno a otro sin hacerlo de forma evidente. Pero los dos buscaban lo mismo, así que no tampoco debía de haberles sido tan difícil. No sé a quien se le habría ocurrido lo de la crema, pero calculé que iba a ser una excelente idea… quizás hasta podría haber sido la idea definitiva, pero… afortunadamente yo estaba ya allí para controlar aquello y poder pararlo si decidía que era preciso.

Esperé a que Nuria subiera del garaje, porque no quería que me estropeara el plan. Cuando la vi aparecer por la escalera le hice señas para que se acercara en silencio, y la llevé con cuidado hasta el cuarto de mi hermana, que es el que Pablo estaba ocupando aquellos días (aunque al final, entre el tiempo que había pasado en mi cama conmigo, y en la de mis padres con las tres...) Desde el ventanal que daba al jardín en esa habitación estábamos justo a la altura de donde se había tumbado María. Escondidas detrás de los visillos, y teniendo en cuenta que dentro estábamos en sombra pero fuera hacía un sol radiante y cegador, era casi imposible que nos vieran, siempre que nos mantuviéramos quitas y en silencio.
 
 
Claro, eso resultó difícil de entrada, teniendo en cuanta que la pobre Nuria se quedó flipada con lo que vio cuando la hice asomarse por primera vez: Pablo seguía de rodillas junto a María, con toda la chorra asomando morcillona entre los muslos. Estaba apretando el bote de crema sobre María, que recibía con gemiditos de placer la crema fría sobre la piel de su espalda, tan desnuda como el resto de su cuerpo. La cara de placer de ella contrastaba con la de mi joven primo, que demostraba un nerviosismo absoluto que, como ya he dicho, me tenía francamente asombrada. En realidad se mostraba como lo que era, un chiquillo sin experiencia, un pobre niño. Sin embargo tenía a una mujer madura y experimentada tirada ante él, caliente y deseando ser follada a saco por él desde hacía casi una semana. ¿Cómo era posible que con aquella actitud nos tuviera así a las tres? ¿O era solo el efecto mágico de su soberbia polla? Ufffff...
 
 
    - Extiéndemela bien, ¿vale? - dijo ella, cerrando los ojos mientras él empezaba a esparcir el espeso líquido blanco por su espalda, en largas y sensuales pasadas, recorriendo y disfrutando de su piel y su carne…
 
 
Sé bien cómo toca mi primo, sé cómo eran esas caricias, absolutamente lujuriosas y calientes, desesperado por poseer por completo a aquella mujer, uffff... con el tacto tan delicado y excitante que ha tenido siempre la espalda de María. Ella fue mi primera mujer, mi primera experiencia lésbica... y lo hicimos la primera vez aquí mismo, en mi habitación, e igualmente todo había empezado con un masaje... Al mismo tiempo, me podía imaginar a la propia María poniéndose a mil al sentirle a él tocarla con aquella lujuria, con aquellas evidentes ganas de sexo, calentándose poco a poco, seguro que su tierno coño ya había empezado a humedecerse, joder, para no, si a esas alturas yo ya estaba mojando mis braguitas...
 
 
    - Más abajo, Pablo... - susurró María.
 
 
Pero ya mi primo había empezado a alargar sus pasadas hacía rato, llegando con la punta de sus largos dedos hasta la rabadilla, mirándole el culo si pudor en cada rápida pasada que sus manos hacían deleitándose con la firmeza de las carnes de las nalgas de ella, pensando que nadie podía verle, mientras su nabo se iba hinchando rápida y peligrosamente. Joder, pensé... era cierto que la primera vez que me lié con María empezamos igual, ¡pero también era cierto que aquella vez las dos llevábamos bragas! o la parte de abajo del bikini, en realidad... Y ahora mi pequeño primito parecía dispuesto a reeditar mi particular hazaña con María, pero la muy zorra le estaba ofreciendo directamente su jugoso culo, cosa que hacía que la verga de mi primo, libre y feliz, siguiera creciendo con ese aspecto tan suyo de no querer parar de hacerlo nunca.
 
 
    -  Me estoy poniendo bruta - me susurró Nurita.
    - Él también, - le dije, - mírale la polla...
 
 
Pero no fui la única en percatarme de aquello: la propia María se semi incorporó para mirar sin rubor a mi primo y, señalando su nabo ya a medio gas, le dijo riendo:
 
 
    - Oye, espero que no vayas a salir corriendo al baño, precisamente ahora... ¿vale, precioso?
 
 
El pobre Pablo  no dijo nada, pero su polla creció aún más bajo la mirada de los grandes y verdes ojos de mi amiga, que sonrió complacida y sin quitarle ojo al rabo de mi primo mientras este volvía a pasar sus manos gustosamente por el el culo de ella un par de veces, magreando su carne dura y brillante de crema (y diría que también de sudor y excitación), empezando además a tentarle ya la negra raja de ella con sus largos dedos.
 
 
    - Mmmmmmhhh - gimió exageradamente Mer - ...sííííhhhh, ponme bien de crema en el culo, Pablo, que todavía lo tengo demasiado blanquito... y a este paso, si no me lo abrasa el sol lo harán tus miradas. - ¿pero sería puta, ésta? Lo que le hacía falta a mi primo, que le diesen cuerda. ¿Y a qué coño venía aquella forma de gemir, que parecía que se estuviera corriendo ya?
 
 
Todo fue muy rápido entonces: al principio Pablo le untó simplemente la crema en el culo, sobándoselo a conciencia, eso sí, pero como ella no dejaba de gemir como una zorrita, como dejando claro que allí no iba a habr ninguna línea roja, mi primo, al borde ya de la erección total, no tardó en meter sus largos dedos directamente por el surco de sus nalgas, hasta alcanzarle el mismo ojete en un magreo sensacional que ya hizo que los gemidos de María pasaran a jadeos y de ahí ya a mugidos. Era increíble lo rápido que iba Pablo con ellas, comparado conmigo, y eso que conmigo casi siempre demostraba aquel aplomo desafiante que, y no dejaba de sorprenderme, con ellas parecía convertirse en un temor infantil exagerado. Aunque nuestra primera vez, que fue su primera vez absoluta, fue todo bastante rápido también, es cierto, pero repito que ahí él sí que no se cortaba para nada; el extremado tiento que tenía conmigo aquellos días en casa de mis padres con Nuria y María no era ni mucho menos por sus dudas, sino por las mías, ya que en realidad no había otro motivo que mis propios reparos. Pero, viéndole actuar con Mer, y con Nur también aquellos días, estaba claro que el pequeño cabrón sabía jugar bien sus cartas... Yo me contentaba pensando que era yo la que llevaba la voz cantante, pero la realidad no era otra que él me había ganado y se iba a salir con la suya, y eso era cuestión de días. Joder, que me había torcido la voluntad y, de regalo, voy yo y le pongo en bandeja a dos de mis mejores amigas y amantes. ¿Pero cómo había logrado hacerme algo así aquel niñato?
 
 
    - Mmmmhhhh pero joder, ¡qué gusto!, ayyyyy Pablo... ¿a ti te gusta?¿te lo pasas bien?
 
 
Yo sabía mejor que nadie que Meri no era ninguna mosquita muerta, la había visto demasiadas veces en acción, y aunque en frío se cortase mucho más que Nuria, e incluso a veces que yo, en caliente podía ser tan salvaje como cualquiera. Y mi primo no tiene un pelo de tonto, y entendió de sobra que, por primera vez con ellas, aquello de María era una invitación directa. Aunque me temo que su forzosa inexperiencia le terminó por jugar una mala pasada ahí, porque el chiquillo, demasiado excitado, claro, pues aceleró demasiado. Su verga se estremeció, y terminó de erguirse por completo, descapullando gloriosamente mientras se hinchaba hasta el último milímetro como un lascivo zeppelin. Se me hizo la boca agua. A Nur, por su parte, lo que se le hizo agua al ver aquello fue su coño de puta, porque allí mismo y sin decir nada se quitó sus mini pantalones, se bajó las bragas y se empezó a masturbar directamente a mi lado, frotándose la pepita y metiéndose los dedos de dos en dos y de tres en tres.
 
 
    -Joder, Lau... ¡Qué bueno está el niño y qué pollón tiene! - me soltó la verdulera de ella. La situación era dantesca.
 
 
Pablo, calentado al máximo con la total explosión de su polla, con el contacto con la parte más íntima de la anatomía de Mer y con las palabras de ésta, se volvió completamente loco y, pasando de cualquier límite que pudiese poner todavía a su desmedido comportamiento, y pensando que la entrega de María era ya no solo real, que lo era, sino también total y segura, le separó bien las piernas untando crema en la parte interna de sus muslos, en los frotamientos más cerdos y lascivos que yo había visto en mucho tiempo. De hecho esos movimientos hicieron estremecer a Merita y derribaron por completo sus defensas, a pesar de lo brutal y evidente del ataque, por lo que mi primo, aprovechando aquella momentánea debilidad, en una larga caricia que empezó entre lo más hondo de sus nalgas, acabó por fin metiendo las dos manos entre sus piernas, hundiendo aquella vez los dedos ávidos en el chocho de María, sin duda igualmente ávido...
 
 
    - ¡La leche! - exclamó Nuria, yo diría que demasiado alto, desde luego lo suficiente para que la hubiesen oído si no hubiesen estado tan perdidos en otras cosas incomparablemente más jugosas...
 
 
Tampoco podía criticar a Nurita por su excitación. Yo también me sentía chorrear, estaba súper caliente por la excitación del momento... pero he de decir que también lo estaba por los celos...
 
 
 
    - ¡Cabrón! - gimió María en un ahogado estertor de placer - ...eso no es el culo...
 
 
Yo no sé, ni creo que sepa nunca, si ella quería eso o realmente se vio sorprendida por mi primo, como siempre ha sostenido después. Pero lo que está claro es que no trató de impedirlo, aunque nadie puede negar que cuando después de aquello afirmaba que, sencillamente, había sido incapaz de intentarlo siquiera, pues es que es lógico pensar que a cualquiera nos habría pasado lo mismo. Lo que yo no podía entender era cómo aquella situación había llegado tan rápidamente a aquel punto de no retorno, pero tenía claro que acababan de traspasar un límite fatal. Aún así, me contuve porque me moría de ganas de ver cómo seguían.
 
 
Y empezó a pasar: el cerdo de Pablo se montó sobre ella, y le empujó la verga longitudinalmente contra el culo, abriéndole la raja con ella, que se removió para acomodarle contra su propia anatomía, y cuando mi primo se sintió en pleno contacto con ella se empezó a frotar. María esperó, preció dudar, pero en seguida empezó a jadear como una perra montada por un lobo, y a seguir los movimientos de él, frotándose los dos mutuamente. Habían empezado, todavía no estaban follando pero habían decidido evidenciar por fin las ganas que tenían de hacerlo. Y ya no iban a parar, claro. Era increíble, Pablo se había incorporado ligeramente para mejorar su ángulo de ataque, y también el culito perfecto de Meri se había elevado para ofrecerle a él todas las posibilidades y ahorrarle cualquier posible impedimento. Tanto el ano como el coño estaban ya a tiro, pero se ve que de momento él no se atrevió a atacar directamente, ni ella se atrevía todavía a pedírselo abiertamente.
 
 
Seguramente Mer no hubiese sido capaz de resistirlo, y no le habría puesto freno si Pablo se hubiese lanzado a empalarla en aquel momento, pero él, sabiamente (había vivido ya demasiados retrocesos conmigo, y siempre eran demoledores para él, especialmente deben serlo siempre para un tío, físicamente me refiero, s¡i es que eso debe hasta doler en la polla y los huevos!) prefirió jugar todavía un poco más. ¡Y qué juego! Su polla se deslizaba hacia delante y hacia atrás entre las nalgas abiertas de Mer, que él juntaba utilizando sus manos simultaneamente como apoyo y como cierre para oprimir su nabo en su cabalgada, como si se estuviera haciando una cubana con el adorable culo de mi amiga. Para evitar que se le saliera fuera, y para aumentar el contacto, la presión, el placer, Pablo había cruzado sus pulgares sobre el rabo, que entraba y salía de la raja de mi amiga con una facilidad pasmosa (debía estar bien untada de sí misma, su sudor y su flujo, además del preseminal y el sudor de él, sin contar la abundante cremita que llevaban puesta los dos...)
 
 
Claro, tanto y tan bien estaba entrando y saliendo aquello ya, que veía dificil que mi primo acabara con tan solo ese movimiento y, pensándolo bien (ahora, friamente, porque entonces, allí, viéndoles en caliente, a mi me daba para todo menos para pensar...), pese a los ya brutales alaridos de placer de mi amiguita, tampoco María iba a aguantar mucho a esos niveles de disfrute, ya que aunque deebía estar pasando lo suficientemente cerca de sus esfínter como para estimulárselo, tampoco estaba actuando directamente sobre sus zonas erógenas principales, y conociéndola su fiero coñito debía estar pidiendo ya carne a gritos. A esto había que unir lo difícil de la postura, que de hecho fue algo que me asombró, especialmente en alguien tan joven y supuestamente poco experimentado como Pablo. ¿Realmente tenía dotes excepcionales para el sexo? A mí siempre me  han dicho que yo las tengo, pero yo al principio no era así, y ni mucho menos a la edad de mi primo entonces, quiero decir, para mí el sexo es algo que hay que ir aprendiendo... ¿Cuánto habría practicado Pablo con Lucas? porque no le veía haciendo ese tipo de cosas con Carlos, él era más conservador, por lo menos de momento, y abiertamente homófobo, menos para mojar en el culo o la boca de su hermano, pero de ahí a hacer esos malabarismos... Aunque hacía tanto que yo no les veía juntos, por pura prevención de seguridad hacia Pablo, claro, y porque a Carlos tampoco le gustaba demasiado que yo viera aquello, tan machito él, como si le fuera a hacer perder su hombría... ¿Cómo serían últimamamente sus encuentros? me pregunté, mientras constataba que aquella cabalgada, que había aumentado su ritmo volviendose frenética, estaba efectivamente llegando a su fin.
 
 
La única duda ya, era donde iba a meter ahora la polla Pablo: si en el coño o en el culo de Mer. Porque estaba claro que después de aquello él la iba a penetrar, la iba a joder viva, se la iba a follar a saco, y ella no estaba en condiciones de oponerse, precisamente.
 
 
Era el momento, me dije. Es ahora o nunca.
 

 

Así que, sin dudar ni un segundo, porque cada segundo era ya vital, salí como una loca al jardín, casi de un salto y, prácticamente empujando a mi primo del cuerpo de mi amiga, de tal manera que el pobre estuvo a punto de caer en la piscina, le dije:

 

- Anda, trae Pablo, que ya sigo yo con el masaje. 

 

Él saltó como un resorte, asustado por mi presencia y golpeado por el empujón en sí, trastabillando para evitar caer al agua, y haciendo lo posible por arrastrarse hacia el césped y ponerse de pie junto a nosotros. Mi primo me miraba aterrado, pero estaba claro que lo de haber estado a punto de acabar en el fondo de la piscina no era nada comparado con el pánico que sentía por haber sido pillado in fraganti por mí cuando estaba a puntito de tirarse a mi amiga.

 

Su polla vibraba como con vida propia mientras me observaba incrédulo, así que tuve que hacer lo posible por obviar su brutal erección. Mer se giró y me sonrió absurdamente, totalmente desconcertada también por la pillada. Yo me vi con el bote de crema en la mano, y tampoco supe cómo reaccionar, porque no me había dado tiempo a pensar qué hacer, de tan rápida como había sido mi reacción. Pero estaba claro que, o conseguía una salida rápido, o alguno de los dos me iba a pedir explicaciones que yo no quería dar, sabiendo además que algo así me iba a cabrear bastante, porque me parecía de coña que pudieran poner el foco en mí con lo que habían estado a punto de consumar. 

 

Así que, como siempre que no sabía que hacer, una vez más huí hacia delante. Me desnudé de una, quedándome sólo en bragas, y empecé a untar de crema las piernas de mi amiga como si me fuera la vida en ello. María estaba híper caliente, podía sentir su excitación, que en su cuerpo era en aquel momento un poder infinitamente superior a la sorpresa o al temor. Estaba bien, su calentita iba a darme la llave para salir de aquella situación, entonces… solo tenía que esforzarme por ignorar la polla palpitante de Pablo junto a mí.

 

Mi amiga ardía. Estaba bellísima, allí tumbada y abierta para mí, ofreciéndome ahora sus pequeñas tetitas y sus piernas despatarradas que revelaban sin pudor el paraíso prohibido de su sexo desbocado. Su coño brillaba de humedad, y el resto del cuerpo brillaba de sudor y de la crema que mi primo le había extendido hasta la mismísima boca de su vagina. No pude evitar dirigirme hacia allí para sondear su calentura, pero conseguí pasar de largo sobre su sexo, y proseguí el masaje, cada vez más sensualmente, por su vientre y costados. Pablo seguía impasible a mi lado, con la polla tiesa vigilada permanentemente por la deseosa pero atemorizada mirada de Mer. Y, sin duda, también bajo la escrutadora masturbación de mi emputecida amante, Nuria, que había permanecido escondida. 

 

El caso fue que, cuando empecé a untarle las tetas de crema a María, dejando fluir toda mi lascivia acumulada de la manera más evidente, enseñando la brutalmente obscena mancha de humedad de mis bragas en la operación, él no pudo más y se lanzó a la piscina, yo diría que no para ocultarse esta vez, sino para aplacar su verga que tenía como un hierro al rojo: tanto él como María habían llegado al límite, y había sido sólo cuestión de segundos el que yo hubiese logrado pararles. 

 

No puedo culpar a mi primo de haberse puesto tan cachondo. De hecho, tanto Nur como yo misma también nos habíamos calentado, pero muchísimo. Demasiado. Hasta el punto que la jodida Nurita aprovechó la momentánea desaparición de mi primo para salir de la habitación, completamente en bolas por supuesto, y todavía haciéndose un dedo con fuerza, justo cuando la superficie del agua estallaba para recibir la entrada de Pablo en la piscina. Aquella fue la gota que colmó el vaso, mi vaso. Me sentí de pronto llegando al orgasmo, así sin comerlo ni beberlo, sin que nadie, ni yo misma, me hubiese tocado ni un dedo, y se me fue la olla. 

 

Me tumbé sobre Meri, abrí la boca al máximo, y empecé a comerle el coño abiertamente, como una auténtica salida, jugando con sus labios, mordiéndole, sobándole y succionando su clítoris. Claro, ella estaba tan desbordada ya por lo de Pablo que aquella reacción mía debió reventar del todo la válvula que había contenido su temor a mi reprimenda, y que parece que estaba precisamente junto a la que controlaba su tensión sexual. El resultado fue tremendo, creo que empezó a correrse de manera intensa e inmediata, desde el puro principio, yo alternaba la lengua en su coño y mis dedos en el clítoris con las penetraciones vaginales a varios dedos directos a su punto G y la estimulación oral con labios y lengua del clítoris a base de fuertes chupetones. Ella gritaba como una cerda llevada a la matanza, lo que a mí no me calmaba precisamente, sino que ponía mucho más bruta, a pesar de que aquel escándalo pudiera suponer un evidente peligro con los vecinos. 

 

Para remate, Nurita se había dejado caer  de rodillas junto a nosotras, y se pajeaba de manera cada vez más violenta, pero tampoco era capaz de hacer nada más que decirnos “¡joder tía!, ¡joder tía...!” Y, lo peor, cuando empezó el griterío, Pablo volvió a salir disparado del agua, acercándose a ver lo que hacía con mi amiga, cómo se corría María y cómo se masturbaba Nur, impresionantemente desnuda frente a él. 

 

- Joder prima, ¿pero qué coño le estás haciendo? 

 

Pablo trastabilló, mientras se recorría la polla con las dos manos, más empalmada y más dura que nunca, cubierto de agua fría de la piscina que se evaporaba al momento al recorrer su cuerpo ardiente. Se sentó delante de mí, que me había incorporado para verle y ahora sólo hacía gozar a María con mis manos, y aquello le bastaba y le sobraba para continuar corriéndose como una perra. Mi primito, extasiado, se apoyó en la pared frente a mí, y empezó a masturbarse con deleite. Perdí más aún la cabeza, y mi coño rebulló de excitación… parecía mentira, pero yo era la única que mantenía al menos una tímida prenda de ropa en mi cuerpo, aquellas braguitas empapadas, así que me levanté y me las quité, porque aquella tela de mierda me quemaba y me oprimía como si llevara un pesado abrigo de pieles bajo el sol implacable del desierto, como si me hubieran envuelto en siete camisas de fuerza. Le  tiré a mi primo las bragas usadas, y el las cogió al vuelo llevándoselas a la cara y a la boca con toda su suciedad, que iba a usar para aliñar su paja mientras flipaba con mi cuerpo de nuevo completamente desnudo para él. Mi coño pedía guerra. Mer seguía gritando, así que maté dos pájaros de un tiro, sentándome sobre su cara para acallar a la vez su boca y mi coño. Su mamada fue gloriosa, y empecé a soltarle líquidos en la cara de manera casi inmediata, cuando ella me abrió el grifo succionando mi clítoris e incrustando su imparable lengüecita en el fondo de mi chocho.

 

- Jooooder Laura, prima, joooder - Pablo parecía al borde del desmayo. De repente, todo empezaba a ser perfecto, a dirigirse velozmente al preciso lugar donde yo había deseado llevar aquella calurosa y demencial mañana…

 

Pero no estaba contando con Nuria. 

 

Era absurdo, porque ella estaba junto a nosotras, lo había estado casi desde que saliera yo, y plenamente desnuda y machacándose el potorro, ¡si debía andar ya en medio de su enésimo orgasmo! Se arrastró unos metros tan solo hasta el otro cuerpo desnudo que encontró libre, que no era otro que el de mi primo, claro. Se miraron. Nuria primero buscó mis bragas en su cara, y él le dejó hacer, los dos olieron, los dos chuparon la tela de mis esencias, como si aquello no fuera con ellos, como si acaso sus cuerpos no estuvieran deseando ardientemente encontrarse. Su forma soez y lasciva de mamar los pegotes húmedos de mis bragas pronto se asimiló demasiado a un morreo guarro entre ambos, con aquella tela entre medias, impidiéndoles juntar sus bocas.

 

Luego la tela cayó, y se besaron ya libremente, completamente desnudos. Pablo dejó de masturbarse. Ella cogió mis bragas de su cara, él le cogió la cara a ella. Siguieron besándose, mientras ella le cogía a él la polla delante de mí, le volvía a coger por tercera vez la polla delante de mí, envolviéndola en mis propias bragas. Dejaron de besarse, se miraron. Ella bajó la vista, se le salían los ojos viendo aquel trozo de carne, babeaba por él, babeaba literalmente, y su baba cayó sobre el falo de Pablo, empapándolo antes de que la boca siguiera a la baba, se agachó, y lo mojó en su boca, lento, largo, hondo, una, dos, tres veces. Mi primo me miraba mientras mi amiga le hacía comiditas de polla. 

 

- Laura... - gemía. 

 

Pero yo era incapaz de volver a reaccionar una segunda vez, habia conseguido pararle a él con Marí, en un momento en qué él la había desbordado sin duda por completo, a ella que debía estar confiada seguramente por su éxito sobre él de dos días antes, y que hoy había visto destruidas sus defensas por completo. Pero ahora era Nur, volvía a ser Nurita, otra vez más, siempre Nuria, la triunfadora, quien había desbaratado todo y había desbaratado a Pablo, y volvía a besarle, desbaratando también por completo mis planes, y él le sobaba las tetas, y ella se dejaba mientras bajaba sus manos, lentamente, por el duro torso de él, su vientre, su peludo pubis, su miembro, su sexo todo, y con mano experta le hacía una paja muy lento y muy fuerte, besándole, mirándole, mimándole, masajeando y sobando sus cojones con la mano libre.

 

Hasta que bajó los dedos y se perdió entre sus piernas, y sacando el dedo corazón de esa mano derecha, como si estuviera mandando a alguien a tomar por culo, se lo metió fuerte y hondo, de un golpe, en el ya nada infantil culo de él, ensartándole y follándoselo despacio, mientras volvía a agachar de nuevo la cabeza y a abrir mucho la boca para volver a mojar a mi primo dentro de ella, una y otra vez, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, aumentando el ritmo de su mamada, como el auténtico zorrón que es, y con su otra mano le pajeaba el resto de polla que no le cabía en la boca, lubricado por todo lo que lleva encima y la baba de Nurita que seguía resbalando abundante por el falo, todo ello sin dejar de follarle el culito, con lo que le gusta a él que le follen el culito, y yo veía a mi primo y podía darme cuenta de que ya estaba totalmente a punto, Nuria se lo estaba trabajando como la auténtica maga de la perversión que es, bajando lento la mano por el tronco mientras hundía al máximo la cabecita, chupando y soltando baba, apenas se la metía un poco más allá del glande, joder, pero es tan enorme que solo eso ya le llenaba la boquita de princesa, la boca de furcia experimentada que tiene, hasta que su mano llegaba abajo y se ponía a estirar la piel del falo y a apretarle los huevos, entonces su nabo se tensaba todavía más, y ella subía la mano de nuevo, deslizando suave y firme, levantando a la vez la cabeza y los ojos, que miraban inocentemente y con toda esa sensualidad que solo ella es capaz de acumular a mi indefenso y entregado primo, antes de volver a repetir el mivimiento una y otra vez, acompañado siempre por el feroz taladrador que le había metido en hasta el fondo del ano.

 

Yo era incapaz de reaccionar, básicamente porque mientras contemplaba aterrorizada lo que Nur le hacía a mí primito podía sentir cómo me estaba yendo a ríos en la boca de María. Nurita cada vez le masajeaba la polla y las bolas con más vigor, y la mamada aumentaba su fuerza en la succión: aquello había dejado de ser un moja-moja y la niña le estaba haciendo una comida de campeonato a Pablo. Nadie, repito, nadie, es mejor que Nuria tocando y pajeando pollas… y aquella manera de follar el culo de mi primo, además, con lo que al muy maricón le ponía siempre que le entraran por ahí. Vale que yo puedo ser la reina de las mamadas, eso no me lo quita nadie, y cuando estoy caliente e inspirada de verdad sé que puedo pegar polvos mil veces mejor que Nuria y María juntas. Pero nadie toca y hace pajas como Nuria. Noté cómo él estaba ya a punto de perder el control, yo siempre era capaz de darme cuenta perfectamente de cuando iba a eyacular, y podía ver en su mirada perdida y llorosa, en el temblequeo de su cuerpo, que mi primito estaba en su momento álgido; lo sorprendente fue que, cuando alcanzó aquel punto donde su desborde era ya inminente, en lugar de simplemente dejarse ir dentro de la garganta de mi amiga (y tengo clarísimo lo mucho que él debía estar deseando hacer algo así con ella en aquel momento), el pequeño Pablito se levantó como un zombie, dejando a plantada a una muy sorprendida Nuria…

 

- Joder, Laura, ¿pero qué haces prima?, ¿qué coño estás haciendo, puta? que te estás corriendo en su boca so zorra, Laura, Laura… ¡LAURAAAA! 

 

Tan sólo cogió su verga, con las dos manos, fuertemente, como si fuera una manguera de incendios desmadrada por la brutal presión del agua. Parecía que no era capaz de controlarla, que su polla a punto de reventar tuviera vida propia. La bajó, apuntando hacia mí. 

 

- Zorra… - oí que me llamaba también Nuria, mi mejor amiga, mi amante.

 

¿Y qué si lo soy? pensé mientras solamente cerraba los ojos y me sentía muy, muy feliz… Y Pablo empezó a escupirme gruesos chorros de espeso semen, caliente, oloroso, a presión. Me cubrió por completo, cara, tetas, vientre, coño. El muy animal se estaba corriendo a toda velocidad y toda potencia en mi boca, en mi puta cara, en mi cuerpo de puta. Su pringue cayó resbalando por mi cuerpo, multiplicando mi orgasmo; María bebía ya semen de mi primo mezclado con mis jugos renovados por aquella deliciosa sensación de estar cubierta por su esperma, su semilla que resbalaba por mi piel hasta mi coño, y se le metía a ella en la boca, en la nariz, en los ojos. Nuria, despatarrada en el suelo, se metía varios dedos en su coñito ardiente y frustrado, mientras susurraba “hijos de puta, hijos de puta, hijos de la grandísma puta…” Mi cerebro explotó tanto como mi cuerpo, y mi coño explotó, y mi cuerpo reventó hasta que me parecía que ya no había nada que no fuera mi primo y su semen, y la boca de María y el coño moreno de Nuria donde ansiaba vivir para siempre. 

 

No fui capaz de nada.

 

Luego sólo recuerdo que él se dobló, gimoteando, y arrastrándose como pudo se metió en su cuarto por el ventanal que daba al jardín, desde donde Nuria y yo les habíamos espiado. Yo intenté seguirle, pero estaba confundida y arrollada por lo que acababa de pasar y, fundamentalmente, por la violencia de mis orgasmos sobre María. Me fallaban las piernas de tal manera que me desmoroné, literalmente, junto a Nurita. Nos abrazamos; las dos sentíamos frío, a pesar del calor demencial de aquel verano, a pesar de lo tórrido de la situación. Quizás lo que sentíamos solo era desamparo, no sé. Nos besamos. Escuchábamos a Meri resollar, intentando recuperar su ritmo normal de respiración, todavía tendida al borde de la piscina, temblando como en medio de un ataque epiléptico. No sé cuánto tiempo estuvimos así, quizás media hora, quizás más, no sé. 

 

- Yo necesito un baño - dijo Mer - estoy bloqueada y agobiada, no entiendo lo que me pasa… necesito sumergirme - murmuraba como para sí misma, mientras se incorporaba y entraba en la piscina por la escalera. 

 

A mí también me vendría bien sumergirme, pensé, pero también estar sola. Traté de levantarme, pero seguía sin fuerzas. Nur se quedó hecha un ovillo a mis pies, indefensa, desnuda, sudada. Pero no podía preocuparme ahora de ella, me costaba mantenerme de pie, ella debía asumir lo que acababa de hacer, la manera en que había entrado como un terremoto en el jardín y nos había arrasado a todos. Desnuda, avancé pegada a la pared. Pablo había cerrado el ventanal de su cuarto. Seguí hasta el mío, que permanecía abierto, y me colé por allí. Dentro estaba oscuro, y por la diferencia de temperatura y quizás por mi propia necesidad, parecía fresco. Cerré yo también el ventanal y pasé al vestidor para entrar al baño. Me dejé caer. Intenté descansar. 

 

Vi a mi primo, de pie junto a mí. Desnudo, por un momento volvía a parecer un crío. Era un crío. Tenía hasta la polla pequeña, encogida. Estaba plenamente convencida de que se habría masturbado varias veces más después del numerito de Nuria. Después de la entrega de María. Después de mi propia forma de masturbar mi sexo sádicamente contra la cara de mi amiga. No podía creer lo que habíamos hecho, las tres, lo que yo misma había hecho. Llevaba una semana larga luchando contra aquello, mi mayor preocupación había sido en todo momento evitar que todo se fuera de madre, que se volviera incontrolable, pero me había empeñado en jugar, en arriesgarme como si fuera capaz de todo, de controlar sus voluntades, el ímpetu sexual de aquellos tres salidos sin rival, y pensé que lo tenía controlado, es que de verdad que me parecía que era capaz de hacerlo… y, de repente, me había explotado todo a lo bestia en la puta cara. 

 

- Laura, yo.. - empezó a decir mi primo. Su cara, su actitud, todo en él le hacia parecer profundamente arrepentido y, sobre todo, atemorizado. De alguna manera parecía estar esperando la mayor de las broncas por mi parte pero ¿quién coño era yo para decirle nada? Joder, cada vez que pensaba lo que acababa de hacer con él… lo que las tres le habíamos hecho, lo que yo le había incitado a hacer a él.

- ¿Se puede saber qué haces aquí? ¡joder, Pablo! que estoy en mi baño, y estoy desnuda del todo, que no puedes entrar así como así, no está bien... - No me di cuenta de que, a pesar de todo, le estaba chillando como una completa histérica. 

 

Pero él me miró extrañado, porque no era aquello lo que se esperaba. Yo estaba desquiciada. Mis gritos no eran gritos de bronca, ni mucho menos… más bien parecían gritos de desesperación. ¿A qué venía aquello? debía pensar, pero no podía, no podía… Totalmente fuera de control, me mostraba exageradamente enfurecida, y cada vez más. 

 

- Laura… ¿qué te pasa? 

- ¿Cómo que qué me pasa, Pablo? ¿Pero tú estás loco o qué? ¿Te parece normal esto? - mis gritos resonaban en el baño recubierto de mármol - ¡Entrar así cuando yo!, te parece normal... ¿eh...?¡joder A...! no, no, esto no puede seguir así, vete, ¡vete!, ¡por favor...! - sentí que me entraban ganas de llorar, sentí miedo, estaba llorando, no sabía que hacer, y empecé a gritar de pura histeria...   

 

Llamaron a la puerta.

 

- ¡¿Laura,estás bien?! - sin esperar respuesta, Nurita abrió la puerta y entró como una exhalación, bella y desnuda, tan desnudísima y tan bellísima como lo estaba solo momento antes afuera, con aquella cara radiante que se le pone siempre que tiene buen sexo. 

 

- Tranquila, tranquila, mi amor… - me dijo, mirando también a Pablo con compasión. 

 

Yo paré de gritar al momento al sentir su contacto. Sin que yo me dirá cuenta, me estaba empujando a la bañera y yo, indefensa, me dejé llevar acunada por sus brazos tibios y suaves, que apretándome con firmeza me daban calor y seguridad. Cuando estábamos entrando bajo el chorro del agua que ella acababa de abrir, Marí apareció también  en el quicio de la puerta. Al verla allí se me vinieron de golpe a la cabeza las miles de veces que, desde nuestras primeras folladas juntas, María y yo habíamos hecho el amor en aquel cuarto de baño. Yo no podía tenerle rencor a mi amiga por lo que había intentado hacer, joder, que ella no era culpable de nada, pero tampoco lo eran Nuria, ni menos aún mi primo... Yo, yo era la única culpable de todo, yo había planeado aquella locura, ¿y qué hostias esperaba que pasara? Como siempre, lo realmente insoportable había sido no ser capaz de seguir adelante, estar disfrutando de algo tan mágico, tan salvaje, y verme obligada a detenerlo así y encima a arrepentirme de tal forma por haberlo hecho, todo aquello me dejaba agotada, destrozada.

 

Nuria había abierto el grifo de agua fría directamente, y me estaba mojando como si necesitara rebajar la temperatura de un paciente arrasado por la fiebre, pero lo malo es que al mojarme se mojaba ella conmigo, situándose cada vez más cerca a mi cuerpo, abrazándome desnuda por detrás y pegando a mí su deseada anatomía. Naturalmente, aquello no me calmó lo más mínimo, sino que puso de nuevo mi coño a rugir. Podía notar que Nurita, pegada a mi espalda y frotándose contra mí ostensiblemente, también seguía muy caliente. Cuando me quise dar cuenta, María estaba ya con nosotras.

- Mer... - musité, recordando la demencial comida de coño que me acababa de hacer fuera, aunque lo dije tan bajo que no sé si me oyó. 

 

Igual nos dio. Las dos me miraban con un amor inconmensurable. María se agacho, despacio. Sentía su respiración calentar mi pecho, mi abdomen, mi pubis, hasta hundirse de nuevo en mi ardiente coño, donde se dedicó a apagar mi fuego con su lenguecita y sus poderosos labios. Yo le cogí la cabeza con mis manos y la apreté contra mi cuerpo, que abrí para ella dejándome caer en los brazos de Nur, que me sujetaba desde atrás y me comía a besos con una pasión desatada el cuello y la cara.Bien sabían las dos que si querían calmarme a mí no me iba a bastar con una simple ducha de agua fría... Nuria no parecía estar celosa de que María, aparentemente, se hubiera adjudicado mi tesoro más preciado por segunda vez seguida; por el contrario se mostraba cada vez más perdida en mí, besándome y abrazándome con pasión, cariño y amor, como pidiendo perdón por lo de fuera, no por lo hecho, que no lo necesitaba, sino por lo dicho, quizás por lo deseado... Y yo lo aceptaba, naturalmente, mientras sentía cómo ella me sobaba con avaricia todo lo sobable, y hasta lo no sobable, y flipábamos las dos viendo que lo que nos unía era realmente tan tan grande... casi tan grande como el enorme clítoris que me estaba volviendo a crecer en la boquita de María, a la cual más bien parecía que me estaba follando yo, y no que fuera ella quien me mamaba el sexo…

 

Y mi probre primo nos miraba, lo miraba todo, mudo, alucinado, temeroso, acojonado, perfectamente confuso y de nuevo absolutamente trempado, ya corriéndose sin haberse tocado, y con cara de estar llorando, como lloraba yo, y lloraba Nuria, y sentía llorar a Mer entre mis piernas, pero creo que ya ninguno lo hacía por pena, por vergüenza o arrepentimiento, sino por pura felicidad y... ¡amor! 

 

Me abandoné a ellas, era sencillamente deliciosa su forma de amarme, de follarme, y lo mismo me daba que Pablo lo estuviera viendo todo en aquella nueva escandalosa pillada en la ducha, y solo después de perder la cabeza varias veces puede volver a abrir otra vez los ojos.

 

Todo había pasado. 

 

Cuando conseguí separar mis párpados Pablo se había volatilizado, de repente: sencillamente no estaba. Parecía un sueño ¿habría sido todo un sueño? Nuria había parado, y Mer hacía rato que sencillamente se frotaba contra mis piernas, como un perrillo. 

 

- Lo siento, Nur… ahora necesito estar sola… - les dije arrastrando mis palabras - dejadme un rato ahora, por favor ¿vale? 

- Vale, vale, Lau… sí, como quieras, claro... 

- Y, por favor, Nur, cuidado... cuidado con... - era incapaz de decirlo. 

- Cuidado con él… sí, descuida… creo que por fin lo hemos entendido. Pero tranquila ahora, está en su cuarto, encerrado - me contestó. 

 

Salieron, y Meri cerró detrás de sí cuando se fueron. En la bañera, bajo el grifo de agua fría, sola por fin, intenté serenarme por completo. 

 

Y lo conseguí, solo estando a solas bajo el agua helada, después de las innumerables corridas propiciadas por mis amigas, mi cuerpo convulso fue capaz de calmarse al fin. Me llevó un largo rato y varias pajas más, pero lo conseguí. 

 

Cuando salí, me tumbé todavía mojada en mi cama, y descansé un poco. Cuanto más lo analizaba, más convencida estaba. Pasado el primer sofocón, y visto en frío, lo que acababa de pasar realmente había sido una pasada. Sencillamente. Excitante, puro, salvaje, una de las experiencias sexuales más brutales de mi vida. Y mira que he tenido... Bien, había pasado,y punto. Y no debía sacarlo de quicio. Obviando su edad, su parentesco… que eso me había decidido ya a dejarlo por superado (y me había costado demasiado decidirlo como para darme la vuelta a la primera prueba importante que se me presentaba), pues no había sido más que una maravillosa experiencia sexual. Una bestial, incomparable, quizás realmente insuperable… porque, a pesar de ser un crío, no dejaba de ser una bestia del sexo, una de las personas con mayor instinto sexual que hubiéramos conocido, y las tres le deseábamos ya con desesperación, y queríamos follárnoslo y follar las tres juntas con él. 

 

Tampoco era para tanto, al margen de todo lo que había hecho ya conmigo, Nur ya le había pajeado hasta el orgasmo más veces, y él ya había visto antes a Mer comerme el coño, y a mí liándome con mis dos amigas, a ellas follando, y él se había corrido infinitas veces encima de mí, ellas lo sabían, yo se lo había ido contando según pasaba. Mis amigas conocían ya bien su cuerpo. En fin, que no había pasado más que habíamos juntado todo aquello y, por fin, como hacía días que veníamos desando (desde el primer día que nos bañamos juntos en ropa interior, y saltaban chispas en la piscina, desde antes, desde que empezamos a vernos, desde el primer día, desde que el coche salió de casa de mis tío rumbo a las afueras de la ciudad, hasta la casa vacía de mis padres, con cuatro cuerpos ardientes que ya entonces no pensaban en otra cosa que no fuese el sexo), por fin lo habíamos empezado a disfrutar todos juntitos.

 

Me vestí de nuevo, solo con bragas de otra vez, total para qué más. Dudé si hacerlo o no, pero bueno, todo era absurdo. Me notaba suficientemente segura. Lo que pasaba es que en aquel preciso instante yo no sabía qué hacer. 

 

Salí, y me crucé con Mer en el pasillo. Vestía ropa interior, bastante recatada, con sujetador incluido. 

 

- Estoy con Nur en el porche… ¿te apetece venir? - preguntó, algo atemorizada.

- Vale, ¿habéis comido? 

- No, qué va… nos hemos quedado fritas en la cama y acabamos de despertarnos, yo he preparado un zumito de naranja y nos lo íbamos a tomar ahora... - La cara de Mer era de circunstancias, aunque intentaba aparentar estar alegre. Yo lo estaba, sinceramente, en aquel momento, y sin duda eso la desconcertaba. 

- Guay, pues ahora voy, preparo algo de comer y salgo, ¿vale? ¡Me rugen las tripas! - le dije sonriendo, mientras entraba en la cocina cuando pasábamos por allí. Le planté un suave beso en los labios y le di la espalda, no sin antes ver su carita de asombro. 

 

Cuando salí, las dos estaban fuera, de charla. Las saludé. Nuria se acababa de bañar. Llevaba unas bragas negras, oscuras, que no dejaban ver nada a pesar de estar mojadas. Y se había puesto una camiseta holgada, que no dejaba traslucir nada de su imponente cuerpo, ya que aquella vez se había secado convenientemente antes de ponérsela. Pero, a pesar de haber ocultado lo mejor de su anatomía, con su melena negra suelta, mojada, y su morena y brillante sonrisa, estaba preciosa. Me sentí de nuevo un poco excitada, recordando lo que acababa de pasar. Intenté empezar una conversación lo más banal posible para romper el gélido ambiente. Por algún motivo, parecía que no se atrevían a hablarme, sobre todo Nuria. Al fin se lanzó María:

- Oye, Lau… lo de antes…

- Bah, olvidad lo de antes, lo hemos pasado bien, ¿no? yo creo que solo debemos tratar de tener un poco más de cuidado la próxima vez... no sé si me explico - la cara de asombro de ellas no dejaba ver que me estuviera explicando en absoluto - ¿Sabéis? A pesar de todo… me ha parecido, eh... exagerado. ¿Pero ha estado bien, no? Exagerado pero muy excitante también. Sólo espero que Pablo... - No pude acabar mi frase. 

- Escucha, Laura, te lo tengo que decir - me interrumpió María, nerviosa - Confieso que quería tontear con Pablo, bueno, no os niego que a esas alturas lo que realmente deseaba era conseguir hacerle una paja yo también, no sé, que me habéis vuelto idiota con vuestros cuentos estos días, y he flipado viéndole dejarse, claro, y provocarnos y ponernos cachondas como a colegialas, así que cuando os habéis ido las dos, y nos habéis dejado a los dos solos, desnudos, como a Nuria ayer, pues bueno, no sé, es que era evidente... hasta pensé que me lo estabais poniendo en bandeja para… 

- Ya, sí, Mer, que no pasa nada joder, que ya te lo he dicho.

- ¿De veras? - la carita de María era de perfecta incredulidad. Igual que los días anteriores le había pasado a Nuria, ahora le tocaba a ella, después de verme explotar en sexo y furia, asumir mi total tranquilidad y felicidad con su lasciva actitud…

- Claro, ya le dije a Nur los otros días que no me importaban esas cosas, que podéis hacer lo que queráis con él… supongo que igual también vosotras tenéis dudas, igual que yo, sobre hasta dónde podéis o queréis llegar… - Nuria parecía dudar. 

- ¡Pero Lau… joder! 

- De verdad, Nue, que no me importa, pero si hoy hasta te he dejado hacerle la paja, so puta ¿cómo iba a importarme que Meri quisiera hacer lo mismo? - reí exageradamente.

- Pues genial, Lau… - dijo Meri - pero de verdad, quiero insistir, yo al principio no quería nada más ¿eh? Que, a ver, es cierto que cuando has aparecido tú, en fin, bueno, es que parecía que él, que él... 

- ¿Que mi primito te estaba abriendo el culo?, ¡jijijiji! Pero no… no Mer, yo no creo que fuera tanto ¿no? joder, sí es cierto que ha habido un momento que tuve miedo, me pareció que estaba dentro, pero sólo ha jugado llevando al límite el masaje...

- Pues es que yo sí que estaba convencida de que me iba a follar, sin más, y es que creo que no hubiera sido capaz de pararle…

- Pero no, Mer, que no hubiese sido posible, que yo nunca le hubiese dejado, que os conozco y sé que luego os estaríais arrepintiendo toda la vida... 

 

Mentira, pensé, no era así, ni yo hubiese sido capaz de impedirlo, ni ellas se habrían arrepentido lo más mínimo… conozco Mer perfectamente, sabía lo que había, claramente, y sabía muy bien lo que pretendía Pablo, lo que había intentado con ella. 

 

- Bueno, pues da igual en todo caso, ya pasó, y al final todo ha terminado bien… - dije, obviando lo obvio - aunque creo que nos vendrá bien a todos serenarnos un poquito ahora, ¿no? - zanjé la situación mientras comía, despreocupada. 

 

Me miraron contentas, cierto, aunque con cara todavía un poco rara. En cualquier caso, ninguna de las dos se atrevió a seguir insistiendo en lo que había pasado, que había sido desmesurado desde cualquier punto de vista si queríamos seguir guardando las formas, pero yo parecía que ya no pretendía seguir guardando las formas en absoluto, o si acaso lo pretendía aún, no aparentaba que fuera a darle la importancia debida a lo sucedido. Lo cierto es que ni yo misma sabía ya lo que quería, salvo que en aquel preciso instante todo estaba estaba bien para mí, que no me compensaba en absoluto cabrearme y mandarlo todo a la mierda (que seguramente es lo que cualquier persona medianamente normalizada habría hecho, pero yo al menos sí tenía claro que se podía hacer sin más borrón y cuenta nueva). Lo único cierto era que, pensara yo lo que pensara, y quisiera lo que quisiera, seguía yendo tan sexualmente provocativa como aquellos últimos días, como si no hubiera sido precisamente forzándoles a ir perdiendo prenda tras prenda como había empezado todo. Entiendo que, conociéndome, y ellas me conocían mejor que nadie, y más en mi faceta íntima, era perfectamente esperable un enésimo cambio de humor por mi parte, de manera que a mi calma y sosiego de aquel momento le siguiera un nuevo huracán, ya fuera uno que expulsara de mi casa a mis amigas por putas y pervertidoras de menores, o bien el que de manera definitiva hiciera a nuestros cuerpos enredarse en el más obsceno pozo de lujuria… Vamos, que el principal problema que debían tener mis amigas escuchándome en ese momento era que no se terminaban de fiar de mí… y con razón.

 

- ¿Qué pasa? - les dije aparentando un cierto tono de molestia - ¿de verdad vais a dar a todo esto más vueltas que yo? no le demos a las cosas más importancia de la que tienen, por favor… - traté de cerrar definitivamente el asunto, levantando una pierna sobre la silla mientras comía. 

 

A la vista de ambas quedó la humedad que volvía a mojar mis bragas como mejor prueba de que era otra vez la calentura, y no el enfado, el humor que guiaba nuevamente mis actos. El brillo de los preciosos ojos de mis amadas amigas amantes reflejando mi deseo sexual impregnado en mis bragas me dejó claro que, puestas a elegir, iban a decidir suicidarse conmigo en mi demencial propósito, ahora que nuestra finalidad última, levantarnos a mi primo, parecía que volvía a converger.

La tarde ya se iba oscureciendo cuando finalmente reapareció Pablo. Nosotras tres habíamos empezado a jugar a las cartas. Le invité a unirse en cuanto le vi asomarse al jardín, con la mayor naturalidad y el tono más cariñoso del mundo, ya que por nada quería que se intimidara por lo que había hecho antes a María ni por lo que nos había visto hacer a nosotras. Aunque con gesto reticente, él terminó por acercarse y, finalmente, se unió a nosotras. Pese a ello, parecía que su entereza y determinación de llegar hasta el final con nosotras había terminado por romperse también: mi primo había recuperado el bañador, después de días en ropa interior. Bueno, parecía que yo era la única que había mantenido la falta de pudor absoluta. La única que no se arrepentía de nada de lo que había pasado, o la única a la que no le daba miedo enfrentarse abiertamente y hasta el final con los otros. La única que seguía solo en bragas, como una puta, enseñando mis berzas visiblemente excitadas y ansiosa de que mi primito volviera a babear mientras me las miraba sin disimulo. Aunque, para ser sincera, después del acelerón que había supuesto aquel día no me parecía mala cosa bajar un poquito el pie del acelerador.

 

Jugamos una divertida partida por parejas, en la que Pablo y yo competimos contra ellas. ¡Ganamos! Los dos somos súper competitivos, así que aquello nos puso de buen humor y contribuyó a romper un poco el hielo con mi primo. Cuando terminamos ya era casi de noche, a pesar de lo cual el calor era absolutamente sofocante: los cuatro sudábamos, pero ninguno se atrevió a proponer un baño en ese momento. Ni siquiera yo. He de reconocer que la aparición de mi primo me había bajado los humos, aunque no la líbido, pero me costaba lanzarme a hacer tonterías porque, pese a todo, tenía miedo de lo que pudiera pasar ya que por algún motivo ellos tres parecían seguir aún algo confundidos. Sí, lo sucedido a lo largo de aquel día estaba demasiado reciente, claro, y pesaba como una losa sobre ellos. Propuse cenar, y fue la mejor salida, ya que más allá de todo estábamos todos muertos de hambre. 

 

Fuimos todos juntos a preparar la cena. Nuria dijo que iba un momento a  quitarse la camiseta, porque estaba muerta de calor. Bien, un poco de aire fresco, pensé… ya estaba bien de dejarme a mí como una salida, que parecía que me había quedado como la única guarra que se moría por ver piel desnuda. Para mi decepción, Nur volvió con la parte de arriba de su conjunto de ropa interior, que era tan super sosa como sus braguitas. Hay que joderse, pensé, tanto esfuerzo para esto, y además precisamente la guarra de Nuria… Parecía que iba en bikini. 

 

Resignada, me afané en terminar de preparar la cena. Si aquella noche tampoco iba a poder llenar el coño, al menos llenar el estómago, porque me moría de hambre… Cenamos en el salón, como siempre viendo la tele. Aunque como aquella mañana Nuria y yo habíamos prescindido del videoclub, aquella noche no teníamos peli, así que zapeamos sin rumbo y con poca perspectiva. 

 

Pronto me sentí aburrida, y lo cierto es que estaba empezando a calentarme peligrosamente de nuevo, por encima del posible sentimiento de miedo a las consecuencias de un posible nuevo acercamiento. Pero joder, ¡es que ahora no podían cortar de golpe tanto sexo acumulado durante días! Aunque yo tampoco sabía por dónde salir, porque por diferentes motivos no me decidía a intentar nada con ninguno de los tres. Pero tenía que romper aquella situación absurda. 

 

Como de costumbre, mi opción fue una nueva huída hacia delante, una vez más. 

 

- Voy al baño - dije en voz alta - que me hago pis. 

 

En aquella ocasión fui directamente al baño de la entrada, que quedaba junto al salón. Abrí la puerta, encendí la luz, me  bajé las bragas, abrí la tapa, me senté en la taza, y meé largo. Cuánto más meditaba lo que estaba a punto de hacer, más me apetecía hacerlo. Me limpié bien la meada, sintiendo la humedad mezclada de mi sexo mojar mis dedos al empapar el trozo de papel higiénico que metí entre mis labios, abriendo mi vulva. Pese a ello, no me molesté en lavarme las manos. Sencillamente me levanté, tiré de la cadena y bajé la tapa del inodoro. Volví a abrir la puerta, y salí afuera apagando la luz.

 

Allí quedaban mis braguitas, todavía calientes de mí y siempre húmedas, tiradas en el suelo. Mi chocho pelado volvía a entrar en acción. Me quedé parada ante ellos, disfrutando por un momento de aquella sensación de plenitud que me hacía superar tan fácilmente mi nerviosismo. No hemos llegado hasta aquí, pensé, para volver ahora a encerrarnos en la opresión de esa ropa de mierda. Lo que estaba haciendo era una locura, porque podía ser la llama que prendiera definitivamente aquel polvorín. Pero me sentía tan libre, tan verdaderamente libre… era como si, más que de mis ropas, me hubiera despojado realmente de mis prejuicios, de forma total, absoluta, radical. Como si por primera vez me el estuviera mostrando ante el mundo como verdaderamente soy: y Laura es desnuda, Laura es caliente, Laura es deseo de sexo permanente; Laura es Puta. Aquellas cuatro letras se me marcaban incandescentes sobre mi cuerpo ardiente cuando me presenté así ante ellos. La prostituta suprema reclamando sexo a sus vasallos… Disfruté de sus incrédulas miradas recorriendo lascivamente mi cuerpo, con la misma suavidad e intensidad con la que sentía las gotas espesas de mi sudor salado rodando columna abajo para meterse por la raja de mi culo, resbalando por mi canalillo para bañar mi abdomen brillante, perfumando mi cuerpo con el aroma picante de mis senos, lubricando el interior de mis muslos para inundar la habitación, en mi avance hacia ellos, con el hedor de mi coño emputecido. Los tres se revolvieron en sus asientos, pude escuchar un murmullo tan ahogado que no supe reconocer de cuál de ellos procedía: “joder… será puta”; después de eso ninguno dijo nada.

 

Me costaría explicar ahora por qué hice realmente lo que hice, qué sentido pudo tener mi gesto. En honor a la verdad, no soportaba seguir ni un momento más vestida. Y por vestida me refiero al guiñapo que todavía llevaba por bragas, sí. Me había cabreado profundamente que ellos tres hubieran dado un paso atrás tan radical en sus vestimentas, y me moría de ganas de volver a ver sus sexos, sí, y de sentir en mis venas de nuevo esa adrenalina tan demencial que nos recorría cuando nos poníamos los cuatro en bolas juntos… Hacía calor, hacía más calor que nunca y aquel día habíamos llegado a compartir nuestros cuerpos como nunca antes habíamos hecho, casi como llevábamos deseando hacer desde el primer día. Detestaba la asquerosa hipocresía que les estaba llevando a comportarse así. ¿De verdad se creían que era mejor que nada pasara entre nosotros? ¿Pero qué coño le había pasado al puto sátiro salido de mi primo? ¿Pero por qué ellas no se limitaban a seguir mis deseos cuando les había dicho que se olvidaran de la barbaridad que hicimos los cuatro junto a la piscina? Aquello no importaba, solo nuestro deseo era importante. Solo mi deseo importaba…

 

Hacía calor, y no quería seguir vestida.

 

Avancé muy lentamente hasta llegar de nuevo junto a ellos.

 

Detestaba volver a verles a todos con ropa.

 

Mer suspiró hondo al verme plantada entre los tres, desnuda, retadora. Pablo cerró los ojos cuando la serpiente que vive entre sus piernas comenzó a abultar su bañador, constatando que, por mucho que intentara ocultarlo, su deseo por poseer mi cuerpo siempre iba a ser mayor que cualquier poder de este mundo.

 

Nuria se mantuvo acurrucada, hecha un ovillo en el sillón, aparentemente al margen de todo, pero en realidad nos miraba solo a nosotros, nunca a la tele ya, sino directamente a nosotros, absorta, perdida, incapaz de articular palabra. 

 

Mer, por el contrario, empezó a hablar cuando me senté de nuevo junto a ellos, y ya no pudo parar de hacerlo. Pablo se había sentado aquella noche en el sofá, entre María y yo. Ninguna le había dado importancia a aquello, cubiertos como estaban ellos de recatadas ropas, y con aquella seguridad espesa que nadaba en los tres de que aquel día ya no podía pasar nada más entre nosotros. Nuria se había quedado sola en el sillón, claro, a mi izquierda, ya que era el puesto que normalmente había ocupado Pablo y que aquella noche había quedado desierto. Ahora ella seguía allí encogida, y con la mirada perdida en nosotras. Pablo y yo, a diferencia de ella, decidimos relajarnos y seguir el locuaz parloteo de Meri, consiguiendo por fin articular entre los tres algo parecido a una conversación. Y así conseguimos reconducir al menos la situación, logrando incorporar de manera no excesivamente mi desnudez al cuadro que componíamos aquella noche, sin que pareciera habernos costado demasiado esfuerzo (no en vano, tan solo habíamos tenido una baja, la de Nurita, que seguía colgada, ovillada en el sillón, perdida en inconfesables pensamientos).

 

Me sentía a gusto y relajada por fin, mi cuerpo libre de ropa parecía ser capaz de evacuar mejor mis calores y de dar una mínima tregua a mi ansiedad. Pero yo no había hecho aquella estupidez para relajarme. Ni mucho menos. Me recosté en el sofá y subí la pierna izquierda sobre la mesa, interponiendo una barrera entre el sillón que ocupaba Nur y nosotros. La otra pierna la estiré sobre las piernas desnudas de mi primo. Mi chocho se abrió para ellos, como una flor turbia de olores intensos y penetrantes. Notaba cómo todos podían oler mi coño hambriento: mi sexo supuraba líquidos empalagosos a tal velocidad que yo misma me sentía emborrachada de mis propios licores, una droga imposible de resistir ni de esquivar. La calentura había vuelto a nublar mi mente. Estaba cachonda, y ya no me interesaba pensar ni hacer cálculos. Tan solo quería actuar: necesitaba sentir su contacto.

 

Empecé a acariciar a Mer en las piernas con mi pie extendido. Aquello me obligaba a rozar todo mi nulo derecho desplegado sobre las piernas de Pablo, abriéndome escandalosamente al hacerlo. Mi clítoris erecto era perfectamente visible entre los pliegues hinchados de mi chocho, perfectamente libres de vello. A mi primo le costó acostumbrarse al tacto sudoroso de mis muslos, así como al invasivo hedor cada vez más reconcentrado de mi sexo, pero al cabo las cosas se serenaron, pareciendo que volvíamos a asumir cada uno nuestro papel. 

 

De vez en cuando, mi pie se lograba estirar lo suficiente como para alcanzar directamente el coño de mi amiga. Podía sentirla abierta también bajo las tímidas braguitas que vestía, tan moja ditas y metidas ya dentro de su concha como todavía había llevado yo las mías tan solo unos minutos antes. La muy linda de Mer me dejaba hacer, abriendo incluso más sus piernas para facilitar mi exploración, y recostándose cada vez más en el sofá para llevar su cuerpo hacia abajo y aumentar el contacto entre nosotras a medida que se calentaba. Porque se estaba poniendo cachonda conmigo otra vez, tanto como para, en un momento dado, tomar mi pie entre sus manos y guiarlo ella por su pubis y por la rajita de su vulva. Me maravillaba lo fácil que estaba siendo que ella olvidara radicalmente cualquier inconveniencia que pudiera suponer la presencia de mi primo: tan solo había hecho falta calentarla otra vez de forma directa y todos sus falsos prejuicios habían volado de nuevo como arrastrados por el viento de una tormenta incipiente. 

 

Al rato, el propio Pablo, cuya evidente erección podía sentir ya apretándose orgullosa contra mi muslo, empezó a acariciarme la cara interior de mi pierna, subiendo por mi muslo como si nada, cada vez más arriba. Yo seguía totalmente desnuda, abierta como una perra, y tan sudada que resbalar por mi piel era casi una obligación. Sentí un cosquilleo y un calor creciente en mi cuerpo al notar cómo, por fin, mi primo volvía a reclamarme… al final había bastado recordarle lo puta que podía llegar a ser su prima para que él se volviera a activar.

 

Mis tocamientos a Meri se hicieron más continuos y más descarados. La erección de Pablo, aunque muy despacio, seguía creciendo desbocada hacia la empalmada final.

Sin embargo, parece que al final yo no era la única que andaba aquella noche con las cosas poco claras... Evidentemente, mi actitud de libertad había terminado por involucrar fácilmente a María y a Pablo, pero yo todavía pensaba que de ahí a que pudiera pasar algo realmente significativo aún quedaba mucho trecho, aunque estaba convencida de que habíamos superado la crisis por completo y que íbamos a poder andar aquel camino juntos… sentir la polla de mi primo al filo de su bañador no hacía sino confirmármelo: la tenía ya tan crecida e hinchada que, de haber llevado slips como los otros días, en lugar de bañador, le estaría asomando a esas alturas ya mucho más que su expresivo y contundente glande empalmado…

 

Pero, para mi sorpresa, fue precisamente Pablo el primero en venirse abajo. Se revolvió con una agitación inusual, y se levantó como un resorte, diciendo que se iba a dormir. ¡Mierda! no contaba con algo así... ¿Por qué? ¿Qué hacer? ¿De verdad me estaba equivocando tanto con ellos? No estaba preparada... ¿sería posible que me estuviese tentando, que pretendiese acaso que le siguiera, que me fuese a acostar con él tan directamente…? Aunque, joder, estaba en bolas con el coño abierto puesto encima de él, tampoco sería tan raro que se hubiera tomado aquello como mi declaración de intenciones definitiva. No sabía, no sabía…

 

Y, sin embargo, Mer acabó decidiendo ella por todos.

 

- ¿Os parece que nos vayamos nosotras también? - dijo con una sonrisa pícara. ¿Qué coño estaba pasando? ¿La había calentado tanto a ella, de una manera tan personal? 

- Laura, qué ganas te tengo desde esta mañana, tía. - El comentario Nur me dejó cortada. 

 

Callada como había estado todo el rato, se levantó quedando directamente frente a mí, se quitó la ropa con toda la sensualidad que solo ella es capaz de desplegar y, completamente en bolas con su cuerpo de diosa se abalanzó sobre mí, pegándose tumbada contra mi cuerpo abierto exudando deseo y empezó a besarme con profunda. 

 

Escuché cómo Meri recogía todo alborotada y rápidamente, mientras Nurita se afanaba con mi impávido y sorprendido cuerpo. Me gustaba la extraña suavidad de Nuria, todo mi cuerpo se lo agradecía con el automatismo del deseo desbordado, de la pasión contenida, del amor definitivo y profundo... pero no me decidía a hacer nada. 

 

Todo había estallado de una forma súbita e imprevisible. Nuevamente me estaba viendo arrastrada por los acontecimientos, incapaz de decidir nada, incapaz de saber realmente lo que quería, siquiera. Y aquella vez todo había sucedido implacablemente y sin previo aviso, bajándome de un manotazo helado del cielo al que yo solita había creído a haberme subido.

 

Nuria me giró de golpe, viéndose ayudada a manejar mi cuerpo por mi repentina incapacidad de reacción; me dejó tumbada de lado en el sofá, y bajó veloz su cara hasta mi culo, empezando a besarlo mientras me acariciaba los muslos y mis partes. Pronto empezó a lanzarme lenguetazos al ano. Aquello me desarmó de una manera tan definitiva que pensé que iba a correrme acto seguido y después ya solo podría morir de placer a sus manos…

- ¿Qué, Pablito, te gusta más esta película? - escuche aterrada que le preguntaba María a mi primo, quien al parecer se había quedado inmóvil a mitad de su frustrada huida del salón, pasmando como lelo hacia nosotras dos. 

 

Luego escuché ruido de cacharros marchando hacia la cocina. María, en cambio, no se había quedado allí después de soltar aquella bomba que me acababa de confirmar lo equivocada que había estado, lo estúpida que había sido… ¿como podía ser tan tinta como para creer que los dos putones de mis amigas podían haber cesado su cacería hacia mi primo una vez desatada? Por su parte, la agitada respiración del niño sí me revelaba que la presencia de él continuaba allí con nosotras, absorto sin duda en contemplar como la cerda de Nurita hocicaba sin pudor alguno dentro de mi trémulo y atemorizado culito. 

 

Porque yo ya no veía nada, sino que con los ojos cerrados solo podía disfrutar de lo que me hacía Nurita, así que debía interpretar lo qué ocurría a nuestro alrededor en base a los sonidos que nos rodeaban. Bajé mi mano izquierda, la que estaba libre sobre mi cuerpo, y me agarreé la nalga de aquel costado, tirando de ella, para abrirme bien a mi amiga. Estaba desesperada por sentirme tomada de una puta vez por ella. Nur lo aprovechó, claro, y sujetándone bien con su mano izquierda, metió la derecha bajo mi cadera, sacándola por debajo de mi vientre, desde donde una vez libre se lanzó directa hacia mi coño. Yo hacía rato que lo tenía abierto, pero a aquellas alturas estaba ya chorreando, más que empapado, palpitante, con los labios mayores súper hinchados y sudorosos y los menores salidos, separados, dejando al aire mi clítoris endurecido en la plenitud de su vigor, erguido para coronar la abertura desbocada de mi vagina hambrienta. Ella metió allí sus dedos, tres al menos de golpe, hurgó y frotó en círculos, apretó dentro, salió, recorrió la raja, frotó toda la chirla, estrujó el clitoris y lo masajeó en circulitos a gran velocidad, me recorrió la concha mojada nuevamente, en masajes largos y rápidos, para acabar de nuevo dentro de mí con toda su mano. 

 

Lo que me estaba haciendo Nuria era una auténtica delicia, y no solo por lo que me hacía (una delirante paja a mano llena combinada con una intensísima mamadita del culo que se había convertido ya en una follada en toda regla con su traviesa pero vigorosa lengua), sino por su forma de hacerlo, absolutamente magistral pero, sobre todo, llena de un amor tan profundo como profundo era el salvaje avance de su mano en mi coño y de su lengua en mi año. Pese a todo, lo que más perra me ponía, lo que me hacía estallar la cabeza y temblar el cuerpo, lo que me hacía estremecer el coño en oleadas de placer enloquecido, era saber que él seguía allí con nosotros, que Pablo estaba delante, que mi primo me estaba viendo así, sometida, destrozada y humillada de placer, impotente siquiera para gemir, para llamarle, por reclamar su polla para que viniera a darme el tiro de gracia… Nuria me estaba haciendo perder la respiración y hasta el sentido.

 

Sin dejar de hundir su lengua en mi año, de sorberme el culo y relamer mi raja arrastrando cuánto líquido y partícula pudiera salir de mi cuerpo, la ávida mano derecha de Nuria volvió a salir de mi sexo estremecido para repetir, una y otra vez, su obsceno ciclo de masajes circulares, aprietes y retorcimientos, recorridos de raja y frotamientos de chirla, estrujamientos de clítoris y nuevos masajeos de concha antes de volver a embutirme la mano entera el la vagina para seguir follándome como a un animal. Ese fue el ciclo que repitió, de manera más o menos estable, sin dejar nunca de lamerme y follarme el ano, penetrándome el esfínter con la lengua de cuando en cuando, hasta que me corrí por enésima vez en su boca y su persistencia terminó por provocarme una intensa meada de placer con la que la dejé bañada de arriba a abajo. 

 

Me bebió con deleite. Al acabar, o debería decir cuando por fin logré ascender de ese infierno -o bajar de aquel cielo- al que Nurita me había conducido, escuchamos un estridente aplauso. Era Meri, que hacía raro que había acabado de recoger la cena y esperaba paciente el desenlace. Cuando pude abrir los ojos y enfocar mi mirada e ella vi que estaba ya desnuda del todo, también, al igual que Nurita, aunque no sabía cuánto tiempo hacía que se había despojado de su ropa. Yo me sentía mareada, somñolienta, totalmente confundida. Miré consternada a mi alrededor, con aire de duda, de estar perdida.

 

- Vamos, ¡levanta Lau! - dijo Mer. Ya está todo recogido. Y tu primo hace rato que se ha ido con el rabo más tieso que el palo de una fregona… pero sin atreverse a tocarse - me susurró con cierta maldad, cuando se dio cuenta de que yo le estaba buscando precisamente a él.  

 

No sé cómo conseguí reunir las ingentes fuerzas que me hacían falta para levantarme, pero imagino que debieron ser ellas quienes me ayudaron -o me forzaron- a hacerlo. Igualmente creo recordar que entre las dos consiguieron sostenerme y hacerme avanzar como uña zombi hasta el fondo de la casa, donde se encontraba su habitación. Puede que en realidad yo no me pusiera de pie, quizás ellas directamente me llevaron en vilo, o me arrastraron mi cuerpo inerte y sucio por el frío suelo de toda la casa… Entramos en la habitación, y vi que María llevaba en su mano la ropa interior que Nuria y yo habíamos dejado tirada por toda la casa. Necesitaba serenarme. Necesitaba pensar…

 

- Voy un momento al baño - les dije, levantándome torpemente de la cama donde habían tirado mi cuerpo, y avanzando golpeándome con muebles y paredes - ahora vengo. 

 

Un largo momento, lleno de dudas, de interrogantes, de posibles opciones, a cada cual más aterradora, más demencial. Y todas ellas anuladas por completo por un explosivo deseo que me hacía pensar con el coño en realidad, que tiraba de mi mente para tratar de devolverme con Nuria, de la que nunca debería de haberme apartado….

 

Para cuando salí, ellas dos ya estaban metidas en faena, follando suave pero seriamente, acopladas en una erótica tijera en la que Nuria se dejaba hacer por una Meri que llevaba la voz cantante con determinación, mientras mi amante la recibía tumbada boca arriba y con las piernas abiertas, entre cansada e indolente, retorciendo su pelo con la mano libre, mientras estiraba la otra para enlazarla con una de las de María, que la montaba tumbada sobre una de sus piernas, boca abajo y enlazando sus muslos y sus sexos, en una cabalgada furiosa, sudando y sollozando, dándolo todo, utilizando la mano libre para sujetar el pie de la pierna de Nurita que quedaba bajo su cuerpo, que tenia extendida (la otra la mantenía flexionada para ayudar al equilibrio y favorecer la follada de su amiga). Vi como Mer, cada vez más caliente y desatada, se enamoraba de ese pie y se lo restregaba por la cara y se lo metia en la boca una y otra vez, chupándolo con más deleite que si se tratara del falo de Pablo. María siempre había sido abiertamente fetichista, aunque nunca me había fijado que lo fuese con los pies de una manera tan intensa...

 

 

La escena era tórrida, ambas estaban cachondísimas, especialmente la enfebrecida Meri, y mi cuerpo parecía que quería seguir ese mismo camino ascendente al paraíso, comenzando a acumular un fuerte calor en mi coño mientras admiraba a aquella soberbia pareja de lesbianas teniendo el sexo más caliente posible… Pero no sé por qué, fui incapaz de seguirlas, y cuando me quise dar cuenta María estaba ante mí, sentada al borde de la cama haciendo aspavientos delante de mi cara.

 

- Tía, Laura… ¿estás bien?

- Sí… sí… yo… Mer, perdona…

- Joder, tía, qué susto… que no contestabas… ¿pero te vienes ya a la cama o qué? Qué la guarrona de tu novia está caliente que no veas…

- Mer…

 

María estaba bellísima, tan desnuda y tan sonriente como siempre, con aquellos preciosos ojos verdes y enormes suyos, brillante de deseo y ganas, olorosa de pasión y de lujuria, caliente hasta con mirarla. Nuria se había quedado en el fondo de la cama, nuevamente encogida, nuevamente mirándome temerosa, pero igualmente preciosa y deseable. A pesar de mostrarse retraída en aquel momento, hasta a mí llegaba el penetrante aroma que desprende su coño cuando está intensamente cachonda.

 

- Tía, Lau, que te quedas colgada, joder… ¿vas a responder? ¿por qué no…?

- Mer… yo… es que yo no…

- ¡Ay, joder! No. Que no, Lau… ¿otra vez? ¡Hostias, estás de coña!

- María, deja que… - la voz de Nuria, insospechadamente suave y tímida sonó desde el fondo de la cama, aunque María, en su creciente furia, no parecía dispuesta a escucharla.

- Hostia, Lau, es que es muy fuerte ¿cuántas van ya? ¿hasta cuando vas a seguir jugando con vosotras? Es que estoy hasta los ovarios, hoy me podía haber follado, joder ¡que estaba a punto de follarme! Pero tenías que llegar tú para liarla, ¿no? No te podía contener… total, luego para dejarnos a todos a pan y agua ¿que hostias piensas hacer, Lau?

- Mer… - yo era incapaz de articular otra palabra diferente de su nombre.

- Porque ahora nos dejas aquí plantadas pero ¿para qué? ¿para hacerle un par de gayolas a tu primo y tenernos otra vez mañana a los tres calientes como monos?

- Meri, de verdad… - la voz de Nuria parecía haber adquirido más firmeza, pero no más volumen.

 

Pero igual dio. Las dos escuchamos la violenta diatriba de Mer contra mí. Enfadada con mi frialdad, o con mi duda, o con mi desprecio hacia ellas, hacia ellos, hacia mi primo, María me reprochó mi actitud, echándome en cara no haber superado realmente lo que había pasado por la mañana, a pesar de mi pose desenfadada y el numerito de antes. Nuria callaba, cada vez triste. Supongo que triste por mí, por saber que esto no era precisamente fácil para mí. Por saber como yo que deseaba lo que ellas me estaban ofreciendo, pero que no podía hacerlo, sencillamente no era capaz de subirme a aquella cama y liarme con ellas sin más, que por muy deseables que fueran aquello no era realmente lo que yo quería para esta noche. Y lo que quería lo sabíamos todos, pero solamente yo podía desencadenarlo, y no era capaz de hacerlo. Sí, sin duda Nurita comprendía todo, quizás lo comprendía ya mucho mejor que yo. Seguramente María era capaz de comprenderlo también, pero quizás deba suponer que en Nur estaba pesando más su amor por mí, mientras que en Mer lo que pesaba era, simple y llanamente el deseo, la calentura. Seguramente todos sabíamos, todos comprendíamos, todos queríamos lo mismo. Pero lo que los cuatro queríamos ahora, sencillamente no era posible. No era posible ahora, pero cabía dudar si lo sería alguna vez. De repente me sentí agotada, tan tinto como eso. Conseguir arreglármelas para acostarme con mi primo sin sentir que la realidad me arrollaba brutalmente como había ocurrido aquella mañana con ellas dos, cada vez me parecía una misión más imposible de cumplir.

 

En silencio, escuchando los suaves gemidos de mis amigas, salí del cuarto. Dejé todo abierto, intentando que el aire del sexo, de su sexo desatado, del sexo que ellas iban a practicar a buen seguro en aquella habitación aquella noche, volviese a impregnarlo todo de nuevo, poco a poco. Necesitaba recargar las pilas. Sentía como si de repente ya no quedara energía en mí. Ni tampoco pasión sexual suficiente como para llevar a cabo la locura que deseaba hacer. 

 

Naturalmente, primero pasé por el cuarto de Pablo. Dormía, o al menos simulaba hacerlo. Estaba tumbado en su cama, en la más completa oscuridad, solo rota por el fulgor de las estrellas que atravesaba el ventanal de la habitación hacia el jardín, en el que había renunciado a cerrar persiana, ventana y visillos. Apenas corría el aire, a pesar de todo, el verano no quería darnos tregua aquellos días. A pesar de tener todas las puertas de la habitación abiertas (también lo estaba la que daba hacia el baño y el vestidor, comunicando con mi dormitorio), o precisamente por ello, Pablo se había desnudado por completo, y así lucía en aquel instante, tan bello y deseable como siempre, con su polla enorme y preparada para mí. Me pajeé allí, en silencio, delante de él. 

 

Pero tampoco  fui capaz de nada más. Volví a mi cuarto, me tumbé en la cama, me acaricié nuevamente mi flor, mis labios se abrieron, mi falo se levantó endurecido, me lo hice a mí misma, sabiendo que yo iba a ser la única compañía que mi alterada conciencia podría soportar aquella noche. No escuché a Pablo hasta la mañana siguiente, y pronto dejé de oír a mis amigas también, aunque sabía que follaban sin freno tan cerca de mí. Y, sin embargo, como había deseado, el olor del sexo volvió a inundar toda la casa aquella noche, al completo, implacable, absoluto. Pero volvió a ser el olor de mí sexo el que nos envolvió a todos, devorando incluso el olor del sexo desatado de las putas de mis amigas, y hasta el olor adolescente del sexo brutal del niño que dormía en la habitación de al lado, pero que yo quería que durmiera en la mía, en mi cama, conmigo, dentro de mí…

 

Soñé con mi cuñado Guille toda la noche. No sé por qué, si en realidad hacía tanto que no lo hacíamos que podía decir que hacía meses, o incluso años, que ya ni le deseaba. Pero aquella noche soñé con él, y tuve con él los sueños sexuales más completos y de recuerdo más nítido de mi muy nutrido repertorio de sueños húmedos, a lo largo de toda mi vida. 

 

Y me desperté renovada, desnuda, lista para volver a empezar. Y oliendo a sexo…

 

 

 

 

 


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@laualma que relato mami. Lo pensar en vuestra tetas y coños me pongo duro con ganas de coño mami rico y putilla


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@nyctidromus zorras


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@laualma que rico follarte mi diosa putilla 🔥


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@nyctidromus puta


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@laualma si mi que seas bien puta y golosa para mi polla y lengua


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@nyctidromus f


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@laualma que seas bien puta me pone muy cachondo

 


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@nyctidromus sii


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@laualma las ganas que te tengo mami viciosa


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@nyctidromus oh


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@laualma estoy cachondo mami


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@laualma 💋🔥🔥🍆🍆


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@laualma zorrita uff me gustas cuando me escribes cochinadas, quisiera chuparte tu peluchito y tu ojete


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@laualma mami anal te escribo mis cochinadas las que te haría si te tuviera cerca putilla 🔥🍆


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@laualma 💋💋💋💋💋🍆🍆🍆🍆🔥🔥🔥🔥😘😘😘😘


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