LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.
día 08 - 22.07.2012 - comida
Mientras me dirigía al punto de encuentro, sin posibilidad alguna de ningún encuentro sexual más, pensé seriamente en lo que acababa de vivir. Si aquello era posible, si aquello existía, y ese sexo lo había vivido yo, y lo podía vivir de nuevo... estaba claro que debía, por todos los medios, tratar de llegar hasta el final con Pablo, y también con Nuria. Siempre ha cortado todo lo que ellos podían darme, en general lo hago con todas mis relaciones, y estaba claro que podía sacar más de Carlos, de Lu, de Mer, ...de Guille. Hasta de la Bergeret, incluso de ella, llegado el momento de cualquiera de mis amigos… acababa de lograrlo con un completo desconocido. Pero sobre todo, sabía que era posible tocar aquel mismo cielo con Nuria. Y también con mi primo. En aquella trascendental reflexión estaba cuando vi a María acercarse corriendo a mí, con una sonrisa de oreja a oreja. En fin, cualquier intento de reflexión metafísica fue radicalmente abortado por la euforia de mi amiga.
A borbotones, pletórica, sin poder contener su euforia ni su maravillosa sonrisa, Meri me empezó a bombardear con su historia de camino al coche, de una manera desordenada, caótica, según le iban explotando las sensaciones y los recuerdos en la boca. Era difícil seguirla, ya que no hacía un relato ordenado de lo sucedido, y todo eran fugaces visiones, mezclados con mucho "tía" "Lauri" "ayayayay" "increíble" "acojonante" y otras interjecciones varias que se repetían incansablemente. En resumen, y teniendo en cuenta que ella no estaba en las mejores condiciones de contar, ni yo en las mejores condiciones de escuchar, pude entender que cuando llegó el del videoclub no estaba sólo, sino con un amigo. Al principio se decepcionó, se mosqueó, y a punto estuvo de echarse atrás y de volver por donde había venido. Sin embargo, en seguida se dio cuenta de que allí había algo raro, que los tipos se volvieron locos en cuanto entró, que el nuestro se apresuró a poner el cartel de cerrado en la puerta y que, cuando se quiso dar cuenta, los tenía pegados como moscones cada vez que daba un paso en la tienda. En seguida supo que iba a haber tema, aunque inicialmente dudó por el hecho de ser dos, pero la duda duró poco por sus propias ansias, y por la evidencia latente de que ellos la estaban esperando para hacer precisamente lo que ella había ido a hacer.
El segundo tipo, según Meri, era algo más mono que el que nos habíamos hecho Nur y yo, motivo adicional para animarse y, sin duda, mi amiguita no tardaría en pensar que, ya puestos, mejor iba a ser no pensar y montarse el trío directamente. Nada anormal, por otra parte, pero no quitaba que no diera crédito a lo que me contaba mi amiga, tanto lloriqueo con que casi había entrado dudando, básicamente desesperada, y al final la muy zorra se lo había montado con dos desconocidos y volvía en una nube. El problema era yo, claro, que no tenía nada que reprochar cuando al mismo tiempo estaba haciendo eso y cosas un millón de veces peores, y menos cuando llevaba dos días montándomelo con desconocidos. Lo que me mataba era su felicidad, verla tan llena, tan pletórica, cuando sabía que lo que había hecho era pura mierda, comparado con la experiencia que yo misma acababa de vivir. Sin embargo, me resistí a decir nada. No quería establecer comparaciones, era absurdo, siempre iba a pensar que yo exageraba y, desde una absurda objetividad, acabaría primando la cantidad sobre la calidad, desconociendo que la calidad que yo había experimentado era algo que no era de esta Tierra. Estaba demasiado alterada como para poder transmitirle lo que había vivido y, viniendo de una experiencia tan banal, sabía que jamás entendería la extraordinaria dimensión en la que yo acababa de moverme. Y, lo peor, me mataba pensar en que al día siguiente María quisiera experimentar lo que yo acababa de vivir. No. Pablo-gay era mío. Había sido todo tan puro, tan verdadero... No quería mancharlo por nada del mundo. Si tenía que quedar en recuerdo, quería que fuese algo perfecto, inmaculado.
María podía conformarse con sus sucios veinteañeros salidos. Porque los muy cerdos, según me dijo ella, parecía que realmente nos estaban esperando a mí y a Nuria, convencidos de que habíamos quedado tan satisfechas que no dudaríamos en volver a por más. Qué puto asco, joder. Vale: el polvo (los polvos) fueron mucho mejores de lo que jamás había podido imaginar, eso lo reconozco, pero estaban locos si me veían tan mal como para pensar que me iba a arrastrar volviendo por allí. Y en el caso de Nuria, una diosa como ella estaba sin duda a años luz de poder llegarse a plantear algo así (en esto me equivocaba, pero a base de bien, como ya contaré...) El caso es que los dos pringados se quedaron de piedra al ver no a nosotras, como esperaban, sino a la tercera amiga. María había estado ya con ambas en el videoclub, aunque hubiera sido en días separados, pero fueron justo los días anteriores a nuestro numerito porno con el dependiente, y por lo que parece mis amigas y yo no pasamos desapercibidas en una aburrida mañana de verano.
Naturalmente la reconocieron al instante. Quizás pudieron dudar si ella sería la amiga estrecha, pero seguro que en seguida se les pasó tal pensamiento. María llevaba la palabra "sexo" escrita en su dulce carita con letras mayúsculas, e iba chorreando vicio y deseo, se le notaba en el cuerpo, en la ropa, en su propio olor. Olía a hembra desatada, a animal en celo, a sexo fresco, a ansiedad.
En definitiva, que mi pequeña amiga se los pasó por la piedra a ambos.
Literalmente fue así, ella a ambos; no se la follaron, se los folló ella, hizo lo que quiso con ellos, ella solita puede con esos y diez más como ellos. Le sobra vicio y le sobra experiencia, y aquella mañana le sobraban ganas. Echaron nuevamente el cierre y estuvieron largo rato, mucho más de lo que ella esperaba, claro. Los pobres debieron de quedar para el arrastre, aunque lo cierto es que mi amiga venía como una rosa, es más, se la veía renovada, cargada de energía positiva.
- La verdad, para mucho no daban, pero siendo dos... - se rió con ganas.
Yo también reí, en el fondo, me alegraba por ella, aunque fuese por algo que en realidad era tan poca cosa, pero reconozco que me costaba seguirla, ya que realmente tampoco me interesaba demasiado ahora lo que me tenía que contar. Pero no la culpaba, al fin y al cabo, se trataba de soltar un poco el cuerpo, yo había hecho lo mismo el día anterior y no iba más lejos, es que lo que acababa de hacer yo con el masajista era otra historia, nada que ver. Pero yo tampoco iba alardeando de lo de ayer, ni diciendo que había sido maravilloso, por muy bien que hubiese estado. Sabía que, por mucho que lo hubiera disfrutado, no había sido para tanto, sino más bien al contrario. Puro sexo de mantenimiento, vamos. El caso es que ella no paraba de hablar como si hubiese sido la octava maravilla. Intenté evadirme para no cabrearme, porque sabía que volvía a ser un problema mío el estar así: si yo no hubiese vivido un momento antes lo que acababa de vivir, estaría sin más riéndome con ella y pidiéndole ansiosa más detalles. Necesitaba desconectar. Cuando llegamos al coche, le pedí por favor que condujera ella.
- Estoy algo cansada, digamos que no he dormido mucho esta noche...
Mer me miró divertida, pero estaba tan eufórica que no le molestó, ni dijo nada, ni pensó nada raro. Simplemente, nos metimos en el coche, y ella siguió contando, escupiendo su historia como una maetralladora, sin preocuparse por mí, sin darse cuenta de que no la escuchaba, ni molestarse en preguntarse dónde había estado yo o qué podía haber estado haciendo. A partir de ahí, ella siguió su exagerado relato alocadamente, y yo poco menos que me quedé dormida. Me desperté, o recuperé la noción del tiempo, una vez ya detenidas frente a mi casa, mientras María esperaba que se abriera la puerta del garaje para entrar.
Justo en ese momento, de la casa de al lado salía un coche cargado hasta los topes. Dentro iban Lucas y su hermana, con su madre al volante. La madre y la hermana me saludaron animadamente, y yo recordé que, justamente, ese día se iban de vacaciones. Me costó reaccionar, y sólo empecé a saludar cuando ya se alejaban. Lucas fue el único que se giró, y se quedó mirándome sonreírle hasta que nos perdimos de vista. El breve encuentro me sirvió para ponerme en situación. Todavía no era capaz de comprender bien lo que me había pasado en el centro comercial, aunque había sido como si me hubiera pasado por encima un camión de mercancías, pero estaba claro que, hubiera sido lo que hubiera sido, había pasado y no iba a volver. El presente era aquí, y era ahora. Eran Pablo y Nuria. Es lo que había, y es lo que debía resolver, y seguía pensando que quería, que merecía la pena hacerlo, ahora más que nunca. Si algo me había enseñado la mañana es que le podía sacar a la vida mucho más jugo que el que le estaba sacando.
- Bueno, y cambiando de tema… ¿qué crees que habrá pasado con los tortolitos?, ¿tú crees que los encontraremos follando? jejeje... - María intentó picarme, claramente.
- Pues no creo. - Dije secamente. Pero lo cierto es que lo creía así. Aunque... había sido todo demasiado extremo aquella mañana como para que allí no hubiera pasado nada…
Es que “nada” era imposible. Pero aún así, en parte me fiaba de Nuria, e incluso de Pablo: ambos estaban pendientes de mí. Y, en parte, si os soy sincera tampoco me importaba una mierda. En parte, digo. Porque en parte sí, y lo malo es que no sabía realmente si aquella otra parte pesaba mucho o poco... Sin quererlo, me empecé a sentir algo nerviosa, y apresuré el paso, porque necesitaba tranquilizarme. Entré en la casa con el corazón encogido, y corrí hacia el fondo, cuando me di cuenta de que estaban en el sofá del salón, justo a la entrada, viendo la tele. Me acerqué cuidadosamente, despacio, con Mer pegada a mí. Yo saludé levemente, mientras Mer lo hacía efusivamente, visiblemente divertida.
Pablo en seguida empezó a preguntar qué tal, qué habíamos comprado, cosas tan absolutamente normales... Pero Nuria parecía tan callada como yo.
Estaban separados en el sofá, exageradamente separados. O, para ser más exactos, Pablo estaba repantingado sin ningún cuidado, siempre con slips como única vestimenta, desbordados y con su ya permanente semi erección, aunque sin hacerla demasiado explícita; era Nurita la que estaba encogida en una esquina, bien separada de él. Aparentando normalidad, pero anormalmente seria. Con sus mínimas braguitas y... con una camiseta puesta. ¡Mierda!
La situación era extraña, no sabía por qué pero había algo raro... o no quería saberlo, quizás. Había vuelto a pasar, me dije.
- Entonces ¿os ha ido bien? - dijo Nur viendo a María tan expansiva.
- Pregúntale a ella, creo que tiene algo que contarte. - Le dije con una expresión exageradamente neutra - yo he estado de compras.
Mi tono fue frío y distante. Ella se dio cuenta de que yo sabía. Se puso roja, aunque quizás sólo yo me di cuenta de aquello, ya que aquel verano ella estaba tan morena, casi negra, que su rubor no era precisamente evidente, pero se acaloró visiblemente, su cara se perló de sudor, los bordes de sus preciosas orejitas se pusieron rojo brillante, y se le erizaron los pezones contra la tela de la camiseta, que mostró además unas leves manchas de sudor en el pecho.
- ¡Pero Merix!, me tienes que contar inmediatamente.
- ¿Qué pasa? - protestó Pabl.
- No creo que te interese, primo - dije yo, molesta. Meri me miro, extrañada, pero Nuria había entendido. Miró al suelo un instante.
- Sí, creo que mejor es que vayamos al cuarto, ¿no Mer?
- Sí, claro preciosa... jejeje ¡cierto! me temo que sí, ¡vamos! Dejo esto y te cuento. - Nurita se había salido con la suya y se había asegurado una salida digna.
Pero yo quería saber, y quería saber ya. Es más... quería que fuese Pablo quien me lo confesara. Me costaba mirar a Nuria a la cara, temía que... no sabría qué decirle, al fin y al cabo... me sentía traicionada, aunque no tenía derecho a decir nada, porque además también yo le había "puesto los cuernos", en cierto modo, aquella mañana. Lo había hecho, literalmente, a la primera de cambio. Aunque, no había ni que decirlo, estaba claro que entre nosotras las falsas reglas de la “fidelidad” no estaba ni en cuestión que fueran a ser cumplidas, jamás. Naturalmente, no pasaba nada por lo que había hecho, sabía que ella nunca me diría nada por ningún tipo de relación con nadie, pero lo raro era que... por algún motivo, yo sabía ya que no iba a contarle nada de lo sucedido, jamás. Pero con ella, al contrario de lo que me había pasado con Mer, el silencio me estaba pesando ya como una losa.
- Vamos, vamos - dijo Nur - ¿vienes, Lau? - me preguntó, con una tímida sonrisa. Bueno, decidí echarle un cable para que saliera de allí, porque estaba claro que lo necesitaba.
- Id vosotras, yo voy ahora - le dije. Su cara fue de sorpresa, pero no dijo nada. Meri ya estaba por el pasillo, impaciente de explicar sus hazañas de nuevo ¿sería posible que no se hubiese dado cuenta de nada? ¿tan eufórica estaba?
-¿Qué ha pasado Laura? ¿Qué habéis hecho? – mi primo, incapaz de entender nada de lo que pasaba entre nosotras realmente, trataba de reclamar mi atención.
- No lo quieras saber todo, Pablo. Anda, espera un momento, voy a desnudarme y ahora vengo - le dije insinuante.
Puse énfasis en el "desnudarme". Jiji, nada de "cambiarme", no, sino "desnudarme". Pablo se puso blanco. Bien, reconozco que me sentía bien, me sentía fuerte. Lo de aquella mañana había sido una revelación, una demostración de todo ese poder que guardo en mi interior y que tan a menudo me costaba ver entonces. Quizás estaba en buen momento para soportar un posible golpe por parte de Pablo y Nuria. Decidí que lo que tenía que hacer era tratar en todo momento de quedar por encima, no esperar a enterarme de las cosas sino sacárselas yo, y demostrar que aún así seguía mandando porque ellos me seguían deseando, y que gracias a ello podía controlarlos y sacar de ellos lo que me viniera en gana.
Fui a mi cuarto, sencillamente me quité el vestido y lo colgué de nuevo en el vestidor. Abandoné mi chanclas, y volví a salir. En braguitas, con el semi tanga de Nur. Lo noté mojado, claro, pero no era yo la que estaba mojando en aquel momento... ¡ops! Debía estar empezando a soltar restos de Pablo-gay. Bueno, jiji, nada grave. Me fui con el otro Pablo, dispuesta a sacarle todo. Por mucho que hubiera hecho con Nuria, y por mí como si le había metido el rabo… pero yo iba a dejarle suplicando por mi coño húmedo, relleno de otro semen que no era el suyo. No iba a dejar que siguiera jugando conmigo. No más al menos de lo que yo iba a jugar con él.
Volví a él pues, en bragas. Me sorprendió no verle por la cocina, ni husmeando por el pasillo, cerca de mi habitación. Era raro, seguía sin más en el salón, viendo la tele y sin moverse del sofá. ¿No iba a intentar nada después de la indirecta que le había soltado? O quizás estaba asustado por algo que había hecho... Bueno, serenidad, yo venía repleta después del polvazo, me veía sobrada para seguir con el juego, y subiendo el nivel si era necesario. Comprobé complacida cómo Pablo babeaba y sonreía de oreja a oreja al verme aparecer con las tetas al aire. Estaba hartito de vérmelas, comérmelas y tocármelas, pero aún así se estremecía, se le iban los ojos cada vez que me las veía de nuevo. No pude evitar sentirme complacida, observada fijamente con aquella gran sonrisa con la que me demostraba siempre lo mucho que le gustaba. Una sonrisa bobalicona que se le cortó de golpe cuando le pregunté a bocajarro, directamente, por Nurita.
- ¿Qué tal con Nuria? - dije sentándome junto a él. "Junto" a él, no separada como estaba Nuria cuando llegmaos, sino al lado.
Él, que seguía repantingado, se separó un poco y se sentó bien, intentando disimular su más que media erección. Pero no era aquello lo que yo buscaba ahora. Pablo parecía como asustado, y hasta nervioso, quizás porque yo había conseguido parecer más seria de lo que ralamente estaba. Perfecto. El pobre no acertó a contestar, así que opté por ayudarle, metiendo un poquito más de presión.
- Uy uy... no dices nada... Pablo, primo, que os he dejado solos y completamente desnudos en la cama... y os conozco... que sé cómo se las gasta Nurita... y cómo te las gastas también tú, claro... bueno, estás en mala edad, dímelo a mí, que ya me has hecho caer dos veces.
Me corté en darle más protagonismo del mínimo, nada de todo lo demás, de las miles de veces por el culo, de la semanita que llevábamos, de anoche, de lo que me hacía cuando simulaba dormir la siesta... Estaba pensando cómo hacer, convencida de que no iba a ser fácil sacarle nada, quizás lo mejor sería darle un poco más de bola aceptando algunas de las cosas que habíamos hecho... No me había dado cuenta de que estaba realmente nervioso, exageradamente nervioso, podría decir. En aquel estado, mi primo se rompió enseguida.
- Joder, Laura, ha sido culpa tuya, tú me llevaste ayer con ella para que me hiciera la primera paja, y luego esta noche, ¡ellas estaba follando junto a nosotros! Y luego tú nos dejaste, Laura, nos dejaste solos y desnudos, y ella... ella está tan buena, es tan guapa y es tan... tan cerda, joder... es casi aún más puta que tú, prima…
- ¡¡¡Pero Pablo!!! - me dieron ganas de abofetearle.
- ¡Pero es que es verdad! - lo peor es que tenía razón. Aunque tampoco él se quedaba corto, en fin. Me abstuve de decírselo, al fin y al cabo, corría el riesgo de ser la siguiente acusada. Había venido con las tetas al aire a hablar con él, por lo que resultaba un poco absurdo pedirle ahora que respetara unas mínimas normas de recato.
- ¿Qué ha pasado, Pablo? - fui por la directa, aunque intentando ahora resultar más dulce que dura.
- No. Nada, nada.
- Oye... ¿no habréis? - empezaba a ponerme nerviosa, necesitaba saber ya, tanto misterio me estaba empezando a dar miedo.
- No... no... - Pablo agachó la cara, parecía que iba a llorar. No podía creerlo.
- Joder... no debería haberos dejado solos en la cama... - se me escapó lo que era más una reflexión, un pensamiento. Aunque no sé si él me escuchó, siquiera. - Dime primo... ¿qué le has hecho a Nuria? ¡¡Dime, joder!! ¿no le habrás hecho... verdad?
- ¡No! No... ¿hecho qué Laura? - Ooooh... aquella pregunta se podía volver en mi contra... ¿qué se supone que debía pensar yo que habían hecho?
- No sé, Pablo, no deberías haber estado allí con ella completamente desnuda...
- ¿Pero por qué? Quiero decir... fuiste tú... Además, ¡si estáis siempre casi desnudas! ¡Mírate ahora! Estás enseñándome las tetas tranquilamente, prima, no te puede molestar que te las mire, que desee chupártelas Laura - joder, no se cortaba el niño - y con esas bragas de puta, que casi no te tapan, manchadas, mojadas, con el culo al aire, Laura, y sabes lo loco que me vuelve tu culo... ¡si es que eres una guarra, prima!
- ¡Eh, eh, eh! ¡Para, Pablo! No sigas por ahí, por favor. No, de verdad, ya está bien. - Joder, se me estaba yendo de las manos, y no había conseguido nada. - Nuria siempre lleva suje - intenté salirme por la tangente - sólo se lo quita para dormir, y las braguitas...
- Tú me llevaste Laura. - Es que aquello no podía salir bien, ¿quién me mandaba? me pregunté. - Me llevaste y me tumbaste con ellas, y me acariciaste hasta que me... - ¡no lo digas! pensé.
- ¿Te gustó tocarlas? - le pregunté. Me sorprendió y me horrorizó escucharme decir aquello. Joder, otra maldita huida hacia delante. Pero no quería escucharle contar lo que él y yo habíamos hecho, no había venido a eso. Aunque al menos funcionó, le dejé pegado con la pregunta, y se quedó callado, muerto.
- Co... ¿cómo?
- Tocarlas. ¿Las tocaste, no? ¿O acaso no les tocaste las tetas a mis maigas? - recuperé todo el aplomo del que fui capaz.
- Sí... sí, prima, sus tetas... son... son tan...
- ¿Quién te gustó más? - le provoqué.
- ¿Qué?
- ¿Qué quién te gustó más?, ¿a quién te gustó más tocarle las tetas, a Nurita o a María?
- Bueno, son tan distintas, y las tienen tan pequeñas comparadas contigo...
- Gracias por el piropo - le sonreí. De veras me halagó. Él también me sonrió. Pero después escupió:
- Bueno... Nuria es tan guapa... - ¡Lo sabía! Mierda, mierda y ¡mil veces mierda! Siempre igual. El niñato estaba babeando, pero ahora no babeaba por mis tetas, sino por Nur, como todos, como cualquiera, recordándola, recordando su cuerpo y, sin duda, recordando algo más, algo que acababan de hacer aquella misma mañana... - ...aunque no tiene muchas tetas, - Pablo me sorprendió con la continuación de su exposición, porque eso no me la esperaba - ...me puso súper cachondo tocárselas, claro, pero es súper plana... María las tiene algo mejores, pero tampoco tiene ni por asomo el morbo que tienen las tuyas, prima... - ¡¡felicidad máxima!! nunca nadie me había dicho que tenía más morbo que mis amigas, jijiji - y menos todavía el morbazo que tiene Nurita - ¡acabáramos! Ya salió la Reina del Morbo. Y encima ahora la llama Nurita... - Pero, de verdad, como las tuyas no hay nada, prima.
¡Ey! Eso sí que no lo esperaba, esa última jugada que me ponía a mí, de manera definitiva, en su podio absoluto.
- ¿Qué dices?
- Lo que oyes, eso, que como las tuyas...
- Ya, ya primo... es que...
- De verdad, de verdad prima, me muero de deseo cada vez que te las veo, cada vez que me dejas... tocarlas... besarlas... tienes unas tetas perfectas prima, y me encantan - me iba a dar algo, me iba a dar algo, pero a él también, se estaba poniendo abiertamente cachondo. No era eso lo que esperaba de la conversación cuando empecé, pero lo cierto es que me estaba gustando.
- Pablo...
- En serio, son tan grandes, con esa forma perfecta, firmes, duras, con esos súper pezones, tan ricos, da tanto gusto vértelas... tocártelas... ¡comértelas!
- ¡Espera! Para, para... - Me resultaba violento que me dijese todo eso mientras, efectivamente, me miraba las tetas desnudas y su polla amenazaba con crecer de manera irreversible… joder, yo había ido con él para saber, ¡no para follar! – Oye, oye, pero... a Nuria... ¿se las volviste a tocar luego?
- No... no... - dijo casi llorando - ¡Sí! - soltó por fin, poniéndose completamente rojo, como un tomate.
- ¿Qué ha pasado, Pablo? – pregunté de nuevo, súbitamente seria. - Cuéntamelo de una vez.
- No, Laura... yo...
- ¡¿Qué ha pasado con Nuria?! ¡Dímelo! - ahora sí que había conseguido ponerme realmente nerviosa, estaba temiendo qué habría hecho el insensato de mi primo, y pensar que yo venía feliz con mi depilado integral para él, que me lo había hecho mientras él disfrutaba como un auténtico cerdo pasándose por la piedra a mi mejor amiga (que yo no hubiese desaprovechado precisamente el tiempo no era un dato relevante) - ¡¿No habrás...?! - pregunté alarmada.
- ¡¡NO!! Qué no, Laura... ¡joder! Que solamente... sólo me ha cascado una paja... - Pablo se derrumbó. Ups.
- ¡¡¿¿¿Quéééééé???!! - jijiji... en el fondo estaba aliviada, era casi lo menos que podía esperar... bueno, no contaba con que hubiesen tenido sexo con mayúsculas, claro, pero tenía miedo por hasta a dónde podían haber llegado, sobre todo lo que él le pudiera haber hecho a ella, más que ella a él, tocarla, usarla, no sé, conocerla de verdad... a fondo.
En realidad, temía que la conociera y yo pudiera dejar de gustarle, que la acabara prefiriendo a ella, como les pasa a todos, o casi todos... Pero... ¡una paja! jijijiji... eso era no avanzar de donde yo misma ya les había llevado.
- Pero no puede ser, eso no está bien, Pablo, eres sólo un crío... - empecé mi retahíla de excusas y moralinas, sin ninguna convicción ni ganas.
- Ya, ya... eso también me lo ha dicho ya ella. - No pude evitar que se me escapara una sonrisa. - Pero ayer no parecía importaros tanto.
- Pablo...
- Fuiste tú la que le dijo que me pajeara ayer... - No lo podía evitar, me hacía tanta gracia... mi niño, mi primito, obsesionado conmigo, y no había sido capaz de enfrentarse a Nurita, le teníamos como a un sátiro y no dejaba de ser un niño. Casi me echo a reír. - No le veo la gracia - me dijo molesto.
- No, no la tiene - contesté, poniéndome de nuevo seria y pensando cómo reconducir la situación. - Pablo, si se entera tu madre, me mata...
- Ya, pues si se entera de lo que me hiciste tú ayer... - Joder con el cabrón. No se fija siquiera en la de anteayer, que al menos estábamos solos, sino en la del día anterior, con ellas, follando al lado de ellas follando, joder, que le hice correrse dentro de las braguitas del María, con el capullo enterrado en su rajita... - o de todo lo que hicimos el año pasado...
- ¡Vale ya, Pablo! Mira, lo que hayamos tenido hasta ahora, lo que hayamos podido hacer, es algo que está pasado, terminado. No sé cuántas veces voy a tener que explicártelo. Te lo vengo repitiendo demasiado tiempo, tenemos que cortarlo, por difícil que nos resulte a los dos.
El discurso, por repetido, me brotaba con absoluta naturalidad. La gran novedad era que, si hasta ese momento lo tenía interiorizado por completo, ahora ya no creía en él en absoluto. Hablaba y sabía que cada palabra que salía por mi boca era mentira, porque decía una cosa y estaba pensando absolutamente la contraria, mirando el falo de mi primo, hinchado casi por completo, luchando con sus calzoncillos por escapar de tan absurda prisión, y me veía frente a él, desnuda, sudorosa, ansiosa de que se dejase de cuentos, y me empujase, me forzase y me empalase de una maldita vez.
- Ya. ¿Y lo que haces con mi hermano? - Pablo me cortó de golpe.
La mención a su hermano me molestó, era una comparación a la que nunca había estado dispuesta, y todavía estaba molesta por saber que ellos no habían dejado de hacerlo nunca, que se había seguido acostando con Carlos aún cuando yo le había prohibido cualquier tipo de acercamiento sexual a mí o él. Que se entretuviera con Lucas, pensé en su momento… pobre ilusa. Evidentemente, Pablo no quería perder su diversión, pero tampoco Carlos, y menos yo. Se me hacía la boca agua, y el coño se me licuaba viendo su verga.
- Tu hermano es mayor de edad, Pablo.
- ¿Y lo que hace él conmigo? - Mi primo atacaba ahora, intentando tocar dónde más me dolía. Pobre idiota, yo quería buscar la manera de acercarme a él, pero aquella conversación se estaba complicando.
- Mira, Pablo: hay cosas que se supone que ninguno de los dos deberíamos estar haciendo con Carlos, sencillamente... no están del todo bien. Pero bueno, reconozco que eso es una cosa de cada uno de nosotros con él. Yo sólo puedo preocuparme de ti y de mí. - Intenté suavizar aquello, dejando al menos a Carlos fuera de la discusión.
- Entonces, lo mío con Nuria... - la cara de Pablo se iluminó, convencido de haberme ganado en la pelea dialéctica.
- Vale, mira, no quiero discutir más contigo, esto no tiene sentido. No soy tu madre, tú sabrás lo que haces... Ya sé lo que le hiciste ayer por la mañana a Meri, cómo la tocaste, que le tocaste su sexo, Pablo, después de casi obligarla a desnudarse para ti, y a eso sí que no te obligué yo ni nadie, primo, y no sé cómo lo hiciste, pero conseguiste que se te corriera encima de tu cuerpo... desnudo... joder, que se te corrió a chorro casi dentro de la boca.. Y el otro día, por si fuera poco, manoseaste a Nuria, le tocaste el culo, el coño, y la has espiado desnuda, duchándose, tocándose...
- Os he visto follar a las tres, prima.
- …Joder… Tienes, razón, mira, espero que hayas disfrutado. Vosotros veréis lo que hacéis... pero...
- ¿Pero qué, Laura? En todas esas cosas te ha faltado contar lo que tú y yo hemos hecho. Lo que tú me has hecho, en realidad... o lo que me has dejado hacerte. - Me puse roja. Pero no de vergüenza, sino de excitación. Mi primo tenía toda la razón, pero eso a mí no me importaba ya. Prefería dejar el tema aquí, mis reparos eran absurdos, y además es que no los creía, y no los quería. Mi objetivo era el contrario, por eso el reconocimiento tácito de mi deseo hacia él podía ser un final perfecto.
- No sé, primo... es todo tan... complicado... solamente... es que me siento responsable ante tu madre... - intenté ponerme un poco en el papel de víctima para justificar todo aquello. - Siempre nos pasan... "estas cosas" a ti y a mí, cuando te estoy cuidando... supuestamente, y no... no debería... - decidí cambiar de táctica, dejar definitivamente aquella absurda conversación que sólo jugaba en mi contra, y volver a insistir con Nuria; seguro que ahora se lo sacaba todo. - Oye, pero dime... ¿cómo fue lo de Nurita? - El pobre Pablo se puso rojo de cuerpo entero, como un tomate maduro. - Jijijiji. Mira el playboy... ¡Ay, primo! Que no es para tener vergüenza… mira, lo hecho, hecho está, yo te prometo que ya no voy a darte más la charla ahora con eso y, ¡joder! que Nuria es una mujer que echa para atrás a hombres hechos y derechos, y sin embargo tú a tu edad ya la tienes loca, primito. Bueno, creo que le voy a preguntar a ella mejor...
- Laura...
- Jijiji... no te preocupes... si además sabías que lo iba a hacer. Pero todo esto va a quedar entre tú y yo, tú tranquilo. No sé, me preocupo un poco, pero todos estamos disfrutando con esto estos días, así que mejor no darle más vueltas. Eso sí, en penitencia vas a tener que ayudar a preparar la comida.
- ¿La comida?
- Sí. Quería hacer tortilla de patatas con ensalada, así que puedes ir cortando las patatas, ¿vale?
- Joder...
- ¡Eh! No te enfades... y si te aburres mientras pelas, siempre puedes pensar en Nurita pelándotela... jijijijiji...
Al final salí riendo de allí, dejando a mi primo refunfuñando.
Corrí a la habitación de mis padres, donde estaban mis amigas. Ansiaba sacarle un poco los colores a mi amiga. Tenían la puerta cerrada, cosa que me intrigó. Abrí sin llamar ni hacer ruido, dispuesta a sorprenderlas. Se llevaron un buen susto, sí, pero en realidad no había mucho que ocultar. Simplemente hablaban y reían; Nuria seguía en bragas y con su camiseta puesta, como la encontramos, y también Meri estaba todavía a medio desvestir, ya que solamente se había despojado de su faldita, y estaba aún con su escotada camiseta y las braguitas puestas. Al menos me había hecho caso, y las había recuperado después de follar en el videoclub, pensé recordando que se las había quitado en el coche cuando íbamos para allí. La muy zorra estaba sentada con las piernas abiertas, y en todo el centro del potorro se le veía una exagerada mancha amarillenta, que no podía ser otra cosa que el esperma que fluía de su saturada vagina, manchando la delicada tela. No podía quejarme mucho, era cierto, ya que yo también sentía hacía rato cómo mi propio chochete había empezado a manar también.
Cuando entré, María gesticulaba a aparatosamente, mientras le explicaba a Nuria los pormenores de su aventura con todo lujo de detalles. Ahora me llegaban, como un eco, las palabras que me había dicho en el coche: la historia me resultaba vagamente familiar, ya que me la acababa de contar, pero en realidad disfruté de ella como si fuera nueva, ya que antes tampoco le había prestado atención. Nurita escuchaba embobada la hazaña del doble polvazo; claramente, igual que la propia María, lo del trío no se lo había esperado, y era gran motivo de alegría para ella. En fin, ellas verían, pensé, acordándome de mi híper dotado marica... Aunque no puedo dejar de quitarle mérito a mi amiguita, jiji, siempre ha sido un putón en toda regla, y lo que había hecho con esos dos tipos...
Resumiendo, tras la sorpresa inicial de verla a ella en lugar de a nosotras dos, a Mer le bastó un mínimo intercambio de palabras, repleto de insinuaciones eso sí, y su más que evidente invitación al sexo puro y duro, sin concesiones, para que los cerdos se pusieran en situación y cerraran la tienda. Meri jugó todavía un poco con ellos, calentándoles, para ponerlos por lo menos tan a tono como ella misma, que había llegado allí salidísima. No le costó, porque es una reina del tonteo, en eso me da mil vueltas, le sobran cara y desparpajo. Y así, haciéndose la niña tonta, hablando de pelis, con posturita va y posturita viene - Nuria y yo reíamos con ganas cuando ella contaba esa parte - rascándose las tetas, estirando su camiseta, levantándose la faldita, hasta que una de esas, preguntó por una peli que estaba en lo alto de una estantería y le pidió al amigo del tipo que se la alcanzara, y éste se subió a una escalerita, y nuestra amiguita va y le coge de las piernas, "espera que te sujeto... para que no te caigas" le dijo, con su sonrisa más provocativa, y así sin más se las empezó a tocar, a sobar literalmente, y al pobre tipo que se le salían los ojos cuando vio que ella, sin mediar más explicación, le empezó a meter mano y a sobar también la polla, directamente, magreándole el paquete y, como en una mala peli porno, como las que seguro que llenaban sus veladas de fin de semana, matándose a pajas los dos juntos, tenían toda la pinta de pajilleros que llevaban toda la vida meneándosela uno al lado del otro, pobres idiotas, de esos que no tienen ni el valor para estirar la mano y hacer eso que tanto desean en realidad, cogerle la polla a su amigo, se mueren por tener sexo y no se dan cuenta de que lo tienen al alcance de la mano, pobres cerdos llenos de prejuicios, y se matan a pajas con pelis porno, y de repente les llega una puta como María y les mete a ellos en una peli porno, tocándole la verga a aquel idiota, y va mi amiga yse la saca, morcillona ya, y se la empieza a comer, así, directamente, por la cara.
La polla del él en su boquita de niña bien, de golpe, toda para dentro, como debe de ser. El tipo del día anterior desapareció un momento, María está convencida de que en ese momento fue a hacer algo con las cámaras de seguridad, lo sabe, pero le da igual, y es que de hecho, a diferencia de Nuria en nuestro día, Mer no se preocupó de recuperar el vídeo de su hazaña. Le daba morbo el tema y, por alguna extraña razón, no le daba miedo acabar siendo estrella de YouTube... El caso fue que, cuando el tipo reapareció, ella ya tenía al otro sentado en la escalerita, deshecho, totalmente sometido mientras le hacía una mamada de campeonato. Imagino al pobre calamar relamiéndose la boca hecha agua, de ver a mi amiga y de verle la polla a su amigo a punto de estallar. Meri describía el pene del chaval con tanta precisión que puedo decir que me sé hasta el último pliegue de su polla, pude conocer la polla de un cerdo al que ni he visto la cara como si se la hubiera comido yo misma, es que Mer lo contó con tanto detalle que casi fue como si hubiéramos estado mamando con ella en un glory hole.
Nos contó que, sin ser gran cosa, era más grande y sabrosa que la del otro. Si lo dice ella, será verdad, pero no quiero pensar entonces lo que habría sido de mí el día antes si me hubiera pillado este por banda en lugar del otro. Aunque, según Mer, también era menos potente, y quizás eso fue lo que me había matado la mañana anterior, era cierto que el calamar a pesar de todo tenía cierta pegada... bastante justita, pero fuerte, y con clase, cuando se ponía. Eso sí, no fue capaz de aguantarle mucho la mamada, el polla grande empezó a gimotear como un niño demasiado pronto, pero ella siguió adelante sin detenerse, porque sabía que ya no tenía vuelta atrás. Afortunadamente para ella, el del videoclub entró en acción, y empezó a manosearla por detrás. Ella, naturalmente, se dejó hacer, le dejó desvestirla por completo, y sobarle las partes a conciencia, ofreciéndole sonrisas complacientes para animarle, cual musa de cine porno. En resumen, se lo estaba pasando en grande, supliendo con sus burdas insinuaciones a ese par de aprendices su falta de pericia, y estaba además tan calentorra que incluso tan poca cosa como ellos podían ofrecerle le estaba pareciendo un paraíso. Y más con una polla en la boca, claro, jejeje, reía Meri sin parar.
El del videoclub se la empezó a follar entonces. Ella le apartó un momento, y le dio uno de los condones que sacó del bolso. Él pareció que iba a protestar, pero estaba demasiado cachondo, así que se despelotó del todo, se enfundó la chorra con el preservativo, se la endiñó a mi más que abierta amiga, y a darle duro. El otro, sin duda histérico al ver el nabo de su deseado amigo en acción, dentro de aquella putita caliente, no pudo más y se vino a borbotones dentro de la boca de Meri. Ella se lo tuvo que tragar todo para no ponerse perdida, bueno, y porque estaba deseando darse un atracón de lefa calentita, pero ya nos dijo que tampoco dio para mucho el tema. Cuando aún tenía dentro de la boca el nabo sucio del otro, el del videoclub se le vino también dentro, con fuertes golpes en su vagina que agradeció, ya que necesitaba que le dieran caña.
María, con el semen del otro cayéndole por el cuello, se había echado hacia atrás, pegando su cuerpo desnudo al del videoclub para sentirle mejor en su corrida. Según dijo, el polvo, a pesar de ser malillo, consiguió arrebatarle algo parecido a un orgasmo, aunque ni mucho menos fue capaz de calmar su apetito. Se dejó sobar por el calamar, que berreaba mientras se corría dentro de ella, tocándola soezmente mientras la empapaba a babas por las mejillas, cuello y hombros (algo dijo de su libidinosa lengua recorriendo su cuello, reconozco que me estremecí recordando su órgano bucal, había algo en él que me mataba de morbo, y sentí calor en el coño mientras me envolvía una mezcla de sentimientos de deseo y asco; eso sí, el pálpito que notaba en el interior de mi vagina, obedecía todavía únicamente a las formas y cadencias de Pablo-gay, era alucinante lo que me había marcado ese hombre).
Meri seguía contando como el otro tío se desnudó mientras le comía el cuerpo, tetas, vientre, cuello, boca. Se dejó besar por él, y le puso más cachonda aún constatar cómo el otro recorría ávido las partes de su cuerpo por donde el del videoclub acababa de pasar dejando su rastro de saliva espesa y viscosa. Mientras se le iba la cabeza pensando en un trío más "avanzado", su coño le emitió órdenes de seguir adelante, así que, envuelta en los abrazos y la efusividad carnal de la lengua del calamar, se giró hacia él, dispuesta a repetir el numerito anterior pero invirtiendo a las pollas. Tenía ganas de explorar el cuerpo de aquel tío que se la acababa de follar y que, según dijo, le resultaba suficientemente prometedor... aunque se le vinieron abajo sus expectativas en cuanto cuando le vio el nabo, que le pareció muchísimo más pequeño de lo esperado, teniendo en cuenta la efusividad con la que habíamos contado nosotras nuestras folladas con él (ahora que lo pienso, yo nunca se lo vi realmente de cerca, tan solo llegué a verlo como tal cuando estaba en la mano o la boca de Nur, luego sí que se lo toqué algo, pero sobre todo se lo follé, ese fue mi contacto con aquel miembro, por lo que a decir verdad nunca supe bien cómo la tenía).
Aún así, Mer decidió, ya que estaba, seguir adelante con aquella locura, deleitada como se encontraba por las atenciones de aquel par de matados. Dado el estado febril de calentura sexual de mi amiga, evidentemente le importaba mucho más follar por follar que buscar el polvo perfecto. Así pues, empezó de nuevo a masturbar y mamar aquella nueva pollita, mientras le ofrecía su chochamen encharcado al otro tipo que, fuera de sí como estaba, se lo empezó a lamer “con menos gracia que un perro tonto” (dicho esto con la expresión literal que utilizó Meri, y de mamadas de perro ella algo sabe, jiji). "Mejor me lo follas, precioso, que con la lengua eres muy torpe" le dijo ella entregándole otro preservativo, divertida, pero sin reírse de él, sino con la mayor naturalidad, dejando claro que lo que allí buscaba de ellos era solo y únicamente su máximo placer personal. Pero follarse el coñito de mi amiga parecía que era en realidad lo que aquel tío deseaba, porque se enfundó la polla con habilidad inesperada, y acabó dentro de ella casi antes de que Meri pudiera darse cuenta. Ella se abrazó a él, y se dejó hacer mientras le besaba con lascivia.
El del videoclub, molesto, volvió a abrazarla por detrás. "No me olvidado de ti, mi amor, ¿por qué no me das un poco por culo tú mientras?" El tío flipó, claro, pero no se dejó acojonar, dijo algo del estilo de "pero qué putas que sois, tú y tus amigas las zorras" (agradecí que se acordara de mí, jiji), y endiñó a Meri por detrás haciendo gritar a mi amiga de tal manera que, como nos dijo entre risas, debió dejarle claro a aquel cerdito lo verdaderamente puta que era la mujer que se estaba tirando. Para no gritar, claro: sería pichacorta, pero yo ya conocía su extraordinaria capacidad de recuperación. Igual que con nosotras el día anterior, nuestro amigó se creció en la adversidad, y contra lo esperado por Meri, aquella vez le hizo una buena faena por detrás, mientras el otro le seguía repasando el coño. A mí no me sorprendió, porque ya pude comprobar que el tío realmente se iba viniendo arriba según se iba calentando, y con Meri parecía que le había pasado lo mismo. Por contra, el otro le duró poco, así que no consiguió mantener la postura de doble penetración por mucho rato, aunque afortunadamente después de correrse en su coño el amigo le estuvo manoseando gentilmente el sexo con bastante más pericia de la que había demostrado para follarla.
A partir de ahí el cuerpecito de nuestra amiga perdió el control y se dejó llevar un poco, y la pobre Meri ya no recordaba del todo los detalles de lo sucedido; únicamente fue capaz de asegurar, sin lugar a duda, que se lo pasó de cine, y que la cosa fue subiendo aún bastante de tono, hasta finalmente lograr saciarla por completo. Esto no quiere decir otra cosa que fue penetrada una y otra vez por aquellos dos chicos, por delante y detrás, por la boca, que se dejó tocar, sobar, morder, chupar, mamar, escupir y profanar de todas las formas posibles, accediendo a todas y cada una de las sucias perversiones que años de triste visionado de porno en solitario parecían haber provocado en aquellas dos mentes distorsionadas, oscurecidas y llenas de rencor, y que tan solo ahora parecían haber visto por fin la luz, gracias a tres bellos ángeles caídos del cielo, jijiji. Valientes putas estaban hechas las angelitas...
Solo cuando Mer se sintió calmada, y algo cansada también, fue capaz de conducir aquello hacia un final digno para todos. Al fin y al cabo nuestros dos héroes estaba básicamente agotados, pero había que reconocerles una entrega total en la misión que el Destino les había deparado, y que no era otra que satisfacer las incontenibles ansias sexuales de una María febril y completamente desatas (y quien la ha conocido en ese estado, sabe bien que no es ninguna broma dar respuesta a esas necesidades…)
Al final, de regalo, María les hizo la clásica mamada compartida, algo que a ella siempre le ha encantado hacer. Era algo que no se podían esperar, bueno, es que los tíos nunca se lo esperan, y quizás precisamente por eso casi siempre funciona: les pone tan cachondos de repente sentir el cuerpo de otro tío vibrando a su lado, polla con polla, con tanta sensación de intimidad inesperada, que esos tíos, egoístas, vanidosos, en el fondo siempre enamorados de sí mismos, acaban, entre los delirios del sexo y el orgasmo, tocándose, comiéndose, besándose, y quién sabe si algo más. María tenía especiales ganas de hacerles sentir el sexo del otro porque, por algún motivo, le daba la sensación de que aquellos dos tenían pinta de caer, por mucho que el del videoclub se hubiera mofado de nosotras el día anterior haciendo mención varias veces, de forma despectiva, al rollo bollo que nos traíamos; de hecho le había llegado a preguntar a Mer si ella también era torti. Bueno, yo sí me he hartado a conseguir que tíos que nadie lo hubiera pensado acabaran liados entre ellos, pero es que en el fondo casi todos los que disfrutan mucho del sexo acaban cayendo, porque no deja de ser una nueva experiencia, y a mínimo inteligentes que sean la aprovechan, es que en realidad es lo más normal. Mer nunca ha tenido esto tan claro como yo, pero sabe bien, por experiencia propia, que en ciertas ocasiones es que está cantado que una buena mamada compartida acabe por lo menos en beso y manoseo entre ellos. De hecho, con aquellos dos cerdos tiene claro que se pusieron supercachondos al sentir el contacto con la polla del otro, y su cuerpo desnudo tan cerquita, y tiene el absoluto convencimiento de que se tocaron y, sobre todo, que se morrearon cuando ambos se fueron, los dos a la vez, dentro de su boca.
A mí aquel final me puso escandalosamente caliente, había estado tocándome y ahí ya me empecé a pajear abiertamente, aunque sobre las braguitas mojadas, ya que esa escena siempre me trae mil recuerdos, (bueno, en ese momento era inevitable que me asaltara con violencia la imagen de mis primos, Pablo y Carlos, tocándose por primera vez en nuestra primera mamadita conjunta). A Nurita, en cambio, le hizo mucha más gracia imaginarse a los dos tipos reventándose el culo al salir María de la tienda.
- ¡Jajajajaja ...para mí que esos dos se follaron cuando saliste de allí, Merix! - y se puso a reír de la manera más tonta. - Y tú ¿qué? - me soltó Nur, sin poder parar de reír. Yo, más traviesa que enfadada, decidí cortarle la risa en seco.
- ¿Quién, yo? ...pues... seguramente que no tan bien como tú, ¿verdad? – Nurita de repente se puso roja, y se quedó súper seria. Exageradamente seria, en realidad. Inmediatamente, empezó a justificarse de una manera exagerada, nerviosa y como excesivamente culpable.
- Lauri, perdóname tía... sabía que... joder ¿pero ya te lo ha contado él? Que iba a contártelo, de verdad, sabía que no debía pero... - observé a María. Ella miraba a Nuria y luego a la cama, evitando enfrentarse a mí.
Joder, lo sabía, la muy zorra de Nuria se lo había contado todo a ella antes que a mí misma… y además, si se lo había contado antes de que Mer soltara lo suyo, y eso que tenía ganas... furcia... eso ya me molestó más, porque obviamente solo podía significar que Nuria estaba muy excitada todavía por lo que acababa de hacerle a mi primo. Muy excitada… o muy arrepentida. Pero, ¿en realidad era para tanto una simple paja?. Quiero decir, sí, vale, era una paja, le había cascado una paja a Pablo mientras estábamos fuera nosotras, pero es que tampoc era nada que no hubiera hecho ya antes, que la tarde anterior casi le había obligado yo a hacerlo, y por la noche le había vuelto a poner prácticamente la verga empalmada de mi primo en la mano para que entre las dos se la termináramos de cascar dentro de las bragas de María. En fin, si hasta casi era lo menos que podía haberme esperado, teniendo en cuenta que les había dejado a los dos solitos y totalmente desnudos cuando nos fuimos, metidos en la cama donde habíamos follado los cuatro aquella noche. Milagro que no hubiesen pegado un polvo, directamente. Supongo que por eso yo seguía sin estar enfadada, y le animé a seguir, sin entender demasiado bien la exagerada reacción de nerviosismo de mi amiga.
- No es importante, Nuria, pero yo también quiero que me lo cuentes, como a Meri - ambas se pusieron levemente coloradas cuando dije aquello.
- Lau, yo... no he podido, de verdad que ha sido superior a mis fuerzas...
- Venga, Nur, deja ya todo eso, y vete al grano. Quiero oírlo de tu boca. Todo. - Meri se retiró un poco, se la veía molesta, como si de pronto se viera que estaba sobrando, y prefiriera salir de allí porque temiera que una tormenta iba a estallar en medio de nosotras dos. Yo pensé que se había incomodado por haber dejado de ser la protagonista para quedar incómodamente al margen pero, igual que con Nuria, su anormal nerviosismo me puso en guardia, más todavía, si cabe. - Quiero saber cómo te has entretenido haciéndole pajas a mi primo mientras estábamos fuera… - le solté con una pícara sonrisa, insistiendo en tratar de quitar hierro al asunto. Vamos chicas, pensé, que solo es una paja…
Nur y Mer se miraron brevemente, poniendo una ligera cara de extrañeza. Supuse que se debía a que les sorprendía que yo supiera ya tan claramente lo que había pasado, igual no contaban con que Pablo me lo iba a contar tan fácilmente. Todavía iba a tardar un rato en comprender que no era por eso su extrañeza, y que la que estaba equivocada era yo.
- Bueno, Lau, que sólo ha sido una - Nur me consiguió dedicarme una sonrisa pícara entre sus alarmantes gestos de nerviosismo, y yo se la devolví. Aquello pareció darle confianza, y así empezó por fin a hablar. - ¿Qué te ha dicho ese mocoso?
- Nada... jiji, solo eso, que le has cascado una pajilla… pero vamos, cuenta, que prefiero escucharte a ti la historia, es que quiero que me cuentes lo que has sentido tú - dije riendo.
En el fondo, aquello me hacía gracia, aunque ya en aquel momento empezaba a temer que el final de la historia realmente me pudiera deparar una sorpresa desagradable. Bueno, quizás desagradable no era la palabra, sencillamente fue... incómodamente inesperado… o previsiblemente esperable, según se quiera ver. Pero, a la larga, iba a acabar siendo uno de los puntos claves que iba a hacer avanzar aquella situación, una situación que corría el peligro de enquistarse si yo no reaccionaba de una maldita vez. Lo que más me molesta todavía hoy es que yo sí pensaba reaccionar, de verdad que lo iba a hacer. Habría sido capaz de hacerlo, a pesar de todo, incluso aunque Nuria no hubiera… Claro está que, a veces, una no puede controlarlo todo.
- Oye chicas, una cosa – nos interrumpió bruscamente María. Un destello de súbita determinación alumbraba sus ojos – que hablando de tu primo… ¿dónde está? Quiero decir, que llevamos aquí un buen rato, y que es casi la hora de comer, porque lo del centro comercial al fina se ha alargado…
- ¡Jijijiji! ¡Porque no parabas de follar, pedazo de puta! – reí yo ante el comentario de María. No sé si fue porque relmente me pareció a mí también que se nos estaba yendo el horario, o porque mi amiga logró compartirme su pretendida preocupación por mi primo, o porque, de repente, preferí cortar allí nuestra conversación, aplazar el relato de Nuria y darnos un poco de aire a las tres… no fuera a ser que, efectivamente, acabara por desatar alguna tempestad. – tienes razón, tía… deberíamos volver ya, le he dejado pelando patatas para hacer una tortilla, pero o nos ponemos ya o nos van a dar las uvas…
- Sí, casi mejor ¿no? Y ya luego si eso seguimos con los cotilleos – sonrió María a Nuria. Nurita seguía seria, pero pareció repentinamente aliviada.
- Anda venga, Nur – le dije yo… quítate ya esa cara de muermo… y de paso ¡quítate esta camiseta tía, que te sienta fatal!
Me abalancé sobre ella tratando de arrancarle la prenda. Ella hizo amago de defenderse, pero al sentir mi cuerpo sobre el suyo noté que su tensión por fin se distendía, fundiéndonos en un cálido beso y un prometedor sobreteo.
- Joder Lauri, que te digo yo que te hubiera venido bien también a ti pasarte conmigo por el videoclub a que te dieran un repaso – rió Meri.
Nuria, entre besos y caricias, dejó que le despojara por fin de su camiseta. Inevitablemente me perdí en besar y comer su pecho de tabla, hasta que me paró María, levantándome. Nuestra amiguita no había perdido el tiempo para quedarse también su camiseta, por fin, quedándose en tetas como nosotras. Casi me extrañaba que, precisamente ella, se estuviera haciendo tanto de rogar con eso.
- Joder, qué ganas de follaros, tías – les solté al vernos allí las tres, calientes y en braguitas.
- Va, Lau, serénate un poco o en vez de una tortilla tu primo nos va a acabar haciendo una buena pillada – siguió Mer…
- Ya… ¡o una comida! ¡jijijiji! – me reí yo, escandalosamente.
- Tía, Laura, ya vale – me regañó Nuria…
- Joder, Nur, lo siento, yo…
- ¿Pero qué? – cortó sin más Mer, nuevamente - ¿movemos el culo ya o qué pasa? – yo las miré algo confundida, pero Nuria se dio sin más la vuelta y se levantó. Mer siguió tras ella, conmigo al trote tratando de alcanzarlas ya por el pasillo.
Para cuando llegamos, las tres en tetas, a la cocina, mi primo, al parecer todavía compungido por lo que había hecho por la mañana con Nuria, había terminado de cortar las patatas y, además, las había frito por completo y hasta había batido los huevos. Todo listo para montar la tortilla. Me dio mucha ternura verle así, la verdad, y más todavía cuando se quedó súper cortado al vernos llegar a las tres juntas, prácticamente desnudas. Nosotras, además, llegamos dispuestas a seguir adelante sin pensar por el momento en nada de lo que pudiera haber sucedido aquella mañana, de manera que parecía que habíamos consensuado estar las tres optimistas y de buen humor. Nuestro cotorreo de admiración, en vuelto en la visión de nuestras pieles desnudas y brillantes de excitación y calor, pareció ser demasiado para mi pequeño primo. Visiblemente azorado, se puso como un tomate casi en el mismo momento en que nos vio aparecer en bragas y, sin hacer el menor caso de nuestras exclamaciones de alabanza y gratitud al verle con la comida casi terminada, nos soltó un:
- Bueno, ahora vengo, - excesivamente avergonzado si lo comparamos con la desafiante actitud que venía demostrando todos aquellos días.
En verdad la escena era para sacar de quicio a cualquier tío, las tres en braguitas y claramente calientes, además, con las tetas bamboleando al aire… se notaba que Pablo lo pasaba especialmente mal con el precioso cuerpazo de Nuria, a la que no podía mirar sin ponerse como un tomate. Era brutal las chispas que saltaban cada vez que se cruzaban sus miradas…
- ¡Espera, primo!, ¿pero dónde vas? …por que no te quedas aquí charlando con nosotras mientras acabamos... ¿O me vas a decir ahora que te da vergüenza vernos desnudas? ¡Jijijiji!
Os juro que yo no pretendía atacarle ni ser mala con él diciendo aquello, sino que me salió como lo más natural, porque a aquellas alturas yo sí tenía ya perfectamente normalizada nuestra desnudez compartida, y no era algo que me pareciera ni mucho menos preocupante. Sin embargo, él se quedó seco, carraspeando sin ser capaz de articular palabra. El pobre me hizo caso, porque qué iba a hacer.
- Venga, quédate aquí con nosotras, no se hable más. No hace falta que nos ayudes tampoco, que ya has hecho bastante, le diré a tu madre que te estás portando súper bien, jijijiji. Siéntate ahí, que me gusta cuando estamos todos juntos.
Mis palabras habían sonado casi como una orden, y como tal dejaron clavado a mi primito en un pequeño taburete en el rincón de la cocina, mirando pasmado cómo nuestros exuberantes cuerpos de hembras en celo se movían libremente delante suyo, para él, y por él… Mientras cotorreábamos sin parar, hablando y riendo escandalosamente de amistades, trabajos y novios, Pablo se quedó sentado y sin decir ni mu, casi sin ser capaz de levantar la cabeza del suelo. Para cuando nuestra conversación empezó a deslizar por derroteros abiertamente adultos, con referencias sexuales más que explícitas y todo tipo de experiencias que soltábamos sin más delante de él, como si no se encontrara entre nosotras, me di cuenta de que, a pesar de que continuaba sin decir ni mu, había levantado por fin su dulce mirada de sátiro y no nos quita los ojos de encima de las tetas. Las tres nos habíamos dado cuenta, pero las tres le dejamos hacerlo sin desviar ni un poco nuestra conversación ni nuestra libertina actitud. A las tres nos estaba poniendo perracas la mirada de mi primo, que cada vez era más baboseante y más obscena. Pero, sin necesidad de hablarlo, las tres habíamos decidido avanzar juntas aquel paso.
Me puse un delantal para montar por fin las tortillas en la sartén. Sin ser nada premeditado, de repente me di cuenta de que estaba súper provocativa y erótica así, desnuda y con delantal, porque se me había remetido el tanga en el culo y por detrás era ya casi como si no llevara nada. No era solo Pablo, a esas alturas eran los tres los que me miraban con deseo, a la vez, juntos. Recuerdo bien que en aquel preciso instante fui consciente de estar traspasando el punto de no retorno: de asumir con normalidad lo que era claramente exagerado, yo me había puesto a provocar abiertamente. Había dado el paso y, lo peor, es que quería más. Aunque el contacto todavía no fuera más que meramente visual, se trataba ya de un contacto única y exclusivamente se podía definir como cien por cien sexual. Que ese contacto no fuera a derivar inmediatamente, en cualquier momento, en contacto físico era algo que no estaba ni mucho menos porque, mucho me temía, no se iba a quedar allí la cosa ni mucho menos. Aquel fue mi momento crucial. Allí perdí, o gané, la partida con mi primo, según se mire. Me iba a acostar con mi primo, y es cuestión de días. O eso quería pensar, aunque sabía que si no tenía mucho cuidado podía ser solo cuestión de horas. Supuse qiue, cuando lo hiciera, mis amigas también lo harían, claro. Pero qué más me daba ya aquello, si es que ya era inevitable. ¿Eso era lo que yo había buscado siempre, no? Que todo fuera inevitable, que lo hiciéramos pero porque no quedaba más remedio…
Estaba taaan cachonda.
Las tetas se me salían por los lados del delantal cuando me movía, los pezones, súper empalmados por mi extrema calentura, se marcan como dos puntas de flecha en el delantal, y se podían ver bien también por los lados sin el menor esfuerzo. Los tres me miran embelesados, creo que debía estar exageradamente erótica con aquella pinta, también por mis comentarios, mi manera de moverme, mi actitud en general. Me sentía movida por el sexo, por mi deseo, y no tenía el menor reparo en mostrarme así, libre, abierta y verdadera ante aquellas tres personas a las que tanto estaba deseando. Mi primo la tenía para entonces ya mucho más que a medio empalmar aunque, milagrosamente, conseguía todavía retenerla entera dentro de su apretado calzoncillo, pero estaba claro que el pobre estaba alcanzando su límite y no iba a aguantar mucho más ya. Supongo que por eso, cuando yo acabé de cuajar mi segunda hermosa tortilla, abrió por primera vez su boca y graznó con voz reseca:
- Oye, ¿nos bañamos antes de comer? – Lo cierto es que yo, entre la temperatura de los fuegos y sartenes, el calor implacable de aquel mediodía de mitad de julio y mi propia y excepcional calentura, estaba literalmente sudando la gota gorda. Mi piel morena de verano brillaba por completo bañada en un sudor espeso y muy salino.
- ¡Pero claro! – grité feliz, despojándome sensualmente de mi delantal.
Mis tremendas tetas, totalmente empalmadas, aparecieron libres de nuevo ante las ávidas miradas de mis amigas y de mi primo. Estaba brutalmente empitonada, y tenía las bragas caladas, incrustadas por detrás en mi sudada raja del culo y con una enorme mancha de humedad en la escasa tela de delante. Para colmo, me daba cuenta de que llevaba la cara pintada la lujuria. Ellos parecía que ya no sabían dónde mirarme pero que, sin embargo, no pudieran dejar de hacerlo.
- ¡Vamos, al agua!, ¡¡que estoy súper caliente!!, jiji – añadí, para terminar de empeorarlo mientras salía corriendo.
Salí disparada al jardín, me lancé de cabeza a la piscina y nadé, nadé y nadé, incluso cuando sentí las tres explosiones de los cuerpos de mis amantes entrando en el agua detrás de mí.
A pesar de todo, el baño fue tranquilo, aunque largo. Pero, desde luego, sin tocarnos demasiado, a pesar de las ganas y de la casi total desnudez. En cualquier caso, tanto Pablo como mis dos amigas parecían extrañamente discretos a la hora de pasar a lo abiertamente físico, a pesar de que yo misma hice algún amago de intentarlo con los tres y que, al mismo tiempo, no dejábamos de comernos con la mirada. Mientras nos secábamos al sol, Meri terminó de aliñar la ensalada y de prepararlo todo para que pudiéramos comer en el porche. Los cuatro estábamos muertos de hambre, claro. También de comida… ;)
Al igual que nos había pasado en la cocina, la conversación derivó en seguida en temas de chicos, novios, y demás, con cada vez más alusiones, comentarios y anécdotas picantes y, por lo general, un tono bastante subidillo. La novedad fue que el Pablo de siempre parecía haber vuelto con nosotras, y aquella vez sí se animó a participar, metiendo bastante baza hasta cuando tratábamos de temas más abiertamente sexuales (o, quizás, precisamente en aquellos casos). Se le veía repentinamente feliz, compartiendo aquello con nosotros, por fin en un clima de casi total libertad e igualdad. No podía dejar de preguntarme si él se había dado cuenta ya, tan claramente, de mi cambio radical de actitud. Si ya sabía lo que yo estaba pensando y lo que pretendía obtener de él.
De manera inevitable, cuando acabamos estábamos los cuatro bastante cachondillos. Mis amigas dicen siempre que, en ese tipo de situaciones, yo soy siempre imprevisible por completo. No sé, la verdad yo creo que lo que soy es perfectamente previsible. Porque, naturalmente, pasó lo que tenía que pasar, e hice lo que tenía que hacer. Porque llevaba toda la comida deseando hacer algo así. Total, que ya terminada por completo la comida, me separé de la mesa y le puse los pies a mi primo sobre las piernas, pidiéndole un masaje con gesto tierno y voz melosa. Los tres me conocían bien y sabían de sobra lo que podían esperar de mí en una situación, cuando yo misma estaba pidiendo claramente guerra. Sí, eso y mi vicio por los masajes, claro. Si me hubiesen visto aquella mañana... aunque no pensaba ni por asomo contar nada de aquello, no entendía por qué lo tenía tan claro, pero sabía que no podía contárselo ni a Nuria.. había sido tan raro, todo tan excesivo, tan íntimo y personal, que quería que aquello siguiera perteneciéndome tan solo a mí, para siempre…
En definitiva, la situación era claramente erótica ya. O bien MI situación era claramente erótica, no sé. Lo recuerdo como si estuviera borracha, pero es que en casos así yo no necesito ni una gota de alcohol, porque se me nubla la vista y el entendimiento de tal manera cuando me pongo perrita que ya es que empiezo a actuar como si mi coño llevara el piloto automático y solo hubiera una posible forma de acabar: follada. En aquella sobremesa, a pesar de estar junto a mis dos mejores amigas, nada fue diferente. Al subir mis pies desnudos sobre las piernas desnudas de mi primo sentí tal calambrazo de placer que me puse total e implacablemente cachonda. Supongo que necesitaba tanto soltar, que ni me di cuenta de cuándo empecé a masajearme el pubis bajo las bragas… la verdad, me daba igual que mi primo o mis amigas me estuvieran mirando, no sé si nerviosos, escandalizados o directamente muertos de envidia, de ganas, de deseo. Naturalmente, el primer roce de mis dedos sobre mi sexo ardiente y pelado bastó para terminar de desatarlo todo. Miento si digo que no fui consciente de cuando empecé a repasarle el pie a Pablo sobre los huevos. Mi primo había pasado la comida con su polla en sorprendente estado de tranquilidad, a pesar de nuestras conversaciones y nuestra casi total desnudez. Pero mi masaje de sobremesa iba a hacer saltar por los aires su buena racha.
Entre Pablo y yo habíamos colocado ya mi pie directamente sobre su sexo al inicio del masaje, y según él avanzaba con sus firmes y decididas manos por la carne de mis piernas, yo usaba mi planta y mi empeine para frotarle abierta y sensualmente su paquete cada vez más hinchado. Pude sentir cómo su polla crecía inexorable, y pronto mi propio primo estaba usando tal cual mi pie para masturbarse. Bueno, yo no dejaba de frotarle tampoco. Yo también estaba haciendo por masturbarle la polla con mi pie. ¿Quién daba más? Qué mas da, en realidad los dos estábamos jugando al mismo juego.
Aquello era de una lujuria inaceptable. Pero, sobre todo, insoportable: mis amigas no podían aguantar sin más seguir allí mirándonos dar rienda suelta a nuestra necesidad de contacto sexual, y delante de nosotros hundieron sin más sus delicadas manos en su bragas, a la vez y, tan solo aquello, tan solo fue necesario verlas acariciarse libidinosamente bajo las mínimas y mojadas telitas de sus bragas, tan solo oler el aroma bestial de sus chochos sudados mezclándose con el mío, espeso, maduro, hinchado de calor, tan solo escuchar sus gemiditos de putas entrelazarse con mis jadeos y la respiración seca y entrecortada de Pablo… la polla le crecía, y le crecía, y… ¡tachan! Sentí que el estremecimiento de un orgasmo sutil pero implacable nos recorría a la vez a Nuria, a María y a mí mientras la verga de mi primo explotaba por fin en una brutal empalmada, amagando soez a reventar sin más y de forma salvaje su prisión de tela, claramente insuficiente, estirada y dada de sí, luchando por emerger, rudo y orgulloso su cipote duro, buscando dispararse con sadismo hacia su ombligo. De nuevo mi primito se había puesto como un tomate...
Por una vez yo, comprensiva, maternal, decidí echarle un cable al pobre niño. Aprovechando la privilegiada posición de mi pie sobre su emergente paquete, mientras me deleitaba a mi vez con la insultantemente firme dureza de su verga, hice los movimientos necesarios para tratar de corregir la ambición ascendente del falo de mi primito. La tenía a explotar, y estaba literalmente reventando su ropa interior pero, entre sus movimientos y encogimientos -luchando porque aquello no se le fuera totalmente de las manos mientras las tres lo esperábamos, mirándole ávidas y con mirada de locas salidas- y las hábiles pero martirizantes caricias de mi pie, su enorme tranca quedó finalmente colocada en posición horizontal, consiguiendo evitar, al menos por el momento, que no le desbordara el calzoncillo saliéndosele de manera escandalosa y de imprevisibles consecuencias.
- ¿Salvado por la campana, primo? – le digo cuando su nabo brutal queda por fin marcado groseramente en perpendicular a su columna vertebral, arqueada en el mismo gesto de placer incontenible que estaba recorriendo, al mismo tiempo, los rostros de mis dos amigas sumidas en sus febriles masturbaciones. Mi mirada mientras se lo decía fue implacable, traspasando abiertamente la mera insinuación mientras le hacía sufrir apretando y masajeando sus huevos y su rabo con mi pie.
Aquél podía haber sido un momento tan salvajemente decisivo si, simplemente, yo hubiera dejado salir su polla… lo de aquella mañana me ha dejado loquita y descontrolada, y había desatado mi instinto sexual de una manera mucho más peligrosa de lo que yo misma era capaz de darme cuenta. Afortunadamente, tuve el buen tino de hacer que aquello se mantuviera, al menos, oculto de nuestras miradas ávidas y deseosas, porque solo de aquella manera podíamos garantizarnos al menos unas horas, ojalá unos días aún, de juego, de calma, de seguir tratando de resistir, por absurdo que fuera ya, la furia del huracán. Sin embargo, yo misma estaba tan emputecida que no pensaba dejar escapar a mi presa así como así. Una cosa sería que pudiera ahorrarle la humillación de reventar abiertamente bajo la atenta mirada de mis amigas, pero desde luego que no pensaba renunciar a mi premio. ¿Nurita le había masturbado por la mañana? Pues Laurita no iba a ser nunca menos…
- ¡Joder! – fue todo lo que fue capaz de soltar mi descompuesto primito.
A pesar de todo, su corrida fue completamente inesperada. Yo misma me vi sorprendida, creo que no me estaba dando cuenta de la excitación exagerada que estaba sufriendo mi primo mientras yo le hacía todo aquello estando ellas delante, tan cerca, cubiertas malamente por unas braguitas que en realidad tenían casi bajadas ya para poder meterse abiertamente ambas manos con las que se pajeaban sus coños brillantes entre sus patas abiertas. Me decía a mí misma que no había sido para tanto cuando advertí su cara desencajada, que no había sido para tanto cuando noté toda aquella humedad caliente en los pies y las tres pudimos ver el semen espeso no solo rebosando las comisuras de la tela estirada del slip, que se le levantaba por la presión del cipote dejando sus ingles manchadas de blanco esperma al aire, sino que tanta fue la presión y volumen de su eyaculación que la lefa brotaba traspasando la tela empapada del calzoncillo, manando como una fuente mientras rezumaba aquel tejido exhausto y agotado, empapado, saturado. Cuando me quise dar cuenta, mi primito se me había corrido bajo las caricias de mis pies, y tenía las plantas pringosas de esperma y todo había quedado embarrado de manera escandalosa.
- ¡Joder! – repitió Pablo, compungido, casi lloroso. – lo siento, de verdad… - mientras se levantaba y entraba en la casa desde el jardín, por mi habitación.
- Será mejor que vayas a limpiarte al baño, primo – le espeté; mi mirada seguía siendo dura, fría, especialmente considerando lo tórrido de la situación. Mis amigas se estaban revolviendo, intentando disimular sus propios orgasmos, aunque en realidad parecían casi tan incómodas como Pablo por la situación a la que les había llevado a los tres.
- …
- …
- Pues… ¡menos mal que ha explotado el antes! – rompió por fin el silencio Nuria, entre esas estruendosas carcajadas tan típicas de ella, tan masculinas como poco sutiles.
- Tía, Nur… - protesté, sacando mi dedo corazón literalmente empapado del fondo de mi vagina.
- Ay, Lau, en serio… que si no llega a explotar él así lo habría hecho yo, que me estaba corriendo bastante bestia, en serio… te juro que después de lo de esta mañana, no estoy para mucha tontería, que la Meri se ha relajado, pero yo todo lo contrario... – María frunció el ceño, e iba a abroncar sin duda a Nuria por lo que acababa de decir, pero no la dejé terminar. En aquel preciso momento, la verdad que me daba un poco bastante igual no saber con seguridad qué demonios había hecho Nuria con Pablo por la mañana. La verdad, visto lo visto cada vez dudaba que hubiera realmente algo más que la paja que me había confesado ya él, y en realidad yo estaba más pendiente a esas alturas de lo que pensaba hacer yo con él por la tarde que por lo que sea que pudiera haber pasado esa mañana. No en vano, mi propio coño se estremecía todavía en oleadas parecidas a lo que podría ser un orgasmo. Mi propia masturbación de sobremesa no había hecho sino excitarme todavía más.
- Mira, yo, lo que tengo en realidad, es sueño - les dije. – Esta noche no he pegado ojo, ninguno lo hemos hecho creo yo… así que me voy a dormir un rato, de verdad. Y creo que os vendría bien, que os sigo viendo raras... Aunque, bueno, ¡habrá que ver si te deja dormir esta golfa, Meri! - Las dos nos reímos, aunque Nuria seguía todavía más seria.
- ¡Qué morro tenéis, joder!
- No te quejes… - le dijo Meri, otra vez seria - me hubiese cambiado por ti, sin dudarlo. Tiene más polla éste que los otros dos juntos, jejeje....
- Joder, Nur… creo que me debes una historia de lo que ha pasado esta mañana, ¡no te creas que me olvido eh! Pero ahora mismo no doy más, a mí me hace falta una siesta, y a vosotras dos creo que os está haciendo falta pegar un polvo…
- Ah, a nosotras dos, dice… jejeje… La muy puta, cuando se va a “dormir” con su primo… ¡pues que descanses Laurita…. ¡y si necesitas ayuda, nos llamas! Jejejeje.
- Tranqui, Mer, que ya te he dicho que hoy... ¡me muero de sueño!
Mentía, como una puta, claro está. Al fin y al cabo, era la hora del sexo… por parejas, eso sí.
...dicen de mí que tengo buen sabor
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@laualma Uff que rico relato de cipotes duros para Mer Lau tu y tus amigas sois una putilla de cuidado. Sentir la boquita de Mer alrededor de mi polla ufff se pone duro el nabo Lau las ganas de masturbarme me superan mami zorra🔥🔥🔥🔥🍆🍆🍆💞
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@nyctidromus Mer la come taaan rico!
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@laualma que rico mami una buena mamada mami 🍆🍆🍆 tengo mi cipote bien duro por tu comentaría que tu amiga es una mamona viciosa
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@nyctidromus zorritas
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@laualma uff mami que rico mientras tu amiga Mer me come la polla tu te sientas sobre mi rostro y me follas la cara con Tu coño felpudito y mojado
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@nyctidromus Mer...
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@laualma mi amor quieres tu comerme la polla mientras tú amiga Mer me folla el rostro con su coño uff que rico es escribirte
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