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La Libertad III_17: día 07_cena

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 07 - 21.07.2012 - cena

 

 

 

Pero no era momento para elucubraciones, tenía que moverme rápido, había estado demasiado tiempo fuera, el tiempo que me había llevado provocarle tres corridas a mi pequeño vecino, y mi estado al entrar de nuevo en la casa y enfrentarme a Nuria, María y Pablo, era bastante lamentable. Tenía que actuar, rápida e inteligentemente, vale. ¿Pero qué hacer en una situación así? Seguro que vosotros tampoco habríais reaccionado mejor, pero es que a mí solo se me ocurrió saludar, sin más, como una boba.

 

Y claro, a mi:

 

- ¡Hola! ¡Ya estoy aquí!

 

Contestó el inevitable:

 

- Joder, Lau, ¿pero dónde coño estabas? - de Nurita.

- He ido a tirar la basura...

- Ya, pero no se tarda tanto en tirar la basura, has estado muchísimo fuera.

- Sí, es que cuando volvía vi a Daniela, la hija de la vecina de la casa de al lado, y me acordé de que le había dicho a su madre que le iba a echar una mano con una cosa...

- ¿Has estado en casa de Lucas? - preguntó Pablo, nervioso.

- Sí, sí, pasé un momento con ella, por eso no me habréis visto si me habéis buscado.

- Bueno, tampoco ha sido una búsqueda muy intensiva - rió, o trató de reír Nuria, que aparentaba estar extrañamente confundida.

- ¿Estaba Lucas? - mi primo le cortó abruptamente la risa.

 

Hubo un instante de tensión. Nuria y Meri me miraron inquisitivamente, parecía que algo no les cuadraba, mi pelo revuelto, mi cara desencajada… me conocían demasiado bien, seguro, aquello solo podía ser fruto de los orgasmos, el aspecto sudado, el estado de la camisa, revuelta y arrugada, una camisa que me había llevado limpia y recién puesta...

 

- ¿Lucas? No, no. Por lo menos que yo le viera. No he preguntado por él, claro. He estado todo el rato en la cocina con Daniela y su madre, explicándoles una receta... - y a partir de ahí ya era lo que quisieran creerse. Pensar que mentía y que me había tirado al niño en su casa era un salto en el aire bastante aventurado. Pero seguro que alguna de mis amigas ya había ido a más, y se preguntaba si acaso la niña, o la madre...

 

¿Daniela? mhhh, jijiji. ¿También vosotros estáis pensando que yo y Daniela…? Jijijiji… no, no, qué va… No al menos todavía. La verdad, nunca antes lo había pensado así… hasta aquel día. Habría que considerarlo, me dije. Imaginar al cachondo y recién follado Lucas toda la noche solo en casa con su hermana mayor, una noche tan calurosa como la de aquel día, porque el verano estaba siendo insoportable allí, aunque seguro que ellos no iban en ropa interior… ¿o sí? Es cierto que, en la intimidad de la familia, se hacen muchas cosas que fuera de allí pueden no parecer tan normales... me estaba poniendo cachonda, otra vez, y eso me hacía sudar, y sentir cómo se me escapaba el semen de Lucas entre los labios del coño.

 

- Pero bueno, mucho hablar de mí y de mis recetas, ¡y aquí huele de muerte! ¿qué habéis preparado? - corté la conversación.

 

Sin duda a ninguno de ellos le había llegado a convencer mi explicación, pero estaba claro que era la que había, e indagar más iba a ser más raro que mi aspecto desbaratado después de una desaparición demasiado prolongada. Sin duda el que más miedo tenía a que hubiese hecho algo con el vecino sería Pablo pero, entonces, si volvía a tener sexo con Lucas ¿qué impedía que volviera a tenerlo con él? podría estar pensando. Igual no era precisamente miedo ni celos de Lucas lo que Pablito podía estar teniendo en ese momento. Pero, efectivamente, como la cosa no daba para más, al grito de…

 

- ¡Me muero de hambre! -

 

…que soltamos Nuria y yo al tiempo, nos decidimos por fin a ponernos a cenar.

 

- ¿Vamos al salón? - preguntó Pablo.

- Sí, hemos traído una peli esta mañana, ¿está por ahí, no? - dijo Nur, entre risas. Pablo ignoró aquella reacción forzada de mi amoga, como si no supiera a qué se debía... joder, si mi primo me hubiera visto cogiendo el DVD...

- Espero que hoy funcione, no como ayer...

- Te lo pasarías mal ayer... jejejje - soltó Mer.

 

No me esperaba una salida así de ella. Pero era evidente, poco a poco esas cosas iban a pasar, y suponía que no era malo que algo así sucediera. Pero yo, pasando de ellos, me adelanté, mientras escuchaba la sonora carcajada de Nurita ante el comentario de nuestra amiga. Rápidamente, dispusimos todo en la mesa, y encendimos la peli. Me quedé sorprendida cuando vi el título, porque no me sonaba de nada.

 

- ¡Eh! pero esto no es lo que cogí yo...

- ¿Seguro? mira que andabas un poco despistada, Lauri... jajaja - Nurita volvía a la carga.

- Que no, que no, que el tipo este del video club nos la ha debido de cambiar al final cuando nos dio el disco, o se ha equivocado o...

- Claro, se habrá equivocado y habrá cogido la de al lado cuando te la dio... - dijo Pablo, inocente.

 

Lo de inocente lo digo porque, como pudimos comprobar, tenía pinta de que la película había sido elegida explícitamente por aquel cerdo del videoclub, para Nuria y para mí. Sería cabrón, el lengua calamar ése... En fin, tocaba el momento de ponerse cómoda, y había decidido además callar un poco la boca a mis amigas, que empezaban a estar un poco plastas. Así que me quité la camisa, como si nada, y me quedé casi desnuda, tan solo con el tanguita de Nuria, absolutamente sucio y descompuesto y, sobre todo, con mis orgullosas tetitas al aire.

 

Los tres me miraron, los tres contuvieron la respiración, ninguno dijo nada. Yo aquella tarde ya había decidido dejar el sujetador definitivamente, reconozco que me costó dar aquel paso, pero me moría por deshacerme de aquella molesta prenda, me parecía que ya era absurdo el conservar ese resto de pudor impuesto cuando habíamos llegado a lo que habíamos llegado y, a una mala, me apetecía seguir echando leña al fuego. En cualquier caso, ya estaba hecho. Podía ser otra huida hacia delante, pero me parecía absurdo cortarme en enseñar unas tetas que ya mi primo se conocía como la palma de su mano, y que incluso me había sobado abiertamente delante de ellas. Lo que temí fue una reacción en cadena, (como siempre, sabía que cualquier paso, por mínimo que fuera, se me podía ir de las manos en aquella situación), pero lo más parecido a una reacción por parte de ellas fue quedarse acojonadas.

 

Así pues, y sin más remedio y mientras cenábamos, nos decidimos a ver la peli aquella que el cochinito del videoclub nos había dado por la cara a Nuria y a mí, para darle al menos una oportunidad. Nada más empezar, ya pudimos comprobar que era mala, remala, pero no era aquella su principal característica.

 

Pornográfica no podemos decir que fuera, pero de ahí para abajo... excesivamente subida de tono, seguro, pero es que en realidad tenía escenas tan explícitas que, de no ser porque lo que mi primo ya estaba viviendo estos días (salvo penetraciones y mamadas, al menos no practicadas por él, en aquella semana, me refiero) superaba con mucho todo eso, yo creo que no le habría podido dejar verla sin sentirme mal por lo que pudiera pensar mi tía. Seguimos comiendo en silencio, mirando aquello sorprendidos, pero ninguno dijo nada de pararlo. Seguro que ellos se estaban poniendo tan calientes como yo, y no por la peli en sí, eh, era tan mala que no daba ni para eso, sino por la promesa de lo que vendría después.

 

No tengo remedio, me acababan de follar, bien follada, y ya tenía ganas de más. Me apetecía encerrarme con Nuria, y follar y follar toda la noche... es que todas las veces de aquel día entre nosotras dos habían sido tan especiales, había sido todo taaan bonito e intenso... 

 

Pero sí, hacía calor, la noche era insoportablemente calurosa, quizás aún más que la del día anterior, y los cuatro estábamos cachondos. No sé por qué me sorprendió entonces que María hiciera lo que hizo. Porque mi amiga no se había quedado tranquila aquella mañana, claro, después de lo de Pablo. En realidad, se moría por haber llegado más lejos, y no se iba a quedar atrás si yo me tomaba las libertades que me estaba tomando. Desde luego, mi actitud hacia él aquella tarde había sido muy ligera, mucho más que todos los días anteriores...

 

Y, en fin, que hasta lo extraño era ver a Meri con las tetas tapadas, con lo top less que es ella, jijiji. 

 

- No aguanto más este calor, Lau, creo que te voy a imitar ¿no os molesta a ninguno, verdad?

 

Pero no esperó a que nadie contestara, se quitó el sujetador acto seguido, con la velocidad de una profesional. Lo peor es que lo hiciera mientras miraba fijamente a mi primo, que se quedó absolutamente flipado. Sus tetas morenas, redondas y pequeñas (pero muy firmes y golosas) quedaron al aire, a la vista de todos. Al alcance de todos.

 

Las mías eran más grandes, claro, con mejor forma, y mis pezones de escándalo, que tenía bien erectos, ni falta hacía decirlo... pero las de mi amiga, pese a su reducido tamaño, eran apetitosas, también, redonditas, formita perfecta, duras como piedras, y con esos pezoncitos, absolutamente siempre erectos, oscuros, casi negros, siempre brillantes... De hecho, el sudor le caía visiblemente por el canalillo, haciendo la estampa todavía más lujuriosa, si cabe.

 

Mi primo se puso visiblemente nervioso, aquella mañana había tenido su propio festín particular con aquellas tetas, y debía estar soñando ahora con repetir, ahora que las tenía delante, cuando seguro que se había dicho a sí mismo que esa fue su oportunidad única y que no iba a poder haber más después de aquello, que no tendría ni siquiera la oportunidad de volver a vérselas. Y, sin embargo, ahí estaban, de nuevo, delante de él, con la mayor normalidad del mundo.

 

Nurita, por su parte, bufó, y puso cara de fastidio, sutil, pero sobrada para quien, como yo, la conoce bien. Ella nunca ha tenido la tiene la facilidad de Meri para hacer esas cosas. Yo tampoco, menos incluso, pero contaba con la ventaja de haber sido la primera, y de jugar en casa por así decirlo. Pero Nuria, la pobre, flipaba no tanto con su descaro, con nuestro descaro más bien, sino por darse cuenta que otra vez se había quedado atrás, ella, que aquella tarde había sido la reina, que nos había tenido a los cuatro flotando extasiados, pendientes de sus manos y sus palabras, con aquel masaje con el que, realmente, de haberlo querido ella, todo habría acabado ya en ese instante. Me sentí un poco mal, lo reconozco, y estuve a punto de animarle a que se sumara al club del top less, pero no supe hacerlo, de alguna manera era tarde para reaccionar.

 

Pero yo estaba feliz, no puedo negarlo y no podía evitarlo, por una vez había ganado a María, y lucía orgullosa mis tetas delante de mi primo, como llevaba en realidad haciendo toda la tarde ya. Era absurdo por otra parte, pavoneándome así delante de él, cuando lo que quería era irme a la cama con Nuria...en fin, todo era un poco raro, y habíamos tenido un día auténticamente de locura. Así que pasó lo que tenía que pasar. Ninguna de nosotras le dimos tanta importancia, y casi andábamos más preocupadas por esa lucha soterrada que nos traíamos entre nosotras.

 

Pero para Pablo, vernos en tetas, después de su carrera enloquecida durante toda la semana, después de sus jueguecitos, de espiarnos y provocarnos continuamente, vernos así con plena naturalidad era lo más. Para él eso seguía significando sexo: desnudo, tetas, cuerpos expuestos… de ahí a follar solo había un pequeñito paso. Y, en fin, no le faltaría razón porque todas y cada una de las veces que había habido tetas de por medio, él había acabado...

 

Evidentemente, mi primo no pudo más, fue todo muy rápido, casi no llevaba Mer cinco minutos con las peras al aire cuando él se levantó. Estaba visiblemente empalmado, pero a esas alturas ya no hacía absolutamente nada por disimular. 

 

- Perdón. No aguanto más, tengo que ir al baño para zumbármela o lo voy a manchar todo...

 

Mis amigas contuvieron la risa lo justo. En la pantalla de la tele había dos tías follando en aquel momento, mientras un tío le comía el chocho a una de ellas de forma bastante explícita. Bueno, hay que reconocer que tenía excusa, siempre podía decir que la culpa era nuestra por ponerle aquellos vídeos, y nadie tendría que preocuparse por lo de estar en tetas...

 

- En fin, no sé vosotras, pero no tengo el menor interés en seguir viendo a este par de furcias follándose, cuando tengo conmigo a un par de furcias que lo saben hacer mejor, y seguro que se animan a hacerme algo a mí también - les dije, traviesa.

- No lo dudes, furcia. No tengas la menor dura de que pienso comerte viva. - Dijo Nur.

- Sí, y tienes que contarme, porque creo que te lo has pasado muy bien con mi amiguito el señor bolas... - Mer y Nur rieron abiertamente ante las insinuantes palabras de María.

- Id yendo mientras yo recojo todo esto ¿vale? Ya le digo yo  a Pablo.

- ¿Le vas a decir que vamos a follar? - preguntó Meri, divertida.

- Pues tampoco le iba a resultar una sorpresa, mira tú.

- Dile que se venga... - Nuria resultaba excitantemente insinuante, pero lo peor es que me di cuenta de que lo decía en serio. Estaba loca.

- ¡Ya te gustaría a ti! - reí a carcajadas. Mis amigas me acompañaron mientras, abrazadas, se dirigían hacia el pasillo que llevaba a su habitación.

 

Yo me quedé en la cocina, y empecé a recoger.

 

No había mucho que hacer, así que recogí muy rápidamente. Cuando estaba con las últimas cosas, Pablo me pilló en la cocina, sorprendido de que estuviese allí, sola, recogiendo, y la casa a oscuras completamente, con el salón vacío.

 

- ¿Qué pasa? ¿Por qué os habéis ido?

- Oh, no aguantábamos la peli, y teníamos ganas de ech... de dormir, de dormir… - flipé con mi inconsciencia, casi le suelto a la cara que estábamos calientes y que preferíamos irnos a follar antes que ver follar a otros. - Y tú qué ¿mejor? - pregunté divertida 

- Sí, mucho mejor, prima - dijo él, entre divertido y avergonzado.

- Tranquilo, que no pasa nada, es normal, sólo que en los tíos se os nota tanto que... claro, en ti aún es más evidente… - le dediqué una sonrisa tierna a la par que le guiñaba el ojo. Eso pareció distenderle. - Pero también nosotras estamos un poco calientes, no te creas, aunque no se nos note tanto - le confesé, pícaramente.

- ¡Qué dices! ¿En serio?

- Bueno, qué te esperabas, a todos nos pone que...

- Ya, bueno...

- Jiji, la verdad es que la peli era demasiado... bueno. Lo siento. Lo cierto es que no deberíamos haberla visto.

- Bueno, no pasa nada prima... quiero decir, ya soy mayor para eso, ¿no crees?

- No sé qué decirte, no creo que lo seas, pero me resulta absurdo decírtelo... has hecho cosas peores que lo que sale en esa peli, y lo peor es que lo has hecho, eh… conmigo jijiji…

- Entonces ¿no acabamos de verla?

- Mira, la verdad es que es tan mala, y tanta escena de sexo por escena de sexo... Nuria y María preferían irse a la cama antes que perder el tiempo con eso... y yo... 

- ¿Quieres seguir viéndola conmigo?

- ¿Juntos? ¿Tú y yo juntos viendo una peli porno? Joder, Pablo...

- Lo siento, lo siento... tenía que intentarlo... no veo qué... hace un momento estábamos juntos viendo una peli porno, y no pasaba nada... - protestó. Yo le sonreí.

- ¿No pasaba nada? Primo, que te has levantado para ir al baño a meneártelas. Mira, igual tienes razón, a estas alturas no puedo escandalizarme de que veas eso, ni de que lo hayas visto con nosotras... Pero yo me voy a ir a la cama también... quiero decir, que me voy a ir con ellas ahora. ¿Entiendes a qué me refiero, Pablo? - mi primo bajó la vista. Entendía de sobra. - Aunque si tú quieres seguir viéndola, por mí no problem, ya sabes que no le diré nada a tus padres, pero ten cuidado y no manches nada, ¿vale? - No sé por qué quise ser tan explícita al final.

 

Me sentía mal, quería darle una salida, y no tratarle como a un niño, estaba claro que nosotras nos lo íbamos a montar las tres juntas, era absurdo hacer como que no se enteraba pero ¿tenía que pasárselo por la cara de aquella manera? Además, ¿qué salida le quedaba a él? Era lo que había, pero me pareció bochornoso lo que le proponía, pajearse con una mala peli semiporno, mientras nosotras nos encerrábamos a follar a su lado. No añadí más. 

 

Él me ayudó a terminar de recoger en silencio. Cuando acabamos, fuimos por el pasillo, despacio, como dilatando la separación final.

 

- Entonces te vas a dormir también tú... - le pregunté en la puerta de mi habitación. No pude evitar que se me quebrara la voz.

- ¿Te quedas? - Mi primo hizo el último intento.

 

Era escandaloso, mi coño me pedía a gritos decirle que sí, entrar allí con él, cerrar la puerta y olvidarme de todo. ¿Qué autoridad tenía para negarle el sexo, allí, casi desnuda, ofreciéndole mis tetas sin problema alguno, vestida solamente con un tanga guarro que ni era mío, manchado de mí sí, pero también de otros sexos que no eran míos, con restos de Nuria, de Lucas. Olí, olí tremendamente a sexo allí, en el pasillo, delante de mi habitación. A su sexo y a mi sexo, ávidos los dos, lujuriosos. Pero entrar con él sería definitivo, si lo hacía, en ese momento, ya era para follar, para fornicar como perros incestuosos, sin paso atrás, sin redención posible. Si lo hacía con él, en ese momento, sería yo la que así lo decidía, no el destino, no lo inevitable... Le miré comprensiva, no obstante.

 

No podía decirle que sí, pero dejarle allí solo era cruel. Mi primo era la viva imagen del deseo... No podía decirle que no. Yo tenía grabada la cara de Nurita, seria y lujuriosa, haciéndome su escandalosa y desesperada proposición. “Dile que se venga”. Tan desesperada como Pablo. Como Meri. Como yo. 

 

- Ven.

 

El silencio de su respuesta me recorrió el cuerpo metiéndose de llano por el orificio de mi vagina sudada.

 

Le tomé de la mano, y le llevé por el pasillo a la habitación de mis padres. No lo pensé siquiera, me salió así. Realmente no sabía lo que estaba haciendo, de repente lo vi como la única salida posible; sólo esperaba poder controlar la situación. Cuando traspasamos el umbral, siempre abierto, la luz brillante de miles de estrellas iluminaba la habitación, entrando a raudales por la ventana, siempre abierta.

 

Mis amigas estaban ya tumbadas en la cama, en braguitas las dos, Meri en el centro, Nuria a la derecha, girada hacia ella, besándola y tocándole el pecho, en una actitud mucho más pornográfica, pese a lo liviano de la situación, que la más explícita de las escenas de la película.

 

- Laura... - murmuró Pablo, ahogando un excitado gemido de asombro.

 

Tiré de él, le obligué a tumbarse junto a Mer, de lado, mirando hacia su espalda desnuda. Yo me tumbé detrás de él, en el lado izquierdo de la cama, de espaldas a la ventana... Mis dos amigas nos miraron. Empecé a besar a mi primo en el cuello, en la oreja. Cogí su mano, inerte, muerta, y la posé sobre María. Ellos dos tenían algo pendiente desde aquella mañana. Y Pablo, encendido, no se cortó. Subió él mismo la mano hasta las tetas de María. Después de aquella mañana quizás no soñaba con volver a ver las tetas de mi amiga. Tan sólo unas horas más tarde, ella misma se las había enseñado y yo, su prima, le había traído aquí, a nuestra cama, para que pudiera tocárselas... y que lo hiciera delante de mí. María empezó a gemir. Mi primo le estaba tocando los pechos con ganas, sin cortarse ni disimular lo más mínimo. Con el dorso de la mano, aprovechaba para tocar también las pequeñas tetitas planas de Nurita.

 

- Ay, Pablo... - gimió ella, entrelazando voluptuosamente sus piernas con las de María.

 

Era tremendo lo cachonda que estaba mi amada. Los cuatro lo estábamos, pero sin embargo el aire de la habitación se había llenado hasta el nivel de saturación con el olor de su chocho ardiente, que eclipsaba todos los demás olores, incluso el potente olor de mi sexo, el penetrante olor de mi cuerpo excitado. Y eso resultaba embriagador para nosotros tres. La noche se había vuelto oscura, inesperada, surrealista. De alguna manera, ninguno de los cuatro era ya consciente de lo que allí pasaba. Nurita alargó el brazo y empezó a acariciar la carita de mi primo, con ternura, con deseo. Yo no me veía con capacidad de tanta ternura. Directamente fui a la fuente de mi deseo, ya estaba bien, llevaba todo el día sin tocársela, la echaba de menos, desde anoche... no sé, quizás era el efecto de la luna nueva que nos dejaba allí, expuestos a aquel cielo plagado de estrellas... 

 

Le saqué la verga, totalmente tiesa, del calzoncillo. Fue fácil, porque cuando mi mano empezó a hurgar en su ropa interior, y se cerró alrededor del ardiente cipote, aquella maravilla de carne y sangre salió, reventó su prisión, chocando contra la espalda de María, justo donde Nuria la cogía y la acariciaba ahora, intentando acercar sus vulvas desesperada... Pero María, sabiendo ya lo que había detrás de ella, sabiendo que el monstruo estaba suelto, se giró, y quedó tumbada boca arriba en la cama, con las tetas empinadas hacia el techo. Pablo se las besaba y mordía, Nurita se las besaba y mordía, las salivas de ambos se mezclaban en el pecho de María, y así las compartían, juntando sus lenguas y sus bocas ávidas, mientras yo repasaba la polla desnuda y erecta de mi primo sobre el vientre sudoroso de Mer, sobre su coño apenas cubierto por unas minúsculas bragas...

 

La mano de Nuria jugaba con María, experta, sin límites, tocaba su cuerpo allí dónde y cómo Mer necesitaba en cada momento y, de pasada, a veces se enredaba en la polla de Pablo, como si nada, en aquel cipote que mi amiga deseaba tanto, de vez en cuando le escupía encima, y luego su mano agarraba el extremo del falo, le retorcía el capullo, manoseándolo a gusto. Mi primo se retorcía de placer con esos tocamientos de Nuria, pero ella se cuidaba de no pasar de ahí, y yo no soltaba su tranca en ningún momento, su tranca que era mía, seguía manteniendo el control de manera permanente, la recorría, sudándosela con deleite... me moría por aquella polla.

 

Pablo aumentó su jadeo cuando yo abiertamente empecé a pajear su cipote contra el cuerpo desnudo de Meri, al margen de las pasadas ocasionales de Nurita, que por otra parte se centró en pajear el coño de mi amiga, metiendo sus mano entre las piernas abiertas de ella, sobre las bragas, que sin duda Nurita sabía evitar para introducir sus deditos sensibles cómo y cuándo Mer lo necesitara...

 

Los cuatro estuvimos en silencio, hasta que mi primo empezó a galopar con sus jadeos. Ya venía, venía su primera corrida en grupo, el primer acto sexual entre los cuatro. Tan sólo siete días. No podía follar con él, pero le habíamos aceptado en nuestros juegos. También Meri jadeaba con brutal intensidad ahora. Nuria y yo los íbamos a llevar al orgasmo juntos. La habitación se llenó de sus gritos, sus estertores, sus jadeos y resoplidos. Se corrieron al tiempo. Nuria había estado controlando, jugando con Meri. Fue como si él se la hubiese follado, como si se la hubiese tirado directamente, y cuando él se corrió ella lo acompañó. Quizás Nuria había pensado que le pajeaba a él en lugar de a ella. No sé que estaría pensando mi primo, si es que era capaz de pensar algo, tocando esos dos pares de tetas, oyendo a Meri correrse, mientras Nur le acariciaba la punta de la verga y yo le hacia una paja ayudándome del cuerpo desnudo de María, yo, su tan deseada prima, por segundo día consecutivo, después de llevarle a la cama donde follaba con mis amigas ¿follábamos con mis amigas? sin duda ya, Nuria y María lo estaban haciendo todo delante de él ¿no? Encima de él. ¿Y yo? estaba claro, si él no lo quería ver era cosa suya...

 

Cuando los alaridos de mi primo eran demasiado evidentes, y María estaba ya en fase tan terminal que su orgasmo ya no necesitaba estimulación externa alguna, Nuria subió la mano por sus braguitas, metió los dedos por el elástico de la parte superior y, mirándome con toda su sensualidad, tiró con fuerza separando la tela, dejando el coño de Meri al aire. Sabía perfectamente qué pretendía, y me pareció bien, o no sé, o no pensé lo que me parecía, simplemente lo hice, quería hacerlo, poner en contacto sus sexos, por fin, el sexo de mi primo y el de una de mis amigas, entraban en contacto por mí, porque yo le metía la polla de él en las bragas de ella... Se lo metí, desde arriba, bien al fondo, bien adentro, hasta que su largo capullo descansase al menos sobre la raja abierta y palpitante de ella. Nurita dejó caer la tela sobre el nabo de Pablo. Él se le corrió sobre el pubis, sobre el coño de mi amiga, íntegramente.

 

Nur seguía acariciando el sexo de ella sobre las bragas, el sexo de ella, el sexo de él, empujando, empujando y abriendo... la postura era imposible, pero todo lo que de su violento y absurdamente hinchado glande pudiese entrar en la raja de ella estaría entrando en ese momento, el semen de su corrida estaría entrando en la raja caliente y babosa de María, entrando por el coño de mi amiga, subiendo por su vagina, intentando fecundar lo infecundable, lo defendido por la química, los espermatozoides de mi primo recorriendo por vez primera el cuerpo de otra mujer que no era yo.

 

El orgasmo de Meri fue largo y profundo, retorcía la cara, apretaba los puños, ahogaba sus gritos. Pablo se corría en estertores, mientras yo le seguía pajeando, esta vez ya sólo con mi mano, y apretando los huevos hinchados, y besando y mordiendo en cuello y espalda. Nuria seguía tocando coño y polla sin cansarse. No se cansaba de tocar la polla de Pablo. En seguida empezó a escucharse el chapoteo del semen encharcando el coño de Meri, demasiado semen para tan poco espacio, Nurita lo debía estar notando en la palma de su mano, brotando por las comisuras de las bragas de María, filtrándose y rezumando, espeso, caliente, viscoso, a través de la tela empapada, empapando su mano de esperma, pegajoso y caliente semen en contacto con el cuerpo de mis dos amigas, y Nuria empujándolo, bombeándolo dentro del coño abierto de MAría, luchando por meter el descomunal e hinchado capullo en la rajita de Mer...

 

María, extasiada, de apariencia casi virginal, pálida por el orgasmo bajo la luz de las estrellas, joven, sudorosa, acababa de ser sometida por un ser híbrido, esa especie de Nuripablo que había vuelto, la había montado, se la había tirado y ahora trataba de fecundarla...

 

Evidentemente, la tensión sexual se había disparado con la corrida de Pablo, y ellas dos estaban demasiado implicadas en aquella corrida como para que no les llegara la excitación de una manera tan brutal como a mí. Nuria seguía estrujando la punta de su polla, que no hacía el menor atisbo de reducir su tamaño, volumen o calentura. Polla que, por otro lado, seguía dentro de las bragas de Mer, quién sabe si también dentro de su ardiente almeja, pegada a su cuerpo, ¿cuánto iba a tardar ella en ser vencida por su lujuria y cerrar su abrazo con él, cuánto Nuria en estirar su mano para alcanzar más y más polla, cuánto iban a tardar los cuerpos cachondos de mis lujuriosas amigas en reclamar el resto de aquel rabazo para llenarse, para colmar su apetito, para ocupar sus atributos de hembras, y saturarlos, dejarlos repletos, hartos para el resto de sus vidas?

 

Mi propio coño palpitaba a la espalda de mi primo, siguiendo el ritmo del palpitar de su cipote, que sentía en mi mano, una mano que lo aferraba como si en ello me fuera la vida. Pero no, era mi primo, yo lo había llevado allí, cuando podía estar "tranquilamente" fornicando con él, desnudos y seguros, en la habitación de al lado, él y yo, solos los dos, solo para mí, tanta polla mía solo, pero lo había traído aquí porque no quería follar con él, porque quería estar con ellas, porque quería compartir su cuerpo con mis amigas, y el de ellas con él, y entregarme ya pero no así, no del todo, no todavía, pero su cuerpo era mío, yo mandaba y decidía sobre él.

 

Tiré de Pablo hacia mí, le dejé tendido en la cama, hacia arriba, sorprendido, pero menos que las atónitas manos de Nur y Mer que aletearon en el aire desesperadas, no por la pérdida de su cuerpo, sino solamente de su pene, el enorme pene que se les acababa de escapar entre las manos, inexplicable, todo un gigante escapándose como agua entre los dedos... Pero ellas sabían que si se había ido era porque no habían querido retenerlo, porque era mío, era mío y no había más que hablar... Pablo me miró, con asombro aumentado y una enorme sonrisa cuando rodé sobre él, arrancando voluptuosamente sus calzoncillos, enredados en las columnas de sus piernas, inservibles ya en lo que les concernía de ocultar pudorosamente su masculinidad poderosa, misión imposible aquella noche para cualquier ropaje, y reptando luego cuerpo arriba, dejando toda su verga empalmada y todavía chorreando entre mis muslos empapados de sudor y excitación. Comencé a besarle con la boca abierta. Nos tocamos, nos tocamos mientras él casi lloraba de placer, y me sobaba todo el cuerpo aunque respetaba siempre mi vulva, pero jugaba con mis tetas, mis nalgas, mi ano, las piernas... yo movía los muslos, cerrados, mojados y resbaladizos como si los hubiese bañado en aceite, frotando y sudando su verga... ¿hubo orgasmos? Claro, sí, no pudo ser de otra manera, claro... No los recuerdo, no recuerdo nada, tan sólo mucho calor, mucha humedad, ruido de líquido por todas partes, saliva, baba, sudor, lágrimas, semen y flujo... me quedé dormida, tierna y dulcemente dormida, no podía más... llevaba un día agotador...

 

Me desperté ahogada en sudor, abrasada de calor, pegada a él, abrazada con fuerza a su cuerpo mientras me corría, me corría y corría y corría... y él se corría también, pero no la primera vez, ni la segunda... los dos extasiados, fuera de nosotros, frotando sádicamente nuestros cuerpos, despellejando ese miembro atrapado entre nuestros vientres, que se perdía en las profundidades de mi entrepierna, de su entrepierna, frotando y destrozando con fuerza mi vulva con aquel vástago duro, hinchado... mojando mi vientre, la parte baja de mis pechos, semen y más semen que salía a presión entre nuestros cuerpos, haciéndolos deslizar entre sí todavía más, y al mismo tiempo pegándolos, soldándolos sólida, definitivamente, para siempre.

 

Entre sueño y sueño me despertaba así, o soñaba con ello y me despertaba sintiéndome aún dormida, o follando, o dormida... Un círculo eterno que llegó a parecerme infinito, inabarcable, hasta que me di cuenta de que había mundo más allá de nosotros, y que ese mundo, a mi derecha, lo ocupaba un espantoso animal monstruoso, con dos cabezas entrelazadas entre dos parejas de piernas, suaves, brillantes, sensuales, el animal se movía, con furia, parecía enfadado, o hambriento, cada una de las cabezas de la fiera se alimentaba de aquel mismo cuerpo retorcido, bebía y comía su propia carne sibilante, que se deshacía en jadeos y gritos de dolor desesperados, cada vez que una de aquellas oscuras bocas hundía sus colmillos en la parte más blanda de la anatomía de su cuerpo desvalido, justo entre las piernas, fueran las que fuesen que tuviera más cerca, y que se estremecían de terror sintiendo sin duda cómo le arrancaban la vida en cada mordisco, en cada ataque. La fiera desprendía un calor insoportable, como de horno, y un hedor indescriptible, mezcla de sudores y fluidos corporales desesperantemente penetrantes, acentuados por la temperatura extrema que recocía los cuerpos y sus humores, multiplicando las sensaciones, el olor, el hedor, el calor, el deseo, el dolor y la muerte, la explosión, la vida, vida infinita y eterna... 

 

¿Sería posible que mis amigas estuvieran haciendo un 69 justo a nuestro lado? No, yo no podía más, me explotaba la cabeza con el estruendo de sus jadeos, era imposible saber cuantos orgasmos estaban estremeciendo aquella cama en esa noche, cuántos eran ya míos, cuántos se sumaban a la cuenta perdida de los que acumulaba ese día, mi pobre cuerpecito, deshecho, que por más ansia viva de sexo que pudiera tener ya no daba para más, vaciado, convertido primero en río, luego en un pellejo vacío, reseco, inservible. Eché mi pelo a un lado, dejando caer mi cabellera sobre la cara de Pablo, cegando por completo su vista con mi pelo en mi pretensión de ocultar los cuerpos desnudos de mis amigas y de que mi primo se olvidase así de aquellas dos zorras, aquellas dos putas arpías que se revolcaban hirvientes junto a nosotros, y se centrara en mí, solamente en mí, cegando ahora su boca y su nariz con mi propia boca, en un beso interminable que quizás pretendía sorber de él un resto de vida, de aliento, de líquidos que me devolviesen a mi ser, un beso egoísta, avaricioso, que pedía más que daba, pero animado siempre con un enérgico (¿de dónde sacaba las fuerzas yo?) frotamiento de mi cuerpo libidinoso sobre su cuerpo aún amedrentado, atemorizado, sometido por el pánico al sexo desatado, la bestia junto a nosotros haciendo cosas impensables para él, aunque no para mí que las había hecho con ellas incontables veces, y yo, su propia prima, su madre protectora durante una semana, masturbando su pene tieso y duro como un roble por la acción de todo mi cuerpo, que se movía y resbalaba sobre su cuerpo terso, duro y sudoroso bajo mi piel.

 

Sólo yo permanecí vestida, con mis braguitas, ese tanguita de Nur que llevaba puesto, aquella noche. Nuria y Meri no tardaron en desnudarse por completo, quitándose las bragas para follar a nuestro lado sin miedo y sin pudor, brutal y violentamente desnudas por completo, mientras yo me dedicaba una y otra vez a violar a mi pobre primo, masturbándole una y otra vez con todo mi ser, mientras confiaba a aquél débil trozo de tela, mojado y estirado más allá de todo límite, para que mantuviera mi femineidad intacta en lo posible, cada vez que la tranca de mi primo escapaba de mi control e intentaba, reptando veloz entre mis piernas, atacarme el coño, con saña, intentando romper con su capullo afilado aquel desvalido y casi inservible cinturón de castidad que era el maltrecho tanga.

 

Como la noche anterior.

 

Una noche más, tan cerca, tan cerca...

 


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@laualma que capítulo tan morboso y vicioso me masturbe en toda la lectura mami cachonda  mi polla está tiesa 🔥🔥🔥🍆🍆🍆💧💧💧


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@nyctidromus fue super vicioso llevar a mi primito a follar con nosotras tres, sí

qué bien que te emplames leyéndome


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@laualma siempre mami 😘 si pudiera estar contigo mami tu dieta sería mi polla y lefa cómo deseo ver los coño de las tres 🔥💧🔥🔥 que rico tres coñitos viciosos con ganas de polla o machete como decimos en Venezuela


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@nyctidromus nos ibas a poner zorras


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@laualma las quiero convertir en mis zorras particulares solo para nuestro placer


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@nyctidromus putas


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@laualma mami de verdad te desea y a tus amigas por todo la que has escrito de vosotras putillas


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@nyctidromus putas


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@laualma así te deseo y te imagino bien zorra con ganas de sexo. Que seas bien pervertidilla deseando mi polla y mi culo


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@nyctidromus zorra


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@laualma si mami puta 🔥🍆💧 bien zorra y pervertidilla con ganas de polla y ano


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@nyctidromus uf


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@laualma uff si puta calienta polla me tienes tieso respondiendo


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@nyctidromus sii


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@laualma uff mami bien puta que te comas mi cipote y mi ojete


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@nyctidromus oh


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@laualma mami puta si quiero que juegues con mi ojete y yo jugar con el tuyo zorrón 🔥🔥🔥, lubricar es rico ojete y follartelo con los deditos puta mía


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@nyctidromus .


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