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La Libertad III_14: día 07_tarde

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 07 - 21.07.2012 - tarde

 

 

Salí al jardín por mi habitación. Me paré a saludar como si nada, dando tiempo a que los tres viesen mi aspecto. Así, con aquella pinta de furcia recién terminado su servicio. Las tetas manchadas al aire, los restos de Pablo, de sus dos corridas, por toda mi piel. Él acababa de verme allí, erguida majestuosamente, pavoneándome ante ellos todavía empapada de su leche. Las bragas sucias, retorcidas, dejando ver soezmente el pelo de mi coño saliendo por todas partes y mi almeja abierta pegada a la tela. La cara de ellas era de alucine total, por mi descaro de salir en tetas, para empezar, y por mostrar sin pudor lo que había estado haciendo allí dentro con el niño: sus restos sobre mi cuerpo evidenciaban a qué había dedicado mi tarde. O a qué la habíamos dedicado Pablo y yo: mi más que evidente corrida, las suyas sobre mí, dejando claro que justamente él había sido causa y motivo de la mía... 

 

Pablo, por su parte, se limitaba a mirarme las tetas, donde más evidentes eran sus restos aún recientes, complacido de que me mostrase así, de que no ocultase los resultados de sus juegos eróticos consentidos por mí, demostrando que, si bien no participaba activamente de ellos, al menos en parte los reconocía y asumía. Sin duda aquello era un gran paso para él, junto con haberle llevado antes con Nuria, y haberle hecho participar de aquel jugoso amago de sexo en grupo, haberle permitido un contacto sexual más allá de mi persona, haberle compartido con mi amiga, y a ella con él... Obviamente, todo aquello solo podrá significar que algo se movía en mí, o que todo se había movido, que los muros habían caído y que, aunque yo me obstinara en mantener las formas unos días más, ya no tenía manera de impedir que sucediera lo inevitable, ya que era en realidad mi mayor deseo... Lo que me había hecho aquella tarde había pasado, sí, y no tenía problema en reconocerlo ante él y el mundo. Qué mejor noticia que aquella, para completar su gran tarde, y contemplando además mi cuerpo casi desnudo, como una especie de ofrenda a él.

 

Pero no, primito, no, la tarde no se había acabado todavía...

 

Efectivamente, y seguramente como era de esperar, todo aquello se me había ido de las manos ya hacía mucho, y amenazaba con convertirse en la brutal orgía continua que, en el fondo, siempre había deseado. Si no quería sexo con Pablo iba a tener dos tazas, porque tal y como iba el tema nos esperaban a los cuatro momentos inolvidables. Sabía que, por mi parte, era prácticamente imposible no caer en nuevas dudas, en nuevas incertidumbres morales. Pero ahora estaba en fase de aceptar la realidad, y eso es algo que siempre hago disfrutando. Desde luego, no iba a ser yo quien se lamentara por la inevitabilidad del sexo con tan estupendo espécimen, y menos en compañía de dos diosas como Nuria y María. En resumen, quería guerra, después del día que llevaba, o precisamente por eso, mi cuerpo estaba caliente y lleno de deseo. Seguramente se me notaba en la cara, no sé. Al fin y al cabo, de eso se trataba entonces, ése debía ser el siguiente paso.

 

Las tardes eran de Pablo, las noches mías. Aquél parecía haber sido nuestro pacto tácito hasta entonces, que había llegado a ser asumido incluso por mis amigas… La tarde empezaba a caer, y llegaba la hora de, continuando el trabajo del día anterior, mostrar a mi primo que quería seguir adelante. Él sabía que mi límite total sería el momento en que reconociese que me dejaba hacer de todo en sus ataques, pues bien, ahora debía empezar a hacerle a él de todo, y también dejarme hacer yo, poco a poco... Poco a poco.

 

Me había gustado su mamada, y me había gustado sentir su dedito dentro... Las cosas iban rápidas, sí, desde la mañana anterior, cuando le dejé comerme las peras, aunque fuese una situación de emergencia total, pero luego lo de la noche, la paja abierta, mirándole a la cara, y lo de acostarnos... todavía con normas y límites impuestos por mí, claro... lo de Nuria, aquella paja que había conseguido que ella le hiciera, lo de antes, aquella manera de merendarse mi chumino tan evidente... Dios, si aquello había sido así en una etapa en la que supuestamente yo tenía controlado todo, en la que yo creía marcar los ritmos… en el momento que él llevase la voz cantante y yo le dejase conscientemente, el fin inevitable sería la penetración, sin duda vaginal, definitiva y sin retorno. Pero todavía había muchos grados intermedios, muchas otras situaciones por explorar, antes de dejarle a él el mando. De hecho, lo que me daba morbo ahora era la mezcla con ellas, lo de Nuria es que había sido brutal, aunque difícil de soportar, pero quizás fuese más fácil si fuese yo la que jugara con él, estando juntos los cuatro... Era una idea, por supuesto, una idea perversa, pero que veía difícil de llevar a cabo y que saliera bien. Aunque bueno, la noche anterior en la piscina había sido un ensayo general de eso, y la paja de hace un momento con Nuria... alíafin y al cabo, en ambas ocasiones había contado con la ayuda de ella. ¿Por qué no? Y sería mejor así, poder controlar yo directamente la situación, antes que fiarme solo del azar, como cuando las dejaba a solas con él.

 

Después de aquellos tensos instantes, demasiado largos, en los que yo estaba perdida en mis elucubraciones, mientras los tres me miraban sin ser capaces de decir palabra, decidí que aquello me estaba quedando demasiado largo, así que me tiré al agua y estuve nadando un buen rato. Ellas volvieron a entrar a la pisci y, para mi gran sorpresa, ambas aprovecharon para quitarse el sujetador antes de lanzarse al agua. Ninguna dijo nada para justificarse, fue Nuria la que lo hizo primero, pero casi parecía que se les había ocurrido a las dos al mismo tiempo. Pablo disfrutaba como un loco, claro, y se dejó caer de golpe al agua para estar más cerca de aquellas preciosidades.

 

Pero parecía que ellas necesitaban lucirse, ganar notoriedad después de mi desinhibida y brutal entrada, así que, por turnos, se dedicaron a subirse al sillón hinchable, que se convirtió en la plataforma perfecta para exhibirse. Lo bueno es que yo también estaba en tetas, y no tuve más que salir del agua, quedándome sentada en las escaleras con las berzas al aire para anular el efecto de sus pechos al instante. Sus tetas, al lado de las mías, no daban para nada, sobe todo las de Nur... Aunque no dejaban de ser tetas, claro, y en cualquier caso las dos putitas estaban absolutamente cañón, ambas con aquella carita de salidas, jiji. Pablo las miraba con el mismo descaro y la misma lujuria que yo, aunque siempre estaba más pendiente de mis tetas que de las de ellas. Casi me preocupaba más cuando Nurita subía al sillón, porque su semitanga empapado se transparentaba mogollón, y además era tan fino y delicado que estando mojado se le metía mucho en la raja, y dejaba ver muchísimo su magnífico culo. Y eso sí que era un bombazo erótico difícil de superar, aún con mi culo desnudo por completo con el absurdo tanguita que llevaba puesto.

 

Para contrarrestar, me introduje de nuevo al agua, donde iniciamos una más que discreta versión de los juegos de ayer, aunque suficiente como para que yo cogiera una y otra vez las manos de mi primo poniéndoselas sobre mis tetas desnudas, para que él me las pudiera tocar a gusto, delante de ellas, y sin ninguna necesidad de disimular ni él ni yo. Y así seguimos hasta que ellas se cansaron, y salieron del agua. Fue mi momento, porque entonces me hice dueña y señora del sillón dispuesta a exhibirme yo aquella vez. Y eso ya fue demasiado: estaba casi desnuda, mis tetas estaban hinchadas, los pezones erectos y las abultadas areolas tiraban de los senos, mi tanga casi no se veía, cuando levantaba las piernas se me veía perfectamente la raja desnuda y abierta, los labios, el agujero de la vagina y el del ano...

 

Nuria y María parecían fastidiadas, así que no tardaron, siempre sin hablar, pero siempre como si hubiesen tomado la decisión conjuntamente, en ponerse de nuevo el sujetador, y tumbarse al sol. La verdad que sus prendas, empapadas en agua, perdían gran parte de su función de ocultación pero claro, en aquellos momentos es que no había nada como lo mío. Además, yo estaba provocativa y provocadora en exceso. Y mi primo estaba totalmente centrado en mí, así que allí se quedó, jugando conmigo, o dejando que yo jugara con él, como una manera de rendirme pleitesía allí, subida en mi trono. El pobre miraba embobado mi chocho, se le iba la vista casi más que con las tetas; normal, se me salía el pelo por todas partes... Me preguntaba si estaría empalmado, aunque supuse que sí... yo iba sobrada de morbo para calentarle. En un momento dado, empezamos a charlar, y él jugaba a empujarme el sillón, llevándome por la piscina. Hasta que acabó, inevitablemente, entre mis piernas. Estuvo un rato allí, empujando el sillón con la cabeza, muy cerquita de mi chocho.

 

Yo estaba cada vez más caliente, notaba como, aunque mi cuerpo se iba secando al sol, mi coño estaba cada vez más húmedo. Él debía tener una visión casi integral de mi sexo, prácticamente libre de obstáculos. Yo procuraba favorecérsela con mis movimientos, y él no hacía nada por disimular que me estaba mirando precisamente allí, analizando mi anatomía con deleite e interés casi científico. La cosa ardía, y empezaba a sobrepasar todos los límites. Con ellas delante. Mi sueño a punto de hacerse realidad. Pero no iba a ser tan fácil, claro. En un momento dado, con la cabeza de Pablo casi tocándome el sexo de tan metida que la tenía en mi entrepierna, ellas no aguantaron más. De nuevo casi al unísono, se giraron y se quedaron tumbadas boca abajo. Parece que no querían seguir viendo aquello. Bueno, posiblemente tenían razón, porque mi juego absurdo no daba más de sí.

 

Para empezar, porque yo estaba ya insoportablemente caliente y, o me dejaba hacer del todo ya mismo, o era mejor que cortara cuanto antes. Así que decidí salir. Le pedí a Pablo que me llevara hacia las escaleras, y cuando me salí del sillón, él me miró encogido desde dentro del agua. Sabía lo que le pasaba, evidentemente estaba trempado como un caballo semental.

 

- Ven, anda, no pasa nada - le dije, extendiéndole mi mano.

 

Pablo dudó, pero viéndome así, casi desnuda, las tetas al aire colgando sobre su cara, debió pensar que no era cosa de rechazar mi mano, y menos cuando yo sabía lo que le pasaba y no me importaba. Quizás pensó que yo quería eso, su polla dura, que yo quería... Tomó mi mano y salió del agua. Tenía el pene durísmo, obviamente salido del pequeño slip.

 

- Ven, vamos a tumbarnos, anda. - le dije, tirando de él con fuerza, intentando movernos rápido.

 

No quería ver aquello, me dolía tenerle ahí y no poder hacer nada. Porque me parecía demasiado fuerte lanzarme así a lo bruto, no sabía cómo articular mis siguientes movimientos. Nuria nos miraba, mientras María había hundido la cara entre los brazos, como forzándose a no ver nada. Miré a Nuria con miedo. No cabía duda, yo no sabía cómo seguir, pero en cambio la muy zorra tenía un plan.

 

Se giró, y melosa, acariciando con suavidad la suave espalda de María, aún perlada de gotas de agua, le dijo:

 

- ¿Quieres que te de un masaje, mi amor?

 

María levantó la cabeza y la miró, divertida.

 

- ¿Un masaje? ¿Tú estás de broma, Nur? ¿Pero tú te crees que yo me iba a perder un masaje tuyo por algo del mundo?

 

Joder... bueno, yo sabía que era de esperar alguna jugada por parte de Nuria, porque yo ya llevaba demasiado tiempo tomándole la delantera, así que... Tenía que haber estado más despierta, ayer ya iba apuntando maneras, con el masajito que hizo que le diera Pablo... En fin, es cierto que los masajes de Nuria son irresistibles, es bastante buena, cierto, pero sobre todo tiene técnica, sabe como darlos y además tiene arte para hacerlos. Y, lo mejor de todo, es que sus masajes... nunca terminan bien. La he visto calentar hasta el orgasmo a las personas más insospechadas con la técnica del masaje, para acabar follando luego como locos, claro. Es una de sus muchas formas de ligar y de conseguir follar con todo lo que le apetece. Bueno, eso, además de estar como un queso, claro, y tener el increíble morbo que tiene… vamos, que tampoco necesita muchos trucos para meterse a quien quiera entre las piernas.

 

Escuché a Pablo respirando fuertemente, nervioso, a mi lado. Sin lugar a dudas estaba recordando las palabras de Nurita ayer, contándole sobre los masajes que a mí me gustaba que me diera, completamente desnuda, en las tetas, el sexo, hasta correrme... "¿Supongo que no te importaría hacerle un masaje desnuda, verdad?" Las palabras de Nuria a Pablo resonaban en mi cabeza.

 

- ¡Genial! Pues vamos allá, a ver si te repones un poco, que estás un poco mustia hoy... Oye, y vosotros, tortolitos ¿por qué no os animáis? Pablo, seguro que tú le puedes dar un masaje perfecto a Lau ¿quieres que te enseñe a hacerlo? - ¡Oh no! Ahí llegaba mi niña, con su habitual violencia de bomba atómica…

- S...S...Sh...Sí...

- Vaya, te has vuelto tartaja... A Lau no le pregunto, que esta zorra jamás dice que no a un masaje, y le da igual que se lo de un manco. Voy a por el aceite. Pero oye Pablo, tú deberías eh... "relajarte" un poco antes de empezar, ¿me entiendes? – le soltó sin más, guiñándole un ojo y haciendo un ademán hacia su pene empalmado.

 

Y la puta de ella salió, tal cual, disparada de allí. ¡Mierda! me dije. Miré a Pablo. Él me miraba, nervioso, compungido. Bajó la cabeza, se giró, y dijo:

 

- Voy al agua un momento. - Y de dos zancadas entró al agua.

 

Deseé en aquel momento hacer también yo algo así. O meterme en un agujero en el suelo, directamente. Menuda mierda.

 

¿O no? Bueno, es que bien mirado... En realidad, puede que Nurita me estuviera poniendo en bandeja justo lo que yo quería: un momento levemente sexual con mi primo y ellas al lado. Bien llevado, podía ser total. Lo malo era que si Nur llevaba las cosas demasiado al límite... oooooooh joder, pero es que ella siempre es demasiado imprevisible... Aunque no sé por qué, ahora me daba por confiar en ella, pensaba que, quizás, no quería más que calentar la situación para, en fin, para poder acostarse ella con él también cuanto antes, pero también es verdad que podía hacerlo de una manera, no sé, respetuosa conmigo, supongo... No habíamos cruzado palabra de lo de antes, pero no se me ocurría pensar otra cosa distinta de que ella debía estar totalmente agradecida hacia mí. De hecho, estaba siendo cauta y prudente. Al fin y al cabo, podía haberlo organizado todo para que el masaje se lo diera ella a él, o peor, él a ella. Porque ayer también le dijo aquello de que no le importaría recibir un masaje desnuda de sus manos...

 

En fin.

 

María estaba poniendo una toalla sobre una de las tumbonas. Yo me senté en otra, al lado, incapaz de mantenerme de pie ya. 

 

- Joder, tía, hay que ver cómo vienes... ¿habéis tenido mambo? - me preguntó. Parecía repentinamente animada.

- Bueno, lo de siempre, más o menos, pero no ha estado mal, ya sabes.

- Uy, suena a poco eso, por eso vienes con ganas de guerra… tía, que pareces un putón.

- ¿Y vosotras? - le corté - porque a ti también se te ve más "desahogada" - contesté con cierta sorna.

- Bueno, sí, claro... Nuria volvió enseguida a la habitación, dijo que había aparecido Pablo y que te habías ido con él, dejándola a dos velas, y...

- Os habéis liado.

- Digamos que sí.

- Es tremenda, Nur.

- Sí, lo es.

- Me alegro de que estés mejor - le dije, sincera.

- ¡Gracias! preciosa... - María se giró hacia mí, feliz. Me acarició la cara, y se agachó para quedar a mi altura. Estaba bellísima. No pude evitarlo, la tomé de la cara y le di un largo morreo, intenso y húmedo. Ella se limitó a recibirme, besándome también. 

- ¡Ey, perras! dejad eso ahora. - La voz burlona de Nurita nos cortó el rollo.

 

Venía con los botes de aceite para masajes; no había hecho nada más que ir a buscarlos, tenía las mismas bragas semi tanga y el sujetador todavía puesto, insulso. Detrás de ella, mi primo salía de la piscina. No sé si había visto mi morreo con María, aunque tampoco me importaba. Su paquete se había serenado, lo tenía todo dentro del slip, bien recogido, aunque le quedaba ya tan pequeño que lo llevaba siempre que parecía a punto de reventar.

 

- Vamos, María, túmbate. Y tú, Pablo, coge una toalla y prepárale la otra tumbona a tu prima. Creo que no le vendrá nada mal que le des un buen masaje relajante... 

 

Será puta, pensé, ¿cuándo había dado ella un masaje "relajante"? Pero ya Pablo corría como un perrito a buscar la toalla y extenderla sobre la tumbona, mientras María se tumbaba a su vez en la suya. De las tres, era la que resultaba más aséptica, sobre todo por su suje negro, pero también por mis braguitas, que le quedaban hasta un poco grandes, y no le marcaban demasiado, dentro de que, además, eran bastante normalitas, aunque se vieran cada vez más sucias de... Bien, me dije, parece que los tres lo tienen claro, así que... me tumbé yo también, cerré los ojos, y procuré relajarme. Sabía que no iba a ser difícil.

 

Pablo se puso a mi lado.

 

- ¡Toma primo! -  le gritó Nuria, lanzándole a las manos un bote de color marrón oscuro. - Es aceite, vas a ver cómo disfruta tu prima con el tacto de tus manos deslizando sobre su piel gracias al aceite... te vas a poner morado, tío, vaya cuerpazo que tiene la puta ¿eh? Tienes suerte de tenerla como prima, ¡cabrón!

 

No sé si él estaba pensando lo mismo, seguro que se estaba diciendo que, en realidad, si él no hubiera sido primo mío sino, por ejemplo, de Nuria, seguro que a aquellas alturas ya habríamos caído las tres... aunque yo creo que, más exactamente, ninguna de nosotras estaría ahora así con él. Y, precisamente, Nurita no estaría calentando el cotarro de aquella manera, porque de hecho ella siempre ha sido absolutamente refractaria al incesto: aunque jamás me ha criticado para nada a mí con mis historias, jamás, ni siquiera ha llegado a dar una mala opinión sobre ese tema nunca, pero es que ella misma ha rechazado siempre cualquier historia con sus primos, por ejemplo, y eso que tiene alguno que está de tomar pan y mojar, y que yo misma he llegado a tener líos con dos de ellos, pero ella nunca ha querido entrar ahí... Nur es hija única, así que en plan hermanos tampoco ha tenido nunca nada que temer… en cambio Mer sí tiene un hermano, y sí han llegado a acotarse un par de veces, pero es cierto que como algo totalmente circunstancial, y más allá de eso jamás ha tenido otras tentaciones similares con su familia (sobre esto, voy a comentar rápidamente que yo también me he tirado a su hermano una vez, y antes que ella, aunque estuvimos siglos sin decirle nada a ella porque fue bastante… en fin jijijiji, ¡creo que esa historia igual os la cuento en otra ocasión!) Pero vamos, que pensaran lo que pensaran ellas sobre el incesto, estaba claro que lo que no tenían era ningún prejuicio respecto al incesto que pudiera cometer yo, así que… no quise llamarme a engaños, pero ya veía de sobra cómo iba a acabar aquello. 

 

Así que, sin más, por fin empezó la fiesta.

 

- Oye, si no os importa... - dijo María incorporándose y hurgando en su espalda – yo voy a quitarme el suje ¿vale? me aprieta un poco, y quiero estar cómoda y disfrutar del masaje.

- Tranqui, Mer, si ya nos vamos conociendo, jajajajaja -  rió escandalosa Nuria - y además, que no te cortes, que el primo creo que nos empieza a tener bastante vistas las tetas ya. Por otra parte, con lo poco que te cuesta a ti enseñarlas...

 

María pasó de ella sin el menor problema. Efectivamente, parecía que lo que quería era precisamente eso, enseñar tetas, sus pequeñas tetitas, aunque bastante más generosas que las de Nuria, con sus pezones oscurísimos, morenos, siempre duros... no pude evitar echarles una momentánea ojeada. Cuando las tuvo al aire, bajo la mirada babeante y deseosa de Pablo, se la volvió a ver, por fin, feliz. A él, en cambio, se le veía más nervioso, claro, pero eso era otra historia que, en realidad, a ninguna de nosotras tres nos importaba.

 

- Bueno Mer, te veo muy lanzada… - rió Nuria - ¿Entonces… lo vas a querer completo…?

- Bueno... eh... - dudó Meri. Obviamente, no sabía qué decir.

 

A ver, para poner la situación en perspectiva, respecto a mis miedos y las dudas de Meri, debo explicar que Nur nos daba muchos masajes, era algo que le encantaba, y a nosotras recibirlos todavía más, pero es que sus masajes casi siempre eran básicamente eróticos, y casi siempre "completos" claro, es decir, acabados en corrida, lo cual, normalmente al menos incluía un dedo, o más exactamente un masaje vaginal, ...externo e interno. A veces, también anal, o en las tetas, etc. Vamos, que más que masajes lo suyo era una forma como cualquier otra de follar, sin más. Pero es que aunque no llegara a culminar, aunque no llegara a ser específicamente sexual, un masaje de Nuria siempre iba a ser en general más erótico que el de cualquier otra persona, incluso aunque no incluyera partes específicamente sexuales. Quiero decir con todo esto: yo ya sabía a dónde íbamos, lo que desconocía eran los límites, el lugar al que estaría dispuesta a llevarnos Nur. Y Mer, sin duda, estaba igual. Supongo que ambas pensábamos que sería Nuria la que iba a tomar la decisión, y que si en ese momento aceptábamos sin más entrar en su juego, aquello luego ya no iba a tener vuelta a atrás… llegara Nur a donde llegara. Y, a pesar de eso, la muy puta ahora le preguntaba a Mer ¡directamente!, si lo quería “completo”, cuando las tres sabíamos perfectamente lo que, en aquel contexto, significaba una expresión así para Nuria. Mer se puso nerviosa, claro, casi roja. Al fin y al cabo, ella ya se había puesto explícitamente boca arriba, enseñando las tetas alegremente, además y, bueno, aquella postura tenía muchas más papeletas de acabar mal, claro, porque al menos boca abajo, bueno, pues masaje de piernas, espalda… podía ser mortal pero casi, casi, casi pasable... únicamente a expensas de lo que Nuria decidiera hacer con el masaje de glúteos, claro, pero es que nada de aquello tenía comparación con el masaje de tetas al que, obviamente, se iba a exponer María, y mucho menos el del entorno vaginal que, de seguro, llegaría cuando Nuria alcanzase la parte superior de los muslos de nuestra amiga, con su pubis apenas tímidamente cubierto por mis braguitas sucias. Mer debía estar hasta arrepintiéndose en aquel momento de haberse quitado el suje tan rápidamente...

 

Pero María en seguida iba a descubrir que, si acaso hubiera querido realmente llegar a parar la tormenta que Nuria estaba a puntito de desatar, debería de haber actuado de inmediato y con mucha mayor determinación.

 

- ¡Sí, sí, completo! - pidió Pablo. - Si tengo que aprender, cuanto más mejor ¿no? – en un visto y no visto, mi primito había arrebatado a María cualquier posible oportunidad de elegir nada…

 

Yo sonreí por su inocencia; el pobre niño no se imaginaba el significado real de lo que acababa de decir. La cara de Mer mudó en una expresión de pánico muy divertida.

 

- ¡Jajajaja! - Nuria soltó una exagerada carcajada - ¡joder con el primo! Bueno, Pablo, quizás completo sea demasiado… no sé, podemos ir viendo. Pero creo que Mer ha dejado ya claro que, por lo menos, quiere tetas… - cerré los ojos, mientras un escalofrío de deseo recorrió mi columna vertebral, sabedora de lo que Nuria iba a decir justo en ese momento - …y no creo tampoco que eso precisamente un problema para tu prima, ¿verdad? Pues eso, si os parece entonces, empezamos así y ya vamos viendo.

- ¡Eh! ¡No! Pero ¿qué quieres decir? O sea, yo no quería, no pretendía... – mi primo me miró a mí mientras intentaba detener a Nuria, visiblemente acojonado por lo que ella acababa de decirle de que me iba a tener que hacer a mí un masaje de tetas.

- Tranquilo, Pablo.. - dije yo abriendo los ojos de nuevo, mirándole dulce y fijamente a los suyos, ojos azules contra ojos azules, y sonriéndole como hacía tiempo que no lo hacía para él - No le hagas caso de las burradas que pueda decir, tú sólo síguela en todo, ella sabe de sobra lo que hace... y sé que si sigues una a una sus indicaciones a mí me va a tener que gustar forzosamente todo lo que tú me hagas. - Con mi comentario conseguí serenar el ambiente, y abortar la táctica de Nuria de incendiarlo todo ya antes de empezar.

 

Al mismo tiempo, con aquello había quedado claro que ella sería la responsable única de todo lo que pudiera pasar. Naturalmente, Nuria no le dio la menor importancia a nada de eso, supongo que, todavía más que el resto, estaba deseosa de empezar cuanto antes. Por mi parte, hasta estaba lamentando en ese instante perdernos la parte trasera del cuerpo, porque además de que siempre tenía su morbo, para mí un masaje de espalda es siempre lo más delicioso y relajante... y en ese momento yo necesitaba relajar mucho más que cualquier otra cosa, porque seguía bastante cachondita. Pero lo malo era que mis dos miguitas parecían más bien estar queriendo caña rápida, me daba a mí.

 

- Bueno, primo, lo primero es que nos relajemos los cuatro, que por mucho que te diga Lau noto mucha tensión en el ambiente… así que vamos a estar un minutito en silencio, con los ojos cerrados. Mira, sólo tienes que poner la mano aquí, y la otra... aquí. 

- ...

- ¡Vamos! ... No te cortes, chico... que es un masaje, te aseguro que a ella no le va a molestar. 

 

Entreabrí los ojos. Pablo parecía dudar, mientras miraba a Nuria con la boca abierta, pero entonces sentí una primera mano posarse sobre mi pecho, a la altura del nacimiento de los senos. Era más de lo que cualquier persona podía tocar tranquilamente, más de lo que cualquier masaje “normal” pudiera alcanzar… y con Nuria iba a ser en cambio el punto de partida. En su defensa, diré que ya metidos en faena, como llevábamos tras una semana juntos, y con Meri y conmigo en top less, pues la verdad es que en el fondo no era para tanto. Además, también era cierto que Nur y Mer sabían de sobra que él me había tocada las peras, y mucho más muchas en realidad, hasta el alma misma, demasiadas veces ya, así que tampoco había tanta diferencia entre nosotros dos y lo que pudiera hacer ella con María, que al fin y al cabo tenían la intimidad de dos buenas amigas que, además llevaban años siendo también amantes.

 

La segunda mano fue mas comprometida, ya que cayó directamente sobre el pubis. Por más que llevara el tanga, el contacto era tan pleno y abierto que sentí que mi chocho se incendiaba. Recordé que, para el masaje de espalda, Nurita solía empezar con una mano en el cuello y otra en el culo, cosa que tampoco estaba mal. La había visto hacer eso con tanta gente que ya perdía la cuenta, y todos empezaban tensos y terminaban relajados primero, y luego, según y hasta el punto que decidiera ella, directamente excitados. Así pues, lo que estaba haciendo aquella tarde no era ni más ni menos que su forma habitual de empezar los masajes, incluso en las pocas ocasiones en las que podía hacerlo exclusivamente relajantes. Y, efectivamente, al cabo de un rato que me pareció mucho más que un minuto, me sentí relajadísima, y me pareció que de hecho él también se había calmado. Sentí que ambos disfrutamos, por fin, de nuestro mutuo contacto físico e íntimo de aquella manera, con total normalidad y tranquilidad.

 

Por fin Nuria retomó sus indicaciones.

 

- Ahora empieza bajando lentamente la mano de arriba, por sus pechos, su vientre... y cuando te juntes con la otra, recorre cada pierna con una de ellas, hasta salir por la punta de los pies. Suave, sin apretar, pero firme, sintiendo su piel, su carne, su energía... 

 

Y tanto que energía. Sentí un primer impulso eléctrico cuando me tocó los pechos con toda la mano abierta, pasando su palma sudada por mi teta sudada, sintiendo como mis pezones se disparaban soezmente, empalmándose bajo su sutil caricia con una violencia y una evidencia imposibles de justificas. No sé por qué, pero me sentía confundida, y él volvía a temblar, nervioso, aunque cuando me recorrió las piernas sentí un escalofrío de placer cosquilleándome todo lo largo de mis extremidades. 

 

- Ahora cogemos el aceite, échate un buen chorro en la mano, y frótatelas para calentarlo un poco... estará demasiado frío para su cuerpo y no quieres que, ahora que tienes su cuerpo preparado, vaya a perder esta sensación de relajación que tiene… así que ¡ten cuidado de que no te caigan gotas encima de Lau! y cuando ya lo tengas, empieza a subir por una pierna con las dos manos, sube por todo ese lado, vientre, pecho... no te cortes al pasar por encima del tanga, ni con la teta, hombro, giras y bajas por el brazo hasta salir por los dedos…

 

Sentí el mismo cosquilleo por la pierna, y una pequeña explosión en el pecho. ¡No te cortes con la teta! Imposible ser más puta. Cuando resbaló por la segunda mano yo ya estaba suficientemente inquieta, y mis dos pezones se habían puesto de escandalosamente de punta, con esa forma de canicas gordas y duras que dice tanto de mi estado de ánimo a veces. Sabía que era más que evidente. Pero es que iba a ser todo muy evidente, me dije, Nurita iba fuerte.

 

Bien, Nur, ¿quieres jugar? Pues juguemos entonces, me dije. Tanto mejor, eso que me iba a llevar para el cuerpo. Separé bien las piernas. Mejor facilitar el trabajo ¿no? Del masaje, digo. Claro, se me debía estar viendo ya todo, pero es que aquello no iba a ser nada comparado con cómo íbamos a acabar en cuanto pasaran unos minutitos, de aquello estaba segura.

 

- Vale, ahora vamos a empezar un poco por los hombros y los brazos, tú sigue todo lo que vaya haciendo, ¿me ves bien verdad? Eso, ponte de su lado derecho, y yo me pongo del lado izquierdo, para que me puedas ver bien.

 

Hasta entonces, los dos estaban colocados entre las tumbonas donde estábamos tumbadas Mer y yo, pero en ese momento se separaron, dejándonos a nosotras en medio, para que el alumno pudiera seguir más fácilmente a la maestra, ya que antes se quedaban casi de espaldas cuando estaban pasando sus manos sobre nuestros cuerpos. Me dejé llevar, pensando que esta parte era fácil y poco comprometida, bien apta para relajarme un poco, al menos. Que falta me hacía.

 

Noté cómo él me tomaba una mano con la suya, mientras con la otra me empezaba a recorrer el antebrazo, y luego hasta el hombro, para volver a bajar de nuevo rumbo a la mano, así varias veces. Luego giró cambiando de postura, para hacerme lo mismo por el interior del brazo. Era todo muy agradable.

 

- Ahora esto es un poco más complicado, mira, te tienes que poner así el brazo, y luego con tus manos vas frotando en sentido contrario, haciendo como un pellizco.

 

Pablo pareció dudar, pero noté que me tomaba la mano, y la apoyaba en su costado, pinzándola con el brazo casi a la altura de su sobaco. Se le notaba tenso. Yo dejé el brazo muerto, y se acomodó a su cuerpo en todo su recorrido. Eso le obligó a aproximarse aún más, y entonces ahí ya el contacto se hizo total. De repente noté esa intimidad fuerte que te indica cuando un masaje empieza a dejar de ser relajante y empieza a ser algo más. Me pareció notar su paquete, algo hinchado, rozando mi brazo. Ese movimiento se alargó bastante, hasta que él, casi sin disimulo, aprovechó para estirarlo más de la cuenta y tocarme la teta de pasada. Yo no dije nada, claro, aunque estaba empezando a perder la capacidad de relajación. Me imaginaba a Nurita riéndose para sus adentros, y me preguntaba si también ella estaría tocándole el pecho a María para hacer que mi primo me lo tocara a mí, o si aquello habría sido idea de él, exclusivamente. Noté entonces que volvía a cambiar de postura. Me apoyó el antebrazo contra su vientre, y me lo recorrió hacia arriba con las dos manos a la vez. El masaje se volvió otra vez más neutro, aunque yo podía notar su vientre duro, con las abdominales apenas marcadas que empezaban a formársele, apenas duras, estaba empapado en sudor, y algo tembloroso. Sí, Pablo estaba nervioso, seguramente más que nadie. Imaginé que, aparte de verme a mí casi desnuda, ellas dos también debían ser un panorama desestabilizador, y quizás más por Nuria incluso, que estaba súper morbosa, que por el hecho de tener ahí tan a tiro las tetas al aire de Meri. Como dijo Nur, lo de las tetas al aire empezaba a estar ya muy visto, pero Nuria, en cambio, su actitud, sus palabras, todo su cuerpo, todo en ella prometía sexo, sexo del bueno... y parecía que iba a proporcionarlo en muy poco tiempo.

 

Siguió luego una larga sesión con la mano, la muñeca, palma y dedo a dedo, deliciosa pero sexualmente irrelevante. Supe disfrutarla, no obstante. Luego cambiaron de lado otra vez, y de nuevo estaban ambos en el espacio entre las dos tumbonas.

 

- Venga, vamos a repetir por el otro lado, que lo has hecho muy bien. 

 

Volvieron a empezar, repitiendo lenta y cuidadosamente todo el largo proceso. Mierda, la verdad que estaba bien, pero me di cuenta que no tenía el cuerpo para esto, me estaba esperando caña desde el primer momento, me dolían los pezones de excitación y mi coñito hervía, la verdad que me apetecía marcha, pero todo aquello iba muy lento. Tanto que parecía que Pablo también empezaba a aburrirse, ya que a partir del segundo movimiento sobre mi brazo, empezó a tocarme el pecho izquierdo con mucha mayor frecuencia, y bastante descaro, estirando los dedos para acariciarlo sin disimulo. Naturalmente, aquello no me molestó, al contrario, me daba gusto, pero lo peor era que, en realidad, yo tenía tal ansiedad de que la cosa fuera a más, que aquellos roces sutiles en un lateral de mi pecho, lejos incluso del contacto abierto sobre los pezones (que pese a todo seguían grandes y duros como rocas) me estaban pareciendo poco más que un juego infantil. Yo estaba sobre excitada; entendía que para ellos aquello debía ser un calentamiento, una aproximación, qué sé yo, o que Nuria no era tan bruta como yo pensaba, en el fondo, pero a mí me estaba enervando. Y aquello seguía, y el caso era que yo empecé a escuchar a María algún gemido, y me preguntaba qué le estaría haciendo Nuria, porque era impensable que no estuviese jugando un poco con nuestra amiga, igual que Pablo, en realidad más que él, claro, y me hacía pensar si de verdad con tan poco se estaría calentando, o es que acaso Nuria estaba ya pasando a mayores, y en ese caso por qué Pablo no lo hacía igual conmigo... Y, y eso sí me sorprendió, de repente escuché un par de gemidos a Nuria.

 

Abrí los ojos con cuidado para que él no me viera. No había problema, porque mi primo se había girado también hacia mi amiga. Hacía un rato que le notaba raro, no me masajeaba del todo bien, pero no entendía qué más podía estar haciendo. Mi sorpresa fue ver cómo Nurita se había agachado un poco en su masaje sobre Mer, y al hacerlo sacaba el culo en pompa hacia Pablo. Sin duda se habrían chocado alguna vez estando ella así, porque el espacio entre las dos tumbonas en realidad solo permitía a una persona desenvolverse con libertad, y estando los dos el contacto físico era inevitable… él se habría dado cuenta de lo que tenía allí y... claro, con el semi tanga de Nur, sus nalgas casi se le salían, aunque con menos descaro y más morbo que con el tanga que llevaba yo, claro… Ella tenía la parte central, con aquellas delicadas tiras de encaje, incrustada desde la mitad en la entrepierna, con la tela aún húmeda muy pegada a su cuerpo en su zona más íntima. Y el cerdo de mi primo tenía la cara pegada ahí, pero debía llevar un buen rato y cuando yo empecé a verle, él se había pegado del todo, metiendo la nariz y la cara en la raja casi desnuda de mi amiga.

 

Y Nur gemía, debía de estar feliz, disfrutando de su rápido e inesperado éxito. Mi primo me tenía tumbada ante él, con los ojos cerrados y casi en bolas bajo sus manos, abierta a cualquier tipo de contacto físico. Pero él había elegido a Nuria para hundirle la cara a ella en su coño. Joder, hay cosas con ella que nunca jamás cambiarían… Y lo peor fue que le vi a él empezar a meterle la legua por detrás, tal cual, con fuertes lametones, estirándola bien, seguro que le estaba chupando el chocho a mi amiga ¡joder! ¿Cuántas veces había alabado yo el culito de Nuria aquella semana, delante de él? Aquellas dos nalgas, firmes como rocas, y ese paraíso mágico e irreal entre medias, sus gruesos labios mayores, los menores colgándole, negros, delicados y brillantes, hacia delante, y ese ano delicioso, que la muy zorra no dejara taladrárselo a nadie tenía cojones, pero lamérselo, chuparlo, eso a veces era posible, su delicioso sabor, mezclado con sus flujos, es manjar de dioses, y entonces a ella le da tanto gusto, comerle así el ojete y el coño mientras le sobas el duro culo, y ahora era mi primo pequeño quien le estaba metiendo su lengüecita por toda la raja a mi amiga y estaría paladeando su sabor... me dio envidia, unos celos brutales, pero como me di cuenta que realmente casi tenía más celos de él que de ella, me callé y no dije nada pero.. ¿qué iba a pasar ahora?

 

Aquello fue largo, lo mires por donde lo mires, más largo de lo aceptable y soportable. Mer seguía con sus gemiditos absurdos, porque fuera lo que fuera lo que sentía bajo las manos de Nuria, debía ser una niñería comparado con el juego bucal de mi primo con el culo de aquélla. Y yo que en realidad lo que deseaba era estar en la piel de él, hundiendo la carita en tan maravilloso jardín, me apetecía tocarle tanto el culo a Nuria... intenté concentrarme en el masaje de Pablo, pero era difícil porque en ese momento se limitaba a hacer que jugaba con mi mano, sin la menor pasión. 

 

Por fin, vi como Nur empujaba la cara de mi primo con una leve culada. Él trastabilló un poco, más por la sorpresa que por otra cosa. Igual se pensaba que nadie se había dado cuenta de lo que estaba haciendo. Pero Nur se había girado, y le miraba directamente. Aunque primero sus ojos se habían parado en los míos, dedicándome una enorme sonrisa. Luego le miró a él, y le dijo:

 

- Muy bien, primo… pero ahora vamos a empezar con lo bueno, las piernas, hasta ahora ha sido un calentamiento, pero ahora las vamos a llevar a la gloria, ya verás, y si todo va bien, luego podremos hacer con ellas lo que queramos, ¡jajajaja! Así que, a partir de ahora, te quiero centrado en el cuerpo de tu prima, y nada de jueguecitos con la profe, ¿vale?

 

Nurita acompañó su escandalosa risa con un guiño a mi primo, sin duda como un mensaje de los grandes acontecimientos que podía esperar a partir de ahora, pero también dando su aprobación a lo que él acababa de hacerle en el culo. ¿Cómo tomar aquello? Porque, sin embargo, había sido la propia Nurita la que había cortado la situación, y eso que podía haber sido todo más largo, o más intenso si ella hubiese colaborado en lugar de solo dejarse hacer, o haber continuado de mil lujuriosas maneras. Pero Nur, a pesar de su experiencia (bien sabía que mi amiga en casos similares siempre se crecía, por temperamento, forma de ser y por convicción, siempre decía que si hay un mínimo roce hay que aprovecharlo antes de que se apague, que con muy poco se puede llegar a provocar un incendio...) y sus indudables ganas, había estado bastante pasiva, la verdad. ¿Podía ser, sin más que estuviera excitando y controlando voluntariamente a Pablo, igual que trataba de hacer yo desde hacía días? ¿Realmente estábamos las tres haciendo eso mismo? ¿Y mi primo era capaz de soportarlo...? Aunque, sólo pensar en los premios que había tenido ese mismo día… había tocado culo y chocho a Meri, había comido culo y quizás chocho a Nur, y a mí me había hecho una mamada monumental, al margen de otras barbaridades, y por encima de todo, la paja de Nuria a él...

 

Pero Nuria seguía mandando. Era curioso ver cómo estábamos los tres callados, pendientes de ella que era la que dirigía todo, como una directora de una orquesta libidinosa, húmeda y caliente que sólo era capaz de tocar melodías sexuales. Mer había mantenido los ojos cerrados en todo momento, sin parar de emitir sus leves y ternos gemiditos, aún cuando Nuria hizo mención expresa a los “juegos” de Pablo con su profe, es decir, con ella misma… sin duda que la experta masajista estuviera en ese momento amasando eróticamente los pechos de nuestra amiga, había contribuido a mantener su curiosidad dormida.

 

Por su parte, Pablo obedeció, sumiso, y obviamente aún temeroso de lo que acababa de hacer con mi amiga, delante de mí y a plena luz del día (por otro lado, lo cierto es que él siempre era lanzado para cualquier cosa, aunque su inexperiencia le hacía aún sentirse mal al no saber cómo continuar nunca lo que empezaba). Siguiendo a Nuria, se separó de ella, se giró, y dejó mi brazo. Su sorpresa al verme con los ojos abiertos y mirándole fue mayúscula. Yo hice como Nuria, le guiñé un ojo, y no le di mayor importancia, así que volví a cerrar los ojos, aunque confieso que deseé besarle en aquel momento, pero sólo porque tenía la boca y los labios brillantes de flujos, y pensé en lo delicioso que tenía que ser el sabor de aquellos labios, de su lengua, bien untados en los olores del culo de Nuria.

 

- Pues vamos… Ahora nos ponemos abajo, y vamos a empezar con las piernas ¿vale? Vas a ver cómo le gusta, esto a tu prima le vuelve loca, le pone como una zorra. Y además, hay que decir que las patas de Lau son excepcionales, sólo de tocarla ya te estás corriendo del gusto, esos muslos duros, esas pantorrillas, mhhhhh, ¡se me deshace el chichi solo de pensarlo!, ¡¡jajajajaja!!

 

Abrí un poco los ojos para mirar a Pablo. Evidentemente iba algo abatido ante aquel huracán que parecía estar jugando con él con completo desparpajo, pero también es verdad que la descarada intención de provocar de Nuria tampoco sorprendía ya a ninguno: después de todo, los cuatro sabíamos bien hacia lo que íbamos, aunque seguramente los cuatro, incluida Nurita, estábamos todavía dudando de cómo iba a acabar aquel episodio.

 

Pablo y Nuria se colocaron a nuestros pies. Mi primo parecía cortado, encogido, temeroso. Volví a cerrar los ojos, y me dejé llevar. Iba a empezar lo bueno, y quería dejarle espacio para que pudiera llegar hasta donde se atreviera por sí mismo. Pero aquello lo hacía sin dejar de preguntarme si yo todavía estaba controlando la situación, aunque fuera mínimamente, o alguno de los dos se había puesto ya definitivamente por delante, y yo no era capaz de darme cuenta todavía.

 

- Venga, sin miedo, vamos a empezar por los pies, pero rapidito, que no se nos enfríen estas ninfas…

 

Ni que decir tiene que un buen masaje de pies es siempre para mí una de las cosas más eróticas que me pueden hacer, es que siempre que me han hecho uno he visto las estrellas, a mi que no me hablen ni de reflexoterapias ni de masajes relajantes, soy tan fetichista con ello que siempre he sentido ardores y deseos inconfesables y, por lo general, todos han acabado siempre en mucho más que caricias, a la larga, o en seguida. Pablo tenía ya cierta habilidad con ese tipo de masajes, porque en el corto tiempo que le permití acercarse sexualmente a mí durante el año anterior, le había hecho entrenar bastante, jiji… aunque pude notar lo mucho que mejoraba la cosa cuando se ponía a probar las nuevas técnicas que copiaba de su maestra Nurita. Pese a lo excitante de la situación, conseguí relajarme un poco, aunque no completamente, ya que permanecía en alerta esperando lo que sabía que iba a llegar...

 

- Y ahora, vamos subiendo, úntate más aceite en las manos, Pablo, tienes que deslizar bien por esa piel suave y tersa... Las dos manos juntas, así, firme, siente su piel, su carne, su calor, ¿está caliente, verdad? Lau siempre se pone caliente cuando la tocan así… arriba, arriba, te aseguro que esto le está volviendo loca a Lau, le da un placer enorme, pero es que con ella, si lo haces bien, serás capaz de sentir tú el mismo placer o más todavía que ella… como me está pasando ahora a mí con este cuerpazo que tiene María, que es que me corro de tocar estas piernas tuyas mi amor...

 

Posiblemente Nuria se estaba pasando con sus expresivos comentarios pero, al menos por mi parte, puedo decir que no le faltaba razón en lo de que tanto mis piernas como las manos de mi primo, estaban echando humo.

 

- Muy bien Pablito, sube hasta arriba del todo, sin miedo, y ahora gira tus manos hacia fuera y hacia dentro del muslo, y vete bajando de nuevo...

 

Pablo hizo el cambio de sentido para volver pierna abajo a una prudencial distancia de mi pelvis. Escuché un gritito de María. Por lo que parecía, Nuria había frenado un poco más tarde y sus manos debían haber llegado a rozar el comienzo mismo de sus muslos en las ingles de su amiga, que debían estar completamente híper sensibilizadas en aquel momento...

 

Nuria siguió, sin más:

 

- Así, así, hasta abajo,... ¡y volvemos a subir igual!

- ...

- Vamos, vamos, hasta arriba, más arriba, no te cortes, primo, tienes que llegar hasta el finaaal...

 

Pablo me rozó el borde del tanga, tocándome con fuerza los pelos que se me salían con la yema de los dedos. La sensación fue placentera, sentir ese tirón en mis pelos y en mi piel hizo que se me abriera del todo el coño; con las braguitas tan pequeñas tenía las ingles absolutamente al aire, y aunque sólo fue un roce, tenía esa parte extremadamente sensible... Mer soltó otro gritito.

 

- Bien, mejor, mejor, mira cómo suspira la zorra, le está gustando...

 

Yo pensaba en la imagen que debía tener, con las piernas abiertas, las bragas enanas y transparentes, menos en la parte que cubría los bajos de mi vulva, pero que debía estar empapada, el clítoris hinchado asomando por arriba, visible bajo mi mata de pelo, las tetas al aire, la cara seguramente desencajada por el calor, el deseo y el placer... Nuria nunca tenía el menor pudor en insultarme y llamarme zorra, sin necesidad de estar follando siquiera… pero es que en aquel momento debía de parecer realmente una putita caliente.

 

- María, tranquila, mi niña, tranquila… no quiero que me la líes antes de tiempo, que estás muy caliente, jajajaja...

 

El tono de Nuria era abiertamente sexual, pero eso era algo que yo ya no podría detener, a no ser que acabara con aquello cortando por lo sano, y para mí eso era imposible, porque de hecho me era ya imposible renunciar al contacto físico directo con mi primo.

 

- Vamos, mi niño, que ya las tenemos.

 

Repitieron el movimiento un par de veces más. Pablo me rozó de nuevo igualmente la primera vez, mientras que la segunda no se atrevió a subir tanto. Nurita, en cambio, debió terminar con un paso más allá, ya que el último grito de María no fue nada disimulado. 

 

- Lo siento... - la oí suspirar. Pero Nuria estaba más atenta a mi cuerpo que al de María.

- Vamos, Pablo, no te cortes, ya ves que no pasa nada, todo el cuerpo de la mujer es masajeable, absolutamente todo, hasta el último rincón y tú y tu prima tenéis confianza... ella no se va a molestar ahora porque le toques el pelo del coño, hombre, si habéis hecho cosas mucho peores... - Nurita, te mato, pensé... ¿de verdad vas a llegar a…? - Además, por definición, en un masaje todo lo que es visible es tocable, y masajeable, la misma Lau te ha dejado claro hasta donde puedes llegar de momento, quedándose solo con ese mini tanga para… mira, vamos a repetir este mismo movimiento pero sólo en el muslo, empieza cerca de la rodilla, gira la mano con fuerza, de fuera a adentro, de fuera a adentro, así, así, otra vez, vete subiendo cada vez un poco más...

 

Las manos de mi primo avanzaban por mi muslo, masajeando, apretando mis carnes, acercándose cada vez más al centro del calor, mhhhh... ¿Hasta dónde quería llegar ella? Bueno, sus últimos comentarios habían sido bastante explícitos, "todo lo que es visible es masajeable" ¿incluía eso mi pubis? La verdad, no le faltaba razón en lo de que poco tenía que no se me viera, pero es que si teníamos en cuenta la transparencia del tanga, entonces sólo se me salvaba la vulva, con suerte, porque ni siquiera el clítoris, o el ano, aunque ese al menos permanecía aún escondido entre los pliegues de mi culo. En cualquier caso, mi exposición era total, y Nurita estaba dispuesta a sacar partido de ello. María estaba gimiendo de nuevo, su masajista avanzaba más rápido que mi primo…

 

Sentí que él llegaba ya a la altura de mi coño... ¡¡ouch!! el muy cabrón me acababa de meter dos buenos roces en la vulva, directamente, sobre la tela opaca y empapada del final del tanga... joder, eso no era exactamente la parte visible... o quizás ya sí, porque entre la rascada de coño que me acababa de meter mi primo, y lo caliente y húmeda que iba yo a esas alturas, temí que se me estuvieran saliendo los labios por los lados del pequeño y maltrecho tanga. Contuve una exclamación que sonó como un jadeo ahogado. 

 

- ¡Vamos! - calentó Nuria. – Así, Pablo, así te quiero ver…

 

Animado por Nuria, las manos de Pablo subieron todavía más. Aquella vez me masajeó la ingle en sí, de manera específica, y sus dedos entraron ya bajo la tela del tanga sin rubor, importándole poco lo que se veía y lo que no, aunque lo hiciera solamente para incidir en el masaje sobre la ingle, no para aprovechar para tocarme más el pubis ni el coño de manera directa. No podría asegurar que Nuria estuviera siendo tan discreta con María, que aumentó claramente la intensidad de sus grititos.

 

- Joder, Meri, so zorra, ¡que buena estás! tienes unas piernas casi tan deliciosas como las de Lau, estás mazas, tía..

 

Cuando parecía que Pablo estaba ¡por fin! a punto de perder el control de sus manos sobre mi coño, Nuria cortó de golpe:

 

- ¡Muy bien, primo! Ahora cambiamos... ponte así, con esa mano, sí, como pellizcando el muslo desde arriba hacia abajo... ¡joder qué puto calor! no paro de sudar, y encima estoy caliente, este maldito sujetador me está destrozando los pezones, es que los tengo como piedras... 

 

Me costó no abrir los ojos y mirarla, deseaba verle los pezones duros, erectos, incrustados en la fina tela de su sujetador, pero sabía que sería demasiado absurdo, demasiado evidente ceder así a sus provocaciones. Aunque sabía a ciencia cierta que estaría, sin duda, recibiendo en ese preciso momento la mirada más que complacida de Meri y de mi primo, sobre todo de mi primo, a quien sin duda habían estado dirigidas sus últimas y provocativas palabras, tratando precisamente de hacerle centrar su mirada en el pecho de ella.

 

- Y ahora, la otra mano, así, al revés, hacia arriba. Una vez, otra, más..., firme, aprieta, fuerte...

 

Aquella parte fue súper agradable, aunque más tranquila, lo que no quitaba que ya era inevitable sentir los constantes roces de sus manos sobre mi coño, como algo perfectamente normal.

 

- Bien, primo, vale, cambiamos de pierna... joder... ¿estás bien? si te resulta demasiado...

- No, no, ¡estoy bien! - se apresuró a contestar Pablo con voz ahogada.

Nuevamente, me contuve para no mirar. ¿Qué había pasado? Suponía que mi niño debía de estar poniéndose cachondo, como nosotras. Era inevitable, claro. Solo que su caso tenía que estar siendo todavía mucho más evidente... y mucho más peligroso. Maldita sea, la puta de Nuria lo estaba llevando directo al precipicio a toda velocidad, y no parecía dispuesta a frenar.

 

- Pues vamos, vamos, empezamos con la otra pierna... desde el tobillo, ¿recuerdas? con las dos manos... más aceite... subimos hasta arriba del todo, bien, así, es muy importante masajear las ingles bien, sobre todo dedícate en hacerle las ingles, es una parte MUY importante Pablito...

 

En la otra pierna todo fue más rápido y evidente; Nuria en seguida subió el ritmo, y descartó velozmente la parte inferior de la pierna, para aplicar su masaje directamente sobre el muslo, centrándose en la parte más alta y su cara interior. Pablo se volcó expresamente en mi ingle, tal como le estaba pidiendo ella… Así, sus manos revoloteaban sobre mi coño, se perdían ingle abajo por la cara interior del muslo, hacia la vulva y el ano, y yo me moría, y ahí empecé ya a gemir abiertamente como una cerdita, igual que Meri, y directamente me dio igual ceder ante el chantaje de Nuria, ella se había salido con la suya, pues bien, pero es que era absolutamente gozoso, y qué si ahora mi amiga le ordenaba a Pablo sacarse la polla y penetrarme, ¿y qué?... espera... ¿la polla?

 

Abrí los ojos... como era de esperar, la tremenda verga de mi primo, que estaba ya completamente erecta, se le había salido de su mínimo calzoncillo. ¿Solo yo me daba cuenta? Seguro que la zorra de Nuria estaba disfrutando como una guarra de aquella visión... se estaba ensañando con el coño de María, porque lo de ésta ya eran jadeos declarados. Nuria estaba cargando al asalto.

 

- ¡Venga, venga, venga! ¡Vamos primo! ¡No te cortes ni un pelo ahora!

 

El cipote desnudo de Pablo se bamboleaba peligrosamente arriba y abajo sobre mi cuerpo, pero su brutal erección lo mantenía a salvo, haciéndolo bailar siempre bastante más cerca de su cuerpo que del mío.

 

- Vamos, que ya la tienes, súbete encima de Lau, ponte sobre ella ahora, una pierna a cada lado, que vamos ahora con las dos piernas a la vez...

 

¿Eh? Se había saltado medio masaje en la segunda pierna... ¡joder! Pablo me estaba masajeando las dos ingles a la vez, apretando al hacerlo el monte de venus y sobando toda la carne debajo de las tiras laterales del tanguita, haciendo que mis labios se estirasen, se apretaran, abriendo y cerrando mi coño que boqueaba haciéndome soltar flujos como a una guarra.

 

- Bien, bien, bien... vamos, sube más, hasta arriba del todo... 

 

María gritaba fuerte. Yo también. 

 

Y, lo peor, el propio Pablo empezó a jadear...

 

Al inclinarse más hacia arriba, para descargar toda su furia sobre mi sexo, su pene cayó con violencia sobre mi cuerpo. Sentí su capullo empapado y caliente abriendo surcos sobre mi vientre, empujando hacia mis tetas y dispuesto a soltarme allí su semilla. Ya el preseminal caía abundante, mezclándose sobre mi propio sudor embalsado en el canalillo intermedio de mi abdomen. Yo tenía abiertos los ojos y miraba a Pablo fijamente ya, sin disimulo… su enorme verga, en un último alarde, salió hasta los huevos de su slip, enorme, dura, ardiente, y se frotaba por sí sola contra mi vientre en cada movimiento del masaje de Pablo que, por otra parte, se centraba ahora exclusiva e impúdicamente en los laterales de mi coño, dejando que sus dedos deslizaran hasta recorrer por completo mi húmedo pubis y mi empapada vulva.

 

- ¡Vamos, vamos, Pablo! ¡Muy bien, pero no te pares ahora! ¡Entra! ¡¡¡Entra, jodeeeeerrr!!! - ordenó Nuria cabreada.

 

La miré un segundo. Tenía la vista fija sobre el paquete de mi primo, su polla tiesa frotándose contra mi cuerpo, su erección desnuda bajo la vista de ella, que vigilaba cómo el cipote me masajeaba por sí solo el vientre mientras que las manos de Pablo, siguiendo sumisas sus órdenes, atravesaban por fin el filo del propio tanga de Nuria, y se perdían del todo y plenamente ya en mi pubis, pellizcando, apretando, frotando primero el monte de venus, hasta que mi clítoris excesivamente excitado les salió también al encuentro. Nurita lo había hecho demasiado bien, y yo me había puesto brutísima. Sin llegar a los extremos de aquella mañana con ella, pero podía decir que estaba empalmada, y que mi primo, por primera vez, me lo estaba tocando abiertamente con sus pulgares aunque, evidentemente, no se daba ni cuenta de lo que tenía entre manos. Joder, cuando pienso que llevo años sin sentir una erección de clítoris ni medio parecida a aquellas, y en eso días con Nuria y Pablo, en cambio, no se me dejaba de salir todo el rato…

 

Mis jadeos en aquel momento se hicieron escandalosos, resonando en el jardín, y Pablo me acompañó sin rubor. Por primera vez ahogamos los de María. Y aquell fue la señal, claro.

 

- ¡¡¡Joooooodeeeer Pablo!!! - escuché a mi excitadísima amiga Mer, sin duda sometida ya a tocamientos aún peores por parte de Nuria.

 

La miré. Y miré a Nuria, avergonzada. Sentía el nabo de mi primo desplegado y caliente sobre mi cuerpo. ¿Y ahora qué? me pregunté, ansiosa.

 

- ¡Jodeeer, Pablito, tío! - soltó Nuria.

 

Quiso parecer cabreada, pero se la veía nerviosa, jadeante. ¿Se le había ido de las manos? No, no creo, me da la sensación que detuvo el tema justo cuando quiso, cuando se hizo abiertamente evidente, pero aunque fue brutal, excitante hasta lo impensable, hay que reconocer que nunca fue realmente peligroso. Nuria estaba midiendo milimétricamente bien los tiempos y las reacciones. Saltando desde el cuerpo desarmado de María, que intentó incorporarse también para poder disfrutar mejor de la visión del cipote duro de mi desnudo primo, se plantó de un brinco junto a él.

 

- A ver, a ver, Pablo, tienes que controlarte, tío, si te excitas más que ella no llegamos a nada... se supone que las que reciben son ellas, ellas son las que tienen que... disfrutar del placer, de tus manos, ya sé que tocar un cuerpo así es muy excitante, y más si es un cuerpazo como el de tu prima, pero tío, esto...  dijo, cogiendo un segundo su verga - esto es demasiado, porque si te corres tú antes que ella… Vamos, ven... así no puedes seguir...

 

Me quedé congelada ¿pero qué pretendía? No se atrevería a... Por un momento, la imaginé masturbándole, incluso comiéndole la polla en plan “tengo que calmar al niño”, joder, en momentos así todo era posible con Nur.

 

- Sal, sal de ahí... - estaban los dos en el espacio entre las dos tumbonas. Entre la verga caliente de Pablo y el cuerpo sudoroso y excitado, el cuerpo sublime de Nuria, casi no corría el aire. - Vamos, vamos, hay que hacer algo y rápido, no tenemos tiempo para que te vayas ahora al baño a pajearte, así que... vamos a ver... - Luchaba por no incorporarme como María, por disimular que me moría de terror, que quería matar a Nuria, que estaba dispuesta a hacerlo si le tocaba un solo pelo a mi primo... - Venga, esto fuera, esto ya no te sirve para nada... - se agachó y empezó a tirar de su arrugado slip.

 

Ooooooooooh. Su cara pasó a milímetros de la verga empalmada, pudo oler, ver, sentir el calor de cada fracción de su miembro, hasta caer de rodillas ante el divino falo, nuestro ídolo mágico de aquellos días, y empezar a bajarle el sudado calzoncillo, que se le iba enrollando a mi primo en las piernas mientras Nuria, con la torpeza que produce el ansia, trataba de desnudarle por completo, por primera vez en su vida. El momento en que ella se puso de pie, con los pezones disparados y visiblemente alterada (creo que jamás la había visto así, la paja de antes había sido la primera confrontación directa con la polla de él, aunque ya se la había visto y tocado antes, pero es que la manera en la que acababa de desnudarle había sido tan intensa...) fue monumental, decisiva, apoteósica.

 

Se quedaron un momento mirándose, mi primo, joven, casi niño, pero casi tan alto ya como ella, la experimentadísima mujer...

 

Pareció que estaban a punto de besarse. A Pablo se le veía indefenso, desarmado a pesar del brutal cipote, un portento físico pero sin las armas necesarias para hacer lo que realmente quería, lo que sin duda estaba deseando, que era follarse allí mismo y ya mismo a mi amiga... Empezó a resoplar, a respirar con dificultad. Nuria, por su parte, suspiró. Ella también quería tener sexo con él, pero en cambio, le sobraba experiencia. La suficiente como para calcular que aquel no era su momento. Todavía.

 

Se giró, se separó de él, y recogió una toalla del suelo. 

 

- Date la vuelta - le ordenó tajante, mientras volvía hacia él.

 

Mi primo quedó, desnudo integral, con una trempada absoluta, de cara a María y a mí. Ojalá todos mis masajes fueran así, pensé. ¡Qué espectáculo! María babeaba, literalmente. Yo, por mi parte, tenía las bragas empapadas y notaba que estaba mojando la toalla que había colocado para acostarme en la tumbona.

 

Nurita le pasó la toalla bajo los brazos, a la altura del pecho, anudándosela por detrás. La polla empujaba con fuerza algo más abajo, amenazando con salir, buscándonos a María y a mí. Nur se asomó detrás de su cuerpo, y comprobó el efecto. 

 

- No, espera... - le desanudó y se la bajó un poco, justo un poco por encima de la altura del glande. - ¡Así!

 

Anudándola firmemente, la pinga de Pablo quedó temporalmente confinada, manteniendo nuestra integridad física y moral a salvo. El peligro había pasado... ¡no lo creía! Desde luego, Nuria era toda una maestra. Tanto que hasta ella se veía desbordada por la situación pero, a pesar de todo, la estaba manejando con gran habilidad.

 

- Bueno, por un rato servirá, aunque sea corto… espero que al menos nos pueda dar para acabar...

- Joder, Nuria, yo no sé si puedo seguir así sin... - se quejó María.

- Ey, ey, ey, Meri... - susurró mi amiga - vamos, se supone que esto es un masaje eh... esto... relajante...

- Pues será todo lo relajante que tu quieras, pero es que estoy... demasiado...

- Bueno, bueno, Meri yo no sé si...

- Yo quiero seguir – las corté tajante.

 

Era curioso, porque eran María y mi primo los que parecían bastante más desquiciados, mientras que Nurita y yo seguíamos relativamente calmadas, seguras de lo que queríamos y de lo que estábamos haciendo... aunque se habían cambiado las tornas, y ahora era a ella a la que se le veía más dubitativa, después del escandaloso parón impuesto por el cipote de Pablo, y que ella había tenido que gestionar tan aparatosamente. Yo, sin embargo, en aquel momento lo tenía todo muy claro: me habían calentado demasiado los dos como para querer parar ahora... al menos quería que él se saciara sobándome las tetas delante de ellas, dirigido por Nur, y quizás, por qué no, que volviera a masajear así mis ingles hasta hacerme reventar de verdad. ¿No querías espectáculo, nena? Me importaba un carajo lo que pasara, pero ya metida en el lío, prefería ir hasta el final.

 

Además, ahora que había quedado claro que Nuria era la primera interesada en no dejarse llevar más de lo debido, porque acababa de parar ella misma y sin presión alguna a Pablo las dos veces, cuando le estaba metiendo la lengua por el culo y cuando empezó a frotar su polla contra mí, renunciando incluso a hacerle una paja que había tenido totalmente a huevo. Aunque es cierto que todo aquello solo lo había hecho cuando Meri y yo le dejamos patente que estábamos viéndolo todo. Jugaba, y jugaba duro, pero también sabía que jugaba con fuego, y hasta parecía haberse asustado.

 

Por su parte, sin duda Meri era también, en aquel momento, una bomba de relojería de difícil pronóstico. Y que explotara Pablo podía ser controlable, o que explotara yo, hasta deseable. Pero una explosión descontrolada de María podía joderlo todo, porque nadie sabía qué tipo de reacciones cruzadas se podían llegar a producir. Y había otra reacción, casi igual de peligrosa, que quizás mi brillante y sádica amiga no estaba teniendo en cuenta: su posible explosión; Nuria estaba muy caliente, y eso se le notaba a la legua.

 

- Vamos, Nurita, seguid... no podéis parar así ahora…

- Joder, Lau…

- Que no nos podéis dejar así, Nur… Meri tiene razón…

- Está bien, pero mejor vamos a hacer algo más suave... vientre y abdomen, ¿os parece?

- Bueno... vale sí, el vientre... ¿y luego el pecho no? - dije juguetona. Nuria y yo miramos a mi primo, que se puso rojo como un tomate.

- ... - por primera vez, Nur estaba sin palabras.

- Bueno, creo que tendré que aguantar... no todos los días le dan a una un masaje como los de Nurita... - intentó reír María, sin duda confundida y asustada ante mi repentina seguridad y lo que se le venía encima, comprendiendo que todo aquello empezaba a parecer casi un pulso peligroso entre Nur y yo. Sin saber cómo, me había vuelto a poner un poco por delante, sacando a penas la cabeza frente al dominio absoluto de Nuria.

- Está bien, está bien, vamos paso a paso. Tumbaos, y relajaos, que se supone que esto tiene que relajar, pero me parece que vosotras dos estáis…

- Bueno... - reímos Meri y yo al tiempo.

- Venga, Pablito... joder, estás muy callado, no te preocupes, que ya ves que no ha pasado nada, y tú lo estás haciendo muy bien, y no te preocupes por eso que es algo normal, si a mí me ha pasado con masajistas profesionales en centros de belleza, no te digo más, que se han puesto palote al hacerme masajaes como tú ¡¡¡jajajjaa!!! - preferí no pensar en momentos así, no me imaginaba, todavía al menos, a mi primito en situaciones como aquélla... (aunque mi niño no iba a tardar demasiado en vivir ciertas situaciones mucho peores que aquella con nosotras, claro… pero no adelantemos ahora acontecimientos) - no debemos avergonzarnos jamás de nuestros cuerpos ni de sus reacciones, joder, y tú además no se puede decir que tengas de lo que avergonzarte, precisamente… bueno, y que además nosotras también tenemos lo nuestro ¿no? ¿o no has sentido los pezones de Laura ponerse como piedras nada más empezar a tocárselos? Por no hablar de que tiene el coño chorreando, Pablo… que se le huele perfectamente desde aquí…

 

Pese a las soeces palabras que acababa de soltar mi amiga sobre mis reacciones sexuales, mi primo no me dirigió la mirada siquiera, sino que directamente la miró a ella, atónito ante lo que estaba oyendo. Luego bajó la mirada, clavándola sin disimulo en los duros pezones de Nuria. Y luego la bajó aún más, mirando la mancha de su braguita, y detrás la de las braguitas de María. Contra todo pronóstico, Nuria se avergonzó al sentirle mirarla así, sin duda por demostrar que ella misma, la viva experiencia sexual en persona, estaba también putita como una niña primeriza de lo caleinte que le ponía hacer todo aquello con mi primo. Así que, turbada y torpe por primera vez, se giró, y siguió:

 

-       Bueno, da igual… vamos a empezar ya – avanzó, ya sin el menor asomo de risa. Jiji, quizás tenías que haber sido más sutil, mi amor, pensé. Aunque... ¿sutil? ¿Se puede ser sutil cuando la verga de mi primo se le sale disparada por erección del calzoncillo y se queda en bolas delante de nosotras, excitadísimo, cuando además estábamos también las tres como auténticas berracas...? – Vamos entonces con sus tripitas, Pablo... - siguió, intentando recuperar la confianza.

 

Nuevamente me dejé llevar, esperando solamente no tener que arrepentirme. Durante un rato solamente se oyeron las indicaciones de Nuria y el roce de las manos de los masajistas sobre los cuerpos casi desnudos, calientes y ansiosos de las masajeadas.

 

- Empezamos con un poco más de aceite, ¿vale? Caliéntalo como siempre, y échalo directamente en su tripa y extiende rápidamente, así, haciendo movimientos circulares.

 

El primer contacto de la mano de Pablo nuevamente sobre mi cuerpo nos supuso un calambrazo brutal a ambos. Él seguía tan excitado como yo, y quizás todavía más, claro. Con los ojos cerrados de nuevo, trataba de calmarme, pero no podía dejar de imaginarle desnudo por completo, empalmadísimo debajo de la toalla...

 

- Con la derecha, así... empiezas a recorrer la parte de abajo del abdomen, sobre el tanga... - Pablo pasó a una distancia prudencial de mi coño, y Nuria no dijo nada aquella vez, pero la agradable presión del masaje en esa parte me revolvió las entrañas, el útero, la vagina, no sé, pero de alguna manera pude sentirle bien adentro. - Y ahora con la izquierda, empezando donde se quedó la derecha, haces un círculo completo, con el ombligo como centro. - Me sentía recorrida por corrientes eléctricas que tenían como centro mi estómago, y que se parecían lejana aunque peligrosamente a un orgasmo débil, o al principio de lo que podía llegar a ser un descomunal y tranquilo orgasmo... - Repetimos, repetimos, repetimos... 

 

La voz de Nurita, carente de todo tono y de toda intención, por vez primera desde que comenzó su juego, tenía ahora un leve efecto sedante, que se compaginó muy bien con el efecto repetido de las manos de Pablo pasando una y otra vez por mi tripa. Mi cuerpo se acostumbró, empapados como estábamos en aceite, nuestras pieles deslizaban de maravilla, y los espasmos eléctricos de mi interior se fueron haciendo más opacos, aunque temía que no estuvieran desapareciendo por completo, ni muchísimo menos.

 

Meri y yo soltamos varios gemidos en algún momento, pero aquello no dejaba de ser algo absolutamente casto y tranquilo. Por un momento todo fue normal entre nosotros, perfecto. Pero yo ya sabía cuál iba a ser el siguiente paso...

 

- Y ahora... eh... mhhh... sube... desliza tu mano derecha... - ¿Nuria estaba dudando, nerviosa? - hacia arriba... pasando por el medio de... del pecho, hasta llegar arriba del todo...

 

Escuché suspirar hondo a María, como quien coge aire justo en la cima de la montaña rusa para tratar de afrontar el pánico de la caída. Y luego, escuché también a Pablo tomar aliento. Su ancha mano empezó a recorrerme, pasando desesperantemente despacio entre mis pechos, tocando a la vez el nacimiento de ambos senos. ¡Brutal! Y había sido sólo el principio. Se detuvo mínimamente entre las tetas, estoy segura de que solamente me di cuenta yo de aquello, y luego siguió hasta terminar su movimiento.

 

- Ahora la otra mano, igual, las vas alternando... - Nuria parecía ya más tranquila, le había costado dar el paso, pero viendo que todo deslizaba tan bien como el aceite, parecía que había ganado firmeza en su voz.

- Bien, ahora... vamos a empezar con los pechos, no sé, Pablo, Lau, yo voy con María, pero si vosotros en algún momento queréis parar...

- ¡Ni loca! - dije riendo -estás haciendo de él un maestro.

M voz salió natural, como si realmente todo aquello fuera normal, o pudiera serlo, como si fuese alguien más de nuestro círculo sexual habitual... en fin. Es que había que joderse ¿realmente quería privarme en el último momento de aquella absoluta delicia?

 

Nadie dijo nada. La voz de Nurita siguió, fría y pesada como una apisonadora.

 

-       Empieza por su teta derecha ¿vale? por abajo y por fuera... así, agárrasela, pero no aprietes mucho, ¿eh? recuerda que es material sensible... y el de tu prima es, además, de primera calidad... - Nurita volvía a coger poco a poco su habitual temperatura y potencia, jiji. Yo me puse bruta de cero (o casi cero) a cien, con sólo sentir a mi primo apretarme un momento la teta así. - y desliza hacia arriba, hacia dentro, girando la mano, apretando suave con dedos y palma, pasando por toda la teta, siempre alrededor del pezón, el pezón es siempre el centro, el eje de giro, - la voz de mi amiga se aceleró, adoptando un tono ahogado, xcitado, jadeante… se estaba poniendo bruta de ver a mi primito estrujarme la teta ¡lo sabía! - agárralo, cógelo fuerte entre el pulgar y el índice, ¡siéntelo! ¿está duro verdad? ¡caliente! Laurita... se le ponen como dos putas piedras al rojo, sus dos canicas, y esas areolas... - Pablo me estaba estrujando con fuerza el pezón erecto, me hacía daño, pero supuse que ella estaba haciendo lo propio con María, por alguna razón no era capaz de seguir.

 

Parecía sin aire cuando dijo:

 

- Continúa, continúa el giro ¡vamos! no te quedes ahí enganchado, desliza hacia abajo y hacia fuera de nuevo... 

Un gritito de María ahogó un tímido gemido mío.

 

Ya empezábamos...

 

- Y ahora con esa mano te apoyas, debajo de su teta, y con la otra haces lo mismo pero al revés, hacia abajo... ¡ohhhhh Pablo! - Nuria gemía ¡porque mi primo me estaba tocando las tetas cuándo y cómo se lo decía ella! Acojonante, pensaba mientras sentía el excitante masaje de él en mi pecho derecho. - ¡Vamos, vamos, repetimos, repetimos, varias veces, alternando las manos!

 

Mi primo básicamente podría hasta haberse cansado de tocarme la teta, porque pasó una eternidad antes de que Nurita se decidiera a seguir:

 

- Ahora vas a masajear ese pezón, tan sólo ese pezón, hazlo con cuidado, es muy sensible, el de ella más que el mío o el de Mer, porque es más grande y se le pone más duro, pero hazlo firme, le vas a dar gran placer a Laurita, a ella le gusta muchísmo esto, contigo tendré más cuidado Mer, los tienes tan sensibles y pequeños comparados con ella... cógelos con el índice y pulgar de cada mano por un lado opuesto, sólo con las yemas de los dedos, la puntita para que no haga daño, aprieta, pellízcalo, suavemente en el centro, y ve deslizando ese pellizo hacia afuera por la gorda areola de Laura, ella la tiene tan grande y abultada que te será fácil a ti, y a ella muy placentero...

 

Así fue, para qué negarlo, jijiji. 

 

- Vete girando, bien, como si fuese un reloj, lo vas haciendo en todas las horas, tirando hacia lados opuestos... - es increíble cómo se puede concentrar tanto placer en un solo punto, ¿verdad? Ufffff…

 

Deseaba verle la cara a Pablo, pero preferí no abrir los ojos, aunque le imaginaba súper concentrado. Meri y yo gemíamos abiertamente, sin cortarnos para nada, aunque suave y discreto aún.

 

- Ahora al revés, el mismo movimiento de dedos, pero hacia adentro, lleva el pellizco subiendo por la areola hacia el pezón, arriba, tiras un poco, y sueltas, ¡plop!

- ¡Ahhhhmm!

- ¿Ves? Le gusta, esto le gusta mucho, con Laura puedes llegar muy lejos, solo usando sus tetas, solo usando cualquier parte de su cuerpo, en realidad, joder, Lau es tan erótica, tan erógena toda su anatomía...

- Nuuur... - quise hacer un reproche, aunque no sé si pareció más un gemido de placer diciendo su nombre... porque estaba tan muerta de placer ya que hasta me estaba mareando...

- Vale, vale, vete acabando, hay que cambiar de teta, ya sabes cómo va, vamos al centro, a ver... así, hay sitio para los dos... ahora tú solo, que yo no te veo, ¿vale?

 

Metidos entre nuestras tumbonas, Pablo se aplicó sin guía sobre el otro pecho. Doy fe de que esta vez estuvo cien por cien conmigo, y no se despistó con el culo de mi amiga. Yo solté mis gemidos, claro, me dio muchísimo gustito aquello, aunque no fue tanto como el que sentí en la otra teta, que quizás por la novedad había agradecido como nadie las atenciones de mi primito... Aunque creo que el problema, en realidad, debía ser que se acercaba por fin el momento decisivo, y yo me había puesto muy nerviosa, no sabía lo que iba a pasar y por eso no era capaz de disfrutar tanto, pensando en el futuro inmediato.

 

- Vamos acabando... - escuché la voz de Nur como una sentencia. La respiración de María sonaba fuerte y agitada bajo el manoseo de Nuria.

 

Yo abrí los ojos. Pablo me estaba mirando a la cara, a la cara, no a las tetas, mientras me sobaba y pellizcaba el pezón izquierdo como jamás había se había atrevido a hacerme anteriormente. Su mirada, igual que la mía, venía a decir ¿y ahora qué? Negué levemente con la cabeza, queriendo decirle que no, que lo que él quería no podía ser, me estaba tocando las tetas de muerte, pero le decía que no podíamos llegar al coito... a pesar de que yo sí que quería más...

 

- Ya está, mi amor. - Escuché a Nuria, para después oír lo que parecía un suave beso. No supe dónde habría besado a María para finalizar su masaje, si en los labios… o en sus tetitas.

- ¡!!Nooooo...!!! - gimió Meri.

- Pablo, ahora, para acabar, pon las dos manos bajo la axila del otro lado de su cuerpo, y desliza hacia ti, alternando las manos, mientras vas desplazándote hasta las caderas... hazlo fuerte, tienes que levantar su cuerpo, estirar bien la piel, ¡aunque ten cuidado cuando estés sobre sus tetas eh! no queremos que Lauri lo pase mal ahora al final, ¿verdad?

 

Sentí un inmenso gozo al tener sus manos aplastándome y sobándome toda con total tranquilidad y especial dedicación a mis tetas, a manos llenas, en al jardín y a plena luz del día, junto a ellas, admitiendo y permitiendo todas esos tocamientos en realidad nada normales sobre mi cuerpo... y luego su masaje por todo mi torso, mi costado, fue francamente reconfortante. Me sorprendió, sin embargo, que cuando llegó a las caderas no se cortó a la hora de sobarme el pubis sobre el tanga, fue de pasada con sus manos, no me lo frotó a fondo como sí hizo con las tetas, donde se detuvo a conciencia, pero sí que me hizo un par de evidentes y contundentes pasadas, tocando pelo, aplastando el monte de venus, dejándome que le sintiera a plenitud. Conozco bien esos masajes de Nur, y ella jamás tocaba el coño en aquella fase... porque en realidad se dejaba el ataque definitivo para una fase final que solo ponía en práctica en las situaciones más calientes y que, a juzgar por sus comentarios, no estaba dispuesta a hacer en aquel momento, como por otra parte no podía ser de otra manera...

 

- Cambiamos de lado... mira cómo sonríe Laurita, parece que le ha gustado... muy bien Pablito, parece que eres un artesano del masaje...

- Con tan buena profesora... - se atrevió a decir mi primo.

 

Por increíble que pareciera, me dio la sensación de que Nuria se ruborizaba. Esta vez se quedaron cara a cara, repitiendo la última tanda desde el otro costado, cada uno en el lado exterior de las tumbonas, enfrentados mientras nos hacían sentir las últimas maravillosas sensaciones del masaje. De nuevo las manos de mi primo aplastando mis tetas, presionando, acariciando mis pezones, la fuerza de su presión y de sus tirones liberando las tensiones de mi costado, de mi torso... y de nuevo su audaz incursión sobre mi pubis, casi jugueteando con los pelos que se me salían por los lados. Nuria le miraba a él con deleite, sonriendo de ver cómo su obra había alcanzado las más altas cotas de perfección. Y, sorprendida también al ver lo que estaba haciendo sobre mi coño, y lo más que visiblemente que a mí me hacían gozar aquellos tocamientos, se sumó a la fiesta, exaltada e irreflexiva por completo, y empezó a hacer lo mismo sobre María... ella gimió muy hondo, en un grito casi orgásmico, cargado de lujuria y desesperación.

 

Nuria acaba de perder el control mirando a Pablo, y le estaba haciendo un masaje de pubis a mi amiga y Pablo, claro, la imitó. No voy a decir que nunca había sentido algo parecido, me han hecho demasiados masajes de cuerpo entero como para no haber recibido también en el coño (por fuera, por dentro del chocho naturalmente que he recibido masajes, pero… ¡es que eso ya no son realmente masajes casi nunca! jijiji). Pero el de Pablo aquel día me resultó extrañamente placentero y sabroso.

 

- ¡Qué ricoooo...! – gemí lentamente.

 

Nuria casi reía, pero con una risa nerviosa y atemorizada.

 

María jadeaba, respiraba tan hondo y se revolvía de tal manera que temí que el masaje la estuviese llevando demasiado lejos. 

 

- ¡Bueno, amores! Pues, teniendo en cuenta que sólo habéis pagado por el masaje básico, esto se está acabando, y no os quejéis ¡que os habéis llevado propina y todo! - dijo guiñando un ojo a mi primo – no sé si esto era lo más apropiado para el primo, pero al fin y al cabo ha sido él quien me ha dado la idea, y Laurita parecía que mucha queja no iba a tener con eso…

- ¡Noooooohhhh! - esta vez el gemido de María fue casi una orden.

- Pero Meri... - intentó objetar Nuria.

- ¿Pero qué? Ni se te ocurra dejarme así, querida...

- Meri no...

- Que quiero más, Nur... que necesito...

- Espera, ¡espera!

- Lo quiero todo, completo, tía, necesito...

- ¡Espera! ¡No! aquí no... él - la cara de Nuria era un poema de espanto ahora. - Espera... vamos a otro lado mejor si quieres... - siguió, alarmada al ver que Meri levantaba el culo para empezar a quitarse las braguitas.

 

Demasiado tarde.

 

Demasiado caliente, todo, todos, ya.

 

Su coño pelado quedó al aire, reluciente de sudor y escandalosamente empapado de sus flujos... mi amiguita estaba excitadísima.

 

- ¡María, tía! - Nuria miró a Pablo y luego a mí. Pablo, que no perdía detalle de la absoluta maravilla que tenía frente a él, se giró de pronto, mirándome a mí anhelante...

- No... Nur, tranquila, tranquila... – me escuché decir a mí misma - quedaos, y así le enseñas... a mí también me apetece seguir... – perdida en la implorante mirada de Pablo, yo no sabía casi de dónde había sacado las fuerzas para decir aquellas palabras que sonaron a definitivas.

 

Las bragas de Meri (mis braguitas sucias que ella llevaba puestas desde el desayuno) saltaron definitivamente por los aires. Sentí vibrar el pene de mi primo, apretado por la toalla que le había anudado Nuria. María estaba completamente desnuda, mojándolo todo con un espeso hilo de flujo blanquecino que escurría por su raja, suplicando con sus incesantes gemidos que alguien entrase a matarla de una vez, mientras se revolvía de ansia en su tumbona.

 

Bien, pues era mi turno… Me metí los pulgares entre la fina tira del tanga, bajo mis nalgas, y empujé muslos abajo. Como no había tela ninguna bajo mi culo salía fácil.

 

- Vamos Pablo, ¿a qué esperas? ¿me terminas de quitar las braguitas?

 

Mi primo temblaba. Miró a Nuria, pero ahí ya no dudó, ni esperó a que yo pudiera cambiar de opinión. Se abalanzó sobre mí y me arrebató el tanga con rudeza. Me quedé abierta, con las piernas algo flexionadas y separadas, mostrándole el potorro todo abierto, toda mi concha, mi pelo enmarañado y manchado todavía de su semen y de mi flujo reseco y empegotado.

 

- Jodeeeer, Lauriii... - suspiró Nurita. Su juego se le había ido de las manos, como ella temía, se le había escurrido entre sus sucios dedos, siempre manchados de flujo y semen…

- Vamos Nur, empieza por diooooos... - Mer ya no aguantaba más.

 

Nuria tragó saliva. El pene de Pablo palpitaba bajo la tela de la toalla, amenazando con hacerla saltar por los aires...

 

- Necesito aire... - dijo Nuria de repente. - Necesito estar cómoda... perdona por esto, Lau... - veloz, se soltó el cierre del sujetador, y lo dejó caer.

 

Su precioso pecho plano, marcado por sus voluptuosos y negros pezones erectos y sus mínimos pechos, nos deslumbró a los tres. Pablo babeaba. La toalla no iba a aguantar mucho más, eso era evidente. Y cuando reventara... ¿qué locura era aquella? Al final tan solo iba a quedar Nuria, cubierta apenas por su tanguita empapado y trasparentoso... De repente, todo se había precipitado para ponerme al borde del precipicio... en realidad, acababa de ponernos a los cuatro al borde del precipicio. Nuria había querido pararlo, y sí, había sido yo la que... claro, y la explosión de Meri...  Pero yo...

 

Sin que él lo tuviera muy claro aún, yo le estaba pidiendo a mi primo que me hiciera un dedo delante de mis amigas. Pero no un dedo cualquiera no, porque si Nuria se esmeraba como acostumbraba...

 

- Vamos, empieza... - la mano izquierda de María trepaba implorante por el cuerpo casi desnudo de Nurita. Ella suspiró y, sometiéndose al inevitable destino...

- Bueno, primo... esto que vamos a hacer no es lo más habitual, eh...? sólo lo harás en contadas ocasiones... cuando el masaje corporal realmente te lleve a ello... cuando la mujer con la que estés te lo esté pidiendo así, como María ahora conmigo… como tu prima con… no sé, quizás eres demasiado joven, pero por lo que nos cuenta tu prima, en fin... ella lo ha querido, y ella sabe lo que es mejor para ti, para ella… pero yo sí quiero que esto quede entre nosotros, aunque imagino que lo repetirás, más pronto que tarde, bueno, pero no quiero que jamás le cuentes a nadie que...

 

Pablo tenía sus manos apoyadas sobre mi cuerpo, la derecha sobre las ingles y el nacimiento del muslo, a la derecha de mi coño, la izquierda bajo mi teta derecha. Le notaba temblar todavía más de lo que lo hacía yo misma.

 

- Vamos, Nur, déjate de discursos o María muere. Creo que mi primo ya sabe de qué va esto y cómo funciona. Tú no te preocupes. Esto sigue siendo solamente un masaje ¿de acuerdo los tres? - dije esto de una manera especialmente firme y tajante ya que, a pesar de que era una locura, no quería que "oficialmente" Pablo lo interpretara de otra manera. Era un masaje.

 

Noté que su toalla se aflojaba.

 

- Bueno, primo, vamos a tocar la zona más sensible y delicada del cuerpo de estas dos preciosidades... hay que tratarlas bien, ¿vale...? así que si Lau te pone cualquier tipo de pega, si ves que se queja lo más mínimo, tú paras, escúchala, y obedece. No me hagas tener que pararte a mí, si llega ese caso ¿de acuerdo? Pero tranqui, también, ¿vale? porque si lo haces bien... si lo haces bien, y no dudo que lo harás, estoy segura de que ella te pedirá repetir muchas veces, primo... te lo van a pedir ella… y otras... 

 

Conociendo a Nuria como la conozco, aquella frase y su mirada en ese momento fueron una verdadera invitación: le estaba diciendo literalmente a mi primo que le ofrecía su propio coño para repetir lo que me iba a hacer a mí... Y mi primo lo entendió a la perfección: la toalla volvió a temblar.

 

- Vamos a hacer movimientos lentos siempre, y muy suaves... necesitaremos más aceite... pon tu mano izquierda sobre su pubis, sí, sobre el monte de venus... sobre el coño directamente, me refiero, eso, su parte peluda, vamos, eso es, así, vamos, vamos, bien, no te pares, más rápido, pero suave, calienta, calienta… caliéntala… y ahora baja los dedos, poco a poco, sobre su vulva, la vulva son todos esos pliegues, ¿sí?, la almeja de tu prima, la deliciosa almejita de Laura, los labios, la raja de tu prima, la sientes, ¿verdad? …es tan especial su raja... – dioooossss ¡yo me quería morir!

 

Me parecía increíble que mi coño no estuviera echando literalmente humo al contacto con la mano de Pablo, su tocamiento fue tan delicado, pero tan anhelado también... y yo estaba cachondísima, lo reconozco, mucho más de lo que me creía en ese momento. Pablo resopló, aquello le estaba costando, completamente empalmado como estaba debía estar resultándole imposible mantener el tipo, después de días pajeándose espiándonos cuando nos desnudábamos para tomar el sol, y ahora de pronto estábamos casi totalmente desnudas las tres para él, y Nuria estaba sobando el coño de María y él el mío, completamente partícipe de nuestra desnudez y completamente gozador de nuestro sexo... demasiado para su cuerpo, para su pene ardiente...

 

- Meri.. estás tan caliente... mojas tanto que es que casi no necesitas aceite tía, estás tan cachonda...

- Lau también está muy mojada... - dijo mi primo, con voz entrecortada. Alucinante lo que estaba consiguiendo Nur...

- Sí... claro, Pablo... pero es que ella siempre moja mucho... seguro que tú se lo has notado ya antes, y ya la irás conociendo mejor también… Delicioso... Aún así, usaremos el aceite igualmente, será aún mejor, ya verás... separa los dedos, y echa poco a poco entre los dedos, un buen chorro sí, y ahora siente cómo se desliza y como se mezcla con la humedad del coño de tu prima... ahora vamos a esparcirlo, mueve la mano muy poco a poco hacia arriba... ¿resbala mucho verdad? desde abajo de la vulva, casi desde el agujero del culo, sube, metiéndote bien en su raja, sin miedo, joder mira su cara, Pablo, la estás matando de gusto, entre los labios, hasta arriba del todo, cuidado con su clítoris, el clítoris es eso que le sale por arriba, ten cuidado siempre al tocárselo a una mujer, y más al hacerlo con tu prima, Laura lo tiene muy sensible, pero si se lo tratas bien… oh, joder, Pablo… siente su pelo, su pubis, masajea en círculos... con María tan peladita es más fácil, pero a Laura le gusta el felpudo, jajaja.

 

Nuria estaba volviendo a ser ella misma, aunque se notaba que todo esto no dejaba de sobrepasarle pero, al menos por el momento, el papel de cada uno volvía a estar claro y ella se veía algo más relajada y dispuesta a disfrutar y volver a llevar el mando de la situación. María y yo nos revolvíamos y jadeábamos sin cortarnos, al fin y al cabo no tenía sentido ya ocultar nada, y aquello estaba siendo demasiado ya como para no gozar como una cerda, simple y llanamente. La sensación era extrema, creo que empezaba a correrme, y con bastante fuerza... y todavía no habíamos empezado siquiera el masaje en sí...

 

- Repite, vamos, repite... aunque en realidad esto no es más que un previo para ponerlas a tono, y creo que ellas están bastante a tono ya, demasiado en realidad, como nos descuidemos se nos van... joder, tranquila María...

 

Mer jadeaba rápido y corto, con largos gritos agudos entre medias, yo trataba de contenerme para no liarla demasiado, me aferraba a la tumbona intentando controlarme, pero era incapaz también...

 

- Y ahora, Pablo, vas a conocer de verdad el coño de tu prima, vas a conocerlo como no lo has conocido hasta ahora, como muy pocos lo conocen realmente... Y eres muy afortunado, yo conozco montones de chochos, ¿sabes? Y puedo asegurar que tienes entre tus manos una de los mejores especímenes de la que, sin duda, es una de las mayores maravillas de la naturaleza: el sexo de una mujer; y no es una mujer cualquiera, ni un sexo cualquiera, ni mucho menos, además aprovecha, porque ahora tiene rasurada la vulva, y eso es algo que no es nada habitual en la zorra de tu prima, así que vas poder verla y tocarla perfectamente, hasta el último rincón… prepárate para darle placer...

 

La extrema sensualidad de la insinuante voz de Nurita agravaba todo mucho más...

 

- Mira bien su raja, la vulva de Laura, todos esos pliegues son los labios, hay unos carnosos, separando el coño del culo y los muslos, que son gruesos, lisos, ésos son los labios mayores, y luego otros dos pliegues, como dos colgajos que en ella estarán enormes, porque cuando se excita tan exageradamente a Lau se le hinchan mucho, más oscuras, rugosas, un poco como si fuera la piel de tus huevos, Pablo, aunque tú tienes los huevos más claros que ella… joder, no… dios mío… estarán empapados y manchados ahora, ésos son sus labios menores, muchas tías los tienen dentro del coño y son más difícil de ver, otras los tienen así como los de Mer, suaves, rositas, finos y delicados… los míos son carnosos y suaves, viscosos como una ostra negra, pero los de ella… joder, se le ponen tan jodidamente grandes que se le salen...

 

Nuria debía estar ya entrada en materia con Mer mientras describía las partes de mi sexo a mi primo, porque mi pobre amiga gritaba ya como si directamente se la estuvieran follando. No era para menos, porque cuando Pablo empezó a hacerme lo que Nuria le decía, consumé directamente y de manera express mi primer orgasmo, aunque pude disimularlo con bastante éxito.

 

- Pon los pulgares en los labios mayores, pinza con el índice los menores, y masajea de dentro a afuera, ¿ves?, mira cómo le gusta, cómo se retuerce la zorra... - Nurita se estaba calentando visiblemente, también... - ooooh... María, que maravilla poder tocarte así también, aquí, ahora… ¿disfrutas tú también Pablo? Joder qué bien lo haces, tu prima se deshace cuando la tocas, ¿lo notas verdad? ¿no notas eso? ¡mira cómo huele su coño de zorra...!

 

Lo malo es que, a pesar del orgasmazo que acababa de tener, las caricias y tocamientos de Pablo en mi labios me volvieron a embrutecer de inmediato, y temía absolutamente el paso que venía a continuación... Nurita alargó impropiamente el masaje en los labios, me dio la sensación que en realidad lo hacía para darnos tiempo a recuperarnos a María y a mí... pero daba igual, éramos irrecuperables ya, gritábamos y bramábamos los nombres de ellos...

 

- Vamos, vamos ahora, ahora la vas a matar Pablo, las vamos a dejar listas para... joder, no… da igual, ya verás, sube, sube por los lados de los labios, hacia arriba, apartando esos pliegues, bueno, Laura no, Laura es especial...

- ¡Joder! - exclamó mi primo. Acababa de conocer a mi clítoris casi en plena majestuosidad. Quizás estaba a medio empalmar, pero es que para empalmarme por completo necesito acción total, y aquello al fin y al cabo no dejaba de ser un masaje, con otro ritmo, y además es que todavía no me lo había tocado... quiero decir, todavía no parecía un falo pequeño quizás… pero tal vez sí una muy pequeña polla, lo notaba salido y duro. 

- Tranquilo, tranquilo, Pablo, joder, esto es mejor aún d elo que me esperaba, qué pasada Lau, qué outa pasada, cómo te pone de bruta el niño… eso es su clítoris, primo, tu prima se ha empalmado, eso significa que lo estás haciendo muy bien, que la tienes extremadamente cachonda... todos los coños tienen eso, ¿sabes? Pero casi todas las tías lo tenemos escondido, y más pequeño, nos lo tendrás que buscar dentro de los pliegues para hacer el masaje que viene ahora, a Mer casi hay que tocárselo sobre su capuchita, porque se le nota mucho pero jamás se le ve, a mí si me pones muy caliente igual me puedes ver asomar un botoncito rosado en medio de los labios negros… pero a ella… a ella las pocas veces que está así casi puedes masturbarla como si fuera un tío, bueno, un tío con polla muy, muy pequeña, no un tío como tú, claro, jajaja... pero antes de seguir, quiero que hagas una cosa, desde la base de su clítoris pasa tu dedo corazón arriba y abajo, varias veces, entre los labios mayores y los menores, vas cambiando de lado, así, así, ves cómo gime, cómo se calienta la muy puta...

- Joder, sí, nunca se lo había visto así...

- Nunca la habías visto así, ¿nunca la habías puesto así mi amor? sigue acariciando sus labios, siéntela, siente cómo se excita... ¡Ahora, pajea su clítoris! La punta, Pablo, ¡fóllale la punta...!

- ¡Ahahah ahahahah ahahahahah! 

 

¿Por qué iba a cortarme en gritar? Gemía hondamente su nombre, sí, el nombre de mi primito, porque era él quien me estaba llevando al cielo, pero qué, si me estaba matando con lo que me estaba haciendo… Obedeciendo a Nuria, sus dedos se juntaron moviéndose arriba y abajo por mi pequeño tronco, y luego empezó a juguetear con la parte superior, y ahí literalmente me mató, y él se excitó muchísimo, y se arrodilló para verme mejor, olerme y...

 

- ¡No! ¡No Pablo! ¿Qué coño haces? ¡Levanta! ¡Levantaaaa!

 

Pablo obedeció asustado, pero sin dejar de toquetearme, afortunadamente, porque yo ya me estaba corriendo.

 

Al levantarse, la toalla acabó por ceder y mi primo quedó también plenamente desnudo... solo el semitanga de Nuria nos salvaba ya de un desnudo total de los cuatro, en medio de aquella orgía que habíamos improvisado. 

 

- A ver, joder, que esto es un masaje, Pablo, no una comida de coño, ¿qué te has creído...? No me extraña que se te haya caído la toalla, si es que si te pones a hacer eso te va a reventar la polla, con la caliente que vas también… joder, lo siento, ya veo cómo estás tío... es brutal... ¿te excita mucho Laura, verdad? claro... te reconozco que yo también estoy muy bruta mi niño... así que, ¡vamos allá! ¡vamos a follarles el coño, Pablo!

 

Yo terminé de correrme gritando el nombre de él. Ignoro en qué estado podía estar María, sólo sé que gritaba muchísimo también.

 

- Pásale el índice bien por toda la raja, hasta el clítoris, ¿la sientes muy húmeda y caliente, verdad, muy abierta?

- Sí, sí, lo tiene todo abierto, y le chorrea...

- No me extraña, mi niño, teniendo tu verga tan cerca... Métele el dedo gordo, vamos, méteselo ¡así! pon la palma en el pubis, ayúdate para hacer presión, apriétale la carne que queda entre tus dedos, ¡mira, mira cómo grita, cómo se retuerce! jajaja, ¡se están corriendo, Pablo! ¿lo notas? tranquilo, tranquilo, tú tienes que seguir tranquilo, porque ahora viene lo mejor, respira, mi niño de la polla grande, respira y concéntrate… imagina que su coño es un reloj, estás ahora a las doce, hacia arriba, hacia el clítoris ¿vale?, empuja el dedo bien adentro, presionando hacia arriba como te digo - mis gemidos eran desproporcionados - fóllala muy despacio con tu dedo, no masajees, fóllala sin piedad, sin dejar de apretar hacia arriba con el dedo gordo dentro de ella, y al mismo tiempo hacia abajo con los otros, desde arriba del coño, haciendo pinza, suave, suave, delante y atrás, marca tú el ritmo, siempre, tú diriges, llévala, escucha, escucha sus gemidos, ya la tienes Pablo, te sigue, escucha cómo repite tu nombre, cómo lo hace... Laura es tuya ahora, primo…

 

La follada manual de mi primo estaba siendo brutal, sólo sus verdaderas folladas, y quizás la excepcional mamada de antes habían llegado a aquella altura… ufffff, aunque se notaba la mano de Nuria, desde luego… solo ella era capaz de algo así. De hecho se notaba hasta el punto de que María ya no gemía ni gritaba: aullaba.

 

- Vamos, primo, síhhh, siguehhh - parecía por la voz de Nuria que se la estaban follando a ella en aquel momento. Estábamos los cuatro en una caldera a punto de estallar, o mas bien cada uno de nosotros lo era, una caldera a punto de estallar... - mueve tu dedo, avanza el reloj girando un poco, y haz lo mismo, aprieta la pinza, presiona, saca, mete, saca...

 

Yo intentaba no desmadrarme, intentaba mirarle, disfrutar de su desnudez junto a la mía, su pene erecto, pero era incapaz, necesitaba cerrar los ojos, retorcerme, los brazos y las piernas se me movían solos, y mi cuerpo se deshacía en espasmos al maldito ritmo que me marcaban Pablo y Nuria, quizás solo me estaba haciendo un dedo, un magnífico dedo, un masaje erótico completo como sólo Nur o Guille (que de hecho fue quien se lo enseñó a ella) sabían hacerme, ooooooooooooohhhh ¡otro, otro, otro orgasmooooooooooh!, pero más parecía que yo no era más que un juguete sexual en sus manos, los dos estaban disfrutando conmigo, Pablo saciando su sed más sucia de sexo conmigo, Nuria al tiempo disfrutando de él, de su cuerpo desnudo, de su deseable cipote que tanto ansiaba tocar, masturbar, correr, chupar, fornicar... y en parte era ella quien le estaba poniendo así, tan bruto, tan extremo, utilizándome a mí como juguete, como si estuviese usando conmigo un vibrador, un masturbador, un dildo o un anillo vibrador (dudo hasta que haya uno para su tamaño, o los estranguladores que tanto le gustan a Javito que, por otra parte, serían inútiles y absurdos para mi primo, porque con sus erecciones eternas y su agotadora capacidad de aguante parecía que su sobrenatural polla estaba por encima de cualquier tipo de artificio humano).

 

- Cambiamos, alas dos, dale Pablito, joder qué bueno estááááááás... no aguanto viéndote así de cachondo, y mira, mira mi perra cómo está también, Meri, guarra, te estás viniendo por cada hora ¿eh?, mete, saca, mete, saca... ahahahh ahahh ahha ahahah ahhha ¿os gusta eh zorras? ¡cómo gritan, cómo gimen! ¡cómo se corren, tu prima se corre contigo, Pablito!

 

No soy capaz de seguir describiendo ahora cómo fue el agotador camino hasta las siete, hora por hora, su dedo girando en mi interior, su mano aprisionando mi coño, lo sentía sudando bajo la presión de sus dedos, ese masaje es agotador si te lo hacen bien y estás excitada, aunque yo lo estaba tanto, tantísimo que aquella vez hasta se me estaba quedando corto, la primera vez que me lo hizo Guille me fui tantas veces… en todas y cada una de las horas, y más, veinte, veinticuatro, treinta orgasmos, qué se yo... aquella vez dormí durante horas, pero ahora, viendo la verga de Pablito, escuchando la sensual y desenfrenada voz de mi amada Nuria, me estaban entrando unas ganas de follar, pero de follar de veras...

 

Las horas en el masaje siguen y siguen; a partir de las cuatro, la presión se mantiene en el pubis, la vagina está ya temblando, vibrando sin control loca de placer, y el dedito de los cojones hurgando ahora en dirección al culo, las cinco, las seis, las siete, es agotador, todo te da placer entonces, todo lo sientes exageradamente, el ano empieza a calentarse también, a poner de su parte, es una acción total sobre el sexo, las ingles, pubis, vagina, ano, labios, clítoris... mi pobre pollita, sometida a la presión y al calor abrasador de su mano sudada de tanta excitación, y luego llegaron las siete, ahí el pulgar ya no llega bien, toca cambiar de dedo, y Nurita con sus indicaciones manchadas de palabras duras y sucias, nerviosas, llenas de lujuria y ardor, sin pensar lo que dice realmente, porque en el fondo nadie la escucha apenas, Pablo sigue como puede sus indicaciones, pero bien, lo hacía bien, perfecto la estaba siguiendo, y sacó su dedo, dejándome súbitamente vacía, para luego llenarme de nuevo con el índice, más largo pero más fino, pero le notaba más al fondo ahora, siempre recorriendo desde la entrada de la vagina hacia dentro, y llegaba muy dentro, casi al final, aunque al final sólo me llega su polla, la de su hermano, sus pollones me rompen y me pasan, pero él ahora me estaba estimulando todo de tal manera que no había en mí rincón que se salvara, con la mano izquierda presionaba ahora mi pubis, ya que la derecha había tenido que bajarla, pero sus dedos corazón, anular y meñique jugaban dentro de mi raja, hurgando a la vez en mi entrada trasera, aquello seguro que no se lo había dicho Nuria, la eterna virgen anal, mientras que el pulgar acariciaba mi raja por arriba, separando los labios menores, empujando la base del clítoris que salía más y más, mientras que desde arriba de mi coño resbalaban, todo era tan húmedo y pastoso, tan pringoso como un lodazal en el que me revolvía como la cerda que soy, resbalaban sus dedos digo, de la otra mano, desesperados también por penetrarme, y los tres centrales babeaban por entre mis labios mientras la parte trasera de su palma me excitaba el pubis, abrasándome la piel del monte de venus con el roce de mi pelo empapado en mis ácidos fluidos, y la parte delantera de la palma me machacaba el clítoris hecho polla, aunque a él no parecía importarle tanto eso ahora, absorto como estaba en abarcarme todo el sexo como, realmente, jamás había hecho hasta ese momento, ya se lo había avisado Nurita, y seguir follándome con su dedito, las ocho, las nueve, así, eterno, infinito, …hasta las nueve...

 

De vuelta a las doce, los espasmos y estertores se fueron calmando, sus caricias se suavizaron, también Nuria, también él necesitaban recuperarse, jadeaban y resoplaban como si hubieran estado follando materialmente, aunque la polla de Pablo no había dejado de golpear y rozarse con mi cuerpo desnudo, pero como es tan grande habría sido imposible que eso no pasara y, de todas formas, como yo estaba tan mortalmente excitada y sobre estimulada, me daba igual sentir además su tranca desnuda, piel con piel, porque es que ya no había posibilidad física de añadir un nuevo estímulo, un placer nuevo, mayor, a lo que ya estaba sintiendo... Cuando ellos dejaron de resoplar, yo dejé de revolverme, Meri, no sé, creo que se había caído de la tumbona, estaba medio tirada entre ambas, Nuria la estaba matando allí, mientras Mer pataleaba y lloraba, aunque aquella niña tenía que estar a reventar desde su loca mañana…

 

Cuando Nurita pudo, siguió, dando las instrucciones para la traca final.

 

La escuché aterrada, porque supe lo que venía. Aquel masaje terminaba siempre con la estimulación del punto G... "Ahora... ahora Pablo... vas a hacerle algo a tu prima que no olvidará..." lo que para muchos es un mito, algo inalcanzable, inexistente, existe, es muy real... "ni tu tampoco, te lo aseguro, y si lo haces bien, que tengo muy claro que lo harás perfecto, con ella es muy fácil, es que todo lo que tiene que ver el sexo es muy fácil en su cuerpo, ella estará por siempre rendida a ti, porque lo que le vas a hacer sólo se lo han hecho sentir unos pocos..." qué bien me conocía Nuria, sabía de sobra todo lo que sentía y por qué... no puedo decir que lo que me hizo Pablo fuese especial, que fuese mejor o peor que las otras veces que me lo hicieron... sólo puedo recordar como verdaderamente diferente la primera, Guille claro, por la sorpresa, pero las posteriores, en fin, Nuria, Sandra, por supuesto, Lu, mucho más torpe para esas cosas, Meri, tampoco nunca lo hizo realmente bien, Javito tampoco es muy bueno, aunque alguna vez lo logró, Lorena, ella sí, mi niña, siempre tan desapercibida hasta que… no sé, también desconocidos, y desconocidas, líos ocasionales... todas y cada una de las veces fueron absolutas y totales, llegué hasta el cielo, más allá, hasta dónde se puede llegar... "Es muy fácil, verás, ya tienes un dedito, el índice, metido en su coño haciendo las doce, métele otro, el corazón, bien adentro, tu prima estará chorreando, empapadita, va a entrar solo, ya verás, con lo que es su coño y lo puta que la tienes, luego a Laura podrás meterle si quieres hasta tres y cuatro dedos, si se pone berraca, que se pondrá, la mano entera, el brazo hasta el codo, joder, el coño de tu primita se lo traga todo, pero eso bien lo sabéis tú y tu hermano, dios mío qué cipotón primo..."

 

Me daba igual la situación, me daban igual los piropos de Nuria a la verga de mi primo, me daba igual que se lo quisiera tirar, me daba igual que yo también quisiera hacerlo pero no me decidiera, lo único que me importaba en aquel momento era sentirle a él, lo que él me estaba haciendo, notaba su segundo dedo, más grueso que el índice, abrirse paso sin temor por mi vagina, que se dilató de forma automática, sin problema alguno para recibirle, amoldándose a la nueva situación gustosa, qué rico, así estaba todo más apretadito, más calentito...pero aún había sitio para más, tenía razón Nurita, a mí me cabía mucho más... "ahora deberías levantarle un poco el culo, mira ella ya lo busca, ya está con las patas flexionadas, se te ha colocado en situación, qué bien se lo sabe la zorra, qué buena es y qué ganas te tiene, qué bien se porta cuando quiere que le den placer... a mí con esta puta me va a costar más, mira cómo está, cómo la tengo, no se aguanta quieta en la tumbona, se va a caer, aunque está tan caliente y enchochada que voy a acabar con ella enseguida, verás...a Mer le sobran dos dedos, pero con Lau, no, los tuyos son más grandes, métele ya el tercero, no esperes más, tu prima tiene el coño dado de sí de tanto follar, Pablo, te va a pedir todo en seguida…" Sabía que iba a odiar a Nurita por ese tipo de comentarios, pero lo cierto es que, en aquel momento, me calentó tantoooo...

 

Escuchaba los alaridos de María mientras sentía el dedo anular de Pablo siguiendo el mismo lento camino de sus compañeros. Mi coño se abría, efectivamente, ajustándose a lo que le entraba dentro como si fuera líquido, y líquido lo sentía, tal era la humedad reinante en mis partes. "Mete los dedos bien adentro primo, todo lo que puedas, hasta donde te dé... tiene que sentirle al final, ahí es donde está lo que buscas, si quieres que te desee para siempre, busca bien adentro... la otra mano, tienes que ponerla sobre su tripa... no, no, en la tripa, no en el coño, más arriba, bien... aprieta un poco, masajéale allí, y ahora empieza con tus deditos, apriétale hacia arriba, y desliza hacia a ti, tienes que moverlos como si estuvieras llamando a alguien, encogiéndolos… mira, mira, ya la tienes, cómo grita, cómo le gusta a la zorra..."

 

Empecé a sentirle en aquella parte, y enseguida estaba gritando y revolviéndome como Meri. Pablo se dio cuenta de lo que tenía entre manos, y enseguida aprendió a graduar su presión, a controlar mi placer, en definitiva, a manejarme a su completo antojo. Si antes era un juguete, ahora era su marioneta, y tan solo tres dedos le bastaban para someterme. "Bien, lo haces bien, tienes que aprender cuáles son sus límites, cómo le gusta más, graduar tu presión, tu fuerza, su placer, juega con ella, ellas es tu puta ahora, primito, diviértete y mátala de placer, sigue, sigue y no pares hasta que acabes con ella, hasta que te suplique que te detengas..."

 

Llegados a aquel punto, la situación de la tía que está siendo masajeada es absurda, casi denigrante, aunque no creo que a ninguna nos importe. El placer que sientes es único, incomparable e insustituible, no lo cambiarías por nada. En compensación, te ves obligada a entregar tu dignidad, te remueves como un animal, pierdes cualquier parecido con un ser humano, eres sólo coño y sólo sexo, y lo peor, gritas, gritas como un cerdo en día de matanza, grititos absurdos, histéricos. En definitiva, pierdes el control absoluto sobre todo. No es que desees morir, porque sólo deseas más y más placer, pero sientes tu cuerpo de tal manera y hasta tal extremo que te da la sensación que después de aquello no puede haber ya nada más. Fin de la historia, se acabó. Te sientes como si fueras a reventar, literal y físicamente, la explosión final. Y yo ya no necesitaba más, la verdad, había entrado ya en aquella fase terminal, era como si llevase allí una semana completa en la misma postura, con Pablo haciéndome aquello y yo sin llegar a morir, prolongándose mi agonía de manera casi eterna... pero la zorra de Nuria, conociéndome como nadie, soltó su última y definitiva sentencia "bien, ya la tienes, tu prima es tuya, te aseguro que conseguirás de ella cuanto quieras después de esto... pero ahora, si quieres destrozarla, aprovecha tu otra mano, baja tus dedos hacia el coño, sí, como antes, ya sabes lo que tienes que hacer, conoces sus labios, su clítoris, masajea el pubis con la palma, bien, y por delante, bueno, sí, ya veo lo bien que lo haces, no te hace falta lubricante, ya te lubrica ella... ¡joder Meri! ¡¡¡me has empapado, zorra!!!" y ya no escuché más.

 

María acababa de correrse, seguramente Nur ya la había soltado, mientras que el cabrón de Pablo hizo buen caso a mi amiga, y empezó a hurgarme los labios y el clítoris con su mano libre, que hasta entonces había estado masajeándome el conejo con ganas. Ahora, sin dejar de lado mi monte de venus, contra cuyo felpudo restregaba la palma sudorosa, sus largos dedos habían bajado soezmente por las comisuras de mis labios, jugando con ellos, parecía conocer mi sexo mejor que yo, hasta que se detuvo sobre el clítoris, mi pobre clítoris, claro, estaba empalmadita, era imposible no estarlo, no tenía el pene fuera del todo, pero era una trempada suficiente para que Pablo se detuviese a gozar de aquella anormalidad... primero rodeándola, acariciándola por los lados... luego masturbándola directamente con sus dedos, todo chorreba mis flujos, la lubricación era total, por lo que solamente me producía el más intenso placer, era horrible, sólo aquello ya sería más que suficiente para provocarme mil de los mejores orgasmos, pero además su forma de toquetear mi vulva, mmmhhh, y su magistral masturbación de mi coño, era el amo de mi punto G, yo era un trapo para él, nuevamente, y más que nunca, si me hubiese metido su verga, que fácilmente, por hinchada y grande que la tuviera, me habría entrado del tirón sin ningún problema, yo hubiese seguido sin más, corriéndome y corriéndome con él, hasta que él lo hiciese dentro de mí y el mundo se detuviera.

 

Habría sido maravilloso, desde luego que podría haber sido maravilloso si él lo hubiese hecho así, pero lo cierto es que él estaba loco viendo el poder que tenía sobre mí, alucinando de la brutal respuesta de mi cuerpo y de cómo iba encadenando orgasmo tras orgasmo, al grito de "¡qué ricoooooo! ¡qué ricooo Pablooooooo!", y parecía que no sabía cómo parar, creo que me metió el cuarto dedo, temí que me metiese la mano, aunque lo cierto es que con la mano entera es más difícil controlar el punto G, pero eso él no lo sabía.... ahhhhhhhhhhhh 

 

De repente noté que se me cortaba la respiración, se me nublaba la vista, me dio una especie de mareo, un fogonazo blanco que me dejó cegada y un fuerte olor a sexo, a mi sexo como únicas sensaciones, mientras mi cuerpo parecía despegarse de mi conciencia, y sólo era capaz de sentir mis piernas convulsionando por su propia cuenta, y un palpitar luminoso en el fondo de mi cerebro, sin que yo pudiese tener control sobre mis extremidades, sobre mis ojos o boca, ni conocimiento de ningún otro órgano. Era como si me hubiese convertido en coño, como si Pablo me hubiese transformado en orgasmo...

 

- ¡Joder prima! ¡Ahhhhhhh! ¡Qué coño haces! ¡¡Hostia, Nuriaa!! ¡¡¡¡Que Laura se ha meadoooo!!!

 

Bruscamente, sentía que las manos de Pablo me abandonaban, vaciando mi interior. Estaba cubierto de un líquido claro, abundante, pegajoso... joder, me parece que me acababa de pegar la gran corrida encima de él...

 

- ¡Jajajajajaja! ¡Tranquilo Pablo! jajajajaja ¡No se ha meado, mi amor! Es sólo flujo... no me creo que no lo hayas notado ninguna vez cuando ella y tú... joder... Con lo que es tu prima, si ella siempre se corre muchísimo, desde luego siempre moja mucho, pero no es raro que... joder, aunque es cierto que te ha bañado con su corrida...

- ¿Corrida? ¿Quieres decir que... se ha corrido? ¿Ha eyaculado encima de mí? ¿Eyaculado como… como yo? Pero... ¿desde cuándo eyaculan las tías?

- Jajajaja Desde que las tratas así de bien, precioso. Jajajajja. De todas maneras ya te irás dando cuenta de lo excepcional que es tu primita en tantas cosas. No te creas que todas somos capaces de... eso... aunque yo no me quedo corta, si me follan bien, jajjaja... mira Meri, ella ha sido mucho más discreta, aunque me ha acertado también de pleno, yo estoy casi igual de pringada que tú, aunque seguro que tú sabes mucho más rico ahora a Lau... ay, pobre Meri, mi niña, se ha quedado tirada en el suelo... 

 

Mientras mi primo y mi amiga tenían aquella surrealista conversación sobre mis corridas, yo era incapaz ni siquiera de girar la cabeza y mirarles. Mi cuerpo se negaba a reaccionar a mis órdenes, simplemente respiraba intentando encontrar un cierto ritmo, al tiempo que los espasmos, el frenesí uterino, el desastre absoluto que era mi sexo, se iba calmando para poco a poco volver a mi ser y mis sentidos empezaban a reaccionar, a volvían a devolverme imágenes, olores, sonidos, después de aquel momentáneo apagón que acababa de sufrir. Lo peor es que me encontraba tan destrozada, lo que había sentido había sido taaaaan intenso que temía no ser capaz de recuperarme en mucho tiempo, tenía los músculos del abdomen, los muslos, la vagina, la vulva, todo mi interior tan agarrotado que dudaba de mi capacidad de recuperación. ¿Cómo era capaz ese crío de llegar a tales barbaridades, por más que le guiara Nurita? ¡Si había sido su primera vez! Desde luego, el cabronazo tenía un innato sentido para el sexo.

 

- Mira, cuando nos corremos tanto, es lo más rico, todo se vuelve húmedo y caliente, merece la pena que lo pruebes… aprovecha ahora que la tienes muerta y mete tu cabecita entre sus piernas...

- Nuuuuuuurrr... - oí quejarse a María en una especie de lamento.

 

No se podía quejar: ni punto de comparación conmigo, que fui incapaz de emitir sonido alguno cuando noté que la cara de mi primo avanzaba entre mis muslos... Fui incapaz de hacer nada mientras me lamía y me comía, mientras me violaba con su lengua, animado por Nuria, y yo muerta del todo, claro, ni gemir, ni quejarme, y menos cerrar las piernas o apartarle. Estaba tan abierta, por otra parte, que su lengua entró sola, después de relamerme los muslos, los labios, y mamarme el clítoris. Cuando me quise dar cuenta, se estaba morreando con mis labios, succionado mi coño que soltaba más y más líquidos en su boca, mientras su lengua entraba y salía, entraba y salía con la avidez de aquel calamar calamar gigante que me había excitado por la mañana, sin nada que envidiar a la lengua del cerdo del videoclub, solo que mi primo me lo estaba haciendo en el coño, me estaba follando con su lengüita, yo no había querido a su polla, pero él me estaba follando ahora, literalmente, como me habían follado antes tíos de pollas pequeñas, ínfimas, y que ni de lejos tenían la sensibilidad y carnosidad del órgano que notaba en esos momentos perforarme las entrañas. Contra todo pronóstico, aquella lenta y placentera follada fue reactivando todos los resortes que el demoledor tsunami de orgasmos anterior había dejado arrasados. Primero, volví a sentir el calor en mi coño, que pronto se fue irradiando a mis demás miembros, y pronto estaba de nuevo disfrutando como una perra, gritando su nombre y animándole a seguir, atrapando su cabeza entre mis muslos y apretándole contra mí con las manos sucias y sudadas, jadeando salvajemente porque, una vez más, estaba al borde del orgasmo. Hasta que vi a Nuria, sudorosa también, con sus tetitas duras debido a la extrema erección de sus pezones, que evidenciaban una excitación máxima en ella, surgir detrás de Pablo, para agarrarle del pelo y tirar de él, arrancándole de mí...

 

- ¡Eeeeeee! ¡Ya vale, ya vale...! ¿No la estabas escuchando decirte que pares? Joder, Pablo, tienes que aprender a parar cuando una mujer te lo pide… - ¿yo le había pedido parar? Oh, joder… la cabeza me daba vueltas - Se supone que estábamos haciendo un masaje además, primo, ¡no una mamada! Para según que cosas por lo menos es necesario pedir permiso ¿sabes? - soltó, casi en un jadeo, obviando por otra parte que había sido ella misma la que le había lanzado a comerme el coño.

 

Pablo se levantó, quejándose de los tirones de pelo que le estaba propinando Nuria, incorporándolo hasta dejarlo a su altura, delante de ella. Vi erguirse enotnces el brutal miembro de mi primo, de nuevo ante mí, bamboleándose locamente de un lado a otro. ¿Llevaba empalmado todo este rato? Pobrecito, debía estar pasándolo fatal... Joder, y Nurita, claro, viéndole a él, a mí, sintiendo a Meri... ¡No! No…

 

Vi cómo mi amiga rodeaba con sus brazos a Pablo, un abrazo corto, apenas acariciar su pecho, luego bajó los brazos, pero estaba muy cerca detrás de él, debía estar tocándole el culo con su pelvis; su mano derecha bajó por su costado, deteniéndose a la altura del nacimiento del muslo, que apretó acariciándolo con fuerza. Pablo cerró los ojos y levantó la cara, mordiéndose los labios, que tenía mojados y brillantes de mi flujo que, por otra parte, le chorreaba por el cuello y todo el torso. Su cipotón vibró, temí que fuese a correrse... sobre mí... ooooooooohhh ¿con Nurita acariciándole así mientras lo hacía? Yo misma me notaba llevada por la excitación al pensar en algo así. La mano derecha de Nuria apareció, tímidamente, entre los muslos de él... buscando más...

 

- Ahhhhmmfff... joder.. no puedo más, tías... me voy de aquí... - la vocecita quebrada de María rompió el momento mágico.

- ¡Meri! ¿Qué te pasa?  ¿Estás bien?

 

Yo era incapaz de incorporarme, sólo pude girar la cabeza hacia el lado donde estaba ella. Desnuda, manchada de restos blanquecinos, espesos, viscosos, que casi parecían más lefa que flujo cubriendo su cuerpo. Intentó incorporarse, pero tropezó, cayó. Se arrastró un poco, de espaldas, mirándonos, mientras Nurita, asustada dejó por un momento a Pablo y empezó a acercarse a ella.

 

- No, no, de verdad... solamente necesito... joder... ha sido demasiado tías, creo que esta vez os habéis pasado.... ohhhh Nur, zorra, me has matado de verdad, oooooohhh... - María tenía ya a Nuria encima, que estaba estirando la mano para ayudarla a levantarse - no, no, de verdad... ¡déjame! necesito estar sola... mmmmm - haciendo un esfuerzo, Meri se desplazó, arrastrándose como un animal herido, sobre el culo desnudo, con todo el coño abierto hacia nosotros, alejándose asustada todo lo que pudo de Nuria.

 

Estaba claro que estaba a punto de explotar otra vez, pero me temía que no menos que Nurita. O que Pablo. Parecía que yo era la única que realmente había llegado hasta el final de los confines del límite de lo impensable, y de tal manera que me había quedado lo que se dice a gusto. Aunque la zorra de Nuria me había cortado a medias de un último y maravilloso orgasmo, jiji, pero era un orgasmo que, si bien en otro momento habría sido especial, perfecto, en aquel momento, después de la bruta oleada anterior, se quedaba en nada por simple comparación.

 

Lo malo fue que, cuando volví a mirar a Pablo, me di cuenta de que aquello realmente no había acabado. 

 

Si María estaba huyendo desesperada, necesitada de una buena traca final, mi pobre primo tenía una corrida atascada en su verga desesperada por salirle fuera. Lo que pasa es que parece que él no quería correrse allí, a la vista de todas, supongo que por no dar la sensación de que se corría sin que le tocaran siquiera. Bueno, yo ya le había visto pasar por eso otras veces, de hecho era algo que todas habíamos visto alguna vez con otros tíos. Y, si bien es cierto que en muchos casos se trataba de triste eyaculación precoz, sin más, otras veces sentías la gloria que supone hacer que un tío se viniera encima de ti sin siquiera haber llegado a tocarle... y desde luego yo, y creo que mis amigas, por lo que les había contado, teníamos claro que Pablo no era precisamente de los de la eyaculación precoz, pero en fin, si es que no era más que un niño, así que también era normal cierta inseguridad... el caso es que el pobre se abrazaba, se pellizcaba, se golpeaba las piernas, mientras su cipote vibraba de una manera distinta, seguro ya al borde del final, se le notaba, los huevos subían y bajaban alternativamente, todas las señales apuntaban al incipiente orgasmo, su capullo se tensó, y se cubrió de un líquido brillante y muy fluido, que manó de tal manera que le chorreó por todo el falo, hasta para el preseminal es un bárbaro el pobre... el agujero de la punta estaba dilatado, la polla tembló varias veces seguidas...

 

- Joder, joder, joder... ¡nooooooo! 

 

El pobre niño se giró, y dio varios pasos hacia la casa, directo a mi habitación. Pero se quedó parado sobre el césped, temblando. Justo a la altura de donde estaba Nuria, que dejó de mirar a María, y se acercó a él. María aprovechó para la escapada definitiva, arrastrándose hasta la piscina ahora que nadie la miraba. Pero no fue más lejos, no en ese momento...        

 

- Joder, Nur… mi primo… tienes que ayudarle… - le pedí, casi gimoteando…

 

Nurita se había vuelto a poner detrás de mi primo, mientras me miraba casi incrédula. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, conseguí por fin levantarme. Sabía que tenía que estar allí, no podía desentenderme. El primer intento fue fallido, el segundo, muy lento, consiguió que me incorporase. Las piernas me temblaban, sin embargo descubrí que no estaba tan mal. Es más, sentía una descomunal sensación de plenitud que me llenaba de confianza. Eso me ayudó a ponerme junto a Nuria, que se había vuelto a abrazar a mi primo con fuerza desde detrás, mientras besaba su cuello con pasión, al tiempo que restregaba su cuerpo contra el de él, frotando sus plano pecho desnudo en la espalda de él, mezclando los sudores de ambos en espesos goterones, y atizando con fuerza su pubis cubierto por aquel semi tanga empapado contra el culo duro y desnudo de mi primo. Sólo con eso, a él le había bastado ya para empezar a eyacular. Recordé la primera vez que le vi hacerlo, en su casa. Siempre que se corría sin tocarse lo hacía así, a chorro, sin escupir trallazos, sino manando esperma despacito, pero abundantemente, temblando su cuerpo entero y aún más su verga, dura, completamente tiesa. La escena entre ambos era terriblemente íntima, me jodía que fuese así, pero era como si Nuria le estuviese exprimiendo el deseo, sacándole hasta la última gota de semen del cuerpo. Sin embargo, sabía que la mayor parte de esa corrida me pertenecía a mí, lo notaba en mi cuerpo, que había recibido el masaje de Pablo en lo que había sido un encuentro sexual en toda regla para ambos, quizás el mayor que hubiéramos tenido hasta entonces. Yo había terminado, total y absolutamente, y ahora me correspondía también a mí contribuir al menos a que él lo hiciese. Lauri, tienes que marcar el territorio, me dije. No cabían medias tintas, así que, estirando mi mano izquierda, temblorosa, rodeé el falo caliente de mi primo. Él gritó, ahogando luego el grito en un hondo gemido. Mis dedos no se cerraron sobre su miembro, simplemente lo rodearon, rozándolo a penas, mientras lo recorrían arriba y abajo.

 

- Laur... - Pablo se mordió los labios antes de acabar.

 

Nuria acababa de bajar las manos a sus pelotas, que agarró y masajeó sin compasión, firme, delicada y contundentemente, abarcando al completo su caliente y peludo escroto, blanquísimo, entre sus dedos oscuros, largos y delicados.

 

Dos largos trallazos de esperma restallaron en su capullo, saliendo disparados hasta la cara de mi amiga Nuria, que seguía comiéndole el cuello sin disimulo. Yo seguí pajeando con perfecta suavidad aquel mastodonte, mientras mi amiga ordeñaba implacablemente sus testículos. De nuevo volvió al modo fuente, mientras Nurita seguía besándole y frotándose contra él, indiferente al hecho de que su cara hubiese quedado completamente empapada de la leche de mi primo. Miré hacia donde habíamos dejado a María. Ella ya no estaba allí, había retrocedido hasta casi el ventanal de su habitación, sin duda impresionada de lo que estaba viendo, algo que, sin duda, no debía de haberse esperado... tampoco yo me esperaba la grotesca imagen que me devolvió, tirada bajo el vano del ventanal abierto, gritando en el suelo como una perra, piernas abiertas, toda su mano derecha, al completo, hasta la muñeca, hundida en su potorro, abiertísimo y rojo como nunca, mientras la izquierda buscaba su clítoris para machacárselo aún más, masturbándose todo lo que era capaz mientras nos veía a nosotras dos acabar a mi primo. Me puse nerviosa, y entonces empecé a pajearle a conciencia, apretándole el miembro, casi sin darme cuenta.

 

Inmediatamente, un nuevo chorrazo saltó, de nuevo hasta la cara de Nurita. Los siguientes chorretones, mucho menos potentes, cayeron ya sobre el pecho de él. Nurita empezó a esparcirle ella misma su semen por el pecho, por el abdomen, sin dejar con la otra mano de apretar sus pelotas cada vez más dura y doloridas, dispuesta a bombearle hasta la última gota de semen. Su corrida estaba remitiendo, así que yo le solté la polla, y ayudé a mi amiga a untar el cuerpo de nuestro campeón en el premio líquido que ella misma se afanaba en beber, con aquella cara de puta ninfómana viciosa enormemente acentuada por efecto de la blanca leche de Pablo que empapaba su bello rostro.

 

Miré a María, que seguía convulsionando en una brutal paja. Mi primo la estaba mirando también a ella, solamente a ella.

 

Nurita, por su parte, parecía extasiada, desquiciada con la proximidad del cuerpo de él, de sentir lo que acababa de sentir, su potencia, su virilidad, y lo receptivo que había sido su cuerpo con ella, lo bien que había acogido mi primo su entrega hacia él... Sin embargo, el pene de mi primo se había desinflado de golpe hasta la mitad después de la corrida, de alguna manera, también él parecía que se había quedado a gusto...

 

Bien, lo primero era sacarle a él de allí. Aprovechando que mi amiga ya no hacía más que darle ocasionales caricias, les separé de un tirón, diciendo:

 

- Bueno, creo que ya está bien por ahora... nos vendrá bien una duchita a todos. Nurita, ¿te apetece compartir? - ella, con la mirada velada tras una cortina de semen, me dijo que sí con unos ojos temerosos, asombrados, desconcertados, superados por completo, por vez primera en toda su larga vida de entrega absoluta al sexo – Vale, pues primero voy a llevar dentro a mi primo, controlo a Meri y ahora vengo por ti ¿ok?

 

Allí nadie dijo nada. Y menos que nadie, Meri, que seguía dale que te pego, aunque los otros dos también estaban catatónicos. Tiré de Pablo hacia mi habitación.

 

- Vaaaamos primo. 

 

Entramos los dos en el baño, desnudos, y cerré la puerta.

 

- Huuuuuuaaaauuuu. - Solté por fin. Joder, Pablo, esto que no salga de aquí, pero eso que me has hecho ahí fuera... - No pude evitar abalanzarme sobre él y cubrirle de besos, en la cara y en la boca. Inmediatamente, mi torso y mi pecho se cubrieron de su esperma. Él me abrazó también, y me recibió, besándome con pasión, abriendo su boca y entregándose al largo morreo que necesitábamos.

 

Nos separamos, casi sin aliento...

 

- Ahhhhh prima... jajaja ¿de verdad te ha gustado?

- ¿Estás de broma? ¿No se me ha notado?

- No sé, tenía miedo que estuvieses molesta...

- Molesta ¿yo? ¿por qué? - dije acariciándole insinuante - si no era más que un masaje...

- Bueno...

- Jijijijii... aunque se nos ha ido un poco de las manos ¿no? Pero tendrás que acostumbrarte… es que con Nurita todo es posible...

- Prima, no te lo vas a creer, pero creo que necesito descansar un momento para...

- ¿Para?

 

Pablo señaló su polla a medio gas. Yo me reí con ganas.

 

- Primito ¿no estarás pensando que...? En fin, entiendo que el masaje haya sido... excitante, y que el jueguecito con Nurita después de comer... bueno, quiero decir... pero me parece que ya está bien por hoy ¿no? Así que descansa, ¿vale? descansa...

- ¡Laura!

- ¿Pero no querías...?

- ¡Ya sabes lo que quiero!

- Pues lo siento, Pablo, por el momento tendrás que aguantarte... todos debemos aguantar un poco... aún...

- Pero lo de antes...

- Un masaje, Pablo...

- No, me refería a antes, en tu habitación...

- ¿En mi habitación? no recuerdo nada, primo... estaba dormida echando la siesta ¿ a qué te refieres?

- ...

- Vamos, vamos... aprovechemos el último vistazo a estos cuerpazos, jijiji... ¡qué bueno estás, primo! Y no es por nada, pero creo que tu pollita está reviviendo más rápido de lo que esperabas... ¡jijiji!

 

Pablo se puso rojo...

 

- Bueno, cuando te dije que tenía que esperar un momento, no me refería a media hora, ni nada...

- ¡Media hora! Primo, eres la bomba. Y yo tonta por no aprovecharlo, en fin.

- ¿De verdad que no quieres?

- ...no... Que no puedo, Pablo. Además, tengo que ir a ver a María ahora. Seguía un poco rara, ¿no crees?. Será mejor que tú... ya sabes, jijiji – le dije, haciéndole con la mano el gesto de cascarse una gayola.

- Ya... - contestó torciendo el morro.

- Vamos, piensa en lo de afuera... me dirás que te ha parecido poco por hoy… - le dije con una sonrisa pícara. No pude evitar tener uno de esos momentos absurdamente traviesos que me dan de vez en cuando. - Mira - le dije alcanzándole mi bote de desodorante - puedes ayudarte con esto... jijiji... hace tiempo que no lo uso, porque ahora tengo otro tipo de... consoladores... ¡pero qué hago yo contándole esto a mi primito pequeño! Jijiji… en fin, ya sabes a lo que me refiero - le guiñé un ojo; él estaba totalmente asombrado, sin duda pensando en lo que había hecho en aquel mismo sitio antes de todo el numerito de la piscina - pero ¿sabes? hace años usaba botes de este tipo para, bueno, para eso... y también para… para el culito... los chupaba así... - le di un sensual lamentón, recorriendo el bote como si fuese su falo, que iba creciendo poco a poco, según mi lengua subía por el cristal del bote; cuando llegué arriba, me lo introduje en la boca, chupando con lascivia, una sola vez. Los ojos de mi primo se salían de sus órbitas mirándome hacer aquello. El sabor de su culo era todavía evidente en el bote de desodorante. Debía estar preguntándose cómo podía ser que yo supiera, pero estaba claro que yo lo sabía... Me saqué aquello de la boca, y se lo di. - Vamos, Pablo, date una larga ducha, te vendrá bien, y relájate a fondo, quiero que salgas tranquilito de aquí ¿vale? Muy tranquilo... y vestido, claro. Y no te cojas unos calzoncillos tan apretados como los de antes ¿ok? Entra en la ducha, que yo ahora iré a ver a María.

 

Abrí la puerta y salí de allí. Ninguno de los dos se molestó en disimular el deleite con que observábamos el cuerpo del otro. Mi primo entraba en la ducha, con su verga ya completamente cachonda, y mi desodorante en la mano.

 

- Otra cosa... Pablo, la última... - no pude evitar decirle - ¿Sabes qué es lo que me has hecho ahí fuera? Quiero decir... ehhm ¿sabes como se llama dónde me has estado... tocando... por dentro... quiero decir... dentro de mi... coño? - Mi primo no podía mirarme con mayor cara de asombro.

 

Me miraba el chocho, claro, mientras yo le hablaba de él, pero era normal, si yo estaba desnuda, ofreciéndole mi chocho peludo, mi felpudo que acababa de abrirme y conocer como casi nadie en este mundo me conoce, me había examinado, sentido, experimentado, con la precisión y la profundidad de un cirujano. Su polla volvía a temblar mientras le hablaba, y yo también permanecía enganchada en su enorme joya, su tranca larga, sudada y manchada, blanca, blanquísima en contraste con todo lo demás, excepto su capullo y sus huevos, que si solían ser algo más rosados, ahora estaban rojos, marrón oscuro, supuse que por el trabajo continuo al que los estábamos sometiendo. Pablo no contestó, no iba a contestar, claro, aunque supiera de qué le hablaba era incapaz de hablar de sus dedos en mi coño con naturalidad, casi me resultaba imposible a mí hacerlo... Pero teníamos que ir cambiando eso, y qué mejor que ir empezando ya mismo.

 

- Le llaman el punto G ¿sabes? para muchos es un mito erótico, o incluso un bulo de peli porno absurdo. Otros piensan que existe realmente, que las mujeres lo tenemos justo donde tú me has tocado, y se estimula justamente como tú me has tocado, siguiendo las expertas indicaciones de Nuria... y que esa zona, correctamente estimulada, nos produce a las mujeres el mayor placer, la mayor excitación sexual posible, mayor aún que follar, o cualquier otra cosa ¿sabes primo? los más tremendos orgasmos posibles en una mujer se consiguen así, y no con la polla, y hay quien habla, incluso... de potentes eyaculaciones en las mujeres... ¿Tú qué crees Pablo? ¿Crees que todo eso es cierto?

- Laura... yo... - Mi pobre primo temblaba, casi lloraba.

- Tú has hecho lo que muchos no han soñado siquiera, Pablo. Nunca olvidaré lo que hemos hecho hoy... - me estaba yendo por donde no quería... - pero no era eso lo que te quería decir, me refiero, sí, pero... ¿sabes que los tíos también tenéis punto G?

- ¡¿Sí?! - me respondió sorprendido, casi sonriendo. Vaya, parece que la noticia le interesaba mucho más de lo que me pensaba.

- ¿Sabes por dónde se llega a tu punto G primo?

- ¿Por...?

- Por el culito... jijijiji... sí, sólo tienes que buscarlo dentro de tu culito, pasado los huevos, presionando hacia la polla... parecido a lo que has hecho conmigo ¿lo entiendes?

- Sí... Laura... 

- Tú lo debes de tener fácil de estimular... jiji ¿te acuerdas cuando te corrías sin tocarte la polla cuando tu hermano te la metía por detrás? jijiji... eso es porque te estaba tocando ahí, seguro, aunque con ese pollón mmmmmhhhhh... tu hermano debía de estar tocándote en todas partes.. ¡ya podrá Carlos!

- Pero ¿por qu...?

- Chsssss. Yo ya te he dicho todo lo que te tenía que decir. En serio Pablo, gracias por lo de antes, mhhhhhhh, ¡no sabes cómo ha estado!

 

Me retiré y cerré la puerta. La sensación era mitad de partirme de risa por la cara de mi pobre primo, e imaginarle metiéndose el dedito en el culo, desesperado pensando en el cipote de su hermano, para buscarse su punto G (reconozco que fui un poco mala, la autoestimulación en esa parte es muy difícil, a no ser que se use el instrumento adecuado, pero dudaba que con el desodorante fuese a conseguirlo, al menos no aquella primera vez), y la otra mitad, evidentemente, deseo desmedido de volver y abrir la puerta, entrar y buscarle yo misma el puto punto G en el fondo de su culo, conseguir arrancarle una de sus monumentales corridas sólo a base de dedo y culo... joder... ¿por qué me metía yo sola en aquellos embolados? ¿no tenía bastante con lo que tenía? Quiero decir que...

 

…me estaba poniendo caliente otra vez.

 


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nyctidromus
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@laualma Uff que morbo de relato masaje erótico entre primos ufff que rico🔥🔥🔥🍆🍆💧💧con mi polla dura he leído 


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laualma
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@nyctidromus espero que te hayas corrido, no como Nurita que en ese masaje se quedó con las ganas


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@laualma oh mami y no la ayudaste con ello, ahora lo que necesito para masturbarme es imaginaros a las tres ya iendo conmigo en un lecho, haciendo guarras para correrme cómo caballo o actor porno..💧💧🔥🔥🔥🍆🍆💧🍆 saludos desde 🇻🇪🇻🇪


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@nyctidromus claro que la ayudé, eso lo cuento en el siguiente capítulo

 

Marí, NUria y yo hemos follado muchas veces las tres juntas con un mismo hombre, aunque pocos son capaces de satisfacernos a las tres, somos muy sexuales


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@laualma uffff mami yo me casaría aunque tuviera que echar mano a juguetitos.mami conmigo quedarían satisfecha totalmente mamasota leeré el próximo capítulo.... Ufff 🔥🔥💧💧🍆🍆🍆


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@nyctidromus igual te dejamos arrasado


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@laualma uff que rico mami lavado con sus jugos calientes, con los huevos secos y exahusto de las folladas que le di y Uds. me dieron


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@nyctidromus ñammm


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@laualma mami Lau sabes que me pones muy cachondo, está noche me meneare la polla por ti me meteré los dedos en el culo pensando que son los tuyos los que me follan duro🔥🔥🔥🔥🍆🍆🍆🍆💧💧💧💧💧


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@nyctidromus ahí bien cerdo!


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@laualma siempre me pones muy guarro mami y con la polla bien dura👍👍🔥🔥🔥🍆🍆🍆💧💧


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@nyctidromus guarroooo


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@laualma espero que siempre que me leas se te moje el coño y se te abra el ojete mi puta mami


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@nyctidromus sucia


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@laualma rico mi amor 💝🎁 me pongo cachondo imaginando lo mojada que estás tocando te por mi


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@nyctidromus ji


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@laualma yo si me tocó el ano pensando en tus tetas y coño mami rica, me pongo muy puta por ti


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@nyctidromus uf


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@laualma me pongo cachondo y guarro hambriento de coño culo y de tu polla falsa mami rica


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