Empieza una nueva historia o, más bien, una nueva parte de La Historia, de mi historia. Y aparecen por primera vez ante vosotros, en carne y hueso, mis dos mejores amigas, Nuria y María, a quienes espero que a lo largo de esta larga historia lleguéis a conocer y disfrutar profundamente... A mi primito Pablo no hace falta que os lo presente, ¿verdad? Sé que muchas personas echarán de menos a Carlos aquí (ya sabéis que comparto la opinión de quienes decís que es el personaje con más morbo), ya que en esta parte de la historia tiene un papel solo tangencial. Pero, por una vez, dejemos todo el protagonismo a su hermano pequeño ¿no os parece? A fin de cuentas, se lo ha ganado a pulso...
LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN.
CAPÍTULO V. UN AÑO MÁS TARDE: VERANO DE 2012
Cuando terminé de hablar, mis dos amigas se echaron a reír. Fue María la que empezó, estallando sin poder contenerse, pero Nuria la siguió en un ataque igual de desenfrenado, casi llorando y poniéndose roja. Hay que joderse, les pides ayuda en una situación de emergencia y...
- Vale, vale, si no puedo contar con vosotras, me da igual. Lo que pase pasará, pero me gustaría saber que tener amigas sirve para algo más que para que se rían de mí.
- Ay, ay, jajjajaja, ay, jajja - a Nuria le costaba serenarse - tía, Lau, juajjaja, si es que eres más puta que las gallinas, ¡¡¡¡jajjajjjaa!!!!
Nuevo ataque de risa. Esta vez no esperé a que se les pasase, porque ya estaba bien cabreada, visiblemente cabreada, de hecho.
- Encima eso, pero si os estoy pidiendo ayuda precisamente para que el sátiro de mi primo no me haga nada...
- Lau, si tiene razón Nuria - terció Mer - nos cuentas ¡AHORA! que te has liado hace ¡un año! ¡¡¡con tu primo!!!, un niñato al que casi le triplicas la edad, que sí, que nos dices que se te fue la cabeza un día, pero es que luego sueltas que estuviste tres días dale que te pego con él y su hermano mayor, y desde entonces te lo has montado varias veces con él, y al hermano te lo pasas por la piedra cada dos por tres...
- Ya, pero Carlos es mayor, eso no cuenta, y ya os he explicado que a Pablo no le volví a permitir hacérmelo por delante...
- Ahhhh, toda una señorita, jejeje. Y, a pesar de ello, te folló el coño... ¿cuántas veces has dicho? ¿tres? ¿cuatro? - insistió Meri.
- Que no, ¡que sólo fueron dos! – mentí, aunque en mi defensa diré que sólo era una exageración, porque realmente las veces que mi primo Pablo me había penetrado vaginalmente podían contarse casi con los dedos de una mano, ya que desde muy al principio le prohibí esa vía por su edad, en un vano intento de creer que algo así podía llegar a poner un mínimo control sobre todo aquello - La primera no era consciente de lo que hacía, la segunda se me fue de las manos... Ya entonces le tenía prohibido hacerme nada por ahí, pero bueno, ya os he contado lo que pasó...
- Tía, si además habéis hecho de todo, y a raíz de eso, no sólo Carlos se acuesta contigo, sino también con su hermano pequeño, que no contento con eso, además se trajina a tu vecinito... - empezó a cargar contra mí Nurita.
- ...él y Carlos, ¿no? ¿por qué Carlos también ha llegado a hacerlo con ese Lucas, verdad? los dos, sin contar lo que te dejaste hacer tú por él también, tía, y es otro chaval ¿no? como tu primo el pequeño, y ellos no se dejaron pero tú bien que le dejaste probar tu culito ¿verdad? entre vecinos, ya se sabe... - le ayudó María.
- Bueno, sí, sólo eso... - dije yo, como si "eso" no fuese apenas nada… - Pero ya os he dicho que justo entonces decidí acabar con todo de golpe, y prohibirle a Pablo que me volviese a tocar, por completo... tampoco puedo impedir que Carlos se líe con él si quiere, ni que Pablo se busque otro culo donde meterla, porque su hermano por ahí sí que no pasa, más allá de pajearle nada, que Carlos va de machito todavía y no quiere ni oír hablar de tener una polla dentro de la boca o del culo, por muy dura que se la ponga su hermanito, así que el pobre Pablo, tal y como está ahora, o se desfoga de vez en cuando o se mata a pajas, pero de verdad… y además, pues sí, Lucas tiene su edad, precisamente, pero ahí sí que no veo nada de malo en eso, se supone que todos los adolescentes se inician antes ahora ¿no?
- ¡Y de qué manera! - rió Nuria.
- “el pobre Pablo”… - suspiró María.
- Bueno, pues no tendré yo la culpa. Si lo sé no os cuento nada, no sólo no me ayudáis sino que os reís de mí y me insultáis...
- ¿Pero de verdad crees que no has tenido nada que ver, tía? – se carcajeó Nurita
- ¿Insultarte? – el tono de Mer sonó, en cambio, bastante más serio.
- Bueno, me habéis llamado puta ¿no?
- Lau, eso es más descriptivo que otra cosa... - rió ahora Meri.
- Es verdad, tía, si nos cuentas que te lías con tu primito de esa edad, con su amigo de igual edad, y con su hermano mayor, por mucho que este ya tenga una edad un poco más aceptable, y encima te lo montas además en plan orgía con ellos... - Nurita se puso muy cruda...- ... y, de propina, nos dices que te lo habías montado ya antes con otros dos primos tuyos más, una de ellas una cría, en realidad poco mayor que Pablo... ¡y con su madre!
- Bueeeno..., pero David es mucho mayor, y ya entonces era mayor de edad, como Carlos ahora también, puede hacer lo que quiera...
- No lo era cuando te lo trajinaste
- Joder, Nuria... al menos admite que David sí que es más que mayor de edad, y que ya lo era cuando me lo hice con él, ahí no me diréis que hay ningún problema... ¿de verdad me vais a hacer sentir mal por haber follado con familiares? María, ¡si tú nos has confesado no hace tanto que alguna vez te lo hubieras montado con tu hermano, tía!
- A ver, Lau, no, igual para ti, o para nosotras no hay tanto problema en eso de los familiares, vale, y desde luego con un tío ya mayor como tu primo David pues no se te puede poner ninguna pega porque te lo folles… ¡al margen de porque es maricón, jajajajaja!- Meri estaba insoportable.
- Será todo lo maricón que tú quieras, pero ya te gustaría a ti calentar a un tío así para poder meterte un rabo como el suyo por el culito, que seguro que te gusta eso más todavía que él ¿eh? - me reí yo ahora de ellas.
El comentario surtió efecto, las caras de Nuria y Meri se iluminaron. Sus cuerpos, desnudos al sol, brillaban de sudor, y mostraban evidentes signos de excitación después de haberles contado, a lo largo de varias horas, ya que lo hice de manera no demasiado resumida (en realidad más bien con detalles de todo tipo, jiji) mi vida sexual más privada de los últimos meses.
Estábamos las tres desnudas en el jardín de casa de mis padres, aprovechando que estaban fuera de vacaciones la mayor parte del mes de julio. Habíamos llegado el día anterior por la noche, y nos la pasamos follando sin más, hasta bien entrada la madrugada. De mañana, tras una buena sesión matinal de mimitos y cariñitos diversos entre las tres, habíamos decidido salir al jardín a tomar el sol desnudas, bien protegidas con crema, así que aproveché para sacar el tema que me venía obsesionando (inevitablemente) en aquella época, al que no paraba de darle vueltas a la cabeza, y que era el motivo real de haberlas invitado.
Había llegado a la conclusión de que lo de liarme con Pablo y Carlos había terminado por ser un enorme problema. No tanto lo de Carlos, a pesar de la molestia de tener que esconderlo más de lo habitual, sobre todo teniendo en cuenta que nuestras familias mantenían una relación continuada, y yo además me había mudado a vivir cerca de ellos, por lo que nuestros contactos sexuales eran enormemente frecuentes (e intensos), desde luego mucho más que muchos “novios” que hubiera tenido antes. Pero claro, es que el problema no era Carlos ni mucho menos, sino sólo su hermano.
Aunque lo cierto es que si no me hubiese liado con Pablo, nunca hubiese llegado a pasar nada, ni remotamente, con el mayor de los hermanos, patológicamente tímido, al menos hasta entonces, jiji. Y el problema de esconderse, lo mismo, porque precisamente, lo de Carlos lo tenía que esconder, más que nada, de su propio hermano. Había sido la única manera de que dejase de acosarme, convencerle de que también a Carlos le había vetado cualquier tipo de contacto, lo que era una absoluta mentira. Follábamos mucho y bien, desde luego muchísimo más que con Pablo, con quien sólo mantenía relaciones esporádicas, la gran mayoría provocadas directamente por él o por la propia situación, si nos encontrábamos a solas los dos hermanos y yo. Era una pena haber desterrado a Pablo de mi lista de amantes, porque en realidad justo al principio del todo sí que legué a relacionarme con él con la misma libertad que con su hermano, pero inmediatamente el remordimiento volvió a quemarme con fuerza y no encontré la manera de controlar aquello, de mantenerlo en el punto que creía que, al menos, podía resultar equilibrado. Hubo un momento que pensé que por ese camino la iba a acabar liando, alguien nos iba a pillar, o yo iba a mandar a los dos a la mierda, perdiendo entonces el chollazo que tenía con Carlos.
Por lo tanto, no me quedó con él más remedio que el veto completo a cualquier contacto con Pablo; desde que decidí que no podía seguir haciendo nada con un niño como él, primero traté de limitar nuestros encuentros sexuales a tocamientos, sexo oral, y anal sólo si no éramos capaces de soportarlo más. Nunca éramos capaces, y Pablo no sólo me acababa penetrando el culo las veces que considerase oportunas (era incansable, con aquella incontrolada energía juvenil), sino que no había vez que no intentase volver a metérmela por el coño. Y lo peor, es que yo no sabía hasta cuándo iba a ser capaz de aguantar la tentación, porque invariablemente acababa matándome de gusto, y es que siempre había sido capaz de provocarme un morbo y un placer que llegaba a ser incluso superior al que sentía con Carlos...
Así que no me quedó más remedio que alejarle definitivamente de mí, (siguiendo el consejo que insistentemente me habían repetido una y otra vez, desde el primer día las únicas personas a la que había tenido el valor de confesarles todo esto desde el primer momento, mi amiga Sandra y Javito, a quien lié muy al principio una vez que Pablo se iba a quedar a solas conmigo en casa de mis padres después del verano de nuestra primera vez, aquellos fatídicos días en que Pablo me hizo, primero montarme un trío con él y Javito, y después desvirgar a Lucas, el vecino de su misma edad). La decisión me pareció radical, pero en seguida entendí que era la única realmente válida, ya que era incapaz de limitar sus ansias y, sobre todo, ni tan siquiera las mías. Además, al cabo del tiempo, ya con un poco de perspectiva y serenidad mental, pude concluir que había hecho lo correcto, ya que no había duda que también eso, los más tímidos tocamientos que pudiésemos tener, hasta lo más tonto, estaba mal, porque nada de lo que hacíamos tenía lo más mínimo de inocente.
Volviendo a este verano, un año después ya de que todo empezase, pese a que había dejado de vivir en casa de mis padres hacía poco menos de un año (para instalarme muy cerca de donde vivían mis primos), había aprovechado, vista mi crónica carestía económica, para alquilársela durante el verano a una amiga y, así, ahorrarme el alquiler y sacar un dinerito. Además, mis padres iban a pasar casi todo el verano fuera, así que tampoco era un mal plan, teniendo en cuenta que su casa era mucho más grande y agradable, especialmente en verano, al encontrarse en una urbanización de las afueras y contar con piscina y un amplio jardín.
El problema surgió cuando mi tía, la madre de Pablo y Carlos, vio la luz, y decidió que Pablo podía pasar en casa de mis padres los últimos quince días de julio. Carlos se iba con unos amigos, y mis tíos podrían aprovechar para un viajecito que tenían atrasado y otros asuntos pendientes. Luego, ellos cuatro y yo iríamos a reunirnos con mis padres con el resto de la family. Lo de mi tía era bastante morro, pero yo no podía decir que no, no solo porque fuese un familiar especialmente cercano, sino porque desde que volvía a vivir a la ciudad me pasaba el día en su casa, ya que justamente alquilé mi pequeño ático a cinco minutos escasos de donde vivían ellos. Naturalmente, yo lo hice por mis primos, claro, por estar cerca de Carlos y poder follar con él a diario, aunque a mis tíos siempre les decía que es que me venía de perlas tenerles a ellos cerca porque siempre eran una gran ayuda y apoyo. Así, tenía muy a mano comida caliente, ayuda con las tareas del hogar, compañía cuando estaba sola... bueno, ¡¡y sobre todo, cariñitos de mis primos, claro!! jiji.
Ellos también se pasaban continuamente por mi casa, claro, Pablo al principio intentaba aparecer todos los días, siempre salido como un mono... fue en ese momento cuando decidí que tenía que cortar y pararle los pies. Con Carlos era todo más normal, se solía pasar después del gimnasio, me gustaba tanto hacer el amor con él así, todo sudadito... Luego aprovechaba para ducharse en mi casa antes de volver a la suya; y casi nunca lo hacía solo, jiji.
Al final lo peor de que mi tía me hubiese encaramado a su hijo pequeño durante quince días es que, oficialmente no debía tener por qué preocuparme, ya que en realidad no tendría que estar pendiente de él si se quedaba en casa, al fin y al cabo tenía edad suficiente para no generar ese tipo de dependencia, y se supone que yo podría hacer perfectamente mi vida, salir o estar con gente con normalidad. Pero, extraoficialmente, para mí suponía convivir quince días completamente a solas con él. Aunque claro, esa no era una razón que yo pudiese darle a mi tía. Por poco que coincidiésemos, estaba claro que él iba a intentarlo todo sin descanso, haciendo todo lo posible para acabar otra vez dentro de mí. ¿Qué podía hacer yo? ¿Mandarlo a la mierda de por vida y acabar por siempre con cualquier relación con él? No sería el primer familiar con quien, en cierto modo, hacía tal tontería, pensé con tristeza, recordando mi conflictiva relación con mi cuñado. Pero es que, además, en realidad para mí lo de mi repudio a Pablo era temporal, porque me ponía tanto que pensaba hartarme a follar con él cuando cumpliese los dieciocho, y hasta se lo había dicho así millones de veces. En el supuesto de que todavía le interesase, claro, yo ya estaría cerca de los cuarenta, brrrr, seguro que me colgaba ya todo de mala manera... jijiji [he de decir ahora que el tiempo me ha tratado mucho mejor de lo que esperaba yo entonces, ;) ] y esperaba incluso él tuviese ya pareja para entonces, claro, pero no sé, siempre me gustaba pensar que sí, que algún día volvería a hacerlo con él... Lo malo es que estaba claro que, sin pararle los pies de manera radical y definitiva, iba a seguir intentándolo.
Y yo es que no me veía en absoluto capaz de aguantar quince días, sabía que no iba a resistir y que me acabaría abriendo de piernas, como me pasa siempre. Pocas personas me conocen como Nur y Mer, y supongo que sí, que como dicen soy un putón con todas las letras, aunque quizás entonces todavía me costaba reconocer estas cosas. Ellas dos no se quedan atrás, claro, sin ir más lejos en cada una de sus folladas que os voy a relatar en esta historia habrán puesto los cuernos a sus respectivos varias veces, Nur a su amante maridito, y Mer a su recién estrenado "amor de su vida".
Dejando el tema de mis amigas a parte, lo cierto es que éstas cosas sólo me pasaban a mí. ¿Qué iba a hacer para dormir, por ejemplo? Aunque mandase a Pablo a la otra punta de la casa ¿cómo evitar que se despertase de noche y viniese a mi habitación, como de hecho había llegado a hacer en alguna ocasión que dormimos bajo el mismo techo, incluso aunque estuvieran nuestros padres en la misma casa? Porque, como siempre, yo estaría durmiendo como mucho en braguitas, o más seguro desnuda, es que casi siempre duermo así, y desde luego en verano, con el calor… ¡y no pienso cambiar porque este crío... si estoy en mi casa! Joder, pero es que como me pille así Pablito me la clava, pero que ya no me levanto en los días de mi vida.
Al final, como no podía ser de otra manera, le tuve que decir a mi tía que sí, y encima poniendo buena cara. En parte me decidió que no estuviese Lucas, el famoso vecino de toda la vida con el que Pablo tenía un medio lío, y con el que se lo montaba cada vez que venía a casa de mis padres y tenían oportunidad. También yo, claro, y Carlos, llegamos a tener alguna cosilla con él, como ya he comentado, cuando empezaron. Y, cosa que nadie en el mundo sabe, yo me lo metí una tarde en la cama, y le desvirgué por completo, dejándole que me lo hiciese por delante (quizás eso sea un decir, porque la verdad que el crío estaba nerviosísimo y fue un desastre completo) y no sólo por detrás, que era mi postura oficial con él delante de mis primos. Esta es una de las que no le he contado a nadie, me moriría si se supiese, y si se la contase a Mer y Nur ahora me matan, y más si le viesen a él, con esa pinta de crío inocente que tiene... El pobre, aquella tarde pensaba encontrar a Pablo en casa de mis padres (la suya comparte una puerta al jardín, que por confianza vecinal de años lleva abierta y en uso mucho tiempo, ellos entraban y salían con naturalidad estando vacía la casa de mis padres, para ir a la piscina todos los veranos). Sin embargo aquel fin de semana yo estaba sola en casa. Y cachonda, para más datos.
Después de eso sólo nos encontramos dos veces más; la primera, una tarde que estábamos los cuatro. Me volvió a dar por culo, pero luego yo me pasé el resto de la sesión con mi primo Carlos, mientras ellos dos seguían a lo suyo. Y, a partir de ahí, yo me negué a repetir el rollo orgía un par de veces, yéndome siempre directamente con Carlos, y justo después de eso vino la prohibición, que fue poco antes de mi cumpleaños. El vicio de Pablo con Lucas y con montárnoslo los cuatro juntos fue una de las cosas que me acabó superando. No sólo uno, sino que te repente tenía a dos mocosos a los que espantar de mi coño. Y Pablo, además, estaba tan envalentonado... llegó un momento que lo tenía a diario rondando por mi casa. Lo bueno es que entre Lucas y Carlos se ve que ha podido aguantar la prohibición, de otro modo la abstinencia repentina le habría matado, no sé cómo hubiese hecho para pasar estos casi tres meses, después de casi nueve de...
¿Y la segunda vez y última vez, os preguntaréis? Joder, había pensado en no contar esto, porque tampoco viene a caso en la historia, aunque como veréis luego quizás sí que tiene que ver y bastante y… bueno, no sé, supongo que me estoy confesando aquí, abriéndome por completo como nunca he llegado a hacer a la cara con nadie. Dios, si María y Nuria llegan a leer algún día esto van a flipar con la cantidad de burradas que nunca les había llegado a contar totalmente. Y me matan fijo. En fin, aquella segunda vez con Lucas después de que me lo metiera en la cama a solas él y yo, en la que le regalé su primera penetración vaginal, (segunda vez desde entonces y sería ya también la última vez que lo hicimos), pues fue... su segunda penetración vaginal... jiji.
A ver, yo llevaba ya dos meses largos sin relación alguna con Pablo, pero sé que ellos seguían a lo suyo, igual que Pablo con Carlos. Y volvió a pasar otra vez lo mismo. Como dije, la familia de Lucas tenía acceso directo al jardín de mis padres, podían entrar desde el suyo sin necesidad de avisar. Y, como veis, pues a mí me gusta pasar mucho tiempo en casa de mis padres, sobre todo si puedo tenerla a solas para mí, jijijiji… Creo que era un puente largo, esa tarde él estaba sólo en su casa y, por alguna razón, escuchó ruido o le pareció ver a gente follando, y pensó que Pablo podía estar en la de mis padres, pero no era así. Ellos se habían ido a pasar el puente fuera y... de nuevo estaba yo. Pero no sola, esta vez. Había ido con mi incondicional amigo Javito a pasar allí el puente. Lo normal, fin de semana tranqui, en plan casa rural, descanso, buena comida, buen vino, buena conversación, buena compañía y, sobre todo, buen sexo, mucho buen sexo... Lucas nos pilló en plena faena, y yo fui detrás de él, que huyó aterrado. Desnuda, no me costó convencerle. Cachonda, no me costó decidirme. Y como Javito se apunta siempre a todo, desde que yo misma le rompí el culo por primera vez con uno de mis consoladores con arnés, pues... Viendo su generosidad con Lucas al ofrecerle su tierno culo (después de trincarse al pobre niño media docena de veces), decidí regalarle también mi coñito al crío una última vez, después de que me follase el culo tantas veces como mi amigo se lo hizo a él y de hacerle jurar que Pablo nunca iba a saber nada de aquellos encuentros nuestros a solas.
En fin, un trío intenso el de aquella tarde, El resto del puente lo pasé a solas con Javito, como si nada. Supongo que Luquitas habría tenido bastante, además estarían de vuelta su madre y su hermana, así que le imaginé con largas sesiones de manolas en el baño. Es curioso porque, a diferencia de con mi primo, nunca tuve ningún remordimiento por mis dos veces "completas" con él, ni por todo lo demás tampoco... creo que me autoconvencí de que lo mío con él sí que se trataba realmente de algo puntual, accidental, y no me parecía un problema. Lo crónico con Pablo era lo que me preocupaba, y lo obsesivo, por parte de ambos. Ahí existía mucho más que sexo, porque había deseo, compulsión, irracionalidad… Además, no dejaba de ser un familiar, y un familiar querido, y prefería evitar cualquier posibilidad de hacerle daño, a él y en general a la familia...
Pero hablaba de él y mi vecino, sé que ellos dos lo seguían haciendo, claro, pero ya en casa de Lucas, aunque no se molestaban en disimular conmigo delante. Yo pasaba de ellos. Pero claro, si estos días de verano que me iba a tocar pasar a solas con mi primo, él hubiese estado en su casa, los hubiese tenido de nuevo a los dos mosconeando por la casa de mis padres, delante de mis narices, constantemente, y eso sí que no me apetecía. Bueno, no era solo que no me apeteciera, era que no me fiaba de mí misma. Me conozco demasiado bien. O eso pensaba…
Estaba convencida de que a Pablo solo podía llevarlo, en cambio a los dos... Pero Pablo, ¿por qué no intentarlo? al fin y al cabo, es que no tenía excusa sensata que ofrecerle a mi tía, y además, si lo peor que me podía pasar era que me raptase y me hiciese el amor, jiji...
El caso es que, con este panorama, se me ocurrió invitar a mis amigas para proponerles que si me querían acompañar, una de ellas al menos, durante estas dos semanas, para ayudarme a poner coto un poquito a Pablo. Sabía que las dos estaban disponibles, y sin compromisos, Nurita además estaba de Rodríguez (lo que tampoco cambiaba demasiado, en realidad, dado que la vida de casada nunca había sido para ella; en realidad lo suyo siempre había sido un matrimonio de conveniencia, del que recibía reconocimiento social y económico, aportando su presencia y belleza a un hombre banal y sin sustancia pero con afán de coleccionista presumido, que podía darse con un canto en los dientes por poder disfrutar, aunque fuera muy ocasionalmente, de los servicios sexuales expertos de una diosa como su mujer y, de propina, varias de sus amigas, entre las que me incluyo).
Para tratar de convencerlas, las invité primero a ellas dos solas a pasar los días previos a aquel en que debía traerme a Pablo, en plan relax, piscina, y lo que surgiese. A ellas les pareció guay, porque hacía mil años que no habíamos estado las tres a solas (desde el momento que lo propuse les quedó claro que estábamos hablando de sexo serio, llevábamos en realidad demasiado sin liarnos entre nosotras y creo que a las tres nos apetecía pero mucho, así que digamos que "surgió" a la primera...) Y así fue cómo, después de un largo monólogo por mi parte (continuamente interrumpido por las exclamaciones, comentarios e insultos de ellas), habíamos acabado hablando del tamaño de los cipotes de mis primos.
- Joder con tus primos, porque dices que Carlos y David también están bien dotados ¿no? - babeaba Meri.
- Superdotados - remarqué riendo.
Cualquier posible crítica de mis amigas hacia mis hábitos íntimos se veía sepultada por sus propias ansias sexuales. Se les hacía el chocho agua pensando en una polla, y más una polla del calibre de las que les estaba hablando. María, a la que siempre le habían perdido los negros y mulatos, por sus cuerpos y sus grandes falos, era especialmente sensible a ese fetiche. Y la verdad es que yo, sin haber sido nunca especialmente fetichista con el tamaño (sí que lo soy en cambio, escandalosamente, con el grosor y la dureza de los penes), cuando lo pensaba fríamente no dejaba de alucinar con mi suerte. Esos penes, esas joyas... en mi propia familia, y se me habían ofrecido así, sin buscarlos ni pretenderlos... En el fondo era un crimen rechazar a Pablo con esa verga de dios griego que tenía, pero... necesitaba creer que aún quedaba algo mínimamente virtuoso en mí.
- Y, entonces... ¿Pablo también la tiene tan grande como dices?
- Bueno, todo lo que os he dicho... fue hace un año... ahora eh...uh... la tiene más grande
- ¡¡¡¿Quéeee?!!!! - exclamaron al unísono.
- Sí, bueno, es otro tipo de... pero es que de largo se le ha puesto ya casi tanto como a su hermano... desde luego como mi primo David, que le duplica la edad de sobra... además, que ellos cuando están serenos se les pone pequeñita, pequeñita, como a un tío normal, sobre todo David, que Carlos quizás no tanto, la tiene bastante bien, pero es que la de Pablo ahora es enorme aún cuando no está empalmado, es tremendo el rabazo de este niño... de verdad, miradme, tenéis que ayudarme, o voy a acabar cayendo otra vez... – me sinceré, al darme cuenta de lo excitada que me ponía el hablar sobre el rabo de mi primito.
Ellas me miraron, sí. Nur y Mer me miraron con ojos de salidas cuando me oyeron decir eso sobre la polla de mi primo.
- Pues no sé, Lau, vale que en tu familia sobren rabos grandes y tengas donde elegir pero, ¿de verdad te compensa por ese rollo moral dejar escapar esa polla de la que nos estás hablando? - me dijo María sin cortarse.
Como se ve, tenemos una forma de pensar muy parecida en muchas cosas. Aunque lo cierto era, ahora que veía que mis amigas se seguían mirando entre ellas con la misma cara de salida, que claramente no pensaban tanto en lo que yo me pudiese perder como en lo que ellas se pudieran perder...
- Tía, Meri, a lo mejor no es a ti precisamente a quien debía pedir ayuda para asegurar mi castidad y preservar mi integridad moral...
- Bueno, lo de castidad es mucho decir, creo... - soltó Nuria, pero Meri la interrumpió:
- Pues no, a lo mejor no... no prometo nada, porque tal como lo pintas, si él te intenta hacer algo… a lo mejor lo único que se me ocurre es ofrecerle mi cuerpo para distraerle jajaja!!
- ¿Ahora quién es la puta? - contesté, vengativa. - pero... ¿Eso significa que aceptas? - pregunté feliz.
- Sí, creo que sí, a una mala me paso una semana de piscinita rica sin tener que aguantar a mis padres. Y a una buena...
- ¡Qué lista! ¡A una buena mojas! ¡Pues yo también me apunto joder, cuenta conmigo Laurita! - saltó Nuria, riéndose
- ¡Bien! ¡Es lo bueno de que mis amigas sean tan putas como yo! - ahora me reía yo, de mí misma y de ellas, feliz por nuestra liberal relación.
- Además, estoy pensando que nunca he dormido a solas con Meri -añadió Nuria - mira que hemos follado veces, y siempre ha sido en grupo, al menos en tríos.
- ¿Qué te hace pensar que vas a dormir tú con ella? - le pregunté.
- Bueno, tú dormirás con tu primo ¿no? jejeje rió Meri
- ¿Tú eres tonta? - le solté, enfadada, pero ella siguió sin hacerme caso:
- ...así que está claro, Nuria y yo dormimos juntitas, y así, ¡mojamos seguro!
¡JAJAJAJAJAJAJAJA!
Otra vez las insoportables risotadas. Se me agrió la cara terriblemente.
- O eso o no hay trato - cortó Nuria.
En fin, ellas mismas, naturalmente no me importaba que ellas follaran entre sí… además que luego ya veríamos. No pensaba quedarme sin mojar teniendo a aquellas dos bellezas calientes y a tiro por mi casa. Pero, por ahora, les iba a decir que sí a lo que fuera que me pidiesen con tal de que accedieran a mi petición.
- Además, una pregunta - salió María - ¿cómo sabes cómo tiene la polla tu primito ahora, si dices que no lo hacéis desde antes de semana santa...?
Me corté. No supe que contestar.
- Ehhh... vale, está bien, vosotras ganáis, podéis dormir juntitas...- joder con Meri, no tenía claro que quisiera seguir contando eso ahora, además de que...
- Ya, pero contesta, no te vayas por las ramas - me picó mi amiga, sonriente. Nuria nos miraba, divertida. No tuve más remedio que confesar.
- Está bien... Vale, tuve algunas recaídas... pero fueron tan tontas que ni merecen la pena. Sabéis que desde que vivo cerca de ellos, iba casi siempre a comer a casa de mis tíos, porque trabajaba por las tardes y me venía bien. Casi siempre coincidía con mis primos. Si algún día sólo estaba Carlos, pues no comía, bueno, o solo comía polla, jiji. Pues… algún día que, en cambio, sólo estaba Pablo, bueno, fue una tontería, si en realidad no llegamos a nada...
- ¡No!- Nuria se hizo la traumatizada.
- La culpa fue de Carlos. Los días que yo no iba, para desfogarse, él tenía que follarse a su hermanito... en fin, cosas de la adolescencia desatada. El caso es que un día, después de hacerlo con él, empezamos a hablar de Pablo. No sé por qué, pero de repente me soltó lo de que le había crecido la polla, pero una barbaridad, me dijo emocionado. Parecía nervioso, había sacado aquello sin venir a cuento, decía que le flipaba que la tuviese tan grande, que ya era casi tan grande como la suya. Joder, no sé, es raro decir esto, pero yo creo que Carlos estaba empezando a pillarse con su hermano, y que, de alguna manera, después de haberse negado siempre a dejarse sodomizar o a comerle la polla a Pablo, ahora le estaba apeteciendo hacer algo más, quiero decir... en plan pasivo, ya sabéis...
- Vamos, que quería que Pablito le endiñase - soltó la bruta de Nuria.
- Ya salió la camionera. Sí… o no, no exactamente, no sé, qué más da, tocarle, chupársela, quizás que le diese por culo, no sé. Si yo creo que aunque no me lo cuenten, debe habérsela comido ya por lo menos alguna vez. Pero da igual. Lo importante es que, después de aquella charla, yo me quedé obsesionada con lo de Pablo. No me lo quería reconocer ni a mí misma, pero me tenía que morder las manos después de haberle jurado mil veces que él no volvería a tocarme hasta los dieciocho.
- ¿Y qué pasó?
- Bueno, pues varias cosas. Lo primero, fue un día aquí en casa de mis padres. Debió ser poco antes de mi cumple, porque hacía bueno ya, tanto que hasta nos bañamos en la piscina. Estaba toda su familia, los cuatro, pero sus padres se fueron con los míos a dar un paseo, para volver a última hora de la tarde. Oficialmente, ante Pablo quiero decir, Carlos y yo ya no teníamos nada. Pero ese día, Pablo se fue, cómo no, a buscar a mi vecino Lucas. Carlos y yo ya sabíamos que iba pensando en follar con él, porque mi madre había comentado algo de que seguro que pasaba a nuestra casa porque hoy estaba solo, ya que su madre había salido a pasar el día fuera, y también su hermana. El caso es que, como era habitual, Carlos y yo estábamos muy calientes, así que le propuse hacer algo. Él, naturalmente, aceptó. "Pero tampoco demasiado ¿eh?", le pedí, "que en cualquier momento puede aparecer alguien... ya me harás el amor esta semana en tu casa, cariño mío..." Él me dijo que sí a todo mientras yo le comía ya la boca, y él empezó también a besarme, y a tocarme, estábamos en bañador, y bien calientes nos tumbamos en el sofá del salón... Bueno, con Carlos es así de fácil, tenemos muy claro a lo que vamos. Incluso ahora que él está genial con su novia, desde que empezó a follársela...
- Así que ejerces de amante oficial, jiji
- Pues, en realidad, volvió con ella al poco de nuestra primera vez, y porque yo se lo dije. La había dejado porque le volvía loco, él se moría de ganas de hacerlo con ella, pero no había manera. Por eso me rechazó el primer fin de semana, porque quería estrenarse con ella...
- ¡Qué mono...!
- Sí, ¿verdad? ¡y a esa edad!, romanticismo en estado puro...
- Hasta que llegaste tú...
- No, espera... Cuando lo dejó fue cuando nos liamos, pero hasta que no lo hicimos de manera más habitual, él no me contó todo eso. Yo le dije que lo volviese a intentar, pero sin que le fuese la vida en ello, al fin y al cabo ya se había estrenado conmigo. Y ella parece que le gusta bastante... Así que volvieron, y al poco se acostó con ella. Después de eso, creo que ella se muere por él.
- Bueno, si ha aprendido a follar con la mejor profesora, ya podrá...
- Y además prácticas semanales... jejeje.
Esos comentarios de mis amigas me resultaron, en realidad, enormemente halagadores.
- Y ¿sabéis qué es lo mejor? Como están juntos gracias a mí, y además sé que ella acaba disfrutando de todo lo que yo le enseño a él, no tengo la menor sensación de culpa por ser su amante.
- Como si la tuvieras con alguien – rió Nuria.
- Total, si no la tiene él... – añadió Mer.
- Qué va. Ya te digo que tenemos una relación increíble. La única pega es lo de ser primos.
- ¿Otra vez los problemas morales?
- Noooo, para nada, ya sabes que esos nunca me tocan, jiji. – sin entender muy bien por qué, sabía que no decía toda la verdad cuando soltaba ese tipo de comentarios - Menos con Pablo, claro. No, lo decía más bien problemas logísticos. La familia siempre en medio, bueno, precisamente ya ves lo del propio Pablo, por ejemplo. Menudo lío tengo.
- Puede, pero también tienes una coartada perfecta para verle con frecuencia, y más si vive con sus padres.
- Sí, visto así... Bueno, os sigo contando, ¿vale? El caso es que estábamos los dos, bastante metidos en faena, sin más preámbulos. Carlos ya tenía el bañador largo bajado hasta las rodillas. Yo, sentada junto a él, le estaba haciendo una paja. Al cabo de un rato meneándosela, mi primo dejó de gemir como una vaca en celo y dijo "¿me enseñas las tetas?" Yo nunca le pongo pegas a él, como él no me las pone a mí, cuando queremos algo lo pedimos sin mayor problema, y si el otro quiere, lo hace sin más. Así que, directamente respondí quitándome la parte de arriba del bikini. ¡¡Y no os tengo que describir el par de tetas de ensueño que tengo, porque a la vista las tenéis, jiji!! Él alargó un brazo y se puso a sobarme las tetas, mientras yo continuaba subiendo y bajando la mano frenéticamente sobre su polla, sacando y metiendo el brillante y morado capullo en cada sacudida, hasta que empezaron a acumularse pequeñas gotitas blancas en la punta de la polla. Mi primo suplicó "¿me dejas que te toque el culo mientras me corro?", a lo que naturalmente accedí. Me puse de rodillas sobre el sofá, me tiró un poco de los elásticos de las bragas del bikini y empezó a sobarme. Yo le miré a la cara con una sonrisa pícara y le pregunté con voz lasciva "¿no hace falta que me baje las bragas, verdad?". El respondió, inmediatamente "¡sí por favor!¡bájatelas!" Así que me giré poniendo el culo en dirección a la ventana para que él lo viera bien e, inclinándome un poco, me bajé las bragas lentamente. Después volví a cogerle la polla y continué meneándosela. Él, con mano experta, se puso a sobarme el culo. Me moría de gusto, y gemía mientras le seguía masturbando. En esas estábamos, cuando me pareció ver a mis espaldas (tenía la cabeza girada para ver mejor su preciosa y enorme tranca, y para poder disfrutar de cómo se corría) una sombra moviéndose detrás de las cortinas. Me di cuenta de que Pablo podía estar perfectamente rondando por allí, quizás hasta con Lucas. Ya os he dicho que yo lo tenía todo abierto, y apuntando hacia la ventana. Pero no quise decir nada, la verdad no estaba segura, no quería alarmar a Carlos ni, mucho menos, dejar de disfrutar lo que nos estábamos haciendo. Lo que tenía claro es que no podían ser los padres, todavía, así que tampoco me iba a volver loca si nos pillaban los niños. Lo único malo es que tendría que replantearme la estrategia con Pablo si me pillaba así con su hermano, pero quizás sería hasta lo más cómodo. El caso es que nosotros seguimos a lo nuestro, y un par de minutos después mi primo empezó a gemir y su polla empezó a soltar chorros de leche que recogí sin más con un trapo de la cocina que había a mano. Pero tenía un mal presentimiento, así que en seguida me levanté y me coloqué la ropa, dando por acabada la función ante la sorpresa de Carlos. Justo a tiempo. Al girarme bruscamente, pude ver con claridad a mi primo pequeño soltando la cortina, que estaba apartando cautelosamente para poder mirar mejor. Tenía el bañador bajado y se agarraba la polla tiesa...
- ¡No! - soltaron mis amiguitas a la vez.
- Se retiró tan repentinamente (sin duda estaba alerta de que no le pillásemos ninguno de los dos) que casi me pareció no haberle visto. Sin embargo, antes de recomponernos totalmente Carlos y yo, escuchamos a alguien tirándose a la piscina. Cuando salimos, Pablo chapoteaba fuera. Nos dijo que no había nadie en casa de Lucas, y había vuelto a bañarse, porque hacía calor. En el agua trataba de ocultar, sin conseguirlo, una imponente erección bajo su bañador. En realidad, tampoco se esmeraba por conseguirlo. Creo que él sabía que le había visto, quizás en el fondo es lo que quería, para provocar una reacción en mí que, al fin y al cabo, llevaba meses diciéndole que no tenía nada con su hermano. Y claro, también estoy convencida de que Carlos adivinaba lo que había pasado, si es que había pasado muchísimo tiempo desde que Carlos salió a buscar a Lucas, y algo más tenía que haber hecho mientras tanto.
- ¡Uauh! - soltó Meri, alucinada. - ¿Y qué pasó luego?
- Pues que nos bañamos los tres, pero ninguno dijo nada. Yo creo que Pablo quería decirme algo, pero me da que no tenía claro cómo, debía pensar que podía ser peor y, desde luego, no se atrevía con su hermano delante. Además, tampoco era plan decir a las claras que había estado espiando. Quizás pensase que lo suyo era hablar con su hermano, antes que conmigo. Carlos, callaba, porque no tenía nada que perder ni ganar. Y yo no pensaba reconocer nada a ese mocoso. Con su hermano me lo paso genial, y punto, tampoco tenía que dar más explicaciones. Además, él ya había sacado bastante de todo esto y, hasta dónde sabía, se lo seguía montando con su hermano mayor. Aunque siempre recibiendo, claro, me imagino que se moría de ganas de meterla, aunque fuese en un culo. Pues que espere como todos ¿no? Yo no me estrené hasta los 21, 21 y medio pasados, en realidad, y él sin embargo… mírale.
- Y… ¿nada más?
... Silencio. Silencio insostenible. Vale, no me quedaba otra que contarlo todo.
- Bueno, sí. Ya os dije que estaba obsesionada con ese comentario de Carlos, de que a Pablo le había crecido tantísimo la polla y tal... Me lo había dicho sólo unos días antes, y no me lo quitaba de la cabeza. Y ese día, aunque fuese vestido y en el agua, pero no le había vuelto a ver empalmado desde la última vez que hicimos algo, hacía como medio año...
- ¿Y? - mis amigas empezaban a ponerse nerviosas.
- Pues que sí que parecía más grande. Quiero decir, mucho más grande. Pero no sé si sólo parecía, es que tampoco podía verse nada, y ya digo que yo estaba idiota con ese tema.
- Ya... pero ¿y qué más? porque hay más ¿no?
- Sí, sí, claro... Pablito tampoco estaba más tranquilo que yo. Al fin y al cabo, parece que está claro que se muere por volver a hacerme algo, aunque después de mis continuas prohibiciones no se atreva a decirme nada. Total que, después del baño, Carlos y yo nos tumbamos en el césped, cada uno por su lado, a dormir y tomar un poco el sol. Pablo desapareció en el baño. Carlos se quedó dormido tan profundamente, en cuestión de segundos, que no se enteró de nada, así que aproveché para levantarme discretamente y asomarme a la ventana del baño.
- La manía de esta casa de tener esas ventanas siempre abiertas.
- Bueno, son tan pequeñas...
- Sí, tía, pero dan directamente al jardín.
- Lo que quieras, pero si no miras no se ve nada.
- Pero tú miraste, claro.
- ¡Claro! Jiji, ahora me tocaba espiar a mí. Porque tenía muy claro que mi primo iba a lo que iba.
- ¿Y?
- Se había desnudado, estaba de rodillas en el suelo y se la estaba machacando con unas bragas mías en la cara.
- ¿Y tú que hiciste?
- ¿Hacer? Pues nada, qué quieres que hiciese. Ya te he dicho que había decidido no volver a hacer nada con él... aunque lo mío me costó, no os creías
- Pero entonces... ¿la tenía...?
- ¡¡¡Enormeeeee, tía!!! Sí, de verdad, casi, casi como Carlos. Bueno algo más pequeña, al fin y al cabo, claro, no demasiado, tampoco os creáis, si es que debe de ser así así, pero desde luego, y eso él no lo sabe, al menos tan grande o más que la de nuestro primo David.
- El gay.
- Sí, el gay. Él es casi como yo, de edad quiero decir, vamos que tiene casi tres veces la edad de Pablo. Y el mocoso la tiene ya tan grande como él, que hace mucho que dejó de crecerle, pero eso que para un tío de mi edad ya es enorme, para un niño como Pablo es un tamaño casi antinatural.
- Joder, pues quién hubiese conocido a tu abuelito - me soltó Nuria.
- Bueno Nur, no te pases ¿no?
- Es que no es normal tanta polla grande en un círculo tan reducido… así las demás no vamos a ver un pollón parecido ni de lejos en nuestra puta vida.
- Siempre os quedará Cesitar... Aunque, joder tías, lo cierto es que hasta las de David y Pablo son más largas que la suya, aunque no tan gruesas, sobre todo la de Pablo. Aunque, el que se lleva la palma, es claramente Carlos, esa sí que es de libro de récords. El pobre siempre me dice que cuando empezaba a hacerse pajas sentía agujetas en la polla. Lo que no sé es lo que va a pasar cuando Pablito tenga su edad... Pero escuchadme, que os estaba contando lo del baño. Me costó mucho no entrar a hacerle yo la paja, ¡si hasta me tuve que ir antes de que terminase por miedo a que me viesen él o Carlos! Seguro que estaba imaginando que era yo la que le masturbaba... y tardó tanto en salir, que yo creo que se debió hacer dos o tres pajas, por lo menos.
- Además le da para repetir, al niño.
- Ventajas de la edad, supongo. Se corre como un animal, si está fresco es capaz de ahogarte con sus abundantes chorros de lefa. Sólo después de mucho darle es posible agotarle, la única vez que le vi eyacular sólo unas pocas gotitas fue nuestra primera tarde con Lucas, cuando Pablo le desvirgó delante de nosotros, ya habíamos tenido algún encuentro un poco raro, donde ellos se metían mano y se besaban delante de nsootros, que hacíamos lo mismo; pero esa tarde la cosa se desmadró y terminaron en bolas, con Pablo por fin rompiendo un culito que no fuera el mío; a nosotros se nos fue la cabeza y nos pusimos a follar delante de ellos, luego Pablo, envalentonado, intentó follarme. Yo no le dejé, en parte también porque me dio cosa que lo hiciera delante de Lucas, y entonces él me dio por detrás, primero él y luego mi vecino. Ufff… de coña. Pero le dejé hacerme de todo menos follarme eh, y también a él se lo pasaron bien por la piedra una y otra vez los hermanos. Joder, fue un día surrealista, mi vecinito, si le conozco desde que era un bebé, bueno y Pablo igual, si en realidad hasta a Carlos...
- ¿Ellos no lo hacían todavía? - preguntó Nuria.
- No, ¿Carlos y Pablo? Pablo sí que le hacía mamadas a su hermano y se dejaba encular, pero nunca al revés, que sólo había tocamientos, besos… Pero sí, se liaban constantemente, se pajeaban desnudos, y esas cosas, aunque Carlos siempre terminaba parándoles. A fecha de hoy, que yo sepa al menos, Carlos no se ha dejado más que eso. Y no lo entiendo, porque estoy convencida de que, en el fondo, y no tan en el fondo, se muere de ganas... desde la primera noche ya empezaron a acercarse; yo creo que al final hasta Carlos acabará cediendo lo poco que le queda, si no lo ha hecho ya, si es que se le ve desde el principio, que dijo que se le fue la cabeza con los primeros besos y tocándole la polla a su hermano. Me da que se quería hacer el hombre delante mío, que siempre ha querido hacerse el hombre delante mío, pero se moría de ganas por su hermano desde el día que les hice la primera mamada a los dos. Así que, conforme veía que a mí me parecía bien, que no era una mancha en su hombría, empezó a dejar de llamarle maricón cada vez que Pablo intentaba algo, y a dejarle hacer, y hacer él mismo con más naturalidad. Pronto vinieron las primeras pajas mutuas y desde el principio las mamadas de Pablo conmigo delante, aunque ya te digo que estoy convencida de que todo eso lo hicieron a solas desde el primer día, jiji, a Pablo claramente le iba el tema, no se cortaba un pelo, pero a Carlos también se le veía venir...
- ¿Y Pablo y Lucas?
- En realidad ni idea, creo que algo parecido, ya os he contado que para mí empezó todo a la vuelta del verano pasado, pero que, seguramente, ellos llevaban y tiempo así. Imagino también que Lucas se la debía comer a mi primo, y tal, desde el principio, ahí debía llevar Pablo la voz cantante. No me extrañaría, de hecho, que hubiese intentado ya hacerle el amor al pobre niño. Pero estoy casi segura que esa vez con nosotros fue la primera que follaron, es que era algo que se veía.
- Y esa tarde, eh... Pablo... ¿cuántas veces...? - preguntó Meri, pasmada.
- ¿...se corrió? - terminé su pregunta - Pfff. No menos de diez, al menos las que conté yo. Y más las que no conté, porque también estuve con Lucas y con Carlos. Lucas a la segunda ya no sacaba nada, y la primera en realidad poco más que una espumilla. Tiene la edad de pablo, pero está apenas empezando a eyacular... Pero es que Carlos tampoco fue capaz de seguir su ritmo...
- ¿quéeeee?
- Bueno, casi, pero ya te digo que Pablo aguantó bastante más. Y eso que a Carlos cojones no le faltan, deben ser tres veces más grandes que los de Pablo, si el muy animal parece un toro visto desde ahí, pero es que, precisamente, se corre como un animal, parece un semental. Y se ve que se vacía en proporción…
Me empecé a acalorar visiblemente pensando en las corridas de mis primos. Y lo solté:
- Joder...
- ¿Qué pasa Lau? - Nuria se mostró preocupada, mi cara debía ser un poema...
- Nada... bueno, reconozco que...
- ¿Qué más pasó? Vamos, dinos...
- Ese día, os dije que no dejé que Pablo me... bueno, ya sabéis... y es cierto que la primera vez, cuando lo intentó después de desvirgar a Lucas, fui capaz de rechazarle, él me sodomizó, mientras Carlos y Lucas aprovechaban para recuperar el aliento. Después le tocó el turno a Lucas. Y después, cuando el pobre niño, que ya no podía con su alma, se retiró de mí, fue cuando Carlos enloqueció, se tumbó sobre él, le empezó a manosear y le endiñó toda su tranca de un solo golpe... estaba embrutecido, sin duda de verse en medio de una especie de orgía, con otro cuerpo más a su alcance, quizás estaba tan muerto de ganas de hacerlo con su hermano que ver a otro crío como él le alentó, quizás sencillamente follar tan a menudo conmigo le había vuelto una máquina sexual, no sé... Pero igual de embrutecidos que él nos pusimos su hermano pequeño y yo, empezamos a besarnos, yo me dejé, le dejé, me tocaba de una manera... cuando me quise dar cuenta ya le tenía dentro, y no podía parar, ya que, al igual que la primera vez, me gustabaaaa... - casi se me saltan las lágrimas... me costaba tanto contarles aquello, mi deseo brutal por él cuando no hacía más que repetirles mi negativa rotunda a cualquier roce con él, y me atrevía además a meterlas a ellas de por medio...
- Joder, entonces era verdad que ha habido más veces…
- Vale, Lauri, tranqui. Y sigue con tu historia... – cortó Nur.
- No, si eso, ya no pasó nada más...
- ¿Nada más? Pero no entiendo... vale, ese día fue suficiente pero... ¿y luego? Quiero decir, cuando has contado la última vez que le viste, cuando os miraba a ti y a Carlos y luego se hizo la paja, si has dicho que ahora tiene la polla más grande que cuando te lo tirabas también cuando no está cachondo, pero ese día sólo se la viste cachondo... ¿sabes? porque ¿has dicho que llegaste cuando ya se la estaba meneando y te fuiste antes de que empezase a correrse no?
Detesto esa manera de hablar tan bestia y tan directa de mis dos amigas. Esto lo había dicho Meri, que Nurita es aún peor.
- Bueno es que...
- ¡Os volvisteis a liar!
- ¡Que no! - no sabía cómo parar aquello - Que te he dicho que llevamos sin liarnos desde antes de semana santa, y esto otro fue hace mucho menos... Ese día yo volví al césped, aunque ya no conseguí dormirme. Carlos se echó una larga siesta, yo entré en mi habitación, y me puse a hablar por teléfono. Pablo estaba jugando al ordenador. No volví a verle esa tarde, creo que al poco se debió de ir a buscar a Lucas, que supongo que sí que estaba en su casa, aunque él nos dijo que no porque en realidad todavía no había ido a buscarle, y yo me fui de mi casa antes de que volviese.
- Así que no pasó nada.
- No...
- ¿Tampoco con Carlos?
- Que no... ese día, después de hacerle la paja, cuando se despertó de la siesta, me propuso echar un polvo. Yo no tenía cuerpo, creo que lo de Carlos me había puesto nerviosa, y no sabía si estaba por casa. Además, era ya tarde, y nuestros padres podían volver en cualquier momento.
- Sí que es chungo esto del incesto, parece un rollo de adolescentes escondiéndose de sus padres.
- Ya. Te recuerdo que lo de mis primos ES un rollo de adolescentes... y nos escondemos de nuestros padres. Las veces que lo he hecho con David ha sido más fácil, porque es en su casa o en la mía, como con cualquier otro...
- Joder, pero para rollos de andarte escondiendo, tienes mejor lo de tu cuñado Guille - soltó Meri, maliciosa.
- No seas mala... - me ayudó Nuria – que además no eres la más indicada tú precisamente, que te metiste un mes en casa de su hermana para tirarte al cerdo de Guillermo.
- Pero Lau, -siguió María, ignorando a nuestra amiga - si ese día no pasó nada ¿cuándo pasó? Te conozco de sobra, no eres capaz de quitarte una obsesión de la cabeza... y tienes la polla de Pablo bien metida en tu cabecita...
- Sí, hasta el fondo, desde el primer día, jiji... - Nur soltó una risita tonta como contestación a mi poco elegante comentario.
Meri continuó, seria, pasando de mí:
- ...desde que descubriste que hay mucha más polla que la que tu conociste.
- Ya. - terminé por ponerme seria yo también - Si tienes toda la razón, Meri. Por eso me doy tanto miedo, sola con él dos semanas, es que no aguanto ni borracha.
- Borracha menos - Nur seguía graciosilla.
- ¿De verdad no hubo nada más? - Meri tiene razón. Ha vuelto a dar en el clavo, me conoce demasiado bien.
- No. No aquél día, quiero decir... - ya lo solté.
- ¿Aquél día?- Las dos me saltaron encima como fieras.
- Claro, es que ya os he dicho que me paso a comer casi a diario a su casa, y que muchos días estoy a solas con Pablo...
- ¡¿Follasteis?!
- ¡¡Que no!! ¿Pero es que no os lo he dicho mil veces? Fue... una tontería.
Me lancé a contarlo, por fin, antes de que me volviesen a interrumpir otra vez. Al fin y al cabo, es que en realidad sí que había sido una tontería:
- Dejé pasar unas semanas sin pisar su casa, sin verle, sin verles. Pensé que se le pasaría lo de haberme visto con su hermano, no quería que me dijese nada...
- Y a ti ¿se te había pasado?
- Hay Mer, ¡odio que me conozcas tan bien! No, no, sigo obsesionada y estaba obsesionada, sí, lo reconozco, si os hubiese pasado a vosotras también estaríais así. Joder, si precisamente por eso os estoy pidiendo ayuda para estos días…
- Lau, es que creo que, en cierto modo, ya estamos así, - me dijo Nuria en tono franco - tanto hablar de pollas grandes, creo que Meri y yo llevamos un rato soñando con cogernos a tu primito...
- Venga, vamos Lauri, sigue ¿qué pasó? – me dijo María soltando una mirada de odio a Nuria por la inapropiada franqueza de su comentario.
- Sencillamente surgió la oportunidad sin que yo la buscara. Bueno, lo único que se me puede echar en cara fue volver a su casa de nuevo... ¡y no os creáis, pero me pasé casi un mes sin hacerlo! pero bueno, como siempre desde que estaba en mi casa nueva, a cinco minutos de la de ellos, me venía tan bien, y mi tía me tenía siempre comidita rica preparada... Los primeros días me resistí, Carlos se pasaba después de sus clases a verme como siempre, joder, si con él estrené mi casa, la cama y... bueno, el suelo y otros muchos rincones, jiji. Pero reconozco que echaba de menos a Pablo. No quería hacer nada, pero me apetecía verle, sentir su deseo, su calor, quizás... Y sí, no se me quitaba su polla de la cabeza. Así que hace poco más de un mes volví a comer en su casa. Esos días yo iba muy tranquila de tiempo, no tenía curro por la tarde, si me quedaba era porque había quedado, pero más tarde, así que aprovechaba para ver alguna telenovela, ya conocéis mi faceta marujil, o echar una siesta, o encerrarme con Carlos, si teníamos la suerte de estar solos. Los días que estaba a solas con Pablo normalmente me tumbaba a ver la tele en el sofá de tres plazas que había en el salón de su casa. La televisión estaba frente al sofá y me tumbaba de lado con la cabeza apoyada en el reposabrazos y las piernas recogidas en posición casi fetal, dejando la mitad del sofá libre. Pablo a veces se sentaba allí y empezaba a acariciarme pero yo, aunque me costase lo indecible, no le hacía caso, aunque le dejaba hacer, ya que nunca se atrevía a ir muy lejos, y no tenía tampoco sentido cortarle también eso, algo que casi hacía con normalidad con nuestros padres delante. O eso quería pensar yo, que era algo normal... Pero lo cierto es que, por una cosa u otra, no coincidí a solas con él durante semanas. El caso es que cuando, por fin, comí a solas con él por vez primera después de la pillada con su hermano aquí, era un día extraño, hacía bastante fresco, a pesar de ser ya verano, o casi. Y yo había salido de casa como si fuese pleno agosto, con un vestido corto, muy corto, y tenía frío, así que al tumbarme en el sofá me cubrí con una larga manta ligera de cintura para abajo. Después de comer, Pablo se ofreció a recoger para que yo pudiese descansar en el sofá viendo la tele. Cuando entró en el salón me encontró como os he dicho. Esta vez, él se sentó en el otro extremo del sofá y se puso a ver la tele. Al rato de estar así, yo ya estaba imaginándome de todo. Vamos, que me puse hipercachonda, y empecé a notar que estaba mojando muchísimo. Así que no me quedó otra que irme a hacer un dedo.
- ¡Joder, Laurita!
- ¡Qué! Si era para que se me pasase el calentón, precisamente quería evitar la tentación de...
- ¿Y funcionó?
- Pues mira, cuando me levanté diciendo que iba un momento al baño, me di cuenta de que él me miraba claramente excitado, desnudándome con los ojos. Me hice una paja de campeonato y, aunque dejé las braguitas echas un trapo de mojadas que estaban, me serené bastante. Total que en ese momento pensé que sí, que había funcionado, y más calmada, regresé al salón y volví a tumbarme y a arroparme como estaba antes, solo que, de tan tranqui que me había quedado, y al estar debajo de la manta, en lugar de tumbarme de lado con las piernas encogidas, me tumbé boca arriba, con las piernas abiertas.
- ¡Tía!
- Es que no me di cuenta, lo juro, estaba medio ida, y total, me tapaba la manta...
- ¿Y él?
- Pues entonces él se descalzó y se tumbó a mi lado en la misma postura que yo y me preguntó si podía cubrirse también con la manta.
- Igual que la vez que les hiciste la mamada a los dos...
- Sí.- reconocí, aunque aquello no me beneficiara en absoluto.
- ¿Y qué hiciste?
- ¿Qué iba a hacer? Le dije que sí. Nuestra relación era normal desde hacía meses, él nunca había vuelto a intentar nada realmente serio, así que no tenía razones para decirle que no. Le había pillado espiándome, pero también yo le había mentido durante todo ese tiempo, diciendo que no tenía nada con su hermano. Además, que también le había espiado yo, y eso había sido en realidad lo que me tenía inquieta. Por él estaba relativamente tranquila, de la que no me fiaba era de mí. El caso es que entonces levantó la manta para cubrirse y... me di cuenta de que acababa de liarla pero bien.
- ¿Por?
- Ya os digo que estaba tontita. No me di cuenta hasta entonces pero, al tumbarme, se me había subido el vestido hasta la cintura y sólo estaba tapada por mis braguitas que eran blancas, y de tan mojadas, estaban casi transparentes.
- Vamos, como si no llevases bragas.
- Exacto. Creo que sabéis bien de lo que hablo, jiji. Era como si estuviese desnuda de cintura para abajo. Mejor aún, pues con esas braguitas transparentes debía de dar bastante morbo. Se me vería perfectamente la raja del culo, donde las braguitas se habían encajado como un guante, y la negra pelambrera del coño, que llevaba como siempre supersalvaje. Esa visión le pudo durar tan sólo unos pocos segundos, pues enseguida bajó la manta, pero es que no se había cortado en disimular que me estaba mirando. Supongo que tampoco tenía sentido, después de todo lo que llevábamos encima, vamos que, en realidad, no era para tanto, a estas alturas no me iba a escandalizar porque me viera desnuda, porque quisiera hacerlo... Así que en seguida se cubrió y se tumbó. Podía haberle dicho algo para frenarle, pero era incapaz de explicar lo de mis braguitas mojadas. Saltaba a la vista que estaba o acababa de estar bien caliente. Y, lo peor, es que parecía que estaba buscando algo. Mierda, si es que fui muy torpe, en realidad lo más absurdo es que en parte confiaba en él, no creo que hubiese hecho nada si yo no hubiese estado tan evidentemente, eh..., bueno...
- Joder Laurita, si es que cuando te pones así no puedes evitar liarla, tía, eres incapaz de contenerte cuando te suben los calores… - me dijo mi amiga, no recuerdo cuál, en realidad pudo ser cualquiera de ellas.
Yo continué:
- Lo cierto es que, ya en esa situación, supongo que no debió costar ni medio segundo que el salido de mi primo tuviese esa idea loca. Fue bastante rápido, así que no pude ni plantearme lo que estaba pasando. Lentamente estiró una pierna hasta que los dedos de su pie rozaron mis braguitas a la altura de una de mis nalgas, bastante húmedas y calientes. Muy poco a poco, convirtiendo los dedos de sus pies en delicados instrumentos de tacto comenzó un disimulado tanteo exploratorio. Palpando de esta manera recorrió una nalga, luego la otra y cada vez más confiado se atrevió a encajar el dedo gordo entre las nalgas y a moverlo primero en una dirección y luego en la otra, todo a lo largo de la raja del culo. Lo peor es que para entonces mi primo ya debía haber notado hacía rato que, por delicado que estuviese siendo este magreo, yo lo tenía que estar notando y no decía nada. Y no decía nada porque deseaba ardientemente que pasara algo así, con lo que, claro está, me estaba muriendo de placer. Al principio igual se podía pensar que sus movimientos no eran premeditados, y más adelante que eran demasiado inocentes todavía. Pero nos conocíamos ya bien. Había pasado cualquier límite justificable, y yo seguía callada, reconociendo con ello que me estaban gustando aquellas caricias por lo que me estaba dejando hacer sin decir nada.
- Pero ¿por qué no decías nada? - preguntó María, angustiada.
- Ya te lo he dicho. Porque realmente me estaba gustando, porque me moría por algo así con él, porque lo que no quería era follar, pero es que no sabes cómo te toca... Llegó enseguida con sus magreos hasta un sitio más blando, húmedo y caliente... No lo pude remediar, se me escapó un pequeño jadeo... hacía tanto que no le sentía así... Con todo su arte se puso a restregar el dedo frotando cada vez con más fuerza alentado por mi pasividad. Al mismo tiempo cambió lentamente de posición colocándose boca arriba y tensando la manta metió su cabeza debajo para poder ver lo que antes solo experimentaba mediante el tacto. Evidentemente, eso era muy poco disimulado por su parte, pero es que no estábamos haciendo nada por disimular ya. Había decidido dejarle hacerme una paja, porque realmente la necesitaba, y luego cortarle. Al poco rato me corrí sin remedio, como una niña, encogiendo los dedos de los pies y jadeando sonoramente unas cuantas veces seguidas. Tras relajarme un momento me levanté con la cara roja como un tomate y me fui de la habitación sin decir palabra, envuelta en la manta. Quería echarle la bronca pero no fui capaz. Claramente, había sido culpa mía. Él por su parte se metió en el baño a hacerse una paja porque debía tener la polla a punto de estallar.
- ¡Uauh!
- Pero... no le viste la polla...- ¿Hubo más?
- Sí... Sí, claro. Sí. - tomé aire para seguir mi relato. - Dos días más tarde volví. No había quedado ni nada, pero no pude evitar organizarlo para quedarme a solas con él. Me moría por repetir lo de la otra vez... y, antes de comer, él entró a cambiarse a su habitación, dejando la puerta abierta.
- Le viste.
- Sí, claro. Escondida, no se dio cuenta de nada. Se desnudó por completo, yo no entendí por qué. Se vistió de casa, con un pantaloncito de deporte largo y una camiseta blanca. No se puso ropa interior...
- ¿Qué?
- Pues claramente, ¡estaba pensando en lo mismo que Lauri!
- Lo peor es que sí, creo que sí. Los dos pensábamos en lo mismo. Estaba claro que eso de ir por ahí sin calzoncillos, estando solo conmigo...
- Bueno, bueno, ¿y su verga?
- ...¡¡Enorme!! Descomunal, estaba completamente en reposo, y era tan grande como cuando le vi hacerse la paja empalmada por completo. Descapullada en la punta, preciosa. Fue tan increíble ver aquello, me alucinó totalmente, mucho más que verle empalmado la vez anterior. Quiero decir, que es que empalmado no se le notaba tantísimo lo que le había crecido, estaba mucho más grande, pero es que en reposo era algo exagerado.
- Ahora entiendo por qué dices que se puso un pantaloncollo largo…
-Ya te digo. Tenía razón mi primo Carlos cuando me decía que le había crecido una barbaridad, y después de comprobarlo mis sospechas de que Carlosdebía estar con ganas de entregar su hombría a su hermanito no hicieron más que aumentar...
- Qué bruta eres... - sonrió Meri.
- ¿Y tú no entraste? - me preguntó Nurita babeando.
- ¡No! ¿Estás loca o qué? Me sentía mal. ¿No has escuchado nada de lo que estoy contando? Me di cuenta de que iba a caer otra vez en lo que no quería, no me apetecía estar liándome con él, o sí, pero no obligándole a dejarme cada vez que quisiera follarme el coño. Pero otra vez estaba demasiado caliente.
- ¿Y qué pasó?
- Comimos como si nada y, después, yo me tumbé igual que el otro día, en la misma postura. Evidentemente, Pablo decidió probar suerte de nuevo. Se fue a la cocina a recoger la comida, como el día anterior, y cuando volvió se metió debajo de la manta, exactamente igual. Yo me la había puesto expresamente para ocultar cualquier posible movimiento por su parte, aunque ese día ya hacía más calor. Todo se repitió como la vez anterior, pero en esta ocasión cuando la cosa estaba bastante avanzada y su pié se afanaba en mi culo, oculto como estaba bajo la manta, mi primo se sacó la polla del pantalón y se puso a hacerse una paja.
- ¡¡¡¿Qué?!!! Joder, no se corta un pelo el niñato...
- Bueno, ya os digo que el día anterior acabó levantando la manta para mirar, y yo no me molesté en decirle nada, aunque era evidente. Así que debió de pensar que no había problema, y este día se la machacó, debajo de la manta, pero los movimientos eran explícitos. Además, eso explicaba por qué no se había puesto calzoncillos... Aunque también es una pena, él llevaba siempre unos slips ajustaditos que le marcaban muchísimo el culito (tiene un culito perfecto, qué gustito da comérselo y morderlo) y el paquete, así que con ese pedazo de polla que se marca ahora debe notársele un paquetón... ¡ñam!
- ¡Ñam! - corroboró Nurita
- Y tú, ¿qué?- me azuzó Meri.
- Naturalmente, hice como si nada, pasmando para la tele como si estuviese allí sola, como si no me estuviese dando cuenta de lo que hacía, como si no lo notase entre las piernas.
- Hasta que te corriste, claro.
- Claro, no pude evitar los gemiditos y hacer un poco de aspavientos, jiji.
- Eres tan escandalosa, jejeje.- Pablo decidió apurar y no correrse hasta notar que lo iba a hacer yo. Pude sentir perfectamente su orgasmo, tampoco fue muy disimulado, yo diría que hasta exagerado. Se ve que quería obligarme a reconocer de forma explícita lo que estábamos haciendo, quería que lo reconociese para poder hacer más, llegar más lejos. Pero al terminar yo hice como si no hubiese pasado nada, dándole a entender nuevamente que ahí se acababa todo.
- ¿Y su corrida? Quiero decir, se corrió, ¿no? habría lefa suya por todas partes, si dices que se corre tantísimo... - Meri estaba atenta a los detalles. Me preocupó el brillo salvaje en sus ojos cuando me preguntó por el semen de mi primito. La muy zorra tenía los pezones como dos lanzas, y el chocho le chorreaba.
- Sí, es que creo que debía llevar una buena provisión de papel higiénico, o un trapo, después de correrse noté cómo se limpiaba.
- ¿Y ya?
- Ya. Me hice la dormida y él se retiró sin decir ni mu. Lo malo es que me sentía como una puta con el pobre niño. Así que decidí acabar con aquello.
- ¿Y lo conseguiste?
- No. La tercera y última vez, a la semana siguiente, es decir, el lunes pasado, acabé reincidiendo otra vez. Reconozco que me había vestido otra vez ligerita de ropa, no para provocarle, o quizás sí, no sé. En realidad hacía ya bastante calor...
- Bueno, eso sí que es verdad, esta semana ha sido fina. Sigue.
- Esta vez era él quien me esperaba tumbado en el sofá, se quejó de que siempre le hacía recoger y me ofrecí a hacerlo yo, para romper la rutina de los días anteriores, esperando que aquello me ofreciese una salida. El caso es que yo estaba muy cansada ese día, y reconozco que en realidad más caliente de lo recomendable. Así que no pude evitar, tras acabar con la cocina, y al verle allí colocado, sentir que en el fondo me apetecía una sesión de tórrido magreo.
- No, si tú...
- De verdad que me había intentado convencer a mí misma de lo contrario... Por eso he llegado a la conclusión de que lo mejor es no verle, por lo menos no verle a solas...
- ¿A qué me suena eso? - dijo Mer.
- No es la primera vez que te pasa... - añadió Nuria.
Pasé de sus comentarios.
- Así que cuando volví al salón me tumbé a su lado como las otras veces. Ese día iba con falda, no vestido, y debajo las bragas, eso sí. Aunque para el caso, era lo mismo vestido que falda. Hice un comentario sobre el sueño que tenía, y cerré los ojos. Al momento comenzó su lento acercamiento. Evidentemente, demasiado rápido como para pensar que yo estaba dormida, igual que las otras veces me daba la sensación de que en realidad deseaba que le pillase, hacer todo evidente para no tener que andar escondiéndose, ya que parecía incapaz de abordarme de otra manera. Pero yo eso sí que lo tenía muy claro, podía caer en el jueguito, pero nada más. Intenté convencerme que no era más que la excitación por la novedad del crecimiento desmesurado de su polla, aunque ese pensamiento casi me dio más miedo, al pensar que si me obsesionaba demasiado podía perder la cabeza hasta que no probase aquel elemento por mí misma... Tampoco me dio tiempo a pensar mucho. Pablo estaba atacando, tras apartar la falda con el pie. Ese día hacía un calor horrible, así que pasamos de manta ni nada, aunque yo seguía haciéndome la dormida. Vamos, que Pablo tenía barra libre para ponerse morado mirando, así que supongo que también él se excitó muchísimo enseguida.
- Porque tú ya te habías excitado muchísimo...
- Pues sí, claro. Después de palpar un rato sobre mis bragas fue tirando de los elásticos para encajarlas en la raja del culo, dejando mis nalgas al aire. Aquel juego me puso a mil. Y sentir el contacto de su pie sobre la piel desnuda de mi culo era fantástico. Me excité tanto que perdí la prudencia. Así que cuando él decidió ir un paso más allá, no fui capaz de frenarle. Introdujo los dedos del pie bajo el elástico de la braga a la altura del chocho y se puso a acariciarlo. Le sentía perfectamente recreándose en los pelos y la humedad de la raja. El lunes no me había arreglado todavía el pelo, que ahora voy con las ingles recortadas porque sé que si no me matáis, pero hasta ayer tenía una mata de pelo bastante salvaje, de las que se salen por los lados...
- Ya, tú y tus manías de parecer una zorra además de serlo... - dijo Meri, irónica.
Mis dos amigas, fanáticas de la depilación integral, siempre me dicen que le gustan los chochitos bien depilados, pero a mí me gustan a veces peluditos, de hecho ha llegado a ser una verdadera filia por mi parte eso del vello púbico, y sé bien que mucha gente me prefiere también así. Con mi amiga Lu, por ejemplo, tenemos las dos ese cierto fetichismo por el pelo en nuestro cuerpo, hemos llegado a ciertas perversiones al respecto.. aunque eso es otra historia que a más de uno de vosotros, queridos lectores, os he contado ya, y hasta enseñado, por otras vías.
- ¡Meri, no le cortes ahora! - le recriminó Nuria.
- Eso, que me has parado en el mejor momento. Pablo siguió, presionando un poco llegó a empezar una ligera penetración, y pude sentir su dedo gordo jugando con la viscosa carnosidad de mis labios menores. Sin dejar de hacerme la dormida, estaba jadeando como una puta en celo. Y al notar que yo no podía contener los jadeos, y sin medir las consecuencias, Pablo me hundió el dedo gordo en la vagina. Solté un gemido, no sé qué me tocó, o como estaba yo de caliente, pero no lo soporté. Nunca me ha corrido tan rápido nada más empezar a tocarme... fue como cuando a Javito se le dispara antes de tiempo... - mis amigas sonrieron con mi comentario respecto a nuestro común follamigo- así que, para evitar que se diese cuenta de que me estaba viniendo, y teniendo en cuenta que empezaba a notar una horrible y copiosa humedad entre mis piernas bastante injustificable todavía a esas alturas, me levanté bruscamente y me encerré en el baño.
- ¿Así, sin más?
- ¿Realmente crees que era algo extraño? Evidentemente, Pablo sabía que me estaba dejando hacer, pero tampoco era raro que pensase que tenía un límite y se había pasado. ¿Tú qué crees que se iba a atrever a decirme ese niño? Lo que estoy segura es que no pudo darse cuenta de que me había hecho correrme antes de tiempo, si es que no había dado tiempo material...
- ¿Te masturbaste?
- ¿Para qué? ¡Si ya me estaba corriendo! Fue un orgasmo muy raro, muy largo, muy bestia, me duraba todavía cuando estaba en el baño, no podía contener mi cuerpo, nunca me había pasado nada parecido...
- ¿Y nada más? - preguntó Nuria algo extrañada.
- Nada más. Cuando salí mi primo estaba tan pancho. ¿Sabes? Creo que él ya sabía que mi tía me iba a pedir lo de quedarme con él esta semana y la siguiente, y que no había hecho más que preparar el camino. Por eso creo que tampoco se preocupó mucho.
- ¿Entonces? ¿no habéis hecho nada desde el lunes?
- No, el lunes no hablamos mucho más, después de aquello. Yo me fui al rato, la situación se me volvió desagradable. El miércoles me dijo eso mi tía. Me pasé dos días con la cabeza hecha un lío, hasta que pensé en vosotras. Así que ayer me pasé por la pelu a arreglarme las ingles para mis queridas Meri y Nur, y aquí estamos...
- ¿Pero todavía no has contestado a tu tía?
- Bueno, sí, ayer le dije que sí.
- ¿Sin saber si nos íbamos a quedar?
- Realmente contaba con que al menos una de vosotras...
- ¿Y si ninguna hubiese podido? - me pinchó Meri.
- Pues supongo que mañana por la noche a más tardar, mi primo se habría metido entre mis piernas, y no me volvéis a ver en dos semanas.
- ¡Qué puta!
- Supongo que luego me hubiese entrado un horrible sentimiento de culpa y me hubieseis encontrado colgada de un árbol, desnuda, en el jardín... y luego, claro, os hubiese entrado también a vosotras el sentimiento de culpa...
- ¿Y también nos hubiésemos ahorcado desnudas por ti?, ni lo sueñes preciosa, jajaja - rió María.
- Morena, si te veo desnuda yo, aunque sea colgada de un árbol, me pongo tan cachonda que no podría dejar de follarte como una perra...- Nurita siempre tan cariñosa. El caso es que su particular piropo me calentó, con el apetito abierto como lo tenía después de rememorar las últimas hazañas de mi primito conmigo.
- ¿Sí? - le contesté insinuante - Pues llevamos un buen rato desnudas, y yo no he parado de hablar y contaros cosas calentitas... ¿estás cachonda y con ganas de follarme? - le pregunté abriéndome de piernas.
Mi coño abierto como un pozo hablaba por sí mismo. Nuria no dijo nada, ni pidió permiso alguno para tumbarse con la cara entre mis piernas y empezar a hacerme una monumental mamada. Ya no hablamos mucho más, de ahí entramos en la casa, besándonos, a mi habitación, donde sacamos la cama nido y nos tumbamos las tres sobre las dos camas unidas. Paramos de follar como a media noche, sólo para comer algo y reponer fuerzas. A la mañana siguiente, rendidas pero satisfechas, fuimos cayendo dormidas una tras otra. A media mañana, el asfixiante calor del verano en esta ciudad sin mar nos despertó a las tres, con nuestros cuerpos sudorosos pegados. Nos duchamos juntas (tardamos más de lo habitual, claro, jiji). Después comimos algo, y salimos. Era ya la hora de ir a por mi primo... Mis dos amigas se ofrecieron a acompañarme. Al fin y al cabo, mejor empezar juntas desde el principio. Llegamos a casa de mis tíos, estuvimos un rato con ellos, y volvimos al coche.
Meri, Nuria, mi primo y yo, nos pusimos en camino hacia la casa de mis padres en las afueras.
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@laualma que relato me tuviste todo el relato co la polla dura y gorda de la excitación
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@nyctidromus uffff… a ti te la habría lamido despacio, con ganas pero conteniéndome, estirando el momento durante toda la lectura del relato, que tú irías demorando para que nunca se terminara ese placer, y solo cuando llegaras al final me lanzaría a por tu enorme y turgente glande, empapándome de tu sabor mezclado ya con el de mis babas y, siempre sin metérmela en la boca, concentraría allí todos mis lengüetazos y lamidas hasta conseguir que me lo dieras todo en la boca, en la cara, en el pelo, por todo el cuerpo… diossss debes correrte como un animal, verdad? o como un demonio
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@laualma Si, e corro como burro, y desearia mamarte esa cuquita rica que tienes hasta que me llenes la cara y la boca con tu flujo mamita; ¿te gustaría que te comoiera tus agujeros viciosos?
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@nyctidromus es que... sinceramente, tampoco me veo capaz de negar nada a una persona con tu determinación, tu deseo y tus ganas... sé bien que me harías deshacerme como una putita en tu boca, pero por mucho que yo lo quiera, con personas como tú todo sucede por tu deseo y por tu voluntad, y de poco importa lo que a mi me gustaría que me hicieras
aún así, si insistes en preguntar, sí, claro que me gustaría, me encantaría y me pone muy caliente que me lo digas así por aquí, aunque cualquiera pueda leernos... o precisamente por eso
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@laualma Creo que eso me pone un poco que cualquier pueda leer mis guarradas, las que te harias gracias por tu prosa.
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@nyctidromus lo cierto es que yo, cuando estoy cachonda de verdad, acabo disfrutando también mucho de enseñarme y dejarme ver, soy bastante exhibicionista cuando tengo ganas de jugar
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@laualma Uff corazón que rico; me enseñarias tus tetas estando cachonda que rico, me pusiete burro solo de pensar cachonda
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@nyctidromus mmmm qué perrita me pone que me quieras ver las tetas!! jijijiji
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@laualma no solo quiero ver tus senos que deben estar de vicio, quiero lamertelos y follartelos, me pones tan duro mami
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@nyctidromus ya los tienes en tu correo guarrito jijijiji besitos y que los disfrutes ;)
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