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Las Aventuras de Olga

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nyctidromus
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LAS AVENTURAS DE OLGA
 
Una semana antes.
 
Magda llamó a Eva y a Nuria a su despacho.
Se le veía encolerizada, muy nerviosa y afectada. Eva se contagió de su nerviosismo pero Nuria permanecía impasible, quizá incluso desafiante, con los brazos cruzados sobre el pecho y una mueca de soberbia en el rostro.
Eva aprovechó para fijarse en que, efectivamente, Magda no llevaba sujetador y que los pezones se le marcaban a través de la blusa como dos clavos.

— Tengo que decirles a las dos que estoy un tanto decepcionada con ustedes... — empezó Magda, rondando por la sala como un león en una jaula — esperaba mucho más...

Nuria ya había vivido un número parecido antes, sólo que con Olga en lugar de con Eva. No pudo evitar que se le escapara una risita.
— ¿Le hace gracia, Nuria? ¿Le hace gracia estar aquí?
— ¿Por qué no va al grano?
Magda se sorprendió de la insolencia de su subordinada. Por unos instantes la lengua se le trabó.
— Muy bien, iré al grano — continuó — algunos miembros del personal de esta empresa... les han visto a ustedes dos cogidas de la mano.
Eva resopló. Un sudor frío le recorría la frente y el cuello haciendo que le brillara la piel. Nuria se dio cuenta, le parecía un cuello muy besable.
— No pienso consentir ese comportamiento indecente en esta empresa...
— ¿Qué comportamiento indecente? — soltó Nuria elevando un poco el tono de voz —
— ¿Cómo que cual? Ya lo saben, esas porquerías...
— ¿Qué porquerías? Sólo nos hemos cogido de la mano ¿de qué está hablando?
— ¿Qué de que estoy hablando?
— ¡Sí! — gritó Nuria acercándose peligrosamente a Magda — ¿de qué estás hablando?
— A mí no me levante la voz...
Nuria se encaró a su jefa de la forma más intimidante posible. Eva no cabía en su sorpresa, nunca había visto a nadie hablarle así a Magda.
— ¿Qué hemos hecho? ¿Qué es eso tan indecente que hemos hecho? ¿Qué hemos podido hacer nosotras que no hayas hecho tú antes en este mismo despacho?
— ¿Cómo se atreve...? Voy a despedirlas a las dos...
— ¿Por qué? ¿Por qué nos acostábamos con la misma chica que tú?

Magda se quedó parada como si se hubiera convertido en una estatua. Miró a Nuria con mucha furia y apretó el puño con todas sus fuerzas.
Cuando parecía que iba a descargar ese puño contra lo primero que tuviera delante rompió a llorar de la forma más desconsolada posible.
Nuria abrazó a Magda con ternura y la dejó llorar contra su pecho y Eva también se acercó para poner de su parte.

— No puedo vivir sin ella — balbuceó Magda en cuanto estuvo un poco más calmada —
— No llores más — le dijo Nuria secándole con el pulgar las lágrimas de las mejillas — no se lo merece...
— Pero yo la quiero...
— Y yo también — intervino Eva — y me cuesta mucho odiarla.
— Sois un caso perdido — dijo Nuria, ceñuda —
— Ni siquiera sé dónde está — continuó Magda muy angustiada — le mando un mensaje cada día, le llamo varias veces, pero nunca me contesta...
— No la necesitas, Magda, eres mejor que eso...

Magda, ante semejante demostración de comprensión y confianza, se separó de las dos y se dispuso a mantener las distancias, tanto físicas como emocionales.

— Bueno, bueno... no nos dejemos llevar...
Nuria quiso aproximarse de nuevo, pero Magda se desplazó en la otra dirección y se colocó detrás de su escritorio.
— Bueno, esto es todo lo que quería decirles, pueden regresar a sus puestos de trabajo...
— Pero... — musitó Eva perpleja —
— Hay mucho trabajo que hacer — concluyó Magda — así que venga...

Nuria y Eva se resignaron a ser echadas del despacho. Cuando estuvieron fuera se dieron un beso y comentaron brevemente lo que acababa de suceder. Luego, cada una se marchó a su puesto.

La jornada transcurrió sin incidentes remarcables. Magda se había ido a lavar la cara después de la explosión emocional y cargando con su portafolios se dispuso a abandonar la oficina. Al pasar por la entrada no quiso mirar hacia el mostrado, donde se encontraba como de costumbre Eva. Fue directamente hacia la puerta, pero al hacerlo se encontró de cara con Nuria que estaba parada justo delante.
Magda esquivó su mirada y cruzó la puerta sin decir palabra, pero no hubo recorrido unos metros cuando la voz de Nuria le dijo algo a sus espaldas.
— ¿Qué es lo que quiere? — preguntó Magda visiblemente incómoda —
— Sólo hablar contigo, nada más...
— No tengo nada de lo que hablar...
— Pues yo creo que si — dijo Eva apareciendo por detrás —
— ¿Qué es esto? ¿Una conspiración? ¿Queréis vengaros?
— ¡No, no! — dijo Eva acercándose — creo que será mucho más útil si nos hacemos amigas...
— ¿Amigas?
— ¿Quién te va a entender mejor que nosotras? — sentenció Nuria —
— ¡Yo no soy una sucia bollera como vosotras! — gritó Magda muy molesta —
— ¿Ah no? — dijo Nuria con perplejidad — ¿Y los gemidos en tu despacho cuando te encerrabas con Olga?
— No... — dijo Magda y continuó caminando — yo no soy una lesbiana como vosotras...

Nuria y Eva se miraron la una a la otra muy extrañadas. Luego decidieron seguir a su jefa en su camino.
— ¡Oye! — dijo Nuria con un tono inquisitivo — ¿Te da vergüenza ser lesbiana o qué?
— ¿Qué?
— Que si te avergüenzas de lo que eres — dijo Eva visiblemente enfadada —
— ¡Yo no soy como vosotras! — gritó Magda que había llegado por fin a su coche — siempre pensando en los chochos, siempre tocándoos...

Eva y Nuria se miraron. Estaba claro que, al pronunciar esas palabras, Magda estaba empezando a excitarse.

— Sólo pensáis en tocaros las unas a las otras...
— Creo que sé lo que quiere decir — dijo Nuria con una sonrisa —
— ¿Ah sí?
— Si — contestó Nuria mientras Magda entraba en su coche — lo entiendo perfectamente...

De repente, Nuria y Eva se introdujeron en el coche con Magda. Nuria en el asiento del copiloto y Eva detrás. Nuria echó mano a desabrocharle la blusa a su jefa mientras Eva la sujetaba por los hombros y le besaba el cuello.
— Cuándo dice que sólo pensamos en tocarnos unas a otras... — decía Nuria mientras desnudaba a una complaciente Magda — lo que quiere decir es “sólo pienso en tocaros a las dos” ¿me equivoco?
— ¡No!
Magda se bajó las bragas y se arremangó la falda. Echó la cabeza hacia atrás y besó a Eva en la boca. Enseguida Nuria se acercó para besarla también mientras sus manos terminaban de desnudar sus pechos. Eva aprovechó para palpar por delante pues desde que Nuria le hiciera fijarse en la ausencia de sujetador de su jefa había deseado esos pechos escasos con mucha lujuria.
Magda apenas tenía espacio para alargar las manos, pero consiguió alcanzar la palanca bajo el asiento y hacer que éste se reclinara hacia atrás, poniéndose casi en horizontal. Eva recibió esta iniciativa desabrochándose la blusa y el cierre delantero del sujetador y colocando sus pechos a la altura de la boca de Magda.
Nuria hizo uso del espacio recién abierto acomodando como pudo su boca entre las piernas de su jefa. Magda tenía el coño muy mojado ya, y le olía muy fuerte. Tener la nariz tan cerca provocó inundaciones en el coño de Nuria y una violenta ansia de abrir y chupar cuanto antes esa vagina.
— ¡Guarras! — dijo Magda aprovechando que Eva la había abandonado momentáneamente para quitarse las bragas — ¡Sólo pensáis en comeros el coño la una a la otra!
— Es verdad... — contestó Eva sentándose, ya sin bragas, en la cara de Magda —
— ¡Ah!

Eva, la única de las tres que no tenía la cara entre las piernas de nadie, emitió un grito de espanto. Había un adolescente mirándolas por el cristal del auto, con los ojos como platos y la boca abierta. Con la mano llamaba a sus amigos para que vinieran a ver el espectáculo.
— ¡Mierda! — Dijo Eva — ¡La calle está llena de gente! ¿En que estábamos pensando?
— Yo no creo que estuviésemos pensando en nada... — dijo Nuria sacando, muy a su pesar, la cara de entre los muslos de su jefa —
— Vámonos... — dijo Magda recuperando la verticalidad del respaldo del asiento y abrochándose la blusa de paso — A un hotel...

Magda puso la llave en el contacto y arrancó, pero antes de poner el vehículo en marcha le dio un beso con lengua a cada una.

— Vámonos a un hotel.
— ¿Las tres? — pregunto Nuria con una sonrisa de complicidad —
— Vosotras tenéis la culpa ¡No sabéis como me habéis puesto! Con vuestros coños calientes y vuestras lenguas húmedas...
— Yo creo que sí que lo sabemos — dijo Nuria metiéndole mano por debajo de la falda mientras conducía —
— ¡Señorita Nuria! — dijo Magda gritando — ¡Yo soy su jefa, y si le ordeno que me devore el coño tendrá que hacerlo! ¿Entendido?
— Y con mucho gusto... — contestó Nuria dejando libertad a sus dedos para profundizar cuanto quisieran —
— ¡Usted, Eva! — dijo Magda alcanzando sus bragas en el suelo del coche — ¡Le ordeno que huela mis bragas!

Eva obedeció, cogiendo las bragas y llevándoselas a la nariz.

— ¿Le gusta el olor de mi coño?
— Si... — contestó Eva que daba cuenta al mismo tiempo de su clítoris — huele muy bien...
— Buena respuesta, usted llegará lejos en esta empresa...

Nuria chupaba los dedos que iba introduciendo entre las piernas de Magda. Tener las piernas abiertas le ponía muy difícil manejar los pedales del auto, pero no se quejaba.

— Nos vamos a matar... — dijo Eva que veía la escena desde el asiento de atrás —
— ¡Quiero vuestras lenguas! — dijo Magda aprovechando que se detenía en un semáforo —

Seguidamente, primero Nuria y después Eva la besaron en la boca.
El coche volvió a arrancar. Nuria aprovechó para extraer los dedos del interior de Magda (tres de ellos) y meterlos en la boca de Eva.
Magda aceleró, como si de repente tuviera mucha prisa. Entró en el parking del hotel como una loca. Aprovechando la oscuridad Nuria se lamió los dedos y se los deslizó coño abajo a Magda. Eva palpó por delante sus pequeños pechos.

— ¡No os he traído a un hotel tan caro para que me violéis en el parking! — exclamó Magda — ¡vamos a una buena habitación!

Las tres mujeres bajaron del auto. Estaban nerviosas y calientes. Las manos se aventuraban torpemente a tocar un trasero o un pecho; se dieron algún beso furtivo...
Aun así, consiguieron alcanzar el ascensor. Una vez dentro Nuria asió por entre las piernas a Magda mientras la besaba lascivamente la boca. Eva la agarraba por el trasero mientras le lamía el cuello. Magda, por su parte, deslizaba una mano entre las piernas de Nuria y con la otra buscaba uno de los pechos de Eva.
Como pudieron recuperaron la compostura en cuanto la puerta del ascensor se abrió en la planta de recepción. Magda caminó hasta el mostrador y pidió una suite.
Enseguida las tres mujeres volvieron a utilizar el ascensor. La habitación se encontraba en lo más alto del edificio, así que Nuria tuvo tiempo de introducir a base de bien sus dedos entre las piernas de Magda mientras Eva le devoraba la boca, le acariciaba los pechos y se dejaba acariciar los suyos.

— ¡Desnudaros, zorras, quiero ver vuestros coños! — gritó Magda tan pronto estuvieron dentro de la habitación —

Sin prisa alguna las dos compañeras se desvistieron hasta no tener una sola prenda de ropa que cubriera sus cuerpos. Eva destacaba por su generoso pecho mientras que Nuria lo hacía por ser algo más ancha de caderas que las otras dos.
Antes de que Magda consiguiera imitarlas y quedarse también desnudas, Nuria y Eva se echaron juntas en la cama para besarse y abrazarse.
Magda contempló el bello espectáculo mientras se desnudaba muy lentamente. Su coño empezó a chorrear piernas abajo al ver en primer plano el culo y el chocho de Nuria o como ésta le engullía los pezones a su amiga.
Ya completamente desnuda Magda se acostó justo al lado de las dos mujeres. Antes de decidirse a participar las admiró, tocándose a sí misma mientras lo hacía. Luego le acarició la espalda a Nuria, tomándose cierto interés en su culo.
Nuria se lo tomó como una invitación a cambiar de postura, así que se despegó de su amiga para acercarse a Magda y besarle en la boca. Luego Eva hizo lo mismo.
— Que pechos tan bonitos... — dijo Magda agarrándoselos a Eva y amasándolos con avaricia —
Pronto tanto Nuria como Magda se apoderaron cada una de los pezones de Eva con sus bocas.
— Estos enormes pechos — dijo Magda parando a respirar un instante — son míos ahora, para hacer con ellos lo que yo quiera...
— Si... —contestó Eva con un susurro —
— Y este coño es mío — añadió Nuria sujetándole precisamente por ahí a su jefa —

Sin mediar palabra Nuria se puso a masturbar a su jefa de un modo violento, metiendo y sacando los dedos a un ritmo frenético. Magda se puso a chillar de puro placer, pero enseguida Eva la hizo callar sentándose en su cara. Nuria sustituyó sus dedos por su lengua. El coño de Magda estaba encharcado de abundantes y calientes jugos, justo el plato favorito de Nuria. Y algo parecido podía decirse de lo que recibía en su propia boca la propia Magda procedente del chocho de su empleada.
— ¡Qué bueno está éste coño! — exclamó Nuria —
— Yo también quiero probarlo — dijo Eva propiciando un cambio de postura —

Eva sustituyó a Nuria poniendo su lengua entre las piernas de Magda y Nuria la sustituyó a ella poniendo su coño en la cara de Magda.
Eva fue la primera en recibir una violenta corrida en su boca inesperadamente.

— ¡Se ha corrido en mi cara ¡ — dijo Eva divertida —
— Yo también quiero... — anunció Nuria cambiando de postura para poder chupar la leche recién ordeñada —
Mientras las dos chicas se encargaban de limpiar a lametazos la entrepierna de su jefa ésta las observaba regocijándose.

— Muy bien... así me gusta... chuparme bien...

Lo siguiente que hizo Nuria fue besar a Magda en la boca con la suya perdida de zumos vaginales. Magda saboreó su propia leche encantada.

— Venga, chicas — dijo Magda — ahora quiero comeros yo a vosotras el coño —
— ¡Buena idea! — dijo Eva — pero estaría bien que fuésemos una más...

Nuria y Magda quedaron en silencio. Las tres mujeres se miraron entre sí de forma inquisitiva, y luego sonrieron con complicidad.


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