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La Libertad III_13: día 07_merienda

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 07 - 21.07.2012 - merienda

 

 

- Déjame un poco de sitio, anda. - Dije estirándome boca arriba, con los brazos a ambos lados del cuerpo, como una muerta.

 

Inmediatamente, cerré los ojos, no quería saber nada. Yo sabía que él estaba despierto, su respiración le delataba, pero me daba igual. En cualquier caso yo, cerrando los ojos, dejé claro que ya no era responsable de nada de lo que allí pasara.

 

Pablo esperó un poco, menos de un minuto, para empezar a reaccionar. Entonces, se giró 90º hacia mí, quedando de costado pegado a mi cuerpo. Su polla ya dura cayó pesada sobre mi brazo derecho, rozando implacable contra todo mi costado de ese lado, desde mi nalga, mi cadera, cintura, mis costillas... sentí la humedad de la punta un poco por debajo del sobaco, a la altura del nacimiento de mi teta derecha, haciéndome dibujitos con la punta caliente, utilizando su preseminal como tinta. El niño estaba mucho más caliente de lo que parecía. Estaba bien, porque yo hervía, y no sabía si podría esperar mucho tiempo, aunque lo suyo era dar tiempo para que yo pudiese estar realmente dormida. 

 

Por eso me sorprendió sentir, de repente, contacto sobre mi teta izquierda. Tenía los pezones todavía muy duros, y él empezó a jugar con ellos. Muy suave, me fue acariciando poco a poco los pechos, el vientre, los brazos, bajaba hasta la entrada misma de las braguitas, pero como llevaba el tanga tan bajo, aquello era equivalente a tocar pelo ya desde el primer momento, pelo mojado, mojado de él, mojado de mí, mojado de mi sudor y de mi flujo... me estaba poniendo a mil, era una mierda, porque estaba claro que yo no podía estar dormida, de hecho intentaba como una idiota controlar mi respiración, pretendiendo hacerme la dormida, y me di cuenta de que estaba empezando a jadear de manera más que sensual... y entonces todo empezó a pasar, sin duda mi falta de respuesta, o hasta mi tibia respuesta, ¡por fin!, si teníamos en cuenta mis gemiditos, o mi extraña respiración que certificaba que estaba despierta, dejándole tocar mi cuerpo, mis tetas, el pelo de mi coño, mientras él, desnudo, jugaba con su polla dura en mi costado... ohhhh, era demasiado, demasiado, es que yo estaba tan mal... me di cuenta que deseaba sexo, sexo y más sexo, y que deseaba a mi primo como una loca... Él empezó a ir a más, no tocaba más, pero sí más fuerte, más confiado, empezó a darme tiernos besos, en el cuello, la mejilla, cada vez más húmedos...

 

Y entonces me di cuenta de que su polla se había puesto durísima de nuevo, volvía a estar a cien, muy, muy caliente, y con el glande fuera, hirviendo apretado contra mi piel, bajo mis tetas, y soltando líquidos si parar... En medio de aquella marea de sensaciones placenteras y excitantes, y debido sobre todo al arrebato de mi primo, en aquel momento pasó algo más: yo tenía el brazo derecho retorcido, de manera que mi palma quedaba más o menos boca arriba. Al girarse él hacia mí, y empezar a frotar su cuerpo contra el mío, su pene contra mi costado, de repente sentí cómo sus cojones caían, pesados y graves, en mi palma abierta. Mi mano sudorosa recibió la bolsa hinchada de mi primo, sentí la piel más gruesa, caliente y sudada de su escroto, más suave de lo habitual en los tíos, como era más clara, también, del mismo color que el resto de su piel, y no pude reprimir un estremecimiento de emoción al volver a sentir aquel divino contacto. Esas pelotas grandes, hinchadas, seguían bombeando a pesar de haberse corrido una y otra vez los últimos días...

 

De manera casi involuntaria, más como un acto reflejo casi, mis dedos calientes se cerraron sobre los testículos de mi primo, aferrándolos con desesperación, como temiendo que fuesen a escapar de allí. Él, naturalmente, notó aquel contacto, aquel gesto que habría sido impensable de haber estado yo dormida... es decir, yo callaba, pero asentía y consentía, disfrutaba, quería más... lo alucinante era que Pablo estaba aún más cachondo que yo; al sentir que le agarraba los huevos, su reacción, que podía haber sido más medida y dirigida a derribar definitivamente mis barreras, fue impulsiva, dejó rienda suelta a sus instintos, y aceleró su frotamiento contra mi costado, manoseándome cada vez más libremente y con más descaro el cuerpo, sobre todo las tetas, y empezando a darme sonoros lengüetazos en la cara, que empezaba a tener cubierta de sus babas.

 

Su frotamiento contra mí alcanzó tal ritmo que temí que se viniera encima de mí sin más; ¿qué pasaría entonces? yo necesitaba una respuesta en mi coño, así que o me levantaba a pajearme al baño, o me lo hacía allí con él... o, dejada llevar por la locura, le acababa montando, ohhhhhh no, no podía ser tan cabrón de hacerme aquello... De repente, sentí su mano izquierda deslizarse bajo su miembro, bajo mi brazo y mano derecha, y cogerme los dedos desde abajo, empujándome y guiándome en un masaje circular sobre sus pelotas, que yo complementé con un movimiento ondulatorio de mis dedos... Era idiota, pensé, ¿cómo podía darle pruebas tan claras de estar despierta, de estar disfrutando de sus impúdicos e impropios tocamientos? Pero quería, necesitaba animarle, da el paso tú, Pablo, por favor, no me hagas darlo a mí...

 

- Laurita, Laurita, Lauritahhhhhh... - mi primo me escupía en susurros mi nombre al oído, mientras se volvía loco embistiendo mi costado con su polla.

 

El caso es que yo estaba cachonda, muy cachonda, sólo con aquello. Sabía que era capaz de correrme con poco más, pero el problema es que me moría por sexo serio y, de no tenerlo pronto, tenía miedo de mi posible reacción...

 

Ohhhhhhhhhh.

 

Sí. Sí. ¡Sííííííííííííííí!

 

Su mano derecha, por fin, recorriendo frenéticamente todo mi cuerpo, se había aventurado, una vez asomadas las yemas de sus dedos al interior de mis braguitas, a dar un paso más adelante. Más abajo... ohhhhh era tan bajito mi tanga, que cuando se decidió a entrar ya estaba la mano entera sobre mi coño. Húmedo, empapado... mhhhhhhh Sí, con el tanga tan bajo, con mi pubis hinchado, como un paquete de tío, cuando me tumbaba se me veía todo por los lados, se levantaba y quedaba visible, él tenía que llevar un rato viéndome el coño desde arriba, tenía que ser irresistible para él... Y, por fin, Pablo se enredó en mi pelo, los dedos pulgar y meñique se anclaron en mis ingles, apretándome con fuerza el pubis y, poco a poco los dedos intermedios avanzaron, hasta que sentí el corazón apretarse contra la raja de mi vagina y los índice y anular empujar mis labios salidos, empezó a tirarme del coño hacia arriba, mientras me empujaba la polla contra el cuerpo, clavándome el glande empapado en la teta derecha.

 

¿Sólo me iba a hacer aquello? ¿Un simple dedo, y por fuera del coño? Y el caso es que yo sentía cómo mi temperatura se disparaba y el orgasmo amenazaba con explotar ya mismo, estaba tan caliente que no iba a necesitar mucho más... mierda, tanta tensión sexual acumulada me estaba haciendo tener mi propia "eyaculación precoz", si lo había sentido así con el tipo del videoclub, me temía que con Pablo iba a ser incapaz absolutamente de contenerme… me veía incapaz de aguantar tanta excitación y, como les pasa a los tíos, temí que alcanzar el clímax tan rápidamente echase por tierra todos mis objetivos... podía ser frustrante...

 

Pero no, no lo fue. Mi primo, espoleado por la pasión, el deseo, por mi permisividad y mi propia y evidente necesidad de su sexo, terminó por lanzarse, o simplemente se dejó llevar del todo. Sentí su lengua, audaz, lujuriosa, hundirse en mi oreja, jugando con todo mi órgano, metiendo su punta bien hasta el interior, que me llenó de saliva, mordiendo y chupando... solté un ligero grito, no pude evitarlo, las orejas y el cuello me pierden, y él me la acababa de comer tan bien... grito que fue acompañado de un estremecimiento, levantando levemente las rodillas, como en un espasmo, y cerrando con fuerza la mano alrededor de sus cojones, apretándoselos con más fuerza de la aconsejable. Él soltó un grito ahogado de dolor al sentir la presión excesiva en sus huevos. ¿Cómo iba a ser siquiera pensable que yo estuviera dormida? Pero no se detuvo demasiado, no. Recuperado del dolor, supongo, volvió a pegar su cuerpo contra el mío, con su cipote aprisionado entre ambos, y su boca a mi oreja. Noté su humedad caliente en mi cara. Nervioso, me dijo, no susurrando, sino alto y claro, bien metido en mi oreja:

 

- Ahora te voy a comer el chumino, prima. Si no haces nada te voy a comer todo el chumino, párame tú si quieres, prima... o es que te como el coño ya mismo...

 

Yo empecé a temblar... más claro agua, me acababa de decir que sabía que yo estaba despierta, y lo que me iba a hacer... y pararle o no era decisión mía... pero yo estaba paralizada, no podía hacer nada más que dejarme, asistir pasiva a su banquete... disfrutando de ser el plato principal.

 

Porque quería que mi primo me comiera el coño.

 

Pablo no se detuvo a esperar ninguna respuesta, sabía que no la iba a haber. Pero quien calla, otorga, y él además no había solicitado mi permiso, simplemente me había informado de sus intenciones, dándome la opción de detenerle, aunque sabiendo que no querría hacerlo. No, por nada del mundo, claro... Cómeme toda, primo, pensé. Y deseé decírselo, pero preferí seguir mi tonta ficción del sueño... Igual que con Guille, nuestra primera vez, cuando me lo hizo todo, completo, pero me folló todo lo follable sin dirigirnos la palabra; yo le ignoré, actuando para él como si fuera una muñeca hinchable entre sus manos, y aquello a pesar de estar viviendo la mejor noche de sexo de mi vida. Ohhhhhh... pero ya sentía a mi primo bajar por mi cuerpo, ya no era momento, ya no podía pensar nada, había optado por dejarme, por entregarme, ahora sólo era momento de esperar, de ver qué hacía él y de... disfrutar.

 

Como temía, ante la irresistible tentación que debían ofrecer mis pelillos del chocho sobresaliendo por arriba y por los lados de aquel minúsculo tanga, que además me quedaba tan pequeño, tan bajo, que era como no llevar nada... sin contar los pelos que directamente atravesaban la tela, clavándose en ella y apareciendo alegremente por el exterior... como decía, esa tentación fue, por supuesto, más de lo que mi primito estaba dispuesto a soportar a estas alturas. Me acababa de decir que me iba a comer el chocho, y yo no había movido ni medio músculo para detenerle. Así que, como es natural, no se cortó en, en primer lugar, tras ponerse a mi lado, de rodillas, meterme una mano por el lateral del tanga y apoyarla sobre mi chocho desnudo. El contacto súbito, aunque esperado, me estremeció. Él, supongo que más por instinto que por miedo, sacó la mano de mis braguitas, rápido como un rayo. Pero supongo que, dada la situación, estaba seguro de que yo no iba a decir nada o, si finalmente lo decía, lo iba a hacer de todas maneras, su éxito no dependía de despertarme o no, claro, porque ya estaba despierta. Más bien era cuestión de cuánto placer podía darme en el plazo de tiempo más pequeño, para dejarme sin aire y sin capacidad de reaccionar, como él sabía... Hubo una corta época que Pablo me hizo muchas comidas de coño, y no lo hacía nada mal, desde luego, mucho mejor que su hermano, aunque Carlos... bueno, igual que follando, Carlos tiene "otros encantos" diferentes a su hermanito, que parece siempre dotado con esa especial sensibilidad para el sexo. Así que, viendo que seguía inmóvil, a pesar de todo, a pesar de acabar de meterme la mano en las bragas, Pablo decidió proseguir el juego: mi juego.

 

Se incorporó lentamente, bajó de la cama, y se puso a mis pies. Con delicadeza, me tomó de las pantorrillas, y me separó las piernas. Primero las abrió sólo un poco, luego debió decidir que no era suficiente, y me abrió más, empujando primero una de ellas y luego la otra. Sentí sus manos deslizar por mis muslos. Respiré hondo, y estoy segura de que, además, debí poner caras. Como tenía los ojos cerrados, no supe si me había visto pero era muy posible que, en aquella posición, de no estar mirando fijamente mi coño me estaría mirando a la cara. Bien ¿una confirmación más de que aguardaba despierta a lo que quisiera hacerme? Ya qué más daba. Sólo tenía miedo a una cosa, que después de chuparme el coño quisiera seguir... Joder, de pronto pensé que no entraba en mis planes haberle dejado jugar con mi sexo tan pronto... aunque demasiado había jugado ya con el de mis amigas... Para seguir tomando la iniciativa, y más después de lo de Nurita justo antes, lo mejor era entregarle ya mi desnudo integral. Sí. Mi sexo. Ya. Porque... ¿cómo iba a comerme el coño si no me quitaba las bragas? Evidentemente, a ello se disponía.

 

Cuando sus manos terminaron su lenta e interminable ascensión por mis estremecidos muslos, ayudados por la generosa lubricación de mi desproporcionado sudor, Pablo optó por pasar las yemas de los dedos muy suavemente a uno y otro lado de mis labios mayores, justo en el pliegue con mis muslos. Por supuesto que me estremecí de nuevo, pero no me moví, y él ya no se alteró, estaba decidido a ver su tesoro, cuanto antes. Así que empezó a meter los dedos de su mano derecha bajo las braguitas, entrando por el lateral del triangulito, pasando entre la inservible tela y mi mata de pelo, y bajando siguiendo la raja de mi vulva, entre mis pliegues y la tela que pronto se estrechaba hasta convertirse en una ridícula tira. Naturalmente, a esas alturas yo tenía la tira totalmente metida dentro de mis labios, y éstos, tanto los mayores como los menores, se me salían a ambos lados sin poder evitarlo. Básicamente, mi primo estaba viendo ya desde esa perspectiva una magnífica imagen de mi coño desnudo. La verdad que, si quería, podía hasta comérmelo directamente, sin desnudarme, porque lo que era aquel tanga de Nuria a mí no me tapaba absolutamente nada por ahí. Pero no quería.

 

Bajó más la mano, bien metida entre mis muslos, sentí sus dedos rebuscar y rebañar dentro de mis labios, masajeando mi entrada, para sacar, desincrustar, extraer la tira de tela que estaba allí enredada con carne y pelos, pegada por mis flujos y los de Nuria, sobre todo. Y, cuando después de juguetear un rato con la tela y con mi coño por fin se cansó, simplemente empezó a tirar, firmemente aunque con sumo cuidado, del elástico. Sentí que se me despegaba de la piel, y que todo el tanga bajaba un poco, no encontrando obstáculo las tiras laterales, que casi estaban donde mi culo y mis caderas empezaba a estrecharse como un embudo, por lo que la prenda tenía la salida libre. A medio camino, Pablo se detuvo, se reacomodó, y empezó a tirar ahora de las tiras laterales, ya completamente sueltas, hasta que pudo apartar del todo la

prenda, dejando mi chocho completamente al aire. 

 

Mi primo tiró de la prenda empapada, hasta llevarla a mis pies. Se notó su leve inexperiencia, porque se vio obligado a juntarme las piernas para sacarme el tanga, aunque es verdad que, al haberme abierto tanto antes, había sido más fácil para él sacarme la tira incrustada en la vulva. Y más placentero para mí, también hay que decirlo. Estaba desnuda, completamente desnuda. Volvió a separarme las piernas, esta vez sin ningún cuidado, y le sentí tumbarse entre ellas. Lo primero que noté después fue su aliento quemándome los labios vaginales. Luego sus manos, apoyadas en la parte superior de los muslos, bajando hacia la cara interior de los mismos. Era todo tan exageradamente placentero, tan erótico, y al mismo tiempo tan lento... yo era incapaz de soportarlo, no pude evitar cerrar los puños apretando fuerte para contener el placer insoportable. Él se dio cuenta, y me acarició la mano derecha con la suya izquierda.

 

Todo era evidente.

 

Así que, ya sin miramientos, se puso a explorar por primera vez en meses lo que tanto me había costado ofrecerle. Y decidió aprovechar su oportunidad, ya que me tocó y me trató como nunca antes lo había hecho. Sin duda, no quería arriesgarse a ir demasiado deprisa y no aprovechar al máximo, hasta sacarme el último jugo, el último aliento. Ahora ya sabía que cualquier vez podía ser la última. Mi primo Pablo me separó con cuidado los labios vaginales, abriendo primero los mayores, jugueteando con ellos, chupando y lamiendo, metiendo su ávida lengüecita en los pliegues que los separaban con los menores. Él jamás había podido ver antes mi coño así de bien, así de limpio: estaba pelado desde el principio del clítoris para abajo, toda la vulva quedaba al aire y libre de vello; aunque me había rasurado yo misma, y me había quedado todo un poco torpe, con muchas raíces de mis negros y duros pelos más que visibles, me había esmerado en que la vulva y los labios, quedaran especialmente bien, libres de cualquier resto de vello. Conocía a mis amigas, y cómo les gustaba disfrutar de un coño limpio, sin interferencias de pelos que se acaban metiendo en la boca, y hasta atragantándote en los momentos más inoportunos.

 

Pero eso era algo que nunca antes le había ofrecido a Pablo, las veces que me había comido el chocho. Aquellos días él me había visto, a mí y a mis amigas, y sabía que teníamos ya las tres el coño pelado, al menos por la vulva, pero aunque a ellas se lo había tocado, creo que no había sido capaz de vernos a ninguna suficientemente bien. Desde luego, no tan bien como en aquel momento me estaba viendo a mí. Ohhhhhh, su lengua deslizaba ya entre mis labios menores, que me había abierto, separándolos y desplegándolos sobre los mayores y mis muslos para dejarme la raja bien abierta y libre. Sentía su nariz juguetear en mi clítoris y en la entrada. Cuando me tuvo así, le sentí parar, moverse... un leve sonido, húmedo, espeso, caliente... supe que se estaba chupando un dedo, y enseguida lo comprobé, un largo y caliente dedo, apoyado en la entrada de mi vagina, empujando, apretando muy muy poco a poco... cuando me quise dar cuenta me lo había metido entero, le había costado entrar, no deslizaba bien a pesar de estar yo caliente y abierta. Y una vez dentro, sin moverlo a penas, volvió a aplicar sus besos y lengüetazos a mi sexo abierto. Entonces empezó a girar el dedo, 90º a un lado y a otro, todo ello sin dejar de comerme la vulva. ¿Cuándo demonios había aprendido mi primo a hacer eso?

 

Tenía su dedo, que debía ser el corazón por lo largo que lo sentía, bien hundido hasta el fondo de mi vagina... hacía tanto que no me penetraba Pablo, de ninguna manera ohhhhhh y le estaba sintiendo tan bien, me daba más placer que nunca, estaba sintiendo infinitamente más placer que el que pude sentir en las folladas de la mañana con el tipo aquel, y eso que recuerdo que fueron magníficas, y que mi primo ni siquiera me estaba follando con el dedo, sólo tenía uno, y sólo me lo había clavado hasta el útero, casi ni lo movía, tan solo lo giraba muy, muy despacio... sentía mis muslos temblar de gozo, leves espasmos recorriendo ya mi vientre, mi culo, estremeciéndome de la cabeza a los pies mientras Pablo seguía aplicando con fuerza los morros contra mis labios vaginales... y, poco a poco, lentísimamente, fue sacando de nuevo su dedito, y yo sentía como que las paredes de mi vagina se me daban la vuelta pegadas a su dedo, que me arrastraba con él llevándose un placer inmenso que me bombeaba el coño por sí mismo, milímetro a milímetro según iba saliendo de mí... por una milésima de segundo, cuando la yema de su dedo resbaló por mi entrada, empapada de mí y sin dejar de verter mis jugos sobre la cama, sentí un vacío abismal, eterno.

 

No volvió a penetrarme con su dedo, no volví a sentirle igual, aquella penetración fue sólo una vez, como para recordarme algo, o para recordarlo él, como diciéndome que eso era sólo un anticipo de lo que tenía a mi disposición, y que él ya no encontraba manera de convencerme para que le aceptara. Pero yo ya no pensaba en qué me podía hacer mi primo, me daba igual, porque me sentí tan vacía que hubiese aceptado cualquier cosa... afortunadamente, Pablo pronto solucionó aquella ausencia, pegando la boca abierta contra mi vulva abierta, y dándome un morreo, literalmente, en el coño. Jamás antes me había hecho algo así mi primo pequeño, ni tampoco su hermano... pero quizás yo sí se lo había hecho a ellos comiéndoles el culo... no sé, no sé si con Pablo había llegado a hacérselo así, aunque a él le gusta mucho que yo le coma el culo, pero sí a Carlos... a él también le he comido el culo abiertamente un par de veces, no solamente chuparle el ojete, sino comerlo de verdad, aunque jamás me ha dejado meterle nada después de aquella primera paja en su casa, claro, si él es peor aún que Nuria, tremendamente machito y celoso de su hombría, no tiene ni medio prejuicio contra los homosexuales, pero es sexualmente homofóbico excepto en lo que se refiere a reventarle el culo a su hermanito, claro... aunque estoy convencida de que en el fondo le desea, y más de una vez se le han escapado caricias, incluso a su sexo, y también se han besado...

 

- ahhhhhh ahhhhhhhh ayhhhhhhh

 

Me di cuenta de que estaba gimiendo en alto. ¡Oh no! Era casi un gemido imperceptible, sí, pero era claramente un gemido, un jadeo de placer. Si mi primo estaba levemente atento... pero es que no paraba tampoco de temblar, de retorcer mi cuerpo por el insoportable placer que cada lengüetazo me proporcionaba, golpeaba las piernas contra el colchón, daba puñetazos en la pared, me tensaba y encogía una y otra vez...

 

Demasiado evidente, repito, todo era demasiado evidente...

 

Y él seguía allí, frotando labios contra labios, y yo estaba tan abierta, tan despatarrada, que su lengua entró sola, sin esfuerzo en mi interior, la sentí recorriendo el interior de mi vagina, girando, entrando y saliendo, ese órgano tan blando, húmedo, casi gelatinoso, que se amoldaba a la perfección a mis formas, y me lubricaba aún más de lo que ya estaba, intercambiando nuestros fluidos, bebiendo de mí, según salía, y relamía, y chupaba sorbiendo y bebiéndome, y yo flipaba de lo fácil que lo hacía Pablo todo y de lo bien que me follaba siempre, su forma de hundirse con solo su lengua, que entraba tan exageradamente dentro, que me recorría la vagina descubriendo rincones de placer que ni yo misma conocía, que me follaba de veras tan solo con s lengua... fue largo, muy largo, y yo me había corrido suave ya un par de veces, escupiendo mares de flujo en su lengua y en su boca, pero él seguí y yo me corría otra vez, la segunda vez grité, grité su nombre, no lo pude evitar, y él se excitó aún más y sus manos subieron desde el inicio de mis muslos hasta la meseta de mi pubis, enredándose en los pelos de mi monte de venus hasta localizar mi clítoris, que él conocía bien...

 

Temí por mí, mientras sin dejar de comerme el coño se puso a frotarlo, en suaves movimientos circulares con todos sus dedos, afortunadamente muy mojados, supongo que empapados en sudor, suyo, o mío, o en su saliva o... en mí, en mis líquidos más íntimos y preciados. Lo frotaba sin piedad, y yo encogía primero los dedos de los pies, luego las piernas completas, y golpeaba la pared y la cama, y él consiguió sacarme el clítoris de su cueva, no era la primera vez, ya lo conocía, lo conocía bien, pero yo temía que aquello fuese a más... casi nunca con un tío, pero estaba sintiendo que me empalmaba... ohhhhhhh ohhhhhh nohhhhhhh, el cabrón de Pablo cerró sus labios en torno a mi pequeño pene, estaba chupando y succionando, y yo me iba, y me iba, me asomé, no pude evitar estirar la cabeza, y le vi allí, con la carita entre mis piernas, esta vez él con un poblado bigote bajo su nariz, esa nariz grande y llena de personalidad, con ese bigote que le ponía el pelo de mi pubis, de mi coño, que le asomaba por debajo, que se unía a su anatomía dotándole de un gran mostacho, y mi primo me estaba mamando el clítoris, moviendo la cabeza arriba y abajo como cuando le comía la polla a su hermano, me estaba chupando el coño como se come una polla, y mi propia polla estaba empezando a crecer más de lo que yo podía desear, y al mismo tiempo no dejaba de sentir su barbilla empujando y frotando mi chocho, y me estaba corriendo como nunca, como nunca...

 

- Ayyyyy, ayyy Pablohhhhh qué gustohhhhhh...

 

Dije, sin gritar, pero alto y claro. Obviamente, no estaba dormida, y para hacerlo aún todo peor, le cogí la cabeza con las manos y se la empujé contra mi paquete, afortunadamente él se desmadró y empezó a chupar y morder demasiado fuerte, me hizo algo de daño, y eso debió de evitar que mi erección prosiguiera... seguramente me había notado, sentido, comido más empalmada que nunca, me había notado el clítoris más grande y salido que nunca antes, pero pensaba que no debía ser nada dramático. Y más teniendo en cuenta que, al menos hasta aquel momento, mi coño seguía siendo el único que conocía de veras. El caso fue que, a pesar de que su exceso de pasión frenó el crecimiento de mi clítoris, yo acababa de consumar mi corrida por todo lo alto, pegándome el que podía ser mi mayor orgasmo en toda aquella frenética semana, y aseguro que llevaba muchos y muy buenos. Me forcé a quitar las manos de su cabeza, a morderme los labios para no gritar, para no gemir, sentía las lágrimas escapando de mis ojos fuertemente cerrados, resbalando por mis rodillas. Lo que no pude evitar fueron las convulsiones propias de mi cuerpo, de mi vientre, que se reflejaron en tres violentos golpes con mi culo en el colchón, como tres pequeños saltos que debieron reventarle directamente en la cara a Pablo.

 

Él supo que yo me había venido, y que lo había hecho a base de bien. Poco a poco fue frenando su chupada, hasta que abandonó mi clítoris, empapado. Su cabeza deslizó por mi entrepierna, hasta meter boca y nariz en mi raja, que seguía abierta de par en par. Allí se repuso, con la boca abierta, babeando, soltando su abundante baba dentro de mi coño, del que manaban saliva y flujo mezclados empapando mis sábanas, y su prominente nariz se me hundía entre los labios separados, pegados a mis muslos todavía, embriagándose sin duda de mis olores, que debían estar impregnándole el cerebro, saturando su sentido del olfato.

 

Y así me quedé, resoplando con fuerza, con más fuerza de la que debería, dando siempre mil señales de estar despierta, mil señales que no debería dar, que no quería darle, pero que mi cuerpo no podía controlar ni mantener dentro de sí. ¡Qué más daba! Si desde el principio había estado todo tan claro, desde que me acosté junto a él, a él que estaba en bolas en mi cama, y no me importó, desnudo y despierto, y yo me quedé en bragas, me quité el sujetador incluso antes de tumbarme con él, tan calientes los dos, después de lo que acababa de pasar con Nur... yo también había ayudado a que se corriera, aunque el calentón que se debió pegar con Nurita debió ser lo más, pero... Mi primo también jadeaba, en mi entrepierna, sentía sus resoplidos en mi coño abierto, con el aire caliente que se escapaba fluyendo entre los pelos rizados de mi coño, pegoteados entre sí y a la piel de mi pubis. La sensación era curiosa, como tantas veces con él me hacía sentir una intimidad tremenda. Me pregunté qué iba a pasar ahora, porque estaba claro que él no había acabado, a mí me había dejado saciada, he de reconocerlo, y mira que estaba brutísima, pero había sido una mamada increíble, pero él, él era imposible que... y estábamos los dos desnudos, y él lo tendría fácil para saltar sobre mí, con las piernas abiertas, el coño reventado y encharcado, él que debía tenerla dura como un bate de béisbol...

 

Le sería tan fácil metérmela ahora, ¡ahora mismo! Confieso que estaba temblando, no sé si muerta de miedo, de emoción, de deseo... muerta, casi muerta, incapaz de moverme mientras le sentí despegar su cara empapada en mis flujos, reptar como pudo sobre mí... no me atrevía a mirar, o no fui capaz, pero sentí un golpe en la ingle que debió ser su falo bamboleante, duro y caliente. Le sentí arrodillado sobre mí, sobre mis muslos, me hacía daño, pero quería tocarme, empecé a sentir sus dos manos en mis tetas, estrujándomelas con fuerza, me hacía daño, me las apretaba a conciencia, pellizcando mis pezones, estrujando las mamas flojas, aplastándolas con la palma abierta contra mi torso, y sentí su falo apoyarse sobre mi vientre, él lo metió un momento entre mis peras, se estrujó la punta amasando mis pechos alrededor, me folló un poco el canalillo en aquella postura... estaba claro que no iba a follarme, no iba a meterme la polla en el vientre, pese a haberme tenido a tiro. Juntando valor, e importándome un carajo que se diera cuenta, cerré las piernas. Necesitaba tener un poco de seguridad, de capacidad de defensa. Seguía excitada, a duras penas repuesta pero, al menos, sentí que sería capaz de rechazarle si pretendía llegar demasiado lejos. Así era fácil, era verdad, así cuando ya mi cuerpo estaba calmado, disfrutando de los benéficos efectos de un maravilloso orgasmo.

 

Naturalmente, él notó el movimiento de mis piernas, pero era evidente que no le importaba ni le sorprendía. Sabía que estaba despierta, y sabía lo que pensaba, conocía demasiado bien cuáles eran mis temores. Ni siquiera pretendía jugar conmigo, nuestro juego estaba ya muy claro, yo no hacía más que decir que no, que rechazarle, pero cada vez le daba más libertad, cada vez me entregaba más y le dejaba hacerme más cosas, y él se iba dando cuenta de que, poco a poco las barreras ya no existían... y, sin embargo, allí seguían muchas barreras, molestas para él, que no sabía cómo ni cuándo iba a caer cada una de ellas, aunque sabía que iban a caer, aunque sin duda lo hacían a un ritmo exasperantemente lento para él. Acababa de comerme el coño, incluso me lo había penetrado con un dedo. No había pensado yo llegar tan lejos todavía, quizás a un dedo, aunque desde luego no como el que me había empezado a hacer, es que pocas veces me habían tocado así, eso no lo podía ni imaginar, claro, y mucho menos pretendía haberme dejado hacer una comida como la que acababa de hacerme, tan pronto, pero había sido todo tan precipitado, tan excitante, tan inesperado... claro, lo de Nuria, siempre Nuria, me tenía loca aquel día, y la aventura del videoclub, qué sé yo...

 

Todo aquello, sin duda, él lo sabía, sabía que una vez más había llegado mucho más lejos de donde se supone que debería haber llegado, y por ese motivo no iba a intentar seguir más allá. No tenía por qué forzarme, por qué intentar ver si yo era flexible, o estaba en un momento de debilidad. Sabía que tenía las de perder, y que, aunque molesto y tedioso, era más seguro esperar. De hecho, esperar era completamente seguro. Aunque no dejaba de ser un crío, un niño impaciente, y a los niños nunca les gusta esperar, claro. En cualquier caso, en aquel instante seguramente él no pensaba en absoluto en nada parecido al coito conmigo. Más bien debía estar pensando, simple y llanamente, que era su turno, que ahora le tocaba a él. Y, efectivamente, después de sobarme a placer las tetas, tan brutalmente como para que fuese absolutamente imposible que yo lo soportara estando dormida sin despertarme, de rebozar su polla tiesa contra mi pecho y mi torso y mi vientre, se la agarró con la mano derecha, y empezó a hacerse una descomunal paja mientras que con su mano izquierda me seguía frotando y sobando las tetas. Le dejé hacer, claro, qué remedio, además me gustaba, por supuesto, su sobeteo era ya agradable y, además, se había sentado sobre mi coño, y con su movimiento masturbatorio me estaba dando una especie de masaje que acompañaba estupendamente a los restos de mi orgasmo con él.

 

Pablo no se preocupó en absoluto de no mover la cama, de que yo no le notara, de no golpearme, pellizcarme, de que su polla no hiciese ese rítmico ruido de chasquidos propio de la masturbación. Sentía cómo su manos se zumbaban violentamente su tranca, subiendo y bajando a gran velocidad, hasta que, de repente, su cuerpo se dobló, y él empezó a acelerar aún más sus movimientos y a jadear en alto y rápidamente. Cuando ya estaba a punto, levantó el culo de mi coño, quitó su mano libre de encima de mis tetas y la utilizó para apoyarse, al tiempo que se ponía a cuatro patas sobre mí, con las rodillas firmemente ancladas contra la cama a ambos costados de mi cuerpo. Podía notar su polla caliente paralela a mi cuerpo y su mano recorriéndola con ligereza de arriba a abajo, estrujando su glande, deslizando por el duro vástago y llegando hasta sus abultados cojones. El muy hijo de puta iba a echarlo todo encima de mí, se había preparado para soltármelo todo a chorros en las tetas y en la cara, bien cerca, no iba a perder ni una gota el muy cabrón, y estaba segura de que iba a ser una gran corrida, estaba gritando mucho y tenía que estar excitadísimo después de lo que me acababa de hacer con la boca.

 

Cuando me quise dar cuenta, mi primo me estaba bañando con su semen, literalmente, los chorros empezaron a rebotar en la parte baja de mis tetas, pero entonces él se echó para adelante, y sentí el miembro deslizando por mi canalillo, justo cuando, no lo pude evitar, intentaba mirar, levantando un poco la cabeza. La punta de su polla chocó contra mi boca, se me incrustó en los labios, entrando y chocando con mis dientes. Sentí el sabor del semen en mis labios, algunas gotas se filtraron al interior de mi boca y un tremendo chorretazo me inundó los labios de tal manera qué temí que se me llenase la boca entera, y terminase por abrirla y dejar que él me entrara y me la follara, como sin duda haría quisiéramos o no, aquello estaba siendo demasiado fuerte, demasiado excitante... Bajé la cabeza, y el capullo quedó apoyado entre mis labios, chocando con mis dientes. Parecía que acababa de terminar su corrida, o al menos lo más potente, el líquido seguía brotando de su punta, pero ya no lo hacía a chorros a presión, parecía. ¡Sería animal el niño! Me parecía increíble lo que me acababa de hacer ¿no se podía pajear y correr como un tío normal? Era la segunda corrida seguida suya que me reventaba en la boca. Estaba claro que lo que pretendía, lo que buscaba ahora era una mamada, claro, ¿cómo no me estaba dando cuenta? Era ese el paso que había esperado mi primo, ¿en qué estaría pensando? Y quizás hubiese sido lo lógico, y mejor incluso, hacerle yo la comida, y seguir retrasando un poco su contacto sobre mi cuerpo... Bien, quizás podía ahora hacerlo al revés, e intentar retrasar al máximo hacerle yo la mamada a él. Si le hacía sufrir un poco, desesperarse, le tendría en el bote todavía más, jijiji. 

 

Pero, mientras estaba pensando en aquello, regodeándome en mi supuesta superioridad sexual sobre él, pensando que ya estaba acabado y en retirada, mi primo me sorprendió en un último ataque. Repentinamente, se echó más hacia delante, levantando el culo y juntando su cabeza con la mía. Noté cómo me apretaba el capullo todavía hinchado y manando semen contra la boca, utilizando sus propios labios para ello. Pablo empezó a chuparse la punta de la polla con la lengua y los labios, apretando para que yo hiciera lo mismo por el otro lado. Empezó a culear un poco, jadeando excitado, como si todavía le quedaran fuerzas para...

 

- Laurita... ahhhh... cabrona ¿cuándo? ¡dime! ¿cuándo? - jadeó, tan entrecortadamente que me resultó complicado entenderle.

 

Ahí estuve a punto de hacer realmente la que podía haber sido la última tontería, la que me podía haber sentenciado antes de tiempo, después de haberla cagado con la comida de coño, estuve a punto de dejarme llevar hasta lo que podía haber sido el final. Cuando me quise dar cuenta, tenía las manos levantadas y a punto de agarrarle el culo. Para sobarle, claro. Pero también para empujarle. Empujar su polla bien dentro de mi boca, a la que mi cerebro ya había dado la orden de abrirse de para en par. 

Bueno, pues podemos decir que fui literalmente salvada por la campana. En fin, después de que mi primito me acabara de hacer su desesperada pregunta, que demostraba que a pesar de su monumental paciencia se derretía por meterme la polla hasta las entrañas, y supongo que gracias a aquella tan erótica sensación de estarse comiendo su propio rabo en compañía mía, tuvo un último estertor, una especie de ataque orgásmico tardío y, sin venir a cuento, soltó un hondo gemido, arqueó la espalda y, mientras echaba para atrás su cabeza, su cipote me escupió un violento chorretón de lefa, que salió disparado contra mi nariz, llenado ambos orificios y reventando de tal manera que un chorro del líquido resbaló por todo el lateral izquierdo de mi nariz embadurnando mi ojo de tal manera que me di cuenta que no era capaz de abrirlo, manchando también mis cejas y puede que mi pelo.

 

- Ohhhhhh... ohhhhhh... ¡joder, Laura! ¡qué bueno! ¡Qué bueno ha sido!

 

Ignoraba desde cuándo le parecía tan buena a mi primo la ración de sexo que llevábamos encima, si su paja, o la mamada que me había pegado, o si incluso su primera experiencia total con otra mujer, su primer trío en realidad, o su divertida mañana con María... Desde luego, lo que es a mí me estaba pareciendo todo una locura máxima, menudo día estaba disfrutando, y mira que he tenido días locos, sexualmente brutales, pero creo que como aquél... ninguno. Me río yo de los fines de semana desenfrenados con la Bergeret.

Bueno, como digo había estado a punto de caer estrepitosamente, si llego a abrir la boca antes de tiempo, me la habría metido mientras terminaba de correrse, en plena excitación y estando yo bastante brutita, seguro que se la habría mamado pero bien, ya plena y abiertamente despierta, y después de eso y de lo de antes, calientes y desnudos, no sé ¿qué sentido habría tenido esperar más?

 

Pero Pablo, después de el último disparo de su polla, dio sin más por cerrada la tarde. Bueno, al menos aquel episodio. Debo decir que aún era temprano y, sí, quedaba mucha tarde aún por delante, mhhhh, como se verá, jijiji.

 

Así que sin más, mi primito, agotado y saciado con su merienda, rodó junto a mí, y se quedó un rato resoplando a mi lado, los dos en pelotas, mientras yo no tenía más remedio que abrir mi boca disimuladamente para respirar, al tener la nariz atascada por su esperma y no poder permitirme el lujo de moverme para limpiarme, dada mi cabezonería a la hora de seguir fingiendo absurdamente que dormía. Pablo se levantó entonces, incorporándose y quedándose por un momento sentado en la cama, justo cuando yo, que al abrir la boca noté cómo su esperma empezaba a fluir por mi lengua y mi garganta, estaba relamiéndome de gusto disfrutando aquel manjar, literalmente relamiéndome los labios con la lengua para limpiar y aprovechar todo aquello. La pillada fue máxima, porque mi primo, al parecer, debió echar antes de levantarse una última mirada a su obra de arte, y me pilló justo saboreando sus jugos. Para dejarme claro que me había visto, me pasó el dedo gordo por los labios, metiéndome dentro de la boca los últimos restos de semen que quedaban por recoger. Y, por si aquello fuera poco, se agachó sobre mí, juntó labios con labios, y me dio un profundo beso, bastante apasionado por su parte, metiéndome la lengua hasta la garganta después de repasarla por mi boca, de manera que fue su propia lengua la que me acabó por introducir hasta el último resto de esperma de mi boca en el interior.

 

Me costó, sinceramente, no responderle, dejar mi lengua quieta, incluso no mover la boca, no tragar... no sabía cómo se suponía que debía reaccionar un cuerpo dormido ante un beso así, la verdad, pero Pablo me llenó la boca de semen y saliva de tal manera que me resultó muy difícil no hacer nada al respecto, ni siquiera tragar... Afortunadamente, fue relativamente breve, pronto se levantó, y pude sentir un grueso y viscoso hilo de baba, o de su lefa mezclada con saliva que, saliendo de mi boca llegaba a juntarse con la suya, hasta que la separación fue excesiva y la tensión lo rompió, y cayó restallando sobre mi cara y mi cuello. Noté que mi sexo tembloroso dejaba escapar un abundante chorro de flujo, fue como si me estuviera haciendo pis, un pis largo y caliente que mi primo, gracias al cielo pendiente de otras cosas, no advirtió. 

 

Le sentí ponerse de pie entonces, y le pude imaginar con la polla tiesa todavía, y cargado de una inmensa superioridad sexual por todo lo que acababa de hacerme. Si hacía recuento, en ese sentido había sido una mierda, mira que Mer había conseguido mantenerle a raya, pero estaba claro de que a mí me había metido probablemente la paliza más monumental de mi vida, hasta el punto de que hoy día puedo decir convencida, que si aquella tarde, en ese momento, no me folló, fue porque no quiso.

 

No pude evitar la tentación, y abrí un poco los ojos, al menos el que tenía menos cubierto de semen. Como era de esperar, él me estaba mirando, y me vio mirarle, claro. Ninguno hizo más. Tenía en su mano sus calzoncillos y mi tanga. Sin más, me lanzó el tanga a la mano derecha, y se dio media vuelta y se fue con la polla dura, completamente erecta, como no podía ser menos, bamboleando a un lado y a otro, tiesa, apuntando al techo, su cuerpo joven, perfecto, brillante de sudor y sublimado en su belleza por la acción del sexo, irradiando felicidad y seguridad en sí mismo, en su físico privilegiado... Abrió la puerta del vestidor, y pasó hacia el baño, y le perdí de vista, sin más, su glorioso culo desnudo, la espalda firme, cada vez menos infantil y más musculada, por detrás tenía un cuerpo todavía tan juvenil que a veces parecía una tía, sus glúteos duros, firmes, redondos y sin pelo, esa espalda... casi me recordaba a la propia Nurita... bufff estaba fatal, he de reconocerlo.

 

Todo era inútil. Mi primo Pablo me acababa de provocar el primer orgasmo directo de la nueva época. Y no había sido un orgasmo cualquiera, precisamente, me había hecho una mamada de campeonato, como pocos tíos e incluso pocas tías saben hacer. Y no había sido fortuito, tuve la sensación de que sabía perfectamente lo que hacía, dónde tocarme y cómo hacerlo, incluso cuándo. Su hermano Carlos no sabe tocarme así, ni de lejos, no tiene ni puta idea en realidad de esas cosas, nunca sabrá, su habilidad es otra, más animal. Que he de reconocer que me gusta, también. Pero es que lo de Pablo de aquella tarde... Me había empeñado en hacerme la dormida, pero era imposible haberlo estado, había gemido, respondido a sus caricias, le había guiado y empujado contra mi cuerpo, contra mi sexo, sólo me había faltado pedirle más, directamente... Me había dejado así, pero sabía que no estaba dormida, me había visto abrir los ojos, mirarle, abrir la boca, beber su semen, me había ayudad a hacerlo... y si se había ido era porque había querido, porque no había querido seguir haciéndome más, porque me habría dejado, él lo sabía, igual que me dejé hacer todo el resto... pero él no quería que me dejara, quería... quería que quisiera, que lo pidiera. Que participara. Y si era capaz de irse, seguro que también era porque sabía lo que le esperaba, lo que podía esperar de mí. Estaba sabiendo ser paciente, demostrando una paciencia sin límites conmigo. Porque se le veía feliz y confiado. Se marchó en cuanto se corrió, dejándome allí, desnuda, con las tetas, la cara, el pelo llenos de su esperma, y el coño al aire, sin bragas, sudado y mojado de su saliva y mis flujos.

 

Cuando me quise dar cuenta, el ruido del agua de la ducha de la bañera me sacó de mi ensimismamiento. Obviamente, mi primo debía estar también hecho un cromo, cubierto de sudor, de su lechecita, de la mía... Deseé como nada una ducha yo también. Incluso... ducharme con él. No, aquello no podía ser. Era una locura, hacer algo así sería en ese momento como una declaración de intenciones, juntarme con él, desnuda, sólo podía acabar de una manera, pero por mí misma, mi cuerpo debilitado no lo resistiría. Y él, claro, él entendería... pues ¡lo que sería obvio! No, no podía hacerlo, me decía mientras me levantaba temblando, arrastrando mis pies en el más completo silencio por el frío mármol del suelo hacia mi cuarto de baño.

 

Tanto la puerta del vestidor como la del propio cuarto de baño estaban abiertas de par en par. Los restos de semen de Pablo, ya fríos, resbalaban por mi cuerpo híper caliente, y sentía los surcos que su leche iba dejando sobre mi piel, secos y endurecidos, al ir evaporándose. Con el tanga de Nuria en mi mano, aferrándolo con fuerza como si fuese mi último asidero a la realidad, avancé hacia el vestidor. Miré el tanga, estaba empapado, y me di cuenta de que aquello, tan fresco y abundante, espeso, viscoso... no, no era yo, o no era solamente yo... La prenda estaba cubierta de lefa, el cerdo de mi primo debía haberse limpado el pringue con ellas... Las dejé apoyadas en las escaleras que subían al altillo, y proseguí, con el corazón en la boca. Me asomé cuidadosamente al baño. No había problema de que Pablo me viera. Lo que contemplé me dejó un poco perpleja. Un poco bastante.

 

Obviamente, mi primito estaba a aquella alturas más que curtido en el sexo, me lo acababa de demostrar una vez más. Pero quiero decir, además, que era mucho más maduro sexualmente de lo que mucha gente llegaba a serlo jamás, en el sentido de que había conocido muchas más... prácticas que la mayoría. Sí, al margen de lo que había hecho conmigo ya, prácticamente todo, también estaba su faceta homosexual, activa y pasiva, que había entregado al completo a su propio hermano mayor, Carlos, yo sospechaba que hasta puntos mucho más allá de lo que podía imaginar hasta hacía muy poco. Todo aquello al margen, claro está, de sus escarceos con mis amigas de aquella semana. Aún así, a pesar de todo aquello, supongo que a mí no me entraba del todo en la cabeza hasta qué punto él estaba salido, hasta qué punto el sexo era ya tan parte de su vida como de la mía misma. Pero era evidente, si yo moría por el sexo, él, con tan amplia experiencia en su corta vida, y siendo como era un adolescente en lo más duro de la pubertad, de ese despertar sexual que estaba siendo tan inesperadamente prolífico, y con aquellos extraordinarios atributos, además...

 

En fin, mi primo se encontraba en la bañera, bajo el agua de la ducha abierta a tope, el falo erecto, masturbándoselo con fuerza, los ojos cerrados del placer que se estaba autoproporcionando, la boca abierta en un mudo gesto que, a pesar de todo, dejaba escapar en ocasiones jadeos profundos y agudos gritos de goce... Y, y esto era lo más asombroso, lo más inesperado, con su otra mano se estaba introduciendo en el ano, con cierta violencia, mi bote de desodorante, un spray de marca blanca alargado y no excesivamente grueso... pero que hasta yo misma habría dudado antes de utilizarlo a modo de consolador, al menos por el culito... Claro que eso era entonces, cuando yo ya tenía varios consoladores para poder hacer esas cosas en caso de necesidad.

 

Me vino a la memoria la época de mi primera vez con María, la que fue mi primera relación homosexual, y la de mi primera vez por detrás con... María lo supo, antes de eso yo andaba desesperada, en una insoportable necesidad sexual, envuelta en un desenfrenado erotismo de manera continuada, que me llevó a utilizar un pequeño desodorante Nivea, duro y compacto como un pequeño falo como consolador durante varios días... Luego también Mer usaría ese mismo bote, todavía sucio de mí pero... eso ahora no son más que recuerdos, un relato que tengo pendiente, y que algún día retomaré, porque es aún más revelador que éste, pero ahora estaba aquí, aquí mirando a Pablo, a mi primo, que disfrutaba como una perra pelándose la polla dura mientras se incrustaba aquel trasto en el culo... Joder, parece ser que yo no era la única que estaba echando de menos a Carlos. Me puse a temblar de tal manera que temí caer mareada allí mismo. Di un paso hacia atrás, luego otro, mientras oía a Pablo jadear con más fuerza. Así, así era como lo hacía él...

 

Cogí las braguitas que acababa de dejar sobre la escalera, y me las puse, necesitaba sentirme algo protegida, aunque fuese con eso, con aquel andrajo. Estaban mojadas, muy sucias, y yo misma estaba mojada, tenía el coño mojado, salido. La tira del tanga empapada y dura de restos resecos se me clavó, implacable, en la raja. Aquellos jadeos secos que él estaba soltando ahora me sonaban a que decía su nombre, Carlos, Carlos, Carlos... Me giré en la cama, hacia la pared, encogiendo las piernas. Era raro, muy raro, me sentía mal y bien, destrozada, triste, abatida y feliz y radiante, esperanzada, optimista a partes iguales. Pero sobre todo tenía ganas de más, de seguir la fiesta, de continuar follando. Tenía a tres personas pendientes de mí, y me moría por los huesos de mi primo. Además de lo de Nuria. Pero era todo tan brutal que hasta yo, que no se puede decir que no tenga experiencia en estas cosas, necesitaba tomar un poco de aire.

 

En ese momento escuché un fuerte chapuzón en la piscina. Alguien acababa de tirarse dentro, alguien había entrado en el agua. Mi primo cerró el grifo. Le escuché secarse, sin duda con mi toalla, la misma de María. Todo empezaba cada vez más a mezclarse, a mezclarse demasiado. Le escuché salir, con los ruidos inconfundibles de sus piernas entrando en su ropa interior, el sexo metiéndose con dificultad de nuevo en su prisión, el ruido del elástico del calzoncillo... Estaba ya detrás de mí, supongo que vestido, al menos tanto como yo. Bueno, en realidad a mí no me debía estar viendo más que una fina tira naranja que me recorría la espalda a la altura de las caderas. Mi culo al aire, por completo, para él. Cuánto deseaba que prestara un poco de atención a mí culo, como había hecho con mi coño, como había hecho con su propio culo... Echaba de menos a Carlos, yo también, cuando me empalaba por delante y yo todavía dejaba que su hermano Pablo se conformara con lo que había, con mi culo... Entonces él me metió la mano junto a mi brazo derecho, que estaba tendido sobre mi costado, y alcanzó a tocarme el vientre y la parte baja de las tetas con la yema de los dedos. Me esparció su semilla, que aún me cubría todo el torso en un denso charco, y se retiró. ¿Había comprobado que seguía con sus restos encima? Claro, habría visto que me había levantado para ponerme las braguitas, y parece que quiso comprobar si me había limpiado. Pero no, no, Pablo, yo seguía con tus restos, con tu recompensa todavía encima. ¿Eso es lo que querías, primo?  Que yo luciera el máximo tiempo posible tu esperma, como muestra de lo que había pasado. Que me enorgulleciera, que no quisiera deshacerme de esos deliciosos restos de tu cuerpo... Tenerte todavía encima era señal de que quería lo que había pasado, que lo había disfrutado y que, tarde o temprano querría más, te buscaría, porque lo querría todo.

 

Mi primo se limpió los dedos en mis nalgas y, a modo de despedida, me pasó uno de sus dedos, muy lentamente, por toda la raja del culo. Lo pude sentir un momento detenerse en mi ojete, apretando en la entrada. Pues no, Pablo no se olvidaba de mi ano, de los buenos momentos que había pasado dentro de mi culo. Todo iba a pasar, más pronto que tarde, y él lo sabía tan bien como yo.

Subió la persiana de un golpe seco, apartó las cortinas, y salió de allí.

 

- ¡Hola Nur! - le escuché decir.

- ¡Pablo! - sonó la voz de María, mezclada con chapoteos de agua. Era ella la que estaba ya en la piscina.

- Hola primo... - Nuria

 saludó con su voz más asquerosamente melosa.

 

Luego, primero un chapuzón, luego otro, los dos cuerpos entraron en el agua.

 

Cerré los ojos y, sin darme cuenta, me quedé dormida.

 

Debieron ser unos pocos minutos solamente, y sin embargo me desperté como si hubiese pasado un día. Pese a ello, tenía vívidos los recuerdos de lo que acababa de pasar. Miré incrédula el reloj de mi móvil, que estaba sobre la mesilla. Llevaba toda la semana desconectada del mundo y casi del tiempo, pero justo antes de venirme a mi habitación, cuando estábamos Nuria y yo con mi primo en el salón, sonó el reloj de mis padres dando las horas, así que no había lugar a duda, prácticamente sólo me había dado tiempo a abrir y cerrar los ojos. Me hubiese dormido la tarde entera pero, ciertamente, no había tiempo que perder, mi cuerpo pedía guerra, y sabía que la situación general estaba tensa, tenía que abrirles la válvula de escape si no quería que aquello me reventara en la cara. Está bien, no sería difícil, aunque no tenía muy claro qué hacer. Supuse que lo mejor, como siempre, sería dejarme llevar por mi instinto. Ello me iba a suponer tener que asumir alguna animalada, pero tampoco me preocupaba, desde luego que no sería la primera vez, y al final al fin y al cabo siempre llegaban a buen puerto.

 

Para empezar, me levanté. Me limpié con la mano los restos más gruesos de lefa que aún tenía en mis tetas aunque, cuando estaba en ello, me detuve. Me acerqué al baño: quería mirarme en el espejo. Tenía las bragas aparatosamente mojadas, retorcidas, hechas un desastre. Las tetas, la tripa, el cuello, la cara y el pelo, hasta las piernas manchadas de leche de mi primo. Semen reseco, prácticamente todo. La cara medio desencajada, despeinada... Mi cuerpo era visión más explícita del sexo reciente, pensé al verme. La mancha en mis braguitas, las braguitas de Nuria, mancha sobre mancha, ya que Pablo había dejado encharcado el tanga, y también yo, pero es que ahora seguía mojando, así que a lo ya manchado, incluso a los evidentes restos de semen, se superponía una mancha nueva y fresca alrededor de mi vulva, perfectamente visible a través de la tela húmeda y transparente, como epicentro de aquella evidencia circular que se manifestaba en oleadas en la prenda íntima...

 

Y, luego, los charcos y las salpicaduras estiradas, blanquecinas, resecas, que adornaban mi piel como medallas en un uniforme, manchas que mis amigas conocerían más que bien su indudable procedencia, por haberlas lucido miles de veces también ellas sobre sus suaves y deseables pieles. Me asomé por la ventanita del baño. Ellas habían salido del agua, las dos estaban con ropa interior, con sujetador, claro. Meri seguía con mis bragas puestas, Nuria se había cambiado de bragas, que debía haber dejado sucias en su paja a Pablo, pero no el sujetador, siguiendo con la discreta, cómoda y convencional prenda negra que se puso al llegar. Las braguitas negras de aquella mañana, que ya tenía asquerosas después de lo del videoclub, y que supuse encharcadísimas también tras lo de Pablo, habían dado paso a otra prenda negra, parecidas en forma a las que llevaba antes, al menos por delante, aunque algo más estrechas, y mucho más transparentes, al menos al estar mojadas. Por detrás eran bastante más escandalosas, porque eran semi tanga, no se le veía el culo entero pero casi, sobre todo la parte baja, donde la parte central de las braguitas desaparecía entre los pliegues de su culo. Por otra parte, con la tela mojada, en el trasero lo que no se le veía directamente se veía a la perfección a través de la tela húmeda, ya que aquella parte posterior estaba constituida por tiras de fino encaje alternadas con espacios libres de tela. El culo de mi amada amiga no era algo de despreciar, desde luego, y visto así, de aquella manera, mhhhh estaba para comérselo. Era super excitante.

 

Bueno, yo debía seguir con el tanga, eso estaba claro, si quería mantener el nivel. Pero estaba escandalosamente sucio, y evidentemente de él, se notaban sus restos de corrida, y los míos... Pablo, por su parte, se desplazaba por el agua en el sillón hinchable que habíamos comprado aquella mañana Nuria y yo en el súper. Su calzoncillo mojado traslucía sin vergüenza sus partes excesivamente hinchadas, despreciando el más mínimo recato. En realidad no es que se le viera nada a través de la tela, ya que no era blanca, aunque sí bastante fina. De hecho, eran sus famosos calzoncillos azules con rayas finitas azul oscuro, los de su primera noche conmigo... los que fueron de su hermano antes, los que Carlos le habría robado al día siguiente y se había puesto, todavía sucios de Pablo, para el día de nuestra primera vez... demasiados recuerdos sobre aquella prenda… y demasiados años: la tela sobada, gastada, y ya pequeña para Pablo, se pegaba, empapada como estaba por su uso impropio como bañador, de manera que se le pegaba al miembro, marcando sus formas, totalmente pegada al cuerpo, se le reconocía cada pliegue de su cipote, cada vena, los huevos, la forma del capullo escondido en el prepucio...

 

Efectivamente, sólo me quedaba la huida hacia delante. Lo vi claro entonces, tuve claro cómo seguir, al menos qué hacer justo en aquel momento. No podía dejar que él me arrasara, que mis amigas fueran más rápidas que yo. El rabo de Pablo, el culo de Nuria...

 

...dicen de mí que tengo buen sabor
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nyctidromus
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@laualma que relato que comida de coño, que gozo el tuya mami puta, quien quisiera ser Pablo para comerte bien el coño. Aunque si me dejaría follar por mi con una polla de tamaño similar a la mi uff 🔥🔥🔥 me pusiste muy empalmado Lau que rico relato. Quisiera estás como Pablo entre el follaje de tu coño bebiendo me el agua de tu sexo y placer.

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laualma
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@nyctidromus Pablo me dijo tiempo después que aquél día sintió sabroso mi coño como ninguno...

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nyctidromus
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@laualma uff me puede imaginar el sabor característico de tu coño entre afrutado y ácido saladito y dulce y un poco agrio fue un coño encharcado con ganas de tema. Mami me empalmó de solo pensarlo

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laualma
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@nyctidromus dicen de mí que tengo buen sabor...

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@laualma uff como quisiera probarla de la propia fuente o de la boca deuna de tus viviosillas amigas

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@nyctidromus te encantará probarlo mezclado con las babitas de Nuria

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@laualma uff que cachondo mami tus jugos desde la boquita de tu pervertidilla amiga 💧💧🔥🔥🔥💞🍆 me pone muy duro

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@nyctidromus más que pervertidilla es una puta como hay pocas

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@laualma y te gusta follarte a esa puta mami? ardo en deseos de follarlas a las dos y llenarles la tetas de lefa

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@nyctidromus la amo como a pocas personas

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@laualma que tierno mami bien por uds .💐💐💐💞💞

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@nyctidromus somos tiernas además de putas, no es incompatible

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@laualma no mami, es muy compatible yo leo poesía y soy de lo más pervertidillo

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sanguine et pulvis
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laualma
(@laualma)
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@nyctidromus mucho

...dicen de mí que tengo buen sabor
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nyctidromus reaccionó
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nyctidromus
(@nyctidromus)
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@laualma mami quisiera enterrar mi polla en tu coño🔥🔥🔥💧💧💧🍆🍆🍆

scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
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laualma
(@laualma)
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uff

...dicen de mí que tengo buen sabor
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