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La Libertad III_39:día 13_culitos

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

  

día 13 - 27.07.2012 - culitos

 

¿Cómo imagináis que desperté del agitado sueño que marcó el final de aquella noche demencial en la que había vuelto a abrirle prácticamente todas las puertas a mi primo? Evidentemente no iba a ser un despertar dulce… sino que por fuerza tuvo que ser pastoso, pegajoso, impulsivo, abrasador, destructivo, invasivo. Cuando abrí los ojos era ya demasiado tarde como para darme cuenta de que se me había venido encima, completamente salido y erecto, y que me había penetrado toda y llenado hasta los topes con su leche, densa y caliente, escupida a chorros violentos en mi interior. Su semen lascivo y sucio me ardía en las entrañas, y era como un mar potente, como un río desbocado que había roto todas las presas, provocando una devastadora una inundación en el interior de mi cuerpo. Mi primo me había llenado el culo, me había invadido el recto y saturado de su semilla mis tripas, que se habían anegado en su lefa más allá de sus propios límites físicos, hasta el punto de que podía notarla ya saliéndome por la boca la nariz…

 

Abrí los ojos con aquella sensación de ahogo quemándome la garganta y las fosas nasales. No era para menos…

 

Lo que acababa de vivir había sido, naturalmente, un sueño. Pero un sueño en el que aquella sensación tan viva de estar repleta de semen se había debido, claro está a la corrida que mi primito acababa de echarme en la boca. No podía respirar, eso era así. Pablo me había metido la polla dura en la garganta mientras dormía. Sin duda a mi primito no se le había ocurrido nada mejor al despertarse, violentamente trempado, por culpa de aquella luz cegadora y aquel calor demoledor que ya reventaban en el salón de la casa. Mi tierna boquita había reaccionado por sí sola de forma refleja, poniéndose a mamar como si fuera una bebecita amorrada a la teta de su mami. Mi primo se dedicó a violármela sin miramientos, supongo que animado y confiado por mi ya casi absoluta permisividad con todas sus evidentes perversiones, y despreciando como había decidido hacer ya desde varios días atrás, cualquier posible consideración hacia mi bienestar físico o psicológico. No me preguntéis de dónde sacaba las fuerzas aquel demonio para recargar sus provisiones de esperma con aquella velocidad, pero la eyaculación con la que me sacó de mi agitada duermevela fue excesiva y arrebatada, y dado que no me encontraba en condiciones de gestionar aquella impetuosa descarga, el semen acabó, efectivamente, llenando todos los conductos que encontró a su paso, lo que me obligó a tratar de tragar a toda velocidad lo que pude, mientras le empujaba para conseguir que me sacara aquella tranca tiesa de dentro, escupiéndole encima los restos que llenaban mi boca para conseguir liberar al menos ese conducto por el que poder retomar el aire, ya que mis fosas nasales se encontraban en ese momento, efectivamente, tan repletas de lefa que me chorreaba por fuera a ríos como si se tratara de auténticos regueros de mocos.

 

Pablito rodó fuera de mí, quedando tendido a mi lado, encajado entre mi cuerpo y el respaldo del sofá, untado en su propia lefa, mientras resoplaba para recuperarse de aquel orgasmo robado con el que había decidido empezar el día.

 

- ¿Pero qué haces, imbécil? – le grité tosiendo - ¡No puedes hacer eso! ¿No ves que casi me matas?

- ¿Qué dices, puta? Pero si me has hecho una mamada riquísima, ¡jajajaja! ¿Qué hostias dices de que no puedo hacerlo? Puedo hacer lo que me salga de los cojones contigo, prima, eres una puta zorra y sabes de sobra que hoy te voy a follar el coño porque lo estás deseando, puta…

 

Las palabras de mi primo se ahogaron en su garganta cuando empezó a notar el vigoroso masaje de mi mano en sus pelotas, todavía calientes y agitadas mientras terminaba de expulsar los últimos restos de su última eyaculación y se preparaban con extraordinaria eficacia para llenarse de cara a una próxima descarga que, al parecer, aquellos maravillosos y excitantes (¡y excitados!) órganos preveían inminente…

 

- Tienes razón, primito… perdona – le dije, con voz juguetona y traviesa – es cierto que puedes hacer conmigo lo que te salga de los cojones… ¡y nunca mejor dicho, jijiji! – le besé en la boca mientras le decía aquello, con mucha más profundidad y ganas de lo que podría ser admisible jamás en ningún beso entre primos. Pero para mí aquel niño no sería ya nunca más mi más querido pariente entre los más pequeños de mi familia, sino que a partir de aquel día iba a ser mi hombre, porque si él me seguía aceptando yo iba a ser suya ya para siempre. ¡No podía estar más feliz!

- Joder, prima… qué manos tienes… - murmuró Pablo.

- No te puedes imaginar lo mucho que me pones, primo…

 

Me puse a acariciarle todo el cuerpo. El pobre estaba absolutamente empapado en sudor. Yo misma sentía todo mi cuerpo perlado en aquella película salada que el calor abrasador y la cercanía total de su cuerpo me provocaban, pero en el caso de Pablo podía sentir los charcos de sudor empapando su espalda, su pelo, su cara, su pecho, su entrepierna, sus peludas axilas… Me sentía orgasmar cuando hundía mis dedos en la tibieza húmeda de aquellas matas de pelo de sus sobacos y de su pubis. El olor de su cuerpo adolescente, mezclado con mi intensísimo olor a sudor mezclado con coño reseco y sexo ardiente, voraz y hambriento, era algo absolutamente delicioso a la par que indescriptible. Aquel olor impregnaba la habitación y se había quedado pegado a nuestras pieles. Seguramente era un olor animal, rancio, perverso, asqueroso, intenso, una mezcla de establo y cloaca, con aquel dulzor amargo de la fruta pasada, tan penetrante que era ya absolutamente imposible de obviar, pero que a los dos nos tenía embriagados y fascinados por completo.

 

- Estoy muy caliente, de verdad…

- ¿Quieres…? ¿Quieres follar? – me preguntó al fin, titubeante.

 

Pero ya yo había empezado a actuar, bastante antes de que é fuera capaz de reaccionar. En realidad, me apetecían otras cosas todavía, antes de terminar de abrirme de piernas para él. Mi boca comía toda su carne sudada, arrancando sus pelos empapados y sorbiendo los charcos de transpiración que su nerviosismo y su excitación habían provocado. Casi no me preocupé de su polla, sucia y morcillona, pero sí me centré especialmente en su pubis e ingles, comiéndole las bolas hinchadas y bombeantes, trabajando siempre para crear y acumular nueva lefa, con auténtico apetito y desesperación.

 

Le obligué a girarse y empecé a morderle y lamerle las duras nalgas que tenía desnudas, espléndidas ante mí.

 

- Qué bueno estás, primo… rico… - susurré en un quejido quebrado de admiración y deseo, mientras me lanzaba con mi lengua ávida a comerle el ojete, que tenía muy negro y abierto, esperándome con auténtica ansia. Al sentirme, Pablo me empujó el culo en la cara. Mis manos rodearon su cintura y pude constatar la furiosa alegría con la que su verga estaba recibiendo mis atenciones en su ano. – Joder qué puta delicia de culo tienes, primo… está riquísimo… - Me llamaréis cerda, seguro, pero os juro que me encantó aquel sabor salado suyo de su culo, con aquella mezcla indómita de su sudor, que todo lo empapaba, y el gusto sabroso de su mierda. Mi primo empezó a jadear con fuerza, tratando de frotar su culo contra mi cara y su polla contra mi mano. Le había puesto a mil con aquello, y ahora quería volver a correrse, ya, ahora. De verdad que no daba crédito a su interminable vigor.

 

Pero yo estaba demasiado caliente como para una simple paja, por más que fuera acompañada de una rica follada de culo con mi lengua. Sé que lo que necesitaba era una locura, pero no sé qué me pasaba, estaba tan jodidamente excitada que me sentía como si estuviera a punto de explotar.

 

Repté por su espalda, y con mi lengua todavía relamiéndose del regusto de su recto, empecé a comerle la oreja derecha, mientras mis dedos se hundían hasta el fondo en el agujero de su culo. Mientras me ahogaba con el sudor que escurría de su pelo a mi boca, le escupí mi lasciva proposición en el fondo del oído, mientras le hurgaba el interior del culo descerrajado por mis cinco deditos a la vez. Pablo gritaba de placer.

 

- Qué putito eres, primito… ¿se te abre tanto el culo porque lo tienes muy entrenado con tu hermano, verdad? Se nota que te encanta meterte dentro su pollón…

- Joder, prima… joder, ¿qué me haces? Me siento muy abierto, Laura… muy abierto y mojado… nunca me había sentido así…

- Mi amor… - le susurré - ¿sabes que así es justo como haces sentir a las mujeres cuando nos acosas con tu polla dura y tus ganas de follarnos? Abiertas y mojadas… así nos tienes a mí… y a mis amigas…

- Joder, Laura… por favor…

- Joder, Pablo – le dije, duramente – dime, primo… ¿qué quieres hacer de verdad? ¿quieres follarme ahora…? O, quizás, prefieres que antes te deje divertirte un rato también con ellas… con este culito tan abierto que tienes, no sé… ¿te apetece que mi novia te la meta por el culo? Ya has visto la polla tan gorda que usamos para follarnos, no me digas que no sueñas con que Nuria te la clave bien hondo, pedazo de maricón…

- Eres una zorra, Laura, y te voy a follar…

- Claro que sí, mi amor… ¿pero primero no prefieres meterla en el culo de María? Lo tiene tan caliente y apretadito…

- Jo, Laura… prima, yo…

 

Le agarré la polla. Aquello no era natural. De verdad, parecía una barra de piedra calentada al sol, si me la hubieran puesto así en la mano sin saber yo nada y teniendo los ojos vendados, jamás hubiera dicho que se trataba de una verga, de un trozo de carne humana, y menos aún de la polla de un niño como Pablo. Había dado en el clavo.

 

- ¿Te mueres de ganas, verdad? ¿De verdad te crees que no me he dado cuenta de cómo le miras el culo a María? ¿De cómo lo deseas…?

- Prima…

- No me importa que te lo folles ahora, Pablo.

- Joder, prima…

- De verdad – le dije hundiendo todo lo que pude mis cinco dedos en su culo -  o que Nurita te lo reviente también, ahora mismo… – Pablo bramó.

- Pero… joder, Laura, ¿pero me prometes que luego… que luego, tú y yo…? – me preguntó, entre quejidos sollozantes.

- Shhhhh… sabes de sobra lo que va a pasar – le lamí lo más hondo de la oreja, arrancándole un estremecimiento, mientras refortaba todo mi cuerpo y mis tetas excitadas contra él. – Tú ya sabes de sobra lo que va a pasar, primo… si tú lo has dicho ya, desde hoy soy tu puta, Pablo, soy tuya… para siempre.

 

Me levanté de golpe. Separarme de él fue hasta doloroso, aunque no tanto como el estertor que le produjo a él sentir cómo le arrancaba mis cinco dedos de golpe de su culo enrojecido y boqueante. Pablo volvió a rugir, en una mezcla de placer y dolor. Afortunadamente para ambos, llevábamos tan impregnado en nuestros cuerpos y en nuestras pituitarias el aroma del cuerpo y el sexo del otro, que en cierta medida casi era como si todavía siguiéramos juntos, como si él y yo fuéramos ya uno y el mismo, para siempre. Pablo se giró de golpe, retorciéndose por los calambres de su ano dilatándose y contrayéndose desbocado, con su falo tieso dando bandazos esparciendo sus guirnaldas de presemen brillante por mi cuerpo, por el sofá y por todo el salón. Me agaché a recoger nuestras prendas de ropa interior, que habíamos dejado tiradas en el suelo, junto al sofá, y me calcé con rapidez nerviosa mis braguitas, que estaban acartonadas al haberse resecado casi por completo la enorme costra de humedad que les había dejado antes de quitársela. Le lancé sus gayumbos a mi primo.

 

         - Anda, póntelos.

         - ¿Pero de qué vas?

         - Voy de que vamos a la habitación de ellas.

         - ¿Estás de broma?

- Ni de coña. ¿Qué pasa, que no quieres hacer eso que te he dicho?

- Pero joder, Laura… que una cosa es lo que quiera yo y otra lo que puedan querer ellas, ¿no?

- ¿Pero tú eres imbécil? ¿De verdad no te das cuenta de las ganas que tienen ellas?

- Estás loca, prima.

- María lleva días que mataría porque se la metas. Y te juro que no hay una persona que le guste más que a ella que le den por culo, Pablo.

- Joder, loca y salida.

- Pues sí, ya te digo que me has puesto como una moto…

- Joder, Laura… como un camión.

- Te mueres de ganas, ¿verdad? – traté de zanjar aquella discusión absurda. Flipaba que le fuera a dar corte, a aquellas alturas.

- ¿Estás de broma? -  me dijo, señalándose la polla tiesa con sus ojos. – No había estado nunca tan emplamado.

- Joder, es verdad, primo… ufffff flipo con lo dura que se te pone…

- No voy a ser capaz de ponerme esto, Laura – me dijo, enseñándome sus calzoncillos, tan rotos y sucios. No le faltaba razón, me dije. Mi cabeza trató de pensar, aunque en aquella situación estaba claro que tampoco estaba para soluciones brillantes.

- A grandes males, grandes remedios… - le dije, vaciándole sobre el rabo duro una de las botellas de agua que estaban sobre la mesa desde la hora de la cena.

- ¡Puta! – dijo él saltando fuera del sofá de un brinco.

 

De pie frente a mí, de nuevo, nuestros cuerpos desnudos se entrelazaron instintivamente para morrearnos con pasión mientras nos abrazábamos, restregándonos nuestros sudores. De alguna manera, el tacto de su polla se hizo menos duros y violento contra mi cuerpo, y entendía que la tontería del agua había funcionado, al menos lo suficiente como para cortar la monumental trempada que le había causado mi comida de culo.

 

- ¿Estás listo? – le dije cuando conseguí apartar su boca y sacármelo de encima, recogiendo con mi mano el hilo de sus babas que se me había quedado colgando de los labios.

 

Él me miro, con una sincera expresión de felicidad.

 

- Creo que por lo menos me da para metérmelos ya… - me contestó, riendo. Mientras se agachaba para meterse las perneras del calzoncillo por los pies.

 

Dejé que se subiera la prenda y que se la ajustara a la entrepierna, acomodando como pudo su siempre demasiado mastodóntica verga.

 

         - No me canso de mirártela, primo…

- No empecemos, prima… ¡o se me va a acabar saliendo otra vez! – Pablo se puso rojo como un tomate.

- No, no… tranquilo… vamos para allá, yo no te hago nada más… por ahora… - le dije, guiñándole un ojo en señal de confianza, y dándole un último pico en los labios. – Solamente déjame un momento mejorar una cosa aquí…

 

Me puse detrás de él y me agaché junto a su culito. La raja y el ano abierto se podían ver perfectamente a través del roto de la parte trasera de sus gayumbos. Sin embargo, quería estar segura de que no existía ningún impedimento para que ellas pudieran acceder, así que metí un par de dedos de cada mano por aquel agujero y tiré hacia fuera para agrandar el roto.

 

         - ¿Pero qué coño haces?

 

Acallé sus quejas metiendo un par de dedos hasta el fondo en su ano. Allí se los removí con vigor, y le hice un par de rudos metesacas.

 

         - Ufffffff… - suspiró.

- Tranqui… - le dije, abrazándome a él. No pude evitar fortar mis tetas contra su cuerpo sudado, y tuve que hacer un enorme esfuerzo para serenarme y no ser yo misma la que tomara posesión de su culo en aquel preciso instante, de manera definitiva. Tenía ganas de jugar con ellas, lo reconozco, pero aquello tampoco hacía desaparecer sin más mi propia calentura, eso estaba claro. - ¡Vamos! – le dije, sacando del todo mis dedos de su culo y dándole una sonora palmada en el trasero.

 

Al sacar mis dedos de su interior, los dos pudimos ver cómo su blanca y delicada piel estaba arrugada por el calor y la humedad, y manchada en estrías de un marrón claro y brillante, con grumos rojizos y marrón oscuro. Temblando, no fui capaz de resistir la tentación, y allí mismo, delante de él, en su cara y sin disimulo me llevé aquellos dedos a la boca y me los metí dentro, relamiendo con deleite y pasando luego mi lengua por todos los rincones para degustar aquel sabor tan íntimo y personal de Pablo.

 

- Joder, Laura… - suspiró él, agarrándome la mano con las suyas y acercando su propia lengua, para participar con la mía del festín de recoger su esencia que acababa de manchar mi mano de manera tan evidente.

 

Con aquella misma mano ensalivada de ambos, tomé la suya y tiré de él en dirección al pasillo que se perdía en el fondo de la casa. Al fondo se veía la luz que llenaba la habitación de mis padres, sobre cuya cama yacían, desnudas y dormidas, mis dos amigas. No se habían molestado ya lo más mínimo en cerrar la puerta ni disimular que se habían pasado la noche follando… Tanto mejor, porque aquello facilitaba todavía más que yo pudiera llevar a la práctica la maldad que se me había ocurrido.

 

A mi primo se le salieron los ojos de verlas allí en bolas a las dos, tumbadas en la cama durmiendo a pierna suelta (sin duda exhaustas de una larga noche de sexo y placer), desmadejadas y desinhibidas por la calentura física y climatológica, lo que hacía que ambas estuvieran tendidas sobre las sábanas, sin cubrirse lo más mínimo, por supuesto, pero además completamente visibles y expuestas, abiertas y despatarradas, con las axilas y las ingles cubiertas de brillante sudor sobre aquella sombra de duro vello negro que empezaba a crecerles a ambas. Cuando digo que estaban abiertas, en realidad me estoy refiriendo a que tenían abierto todo lo que era susceptible de estar abierto: sus brazos, dejando a la vista los deliciosos pasteles de sus peras, que si no eran especialmente voluminosas estando de pie, especialmente en el caso de Nurita, así tumbadas se veían apenas como un suave montículo de piel morena y luminosa, como si estuviera untada en aceite, coronada en ambos casos por unos pezones pequeños y oscuros, tremendamente duros y empinados; también sus piernas, separadas y recogidas en ambas de manera absolutamente impúdica, dejando sus bollos al aire, aquellos bizcochitos esponjosos e hinchados, impregnados de tanta miel que escurría a chorros hasta el colchón desde sus rajas abiertas en canal, rosada y más tímida en el caso de Meri (si bien su coñito aparentemente infantil aparecía revelado como el coño de puta feroz que realmente es, de labios poderosos y firmes y vagina golosa), oscura, negra, temible en el caso de Nur, pareciendo dispuesta a engullirlo todo sin dudar (como sin duda lo estaba, en realidad).

 

         - La hostia puta… - se le escapó a mi primo al verlas.

- ¿Están buenas, verdad? – le pregunté yo, sin molestarme en dar rodeos. La imagen me había puesto a mil incluso a mí, por lo que entendía la viva impresión que le había causado a mi pequeño primo a la perfección. Me bajé las bragas sin dudar. No podía soportar que ellas estuvieran tan sumamente desnudas y atractivas mientras yo seguía en ropa interior. Al verme hacerlo, Pablo amagó con seguir mi ejemplo, metiendo sus pulgares por el elástico de sus calzoncillos. - ¡No! – grité más alto de lo que hubiera querido No, Pablo, tú no… - terminé susurrando, sin que aquello pudiera remediar el berrido que le acababa de meter. Mer se revolvió al oírlo, aunque acabó por darse la vuelta y seguir durmiendo a pierna suelta, boca abajo esta vez. Su soberbio culo quedó al aire, moreno, redondo, duro como una roca pero con aquella morbidez justa que lo hacía tan deliciosamente apetecible para… ¡para todo, joder! La polla de Pablo tembló en sus gayumbos al ver aquello. Coño de Nur y culo de Meri, el menú estaba siendo demasiado apetecible para aquel crío salido.

- Joder, prima…

- Tranquilo, no te aceleres, ¿vale? – le dije agarrando su mano y mirándole con gesto de confianza – vas a tenerlo todo, así que mejor vete con calma, ¿me lo prometes?

- Es que no sé si puedo esperar más, prima…

- De verdad, Pablo… te lo prometo, créeme…

- Pero…

- Hoy.

- ¿Hoy? ¿Todo? – me di perfecta cuenta de que su mirada, clavada originalmente en el culo perfecto de Merita, con la oscura estrella de su esfínter llamándonos a gritos, acababa de resbalar muslos abajo… donde el enorme bollo de mi amiga, más hinchado y rajado que de costumbre, emergía entre sus piernas con lasciva provocación, cubierto de aquel rastro de vello incipiente tan absolutamente extraño en ella. Nur era más dada a dejarse crecer el vello, en raras ocasiones, sí, y normalmente más por provocación o por encargo expreso de algún cliente que por su propio deseo… pero diría que hacía años que no veía el sexo y las axilas de María con signos tan evidentes y deliciosos del crecimiento de su vello corporal, por mucho que apenas le estuviera empezando a brotar. Pero aquellos signos de depravación absoluta a la que nuestra perdida entrega al sexo de aquellos días estaban llevando a las zonas más íntimas de la anatomía de mi amiga eran tan inéditos que se veía que hasta mi extraordinariamente sensitivo primo le excitaban particularmente. De hecho, a mí lo hacían, y mucho; con seguridad era la primera vez que yo misma llevaba el coño o los sobacos más depilados que los de mi amiga.

- Sí. – Contesté yo, pese a todo, sin el menor atisbo de duda.

- Joder…

 

Aquella especie de momento mágico se rompió por los graves ronquidos que empezaron a brotar de algún rincón del aparentemente celestial cuerpo de Nuria.

 

         - Solo te pido que lo hagamos a mi manera.

         - Va… vale, Laura… - Pablo temblaba.

- Vas a ver todo lo que vamos a disfrutar, primo – le dije dándole un suave beso en la boca.

 

En aquella situación, fue inevitable que el beso derivara en un morreo, no un morreo frenético y desaforado, pero sí un morreo hondo e intenso, profundo y largo, en el que dejé que sus delicadas manos me recorrieran el cuerpo a su antojo. Joder, en ningún momento me costó más que en ése resistir la tentación de ponerme a follar sin más con él. Pero sería absurdo justo después de llevarle allí, de decirle lo que le acababa de decir… Sería un puto insulto para mis amigas despertarlas de aquella manera, arrojándoles a la cara mi victoria definitiva con Pablo sobre ellas. Haciendo un último y definitivo esfuerzo, dejé pasivamente que él me sobara a placer hasta que sus ánimos se fueron serenando y su atención volvió a centrarse, inevitablemente, en mis amigas.

 

Bajé mi mano hasta su culo, tanteando el agujero que le había abierto en sus calzoncillos. Era tan grande que toda su raja quedaba al aire, no había opción a fallar. Deslicé mis dedos por ella, y pude hundir el índice con total facilidad en su ano. Pablito suspiró y su pene engordó otro punto. Seguía abierto como la boca de un pozo y mojado como una colegiala deseando perder la virginidad.

 

- Estás preparado, primo – le dije, y sacando mi dedo de su interior, le empujé por el trasero hacia la cama de ellas, obligándole a tenderse boca abajo entre los cuerpos de mis dos amigas.

 

Nurita dormía como un tronco, y siguió roncando como si nada a pesar de que mi primo había quedado con la carita girada hacia la de ella, tan cerca que sus labios llegaban a rozarla, y sin ningún pudor había empezado a acariciar su mejilla con esos labios delicados y sensitivos, y empezaba a hacerlo también con la punta de la lengua. Le había tentado con ser follado por Nuria, con mi prótesis de arnés, o ser él quien sodomizara a nuestra amiga Merita. Y yo sabía bien que mi primo estaba loco por el culazo de Mer, que se moría por enterrarle la polla caliente hasta el fondo… y, sin embargo, su primera reacción había dejado clara su preferencia. Siempre Nuria, era mi eterna maldición, estaba claro. Hubiera dado un brazo porque mi primito prefiriera a María en vez de ami novia, pero he de reconocer que me había arrepentido de ofrecerle el culo de aquella diosa en el mismo momento en que lo hice. Mer tiene un trasero tan rico que, invariablemente, quien lo prueba siempre quiere más, y una punzada de terror extremo me atravesó en ese instante pensando en la inevitabilidad de esa realidad. Sin embargo, aunque pudiera estar tentada de retrasarlo un poco más todavía, tenía que tomar consciencia de una puñetera vez de que todo iba a pasar, y de que iba a pasar ya. Porque lo contrario iba a ser que terminaría pasando sin mi permiso, sin mi intervención, sin mi voluntad. Terminaría pasándome en la cara, como cuando Nur se dejó empalar hasta el fondo ayer por mi primo, frente a mí, y yo no fui capaz ni de reaccionar.

 

Me di cuenta entonces de que Mer se había despertado al tumbarse Pablo junto a ellas. Mi primo tenía girada la cabeza hacia el otro lado, obsesionado como parecía con besar y lamer a Nuria (y algo más, porque su aparentemente titubeante mano derecha se había posado sobre la rodilla izquierda de mi novia, lo que le permitía avanzar un camino nada inocente hacia su muy abierta entrepierna con demasiada facilidad). Meri, por su parte, reaccionó con increíble rapidez, pasando con facilidad del sueño a la duermevela, y de ahí directa a una vigilia agitada, excitada. Elevó la cabeza y sonrió al verme allí, desnuda, a los pies de la cama, atenta y feliz ante la escena que se empezaba a desarrollar ante mí. Meri no podía saber al cien por cien lo que yo tenía en la cabeza, pero me conocía de sobra como para tener claro por dónde iban mis intenciones. Miró a mi primo, primero a su cabeza, girada y hundida en la cara de Nur. Luego se deslizó por su arqueada espalda de adolescente, seguida de su mano, que empezó a acariciarle sin titubear. Pablo se estremeció, y se puso tenso de golpe cuando la mano de ella alcanzó su trasero, y siguió sin detenerse sobre la tela húmeda de sus gayumbos… hasta que dejó de haber tela. Los dedos de mi amiga empezaron a recorrer con decisión la raja de mi primo. María sabía de sobra lo que tenía que hacer… también ella había deseado tener aquel culito entre sus manos. Pablo detuvo sus juegos en Nuria, repentinamente centrada toda su atención en torno a aquel agujero al final de sus intestinos en torno al que habían empezado a jugar ya los deditos de Meri.

 

Antes de que yo pudiera darme cuenta, ella estaba ya acariciándole el ano, hasta que acabó sin más por meterle el dedito. Mi primo estaba demasiado abierto como para que María no hiciera aquello. Qué coño, a ella le ha flipado siempre meter sus dedos en cualquier tipo de culo… pero es que Pablo lo tenía como un auténtico agujero negro: aquel esfínter dado de sí atraía todo lo que se le acercaba con fatídica determinación. Mi primo no se inmutó cuando mi amiguita le clavó el primer dedo. Jugó con él un rato, hasta que la calentura acumulada por todos durante aquellos días empezó a hacernos efecto, y todo empezó a desatarse. Viendo que yo no decía nada, y que tampoco Pablo se quejaba, sino que más bien parecía fliparle aquello, Mer fue metiendo otro dedo, y otro dedo más, y otro. Era todo demasiado fácil. Pablo culeaba y se abría como una zorra para ella, sus dedos deslizaban en aquel pozo de placer como si fuera un coñito de puta dado de sí, y yo me pajeaba visiblemente para ella, borracha de morbo mirándola violar a mi primo.

 

Es decir, yo acababa de perder ya la cabeza, y ella estaba a punto de perderla también, animada por el cerdo de mi primo, que estaba disfrutando como un niño volviendo a sentir su orto desbordado… casi como si tuviera la amada polla de su hermano mayor otra vez dentro. Pablo bajó sus manos hasta sus nalgas y, poniendo el culo en pompa para María, se tiró de los glúteos hacia fuera, asegurándose de que su raja se separaba al máximo y su agujero se abría todavía más para ella. A Mer el pulgar le entró casi sin darse cuenta, pero cuando fue consciente de que tenía toda la mano dentro del recto de mi primito se volvió loca, y empezó a darle por saco como si fuera un semental desesperado. Yo me estaba metiendo media mano en el coño mirando aquello, claro, y me tenía de hecho tan absorta que no me di cuenta de que Nur había despertado hasta que los sonoros chupeteos y gorgoteos de la boca de ella perdiéndose en la boca y la cara de mi primo me revelaron la lujuria desenfrenada que estaba acompañando el despertar de mi novia. Nuria reclamaba su turno.

 

Y mi pobre primo no sabía en qué centrarse, mientras María se la metía hasta el brazo, y Nurita le cogía la cara entre sus manos y se la comía toda, mientras le daba vía libre a su coño desbordado, en el que Pablo hundía ya un par de dedos a toda velocidad. Yo iba ya por el segundo orgasmo, flipando con todo aquello, cuando de repente nuestras vidas tomaron una vía diferente a la que yo había planeado para aquel momento. Al final estas cosas son así, demasiado calor y demasiado pasión como para pretender controlar nada. Y si lo piensas, fue normal lo que pasó. Yo me estaba corriendo, y si Nuria no lo estaba haciendo, desde luego que al menos lo estaba gozando, llena con dos dedos de Pablo que debían estar haciéndole ver las estrellas montados en su punto G.

 

Pero el coño de Meri estaba desatendido, y eso que era ella seguramente la que estaba más brutalmente cachonda de los cuatro: se estaba follando a mi primo, con medio brazo metido dentro de su culo. Demasiado para soportarlo sin que su coño echara chispas. Confieso que no lo vi venir, y eso que ella se lo estaba majando a saco con su mano libre. Pero nada parecido debía de ser suficiente cuando estaba sintiendo tan íntimamente el interior del culo de mi primo con su Pablo. Nada podía ser suficiente cuando aquella peste a polla rancia empezó a golpearnos con fuerza a las tres, haciendo que nuestros pezones se pusieran duros como el diamante y nuestros coños chorrearan como el de tres perfectas cerdas animalizadas por el deseo. Un deseo tan bestia que fue capaz de hacer que Mer renunciara a seguir violando a Pablo, arrancándole el brazo sin piedad del culo con una falta de delicadeza literalmente desgarradora. Mi primo aulló y pataleó, muerto de dolor, lo que le hizo abandonar la boca de Nuria y, a la vez, hundirle con furia los dedos en el coño de esta. Aquello le hizo pegar un fuerte berrido también a ella, arqueándose dolorida o muerta de placer. Yo me vi cubierta, no sé si de sudor, de flujo o de meados, y cuando me quise dar cuenta María ya estaba rodando sobre su propio cuerpo, saltando sobre Pablo para colocarse sentada frente a su cara. Nuria convulsionaba, pero yo me había quedado congelada de estupor. María agarró con dureza a mi primo de los pelos, obligándole a girar la cabeza hacia su coño salido, y empujó con decisión se pubis hacia la cara de él, dispuesta a alimentarla como quien alimenta a una fiera salvaje a quien se había tenido encerrada privada de alimentos y sexo durante demasiado tiempo. Pablo hociqueó rápidamente en aquel coño de guarra, furioso por haber sido reventado analmente y obligado a abandonar a su solícita amante (inevitablemente su mano había abandonado el sexo divino de mi novia para aferrarse a las caderas voluptuosas de María y ayudarle a empujarse dentro de ella en su brutal y animal comida de coño). Porque eso precisamente quería Mer, eso necesitaba, y eso le estaba dando mi primo: una comida de coño tan brutal y exagerada que hizo que mi amiga aullara como si nunca jamás le hubieran hecho nada parecido.

 

Y entonces, cambiaron las tornas, claro. Nuria, molesta y apenas repuesta, se lanzó sin dudar a aquello que le había quedado: el culo de Pablo. Mi pobre niña, ella nunca había sido de culos, lo cual no quitaba que hubiera tenido que comerse muchos, de mujeres y hombres, sobre todo de hombres, por deber. A mí misma me había hecho de todo por detrás, claro está… habría sido imposible que acabáramos juntas si no hubiera sido así, y doy fe de que era buena haciéndolo, muy buena. Y, aún así, yo no estaba preparada para aquello que estaba viendo: mi chica, completamente desatada, empezó a chuparle todo a Pablo, a lamerle nalgas y raja, comiéndole la mierda arrastrada por el brazo de María, metiéndole la lengua a fondo en el culo nada virginal del cerdo de mi primo. Mer, mientras, se estrujaba las tetas, que se le pusieron rojas como dos tomates de la saña que estaban sufriendo, y gritaba y jadeaba con una potencia no escuchada hasta aquel momento en la casa en los doce días que habíamos pasado juntos.

 

- ¡¡¡¡AAAAAAAAAHHHHHHH!!!! ¡¡¡AAAAAAAHHHHH!!! ¡¡¡CABRÓÓÓÓÓN!!! ¡¡¡PUTO CERDO!!! ¡¡¡AAAAAHHH!!! ¡¡¡PABLO, JODER!!! ¡¡¡¡JODEEEERRR!!!! ¡¡ME ESTÁ FOLLANDOOOOO!! ¡¡¡¡OOOOOHHHH!!!! ¡¡OHHHH!! ¡¡¡OHHHHHH!!! ¡¡¡OOOHHHH!!! ¡ME ESTÁ FOLLANDO CON LA LENGUA, ME LA ESTÁ METIENDO TODA DENTRO! ¡¡¡¡AHHHH!!!! ¡¡¡SÍÍÍÍHHHH!!! ¡SÍ, CABRÓN, FÓLLAME TODA!

 

Enloquecida por todo aquello, de pronto me vi con mi mejor amiguito entre las manos, mi arnés, mi brutal arnés... bien, Pablo ya lo había probado, lo había probado de mí cuando me había hecho follarle, desesperado de añoranza por la polla de su hermano... pero lo había probado también ayer por la tarde, aquella loca tarde en el jardín, esa tarde demencial en el que habíamos hecho de todo junto a él y le habíamos dejado hacernos de todo… que le habíamos enseñado cómo María y yo nos abríamos el culo mutuamente, y Nuria le había dejado a él desvirgarle el suyo, su culo virgen e intocable, perforado primero por el dedo de mi primo, luego por su glande hinchado como un champiñón… ufffff, ¡joder! Me mojo cada vez que lo recuerdo… y luego él mismo se había ensartado en aquella polla de arnés mía, mientras mi novia se la agarraba y le ayudaba a metérsela con fuerza. Uffff. Claro, cómo no… Es que también Nur deseaba aquel culito, me dije a mí misma mientras ajustaba las correas de mi arnés a los muslos de ella. Una vez armada, con aquella tranca de plástico vibrando entre sus piernas, Nuria no dudó, porque sabía de sobra lo que tenía que hacer. Sabía muy bien lo que quería.

 

Pablito estaba más que lubricado, entre las tres le habíamos dejado bien preparado, le habíamos abierto el culo y le teníamos empapado como una zorrita. Mientras él le clavaba la lengua a María hasta los ovarios, Nur se montó sobre él y se la endiñó. No necesitó hacer la menor fuerza, claro, simplemente le empujó toda la verga dentro y le penetró, empezando a follarle suave. Mi primo empezó a agitarse en aquel momento, supongo que habría intentado hacer algo, asomarse, girarse, tratar de mirarme quizás. Pero Mer le tenía encerrada la cabeza entre sus piernas, y Nurita le había enlazado las manos, obligándole a agarrarse a las caderas de María con fuerza, aferrándose ella a la vez al cuerpo de mi amiga para ayudarse a empujar más hondo dentro de los intestinos de Pablo, y obligarle a él a tragar más coño y meter más la lengua en la vaginita olorosa de Merita.

 

Yo seguí junto a ellos tres, incapaz de moverme, de verdad que era brutal… y al final había conseguido darle la violación por Nuria sin que María le entregara su culo de forma definitiva (antes al contrario, ella había tomado el de él). Demasiado bonito para ser cierto, parecía que todo se hubiera reacomodado de repente para ajustarse como dedo al culo a mi plan reelaborado en el último instante. Nuria follándoselo y sin que él se follara a Mer, ¡perfecto! Nur llevaba la voz cantante, porque estaba enloquecida, más todavía que María (aunque ella se estaba corriendo viva, y la verdad, si antes ya berreaba, ahora es que parecía directamente enajenada por lo que le estaba haciendo Pablo). Mi novia le animaba a comerle a Merita el chirri y a follarle el potorrazo con su lengua, mientras yo les miraba atontada, mirando como le comía el coño de una manera desmedidamente salvaje. Nuria, por su parte, parecía que se había vuelto literalmente loca, tenía encajado mi arnés por completo, a la perfección, y se lo había empezado a follar de verdad, pero es que le estaba taladrando con furia inhumana, y mi primo pese a todo aguantaba, se le notaba tenso, no lo voy a negar, pero a juzgar por los gritos de María le debía de estar haciendo a ella un trabajazo.

 

Bueno, tan excitante era todo que… me empalmé. Sí, me pasó así, sin más. Se me puso durísimo el clítoris de repente, y cuando me quise dar cuenta lo tenía fuera, amoratado, gordo, duro y muy salido. Como una perrita me arrastré por la cama, porque con aquello así yo ya no soportaba más sin que alguno de ellos me hiciera algo a mí también. Cuando me quise dar cuenta, me estaba abrazando y refrotando con el cuerpo desnudo de la alucinada María, que estaba tan el las nubes que parecía no saber ni de dónde coño había salido yo. Mi novia, sin embargo, sí se había dado cuenta de lo que me había pasado, y le dijo a nuestra amiga que me comiera el rabo, pero yo ya me estaba lanzando sobre ella, comiéndole la boca y comiéndole las peras, hasta que le hice perder el equilibrio y la acabé arrastrando contra el colchón, pasando a comerle todo, aunque tampoco duré demasiado, porque mi coño chorreaba y parecía a punto de reventar, y se lo acabé estampando contra la boca. Mer seguía alucinada, pero no se molestó en protestar, sino que empezó a mamar con ansiedad al darse cuenta de cómo iba yo también y de lo que me había salido entre las piernas.

 

Entonces, Nuria, aprovechando que mi ataque sobre Mer había eliminado a su rival, decidió aprovechar al máximo su oportunidad. Al escuchar los gritos de Pablo me giré como pude para tratar de ver lo que pasaba, aunque estaba excitadísima y Merita me estaba matando, pero sí pude comprobar el ataque enfurecido de Nuria sobre Pablo: viéndola allí, nunca habría imaginado que sería capaz de algo así, pero estaba claro que mi novia, todavía a aquellas alturas era capaz de sorprenderme: ni al hermano mayor de Pablo le había visto con tal capacidad de destrozar al pobre crío: mi primo gritaba como un condenado, gritaba y gritaba… pero no se resitió.

 

- Joder… joder Meriiiiiii… - dije yo de repente - ¡¡¡¡ME MEOOOOOOO!!!!

 

Y era verdad. O no. No sé. Quiero decir, sí me meaba. Pero también me corría. Y como me corría no me podía mear, pero me quería mear. De repente me asusté, me acojoné de liarla parda y dejar el colchón de la cama de mis padres oliendo a pescado de por vida. A pescado y a meados, yo qué sé. Eso y que, de repente, también me moría por encerrarme con aquella niña preciosa que me estaba llevando al cielo, por encerrarme con ella… y, a la vez, por dejar solo a mi primo con Nuria. Por tentar la suerte. Me moría por volver a verlos follar, lo reconozco…

 

- Ven, vamos al baño… - dije de pronto, saltando sobre una estupefacta María y casi arrastrándola de los pelos.

 

Lo último que vi a mis espaldas fue a Nuria zafándose de los arneses y tratando de separarse del cuerpo de Pablo, rodando sobre la cama, corriéndose viva a gritos, mientras él se medio incorporaba con gesto de un placer aterrador y se echaba la mano al culo tratando de arrancarse la verga de plástico de su orto. Su pecho brillaba y lucía empapado de lefa blanca, que delataba una brutal corrida por efecto de la follada de Nuria, mientras ésta ya echaba su mano ávida hacia la polla de él que vibraba, todavía dura a pesar de haber eyaculado como una fuente entre su cuerpo y las sábanas de la cama, endurecida y empalmadísima, como no podía ser de otra manera, mientras el coño abierto de la zorra de mi novia seguía soltando su flujo a chorros, un flujo que manchaba también por completo el culito adolescente de mi primo.

 

Pero yo no aguantaba más, así que no me quedé a mirar su final: necesitaba el mío. Así pués, tirando de María, la llevé a los golpes hacia el baño del dormitorio, y la empujé puerta adentró hasta meterla rodando en la bañera jacuzzi de mis padres. Acabe saltando sobre ella y agarrándola de la cabeza para obligarla a hundirme la carita entre las piernas. Ella se puso a chuparme el clítoris empalmado como si estuviera mamando polla, y yo no aguanté ni medio minuto: allí mismo empecé a echarle todo en la cara, en los ojos, la nariz, en su lengua y dentro de su boca. Primero le solté la corrida, y luego me meé con ganas en ella, la muy puta, que se dedicó a beberme toda como una guarra y a dejar que la bañase, pajeándose también mientras lo hacíamos, hasta que ya o pudimos más, hasta que ninguna de las dos pudimos más.

 

Caí redonda sobre ella, y nos quedamos tiradas en el suelo de la bañera, resollando empapadas mientras tratábamos de recuperar la calma y la respiración.

 

Por un largo rato, el silencio reinó en la casa. Eso fue así al menos hasta que mi curiosidad por lo que podía haber pasado entre Nuria y Pablo, unido a la imposibilidad material de mantener durante mucho más tiempo mi postura y la de María, me llevó a moverme y empezar a tratar de levantarme. Antes de hacerlo, con la ducha de la bañera me pegué un manguerazo a mí y a Mer, porque estábamos completamente cubiertas de sudor, semen, flujos, mierda y meados, aunque en realidad lo que buscábamos con aquel fugaz remojón era más refrescarnos la calentura y tratar de espabilar nuestras mentes aturdidas por el sexo intenso y por la falta de sueño.

 

Me di cuenta de que yo estaba bastante más aturdida que ella cuando Mer se levantó como un resorte, mientras terminaba todavía de esparcirse los restos de agua fría por su cuerpo gustoso, y salía grácilmente de la bañera.

 

- ¡Espera! – le pedí, corriendo tras ella.

 

Evidentemente, Mer había gozado haciéndome gozar en aquella bañera, pero… era inevitable que su cabeza siguiera todavía pensado en mi primo. Lo que ella le había hecho en el culo, aquella manera de él de comerle el chocho… uffffff.

 

Sorprendentemente, cuando asomé la cabeza a la habitación, me encontré con Pablo apenas abrazado a mi novia. Ella le tenía agarrado de la polla, y le pajeaba con suavidad, mientras se apretaba la espalda contra el colchón, con los ojos cerrados y murmurando, como si estuviera drogada, mientras mantenía las piernas flexionadas y abiertas para permitir que los flujos siguieran saliendo de su cuerpo, aparentemente sin límite. Había pensado que ellos podían haber llegado más lejos todavía mientras yo me deshacía literalmente sobre María, pero al parecer todo había acabado... o no.

 

- Joder, María, qué pedazo puta eres… ¡me has roto el culo, zorra! – escuchamos decir a mi primo, con una voz cargada de acritud.

 

Mer le miraba, pegada al otro lado de la cama, cuando él se zafó de golpe de la mano de Nur que le agarraba el rabo, y se incorporó sobre el colchón. Sus movimientos fueron torpes, sobre todo para levantarse, gravitando hacia los lados en cada movimiento como si no fuera capaz de sostenerse. Parecía claro que su culo rasgado le estaba haciendo ver las estrellas. Y, a pesar de ello, de repente le vimos volar sobre el cuerpo de mi novia, saltando sobre María y haciéndola caer de boca en el borde de la cama, para terminar logrando que sus piernas resbalaran hasta el suelo. Y así, sin más, dejándose caer sobre su delicado cuerpo femenino, aunque fuerte y poderoso, tal cual quedó sobre ella, boca abajo y cabeza abajo, se aseguró de inmovilizarla allí, medio caída en el suelo. A continuación, le obligó a abrir sus piernas y, desde atrás, boca abajo y cabeztal como estaba, hundió su joven cara, que previamente había manchado en el coño de la propia Mer, en todo el ano y en el bollo sorprendentemente peludo de mi amiga.

 

Fue brutal, sencillamente brutal. Seguramente, también mucho más ya de lo que yo estaba dispuesta a permitir... pero a aquellas alturas todo era imparable, y yo no sabía si habría algo capaz de impedir que aquello se detuviera antes de que se consumara el anal que ambos llevaban deseando desde que se vieron por primera vez en ropa interior. Aquel mismo anal que yo le había prometido a él con ella tan solo unos minutos antes. Con su comida de culo, Pablo le provocó un orgasmo a mi amiga casi de inmediato, un largo orgasmo que empezó a estallarle en la cara prácticamente desde el principio, desde el momento en que la lengua de él taladró el esfínter de ella, y que les tuvo un largo rato retorciéndose entre el suelo y la cama como dos fieras luchando. Una comida de culo y un orgasmo que iban a ser, tan solo, los primeros de muchos... Nuria miraba a María con envidia, resistiéndose para recorrer las piernas y los alrededores del culo de mi primo tan solo con unas leves caricias, sabedora de que ella también se acababa de correr con él, en él, y que ahora era el turno de nuestra amiga, aunque me preguntaba si ella era consciente de hasta donde podría llegar Pablo esta vez, sabedor de que tenía mi beneplácito. Sin embargo, Nuria, sin esperar un final, con la mirada vidriosa, extraviada, casi llorando y babeando como una demente, con mi falso rabo bamboleándole como un mandoble, firmemente sujeto por su mano derecha, sucio de mierda y chorreando sus flujos, se levantó por la otra parte de la cama y, bordeándola, se fue hacia el cuarto de baño, golpeándose con las paredes como una borracha de mierda.

 

Alarmada, yo eché un último vistazo a los amantes, por llamarles de alguna manera. En realidad, parecía que Pablo iba a devorar a mi amiga por el coño. O por el culo. En fin, ella vería. Pero claro estaba que no estaba mi primo para decirle que no, así que renuncié de inmediato a mi enésima idea de volver a parar aquella insensatez. Eché un último vistazo a su cuerpo en tensión, con la verga fuera del slip, medio tiesa y chorreando esperma, o una especie de espuma cremosa más bien, junto con restos aún de la brutal corrida que le había provocado Nurita y que debía haber acabado hasta con la última de las gotas de líquido seminal de su cuerpo, mientras en aquella desmedida lucha suya con María me enseñaba alternativamente su miembro aún duro y su trasero, en el que se revelaban, con evidencia palmaria, tanto su calzoncillo como su culo rotos...

 

Completamente fuera de mí aún, por lo que estaba viendo y por lo que acababa de ver y vivir, pero sobre todo por la nochecita brutal que me había dado mi primito, me fui detrás de Nur. Por mucho que deseara quedarme con Pablo y María, aunque solo fuera por lo menos a mirar, sentía que debía atender a mi novia. Al igual que nosotras antes, la vi metiéndose en la bañera, cuyo fondo estaba todavía asquerosamente embarrado de nuestros restos de antes. Nur abrió los grifos a tope, cogiendo la manguera de la ducha con la mano izquierda. En su mano derecha aferraba todavía con fuerza mi polla de plástico untada de sus flujos y de la mierda de Pablo. Yo me acerqué a ella y, entrando en la bañera, empecé a acariciarla, para por fin tomar una esponja y la ducha y empezar a limpiarla. Nuria bajó el nardo falso hasta su pubis, sujetándolo con ambas manos contra el triángulo de naciente vello negro y duro que sombreaba su oscura piel, tan absolutamente morena y bronceada como el resto de su cuerpo, como si jamás de los jamases en su vida hubiera tomado el sol en bañador… Le froté todo el cuerpo con deleite, limpiándola de arriba abajo. A diferencia de mí, a Nuria nunca le había gustado sentirse sucia después de follar, ni oler a coño, ni siquiera sentirse mínimamente sudada, y en aquel momento os puedo decir que estaba que casi me daba asco hasta a mí. Sin embargo, pronto me descubrí absolutamente centrada en su miembro, en mi miembro, aquel cipote descomunal y siempre duro que ella apretaba contra su sexo como si de aquel contacto dependiera su vida, y que lamí y comí y tragué y lavé a conciencia, antes de abrir los dedos agarrotados de ella y separar aquel trozo de plástico de su escultural cuerpo.

 

- Pe...perdona...Lau...- Nur lloraba, o desde luego, eso parecía, porque, en realidad, el agua le caía a borbotones por la cara desde la ducha, pero desde luego que su expresión era de pena infinita.

- ¿Per… perdonar? Pero… si ha sido brutal, Nur... si sabes de sobra que su hermano se lo hace desde el principio y… y, joder, y yo misma también se lo hice ayer por la mañana... no sé, supongo que todo se nos está yendo de las manos muchísimo más de lo que nunca hubiera podido imaginar, pero, joder, ¡ha sido sencillamente increíble, Nurita! …de verdad. Y, te lo aseguro, me alegro muchísimo de que tú se lo hayas hecho, y también de que Merita esté ahora disfrutándole... nos hacía tanta falta, a todos nos hacía falta, desde luego que él lo estaba deseando, pero esto era necesario para las tres, y yo sé que no está bien todo lo que yo os...

- No es por hoy, Lau… tú… tú sabes por qué… - sus ojos se anegaron en lágrimas. No iba a dejar que verbalizara aquello que nunca había pasado, así que la callé con efusivo morreo.

- Lau, eres tan buena, te quiero tanto... – me soltó cuando, por fin, volví a dejarla hablar. Aquello me desmotó por completo. Aquel “te quiero” había sonado de una manera que jamás había conocido antes…

- Pero, Nur... – yo no sabía qué decir ni cómo reaccionar.

- Tan generosa... – siguió ella.

- Anda, anda, que estás demasiado sensible, joder, - traté de cortar aquello, antes de ponerme a llorar yo también - solo espero que sea por la adrenalina que has soltado, y no porque te va avenir la regla ahora, porque, bueno, ya sabes... todavía nos queda el final y… joder, bueno... si es que estoy igual yo también, ¡no te imaginas qué noche!

De pronto me vi sorprendida por un golpe inesperado a mis espaldas: era Meri entrando en el baño. Andaba raro, con las piernas muy separadas...

 

- No me jodas que al final te la ha metido… - se me escapó. Nur se abrazó a mí al escucharme decir aquello.

- No, no… tranquila, Lau… uffff… no te digo que no me hubiera gustado, - admitió – pero digamos que solo ha sido una comida algo… ufffff… especial. ¡Huau, Lau, Nur! ¡¡Brutal!! Anda, dame ese rabo, preciosa que, como comprenderás, después de estar escuchando a tu primo rompiéndote ese precioso trasero que tienes durante toda la noche, ahora tengo unas ganas locas de darte por culo yo también - me soltó mi amiga, como si nada.

 

Y aquello era lo que me faltaba a mí, claro. Porque toda aquella locurita había terminado por ponerme caliente, de veras caliente. Y se trataba de una calentura constante, extraña y peligrosamente persistente, que ni la desmedida corrida que me había pegado un momento antes sobre la cara de ella en aquella misma bañera había logrado calmar sino, más bien al contrario, quizás hasta había contribuido a acrecentar.

 

- ¡Bueno!, pues… ¡¿al lío, no?! – dije yo, riendo – quiero decir, que ¿a qué esperamos? Porque ¡para eso siempre es buen momento! – Nur y María rieron conmigo. 

- Venga, pues vamos, no tardéis más - dijo mi novia, cortando el grifo y cogiendo una toalla para secarse. Me encantaba aquella generosidad suya para entregarme siempre a cualquiera.

- Ven a mi habitación, Mer… que me quema el culo de las ganas que te tengo... – mi mirada hacia amiga era ya mucho más que traviesa.

 

Salimos las dos corriendo hacia mi habitación, mientras Nur nos seguía, secándose todavía con la toalla. Personalmente, yo estaba encantada de dejar que el mío se secase directamente al aire, sobre todo teniendo en cuenta el calorazo que hacía.

 

Os preguntaréis qué había pasado mientras con mi primo Pablo, y no os faltará razón para hacerlo. Aunque pueda parecer bastante absurdo, la realidad era que, sencillamente, por un momento nos habíamos olvidado de él. A ver, entiendo que pueda ser un poco difícil de explicar, porque las tres estábamos que perdíamos el coño por acostarnos de una puta vez con él pero, visto que el primer encuentro de la mañana había concluido sin ningún avance significativo en esa dirección (la verdad, estoy convencida que fue así por puro milagro, porque…), pues lo cierto es que también teníamos necesidad de compartir entre nosotras toda aquella intensidad, después de que hubiéramos pasado forzosamente separadas la noche. Y, por terminar de decirlo todo… bueno, yo ya sabía que mearme en la cara de María no era algo que ella fuera a dejar pasar sin más, porque ese tipo de cosas siempre le provocaban una excitación tan brutal que necesitaba una serie prolongada de actos sexuales crudamente explícitos para conseguir serenarse. Mi primito, sin duda, le había dado buena parte de aquella ración ya, pero ella todavía esperaba que yo rematara la faena como es debido. ¡Y yo estaba más que dispuesta a hacerlo!

 

Pero, y entonces… ¿Pablo? Pues Pablo nos había visto salir del baño a las tres, en bolas y con aquel cipote en la mano, disparadas hacia mi habitación sin molestarnos ni en mirarle siquiera. Evidentemente, él sabía de qué iba la cosa, y evidentemente sabía que si no le estábamos diciendo nada era porque no estaba invitado… Pero nosotras sabíamos tan bien como él que no esta ya la cosa para dejarle fuera, porque el niño se había ganado más que de sobra el derecho a participar en todos nuestros juegos como el protagonista principal. Al fin y al cabo, si estábamos allí las tres, y estábamos así, era en realidad todo por su culpa. Así pues, mientras nosotras nos preparábamos, mi primito había tomado su propia decisión.

 

- ¡PABLO! – gritó Mer, R sorprendida, al darse la vuelta mientras termina de ajustarse aquel arnés. Nurita y yo, que estábamos haciendo la tijera en mi cama mientras Meri se preparaba, para no perder el tiempo, ni siquiera nos habíamos dado cuenta de su presencia.

- Lo... lo siento... – tenía gracia que el pobre chiquillo todavía se cortara tanto con nosotras… después de lo que ya nos había hecho a todas. Bueno, eso y que él mismo venía con la polla… en los calzones, sí, no lo niego, pero creciendo nuevamente a un ritmo de vértigo, cómo no.

 

Mirándonos, con ese aire tímido al que me refiero, pero desde luego sin cortarse ni un pelo, se empezó a tocar la erección por encima de la tela, como diciéndonos: “no os vayáis a olvidar de mí, cabronas”. Maldito crío, y maldita polla brutal que tenía… uffff, era escandalosa, y además los calzoncillos aquellos estaban tan sucios ya, retorcidos, demencialmente rotos, por supuesto, inservibles. Provocaría mil veces menos si no los llevara, me dije. Y me alegré como nunca de haberle obligado a ponérselos…

 

- ¿Puedo... puedo mirar...? – preguntó de repente, con aquel tono discreto, casi inocente, aunque indudablemente convencido. Por si pudiéramos haber tenido alguna duda de su seguridad absoluta sobre su derecho indiscutible a estar allí participando de nuestra intimidad, separó los dedos de la mano con los que se estaba acariciando el cinganillo malamente escondido dentro de sus calzoncillos, y los deslizó hacia su obligo, subiendo lentamente por la tela a ambos lados de aquel falo largo y perfectamente dibujado bajo la tela sobada, humedecida y desesperadamente dada de sí. Al llegar al borde de la  prenda interior, tiró sin sutileza del elástico hacia arriba haciendo que todo se le marcase todavía mucho más, elevando hasta la exasperación nuestra desatada excitación, y disfrutando como el perfecto diablo que era de nuestras miradas hambrientas y en absoluto discretas hacia su paquete. Allí estábamos, tres guarras lesbianas montándonos una orgía que habíamos querido que fuera privada, con los ojos fuera de las órbitas deseando comerle la polla al niño…

 

No me di cuenta de que Nur y yo habíamos parado de frotarnos los coños hasta que ella deshizo nuestra tijera, separándose de mí y  retirándose a una esquina. Pero ya os adelanto que no estaba ni cohibida ni paralizada, al contrario: enardecida por la visión de aquel cipote a punto de desmadrarse, su mirada expresaba el mismo deseo sin límite y la misma sádica determinación mirando a mi primo que la del propio Pablo desplegaba hacia ella… Con su cuerpo desnudo exhibiéndose de manera explícita para él, despatarrada y desafiante, sin revelar ni el menor problema en hacerlo todo delante de él, en enseñarlo todo para él, aquella conexión entre mi novia y mi primo se hacía cada vez, no solo más evidente, sino también más sólida e inquebrantable.

 

Me sacó de mi ensimismamiento un vigoroso rebote en la polla de plástico, temblando en el pubis de María, de pie junto a mí. Ella también se había quedado embobada mirando a mi primo, pero al sentir aquella explosión en su pubis se giró de nuevo para mirarme a mí, desnuda, caliente, expectante, tendida en la cama y necesitada de que alguien metiera de una puta vez algo por alguno de los orificios de mi cuerpo. Me jodía sentirme así, pero lo cierto era que mi primo me había puesto cachondísima, ver su polla me había puesto mil veces más bruta que las ganas de que Meri me la endiñase por detrás, pero en realidad todo aquello no hacía más que aumentar mis ganas de follar, así en general. Y, dado que mi expectativa inmediata era Mer pues, en realidad, estaba expectante de que me follara ella, así que me aparté, dejándole sitio junto a mí en la cama, con una actitud por lo demás totalmente indiferente. Para mí casi daba igual ya todo. Podía haber entrado un hombre cualquiera en la habitación en aquel momento, y me habría entregado a él por completo sin la menor preocupación. Me encogí de hombros, y le hice un gesto a ella para que se tumbara junto a mí; quería que me follara alguien y lo necesitaba ya, por lo que lo mismo me daba quién me lo hiciera, y mucho más quién estuviera mirando. Si Pablo quería verlo, desde luego que no iba a ser yo quien le privara del gusto…

 

- Bien… tú mismo, - le confirmó María, asumiendo mi acatamiento de la situación, y tumbándose sobre la cama con el nabo tieso.

 

Indiferente de la mirada de mi primo, que permaneció en todo momento clavada en mi culo, me levanté y pasé una pierna sobre el cuerpo de Mer. Agarré la cabeza del nabo de plástico y la apoyé en mi esfínter. Ya con solo hacer aquello pude notar que seguía completamente abierta por detrás, estaba claro que la noche con Pablo no había pasado en balde, y después de haberle dejado abrirme el culo hasta cansarse, aquello no había conseguido todavía recuperarse. Bastó el contacto del grueso glande de aquella prótesis con mi agujero para que mi esfínter reaccionase de manera refleja, dilatándose todavía más ante la inminencia de la penetración. Mi cuerpo sabía lo que venía y se preparaba para defenderse de la penetración, pero no lo hacía tratando de oponerse a ella, claro está, sino abriendo sus puertas para conseguir transformar aquella invasión en goce y placer desbordantes. Me senté sobre ella y me lo metí todo de golpe, pero asegurándome de bajar mi cuerpo por aquel mástil despacio, disfrutando del momento de inmenso placer y alargando a la vez el disfrute para el cerdo mirón de Pablo. Culeé un poco, para él. Cuando llegué abajo del todo, dejé caer mi cuerpo sobre María, y me abrí por completo de piernas para quedarme allí sentada en su cipote mientras ambas tratábamos de recuperar la respiración. Giré la cabeza hacia él. La tenía tiesa como un palo y se la estaba sacando… joder, ufffff, ¡qué ganas!

 

- Eso sí: esta vez las manos quietas, primito… - me forcé a decir, como si fuera capaz todavía de obligarle a nada. Para asegurarme de que no iba a caer en la tentación de que me diera aquel irresistible trozo de carne dura que ya tenía entre las manos, me agarré con saña a las tetitas de María y, mientras clavaba la mirada en sus llorosos ojazos verdes, me lancé a follármela con tondo el glamour que fui capaz, pero absolutamente sin ninguna compasión.

 

Mientras mi cuerpo se arqueaba y culeaba, saltando enloquecida sobre la tranca de Meri, sus gritos y los míos llenaron de inmediato la habitación. Parecía como si haber admitido a Pablo tan completamente en nuestros juegos nos hubiera terminado de soltar por completo, como si tenerle masturbándose a nuestro lado viéndonos follar fuera el mejor motivo para multiplicar hasta la náusea nuestras muestras de placer y de disfrute, como si, lejos de sentirnos intimidadas por su presencia, quisiéramos con aquella explosión de gemidos y jadeos demostrarle que aquella era, en realidad, nuestra vida, y que estábamos felices de que hubiera entrado al fin a formar parte de ella…

 

Estábamos, en otras palabras, perdidamente emputecidas.

 

Eché un vistazo a Nuria, que se pajeaba con frenesí tirada en el suelo empotrada junto a la mesa, mirándonos y tocando de vez en vez nuestras piernas, nuestros pies, lamiéndose los dedos para humedecer su chocho de puta ya de por sí encharcado... pero a la vez, y sobre todo, poniéndole ojitos a él, aquellos morritos, aquella mirada y pose de colegiala, todo dedicado a mi primo... aquella misma maldita expresión que tenía la tarde anterior, mientras hacía descender muy despacio su sexo abierto sobre la tranca empalmada de mi alucinado primo. Pasé de mirarles y me centré en María. Durante mi follada, podía escuchar el chapoteo de la mano de Nur, y el pene de él chascando sin cesar detrás de mí, pero todo me daba igual, quería follar y aquella follada me estaba sabiendo a gloria, así que me entregué a mi amante si preocuparme de más.

 

A veces, no hay nada mejor que ignorar lo que desas para conseguirlo. Es cierto que aquella estrategia me había fallado demasiadas veces durante aquella semana pero, de repente, allí estaba… Pablo había abandonado su discreta posición junto a la puerta y había avanzado hacia nosotras, con la polla en la mano. Al principio estaba segura de que pasaría de nosotras dos y que seguiría hacia Nur, que al verle avanzar había empezado a acelerar el pajote sobre su coño. La sorpresa para ambas fue cuando él se detuvo a medio camino, justo al lado de mi cuerpo. Extendí mi mano para tomarla…

 

…y me quedé helada cuando él, recolocándose y agachándose un poco, empezó a golpear y frotar la carita de niña puta de María con aquella barra dura y caliente. Mi amiga se volvió loca con aquello, y empezó a culearme a lo bestia, en parte al notar que yo me había quedado detenida por la estupefacción del momento, y en parte porque aquella manera en que mi primo le estaba dando polla estaba siendo tan inesperada como excitante. Pablo se movía rítmicamente, como si se estuviera follando algo, pero lo único que hacía era golpear la cara la frente, la nariz, la boca, el pelo de María, una y otra vez, frotando y deslizando su verga por toda su delicada piel morena… Yo me empecé a correr, y aunque quería cogerle el rabo a Pablo, ya solo pude sujetar con fuerza las manos de mi amiga sobre mis caderas para que multiplicara su follada en mi interior, y al menos tampoco ella tuviera posibilidad de agarrarle la polla. Mer empezó a correrse, también.

 

Todo terminó cuando exploté. Mi menté se cegó, mis ojos se cerraron y dejé de oír, dejé de sentir. Caí derrumbada sobre el cuerpo de ella, salpicando aquella mezcla densa de sudores y amorrándome a sus tiernos labios. La polla de mi primo ya no estaba, pero a cambio pude encontrar la lengua de una ávida y salida de Nuria corriendo a encontrarse con la de Mer y la mía. Ignoro en qué momento ella había dejado lo que estuviera haciendo para acercarse a nosotras, ni por qué motivo sintió aquella necesidad de desatar aquel delicioso morreo triple, largo y lascivo que nos dejó a las tres llenas de babas. Yo seguí corriéndome, con la polla de María destrozándome el interior, mientras mis nalgas enrojecían por unos violentos golpes que, supuse, se debían a unos azotes de mi primo Pablo. No podía ser de otras meras…

 

Cuando, por fin, todo hubo terminado, cuando las tres conseguimos serenarnos y yo empecé a recobrar de verdad mis capacidades sensoriales, me di cuenta de que tenía la espalda absolutamente cubierta de semen. Pablo ya no estaba en la habitación.

 

En el fondo, he de decir que alucinaba de que todavía tuviera tantísimo semen dentro del cuerpo, a juzgar por cómo me ha puesto bastante, la verdad. Me notaba completamente empapada en semen, del culo al coño estaba chorreando del todo. Mi ano palpitaba, rugiente, boqueando como un pez fuera del agua, y con cada serie de encogimiento y expansión reflejos, me hacía ver las estrellas. Era incapaz de sentir el grueso cipote de plástico, a pesar de tenerlo incrustado en mi interior, de tan dado de sí que tenía el esfínter. De hecho, es que tenía claro que como me entrasen ganas de cagar ahora, se me iba a escapar todo fuera sin más, porque era incapaz de retener. Joder, aquella sensación… habíamos llegado a un extremo en que el sexo nos había embrutecido de tal manera que, más que personas, parecía que ya no fuéramos sino animales. Animales en celo a los que el instinto sexual hubiera enloquecido hasta el punto de ser capaces de entregar su vida con tal de consumar, al menos una última vez, el acto sexual con cualquier depredador que se pusiera a tiro.

 

Sabía que olía como una cerda revolcándose en su pocilga. No había parado de follar y sudar en toda la noche. Pero me daba igual, estaba caliente, estaba verraca, bruta. Tenía que oler como una cerda porque me había convertido en una, y quería, necesitaba que me follaran como una cerda. Me arranqué aquel jodido trasto del culo, y repté sobre María y sobre Nur como pude, apoyándome en la mesa para ponerme de pie y dar los dos o tres pasos que me separaban del ventanal del jardín. Me asomé afuera: Pablo nadaba con furia en la piscina, mientras nosotras tratábamos de reponernos del polvo. Mi primo lo había visto todo.

 

Noté a mis amigas flanquearme, y las tres le miramos, nadando desnudo, saliendo desnudo delante de nosotras, por el extremos más alejado de la piscina, agachándose para tomar una toalla del césped, ofreciéndonos su culo al hacerlo. Delante de la ventana de mi habitación estaba su calzoncillo. Lo cogí y se lo enseñé a ellas, como un trofeo de caza: mojado, sucio, roto y manchado de sangre. Mi novia Nuria le había destrozado de veras el culito, y él nos había dejado allí, para que todas lo viéramos, como si aquello fuera la prueba definitiva, la demostración de la pérdida de su virginidad con mis amigas. Seguramente, no era ni la prueba ni el acto sexual que cualquiera de los cuatro había imaginado que sería el primero con él, el elegido para iniciarle. En cualquier caso, el paso definitivo ya estaba dado: el tiempo estaba maduro para llegar al final, y ya nada iba a poder pararlo. Había llegado, por fin, mi hora. Nuestra hora. Debía follar hoy con él… o, de lo contrario, todo iba a seguir pasando, sin más, delante de mí, pero sin contar conmigo.

 

Hoy le iba a hacer de nuevo el amor a mi primo.

 


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
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