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La Libertad III_34: día 12_¿69 masajes?

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

 

día 12 - 26.07.2012 - ¿69 masajes?

 

 

- ¿Y cómo lo hacemos? – preguntó mi primo, que pareció haberse recuperado de todos sus males de golpe al escuchar mi propuesta de realizar un nuevo masaje.

- Jijijiji – no pude evitar reírme yo – a ver, a ver, primo… ¡que te veo venir eh! Yo creo que tú hoy has ido servido de masajito, ¿no? – la marca roja de mi mano en su mejilla, que aún marcaba la bofetada que le acababa de dar, se disimuló de repente a la perfección cuando toda su cara se puso como un tomate…

- ¡No se lo recuerdes, que se pone nervioso jejeje! – rió María con maldad, sin duda recordando como se había puesto ella misma cuando les di vía libre para sobar a placer el cuerpo de mi primito.

- No, en serio. Pablo ha recibido hoy masaje de las tres, creo que lo suyo es que ahora le toque hacérnoslo a él, ¿no?

- A mí me parece justo – se apresuró a decir Nuria, que parecía repentinamente seria, como si estuviera nerviosa.

- Bueno, pues teniendo en cuenta que a ti ya te lo hizo el otro día, cuando Nur le enseñó su técnica de… - Pablo se puso todavía más rojo al escuchar a Meri recordando aquello.

- Sí, ya sabemos qué hizo, Mer…

- Joder, pues eso, que yo creo que no deberías repetir ¿no? Vamos, me parece a mí. – Miré de reojo a Nur, que parecía estar mordiéndose los labios para no saltar y decir algo en aquel momento. Ella se dio cuenta de que yo la miraba, y pareció entender y echarse sutilmente hacia atrás. Nos conocíamos demasiado bien… Yo estaba feliz, porque María acababa de servirme en bandeja de plata la oportunidad de lograr lo que estaba buscando, que no era otra cosa que entregar a Nuria a mi primo para que pudieran llegar de una vez mucho más lejos de lo que habían podido llegar hasta entonces. Sabía que aquello me iba a pasar factura, no obstante (de hecho me la pasaría, y no era consciente todavía de hasta qué punto me iba a arrepentir de aquello más tarde), pero también sabía que no era capaz de resistirme al morbo de ver a Nurita en manos del pervertido de mi primo.
- Claro, si eso mismo iba a decir precisamente, - le respondí, mientras veía a Nur y Pablo removiéndose en evidente tensión – que como dice Meri, yo ahora tampoco cuento, y por eso entonces os pregunto que ¿quién quiere que Pablo le haga un masaje? – las dos se lanzaron a responder, claro, pero Nuria ya estaba preparada para aquella pregunta, así que no le costó pasar, veloz, pisando a la pobre María.

- ¡Joder! ¡Pues claro que yo quiero! 

- ¡Pero desnuda, eh! – soltó él sin empacho. Total, ya estaba rojo como un tomate… Aquello se iba un poco de mis cálculos, pero… - Me lo habías prometido... – añadió Pablo. Joder. Aquello sí que se iba de mis cálculos… ¿En qué momento se habían tomado la libertad de prometerse sus cuerpos tan alegremente? Tranquila, Laura, me dije. Si es lo que querías…
Mi primo me vio dudar, algo perpleja, por una fracción de segundo, y bajó la vista, compungido, mirando al suelo, mientras Nuria le miraba de reojo y sin atreverse ni a respirar, como esperando mi veredicto. Sin duda ambos pensaban que Pablo se había pasado, pero, sí… aquello es justo lo que yo quería...
- A ver, primo, que lo de desnudas a estas alturas es obvio, si lo que no sé yo es por qué estas dos se están empeñando hoy en volverse a vestir para estar en casa… - Meri se revolvió, molesta, y ya iba a protestar, recordando que tras la siesta fui yo la que le pedí que se pusiera las bragas, cuando Nuria decidió hacer valer la oportunidad que le acababa de regalar con un claro golpe en la mesa:

- Mira, Pablo, si lo que quieres decir es que me quieres tocar las tetas, por supuesto que cuento que tu masaje las incluirá... como te enseñamos – dijo, girando su preciosa carita hacia mí y guiñándome un ojo. - De hecho, si a nadie le importa, lo que me gustaría de verdad es que me dieras un masaje completo, con coño y todo... – Evidentemente, a María aquello le importaba, y mucho. Le importaba no ser ella la que se abriera de coño para Pablo, claro. Pero Nur había jugado las cartas marcadas que yo le había repartido, y ni ella ni yo íbamos a soltar ya la presa.
- ¡Pero claro! – grité antes de que Meri pudiese objetar nada, dispuesta a zanjar el tema. - ¿O que os pensbais? ¿Qué estaba hablando de un masaje de pies? ¡Jijijiji! - Mi sonrisa pícara pareció alarmarles todavía más de lo que habrían podido esperar. – Mer, ¿te importa ir a buscar tú los aceites, preciosa? – le pedí para terminar de dejarla fuera de juego.

- Sí… Sí, Lau, claro – Mi petición la había pillado desprevenida y no fue capaz de poner ninguna pega, por lo que acabó obedeciendo entre celosa, molesta y asustada.

- Y tú, Pablo... Bueno, quizás sí sería bueno que tú si te pusieras al menos un calzoncillo... Tienes que entender que una cosa es que Nurita vaya sin nada, porque si no está desnuda no vas a poder… bueno, no se lo vas a poder hacer por dentro del coño, claro. Pero todas te conocemos ya, y tú no vas a aguantar sin empalmarte, ¿cierto? – Mi primito asintió, compungido - Por lo menos probamos, ¿vale? Luego ya, si vemos que se te sale todo el rato y te molesta, a mí no me importa si te lo quitas, ¿vale? Bueno, si Nur no tiene pegas con eso, claro… - Nur parecía tener pegas, no con que se quitara el calzoncillo precisamente, sino más bien con eso de que tuviera que llevarlo puesto al principio.

- No, si por mí se lo puede quitar, claro…

- Sí, si eso claro, pero luego, yo ahora casi prefiero que te lo pongas… – sentencié, desautorizando a mi novia. Nur parecía fastidiada por aquella exigencia mía, pero se cuidó de no protestar, claro, sabiendo que, al fin y al cabo, bastante regalo le estaba haciendo yo ya… Así que, muertita de deseo por mi primo, igual que él lo estaba por ella, y ambos en realidad sin creerse su suerte, callaron, asintieron y obedecieron, y Pablo corrió rumbo a nuestra habitación para buscar unos gayumbos - …que luego como la lleves fuera y te pongas palote, esta no va a aguantar sin echarte mano, y ya la tenemos liada. – No sé si a mi primo le dio tiempo a escucharme, pero la que sí me escuchó fue Nurita, y disfruté observando cómo el rubor era ahora capaz de teñir hasta sus muy morenas mejillas. – Anda, ayúdame a colocar la tumbona, mi amor - le pedí sin molestarme en mirarla más. – Y ayúdame también con esta otra, anda… - le pedí, sin explicarle para qué.

- Pero… - empezó a objetar mi novia…

- Ya están aquí los aceites… - regresó María, con gesto mohíno. Pablo venía detrás de ella, con toda su morcilla y su huevada bien metida dentro de uno de sus ajustados y ya siempre sucios slips.

- ¡Guay! Pues… primo, vete echándote en las manos y así lo vas calentando… Y… hablando de calentar… - sonreí, satisfecha de la jugada que les iba a desvelar -  para que mi primito se vaya calentando, creo que sería mejor que empezase conmigo… ¿Te parece, Pablo? – la cara de los tres era de incredulidad total, mutando a enojo. Pero yo sabía cómo cambiársela… - Al fin y al cabo… - dije, bajando las manos a mi entrepierna – este coño bien lo merece, ¿no? – zanjé, mientras me abría bien el potorro delante de ellos. En fin, Pablo igual todavía no, pero mis amigas sabían de sobra qué me pasa cuando me tiro cachonda y follando sin parar todo un día. El estado de erotismo total que me posee es tan físico que mi propio cuerpo acaba manifestándolo: los labios se me engrosan, las tetas se me hinchan y los pezones se me disparan, con la areolas abultadas como dos almohadillas bien rellenas, los ojos me brillan y empiezo a secretar todo tipo de líquidos por cada uno de mis poros y orificios erógenos. Y claro, el chocho se me desboca, también. Los labios mayores se ponen a mil, hinchados y duros, y se abren dejando salir mis colgajos, que caen como almejas golosas y sabrosas con vida propia y salvaje. Y me empalmo, claro. Se me pone duro el clítoris, y en épocas tan desmadradas como aquellas, toda esa dureza era capaz hasta de desplegarse y abandonar su funda con la más lasciva de las intenciones. Naturalmente, el repaso que me acababa de dar en el coño mi primito a base de buena polla, me había dejado más que calentita, y me tenía la chirla bien rebelde y con ganas de guerra, así que al echar yo el pubis hacia delante y abrirme del todo con las manos para exhibirme ante ellos, todo aquello se me salió y se mostró de la más obscena de las maneras.

- ¡Claro! ¿Estás de broma? – respondió mi primo, a quien los ojos amenazaban también con salírsele de sus órbitas, casi tanto como su polla de su calzoncillo, que no había tardado en hincharse ni un segundo. En cuanto a mis amigas, mi jugada les había dejado totalmente sin habla, pero ya no pudieron hacer nada.

 

Me tumbé rápidamente en mi tumbona, y me coloqué bien abierta de piernas. Bueno, tampoco os voy a “aburrir” contando con detalle lo que me hizo Pablo, claro… Quiero decir, que el objetivo del asunto no dejaba de ser que mi primo pudiera sobar a su antojo a la furcia de mi novia, que estaba que se lo hacía encima de ganas por él y, además, ya os he contado con todo detalle el masaje de coño que me hizo Pablo unos días antes, así que tampoco me quiero repetir. También os digo que, pese a todo, no deja de ser cierto que esta vez fue algo realmente rápido, pero rápido de verdad. Los dos íbamos como motos, claro, y bueno, que yo no dejaba de ser un aperitivo, y por muchas ganas que me tuviera Pablito él estaba tan caliente con el hecho de poder lanzarse sobre Nuria como lo estábamos nosotras. Allí la única que se revolvía, inquieta, contra aquella situación que en nada la beneficiaba era María. Pero claro, a veces es lo malo que tiene el sexo en grupo… jijijiji.

 

Abreviando, que en cuanto me abrí de patas para él, mi primo empezó a sobarme sin pudor. Vale que sus manos empezaron a recorrerme, apretando con fuerza, la parte superior de mis muslos en primer lugar, pero digamos que no se demoró mucho en empezar a usar sus largos y delicados dedos para recorrerme deliciosamente todos los pliegues del chocho. De vez en cuando se entretenía en pajearme un poco el clítoris empalmado como una pequeña pollita, pero se cuidó bastante de no dedicar demasiado tiempo a ello para evitar que yo me fuera como una perra antes de empezar. Que, por otro lado, fue algo en lo que tampoco tardó ya, en empezar, y muy pronto me estaba haciendo un dedo en toda regla, sin compasión ni disimulo, pero uno de esos dedos a varios dedos a la vez, en realidad, capaces de rebuscar además en mi interior todos y cada uno de los resortes de mi placer, que en aquel momento se encontraban más bien disparados en mi coño y, por ello, la verdad que bastante bien accesibles. Nuria nos miraba sentada en su tumbona, sentada en cuclillas y con las piernas abiertas para poder jugar con sus deditos por dentro de su sexo, que se le estaba haciendo agua igual que su boca agua. En cuanto me empezó a tocar el potorro, Pablo se empalmó sin piedad, y aquella bestia se le salió de golpe. Yo no lo dudé y, voluptuosa y cachondísima se la agarré para pajearle sin más, siguiendo el ritmo que me marca su propia follada con los dedos en mi coño.

 

La cosa empezó siendo sexy, puede ser, pero mi coño se puso a escupir tan rápido que aquello acabo convirtiéndose en la mayor de las guarradas en lo que tarda un choro de lefa en cruzarte la cara. A mi primo no le costó nada convertirme otra vez en una fuente pataleante y agonizante, aunque yo también conseguí sacarle sin esfuerzo una buena remesa de leche que utilicé para hidratar mi cuerpo caliente… 

 

Que aquello de masaje había tenido más bien nada resultaba una obviedad que ninguno se molestó en señalar. Y Nuria menos que nadie…

        

- Yo voy a... ¡prepararme! – dijo la zorra caliente cuando vio que Pablo se erguía de nuevo, tras dejarme cubierta de lefa. Al verla tumbarse junto a mí, en su tumbona, imitando mi posición, boca arriba, abierta de piernas y expuesta, un último pensamiento golpeó mi mente. De repente, que Pablo repitiera sin más lo que me acababa de hacer en el cuerpo de Nuria, como que me sabía a poco, por muchas ganas que pudieran tener ellos. Además, que era la segunda vez que me lo hacía, ese masaje, delante de ellas, y como que se había convertido ya en algo… “nuestro”. Y yo con Nur necesitaba más ahora. Joder, que la muy zorra le había dejado que le metiera un dedo en culo. Enterito, la muy putón. En su culito virgen, que ya le valía con sus años y su historial no haber dejado a nadie que… Es que ni siquiera a mí, que ya está bien, y mira que le había intentado meter dedos en el culo yo millones de veces a mi amiga…

- Ponte boca abajo… - alcancé a murmurar, todavía golpeada por la violencia de mi orgasmo.

- ¿Qué? – preguntó ella, incrédula, girándose hacia mí.

- Ya me has oído, que te pongas boca abajo – le contesté secamente.

- Pero…

- ¡Boca abajo, hostia! – le grité yo, plenamente repuesta. Pero Pablo parecía haber entendido por dónde iba la cosa bastante antes que ella.

 

Antes de que mi amiga pudiera reaccionar, mi primo se le había echado encima y había girado él mismo su cuerpo inerte.

 

- ¡Qué te pongas boca abajo, zorra! – le soltó, azotando su precioso culo con un latigazo fuerte de la palma de su mano.

 

Nur trató de removerse, pero cuando se quiso dar cuenta, también María se le había echado encima, y la sujetaba, “tranquila, preciosa”, empujando fuertemente su espalda contra la tumbona. Estábamos de todo menos tranquilos los cuatro, cachondos como animales en celo…

 

Pablo la miraba hipnotizado, con su portentosa verga más dura y caliente que nunca, a pesar de que todavía la llevaba goteando restos de corrida. Pero joder, aquel culo, aquella piel, tan negra, tan brillante… Mi novia olía a sudor, a sexo, a deseo, a crema solar y loción hidratante… Su culo, duro como dos piedras redondas de azabache brillaba al sol. Y estaba diciendo: cómeme. 

 

Vosotros habríais perdido la cabeza igual que le pasó a mi primo. Sin importarle una mierda mis órdenes previas, se despojó del slip que llevaba ya caído bajo sus huevos, y se abalanzó, demente total, sobre ella para empezarle a sobar el culo a manos llenas como un perfecto bruto. Que, por otro lado, era lo que estaba necesitando mi amiga. Nuria empezó a mugir, pero mugidos reales, como de vaca pariendo. Y verle a él sobándola entera así, tratando de endiñarle aquel trozo de carne duro entre las piernas sin que nadie diga nada, porque, coño, es que era todo tan jodidamente erótico, y aquella permisividad total por nuestra parte, y todo su deseo por ella acumulado, y Nuria que estaba tan bella y tan caliente…

 

Ni Mer ni yo, ni la propia Nuria, lo vimos venir.

 

Cuando digo que Pablo perdió la cabeza, lo digo porque la perdió del todo. Joder, yo, poniéndole mi coño abierto y cachondo entre las manos le había puesto así… Lo hizo tan rápido… aquella forma tan experta, aunque ruda, de separarle las nalgas, aquella forma tan explícita de Nuria de dejarse hacer, insensata, sin saber lo que se le venía encima.

 

Pablo se la endiñó tal cual, de un golpe. Un golpe como para meterle todo el rabo de una. Un golpe como para entrar en plan tren de mercancías lanzado cuesta abajo hacia lo más negro de un largo túnel… Igual solo fue un golpe hasta algo suave, para cómo iba Pablo y cómo llevaba la polla de tiesa. Igual también es que el culo de Nur, aquella fortaleza impenetrable, necesitaba en su primera vez algo más de preparación para conseguir descerrajarlo sin más de una única embestida, por violenta que fuese. Lo cierto es que no logró penetrarla de verdad, eso estaba claro porque el grito lo habría escuchado hasta su madre en la otra punta del mundo, pero mucho me temí al ver cómo ella se encogía, se agarraba a la tumbona, se ponía blanca y se quebraba de golpe, sudando y medio ahogada, que al menos toda aquella cabezota gorda y tensa que mi primo tenía por capullo tenía que haber conseguido pasar entera...

 

Supongo que Pablo se detuvo en seco porque no solo ella, sino también María y yo gritamos. Parecía que Nurita se iba morir, o por lo menos a caer redonda, desmayada, pero resoplando consiguió girar su cabeza hacia atrás, asustada y enfadada:

 

-       Pero niño… ¿qué coño te has creído? Gilipollas… Que una cosa es un masaje y otra...

Ver la carita de niño de mi primo, mirándome implorante, me hizo entender que estaba muerto de miedo y que no sabía qué hacer. Pero yo seguía tan caliente y tenía tantas ganas de ver aquello, que hasta hubiera pagado con mi propio coño porque él la hubiera mandado a la mierda y hubiera seguido empujando… Pero no lo iba a hacer, el pobre crío estaba temblando, tanto que hasta temí que se le bajara la polla. Tenía que hacer algo, y rápido.

 

- Tranquilo, primo… - le dije acercándome a él y besándole rico en la boca, mientras le agarraba con fuerza la polla, apretando en golpes rítmicos para garantizar que mantenía un flujo de sangre suficiente para alimentar tan desproporcionada erección. – Tranquilo… No pasa nada, puedes seguir – añadí, - pero, Pablo, deberías saber ya que el culo de Nur es todavía un lugar sagrado...

- ¿Q… qué…? – lloriqueó él.

- ¡Qué es virgen por el culo, joder! – ladró María, casi sentada encima de la espalda de Nur, para mantenerla inmóvil. Su cabreo era evidente, y motivado esta vez: si ella hubiera estado en el lugar de Nuria, la polla de Pablo habría entrado sin problema, y ahora estarían follando… Yo ignoré a María, y agarré la tranca de mi primo justo a ras del ojete de Nuria, que se había tragado, efectivamente, todo el glande, y tiré para atrás con cuidado, haciéndole salir de allí con un PLOP más que audible, y que vino acompañado de un hondo jadeo y un encogimiento general de Nur. - Y creo que tu polla ha llegado ya más lejos que la de ningún otro tío antes, por ese lado… - añadió Mer, que parecía realmente divertida ahora.

- Cabrona… - Nuria me miraba, enfadada. Pero yo sabía que estaba mucho más caliente que cabreada, todavía, y decidí aprovechar aquello.
- Bueno qué, ¿seguimos? - le pregunté.

 

Mer y Pablo se levantaron para dejarle aire, y ella respondió directamente dándose la vuelta, para quedar tumbada boca arriba en la tumbona. Mirando a Pablo, cuya verga se erguía amenazante hacia el cielo (dios, pensé, tiene todo el capullo cubierto de culo de Nuria, jodeeeeerrrr mmmmmm), mi novia se abrió de piernas y nos mostró su hermoso sexo negro, cuyas jugosas ostras chorreaban, literalmente, pidiendo a gritos que les hicieran caso de una vez. Era alucinante: mi pequeño primo iba a poner sus manos sobre aquel perfecto Paraíso… le iba a abrir el coño a mi novia.

Pero, después de lo del culo, se veía que mi primo prefería ir con más calma ahora. Además, el conjunto del cuerpo de Nuria era una absoluta delicia y, para Pablo, realmente todavía era un cmpleto desconocido. Entendía que tuviera tantas hanas de tocarla de la manera que lo hizo, y es que no dejó ni un rincón sin explorar. Lo hizo con una habilidad extraordinaria, además, con ese instinto desmedido para dar placer con sus manos que siempre había tenido pero, pese a todo, aquello sí que parecía un verdadero masaje ahora, muy a pesar de los sonoros y expresivos gemidos de Nurita, acompañados con eróticos retorcimientos de su cuerpo caliente. Pablo había empezado el masaje por las piernas, aunque no tardó en cambiar sin previo aviso a las tetas. Me asusté un poco al ver que volvía a perder la cabeza al tocar la pequeñas berzas de Nuria… Joder, era tan evidente, su polla temblando toda de aquella manera que parecía que iba a empezar a atizar por si sola el cuerpo recalentado de Nur… Si ya solo ver cómo le sobaba con puro deseo sus pequeñas tetitas era algo súper excitante, no quiero pensar lo que tenía que estar siendo para ellos dos. Pero, o hacía algo ya, o aquella vergaza iba a terminar clavada en la boquita anhelante de mi novia…

-Si se lo haces desde arriba, desde la cabeza, será mejor para los dos – traté de cortarle el rollo para evitar nuevos “tropiezos” de su polla.

 

Pablo me miró como si le hablaran desde otro planeta pero, aunque pareció que le costaba entender, al final me terminó por hacer caso. Saliendo de encima de su vientre, avanzó a trompicones hasta la cabecera de la tumbona, y se puso allí, estirándose para volver a coger aquellas tetitas con sus manos, que era lo que quería y, claro, al agacharse a tocarle las tetas, empezó a golpear a Nur en la cara con su rabo absurdamente tieso.

 

No pudimos evitar reírnos las tres, Nuria incluida, ya que la situación tenía aquel punto de cómico, como si Pablo no fuera capaz de controlar su propia polla, que parecía un extraño animal enloquecido que se afanaba por meterse entre su cuerpo y el ansiado objeto de su deseo, que no era otro que Nuria. Al ver los pelos de los huevos de él, bañados en sudor, acariciando los labios y la nariz de mi novia, sentí que se me mojaba todo de nuevo, y decidí probar otra locura:

- Pero un poco más cerca primo, abre las piernas como si fueras a sentarte sobre ella y avanza un poco… así, muy bien, eso es… vamos, déjala debajo de ti y aprovecha ahora para acercarte bien a sus tetas para sobárselas... ¡masajearlas! Joder, que me lío – me corregí a mí misma, demasiado caliente para seguir disimulando mucho más tiempo - ¿ves? Así se las puedes agarrar bien, ¿verdad? Casi hasta comértelas… son pequeñas pero dan ganas de metérselas en la boca, ¿no, primo?

Pablo me miró un momento, pero no aguantó mucho antes de ponerse como yo le decía y cerrar sus manazas sobre las pequeñas berzas de Nuri. Él no había llegado a entender del todo mis intenciones, pero ellas sí sabían bien lo que yo quería, aunque naturalmente no dijeron nada, y menos Nur, a la que se le veía asustada por mi repentino sadismo. Mi primo, por su parte, una vez que vio que tenía vía libre a aquellas tetas tan deseadas, pues estaba ya como en un sueño, disfrutando del magreo, tanto que no se dio cuenta de que se estaba dejando llevar, justo como yo había imaginado, avanzando tembloroso hacia sus pechos, empezando a buscarlos ya con su carita, haciendo descender para ello, cada vez más, a su atribulado cuerpo, hasta que sus piernas ya no aguantaron el esfuerzo y acabó dejándose ir, sentado sin más en la receptiva cara de ella para poder llegar más lejos y hacer más fuerza.

 

Quizás no se lo había hecho antes a ningún tío tampoco (no al menos por voluntad propia), y hasta a Mer y a mí nos había costado que probase a hcerlo con nosotras (a pesar de que nos gustaba tanto que no teníamos empacho en obligarla a hacerlo de vez en cuando), pero cuando lo tuvo encima supo perfectamente lo que tenía que hacer. Lo supo porque tenía claro, además, que era eso lo que yo quería que hiciera. Mientras mi primo le frotaba las tetas, Nuria le empezó a comer sonoramente el culo. La cara de Pablo cambió, cerró sus ojos y se puso a sudar, las manos parecían a punto de arrancar aquellas tímidas protuberancias de Nurita, y el capullo húmedo de su polla se puso a reventar como nunca lo había visto antes… Escuchamos los ruidos soeces de la lengua de Nur empapando hasta el fondo la raja y el ano de mi primo. Hasta el fondo. Aquella cara de salido de Pablo solo podía significar que nuestra amiga le estaba follando el culo con la lengua. Dios… ¡¡aquello era aún mejor de lo que había podido imaginar!!

De forma natural, llevado quizás por un posible orgasmo que le venía ya, Pablo empezó a inclinarse buscando el coño abierto de ella. Olía demasiado a perra como para dejarlo pasar de largo. Cuando se tumbó completo sobre ella, el contacto de su polla se desplegó al máximo sobre el cuerpo de ella, y mientras buceaba en su sexo desmesurado se empezó a frotar contra ella, al ritmo con el que Nur le clavaba la lengua en el culito.

 
La tarde se había puesto, inesperadamente, de 69.

 

- Pero joder, Laura, ¿es que no los vas a parar? – me preguntó María, escandalizada.

Joder, era verdad… ¿era demasiado, no?

 

Me costó. Os juro que me costó un mundo hacerlo, pero les detuve…

 

- Espera, espera, Pablo… joder, no aguantáis, vais demasiado a mil, pero para seguir es mejor cambiar de postura, te queda el coño… - joder, si se lo está comiendo, Laura, me dije – ya sé que está muy rico, pero, joder, no puedes hacer eso… - no, sinceramente, no iba a ser yo la que le fuera con moralinas – no puedes porque se va terminar corriendo, pero si quieres acabarla de verdad, como a mí, sabes que lo mejor es que vuelvas a ponerte de pie a su lado y… - como no me hacía ni puto caso empecé a tirar de él, ayudada por María.

Pablo se levantó, bueno, casi se va al suelo rodando, en realidad. Nuria también parecía borracha, con toda la cara tan brillante de saliva y de restos marrones de Pablo… Coloqué a mi primo en un lateral de la tumbona, pegado a ella, y le llevé una de sus manos a las tetas de ella, y la otra a su coño.

 

- Así, así… empieza… - Meri se había tumbado en la otra tumbona y, con las piernas recogidas y abiertas se estaba empezando a majar el chirri. Parecía que estaba dando por buena aquella postura de masaje, y que esperaba que fuera la definitiva…

 

Las manos de Pablo empezaron a sobar sabiamente a mi amiga. Nur se retorcía desde el principio, pero aquel niño estaba tan caliente, y nosotras tan desmadradas, que pronto la verga de él se había acercado peligrosamente a su boca, aquella serpiente enorme e imposible de controlar, y ella claro, no lo pudo desaprovechar y se la metió para dentro con las manos...

- Lau... – Murmuró Mer que, pese a todo, ya era incapaz de levantarse ni de dejar de sobarse el chochamen abierto.

 

Joder, ¡no sabía qué hacer! Parecía que Meri me estaba pidiendo que los parase, aunque a juzgar por la manera en que se estaba exprimiendo el chumino se diría que aquello le ponía tan bruta que costaba creer que quisiera volver a detenerlo, y además estaba claro que lo que era ellos dos no podían parar, o cada vez les iba a costar más hacerlo, porque estaba visto que no había manera de que no acabaran metiéndose algo por algún agujero todo el rato, joder, y yo también quería que pasara aquello, quería que lo hicieran y quería verlo, quería que Nuri se la mamase toda delante de mí, y que Pablo, joder, que Pablo… uffff… al mismo tiempo… soy una mierda, lo sé, pero al mismo tiempo es que me entraron los celos, aquello no eran mis planes y tenía que pararle, tenía que parar a mi primo…

 

- ¡Espera! Espera, primo, mejor vamos a agarrar a esta puta para que tenga las manos quietas y te deje hacer... – le grité, mirando de reojo a Meri como tratando de buscar justificación. Pero mi amiga se estaba majando a base de bien y parecía poco capaz ya de justificar nada que no fuera un orgasmo tras otro. Aquello se me había ido de las manos y estaba siendo demasiado bestia, no tenía que haberme metido en un jardín así con lo exageradamente calientes que estábamos los cuatro…

 

El propio Pablo estaba más asustado que otra cosa, aunque la excitación le tenía tan drogado que cuando tenía libre con Nur parecía capaz de todo. Pese a todo, al sentir mis manos tirando de él, nuevamente, se detuvo sin ofrecer la menor resistencia. Obviamente él quería seguir, igual que la puta de Nur, claro, joder, todos queríamos que siguieran en realidad, salvo mis miserables celos, pero no dijo nada, Pablo no dijo nada y Nur solo gemía una especie de “putas, putas, putas, putas…” absurdo, como si estuviera llamando a las palomas que bebían en la piscina, pero mi primo no dejaba de acariciar su chirri, de eso sí que no era capaz Pablo, de separar su mano de aquella cueva oscura y chorreante que parecía echar humo literalmente, tales eran su calor y su humedad. Mi primo la estaba matando literalmente, mira que había visto a Nur correrse antes, cientos de veces, pero aquella tarde parecía al borde del colapso. El reloj de salón dio las seis.

 

- Espera, Pablo, déjame que te enseñe a hacerlo, quiero decir, lo estás haciendo bien, pero llegado un momento hay que ir subiendo el ritmo, mejor te enseñamos Meri y yo, ¡ven, Meri, joder! – dije dándole un manotazo en el coño para que dejara de pajearse y tirando de su mano para atraerla hacia el coño de Nuria, ante el que acababa de arrodillar a mi primo. – A ver, primo, Nuria es una mujer como hay pocas, y como toda verdadera mujer debes de entender que, en ciertas ocasiones, vamos a necesitar que nos metan caña, pero caña de verdad… - miré a Nur, que pese a mis palabras se retorcía como loca bajo los tocamientos de Pablo y parecía que su coño estaba a punto de explotar para lanzarla rumbo al espacio - aunque se ve que le está gustando, pero tú no quieres que se corra, ¿verdad, primo?

- N… ¿no? – titubeó él sin entender lo que le estaba preguntando, pero sin dejar por ello en ningún momento de repasar sus largos dedos por cada pliegue y por todo el interior de la almeja de ella.

- No, primo… tú no quieres SOLO que se corra… lo que quieres es que se deshaga, quieres que le venga un placer tan grande que nunca sea capaz de dejar en eso, que cada vez que se pajee a partir de ahora, lo haga pensando en ti, en este instante, recordando y queriendo repetir esta corrida una y otra vez…

- Joder… - gimió Pablito, al que María le acababa de agarrar la polla dura… ufffff… se te va de las manos, Laurita, me repetía, pero ¿cómo impedirles aquello? Si era tan tierna la carita de felicidad de los dos cuando la mano de ella se cerró con fuerza sobre el falo duro…

- Meri, usa tu mano libre con Nur, porfi… - yo junté mis dedos a los de ellos dos en aquel chochazo caliente, que estaba tan excitado que daba para tres manos sin el menor problema… Joder, joder… ¿de verdad quería aquello? ¿Iba a querer de verdad convertir a mi primo en la fantasía erótica suprema de mi novia? ¿De qué vas, Laura?, me pregunté. ¿No te das cuenta de que ya lo es desde hace días? La única manera de que deje de pensar en él es entregárselo del todo y que ella consiga saciarse de él, si algo así es posible… - Así, así, primo, muy bien, ven aquí, por aquí, sí… síguenos, con nosotras desde aquí lo verás mejor todo y podrás aprender a hacerlo como a Nuria más le gusta…

Y, efectivamente, mi primo pudo asistir desde aquella posición privilegiada a la más brutal de las pajas conjuntas, que iba a  terminar en una colosal e inimaginable corrida de mi amiga. Y lo mejor era que no solo estaba viendo cómo nuestros dedos la recorrían y la penetraban, la estábamos follando los tres a la vez, en realidad, su coño dilatado tragando sin el menor complejo un dedo de cada uno al principio, los tres dedos para dentro, zas, pero luego tragaba más, tragaba y tragaba y parecía no tener límite, y Mer y yo ayudábamos a Pablo a marcar el ritmo, a buscar sus resortes del placer más extremo, a alargar su agonía cada vez que el volcán rugía, a punto de estallar, porque queríamos que Pablo la hiciera eyacular como nunca, pero no bastaba una corrida sin más, tenía que ser la mayor, la más inmensa, y María no paraba de tocarle la polla a él mientras tanto, pero yo le dejaba, me excitaba ver su mano oscura en la tranca blanca de mi primo, aunque realmente hacía ya rato que le estaba masturbando, y a pesar de estar haciéndole aquellas barbaridades al coño de mi otra amiga él ya solo podía moverse agitado gimiendo “Meri, Meri, Meri…” como un niño, joder, como el niño que era, nunca antes la había llamado Meri, nunca nos llamaba por nuestros diminutivos, a pesar de que nosotras los usábamos sin parar, y Meri le iba a hacer correrse, aunque no me importaba, me parecía bien, lo quería, pero joder, para ya de decir su nombre, Pablo, me decía a mí misma, ¿cómo puedes pensar en Meri cuando tienes este coño enorme y negro y mojado en tu cara?

 

- Baja la cara, primo, vamos… - le dije, agarrándole por el pelo desde detrás de la cabeza y obligándole a hundir los morros en aquella fosa abierta y humeante – vamos, joder, come, ahora es el momento, búscale el clítoris, lo tiene todo duro, chúpaselo y cómele el coño, cerdito… - le azuzaba, mientras le empujaba la cara contra el coño de mi novia.

 

Inmediatamente pude sentir su lengua chupando mis dedos que estaban metidos dentro de ella. Meri también debió de notar algo, porque instintivamente aceleró su pajeo sobre el rabo de Pablo. Y, lo mejor, Nuria empezó a resoplar, llorando de auténtico placer. El triple dedazo que le estábamos haciendo habría sido capaz de tumbar a una yegua, pero ya con la mamada de Pablo mi pobre amiga iba a quedar para el arrastre. Sí, amigos, siento decíroslo, pero ya entonces aquel chiquillo imberbe era capaz de hacer unas comidas mil veces mejores que la mayoría de los hombres que conozco… Había tenido la mejor maestra, es cierto… y, a partir de aquella tarde, no iba a hacer más que mejorar en aquella práctica sexual hasta rozar la perfección más absoluta. Y mientras, Mer y yo obligábamos a Nurita a abrirse más, a separar sus piernas hasta rozar el desgarro, se las elevamos hasta doblarla como un fardo, con toda la raja bien abierta y expuesta, lubricada de flujos y llameante con nuestras manos, insaciables, que no dejaban de pellizcar sus labios, de apretarle la vulva y separarle y aplastarle sus gruesos e hinchados pliegues negros, y ella rebotaba en la tumbona, daba alaridos de gusto agarrándose fuerte con las manos al cabecero de aquel lecho de plástico blanco, empapando la colchoneta a rayas sobre la que se acostaba, culeándonos en la cara convulsivamente mientras nuestros dedos parecían querer bucear en su interior, cada vez más hondo, y Pablo la resobaba toda y la devoraba entera, babeándola y babeándonos, mordiéndole las ostras jugosas y clavándole los dedos dentro con saña, al mismo ritmo que Mer le marcaba en la polla con aquella paja inesperada.

 

- Métele la mano plana, Pablo, hacia arriba… joder, si le va a caber todo, no te cortes, mira cómo está de zorra… - le animaba yo.

 

Y su mano entraba y entraba, y los mugidos de Nur eran ya tan graves y profundos que mi amiga no iba a ser capaz de aguantar mucho más, y Pablo parecía que tiraba de su coño, como si quisiera arrancarle las entrañas y dejarla toda del revés, y al hacerlo se pegaba todavía más aquello a la cara y le comía aún más completo el coño, y joder, Nur, estaba tan abierta, tan ida, con el culo tan en pompa…

 

Su ojete negro, abierto y boqueante como jamás había estado, me estaba llamando a gritos. Dios… Pablo le había clavado el glande, ese capullo enorme y duro que tiene, metido en aquel ojete virgen… le había llegado a meter un dedo, algo que a mí me había prohibido siempre, con aquella incomprensible fobia anal de mi amiga… Casi sin darme cuenta, mi dedo resbaló por su raja. Cuando se apoyó en la entrada, la sentí tan caliente que casi retiro la mano en un acto reflejo, para evitar quemarme. Pero aquel agujero negro, untado en todas sus esencias, parecía querer absorberme. De verdad que no fui consciente de empujar. Quizás es que tenía el dedo tan mojado en pringue como su culo y toda su raja, no sé, pero cuando lo quise pensar ya era demasiado tarde y se me había metido todo dentro de ella y le estaba follando el culo. Nunca he tocado nada tan caliente y apretado como el culo de Nuria aquella tarde. Joder, se lo metí tan adentro que mi yema podía jugar con las bolas de mierda dura que esperaban allí para ser evacuadas.

 

Aquello terminó de rematar a Nuria. Follada en el coño, mamada brutal, succión de clítoris. Follada en el culo. Jamás antes nadie había ido así con todo en su cuerpo. Con todo, a la vez. Cinco manos y una boca entregados a su placer absoluto, con el único propósito de hacer lo que estábamos a punto de hacer…

 

Al final, Mer y yo tuvimos que apartarnos cuando su cuerpo empezó a convulsionar lo bestia sobre la tumbona, como si estuviera en medio de un ataque epiléptico. Fue tan brutal que María parecía hasta haber olvidado la verga de Pablo, que hasta un momento antes había tenido en su mano, y ahora él blandía libre y temible como un mandoble asesino capaz de partir por la mitad a nuestra devastada amiga. Aquello empezó a chorrear por todos lados, saliendo a presión un líquido claro y ácido que parecía pis, arrastrando a su vez aquellos grumos blanquecinos y sabrosos, con una generosidad desconocida en Nur hasta entonces… Sin embargo, aquella vez Pablo ya no se asustó de una reacción así. Gracias a nosotras, conocía ya el cuerpo de la mujer como es debido, y gracias a mí había entendido que tenía una misión aquella tarde. Apartándonos a golpes, ¡dejadme, dejadme!, se colocó casi sobre ella, con toda la mano prácticamente metida dentro de aquel pozo sin fondo que se estaba desbordando en nuestras caras alucinadas, hundiéndola todavía rítmicamente con tal furia que nos preguntábamos si no iba a terminar sacándosela por la boca, aquella boca abierta de par en par y que no paraba de gritar como una demente… Sinceramente, si alguna vez temí que los vecinos se alarmaran por lo que llevábamos días haciendo allí, fue en aquel momento, con aquellos berridos de Nuria, ¡ME CORRO! ¡ME CORRO! ¡AY! ¡AY! ¡AYAYAYAY! ¡¡¡PABLOOOOOO!!! ¡¡¡¡ME CORRRROOOOOOO!!!! retumbando en el aire inmóvil de aquella tórrida tarde de julio.

 

Pablo, mientras, había apoyado su mano libre sobre las tetas de Nuria, pero no para sobárselas otra vez, o no solo, aquella mano abierta que se le resbalaba sobre el pecho anegado en sudor de ella, sino para tratar de apretarla contra la tumbona, de controlar aquel cuerpo desbocado mientras la otra mano le seguía hurgando en su coño, hundiéndose dentro de ella hasta el brazo, con mi pobre amiga llorando, gritando, desesperada como si estuviera a punto de soltar su último aliento, aunque lo único que no paraba de echarnos era aquellos chorros de meados que nos estaban empapando a nosotros y a medio jardín, como si los aspersores del riego automático hubieran saltado en pleno día.

 

Solo cuando el cuerpo de ella, completamente agotado, fue capaz de seguir pegando aquellos botes involuntarios en la tumbona, Pablo se pudo volver a agarrar el miembro, que mientras tanto había estado dando sablazos al aire, suelto y sin control, cuando no caía como un mazo golpeando el cuerpo de Nuria, haciendo saltar salpicaduras de corrida y sudor, bien saladas y sabrosas… Merita volvió a pegarse a él, abrazándole por la espalda para ayudarle con su pajeo, que pronto volvieron tan frenético que él empezó a jadear, tembloroso, hasta que empujó a Mer para pasar una pierna sobre el cuerpo desfallecido de Nuria y gritar ¡ahora apartaos!, apalancado con las piernas abiertas sobre ella, viniéndose a chorros, como en sus mejores veces, sobre el cuerpo desnudo y chorreante de mi novia… que de repente, al sentir aquel baño celestial, aquel maná reparador cayendo sobre su cuerpo, pareció recobrar la vida y empezó a pajearse dolorosísimamente pero con fuerza feroz, envueltos los dos en una agresividad inusitada que los hermanaba, en aquella especie de atracción fatal y poderosísima que se había establecido entre ambos, y que ya solo podía acabar de una manera…

 

No quiero que penséis que cuando hablo de agresividad lo digo por decir, ni que hablo movida por aquellos celos salvajes que, realmente, estaba sintiendo muy hondamente en aquel momento. María había aterrizado en el suelo cuando Pablo la empujó para lanzarse sobre Nuria. Vale que mi amiga nunca ha sido muy corpulenta, pero estaba cerca de triplicar la edad de aquel pequeño macaco embrutecido. Cuando empezó a correrse encima de Nuria, no tardó en empezar a golpearle la cara con su nabo tieso, usándolo como si fuera una fusta, lanzándole luego aquellos latigazos por las tetas y todo el torso, por el vientre, con toda la fuerza de su joven y elástico cuerpo. Yo ahí, aunque estaba perrísima y mareada, del calor, de la excitación y el esfuerzo físico, tuve todavía los reflejos suficientes para darme cuenta de que Pablo estaba totalmente enajenado, y que Nuria seguía tan destrozada que no era capaz de otra cosa que meterse mano a sí misma, como si fuera una furcia enloquecida a la que le hubieran licuado el cerebro. Me fui a por mi primo, pero él me metió un viaje que me mandó directa encima de María, quedándonos allí las dos enredadas sobre el césped. Vale que a mí me dio un mareo cuando traté de saltar sobre él, porque si no conmigo sí que no habría podido aquel niñato. El caso es que yo la había cagado, pero bien. Mi asalto cabreó aún más a Pablo, o le volvió más loco, para ser más exacta. Nuria era una presa fácil, porque en aquel momento no era en verdad ya más que un triste montón de carroña. Y, con todo, seguía siendo la presa más deseable…

 

Bruto, sádico, agresivo… eso es lo que vimos cuando él atacó a Nuria, no sería realista emplear otros adjetivos. Golpeándola con la polla, y también con las manos ya, o al menos eso creemos recordar las tres, se colocó sobre ella y le abrió rudamente de patas… Hubo un momento de silencio tenso entonces, porque era inevitable pensar que se la iba a endiñar, justo ahí en medio… Hijo de puta, pensé, así que a ella sí que vas a ser capaz de violarla…

 

La embestida de su cuerpo arrancó un gemido largo y quebrado a mi amiga, que abrió con rabia la boca y cerró con fuerza los ojos al sentir el golpe de la tranca en su coño.

 

Después, el falo duro resbaló por aquellas ostras viscosas, mientra seguía escupiendo lefa que se quedaba borboteando entre los cuerpos calientes de ambos, tan juntos ahora, tan pegados mientras él se refrotaba sobre ella y ella le abrazaba entero y le tocaba por todas partes. Joder, pocos morreos recuerdo tan eróticos como el que se dieron ahí, mientras él le llevaba su lefa que tenía por toda la cara hasta la boca, lefa que ella recibía gustosa, muerta de deseo y de placer, baboseándose los dos de blanca crema, guarros y salvajes, amantes, felices.

 

Ver todo aquello con María, tan cachondas y enredadas como seguíamos, allí en el césped junto a ellos, solo podía llevarnos a besarnos como ellos, tan sonora y húmedamente, a tocarnos y buscarnos, a enroscarnos todavía más buscando con nuestras bocas aquellos coños de cerda que olían como camión de marisco abandonado, dos putas enredadas en un 69 perfecto, aferrándonos los cuerpos con las piernas y los culos con los brazos, dobladas para meternos en aquella raja abierta y desmesurada, hambrienta y dispuesta a todo.

 

Tampoco los de la tumbona podían quedarse tranquilos con aquel último y eterno morreo, claro, con todo aquel sonido a mar, a humedad encharcada, a poza ponzoñosa y llena de vida, y a Nurita le faltó tiempo para conseguir incorporarse y colocarle a él, su polla siempre dura, para comerle a saco la chorra como una zorra, como la puta zorra divina que ella es, y él, pobre mono cachondo, caído al suelo junto a nosotras, con aquella fiera felina bajándole encima, girándose sobre él si sacarse la larga verga de la boca, las mejillas hundidas en aquella succión potente con la que estaba decidida a dejarle seco, ja, dejar seco a aquella fuente de leche, a aquel cuerpo empapado y deshecho, obligándole a meter su cara entre las piernas de ella, ese chochito todavía hinchado y brillante, joder, Pablo, si es que lo haces demasiado bien, es normal que quiera que no dejes de comerla nunca, ya te lo dije, pienso mientras yo misma me zambullo en el sexo de María, para no ver nada, para no escuchar ni pensar y solo ser coño, coño en su boca mientras la amo a mordiscos…

 

Había pasado ya. Por primera vez había entregado, esta vez de verdad y sin trabas, con total sinceridad y [casi] todos los permisos concedidos, otra mujer a mi primo. Y no una mujer cualquier, joder, no, Nuria, LA mujer, la mujer por excelencia, la verdadera hembra, abierta y cachonda por él. Por primera vez Pablito estaba comiendo un chocho distinto del mío, y lo estaba devorando al completo y hasta el final.

 

De verdad que yo quería un día neutro, tranquilo. Había querido una tarde tranquila. De verdad que cuando dije masaje, al principio quería eso, un masaje. Nos había falta calmarnos, serenarnos, a los cuatro. No había querido todo aquello, pero ya sé que todo va siempre más rápido de lo que deseamos cuando el deseo es grande y, además, entran otros deseos en juego… Tan rápido todo, que casi era un milagro que Pablo, todavía, no me hubiera follado.

 

Que no hubiera follado a Nuria, tampoco.

 

Joder. Me había follado, claro que me había follado. Y ni siquiera una única vez. Todavía me dolía el culo de sus enculadas de antes, me sorprendía que nadie hubiera dicho nada claramente sobre aquello, ni siquiera él. Que, después de meses de prohibición de repetir aquello, por fin habíamos follado. Pero qué coño va a decir nadie de aquello, después de toda esta locura de ahora, me digo. Si se está merendando a Nuria, con la polla ahí bien metida en la boca de ella…

 

Cada vez era más difícil contenernos, claro. Y, en realidad, cada vez era más difícil parar aquello. Hasta conseguir bajarnos de aquellas nubes de sexo y lujuria parecía misión imposible, una vez desatadas, y cada vez nos suponía recorrer más peldaños para culminar el descenso.

Cuando acabamos de comernos los cuatro, tenía a Pablo totalmente pegado a mi cuerpo. Tal como habíamos estado con nuestras respectivas parejas, resulta que nuestras cabezas y piernas habían quedado invertidas con respecto a las del otro… Solo tuvo que girarse un poco para hacer que su pene, más que morcillón, aterrizara en mi cara. Mi boca se abrió como la de un bebé cuando le acercas un pezón. La lengua recorrió aquel miembro duro y caliente. Cabrón. Sabes a baba de Nuria, pensé. Me giré para metérmela y, al hacerlo, él se giró también, separándome las piernas y empujándomela a la vez hasta la garganta. Nuestro 69 final fue bastante más rudo y salvaje que el que le acababa de hacer Nuria. No en vano, y por mucho que Pablo perdiera el culo por ella, nuestros cuerpos tenían ya una práctica, se conocían de tal manera, que empezábamos a tener sexo como si fuéramos capaces ya de desarrollar la perfección más absoluta. Tanto que, después de aquel último 69, seguimos sin más buscando otro, con un placer ya hondo, madurado, fermentado, insistente, recurrente. Ni siquiera nos teníamos que aferrar como desesperados, como había hecho él con Nur o yo con Meri, sino que nos exponíamos generosos y libres, yo casi tumbada en el suelo, con sus brazos rodeando mi culo para girarme lo justo para alcanzar mi sexo, su cabeza entre mis piernas separadas, su lengua en mi vagina y su dedo en mi culo, su culo (llenado también por mi dedo), empujando profundo y sísmico su pene en mi garganta. Qué postura tan divina, que facilidad para meterla entera, completa, sus huevos aplastados en mi nariz, sus pelos sobre mis ojos, y yo tragando y tragando como un desagüe, yo tan cachonda que necesito más y más polla en mi boca, mucho más aquello que lengua en mi coño, y aquella postura era perfecta para mamarle bien…

 

Pero, lo mejor, lo más excitante ya, sin duda, a aquellas alturas, era que no estábamos solos, que aquello no lo hacíamos solos, que ellas estaba, y nos miraban y nos tocaban, que estaban ellas en medio, metiéndose y cruzándose y, así, finalmente el final le llegó jugueteando con ellas, y yo pude acabarle ordeñando su miembro exhausto, apoyado sobre la pierna de una de ellas, la verdad que ya no me acuerdo ni de quién era, si es que llegué a fijarme en aquel momento… para mí lo delicioso fue poder beber así su semen sobre ella, sobre aquella piel, morena y delicada, e intensamente sabrosa con aquella mezcla salvaje de todas nuestras esencias.

 

Qué mágicas fueron aquellas primeras veces en que empezamos a mezclarnos. Fluía verdadero amor entre nosotros.

 

Cuando terminó de correrse, Pablo estaba aún tan empalmado, que decidí regalarle a los tres una paja conjunta de ellas dos a él, donde mi primito tuvo la oportunidad de lucirse de veras delante de ellas: su corrida fue tan memorable como podéis imaginar. 

 

¿Por qué había tenido miedo de llegar hasta allí durante todos aquellos días previos? No sé. Quizás porque, precisamente, tenía miedo de alcanzar aquella perfección.

 

La perfección nunca dura.

 


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
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